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¿Playas en Galicia?, una leyenda urbana

domingo, agosto 7th, 2011

Esto de que Galicia tiene playas para disfrutar es una leyenda urbana; vamos, te lo digo yo, que me hice gallego hace tiempo y mi bañador tiene como 20 o 25 años y la etiqueta puesta, para lo que lo uso… ¿y es que hay alguien que pueda disfrutar del mar a -133 grados centígrados?.

Para mí que más que mar (aquí no se quema nadie) en Galicia lo que hay son cientos de cubitos de hielos, miles, todos juntitos y, a medida que pasa el día, pues se van derritiendo. No sé tú, pero yo desde que tengo uso de razón en Galicia no he visto a nadie tirarse de cabeza al mar y la gente que se mete, toca el agua con los pies y salta como si le hubiera picado algo; y los que salen… joé como salen… con las piernas rojas, con los labios amoratados, la piel arrugada…

Yo no sé que hay ahí dentro, pero dudo que sea agua porque es salir uno y decir: «Hoy está mejor», «peor que ayer» y para mí más que ir a la playa es como si hubieran ido a la UCI de visita y no sé, serán cosas mías, pero cuando oigo «frío, frío», no hay quien me quite de la cabeza que hablan de un cadáver.

Yo lo que creo que en el fondo hay una confusión. En Galicia no hay playas, lo que hay es buen marisco, cocido, sardinas… y la gente, tras una tremenda comilona, habla, charla se explaya. Y aquí está el asunto, que se «explaya» y el personal entiende «es playa». Y ya se sabe como son estas cosas, que se empieza a decir «es playa, es playa, es playa» y al final… pues que Galicia tiene playas y por mucho que digas que no… pero entre tú y yo: ¿Playas en Galicia?, una leyenda urbana.

Tela con nosotros, los gallegos

lunes, octubre 18th, 2010

(Anécdota)

El gallego es un tipo, iba a decir singular, aunque realmente a ser sinceros más bien es complicado, tanto, que yo que soy también de esta hermosa tierra del mejillón, si me dicen que somos una especie… me lo creo. Y si me aseguran que somos el eslabón perdido o uno avanzado, pues también; pero a nosotros, no me digas porqué, nos pasa algo.

Lo que no entiendo de Galicia es como no ha surgido un campeón del mundo de ajedrez, y no lo entiendo porque para cuando tú dices una cosa, el gallego ya ha pensado unas 4.000. Tú, por ejemplo en Palencia o en Badajoz, pones un vaso encima de la mesa, y eso, lo pones. Aquí no. Aquí pones un vaso encima de la mesa y el primer pensamiento del gallego es porqué lo pusiste justo en ese lado y no en el otro, y porqué más a la izquierda que a la derecha o más adelante que atrás. No hay forma, para el gallego cualquier lugar vale menos justo donde lo colocaste porque piensa: «Por algo lo pone ahí», cuando la respuesta es «¿Qué por qué ahí?, porque es la mesa; la mesiña, hombre». ¿Sí?, pues no.

Pero no creas que el gallego lo hace porque piense mal de ti o, por lo que se suele decir, desconfíe (que es cierto que la desconfianza está muy arraigada en nosotros, que mira que nos ha dado tumbos la vida por ser sencillos, trabajadores y buenos), sino porque somos así y no lo podemos evitar. Y es que así como un vasco disfruta viendo cortar un tronco de un hachazo, o un catalán como sube el Ibex 35 hasta un 8.000 sin oxígeno, pues nosotros somos felices dándole vueltas y más vueltas a las cosas, a lo que sea, qué le vamos a hacer…

Pero como en todo, en esto de la desconfianza, mezcla también de pillería, hay casos excepcionales que sobrepasan los límites del conocimiento y del saber humano, como le sucedió al padre de mi amigo Manuel José Morán García, el veterinario Manuel Morán Morán.

Acababa el bueno de Manuel padre de terminar la bestial carrera cuando con poco más de 22 años comenzó a trabajar en un pueblo de la provincia de Pontevedra. Entre que aparentaba pocos años y que era leonés y, por tanto, con un acento un tanto extraño por estas latitudes, la presencia de Manuel creó una cierta desconfianza en la zona, especialmente por su juventud pues siendo casi barbilampiño dudaban de su saber.

Un día, un paisano lo llamó para que viera una vaca que estaba enferma. Así que Manuel, en una moto que utilizaba para sus desplazamientos, fue al sitio indicado con su maletín y toda su sapiencia. Nada más llegar a la aldea, el hombre lo llevó directamente al establo donde estaba la vaca y le dijo que la encontraba mal, que no sabía realmente qué le pasaba, que algo le ocurría que… vamos, como que no era vaca.

