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Los ritos sioux que un gallego ha de seguir

lunes, diciembre 28th, 2009

Cuando me casé con la sioux, Veneatra Paynther (cuyo nombre significa generosidad y que por parte de madre es cheyenne y de padre choctaw. Esto es una locura ¿verdad?… si mi padre levantara la cabeza) Bueno, pues de esa tribu sabía más o menos lo que tú. Que como otras muchas se pintaban la cara cuando iban a la guerra, que montaban a caballo a pelo, que eran feos como demonios, tiraban con el arco que no veas y poco más. Pero la verdad que no es así, porque mi mujer más bien parece nórdica, es rubia, con ojos azules y por eso no me extraña que cuando era pequeña un día se escapara de casa pensando que sus padres no eran su verdaderos progenitores porque todos eran tirando a moreno, a carboncillo, vamos, y que la habían adoptado.

El caso es que lo indios nativos tienen algunas costumbres que iniciaron conjuntamente cuando llegaron sus invasores. Así que hace ya unas semanas llegué a casa, como un día más, y me encontré en la mesa tremendo pavo porque era el Día de Acción de Gracias. Claro, yo, ni idea. Voy a saber ahora si era el Día de Acción de Gracias o el de Con Mucho Gusto… Y es como efemérides recuerdo el 12 de octubre, que es el día del Pilar; el 24 de diciembre, Nochebuena; el 25, Navidad; el 6 de enero, Reyes, y para de contar.

Supongo que para los indios americanos pues a lo mejor el 6 de marzo es el día de la Gran Nube Blanca; el 8 de julio el de la Gran Hoguera Caliente y el 7 agosto, vete tú a saber, el del Río del Agua la Vida, y yo que sé, si yo soy gallego y como cosa más rara que he visto es el botafumeiro ese yendo de un lado para otro en la catedral de Santiago y 200.000 tíos con tortícolis en el cuello siguiendo el balanceo.

Lo que sí es cierto es que estos mal llamados pieles rojas han cambiado y mucho. Y así, por ejemplo, para sentirse orgullosos pues ya no tienen que cortar ninguna cabellera y mostrársela a gritos a todos los del poblado; que a mí la verdad no sabes el peso que me quitan de encima porque no sería plan que cada cierto tiempo tuviera que cortarle el pescuezo a otro de otra aldea y que como poseído por un ser superior tuviera que ir en taparrabos corriendo de casa en casa con mi trofeo agarrado por los pelos, pero que si hay que hacerlo se hace, que yo soy muy respetuosos con las creencias, que una cosa no quita otra; vamos, será por tradiciones…

Pero los indios, o por lo menos los de la tribu sioux, siguen unas costumbres ancestrales que en la actualidad aún mantienen y que yo, mira por donde, pues para no hacerles un feo, verdad, pues también las sigo y todas las que me tocan se celebran el mismo día, el 1 de enero. ¿Que cuáles son? Pues una de ellas es comer algo de carne, que no se sabe muy bien qué origen tiene esto.

Al parecer, como cazadores que eran, pues ese día comenzaban el año comiendo carne para que hubiera siempre piezas cerca y no comer plantas o tener que desplazarse; o sea, sería más o menos como eso de «¿A dónde va la gente? a donde va Vicente»; pero al cambio, en sioux, sería «¿A dónde fuimos onte (ayer) a donde fue el bisonte». Y ¡¡¡ ale !!!, Mujer del Viento y Niñas de Cabeza Alada arrear con todo que hay que ir detrás del animal ese de los bemoles que ya no queda insecto ni setas que llevarse a la boca y que las gambas al ajillo se descubrirán dentro de unos siglos. Así que yo, el 1 de enero, como un poco de carne, una loncha de jamón, por ejemplo, y primer rito cumplido.

