La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Entradas etiquetadas como ‘vecinos’

Un recuerdo imborrable, las mudanzas

Jueves, febrero 24th, 2011

Después de vivir en unos ocho sitios, en pueblos y ciudades, de mudanzas me lo sé todo; pero absolutamente todo. Yo sabía, por ejemplo, que una reunión de mis padres con otras personas en la cocina, sino eran Navidades era que cambiábamos de casa y muchas veces me preguntaba si con tanto ajetreo realmente cambiábamos de casa o nos fugábamos. Y hasta creo que si ya de pequeño me gustaba la fotografía es porque inconscientemente me imaginaba a toda mi familia ya retratada en la Benemérita, de frente y de lado… eso sí, mi madre María Teresiña de tacones finos, aunque fuera al cadalso.

Lo que nunca entendí fue por qué mi padre no ponía ya un caldero colgado detrás en el coche y al lado un perrillo como los que llevan los zíngaros en los carromatos y de paso (pues como algún desplazamiento fue de San Sebastián a La Coruña, casi 800 kilómetros) por qué no lo aprovechábamos para ir vendiendo por los pueblos pues mantas, cerámica, cristalerías, mantelerías, albornoces, pijamas, bañadores, sujetadores, soltadores… yo que sé, lo que sobraba de casa y sacarle algún rendimiento al asunto.

No sé tú; pero yo he vivido tantas mudanzas que casi recuerdo los miles de objetos volantes que he visto entrar por las ventanas: sillones, tresillos, mesas, chineros, butacas, consolas, armarios, espejos, neveras, friegaplatos… y la frase más repetida: «Sepárate niño», «sepárate niño»; y el niño, yo, que no se separaba mientras veía a los del transporte moviendo muebles y más muebles en tanto se miraban mutuamente como diciendo: «O el chaval se aparta Pepe o lo embalamos como hay Dios, pesadito el niño de los… ».

Y yo, «el de los… », se separaba; pero solo se separaba cuando recibía algún golpe y oía: «Si ya se lo dijimos nosotros, señora, que ahí… pero el niño… ». Y estoy convencido que los tipos eran felices mientras me echaban la mercromina o el betadine, pero ni por lo más remoto se imaginaban en aquellos instantes que una vez vendado volvería a la carga, adonde estaban ellos, que así era de simpático el niño Guisande por aquella época.

Y la verdad que en el fondo tuve suerte, porque fue mejor recibir un tresillazo o un butacazo que una bofetada de aquellos tíos, que tenían unas manos amplias como playas en las que bien podían entrar dos camas de matrimonio, una cuna y un aparador.

Y claro, como los que quitaban los muebles eran los mismos que luego los ponían en la otra casa… pues lo que era el traslado en sí, el viaje, era como un descanso para todos, una tregua, especialmente para ellos. Y al llegar lugar de destino estoy fijo, pero fijo, que solo verme decían: «Dios, ahí está el niño; ganas da Pepe de lanzarle este botellín de cerveza a la cabeza ¿verdad?».

Y yo, que de mudanzas ya era un experto, veía con toda naturalidad cómo de un tremendo camión sacaban y sacaban cosas y más cosas durante horas y horas mientras había gente que se paraba en la calle, los que salían del edificio nos preguntaban a qué piso íbamos a vivir, de dónde veníamos y mi madre saludaba a los primeros vecinos, mientras yo pensaba «tanto saludo, para lo que vamos a estar… ».

Y todo parecía muy tranquilo, pero había sin embargo una guerra soterrada entre los de las mudanzas y yo; así ocho veces, ocho traslados; pero suerte, mucha suerte tuvieron los del transporte que nunca eran los mismo o… o, quizás, ahora que lo pienso, la suerte creo que la tuve yo porque aquellas manos eran… eso, como playas.

La nieve, el frío, el «cajoenrós» y…

Viernes, diciembre 3rd, 2010

Últimamente la palabra que más oía era crisis. Llegaba al periódico y los compañeros de la Sección de Economía, que están justo enfrente de mí, se pasaban todo el día hablando y escribiendo de la crisis, del Ibex 35, de las fluctuaciones de la Bolsa, de la prima de riesgo y que si las cajas gallegas llegan o no a unos acuerdos, que a mí, que vivo con lo justo para llegar a final de mes, como si se suicidan, paquete (por lo de caja) voy a engañar.

Pues oye, una cosa tan volátil, tan así que es un es no es como el tiempo… y todo cambia. Así, por la cara, te cae una nevada, te quedas incomunicado en la aldea y entonces ni Ibex, ni fluctuaciones, ni cajas, ni crisis… lo que más escuchas es algo tan terrenal y palpable como: «¡¡¡ Pecha a porta ho !!!».

