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¿A 110 km/h?, ahora lo entiendo

domingo, marzo 20th, 2011

¡¡¡ Claro… !!!, ahora lo entiendo. Yo pensaba que esto de conducir a 110 km/h era una faena, una simple faena y que ahí quedaba la cosa y se acabó; pero no, tras conducir hace unos días algo más de 120 kilómetros a esa velocidad gubernamental por la gracia de Dios comprobé que el asunto es muy grave, de una gravedad extrema, que puede cambiar radicalmente la sociedad y especialmente la familia. Ya ves, un simple cambio, así como sin pensarlo y te cargas la institución más importante desde que el hombre salió de la cueva de Altamira: la family, casi y la Confederación Episcopal ni se entera, como siempre están charla que te charla… de eso, de conferencia…

Y es que antes, cuando cogías el coche e ibas por una autovía o una autopista, te ponías a 120 o 130, que para esos las hicieron (creo) y toda la familia asumía que «no entretengáis a papá que está conduciendo» porque tú, yo (papá) estábamos casi haciendo una tarea de alto riesgo como si pilotaras un trasbordador.

Y así ibas, más o menos entretenido, prestando atención a la carretera, que si una desviación, que si una incorporación desde el carril lento, que si adelantas a Mudanzas Gutiérrez SL versus «long vehicle», que si reduzco para que me roben en el peaje… Vamos, lo normal, todo más o menos atentos al tráfico y así hasta el punto destino. Conclusión: viaje hecho y la familia unida.

Pues nada, todo esto se ha venido al tacho, al garete. Antes no hablas mucho porque tenías que estar pendiente, pero a 110… joé es que los viajes son un aburrimiento y entonces qué haces… pues hablar o te hablan y claro hablar o te hablan sí; ¡¡¡¡ pero de La Coruña a Madrid hablar 6 horas, 360 minutos, y otros 360 de vuelta… !!!!

Y ahí…. ahí chaval se va todo a tomar viento porque va a haber unos mosqueos matrimoniales que no veas y seguro que a la altura de Tordesillas (a mitad de camino entre La Coruña y Madrid) tras tres o cuatro discusiones ya habrá algún abogado espabilado que en la gasolinera te ofrezca firmar los primeros trámites de la separación, se suba al coche y para cuando llegues a Madrid estás ya divorciado y vuelves solo en el vehículo, si es tuyo; o en tren o autocares Hermanos Núñez si el «cort vehicle» es de ella.

Claro que todo esto tiene una parte positiva. ¿quieres ligar, por ejemplo y porque estás soltero? Pues si vives en el norte o en el sur invitas a una chica a la capital de España y sabes perfectamente si te quiere o no porque o llegas a Madrid o en la primera área de descanso se te tira por la ventanilla o se corta las venas, que una cosas es «me caes bien» y otra «¿seis horas contigo?, ¡¡¡¡ noooooo !!!!».

¿Qué quieres saber si tu matrimonio funciona, si es sólido, estable… ?; pues hazte 600 kilómetros de ida y otros tantos de vueltas a 110, habla que te habla y lo compruebas. Que lo superas, pues ya sabes: la familia unida jamás será vencida, que… ahora entiendo lo de ahorrar, no es por ir a 110 sino porque, ¿no notas que cada día te gusta menos viajar?. A mí, casi sí.

SI NO LO ENTIENDES, MI AMIGO LUIS TE LO TRADUCE

Este blog… que os voy a contar. Está bierto a todos los amigos y siempre es grato como alguien como Luis Rodríguez, que vive en Barcelona y además de tener un montón de contactos en todo el mundo es el responsable de Okodia Grupo Traductor, http://www.okodia.com/. Así que si no entendéis algo, incluso el artículo, o si queréis hacer una traducción en uno o varios idiomas, u otro servicio lingüístico ya sabéis a donde dirigiros, seguró que él, al ser colegas del blog siempre tendrá un detalle.