El segundo es que, según las creencias sioux, da mal agüero que empiece el año entrando en la tipi (tienda) una mujer. Entonces, como es preferible que lo haga un hombre… pues salgo de casa, estoy unos segundos fuera, y cuando estoy helado llamo a la puerta, me abren y entro (por lo menos por ahora me dejan entrar) ya veremos este año. Y esta tradición, según hablé con el padre de la sioux, podría tener dos explicaciones. Una sería que si entra una mujer, como ella no era cazadora, pues qué mala suerte, una boca más a dar de comer, mientras que si lo hacía un hombre cabían dos posibilidades. Que se quedara y alimentara a los de la tienda, pues es él era el cazador (vamos esta no se la cree ni Jerónimo); y la más verosímil es que entrara, tuviera una noche loca de desenfreno y con suerte, de esa aventura salvaje, naciera un varón (un cazador), ésta parece más creíble porque, la verdad, no me imagino al nieto de Toro Sentado entrado en una tipi diciendo: «Perdonen ustedes, ¿tienen hambre?. Pues ahora mismo vengo con un cabritillo», pues como que no. Más bien me imagino al nietísimo entrando a sacho en la tipi, vistazo alrededor y aquí te pilló y aquí te mato ¿verdad?

Y por último, todo el día 1 de enero no puedes lavarte el pelo, y esta tradición sí se sabe porque es, y se debe a que los sioux creen que si el primer día del año te lavas la cabellera es como quitar (lavar) a alguien de tu vida, que una persona va a morir. Así que el día 1 suelo llegar al periódico con el pelo como una escarola y como soy un poco despistado, a lo mejor también el día 2 y el 3, con lo cual hace mogollón de años que nadie la patea en la familia sioux que me tocó porque incluso da el día 5 y sigo sin lavármela y hasta he pensado estar uno o dos meses, si es por ellos….

Pero los sioux tienen otras costumbres, como es que a un bebé, durante su primer año de vida, para que crezca fuerte, no se le corte el pelo, ni un rizo; vamos, antes ponerle gomina, pero esto a mí, con 51 tacos que tengo, pues ya como que no me coge que sino… Y así, queridos españoles (porque estoy convencido, aunque no lo digo, que hago el indio), es como yo paso desde hace unos cinco años los primeros minutos del Año Nuevo. Mientras tu te tomas las uvas, te pones hasta el gaznate de champagne, coges el corcho que lo has confundido con el turrón blando y luego llamas a alguien por teléfono para colapsar la línea; pues yo salgo de casa, me congelo, entro temblando, y me como una loncha de jamón para sí, para eso, para que haya bisontes. Joé es que estoy vivo de milagro, bisontes, bisontes… Dios, lo que se hace por amor.

PD.- Que tengáis UN BUEN AÑO 2010. Siempre vuestro amigo de mi-tu-nuestro-blog. Guisande

La sinusitis, la aldea y el mosquero

viernes, septiembre 4th, 2009

Definitivamente no sé por qué la gente para vivir experiencias se va a Cancún a Egipto o a los altos del Golán. Coge el coche, vivas en Vigo, A Coruña, Lugo o Mérida, adéntrate unos 50 kilómetros al interior de tu provincia, encuentra un pequeño pueblo (en Galicia aldea) y empieza a vivir situaciones paranormales.

Por ejemplo, yo pensaba que las enfermedades eran igual en todo los sitios; vamos, que lo que padecí durante estos últimos días (sinusitis) se sufre lo mismo en una aldea que en una ciudad. Pues no; cuando vivía en A Coruña y estaba enfermo me quedaba en cama, tapadito y no me preocupaba de nada más; pero con la sinusitis he descubierto que en el campo esto de las dolencias es otra historia.

La sinusitis, y para resumir, porque es una porquería, es que tienes una infección nasal, mucho moco, bien; pues como los moquillos no son perfumme Fransins, Paris, y en el campo hay moscas que están al loro de todo lo que huele mal, porque es su hábitat, ellas quieren eso, los mocos. ¿Pues tu crees que me iba a imaginar yo alguna vez que iba a estar postrado en cama, con dolor de cabeza, y que en una mano iba a tener el termómetro y en la otra un mosquero para dar a diestro y siniestro en una guerra sin cuartel a estos atacantes porque en una casa de campo, y más en esta época, siempre hay moscardones?

Y suerte que en un momento de lucidez llegué a la conclusión de que lo único que querían, cuando revoleteaban entorno a mi nariz, era mi mocamen, porque sino… si veo que me asaltan y no sé porqué es, lo más normal sería pensar que no es que me encuentre mal y que tenga sinusitis, sino que me estoy muriendo, pudriendo por dentro y por fuera y que las moscas, como los buitres, vienen a llevarse lo que quede de mí empezando por la napia.