Y además aprendes que ese «ho», no es «¡¡¡ oh !!!», de exclamación, es «ho» de «home» (en gallego; hombre en castellano) y vale lo mismo para decírselo a una mujer que a un hombre, a un niño que a una niña, a un anciano que a una anciana, a un tullido que a un político, con tal de que entienda… a quien sea.

Y es alucinante esto de las aldeas en esta época de frío y nevadas, porque vas a visitar a alguien, y ya antes de llamar, cuando estás a punto de abrir la puerta y aún no has entrado, oyes: «¡¡¡ Pecha a porta ho !!!», que te da un sobresalto…

Yo esto de «¡¡¡ pecha a porta ho !!!» me tiene sorprendido, pero mucho porque cuando estás en una casa de un vecino ves que es como una reacción automática, eso de acción-reacción. Un ruido… «¡¡¡ pecha a porta ho !!!», dos ruidos… «¡¡¡ pecha a porta ho !!!», tres ruidos… «cajoenrós, quen anda ahí ho». Y ese «ho» no tengo claro si es de «home» o de exclamación, pero que ese cajoenrós es la versión moderna del ancestral «qué carallo pasa.. », lo tengo clarísimo.

Yo en la aldea vivo en un constante aprendizaje; pero hay algo que no, que por mucho que lo pienso no comprendo. Estás en una casa y cuando te vas a ir dices: «Bueno, me voy. Ya cierro yo la puerta», «ya la cierro yo», insistes y repites tres veces, pero insistiendo y repitiendo bien, e incluso diciéndolo hasta más alto para que no haya dudas.

Pues oye, es despedirte, dar cuatro pasos por el pasillo y ni que hubiera cámaras estratégicamente instaladas o sensores especiales de detección de movimientos o de calor, yo que sé. Vas así como así, en plan tranquilote, te acercas a la manilla y de repente: «¡¡¡ pecha a porta ho !!!» y es tal el susto, que no me digas cómo, pero del alma te sale un cajoenrós

Ostrás, vuelve el frío

Miércoles, diciembre 1st, 2010

(Cosas que pasan cuando de la ciudad te vas a vivir al campo sin tener ni idea)

Un piso no es una casa de campo, y un chalé tampoco; bueno tampoco yo soy tú, ni tú eres yo, gracias a dios, para ti, claro, y no pasa nada. Pues eso, una casa de campo auténtica, pero auténtica, de las de piedra, donde vivieron vacas que dejaron como recuerdo su olor y no el calor… es otra cosa.

Ya puedes poner lo que quieras en aislamiento que como el día sea crudo crudo como el de estos días siempre hace algo de frío y eso lo saben hasta los más viejos del lugar y los que se murieron, que no pregunto de qué pero empiezo a imaginármelo. Y eso de que las piedras se calientan cuando haces fuego… eso… eso es una leyenda urbana, una trola…. como no te tires contra ellas de cabeza, pero cogiendo carrerilla y no te des un castañazo con al menos 20 puntos de sutura, no entras en calor, lo que yo te diga.

Yo recuerdo que cuando vivíamos en un piso decíamos: «Venga niños, a comer, que se enfría la comida»; bueno pues desde que estoy en una casa de campo, además de estar vestido como un sherpa, la frase es «venga niños, a comer que se descongela la comida», y te lo juro que hay momentos que ya no sé si comemos o tomamos helados.

Palabra que hace ya tiempo que cuando hay caldo o sopa no veo a nadie soplar para que se enfríe. Pones la sopa, vas a coger la cuchara y ya está templada. Sí, tú entretente; sí, tu haz el bobo con el plato, ya verás como se escarcha, con decirte que a veces estoy por llamar a la Escuela de Hostelería y dejar mi casa para que hagan prácticas de cómo se prepara un bufé frío y que lo elaboren con piolets…

Pero las casas de campo tienen otras cosas; en los pisos, en los chales, cuando entras siempre llevas contigo algo de polvo en los zapatos, que lo notas cuando barres; bien, pues en las casas de campo ni que estuvieras a lo bestia haciendo un desmonte vecinal porque cuando limpias no sabes bien si utilizar una escoba o una pala. Y lo curioso es que ves la casa por dentro, que por fuera le pega un viento que está como una patena, y te dices «pues no está tan sucia, tanto, tanto la verdad no», que el cerebro para esto de que no sufras, en ocasiones es de una ayuda…

Como ves, lo de los pisos, los chales y las casas de campo son cosas bien diferentes. Por ejemplo, los pisos y chales están construidos como Ikea, un sitio para cada cosa, una dictadura, vamos; en estas casas es al contrario, todo muy democrático, un sitio para cualquier cosa y cuando digo cualquier cosa, es cualquier cosa; un alicate, una bombilla, unas cerillas, un trapo, un sacapuntas, una botella, una lija, un cigarrillo para los momentos duros de la vida… Por cierto que aprovecho por si alguien me quiere enviar picadura. La Voz de Galicia Arteixo La Coruña-España, admito de todos los países. El nombre ya lo sabéis Manuel Muchomorroguisande.