Un recuerdo imborrable, las mudanzas

jueves, febrero 24th, 2011

Después de vivir en unos ocho sitios, en pueblos y ciudades, de mudanzas me lo sé todo; pero absolutamente todo. Yo sabía, por ejemplo, que una reunión de mis padres con otras personas en la cocina, sino eran Navidades era que cambiábamos de casa y muchas veces me preguntaba si con tanto ajetreo realmente cambiábamos de casa o nos fugábamos. Y hasta creo que si ya de pequeño me gustaba la fotografía es porque inconscientemente me imaginaba a toda mi familia ya retratada en la Benemérita, de frente y de lado… eso sí, mi madre María Teresiña de tacones finos, aunque fuera al cadalso.

Lo que nunca entendí fue por qué mi padre no ponía ya un caldero colgado detrás en el coche y al lado un perrillo como los que llevan los zíngaros en los carromatos y de paso (pues como algún desplazamiento fue de San Sebastián a La Coruña, casi 800 kilómetros) por qué no lo aprovechábamos para ir vendiendo por los pueblos pues mantas, cerámica, cristalerías, mantelerías, albornoces, pijamas, bañadores, sujetadores, soltadores… yo que sé, lo que sobraba de casa y sacarle algún rendimiento al asunto.

No sé tú; pero yo he vivido tantas mudanzas que casi recuerdo los miles de objetos volantes que he visto entrar por las ventanas: sillones, tresillos, mesas, chineros, butacas, consolas, armarios, espejos, neveras, friegaplatos… y la frase más repetida: «Sepárate niño», «sepárate niño»; y el niño, yo, que no se separaba mientras veía a los del transporte moviendo muebles y más muebles en tanto se miraban mutuamente como diciendo: «O el chaval se aparta Pepe o lo embalamos como hay Dios, pesadito el niño de los… ».

Y yo, «el de los… », se separaba; pero solo se separaba cuando recibía algún golpe y oía: «Si ya se lo dijimos nosotros, señora, que ahí… pero el niño… ». Y estoy convencido que los tipos eran felices mientras me echaban la mercromina o el betadine, pero ni por lo más remoto se imaginaban en aquellos instantes que una vez vendado volvería a la carga, adonde estaban ellos, que así era de simpático el niño Guisande por aquella época.

Y la verdad que en el fondo tuve suerte, porque fue mejor recibir un tresillazo o un butacazo que una bofetada de aquellos tíos, que tenían unas manos amplias como playas en las que bien podían entrar dos camas de matrimonio, una cuna y un aparador.

Y claro, como los que quitaban los muebles eran los mismos que luego los ponían en la otra casa… pues lo que era el traslado en sí, el viaje, era como un descanso para todos, una tregua, especialmente para ellos. Y al llegar lugar de destino estoy fijo, pero fijo, que solo verme decían: «Dios, ahí está el niño; ganas da Pepe de lanzarle este botellín de cerveza a la cabeza ¿verdad?».

Y yo, que de mudanzas ya era un experto, veía con toda naturalidad cómo de un tremendo camión sacaban y sacaban cosas y más cosas durante horas y horas mientras había gente que se paraba en la calle, los que salían del edificio nos preguntaban a qué piso íbamos a vivir, de dónde veníamos y mi madre saludaba a los primeros vecinos, mientras yo pensaba «tanto saludo, para lo que vamos a estar… ».

Y todo parecía muy tranquilo, pero había sin embargo una guerra soterrada entre los de las mudanzas y yo; así ocho veces, ocho traslados; pero suerte, mucha suerte tuvieron los del transporte que nunca eran los mismo o… o, quizás, ahora que lo pienso, la suerte creo que la tuve yo porque aquellas manos eran… eso, como playas.

Un viaje de la aldea a la ciudad, creo

miércoles, febrero 2nd, 2011

(Cosas que pasan en la aldea tras dejar la ciudad)

El viaje fue desde la aldea a la ciudad; eso, de la aldea a la ciudad. Repito, de la aldea a la ciudad. ¿A ver? Sí, está bien escrito, «de la al-de-a a la ci-u-dad» y lo repito porque tardé en asimilarlo como semana, semana y media y hasta de vez en cuando pienso: «¿Realmente hice ese viaje?. Y si lo hice, ¿de verdad fue de la aldea a la ciudad?. ¿fue… fue en coche?, ¿existió?, ¿habré encontrado vida en otro planeta?, ¿soy normal, me llamo Guisande?».