De verdad que hubo días que me sentí como esa inocente gacelilla que está agonizando en la sabana y los buitres vuelan alrededor de ella esperando el momento para lanzarse en picado y devorarla. Es que además, ni que fueran funcionarias y se turnaran porque ves tres o cuatro, te las cargas y aparecen otras tantas y así todo el día, y yo con el mosquero resistiendo como un héroe todos los ataques.

Claro, en esta batalla desigual me he cargado más de un vaso, tirado el teléfono, rayado un poco la pantalla del portátil, y me he dado con el mosquero algún que otro golpe en los brazos y en las manos cuando se posaba uno de estos simpáticos insectos. Pero claro, con el tiempo aprendí varias argucias. Cogía una sábana, me tapaba entero y dejaba un huequecillo para respirar (así no me encontraban) y otra estratagema que funcionó, y no sé si pasársela a los de la OTAN, fue cerrar todas las ventanas porque en la oscuridad, no sé qué hacen, porque lógicamente no las veo, pero sé que se paran o lo más obvio es que estudien, no sé, pero me dejaban tranquilo.

Yo estaba acostumbrado, cuando había algún insecto en casa, a utilizar de esos spray que le das a un botón y el liquidillo sale por donde quiere; y no solo lo echaba por la habitación, sino que me acercaba al bicho y le daba una hipersupersobredosis y hasta los seguía por toda la sala, que cuando me entra la vena asesina me conozco; pero como mi mujer, que además de traductora es enfermera, dice que todos esos productos son contaminantes… No me lo creo para nada, bo. Es más, como ella es sioux y sus descendientes son de las tribus Choctaw y Cheyenne y vivían en una reserva, de lo que estoy seguro es que tiene un trauma de tantos años relacionada con la bichería. Yo no digo nada, me mosquea, sí; pero, ¿dále con el mosquero?, anda, dále, dále tu, tío listo.

PD.- Gracias a todos los que me habéis escrito durante los días que estuve enfermo y me mostrasteis vuestro cariño. Nunca me preocupé si era Gripe A, ya sabía que era un robo de las farmacéuticas

Los norteamericanos, yo y los pioneros

domingo, agosto 9th, 2009

Estaba tan tranquilo cogiendo un día sí y otro no patatas en la huerta cuando oigo a mi vecina Maruja a grito pelado: «¡¡¡¡¡ Jisande (aquí en la aldea, menos Guisande, todo lo que quieras: Sisande, Lisandre, Jasande…, que más da), que hay que recoger las patatas que se las comen os ratos !!!!! (ratones)». «¿Todas?», pregunté. «Home, claro, todas si es que quieres comerlas?». Y tras esa lección de obviedad cogí de sacho y me fui a la huerta.

Cinco riegos de unos veinte metros de largo cada uno. Tal cual los vi ya me preparé; fui a por una botella de agua de dos litros porque de diez no había, unas cajas para poner los tubérculos, un paquete de tabaco y comencé con el sacho.

Llevaba poco más de cinco metros cavando (y cuando digo cinco no son ni cuatro ni dos ni seis; cinco y si no que los mida el Comité Olímpico) cuando ya decidí quitarme la camisa, y así, con el torso al aire (porque la piel no podía arrancármela) la primera idea que me vino a la cabeza, por influencia de mi mujer, que es de Ohio, fue:«Como los pioneros norteamericanos, conquistando la tierra». Pero al llegar a los 15 metros me dije: «¿Pero qué pionero ni historias, joé que yo me llamo Manuel, ni James ni Mackein, que soy gallego y esto es un curre de la repera».

Así que dejé el sacho a un lado, me senté, bebí agua, fumé un cigarrillo y pensé: «Hago un poco más y paro, que aún me va a dar aquí un síncope cuando en último extremo tengo un supermercado a tres kilómetros y con las treinta patatas que he recogido ya hay para varias tortillas»

Gracias a Dios de orgullo ando lo justo, que ya se sabe que este sentimiento innato en el ser humano y en exceso es el inicio de muchos conflictos, de broncas, de peleas, de guerras y, en el plano individual y laboral, de dolores de espalda, que así estamos todos y no me digas que tú no.