Pero a mí todo esto de las diferencias entre los pisos y las casas de campo no me preocupa. Lo que me preocupa, lo que realmente me preocupa, pero mucho y no me deja dormir es que como la sioux habla francés, Noé también y el francoamericano Christopher se declina por el francés más que por el inglés, y Victoria y Alejandra aprenden con ellos el idioma galo y todos chapurrean el gallego… es que un día, con la casa revuelta, llegue un tipo enviado por Sarkozy, que a mí me coja trabajando, y en plan rumanos los echen fuera sin poder explicarle que no, que el cabeza de familia; o sea yo, soy español, pero que muy español y que están a mi cargo.

Y ya me veo yo yendo al Eliseo para decirle al Sarko. «Oye, mira pequeñín, o me reintegras a mi familia o llamo a todos los gallegos y te invado Francia o estás de bruni…». Vamos que si lo hago, por una familia.. por una familia se hace lo que sea, aunque dudes si la familia es tuya, porque en mi caso, es oírlos y a veces pienso si será de acogida.

ENHORABUENA A NACHO DE LA FUENTE

Nacho de la Fuente compañero de profesión en La Voz de Galicia y amigo, es un crack y fue él quien dio a conocer mi blog. Con su bitácora La Huella Digital ha gando muchos premios nacionales e internacionales, y ahora lo han nombrado en el periódico Community Manager, un lío de twitter, redes sociales, Internet… bueno a mí me supera. Sé que está feliz y si un amigo lo está, yo también. Enhorabuena Nacho

La rubia tiene neumonía

Jueves, julio 15th, 2010

(Cosas que pasan al cambiar de una ciudad a una aldea, de vivir repleto de ordenadores e Internet, a otras… muy distintas)

La rubia tiene neumonía. La rubia no es mi mujer, que también es rubia y que como enfermedad me tiene mí, sino una yegua a la que si le pasa algo… Es que la rubia es la que hace abono para casi todos los 11 que vivimos en la aldea y a la que, cuando falla el tractor, se le engancha el arado para hacer los riejos y nos ponemos encima (como haciendo surf) para luego plantar todo tipo de cosas: pimientos, patatas, tomates, cebollas…

Gran preocupación esta de la rubia. Y es que en la aldea el tema de las hipotecas basura, la Bolsa, el Ibex 35 o 125 o la fusión de las cajas como que no preocupa mucho, pero que la rubia tenga neumonía… tío, eso son palabras mayores porque si falla el tractor y falla la rubia ¿tú sabes lo que es hacer un riejo a mano, con el sacho, cavando la tierra y encorvando la espalda?, tela, tela.

Hombre, no lo voy a negar, también nos tiene un poco inquietos que si este verano es seco pues entonces el manantial se puede quedar sin agua y habrá que hablar con el alcalde para decirle que conecte el lavadero público con el manantial para poder abastecernos; pero lo más antiguos del lugar, por ahora ven con optimismo la situación. Hablamos mucho de ello, sentados en un banco en el zaguan de cualquier casa, pero yo no los veo intranquilos en exceso, aunque por si las moscas yo ya he hecho un escrito al Ayuntamiento por si hay que enviarlo. Y lo envío, aunque ellos siempre dicen que hay que esperar pero mira por donde con ellos he descubierto que soy un echao palante.

También nos tiene preocupados el tema de las hortalizas. Maruja, por ejemplo, dice que no le salen las zanahorias que plantó; pero Maruja sabe que puede coger de las nuestras, que están creciendo que no veas, lo mismo que Virtudes, que hace unos días nos dio unos limones porque no sé quien fue a pescar y nos trajo unas truchas.

También Manolo anda un poco extrañado porque dice que los huevos de las gallinas este año como que no los ve grandes ni tan amarillos, pero estos son pequeños problemas sin importancia. Lo de la rubia es punto y aparte. Por eso, en cuanto notaron que la rubia tosía de una forma distinta a la habitual, continua, convulsiva, y que sudaba, una delegación (dos personas) llegó a mi casa preocupada por la situación para consultarme.

