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Maruja mi vecina, la sioux, el regateo y los chinos

Martes, diciembre 13th, 2011

(La felicidad de vivir en una aldea de 11 habitantes con unos vecinos maravillosos)

Para Maruja mi vecina no hemos entrado en la Unión Europea ni historias. Ni euro, ni libra, ni yen, ni la petanca; ella sigue pagando como si hubiera pesetas y las compras las hace al estilo de los años 50: regateando; es decir, negociando.

A ella le da lo mismo que en un escaparate una cosa valga 100, 120 que 840. Ella entra y… y es otro mundo. Y por eso de que es otro mundo, hace unos días fuimos a Betanzos (el pueblo más grande que hay al lado de mi aldea), que es como Nueva York aquí en el rural: 12.000 habitantes, más o menos. Y por eso de la vida, Maruja, la sioux (mi mujer) y yo entramos en un chino porque querían comprar no sé qué.

Como ya lo veía venir todo me puse a observar lo que tenía que suceder porque… como te diría, hay cosas que son así y así son. Podía suceder comprar o no comprar, mirar o no mirar, entrar y salir, incluso ni entrar ni salir, quedarnos en la puerta, que para eso somos gallegos; pero yo lo tenía tan claro, pero tan claro, que las dejé a ellas juntas y me puse en un lugar estratégico frente a la cajera para ver qué pasaba. ¿Y que pasó?, pues lo que tenía que pasar.

Miraron unas fundas para unos sofás y cuando Maruja preguntó el precio… la primera en la frente: «¿E isto en pesetas canto é?». Y tras la conversión a la extintayugoeslaviapeseta, en el chino se escuchó: «¡¡¡ Jasússssss !!!». Bueno, el «¡¡¡ Jasússssss !!!» se oyó en todo el local chino, en parte de Shanghai en las provincias de Qinghai y Henan, y quizás en alguna zona del ex sahara español y en el sureste del Serengueti. Entonces Maruja, si dar tiempo a que la empleada comentase nada, movió con sus manos la falda de izquierda a derecha y de deracha a izquierda hacia arriba, como si la remangara, y continuó: «¡¡¡¡ Si non e para min !!!!, ¡¡¡¡ que é para esta rapaza que é de fora y ten catro fillos e ainda no encontrou traballo !!!!».

La sioux no entendía nada, yo, de verdad que todo, pero cuando digo todo… es todo, y cuando la sioux trataba de intervenir, Maruja decía: «¡¡¡¡ Cala ho !!!!, ¡¡¡¡ ti que saberás, déixame a min ho !!!!». Yo no sé si fue por lo de extranjera, por lo del trabajo o lo de los cuatro hijos, pero así de repente, las fundas de 40 euros bajaron a 35.

Y tras una nueva conversión monetaria, Maruja siguió: «Pero non ves que acaba de chegar e que está empezando unha nova vida. Non te acordas cando tí e mais eu empezamos unha vida… ». Y mira, en confianza, yo no sé que pensó la dueña del chino, que no era china, por cierto, pero de 35 bajó a 30 euros y a mí como que me dio que más que por un sentimiento de solidaridad lo hizo para ver si de una vez se iban de allí y la dejaban en paz, que falta le hacía, si le vieras la cara…

Ni qué decir tiene que yo a estas alturas de la compra-negociación ya no miraba nada. Estaba frente a una estantería como podía estar frente a una ensaimada, en Kazajistán o en Nairobi y lo único que pensaba era que Maruja si seguía así, hablando a grito pelado, iba a crear un conflicto internacional y que ya me veía yo escribiendo un suplemento especial en el periódico sobre cómo entramos en guerra con la China por culpa de unas funditas; vamos, un curre que no veas.

Mientras había clientes que entraban, pagaban y salían; entre el «arredemo» y el «Jasús», no me digas a cuento de qué Maruja empezó a recordar la época del hambre en las aldeas, del frío que se pasaba, de enfermedades, de un hermano que se fue a la Argentina, de cómo un día que era joven fue a una fiesta y no sé qué pasó con un traje, de… mira, yo te prometeo que no conozco a Merkel ni al Sarkozy, pero que ponen a Maruja al frente del BCE y que no suben las primas de riesgo y que los inversores se las ven y las desean para cobrar… vamos, como hay Dios que la Maruja al frente del BCE arrasa.

Total, que una compra que tendría que llevar unos 10 minutos duró casi una hora; y ya en la calle, Maruja estaba orgullosa de cómo había regateado; pero a mí me quedaba una duda porque según Maruja, la sioux acababa de llegar a España, estaba con cuatro niños, empezando una nueva vida, sin trabajo y entonces le pregunté a Maruja ¿y cómo no se te ocurrió decir que era viuda? Y ni que a Maruja le hubiera pegado un tiro oye; se quedó parada, quieta, pensativa, inmóvil y dijo: «Non o dixe, ¿ti estás seguro que non o dixe?». Y la verdad que seguro seguro, lo que se dice seguro no. Para mí que no dijo que la sioux estaba viuda, lo sé porque yo estoy vivo, pero que muy vivo; ahora de la de la tienda… de ella no respondo.