Así que dada la situación, encendí otro cigarrillo y aunque no tenía muchas ganas tuve que volver a pensar e hice un rewind mental: «Pero Maruja dijo recogerlas todas; pero todas todas todas; todas hoy; todas pero puede ser mañana, o dijo recoger todas pero puede ser pasado mañana».

Y ante las alternativas que tenía me quedé con «todas puede ser mañana». Estuve a punto de elegir la de «todas pasado mañana», porque la de «todas hoy» estaba ya descartada. Entonces miré la caja que contenía los tubérculos, arramplé con ella y me dije: «Guisande, buena elección, pa casa». Encendí otro cigarrillo y según caminaba me di la vuelta y al ver la tierra que me quedaba por sachar, en ese momento se derrumbó la idea bucólica que tenía de los pioneros norteamericanos y lo primero que pensé y, perdona la expresión, fue: «¿Pioneros?, qué gilipollas».

PD. ¡Ah! por cierto, que se me olvidaba. Como en mi casa está prohibido decir tacos y mi mujer sioux no sabe ninguno, si por casualidad preguntara qué significa «gilipolllas», podéis decirle, «patriotas, valerosos, esforzados, héroes….». Ya sabéis, esas cosas que tanto les gusta. ¿Vale? Gracias.

Mi vecino Gelito, un choque cultural

miércoles, julio 22nd, 2009

Los norteamericanos miden todo en millas, yardas, en pies, pulgadas y supongo que en pestañas y uñas; los europeos utilizamos el sistema métrico decimal y los chinos no sé ni me importan porque para lo que hablan…. En estos de las medidas, nosotros, por ejemplo, si se trata de una carretera decimos «pues tiene tantos kilómetros» y si nos vamos al espacio, a la estratosfera de la blogosfera, ya nos lanzamos a los «años luz».

Seguro que hay otros sistemas de medición, pero solo conozco a una persona que utiliza uno que es eso, único, individual y hasta diría que intransferible. Es el que usa Angelito, un vecino de la aldea al que todos llamamos Gelito. Pues Gelito, ni millas, ni yardas, ni kilómetros, ni años luz ni historias, él todo lo mide en «cajo en ros»..

Tiene que recoger un riejo de patatas de, por ejemplo, 40 metros…. pues tarda entre 20 y 30 «cajo en ros». Es tanto el tiempo que lo he visto trabajando que te puedo decir los «cajo en ros» que tarde en su cometido. Llevar un caballo del campo donde pace hasta la cuadra (unos 200 metros), entre 10 y 14 «cajo en ros»; ir a por agua a la fuente con un bidón (unos 30 metros), 3 «cajo en ros» al ir y sobre 5 al regresar porque viene cargado y más que mosqueado. Según mis datos, Gelito tiene una media aproximada de un «cajo en ros» cada diez metros y unos quince a la hora, «cajo en ros» arriba «cajo en ros» abajo, que para el caso tampoco tiene mucha importancia.

Supongo que en la Nasa, paradigma de la exactitud, todo debe estar medido y bien medido para luego acoplar en el espacio la cápsula y el transbordador, pero dudo mucho que alcancen la perfección de Gelito y estoy tan seguro que no necesito ningún estudio de ninguna Universidad de Missouri, Kentucky o Maryland para que me lo demuestren. No niego Gelito tendrá sus cosas, pero en lo que es medir… lo borda.

Lo que sí es cierto, que en los últimos dos años Gelito debe de estar actualizando de alguna forma su sistema métrico porque hasta hace poco tiempo su herramienta de trabajo era una fouciña, pero desde que ha comprado unas desbrozadora más que trabajar parece que va en moto y como que noto yo que dice menos «cajo en ros» que antes.

No sé, la verdad. Lo que sí sé es que entre Gelito y mi mujer sioux, que vivió 15 años en Francia y en casa hablamos una especie de idioma spanish-french, me están matando porque pasar en décimas de segundo de un «cajo en ros» a un «s’il te plaît» es un fuerte choque cultural, pero que muy fuerte.