Claro, yo de yeguas sé lo justo, pues como tú, que es la hembra del caballo, que tiene cuatro patas, que si te acercas por detrás te puede dar una coz y para de contar sobre el cuadrúpedo animal pero…. uno tiene sus contactos y este asunto es bastante más importante que si me falla el ordenador, la cobertura del móvil, Internet, si se va la luz, si no puedo entrar en una página web, si se queda colgado facebook, o arde la agencia Efe, Reuters o Colpisa juntas… vas a comparar.
.
Así que llamé a Huber Varela y a Nieves Bregua, que además de amigos son un matrimonio de excelentes veterinarios de Oza, y Huber vino, miró al animal y vamos, en un plis plas dijo: «Neumonía». Fue decir «neumonía» y sobre San Huber del Niño Jesús (porque es un santo) cayeron miles de preguntas. Yo no entendía nada, en mi línea; pero parece que el asunto no es muy muy grave, aunque bastante más que la Bolsa, las hipotecas basura y la fusión de las cajas. Yo oía, escuchaba, y entendía lo mínimo, pero comprendí que si le pasa algo a la rubia…. es que me veo con el sacho, y además… ¡¡¡ qué caramba !!! le tenemos cariño, la pobre, que es muy bonita, que nunca me di cuenta hasta que enfermó, ha hecho ya tantos riejos…. Anda, rubia, ponte buena. Yo, a mi manera, sin que lo sepan, te quiero.

PERLITAS.ES, UN SITIO DIVERTIDO

No sé exactamente cómo se llama eso, pero creo que es Portal de Bitácoras; pues como en la vida hay que ser agradecido, Jaume tiene uno que se llama Perlitas.es, que es entretenido y divertido, lo cual no suele ser habitual. Vean y pasen, sí, al fondo a la derecha

En la aldea, rozando la integración total

Domingo, enero 31st, 2010

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)
Esto de adoptar las costumbres de vivir en el campo, en una aldea, pero en una aldea auténtica que huele a vaca y no a Lancôme París, va ocurriendo poco a poco y casi no te enteras. ¿Y cómo sucede? Pues empiezas por lo normal, por el campo, por la tierra, por plantar todo tipo de cosas con un esfuerzo titánico; bueno titánico para mí, que no puedo ni con la maquinilla de afeitar, para luego adentrarte en las tradiciones seculares que han mantenido vivos a miles de seres por estas latitudes en épocas duras, muy duras, como esa de haz viento, supongo.

Por ejemplo, en vez de hablar gritas, que para qué te vas a acercar a alguien si te oye igual y hasta es bueno para las cuerdas vocales y las consonantes, que estaban como anquilosadas; en vez de zapatos llevas botas, que al principio te pesan como raíles, pero luego…. va, como si fueran zapatillas, y lo de la corbata olvídate porque si te ven con ella te dicen si vas o vuelves de un entierro. No cabe otra posibilidad: ¿Una corbata?… un fiambre. ¿Dos corbatas?, una estupidez, nadie las lleva.

Pues con el frío que hace estos días estoy rozando la total integración en el rural, tanto tanto que no me extrañaría que un día de estos durmiera con abrigo y bufanda. Sí, como te lo digo, como esto siga así con el viento polar, gélido, siberiano, de los bemoles, o como quieran llamarlo, me veo entrando en cama hasta con botas y dándome latigazos a diestro y siniestro en la chepa que me rio yo de esos que medio se inmolan, que si es por calor… vamos, me cambio ya de Guisande a Mohamed Dahalkerguisande que flipa todo el Oriente Medio ese. Y que no me digan nada del burka, que otro invierno como este y me pongo uno de termolactil y paseo con él de noviembre hasta marzo por la aldea más feliz… y nada de eso de que venga la Guardia Civil a identificarme porque… «pero vamos a ver neniño, quién va a ser sino yo ¿o es que conoces a alguien más que vaya con un burka por la Galicia rural?», mira que estáis verdes, pero verdes veredes.

Y es que, además, con esto del frío ocurren cosas curiosas que yo nunca me pude imaginar y no porque te afecte al cerebro, que creo que no, aunque ya veremos si a mediados de febrero no nos recogen a todos en parihuelas para hacer un estudio en una universidad californiana tras el anuncio de Herald Beach de «Llegan los Yetis gallegos».

Pues eso, llegas a casa, por ejemplo, y no sabes bien si tu familia entra o sale porque abres la puerta y te encuentras a Noe con un jersey calado hasta las orejas, a Christopher con el chaquetón, a Alejandra con guantes y a Victoria, pues a lo mejor con un pasamontañas, y si preguntas «¿acabáis de llegar?», quizás sea aprensión mía pero como me da que me miran como diciendo: «¿Llegar, imbécil, llegar de dónde, de Manzaneda, de Candanchú, que llevamos aquí todo el día sin movernos?». Y tú, pues miras a la familia y dices: «Na, que ya veréis que papá va a hacer un fuego….», como si fueras un experto en supervivencia en altitud y… joé con el fuego.

