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Esto del frío me trae unos recuerdos…

Sábado, febrero 4th, 2012

(Cosas que pasan cuando dejas la ciudad y te vas a vivir al campo sin tener ni idea)

Ahora que hace tanto frío, con esta ola siberiana que nos invade, me viene a la memoria el primer invierno que vivimos en la aldea. Lo mejor de cómo pasamos aquél invierno fue precisamente eso, que lo pasamos, porque hubo momentos que a punto estuve de hacer un estudio de logística, evacuar la casa y ya me veía yo a toda la family con los colchones en la chepa y otros útiles de urgencia buscando cualquier lugar, y cuando digo cualquier es cualquier, porque menos en casa… lo que fuera.

Y te lo juro que hubo días que si alguien que no conociera mi aldea, entrara en mi casa y me viera como estaba, con gorrito de lana en la cabeza, plumífero con la cremallera hasta el cuello, botas y doble calcetín… lo normal es que preguntara dónde estaba el telesilla. Y hasta estoy seguro que si lo hiciera, pues yo respondería tan tranquilo que a unos metros; estaba tan mentalizado que no estaba en una casa, sino más bien en un refugio de alta montaña…

Oye, y que si llega uno de Extranjería… pues igual, porque todos acurrucados frente al fuego, encogidos como caracoles y sin decir palabra, más que una familia made in Spain parecíamos una de rumanos a punto de ser deportados o en busca de asilo; vamos, nos ponen al lado una maleta de aquellas de tela de los años sesenta, medio destartalada, atada con cuerdas y con los caretos que teníamos… lo bordamos.

Que si hubo días peores y mejores… pues es difícil saber cuál fue el mejor, que entre -3 y -5, como que no se nota mucho el asunto de la precongelación; pero lo que más recuerdo es cuando aburrido de no saber qué hacer me puse a escuchar música. Y así estaba dando vueltas por la casa cuando la sioux me dijo: «¿Y cómo te llega el cable tan lejos para oír música?», ¿el cable, qué cable?. Y entonces le expliqué que de cable nada y que de música menos, que tenía tanto frío en las orejas que con las esponjitas de los cascos tenía un calorcillo…

Y en efecto, no me los quité durante casi todo el día; de un lado a otro del refugio con ellos enfundados, dando gracias a Dios porque Nokia había inventado este sistema de audición; y que conste que ya había vendido la moto hacía años, que sino… me pongo el macrocasco en la testa y solo abriría la visera de plástico para comer a través de una pajita, vamos que si lo hacía.

Y así pasamos aquél invierno, increíblemente sin síntomas de congelación apreciables, aunque si te soy sincero, a veces, con estos recuerdos, miro a los niños y cuento 1,2,3,4 y 5 porque en cada mano hay cinco dedos ¿no?

LA XUNTA, PETARDO GUISANDE Y LAS CONFERENCIAS

Bueno, una buena noticia. La Xunta de Galicia me ha incluido en el programa de Letras Vivas para pronunciar conferencias sobre guiones de Teatro, Radio y Televisión, además de un coloquio en el que los estudiantes pueden preguntar sobre cómo se escriben los cuentos, Medios de Comunicación, blogs, Redes Sociales, pipas, caramelos…. o que queiras, todo ello a un precio módico (250 euros) que da para tabaco.

Y como el niño quiere hacer deporte….

Viernes, noviembre 18th, 2011

Esto de que los niños hagan deporte es maravilloso. Vas con ellos a un pabellón de deportes y ves a los padres con una pasión, con un entusiasmo, una intesidad… uno leyendo el periódico, el otro haciendo el crucigrama, otro con una novela, otro jugando con el móvil y uno, siempre hay uno, a gritos animando al equipo del imberbe, que hasta te da ganas de decirle: «¡¡¡ Pero hombre, por favor, no grite tanto que hay gente durmiendo… !!!»; vamos, un placer, abrigado hasta las orejas y echando vaho.