¿Y quién no hizo una gamberrada?

domingo, julio 19th, 2009

¿Quién no ha hecho una gamberrada o, lo que nuestras madres dicen en su argot siempre benevolente, una trastada; o es que vas a ser tú ahora un santo? Pues no, hombre no, que tú también has hecho de las tuyas. Yo realmente más que gamberradas lo que hacía eran estupideces. Por ejemplo, cuando estudiaba Derecho en Santiago, una de las aficiones era subir por la noche a la catedral con algunos amigos, como Gumersindo Villar García-Moreno o Javier García Elespe, llevar instrumentos musicales, unos bocadillos, dar un pequeño concierto y echar más humo que el botafumeiro, sí de ese, claro.

También en Santiago, lo que hacíamos (y reconozco que no era muy loable), cuando estábamos sin un can era «donar» sangre para luego invertir en copas las 300 pesetas que nos daban. Y más que envida nos daba un tío al que conocíamos que tenía un tipo de sangre raro y le daban 600, pero como si le dieran 10.000 porque era aburrido……. Total, que sobre las tres de la madrugada te encontrabas sin un duro, sin sangre y supongo que más delgado y tirando a pálido. Quizás por eso de los remordimientos, ahora soy donante, pero donante de todo y en vida, para compensar, que hasta ese punto llega mi arrepentimiento.

Pero tal vez la mayor gamberrada que hice, fue ya con cierta edad a un alcalde de un minúsculo pueblecito que no atendía a las peticiones de unos vecinos que se habían quedado sin agua para sus casas, ni para el campo ni para los animales, por lo que todos los días tenían que ir a una fuente con todo tipo de envases, cuando además tenían una edad más que avanzada. Y así durante tres meses.

Como ni los escritos y las denuncias de la situación en el Ayuntamiento surtían efecto, decidí actuar, y como dice mi mujer la sioux: «¡¡¡¡ No, por favor, no pienses !!!!». Pero pensé. Así que aprovechando la fiestas patronales, el alcalde, que ya tenía unos 60 años, y pongamos que se llamaba Luis Tortueso Remolque y que tuviera un supermercado, cuando el ambiente estaba más caldeado, (verdad, qué cosas tiene el cerebro o por lo menos el mío), entregué un papelito al cantante del grupo que en ese momento tocaba en la plaza del pueblo.

Micro en mano, el pobre muchacho creyendo que hacía un acto humanitario hizo un silencio entre el público y leyó: «los padres del niño Luis Tortuoso Remolque, más conocido por Luisito el del supermercado, se ha perdido. Si alguien lo encuentra, sus padres lo están esperando a la derecha del escenario». Unos se miraban entre sí desconcertados, otros se preguntaban cómo era posible que se perdiera el alcalde con 60 años, hacían comentarios en bajo, y los más, se reían; yo… ni te cuento.

Y cuando ya la fiesta sobrepasaba las tres de la mañana, oigo en medio de otro silencio sepulcral: «Por cierto, que los padres del niño Luis Tortuoso Remolque, Luisito el del supermercado, podrían tener la delicadeza de decir si ha aparecido o no». Yo no sé si el grupo ya había cobrado del Ayuntamiento o si dejo de cobrar o si lo volvieron a contratar. Agua no hubo, eso también es cierto, pero risas…. durante semanas y bastantes.

Pero a veces no es la gamberrada, sino la idea. Un día mi padre, con el que me llevaba muy bien y al que me unía, además de lazos consanguíneos, el absurdo más absoluto, me dijo algo más o menos como lo que sigue. «Yo no entiendo esas gamberradas de romper una papelera o tirar piedras a una farola. Te imaginas el placer que tiene que ser estar en el Lugo, acercarte de noche despacito a la muralla, y no digo destrozar nada, pero darle una pequeñito puntapié y pensar que le estás dando una patada a todo el Imperio Romano……». Joé, cada vez que lo pienso…. Dios, qué placer.

Pd. Anímate y cuéntanos la tuya de forma tranquila, como sedado, piensa que este blog es un medicamento, en caso de………………….

Los médicos y el inglés me matan

jueves, julio 9th, 2009

Cuando usted va al médico es porque tiene un problema. Lo mismo me ocurre a mí, pero a diferencia de usted yo entro con uno y salgo con dos. ¿Y por qué? Por el inglés; sí, por el inglés.