Entonces te armas de papeles, de varias cajas de cerillas, de otras tantas de pastillas de parafina, que son blancas y que parecen de coco pero no lo son, y te pones manos a la obra. Y claro, como tú a lo que más acostumbrado estabas era a darle en la ciudad al interruptor de la caldera del gas pues…. cerillas y más cerillas, papeles y más papeles, madera y más madera y pastillas y más pastillas que cuando ya has echado dieciséis hasta ya empiezas a pensar ¿por qué no serán de coco y por cada diez que echo me como una?.

Y después de unos veinte minutos preguntándote porqué dicen que pasan tanto frío si todo está encendido, piensas en cómo harán los pirómanos, que para estos casos de temporal, la verdad, también podían darles unos días de permiso en plan acogida familiar y… y en esas estás, cavilando que porqué no presentas la aldea a los próximo campeonatos del mundo de invierno como villa olímpica cuando como de la nada (bueno de la nada no, de un curre que alucinas) aparece el primer fueguecillo y dices como si fueras un cirujano: «bisturí, fuelle». Y allá vas dale que te dale aire, con ímpetu, con pasión, con tenacidad. Y al final, cuando ves como las llamas crecen, crecen y crecen…. entonces, entonces no lo dices, pero lo piensas: «Dios, con lo que estoy sudando y ahora éste calor».

VAMOS A GRABAR UN CORTOMETRAJE

El 6 y 7 de febrero, bajo la dirección de Alfredo Pardo Hermida, y con un guión del irresponsable de este mi-tu-nuestro-blog, vamos a grabar un cortometraje en Chantada, aunque todo dependerá de las condiciones meteorológicas. El corto, ambientado en los años veinte, trata de un pillo que roba de una forma tan peculiar que hasta el propio espectador se asombra (eso creemos) al comprobar como lo hace.

Y los Reyes Magos me trajeron…

Miércoles, enero 6th, 2010

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

De verdad que yo no sé qué hace la Nasa enviando sondas al espacio para averiguar si hay vida inteligente en otro planeta… pues la hay porque si no ¿cómo se explica que los Reyes Magos llegaran a mi aldea después de casi 15 años sin venir? Pues eso solamente es posible a que una mente superior los guió a este recóndito lugar, no cabe la menor duda, vamos, fijísimo.

¿Y qué pusieron los Reyes en mi casa a mis vecinos? Pues a Maruja una cestilla para el pan, que no parece mucha cosa ¿verdad?, pero es que a Virtudes otra y a la familia Caseto otra, ¡¡¡ impresionante !!!. Pero es más; las tres cestitas, las tres, son iguales, idénticas, pero cuando digo identicas es eso, idénticas idénticas… increíble.

¿Y a Manolo? Bueno, esto ya es para ponérsele a uno los pelos de punta. Un día antes de que llegaran los Reyes, que no hablo de un mes o una semana eh, no; un solo día antes dijo que en el monte hacía mucho frío por la mañana cuando va a trabajar, ¿pues qué creéis que le trajeron los Reyes, qué podéis imaginar, si tenéis capacidad para ello? ¡¡¡ Seis pares de calcetines, seis pares !!!, toque el género señora, seis pares como seis soles. ¡¡¡ Im-pre-si-o-nan-te !!!.

Pues si esto es ya de por sí sobrecogedor, lo que es escalofriante es lo que me trajeron a mí. Esto… es que me tiembla el pulso al escribirlo. En ocho meses que llevamos en la aldea he pasado de la típica corbata, el pañuelo y el llavero a… no os lo perdáis. ¡¡¡ una carretilla !!!, como lo digo, ¡¡¡ una carretilla !!!, pero de las de verdad, no de jugar.

Mira si habrá vida inteligente que ni yo mismo sabía que necesitaba una carretilla hasta que me di cuenta que enfrente de casa hay como cuatro toneladas de madera para acarrear. ¿Y cómo pudieron saber que necesitaba una carretilla cuando ni yo lo sabía? Pues por eso, porque hay vida inteligente, y esos seres que la Nasa busca que te busca y que han guiado a los Reyes a mi aldea han sido ellos y solamente ellos los que han abierto mi mente hacia una nueva dimensión: la de la leña.