Por Manuel debió pasar entonces toda la literatura clínica que había en ese momento publicada en España y parte de Europa sobre el ganado vacuno, ya que tras ponerle un termómetro, mirarles los oídos, la boca, la lengua y otras partes del cuerpo, por mucho que miraba y remiraba a la marela, el bueno de Manuel no hallaba nada raro, ningún síntoma especial.

Extrañado, Manuel, con aire pensativo le dijo al paisano para hallar una pista, un indicio, algo: «Pues yo, la verdad, a este animal no le encuentro nada, y usted dice que cuando come… ». Entonces el paisano, ya más tranquilo, bastante más, mirando a otra parte del establo le contestó: «Es que la que está enferma es esa otra».

HOY Y MAÑANA, ÚLTIMO DÍA DE VOTACIÓN

Hoy y mañana es el último día de votación del concurso Bitácoras.com. Y estamos en el puesto 26. A ver qué ocurre. Este es el enlace para votar, en el apartado de HUMOR, pero creo que hay que registrarse http://bitacoras.com/premios10

Houston, tenéis un problema (IV)

miércoles, abril 21st, 2010

Si en el artículo anterior hablé de la decepción que me produjo los rascacielos, ya que no son tan altos como uno imaginaba, en este hablaré de otra. La segunda decepción que me llevé en Estados Unidos fue el Centro Espacial de la NASA, en Houston, donde lo único que impresiona es el nombre: Centroooo Espaciaaaaallllllllllll, porque después… lo que es espacio, espacio sobra porque ver lo que se dice ver no ves mucho.

Un lugar bastante rácano lleno de jueguecitos informáticos que cualquier chaval puede tener en su portátil… nada del otro mundo (ya quisieran ellos), como tampoco sus instalaciones, eso sí, de este mundo.

Y es que el problema está en que todos hemos disfrutado de tan increíbles y maravillosos reportajes sobre la NASA, de cómo se entrenan los astronautas en las piscinas, en el agua, en condiciones similares al espacio, que cuando llegas al Centro Espacial, como mínimo crees que te van a poner en una sala de ingravidez y «mira como vuela el boli Manolitaaaaaaa… », que vas a pisar una superficie similar a la de la Luna o como mínimo que te pondrán imágenes tridimensionales…

Vamos que crees que de allí saldrás casi hablando inglés, despidiéndote de tu mujer y tus hijos en el aparcamiento y dando saltos porque se te metió en la sesera y no hay quien te lo quite que vas a hacer un viaje a otro planeta y que sales mañana mismo; aunque no, que tu coche está estacionado ahí, a la izquierda, que es un Ford y que te vas a Gerona ya. Qué le vas a hacer, más que efectos colaterales lo tuyo son daños irreparables, tómatelo así.

Pues no, en el Centro Espacial, houston es todo lo contrario; te llevan en autobús descapotable a 20.000 sitios, te enseñan maquetas y más maquetas, reproducciones y más reproduciones de cohetes, alguna parte de una nave que voló… y mucha, mucha explicación, tanta que hasta empiezas tú mismo a hacer una cuenta a atrás para ver cuando acaba la visita y como que nunca llegas al three, two, one, zero.

Y en el zero es cuando te das cuenta de que todo lo que has visto, lo que te han mostrado, es el pasado, lo que más o menos conocemos, pero no el futuro, lo que deseamos saber, lo que nos intriga.

Pero cuando tu mente vuelve a la realidad, al presente, te percatas que el presente, el auténtico presente es que tras recorrer las instalaciones, lo único que te queda de consuelo es que si Neil Amstrong pisó la Luna, tú, al menos, pisaste el Centro Espacial de Houston; y se me apuras, allí más que en otro sitio, si eso sigue así de rácano, se puede decir aquello de: «Houston, tenemos un problema». Y lo tienen, que si lo tienen.

Menos mal que es el deshielo

viernes, diciembre 18th, 2009

No entiendo por qué hay tanta preocupación con el medio ambiente, la verdad que no lo entiendo porque gracias a Dios, dentro del caos estamos de suerte, pero de una suerte infinita. Yo no sé tú, pero a mí, desde que hace unos años los científicos han hablado del deshielo me ha entrado una tranquilidad, una paz interior y un sosiego que no te lo puedes imaginar.

No creas que lo digo porque si sube el mar tropecientos metros a mí no me pilla porque vivo a unos 30 kilómetros de la costa y en todo caso tendría una casa en primera línea de playa, no. A mí me ha entrado una gran tranquilidad porque no hay nada peor que la violencia y además ¿qué es el deshielo, hombre, un poquito de agua más, cuando ya tres cuartas parte el globo es H20? Bobadas.

