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Esto del frío me trae unos recuerdos…

sábado, febrero 4th, 2012

(Cosas que pasan cuando dejas la ciudad y te vas a vivir al campo sin tener ni idea)

Ahora que hace tanto frío, con esta ola siberiana que nos invade, me viene a la memoria el primer invierno que vivimos en la aldea. Lo mejor de cómo pasamos aquél invierno fue precisamente eso, que lo pasamos, porque hubo momentos que a punto estuve de hacer un estudio de logística, evacuar la casa y ya me veía yo a toda la family con los colchones en la chepa y otros útiles de urgencia buscando cualquier lugar, y cuando digo cualquier es cualquier, porque menos en casa… lo que fuera.

Y te lo juro que hubo días que si alguien que no conociera mi aldea, entrara en mi casa y me viera como estaba, con gorrito de lana en la cabeza, plumífero con la cremallera hasta el cuello, botas y doble calcetín… lo normal es que preguntara dónde estaba el telesilla. Y hasta estoy seguro que si lo hiciera, pues yo respondería tan tranquilo que a unos metros; estaba tan mentalizado que no estaba en una casa, sino más bien en un refugio de alta montaña…

Oye, y que si llega uno de Extranjería… pues igual, porque todos acurrucados frente al fuego, encogidos como caracoles y sin decir palabra, más que una familia made in Spain parecíamos una de rumanos a punto de ser deportados o en busca de asilo; vamos, nos ponen al lado una maleta de aquellas de tela de los años sesenta, medio destartalada, atada con cuerdas y con los caretos que teníamos… lo bordamos.

Que si hubo días peores y mejores… pues es difícil saber cuál fue el mejor, que entre -3 y -5, como que no se nota mucho el asunto de la precongelación; pero lo que más recuerdo es cuando aburrido de no saber qué hacer me puse a escuchar música. Y así estaba dando vueltas por la casa cuando la sioux me dijo: «¿Y cómo te llega el cable tan lejos para oír música?», ¿el cable, qué cable?. Y entonces le expliqué que de cable nada y que de música menos, que tenía tanto frío en las orejas que con las esponjitas de los cascos tenía un calorcillo…

Y en efecto, no me los quité durante casi todo el día; de un lado a otro del refugio con ellos enfundados, dando gracias a Dios porque Nokia había inventado este sistema de audición; y que conste que ya había vendido la moto hacía años, que sino… me pongo el macrocasco en la testa y solo abriría la visera de plástico para comer a través de una pajita, vamos que si lo hacía.

Y así pasamos aquél invierno, increíblemente sin síntomas de congelación apreciables, aunque si te soy sincero, a veces, con estos recuerdos, miro a los niños y cuento 1,2,3,4 y 5 porque en cada mano hay cinco dedos ¿no?

LA XUNTA, PETARDO GUISANDE Y LAS CONFERENCIAS

Bueno, una buena noticia. La Xunta de Galicia me ha incluido en el programa de Letras Vivas para pronunciar conferencias sobre guiones de Teatro, Radio y Televisión, además de un coloquio en el que los estudiantes pueden preguntar sobre cómo se escriben los cuentos, Medios de Comunicación, blogs, Redes Sociales, pipas, caramelos…. o que queiras, todo ello a un precio módico (250 euros) que da para tabaco.

De verdad, esta casa es un misterio

jueves, diciembre 24th, 2009

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

Desde que llegó el invierno, mi casa más que un hogar es un misterio, un enigma, un expediente X cuando X tiende a cero, a cero grados centígrados, me refiero. Esta es la primera vez que vivimos todo el año en la aldea y desde que llegaron estas temperaturas gélidas, la frase más repetida es: «Yo creo que el viento entra por aquí». Pero si los muros tienen un grosor de más de medio metro y teóricamente la casa está bien aislada… ¿cómo es posible que entre el frío…? Y entonces, cuando alguien dice esa frasecilla, allá voy yo en plan expedicionario, cigarrillo en la boca, calada que te crió, bocanada de humo hacia el lugar de la supuesta fuga/entrada y… na. Y así cada cierto tiempo, aunque a este paso no va hacer falta fumar que con el vaho, pues como que igual ¿verdad?.

Y claro, como no es cuestión de morir en el intento, así a lo tonto ya hemos quemado 3 toneladas de madera, que esto parece los Altos Hornos de Vizcaya en su mejor época y te lo juro que si esto continúa así, un día salgo de noche y prendo fuego a todas las arboledas que rodean mi casa, ni ecologismo ni leches, me encierro y hasta que dore no salgo porque, claro, como en el microondas no entro…

¿Y cuál es la conversación estos días en casa? Pues la de: «¿Y tu crees que estaremos así hasta marzo?», y yo para animar digo: «Que va, esto es pasajero», y ella insiste «¿seguro?»; y vamos, como si hubiera nacido aquí al lado, bajo un pinar, con un aplomo que hasta yo mismo me sorprendo digo: «¿Esto?, na, unos días». Y mientras lo digo voy echando cuentas, 24 de diciembre hasta el 10 o 12 de marzo quedan…. y a mí no me extrañaría que un día me dé un ataque de sinceridad y en esta casa haya una desbanda en plan salvaje, que cada uno salga corriendo con lo puesto y que los vecinos flipen por colores viendo la huida en masa.

Porque… ¿quién habló del calentamiento global, hombre, quién habló o, mejor dicho, dónde está el calentamiento ese, que hago un traslado ya? Pero si yo cuando voy a un bar en Oza dos Ríos y me preguntan: «¿Quiere algo?» hasta estoy por decir… «sí hombre, deme usted un buen par de bofetadas, que voy pacasa»..

Y en tanto pasa el tiempo surgen conversaciones así, en plan indirecta de «pues vi unos guantes…», «¿te acuerdas de aquella bufanda…», vamos como si hubiera sido tenor y actuara en la Scala de Milán, o «¿tomamos un cafetito en Juanito…?» (el bar nuevo, que casi puedes andar en mangas de camisa).

Pues mientras sucede todo esto, Luis de Vilachá, el superalbañil de la zona que lo mismo pone un ladrillo que arregla una tele que te pone un tejado o te hace un pozo, te destroza cuando llega de visita y nos encuentra a todos como conejos alrededor del fuego y dice a grito pelado: «¡¡¡¡ Ay miña madriña ¿pasades frío?, frío era antes !!!!». Y tu te dices ¿antes, antes de qué, del Big Ben, de la desaparición de los dinosaurios…? y por momentos pienso si estamos en peligro de extinción y si alguien se apiadaría de nosotros si coloco una pancarta en toda la fachada de la casa que diga: «¡¡¡ Salvad a los guisandiños !!! Greenpeace» ¿Funcionaría?, lo bemoles