¿Que cómo es la carretilla?. Bueno, bueno, bueno… Preciosa, nunca vi una carretilla igual; color azul cielo; con unos manguitos haciendo juego; con una rueda de goma negra preciosa, hinchable y deshinchable; con una estructura metálica que se nota que ha sido echa a conciencia, muy aerodinámica, con unos bordes puliditos… buah.

Como yo soy muy cuidadoso, porque mi madre siempre de pequeño me decía «no toques, no toques»; pues eso, ni la toco, y como aquí hay mucho verde, la tengo aparcada en zona de residentes. Pero no creáis que me conformo con que esté bien estacionada, ¡¡¡ qué va !!! , cada dos por tres (6) desde la ventana de casa la veo, y a veces me acerco a ella, la miro, la remiro, la limpio con una balletita y tengo unas ganas de utilizarla… pero como no encuentro el manual de instrucciones me pregunto: «¿Y si la estropeo, y si… no vaya a ser que…?» Ni hablar, hasta que no encuentre el manual, ni tocarla, pero bonita bonita es… bueno, nunca vi cosa igual, pero nunca.

La aldea y la comunicación verbal

Lunes, septiembre 21st, 2009

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

En la aldea en la que vivo hay siete casas, ni una más ni una menos, y cada una está separada de las otras como unos 30 metros con su terreno por la parte de atrás. Hasta aquí nada que no ocurra en otras partes de la Patagonia, Siberia o en el desierto del Gobi, por poner ejemplo cercanos.

Cuando me asenté en este microcosmo humano, si quería algo de mi vecina Maruja, pues salía de casa, iba a la suya, tocaba el timbre y le pedía sal, azúcar, pan…. qué te voy a contar, lo normal entre vecinos bien avenidos. Lo mismo hacía cuando iba a ver a Virtudes (colindante con Maruja); sin embargo, cuando mi convecino Gelito quería algo de mí, en medio del bucólico silencio entre pajarillos y otras aves campestres oía: «¡¡¡¡ Jisandeeeeeeee !!!!!». Y «¡¡¡¡ Jisandeeeeeeee !!!!» (o sea yo), salía de casa y según me acercaba a él, pues Gelito me comentaba cualquier cosa, que si iba a Oza y lo podía llevar en coche, que si sabía algo sobre el deshielo o que si tenía tabaco. Daba lo mismo que estuviera a 10, a 50 que a 100 metros, para Gelito soy y sigo siendo «¡¡¡¡ Jisandeeeeeeee !!!!» y de ahí no hay quien lo apee.

Poco a poco, en una adaptación súbita, rauda y veloz, impropia de , descubrí (sobre todo cuando llovía) que eso de salir de casa para pedir algo a Maruja o a Virtudes o para llamar a Gelito era pues, como un poco incómodo, así que como los que ajustan el sonido de las orquestas de las verbenas, comencé en voz alta a llamar «¡¡ Gelito !!» con dos admiraciones. Al no obtener respuesta volví a repetir «¡¡¡ Gelito !!!», pero con tres admiraciones.

La verdad que en principio tenía pensado, como los expertos en decibelios, empezar con: «Uno, dos, uno dos, uno, dos, probando»; pero pronto deseché esta idea porque como la mayoría de mis vecinos sufrieron la posguerra, pensé que no fuera a ser que creyeran que la aldea estaba militarizada, que volvían los tiempos del «mando y tente tieso» y que de un susto se me fueran la mitad para el otro barrio.

Entonces, pronunciado «Gelito» fui tanteando el volumen para que me oyeran, hasta que llegué a un «¡¡¡¡¡ Gelito !!!!!» con la friolera de cinco admiraciones y descubrí, que además de que Gelito está un poco sordo, que era el adecuado porque no solo contestó Gelito, sino también Virtudes, Maruja y Manolo, que este último está un poco más lejos, a unos 40 metros.

Como estoy viviendo una etapa totalmente novedosa, rozando el esoterismo, pude comprobar, por ejemplo, que los fines de semana, cuando la población se duplica (es decir que de 11 vecinos pasamos a 22) un «¡¡¡¡ Gelito !!!!» con 4 admiraciones no lo oyen los de la ciudad, quizás por estar afectados por la contaminación acústica y que es preciso un Gelito de entre 5 y 6 admiraciones; vamos todo un control si necesidad de sonómetro, que estamos como para gastos.

Yo no sé en que acabará todo esto (que repasando el texto es de admirar); de lo que sí me percato es que no salgo de casa, que últimamente hablo más por la ventana, a gritos, y que practicando y llegando a unas 44 admiraciones es posible que me oigan en Acapulco y que un día termine dándole una patada al móvil. Pero claro, como esto del saber y el escaso conocimiento que todavía le queda a mi única neurona me mata, recuerdo un refrán que dice: «El campo embrutece, envejece y envilece». Lo último lo veo difícil, porque creo firmemente que con ese primitivo don se nace; de lo segundo, si te soy sincero ni idea; pero de lo primero… de lo primero como que me da que voy por muy buen camino.