El asunto fue que a Dionisio, uno de los once magníficos que viven en la aldea, lo operaron, y con su mujer se fue a la casa de una hija para recuperarse. Entonces entre todos nos repartimos las tareas de su huerta. Por ejemplo, Maruja es la encargada de darle de comer a las gallinas; Manolo se ha hecho amigo del perro, que para el caso que le hace… ; la sioux, mi mujer, del tema de las nabizas, grelos… de todo lo que es verde, vamos; y yo, del limonero, que parece que no pero es muy serio el asunto, que si llega Dionisio y encuentra el limonero como que no, que no están tan amarillos los limones… oye que un limón es un limón y una responsabilidad una responsabilidad.

Total, con la labor bien realizada decidimos ir a visitarlo, 30 minutos de viaje según la Guía Michelín y según los 100.000 conductores que cada día hacen siempre ese trayecto. Así que, la sioux, yo y Maruja subimos al coche y… bueno. no; primero, para darle una alegría a Dionisio lo que subimos al coche fueron dos docenas de huevos de sus gallinas, no sé cuantos kilos de sus patatas que me parecieron toneladas, y unos manojos de grelos que junto con los limones ni que hubiéramos metido en el maletero un trozo de El Caribe, como te lo cuento que aquello más que un viaje parecía que estábamos en la postguerra haciendo extraperlo o creando un conflicto internacional, por lo de El Caribe, claro.

Y a los cinco minutos de viaje, entre el gallego/castellano de Maruja, y el inglés/francés/castellano y alguna palabra en gallego de la sioux (que yo hasta creo que ella piensa que es inglés) escuché: «Pues hoy comimos lenguaje».

Uno ya está acostumbrado a todo, que como comenté en otros artículos la sioux dice «ternura» en vez de «ternera», pan de «broma» en vez de «brona» (un tipo de pan gallego); pero lo del «lenguaje», te lo juro que yo nunca lo había comido, masticarlo para escribir sí, pero comerlo.. hasta que en esa mezcla de idiomas, sin necesidad de traductor oficial, descubrimos que el «lenguaje» era «lenguado». Con lo que averigüé también varias cosas; que mi mujer con tanto idioma que sabe lo tiene chungo para decir todo correctamente en español y que el pescadero es un listillo de carallo porque de lenguado… , es más me parece que lo que tiene el pesca ese es una lengua y que vende lo que sea el tío.

Y así íbamos de viaje cuando Maruja contó que vio un reportaje de un niño que fue abandonado entre los lobos cuando tenía 9 años; que al principio el niño les daba comida para que no lo atacaran y que al final los lobos lo adoptaron y cazaban para él y que, según Maruja, «a los lobos se les veía tan felices… ». ¡¡¡¡ Pero cómo!!!, ¿¡¡¡ felices los lobos!!!!?, ¿pero tú has visto a alguna vez un lobo reír?, ¿no sería que el que estaba feliz era el niño que no se lo tragaron de un bocado ya el primer día?. Pues no, según Maruja, los que estaban felices eran los lobos, pero todos, vamos una fiesta diaria para la manada. Osea, que según Maruja, la loba decía a sus hijos casi cantando: «¡¡¡ Venir, venir, que viene el niño, que viene el niño !!!», más o menos ¿no?.

Ya de vuelta hablamos de nuestra aldea y de esa conversación tan alegre, tan española y tan hermosa, como es recordar a todos los que la patearon, cómo la patearon dónde y cómo. Y cuando se cambió de tema, casi fue mejor que no se hubiera cambiado y que siguiéramos en plan mortuorio porque la sioux habló de la Navidad y que a Christopher Cameron, su hijo de 12 años, francoamericano y que habla gallego, en una fiesta de Navidad «con el rifle le tocó una cámara de fotos».

