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¿Y cuál es tu duda existencial?

Domingo, Noviembre 15th, 2009

A mí ya me gustaría tener esa duda de, por ejemplo, cuando vas a comer a un restaurante, plantearte: ¿carne o pescado?, o si vas a ir a un sitio decir: ¿en coche o en autobús?, y cuando regresas decidir: en coche. Pues no, va el rarito del Guisande y su planteamiento existencial en un lluvioso día de noviembre es: ¿Qué es más placentero estornudar o bostezar?.

Y yo, que soy muy sincero y noble me pregunto: ¿Pero es que se puede ser tan parvo como para tener esta duda metafísica con la que está cayendo; pero hijiño, es que no tienes otras preocupaciones en la vida?. Y lo peor es que hasta me contesto y digo: «Sí, las tengo». Y no sé si el eco o un amigo que me habla o la conciencia, pero oigo: «Chaval, estás fatal, pero fatal fatal».

Pues el asunto es que como no encontraba una solución a este dilema del bostezo y el estornudo, entonces me dije: Pues nada, ¿me voy a preocupar yo solo?, si hombre; para algo están los amigos y voy a compartir este desasosiego y sufrimiento con los bloglectores y a ver qué dicen, porque yo no lo tengo claro. Y no lo tengo claro porque el estornudo, por ejemplo, no se puede provocar, surge, a no ser que te eches esos polvillos de Carnaval en la napia…. pero no es lo mismo.

Un estornudo, pero un buen estornudo, en el silencio de una sala repleta de gente no hay quien lo pague, es una auténtica gozada y verás a tantas personas que te miran y te clavan sus pupilas en tu pupila azul que hasta pensarás que estás en un banco de ojos.

Además, cuando estornudas no es solo uno, sino que por lo general son dos o tres, y si eres un tipo con suerte hasta cuatro y cinco, cogiendo aire, bajando la cabeza y cerrando los ojos con una satisfacción… Y cuando crees que esto es lo más de lo más, te dices: ¿Y bostezar?. Pues también tiene lo suyo, hombre, que si te empeñas, abriendo y cerrando la boca despacito como un pececillo, lo puedes provocar.

Además este placer, curiosamente, lo puedes compartir ya que tiene un efecto dominó porque como alguien te ve, al poco rato, si te fijas, abrirá las mandíbulas como nunca te pudieras imaginar que existen bocas tan grandes, tan inmensas.

Pero el bostezo, si lo que buscas es la felicidad total, lo puedes acompañar desperezándote, estirando los brazos hasta que te llegan a la estación espacial MIR y doblando el cuerpo como un arco. ¿Estornudar, bostezar? Y como no atisbo solución alguna, estas disquisiciones tan trascendentales me recuerdan (aunque no tienen nada que ver con el bostezo y el estornudo) a una que decía mi amigo Gumersindo Villar, otro filósofo de la estupidez, con el que me identificaba plenamente, claro. Pero él, sin embargo, llegaba a conclusiones más o menos acertadas.

Así, un día que me encontró un poco apagado, como tristón, tras charlar un rato para animarme me dijo a modo de conclusión argumental mientras me agarraba por el hombro: «Mira Guisande, el vacío existencial es terrible; pero el estomacal, el estomacal no ha quien lo aguante». Dios, que hambre me entró y que razón tiña.

Y a tí que te da más placer ¿estornudar o bostezar?

Ella, el amor, el olor, tu y yo

Martes, Noviembre 3rd, 2009

Las mujeres, cuando se enamoran, se vuelven…. no sé, como tontas; nosotros no, nosotros no nos volvemos tontos, nosotros somos tontos. Y esto viene a cuento porque mi mujer, desde que la conocí, siempre me dijo que le encantaba el olor de mi cuerpo. «Ya ves, se ha enamorado, una tontería temporal», pensaba yo. Pues no, no me digas porqué y mejor que sea así, desde que hace cinco años me casé dice que no necesito echarme colonia, que mi piel huele muy bien y yo me dejo ir porque así… bien.

Y hasta pienso que tengo suerte porque si fuera caníbal (ella, que podría serlo, porqué no) yo ya no estaría aquí escribiendo, que se empieza por oler la piel, un mordisquito cariñoso y terminan chupandote los huesecillos. Por eso está genial eso de los Derechos Humanos, sobre todo para los que midiendo 1,80 no llegamos a los 70 kilos y un viento te puede llevar desde A Coruña a Barcelona en plan ida y una bofetada en plan vuelta.
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Total que estaba yo tan feliz pensando que más que un ser humano era un perfume natural hecho hombre; vamos, un caso único en el mundo, y que el día de mañana, pues como los santos, repartirían mi cuerpo en trocitos metidos en botecitos, cuando un día me dijo: «Qué mal hueles». Y como notaba que no me estaba muriendo le pregunté que qué decía y me volvió a repetir. «Hueles muy mal, ¿qué has hecho?».

Le comenté que nada especial, que había estado trabajando en la huerta, plantando unas lechugas y recogiendo unas patatas. Entonces ella se quedó pensativa (ya se sabe que los norteamericanos… o los ayudas o no tienen capacidad de reacción) y al verme sudoroso, dijo casi a gritos como hubiera descubierto algo: «¡¡¡ Ya entiendo, has trabajado !!!>.

Entonces llegó a la conclusión (yo en un segundo y sin ayuda, bueno hombre) que olía mal porque había trabajado, sí trabajado; es decir, que según ella no pego golpe y cuando hago un esfuerzo físico pues atufo, normal, como todo el mundo. Pero claro, le expliqué que sí, que tiene toda la razón, que cuando hago un esfuerzo apesto, pero que ser periodista tiene su curre pero que darle a una tecla del abecedario en el ordenador no cansa, que si sudas no es por un esfuerzo físico, más bien será psíquico porque no tienes ideas, sufres y….. yo no sufro, y no digo con esto que sea listo, ni mucho menos; los hay listos, pero listos listos, ¡¡¡¡ buf !!! listísimos, si te contara…

Y dime, ¿cómo es el listillo de tu clase?

ojd