Y claro, como los partidos suelen ser por la mañana, allí en el pabellón ves a la gente que se sienta y que a los cinco minutos, ni uno más ni uno menos, se levanta porque se le queda helado el culo al contacto con el hormigón; y entonces, el que tiene periódico lo pone bajo sus posaderas y a ti (como eres periodista) te da un dolor… porque te da ganas de acercarte a él sigilosamente y susurrarle al oído: «Perdone, ¿podría quitar de su analgamen la página 24, que allí estoy yo, que he firmado un artículo y me está más que estrujando?».

Yo por suerte los llevo al pabellón de deportes; pero hay otros que como al niño le encanta el fútbol grande o el rugby… pues al aire libre, tiritando de frío, con el paraguas en una mano y de vez en cuando metiéndose en el coche para poner la calefacción y que le circule la sangre, que La Coruña, aunque no es Burgos, cuando pega pega, y sobre todo por el viento, que son auténticas bofetadas.

Y en esto del deporte la verdad que es una pena que nuestros hijos se dediquen por estas disciplinas mayoritarias como el baloncesto, el fútbol sala o el voleibol. A mí me encantaría estar en cama, que sobre las nueve o diez se me acercara uno de los retoños y me dijera en voz bajita, pero muy bajita: «Papá, que me voy a Vigo y vuelvo en tres horas, que estoy entrenando para la maratón». Y según los oyes, para no descentrarlo, claro, responderle: «Muy bien hijo, muy bien, y no fuerces, que sin cuatro no importa. Ah, y no te olvides del tabaco». Pues no, baloncesto y con el culo tieso, anda que…

¿Que no fume?, tan de coña

Lunes, enero 3rd, 2011

A mí me parece que estos bandarras de políticos, ya sabes, esos que viven de nosotros, (me río yo de la mafia rusa y la camorra, unos chiquillos comparados a estos caravitalicios legalizados) pues me parece muy bien que prohíban fumar cerca de los hospitales o en las proximidades de los parques, no vaya a ser que una calada en Galicia, que hace un viento que te quedas calvo, vaya directa a un columpio en Badajoz y dejes de luto a una familia con cuatro infantes, de marina no que allí no hay mar.

Pero muy poco restrictiva aprecio yo esta ley. Personalmente creo que se debería prohibir, además, fumar cerca de las farmacias, también por el tema sanitario; cerca de los restaurantes, por eso de los alimentos; de los bares, por igual motivo, especialmente por las tapas de chipis; de los taxis, para que no quede olor a tabaco en los asientos, o de los museos, por si el humo afecta a las obras de arte. Si la ley fuera así de restrictiva, te lo juro que para mí, que me encanta fumar y viajar, sería una felicidad.

Tu llegas a una ciudad que no conoces de nada, pero de nada de nada, y es un lío; andas con un despiste… pierdes más el tiempo yendo de un lado a otro sin saber qué hacer… pero esta nueva ley lo cambia todo.

¿Imagínate que hace un día soleado?, pues paseas por una calle cualquiera, te acercas a una farola, te apoyas en ella, miras al cielo y cuando sientes el calorcillo de los rayos en los párpados enciendes tranquilamente un cigarrillo. Le das una calada y nada más aspirar el humo, al momento te viene un municipal que te dice: «Perdone, que aquí no se puede fumar, está prohibido, que allí enfrente hay una farmacia».

Y tú, mientras lo apagas, respondes: «¿Cómo, que dice que hay una farmacia, dónde?». Entonces el agente te señala el local y tú contestas: «¡Ah!, sí, allí, al lado del letrero que pone Joyería Romay o Ramón ¿no?. Pues no sabe usted el favor que me hace, que vengo en coche desde Galicia y tengo un dolor de cabeza, pero un dolor… oiga, y usted por el acento ¿no será también…».