A mí eso del rifle, viniendo de un estadounidense, si te soy sincero no me extrañaba mucho, más bien nada, pero en Navidad, una fiesta, un rifle… no me encajaba y a Maruja le desencajaba. Pero como no hay mal que cien años dure, entre todos lo comprendimos: A Christopher Cameron no le tocó con el rifle la cámara de fotos, sino que fue con una «rifa». No te lo pierdas, más de diez minutos para dar con lo de la rifa. Y te lo juro, que fue llegar a esa conclusión, aparcar en casa y si me dices ahora si de verdad hice ese viaje, pues claro claro, lo que se dice claro, aún no lo tengo.

Estados Unidos y las casas prefabricadas

lunes, abril 12th, 2010

(Este artículo forma parte de la serie Un viaje a USA. Sep 2009)

Vamos a ver, como hacía tiempo que no habla de Estados Unidos, un país que nunca me llamó atención pero que al casarme con una sioux pues empezó a interesarme, te contaré algunas de esas cosas que te impresionan en un primer viaje a un país que es alucinante. Así, si os parece, cambio un poco de ritmo en el mi-tu-nuestro blog.

A lo que vamos, ¿cómo es Estados Unidos?, pues Estados Unidos es un país rico, pero muy rico, inmensamente rico, tanto que tú te das cuenta que eres pobre, pero muy pobre, qué le vas a hacer, es así. ¿Y en qué se nota?, ¿en qué se puede comprobar, apreciar ese poder que tienen estos cracks de las hamburguesas? Pues en todo, absolutamente en todo.

Uno se da una vuelta por cualquiera de los cincuenta estados que conforman la Unión y encontrará cientos de ejemplos, cada cual más espectacular, y cuando regreses a tu hotel lo harás alucinando porque más que un país para nosotros es como un parque de atracciones: Día que sales, sorpresa que te llevas.

En los países «pobres», como España, si quieres comprar, pongamos por caso, una casa prefabricada, si no quieres emigrar lo primero que tienes que hacer es entrar en Internet, luego verás (si la ves) una o dos empresa dedicadas a la venta de casas ya construidas y analizarás la superficie y otras características de la vivienda sobre la pantalla del ordenador. Vamos, que puede que hasta descubras que lo tuyo era la Arquitectura porque como te pongas te puedes pasar años y años midiendo y remidiendo para ver si te entra éste o aquél mueble y si la cuna del niño…. que para cuando tengas el plano, tú olvídate de la casa que el niño te lleva directito al asilo.

Con suerte, pero con mucha, a lo mejor cerca de donde vivas haya una oficina de una empresa que se dedique a este tipo de viviendas de quita y pon. Te darán un folleto multicolor con variada información, con el reverso de Enlosados Martínez SL, te lo llevarás a casa y a pensar en el hogar de tus sueños.

En Estados Unidos es diferente, muy diferente. Allí no entras en Internet ni falta que hace. Allí te vas directamente a la empresa que las fabrican, ya que hay un montón de ellas. Llegarás con tu coche y en una superficie como medio campo de fútbol te encontrarás expuestas las casas una tras otra. Nada de pasquines ni de folletos ni gaitas. La casa tal cual, con su tejado, con sus puertas, su chimenea y sus ventanitas, como debe ser.

Nada más llegar y decir que estás interesado te subirán a un cochecito como los de golf y a recorrer las casas como si estuvieras viendo escaparates pero lo bestia. ¿Qué te gusta una?, pues bajas del carricoche y entras; que no, pues sigues. Y ahí no hay historias de que si mide y deja de medir ni que si: «¿Pepe tú crees que el armario de tu madre entra, porque si no entra, tu madre… ?».

En Estados Unidos…. en Estados Unidos las ves, la pisas, la tocas y hasta si quieres las hueles y con tal de vendértela no solamente entra la cama de tu madre, sino tu madre misma entra, aunque luego la eches, pero en principio y por principios de venta… la tía entra. ¿Cómo?, da lo mismo, no preguntes, pero entra. ¿Y que por lo que sea no te convence ninguna casa después de haber visto 200?, pues aparte de que eres bastante raro… a otra empresa, con o sin tu madre, pero la historia esa de ¿Internet, pegatinas, pasquines, trípticos, folletitos, papelitos… ?. ¿Eso?, eso para los países pobres, como nosotros, por ejemplo.