El Trichet, los Beatles y los vecinos

Jueves, septiembre 10th, 2009

La Real Academia, ni idea, y sus académicos, ni flores. Hacen una definición de «vecino» que parece un tratado. Y es muy fácil; un «vecino» simplemente es: «Ser humano que te toca enfrente», que muchas veces no pasa nada pero que otras no solo te toca enfrente, te toca las narices.

Muchos vecinos han aportado mucho al mundo de las artes y nunca han recibido un premio ni reconocimiento alguno, ni tan siquiera una de las 1.787.389.214,5 menciones especiales de lo que sea. Por ejemplo, se habla mucho de los Beatles, de su música; pues a mí a estas alturas me interesa bastante más quienes fueron los vecinos ya que sin ellos nunca podrías escucharlos, porque qué sería de ellos (cuando empezaban su carrera) si sus colindantes de casa fueran unos bordes y a todo momento llamaran a la policía y dijeran. «Señor policía, es que hay aquí, en el piso de al lado, unos chicos que hacen mucho ruido y no se para, y hasta hay gente que dice que se drogan». Y entonces, una patrulla que llega a la casa, incauta los instrumentos musicales y a tomar viento el legendario, Back in the USSR que en ese momento estaban componiendo.

¿Y cuáles crees tú que serían los vecinos que en la actualidad me gustaría conocer? Pues los del presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet. El tipo ese que cuando dice que sube el precio del dinero todo el mundo se pone en retaguardia, tiembla y no se mete en las trincheras porque se acabó la Guerra Mundial, y en los subterráneos menos porque ya no hay ni para pagar el tique del metro.

Lo de Trichet, cuando el francés medita si subirá a o no el dinero, tiene que ser flipante y me imagino a todos los vecinos tratando de averiguar qué discurre su cabeciña intentado hablar con la asistenta por si oyó algo, con el que le pasea el perro o adonde va a tomar café. Porque además, y que me perdone don Jean, es que cuando sube la pasta, parece que no es nada joé porque lo hace como si fueran las antiguas lecheras, que si medio cuartillo de punto, un cuartillo, cuartillo y medio… pero es que nos hunde.

Pero bien pensado yo creo que Trichet, a estas alturas y tal como funciona todo, no tiene vecinos; vamos, ni uno. Estoy seguro que en la calle que vive (él no lo sabe) lo que tiene son brokers, cientos, miles de brokers, videntes, gurús de la meditación, de la psiquiatría, de la telepatía y expertos en comunicación no verbal disimulando ser cartero, panadero, barrendero, taxista y cuya única misión es analizar a Trichet cuando sale de casa.

Que se toca tres veces el pelo, por ejemplo y porque no está calvo; pues eso, por experiencia de años y años estudiándolo significa que está pensando subir un punto el precio del dinero, que aparece con sombrero y nunca lo había hecho antes… pues todos a estudiar desde los griegos las relaciones entre vestimenta y personalidad, entre complementos el yo y el súper yo. ¿Por qué crees que Trichet a veces le dice a su mujer «qué poca gente vi hoy en la calle»? Pues porque sin quererlo los ha puesto a todos a chapar y si alguien saca algo en limpio tiene que haber una movida de venta de información privilegiada que ni te cuento
.
Y así todos los días, desde que abre la Bolsa en Nueva York hasta que se cierra la de Japón, desde que suena el despertador de Trichet hasta que se acuesta. Y es que, ya no es lo de antes, los vecinos de ahora son muy interesados. Hombre, hoy por hoy, quizás ahora, el mejor tal vez sea el que ves frente al espejo. Y aún así…

¿Seguro que será bueno criar gallinas?

Domingo, agosto 23rd, 2009

Para cambiar de la ciudad al campo estaba preparado pues durante varios años iba a pasar los fines de semana al mundo de la vaca y la ortiga, del grelo y el hórreo, y tan mentalizado estaba que hasta noto que mi cuerpo ahora huele como un poco a salvajiño, natural, dirían otros. Sin embargo, para hacer una pequeña huerta, no estaba lo que se dice muy dispuesto, pero con esa herramienta nueva para mi llamada sacho, la ayuda de mis vecinos, y doblando el lombo conseguí lo que nunca me imaginaría que llegara a hacer, plantar algo y lograr que llegaran a crecer patatas, berzas, lechugas y otros frutos de la tierra.