Como ya conté en otros artículos mi mujer es india americana, de Ohio (Estados Unidos), más exactamente de la tribu sioux (que por cierto debe de ser la única que quedó viva porque yo de pequeño me los cargaba a todos cuando jugaba a los vaqueros), y aunque es enfermera se dedica a hacer traducciones de español, francés e inglés, pero no al mismo tiempo, lo digo porque hay gente para todo.

El caso es que como no confía en los médicos pues cuando tengo alguna dolencia insiste en acompañarme al especialista. Yo digo que no, que el que está mal soy yo y que si muero soy yo y no ella; pero ni así. No hay forma, así que cuando voy al médico realmente no voy, sino que vamos, como si fuéramos hermanos gemelos. Hasta ahí no hay el menor problema, pero en cuanto nos recibe el facultativo el asunto cambia.

Ya me puedo estar pudriendo por dentro, estar a punto de una trombosis, un infarto o una ceguera irrecuperable que el experto en Sanidad lo primero que pregunta y no falla es: «¿Y de qué país es usted?». «Y a mí qué diablos me importa que usted sepa o deje de saber de donde es mi mujer, si estoy aquí hecho fosfatina, con un dolor que estoy por saltarle a la yugular», pienso. Pues nada, como si hubiera ido a un balneario a tomar las aguas, como el médico hace mucho que no habla inglés, entonces aprovecha para practicar, pero como además ambos son del ramo de la Sanidad… pues qué quieres que te diga, habla que te habla y yo como un parvo escuchando sin entender nada.

No exagero, pero he estado en tantas camillas sentado viendo como mi mujer y los médicos hablan en inglés de mi dolencia y yo sin enterarme que podría ahora mismo decirle cuáles son los modelos, marcas y tipos de camilla más cómodas. Las he visto de todos los colores y formas, acolchadas, sin acolchar, con un agujero a la altura de la cabeza, con otro a la altura de las piernas, con reposacabezas, sin él…. Yo de mis enfermedades saber sé lo justo; o sea, nada, pero de camillas….. pregunte, pregunte.

Cómo conocer a una sioux en Galicia

lunes, junio 1st, 2009

Yo sé que no es muy normal conocer a una india americana, de la tribu sioux, en una aldea de Galicia en la que viven once personas y en la que la media de edad son 70 años. Lo normal, hasta ahora, para los gallegos, era emigrar; terminar sabe dios dónde y allí conocer a una persona, casarse y, con un poco de suerte, regresar a Galicia y entonces sí, presentarla en sociedad, bien fuera ella nipona, tuareg o cíngara. Y reconozco que tampoco es muy normal que al final termines casado con esa persona porque se confundió de casa. Sí, de casa, porque admito que en la vida te puedes confundir en muchas cosas; te puedes confundir de carretera, de avión, de número de teléfono, de esposa y si me apuras hasta de país y de pueblo, pero de casa y entrar en otra…..

Y la historia, resumiendo para no cansarte, es la siguiente: Veneatra Paynther vívía en Cleveland (Ohio), estudió enfermería y, por eso de conocer mundo, se fue a Rouen (Francia), donde tenía una amiga que conoció en un intercambio escolar. Allí, en un hospital, una compañera que era gallega, le dijo que su padre tenía una casa en una aldea cerca de Oza dos Ríos y que si quería podía ir allí con sus hijos. Y, dicho y hecho, cogió el coche, subió a su troupe y con un mapa en la mano, tira millas hasta que finalmente llegó a la aldea y vio la casa: Una tremenda casona con una parte muy arreglada y otra que parecía más bien el trastero.

