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No le des más vueltas, es un milagro

Miércoles, Febrero 3rd, 2010

Todos hemos vivido e ese milagro. ¿Y cuál es?. Vamos a ver. Estás trabajando con o sin ordenador, apuntando con el único lápiz que tienes en casa unas anotaciones en un papel, en un momento dado te levantas para ir, por ejemplo, a la cocina, y cuando regresas, te lías nuevamente con el trabajo, vas a hacer un apunte y…. ¡¡¡ milagro !!!: ¿Dónde está el lápiz que lo tenías entre los dedos hace tan solo unos segundos?. Perdón por la expresión, pero acépteseme como licencia literaria que es la primera frase mal sonante que escribo en casi cien artículos, pero es que cuando esto ocurre no hay otra: ¿Pero dónde cojones está el puto lápiz?, ¿pero si lo tenía aquí hace nada, aquí mismo, aquííííííi….? Y entonces comienza una historia alucinante y desesperante.

Como si en vez de buscar un lápiz estuvieras tratando de desentrañar el móvil de un crimen no solamente te levantas de la silla, sino que empiezas con un soliloquio interminable en cámara lenta en fase autoconvencimiento: «Fui a la cocina, cogí un vaso, después abrí el grifo, luego…» y mientras lo vas diciendo en voz baja o para tí mismo vas caminando hacia la cocina como si no quisieras dejar ninguna huella, ni un rastro, silenciosamente, despacito, mirando a un sitio y a otro, escudriñando cada centímetro de la casa, cada milímetro, buscando el condenado lápiz.

¿Y realmente miras? Joé que si miras, excepto en la disquetera del ordenador, porque sabes que ahí no entra el lapicero… yo en estos casos he mirado hasta en la nevera y en el congelador con una comedura de coco total, diciéndome: «Pero si no cogí nada de la nevera», pues aunque sabes perfectamente no has cogido nada de la nevera la abres igual porque hasta crees que sin darte cuenta, a lo mejor, como un zombi, la pudiste abrir, que hasta ese punto de confianza tienes en ti, que lo mismo crees que has abierto el frigo como la lavadora, la secadora o el friegaplatos.

Y mientras buscas y no encuentras, como los sabuesos detectives te dices: «He pasado algo por alto», y nuevamente empiezas a hacer el mismo, pero el mismísimo recorrido, desde la silla hasta la cocina, examinándolo todo palmo a palmo y a lo tonto llevas ya más de media hora rebuscando mientras tu mente te dice: «¿Pues deja el lápiz y coge un bolígrafo, que tienes de sobra?».

Ay!, este es el gran misterio que encierra este milagro. No me expliques, pero no sé qué fuerza interna hay que te vuelves terco terco y no me digas porqué, tiene que ser ese lápiz. No te vale un bolígrafo, no; ni un rotulador, tampoco, ni si me apuras otro lápiz, noooooo; ni aunque te trajeran la fábrica entera, tiene que ser justo ese, ese lapicito y no otro hombre, que así estas de tozudiño.

¿Pero si es igual un boli? Sí, parece igual a efectos laborales, de efectividad; pero a efectos mentales, psiquiátricos, que realmente es lo tuyo, pues no; porque si no es ese lapicillo… pues no vale, que así te has puesto de mulo y llevas más de una hora sin pegar clavo, que en el fondo es lo que quieres.

Y cuando sucede esta situación solo caben dos soluciones: la más excepcional, la que llevas a cabo cuando este prodigio ya casi no lo es porque forma parte de tu vida y dices: «Milagro, se perdió el lápiz», y entonces coges lo primero que escriba; o, la más habitual, cuando llevas ya casi tres horas con la mente ocupada en el lapicillo ese, alguien que acaba de entrar en casa y te encuentra tirado en el sofá, comenta en plan sorpresa: «Anda, mira que gracia, el lápiz se sostiene en el borde de la pantalla del ordenador». Y entonces te levantas como un rayo, que total no sé para qué, supongo que por curiosidad, porque currar, lo que se dice currar no ibas a currar más, que si lo hicieras eso sí que sería otro milagro.

Pues sí neniño, como te lo dis, USA hasta controla el pis

Lunes, Octubre 26th, 2009

(Este artículo forma parte de la serie de un viaje a USA. Sep 2009)

Si hace unos días me refería a cómo los estadounidenses consiguen que sus niños se cepillen los dientes utilizando la tecnología; para que dejen los pañales estos tíos hasta tienen un sistema. En Estados Unidos, por lo que se ve, las madres cuando van al parque con sus pequeños no se preguntan si es a los dos años, a los tres o tres y medio cuando hay que acostumbrarlos a utilizar la bacinilla. Quizás hablen de la situación en la Casa Blanca, de la crisis monetaria o las relaciones internacionales, porque lo que es del pis… Para qué, en USA, casi se puede decir que los pequeños dejan de hacerse pis cuando los padres quieren. Sí, cuando quieren; lo mismo en enero que en mayo, en junio que en agosto y lo mismo un lunes que un sábado, a mediodía que a las tres de la tarde. Vamos, todo controlado menos ellos.

¿Y cómo lo hacen?, pues con lo que más conocen y dominan, con lo de siempre; sí, con eso, con la tecnología. ¿Pero puede existir algún tipo de aparato para que un niño deje de orinarse y que ya no utilice pañales? Pues la misma pregunta me hacía yo hasta que lo vi. Y en este caso fue también Kylian, el hijo de mi amigo Kevin, el protagonista de lo que para nosotros es considerado una hazaña y de llamadas telefónicas a toda la familia.

Un día estaba hablando con Kevin y de paso surgió este tema tan hogareño cuando dijo: «Mañana o pasado deja los pañales». Al decirlo de forma tan categórica me asombró y le pregunté: ¿Por qué estás tan seguro que mañana o pasado?. «Porque ya compré el aparato». Con gran curiosidad le dije que me lo enseñara. Fuimos a la habitación de Kylian y allí estaba el artilugio.

Si te soy sincero, a primera vista no parecía nada especial, era de plástico como muchos orinales de los que se venden aquí. Al tacto era de plástico, nada fuera de lo común; al oído, como no escuché nada; y al olfato… pues que no era plan y decidí no utilizar ya otros sentidos. Entonces Kevin fue al baño, trajo un vaso de agua, lo echó en la bacinilla y, neniño, aquello sí que era otra cosa. ¡¡¡¡¡ Pero qué cosa !!!!.

Como si fuese magia, alrededor del orinal comenzaron a encenderse luces de coores a la vez que se oían todo tipo de canciones de Disney y, por supuesto, la del Séptimo de Caballería, que por cierto me aparté en una especie de autorreflejo, por si las moscas. Me quedé absorto, pero a la vez pensé si funcionaría con Kylian, porque una cosa es la teoría, en plan instrucciones en varios idiomas que nunca lees, porque aunque las leas no las entiendes, y otra la práctica.

Así que cogimos (yo diría que raptamos) al pequeño, lo pusimos sentado en el singular orinal, fuimos a por dos vasos de agua y echamos el líquido elemento de uno a otro para que se animara. Al rato, Kylian hizo pis, se encendieron las luces, comenzó a oír la música, miró para abajo a ver qué pasaba y lo único que hacía ere reír y reír. A partir de ese día, cuando estaba en casa, el renacuajo tenía un juego más, los padres un trabajo menos y yo continuaba con un alucine permanente desde que pisé aquél país. Y entre Sexto y Séptimo de Caballería pensaba: «¡¡¡¡ Qué tíos estos USA , hasta eso lo controlan !!!!».

ojd