¿Que tuve algún traspiés en forma de tirón lumbar?, es cierto; pero al menos tengo la satisfacción de ver el resultado de mi trabajo y, lo que más me anima, es pensar que las manzanas, peras, higos y ciruelas nacen solitas en el árbol y no hay que hacerles nada, nada de nada, o sea, que no hay que doblar el espinazo y que hay que dejarlas tranquiliñas, como a mí.

En estas estaba, creyendo que había cumplido al menos por el primer año de mi vida campestre y pensando que el próximo trataría de mejorar la huerta y ordenarla la selva que tengo montada, cuando en medio de una conversación entre mis vecinos, Rumbo me espeta con cara de sorpresa: «¿Y por qué no tienes gallinas?». «¿Gallinas? ¿y por qué voy a tener gallinas?», pensé. Y no hizo falta muchas explicaciones para darme cuenta que todos mis vecinos, absolutamente todos, tienen gallinas, como todas sus casas tienen tejado, las ventanas cristal, las puertas manillas o la lareiras chimeneas.

Y de súpito (aquí hay súpitos cada dos por tres = 6) cavilé: «Mira qué ha pegado un cambio mi vida, de hablar en la ciudad sobre cualquier tema como el tráfico, política, fútbol, pintura, o de la prensa rosa, a que ahora mi duda existencial sea gallinas sí, gallinas no». Dicho de otra manera, que en menos de ocho meses pasé de poner un tique para el coche en la zona azul, a esta zona verde en la que como te lo propongas haces una plantación de algodón o puedes invitar a una tribu amazónica a pasar un fin de semana que no va a notar mucho el cambio.

Así estaba, medio ensimismado, cuando Rumbo añadió: «Y cuidado con el raposo que…». «Sí hombre, sigue animándome, que me importa un bledo las gallinas como preocuparme ahora del raposo, que es como estar pendiente si te multa o no la policía», pensé aún sin salir del shock que me había producido el asunto de la gallinácea. Y a la vez me cuestioné: «¿Quién dice que en el campo se descansa?» porque yo os lo juro que desde que estoy en la aldea nunca he pensado tanto; es más, ni me imaginaba que tenía esta capacidad de reflexión y me huele que como siga así termino agotado psicológicamente.

Como digo, lo de las gallinas me tiene un poco descentrado, desconcertado, perturbado y ofuscado. Comprendo que para mis vecinos no tener gallinas es raro, porque es como no llevar zapatos o salir de casa sin ropa. Si el problema es que yo los entiendo, sé que quieren lo mejor para mí, que sea feliz, que lo dicen por mi bien, pero estar pendiente de los «píos píos» y del raposo…

Es que además es echar piedras contra mi tejado porque aunque yo nunca he visto un zorro en mi vida no sé como puede reaccionar un animal de estos si me lo encuentro frente a frente. Sí, ya sé que dicen que lo que más le gusta y casi lo único son los polluelos, que se escapa ante la presencia del hombre, que es temeroso, que no ataca. Lo que quieras, ¿pero si al verlo, por esas cosas de la vida, se me pone piel de gallina?.

Cristiano Ronaldo, la aldea y Manolo

Miércoles, julio 8th, 2009

La verdad que no puedo negar que tengo amigos simpáticos, que rozan la genialidad aunque más bien siempre el surrealismo, y esto que os voy a contar acaba de pasar hace menos de media hora (son las 21.30 del 10 de julio de 2009).

Me encontraba ahora mismo en casa, en la aldea, cuando llamaron a la puerta. Bueno, para los que no están muy habituados al campo explicaré que en las aldeas se llama de una forma peculiar, que más bien parece que te van a desalojar los antidisturbios o entrar los Geos. Lo cierto es que (y este es un pensamiento al margen del asunto) nunca me imaginé que la madera fuera tan dura. Pues eso, el caso es que llegó uno de mis 11 vecinos, Manolo Vázquez Domínguez, de profesión ex maderero y agricultor a tiempo parcial, la verdad que a tiempo muy parcial.

¿Cómo es Manolo?. Pues difícil definirlo; es un hombre de campo, muy de campo,exactamente del Camp Nou. Y como aficionado al deporte que es, estábamos hablando de fútbol y en un momento de la conversación le digo: «Mira que habrá paro en España como para que a la presentación de Cristiano Ronaldo hayan ido 75.000 personas». Y él, que es muy campechano, va y me responde tratando de equiparar el mérito de las personas .«¿Y qué hizo?, nada», para luego añadir como si tal cosa. «En cambio, el que fue a la luna, cuando llegó allí no había nadie».