Al día siguiente de llegar los sioux, éstos se encontraron con que la puerta del trastero estaba abierta, y entonces todo ocurrió de forma vertiginosa. En menos de dos minutos, como si fuera una película de cine mudo, por mi salón pasaron como rayos dos niños rubios a toda velocidad, haciendo más ruido que un tren y que al verme salieron despavoridos por otra puerta, y detrás una mujer (después pude saber que creía que estaban robando y de ahí su preocupación) que casi sin aire me miró, se quedó paralizada y no sabía qué decir. Entonces comprendí que tenía que dejar de fumar por un momento, bajar el volumen del televisor, levantarme de mi cómodo sillón y con mi francés aprendido en San Sebastián (de donde esa gente tan simpática de ETA nos invitó muy educadamente a mi familia durante siete años a que nos fuéramos) ofrecerle lo que había: café o güisqui. Entonces pude saber también que su amiga se había olvidado de decirle un pequeñito detalle: la casona tenía dos propietarios y que uno era un tal Guisande que iba de pascuas en viernes, aunque lo ocurrido fuera un sábado.

Y así, amigos bloglectores, se escribe la historia; mientras unos recorren medio mundo para encontrar el amor de su vida, a otros, con más cara de parvo que otra cosa, vienen desde Ohio a buscarlo. El resto ya os lo podéis imaginar; en menos de un mes, sin comerlo ni beberlo, me vi con una maleta pegada a mi mano haciendo un trasiego de viajes de Galicia a Rouen y de Rouen a Galicia hasta que finalmente la tribu sioux se asentó primero en A Coruña y luego en la aldea. ¿Que si soy feliz?, con la sioux me llevo bien, pero muy pero que muy bien, y es que soy consciente, que con ella, me juego la cabellera.

Casarse con una extranjera

viernes, mayo 29th, 2009

Me pregunta una bloglectora si es cierto que estoy casado con una india americana, de la tribu sioux, o es una broma; y como digo en el blog, lo que voy a contar son «anécdotas reales y cosas de la vida». Y tan real es que ella (Veneatra Pahynter) es india americana, de Ohio, como que la conocí en una aldea de 11 habitantes, que es donde vivo, y que la media de edad es de 70 años. Reconozco que esto no es muy normal y que es más propio del libro Guinneses que de otra cosa, pero la vida es así; te recorres media Europa y algún que otro país más de otros Continentes y, al final, resulta que un día, por esas cosas de la vida, en un lugar en el que hay menos gente que en cualquier parada de autobús… pues conoces a quien va a compartir tu vida y todo (si quieren un día se lo cuento), porque se confundió de casa. Como te lo digo, se confundió de casa y… se casó.

Sea como sea, cuando te casas con una extranjera todo son ventajas y terminas hablando un idioma común, único y, sobre todo, indescifrable e incomprensible para el resto de los mortales y hasta piensas que en la primera, segunda o la Guerra Mundial que viene, que vendrá, puedes tener un futuro impresionante porque como espía no hay quien descifre lo que hablas.

Por ejemplo, en mi casa los «botones» no son los de la camisa ni los de un abrigo ni los de una chaqueta, son los granitos; las «orejas» no son los que tenemos a ambos lados de los occipitales, son los cojines porque ahí (luego lo descubrí), según ella pones la oreja. «Párrajo» no es pájaro, (como que esto iba a ser sencillo), sino que como ella es traductora es «párrafo»; «ternera» no es la cría de la vaca, es ternura; y la «carne», por ejemplo, no es el bistec, es el carné de identidad. Y qué le vas a hacer, todo esto ocurre por cuando conoces a una extranjera, si estás interesado en ella lo último que harías sería corregirla a cada momento pues serías un pelmazo y es casi seguro que nunca iniciarías una relación.

Pero cuando de la amistad se pasa al noviazgo, entonces lo que ocurre es que sigues sin corregirle esas palabras porque las entiendes, las asimilas, y llegan a formar parte de tu acerbo cultural. También sucede que no discutes mucho porque ante cualquier situación, por extraña o rara que sea, ella piensa: «Es que no me entiende; pero no lo hace por mal». Y viceversa, aunque reconozco que le echo un poco más de cara, pero siempre con cariño, claro, home sí.

En una ocasión recuerdo que me dijo que fuera al supermercado y que trajera cuatro o cinco cosas. Llegué a casa con las bolsas y me dijo: «¿Has traído la comida del perro?». Le contesté que no, que me había olvidado, a lo que respondió: «Qué bueno eres. Gracias». Y no pasó nada, salvo que el perro, obviamente, no comió. Como digo, casarse con una extranjera todo son ventajas; aunque supongo también que tendrá sus inconvenientes, pero como no la entiendo…