Ostrás, vuelve el frío

Miércoles, diciembre 1st, 2010

(Cosas que pasan cuando de la ciudad te vas a vivir al campo sin tener ni idea)

Un piso no es una casa de campo, y un chalé tampoco; bueno tampoco yo soy tú, ni tú eres yo, gracias a dios, para ti, claro, y no pasa nada. Pues eso, una casa de campo auténtica, pero auténtica, de las de piedra, donde vivieron vacas que dejaron como recuerdo su olor y no el calor… es otra cosa.

Ya puedes poner lo que quieras en aislamiento que como el día sea crudo crudo como el de estos días siempre hace algo de frío y eso lo saben hasta los más viejos del lugar y los que se murieron, que no pregunto de qué pero empiezo a imaginármelo. Y eso de que las piedras se calientan cuando haces fuego… eso… eso es una leyenda urbana, una trola…. como no te tires contra ellas de cabeza, pero cogiendo carrerilla y no te des un castañazo con al menos 20 puntos de sutura, no entras en calor, lo que yo te diga.

Yo recuerdo que cuando vivíamos en un piso decíamos: «Venga niños, a comer, que se enfría la comida»; bueno pues desde que estoy en una casa de campo, además de estar vestido como un sherpa, la frase es «venga niños, a comer que se descongela la comida», y te lo juro que hay momentos que ya no sé si comemos o tomamos helados.

Palabra que hace ya tiempo que cuando hay caldo o sopa no veo a nadie soplar para que se enfríe. Pones la sopa, vas a coger la cuchara y ya está templada. Sí, tú entretente; sí, tu haz el bobo con el plato, ya verás como se escarcha, con decirte que a veces estoy por llamar a la Escuela de Hostelería y dejar mi casa para que hagan prácticas de cómo se prepara un bufé frío y que lo elaboren con piolets…

Pero las casas de campo tienen otras cosas; en los pisos, en los chales, cuando entras siempre llevas contigo algo de polvo en los zapatos, que lo notas cuando barres; bien, pues en las casas de campo ni que estuvieras a lo bestia haciendo un desmonte vecinal porque cuando limpias no sabes bien si utilizar una escoba o una pala. Y lo curioso es que ves la casa por dentro, que por fuera le pega un viento que está como una patena, y te dices «pues no está tan sucia, tanto, tanto la verdad no», que el cerebro para esto de que no sufras, en ocasiones es de una ayuda…

Como ves, lo de los pisos, los chales y las casas de campo son cosas bien diferentes. Por ejemplo, los pisos y chales están construidos como Ikea, un sitio para cada cosa, una dictadura, vamos; en estas casas es al contrario, todo muy democrático, un sitio para cualquier cosa y cuando digo cualquier cosa, es cualquier cosa; un alicate, una bombilla, unas cerillas, un trapo, un sacapuntas, una botella, una lija, un cigarrillo para los momentos duros de la vida… Por cierto que aprovecho por si alguien me quiere enviar picadura. La Voz de Galicia Arteixo La Coruña-España, admito de todos los países. El nombre ya lo sabéis Manuel Muchomorroguisande.

Pero a mí todo esto de las diferencias entre los pisos y las casas de campo no me preocupa. Lo que me preocupa, lo que realmente me preocupa, pero mucho y no me deja dormir es que como la sioux habla francés, Noé también y el francoamericano Christopher se declina por el francés más que por el inglés, y Victoria y Alejandra aprenden con ellos el idioma galo y todos chapurrean el gallego… es que un día, con la casa revuelta, llegue un tipo enviado por Sarkozy, que a mí me coja trabajando, y en plan rumanos los echen fuera sin poder explicarle que no, que el cabeza de familia; o sea yo, soy español, pero que muy español y que están a mi cargo.

Y ya me veo yo yendo al Eliseo para decirle al Sarko. «Oye, mira pequeñín, o me reintegras a mi familia o llamo a todos los gallegos y te invado Francia o estás de bruni…». Vamos que si lo hago, por una familia.. por una familia se hace lo que sea, aunque dudes si la familia es tuya, porque en mi caso, es oírlos y a veces pienso si será de acogida.

ENHORABUENA A NACHO DE LA FUENTE

Nacho de la Fuente compañero de profesión en La Voz de Galicia y amigo, es un crack y fue él quien dio a conocer mi blog. Con su bitácora La Huella Digital ha gando muchos premios nacionales e internacionales, y ahora lo han nombrado en el periódico Community Manager, un lío de twitter, redes sociales, Internet… bueno a mí me supera. Sé que está feliz y si un amigo lo está, yo también. Enhorabuena Nacho