Con el cambio climático, que es un descontrol, podrían pasar miles de cosas; por ejemplo, un frío inmenso que te quedaras sin boca de tanto casteñatear los dientes, una noche que durara 4 meses, escaso oxígeno o, lo que sería peor, que en vez de que subiera el mar que bajara, pero que bajara no un metro con treinta centímetros y dos decímetros y un milímetro (que estos tipos lo miden todo)…. no, sino veinte o cuarenta metros.

Pero gracias a Dios, de entre todos los cataclismos posibles nos toca el deshielo y mientras suba el mar con el agua de los polos o con botellas de Lanjarón… nada, pero si bajara, ¡¡¡ ay neniño… !!! aquí hay tiros, te lo digo yo que conozco al personal, que cuando no se está preparado para determinadas sorpresas… Porque ¿qué creesque pasaría si descendiera el mar, yo que sé, pongamos 25 metros? Pues qué iba a pasar… pues que iban a aparecer todos los desaparecidos de las últimas décadas. Nada de eso de «Toñito se fue y no volvió»; no, a Toñito lo metieron en un coche y ahí lo tienes, junto a esa roca con percebes y aún con el cigarrillo en la boca.

Y así, como él aparecería Josito chupando el último camarón que tomó en su vida; Leliño agarrado a la Play Station y a Pascual y Aurora, que se creyó que se habían fugado a México tras un romance oculto; sí, hombre, fugado, y ese cuchillo en el intercostal junto al billete de avión…; vamos que en todo habitáculo de 70 por 1,80 centímetros te encontrarías un Toñito o un Josito de la vida. Unos agarrados a una copa de güisqui, otros dándose un beso, algunos….

Por eso no entiendo lo que pasa porque a mí el deshielo me da tranquilidad, nos evitamos mosqueos en los pueblos costeros, investigaciones criminales, miradas con recelos e incluso, en situaciones extremas, algún tiro que otro entre familias y vecinos. Y, sí, la verdad, para qué negarlo, si va a ocurrir lo que dicen que va a ocurrir y no hay remedio y sube el mar…. pues qué quieres que te diga, estar en primera línea de playa tampoco está tan mal ¿no?. Bendito deshielo.

AMIGOS DEL BLOG

Nuestro colega Alfredo Pardo Hermida ha sido seleccionado por el Ateneo ferrolano por su cortometraje O LABERINTO ARIO, que se proyecta el 21 (lunes) a partir de las 19 horas en el citado centro cultural.

¿Que la Naturaleza es sabia?, venga ya

miércoles, noviembre 25th, 2009

Eso de que la Naturaleza es sabia…. será para ti, pero creo que a todos nos ha hecho una gran faena. Te miras al espejo, de frente, de lado y hasta si quieres con otro detrás para tener una perspectiva distinta ¿y qué ves? Pues te ves a ti ¿Y cómo te ves? Pues ahí está el problema. Seguro que hay alguna parte de tu cuerpo que no te gusta. Es posible que tengas una nariz un poco prominente, unos labios demasiados gruesos o finos o unas orejas un poco grandes; es decir, eres un cúmulo de pequeñas perfectas imperfecciones.

Y aquí está el asunto. Si la Naturaleza fuera sabia, o al menos quisiera hacerte un favor, en vez de unas orejas un poco grandes que tratas de disimular con un peinado que ni que lo estudiaran en Oxford, pues tendrías unas que midieran tres o cuatro metros. Sí, tres o cuatros metros; y lo que en principio sería una desgracia familiar porque al ponerte en la incubadora habría que colocar otras dos al lado para las orejas, con el tiempo verías que no.

Es cierto que pasarías algunos meses practicando el pliegue y despliegue de orejas y que en el colegio se reirían un poco de ti, pero eso… bagatelas. En cuanto tuvieras un poco de maña doblándolas y desdoblándolas y te pusieras un buen gorro calado para disimular… chaval, tienes la vida solucionada, pero más que solucionada.

Así, como quien no quiere la cosa, irías de plató en plató de televisión, te harían entrevistas y en un momento dado, en el escenario, ante un público expectante, sacas de sombrero y ¡¡¡ chass !!! lanzas las orejas al suelo y a los tres o cuatro minutos, después de una intensos aplausos, pasas por taquilla y a cobrar. Pues justo en vez de cobrar, y porque la Naturaleza no es tan sabia, tienes que pagar a un especialista en estética para que te las recorte y casi a tijera para que te salga más barato.

Y lo mismo digo de las orejas que, por ejemplo, las pestañas, que no me dirías que no te contratarían si las tuvieras de dos metros, te pones boca abajo y, como una escoba, con movimientos acompasados de los párpados limpias todo el plató…. un chollo. Pues no, eres la perfección de las imperfecciones y sin un euro, y después dicen que la Naturaleza es sabia…. venga ya.