Y a la botica directo, a por una aspirina o un optalidón sin tener que dar vueltas y más vueltas. Y sales de la farmacia, das unos pasos, otra farola, enciendes la colilla del mismo pitillito y otro azulete que se te acerca y te explica que no, que no puedes fumar, «que ahí enfrente hay un restaurante» y tú que le dices: «No sabe usted el favor que me hace, no lo sabe usted bien señor agente, que andaba yo buscando ya un sito para comer, que ya notaba yo en el estómago… por cierto, usted que patrulla la zona ¿y qué tal el servicio, es caro, relación calidad-precio, qué me aconseja que pida, porque típico de aquí es… ?».

Y tras comer, en cuanto ves una farola… ¡¡¡ A por ella !!! Te apoyas, colilla que nuevamente enciendes y otro policía: «Lo siento, es que no se puede fumar, que allí hay un museo de Arqueología y allí otro de Pintura y… ». «¡Ah!, disculpe señor policía; por cierto dígame ¿a cual iría usted?, que estaba yo pensando en hacer un poco de tiempo, que la mujer se fue de compras, ya sabe como son las mujeres jejejejeje… porque el de pintura, ¿qué tipo de obras son, abstractas, subrrealistas, hiperrealistas o… ».

Na, como no lo ves claro, te vas al de Arqueología y, como la vida es así de rara, de extraña, compleja y a la vez simple; pues a lo mejor, mirando una vasija del siglo III o VI antes del Cristo, te retrotraes en el tiempo y se te da por cavilar y piensas: «Es que la verdad, ha sido llegar a esta ciudad con aquél dolor de cabeza, encender un cigarrillo e inmediatamente el agente me informó de dónde estaba la farmacia; la comida… bueno, ¡¡¡ vaya comida !!!, ¡¡¡ vaya restaurante !!!, ¡¡¡ y qué barata !!!, que si no es por el municipal… »

Y sigues pensando mientras miras la tinaja: «¿Y este museo…? menudo cacho museo tienen en esta ciudad, que menos mal que no me lo perdí gracias al azulete del 092 y a este paquete de Ducados, y el de Pintura… y el de Nuevos Creadores… y el del Traje del siglo XVII… y el de Misterios del Mar… Y, joé, y qué curioso, como que los pitillitos, así, a caladitas, entre agente y agente que te da información… no sé, como que te entran mejor como que te satisfacen más, como que te queda un regusto, un… a que va ser que esto de fumar en vez de un vicio va a ser un rollo cultural, que yo nunca vi tanto museo, y que no quieren que espabilemos, a que lo va a ser… ¿Dejar de fumar?, tan de coña».

¿Es bueno tener vacaciones?, pssss

Miércoles, octubre 6th, 2010

¿Es bueno tener vacaciones?; pues depende, porque si los días de vacances son como los últimos que yo viví, a lo rumano/gitano, inmerso en una especie de Plan Sarkozy retirando de casa para el alpendre muebles y más muebles que sobraban… pues que quieres que te diga, terminar con este dolor de lumbago y con sobredosis de ibuprofeno, pues como que no, que ya bastante tengo con arrastrar con mi vida como para ahora acarrear un chinero o una mecedora, venga hombre… «te hubieras casado con un tipo de halterofilia», pienso pero no digo.

Y si es para ir de un lado a otro de fiesta en fiesta y de comilona en comilona, pues tampoco pues así llevo como desde el 58, que mira que no he vivido yo dianas y alboradas sin pegar ojo toda la noche en plan farra, que te voy a contar ahora que tú no sepas del descerebrado que te escribe.

La clave de una buenas vacaciones es no hacer nada para saber si pasa algo, de la nada hacia el todo; quedarte así, a lo lelo, mirando la vida como pasa y que no te mareen. Las vacaciones, salvo que se invente otra cosa, es el mejor momento (siguiendo el lelismo, una tendencia filosófica y existencial) para conocer si tu país, pongamos por caso, está bien o mal, ni PIB, ni Ibex ni Bundesbank F.C.. Y puedo asegurarte, tras estar todo el mes de septiembre sin pegar clavo y alelado totalmente, que España funciona perfectamente, sin un fallo.

Yo me levantaba por la mañana, me sentaba en una silla en el campo, por ejemplo, o en la playa, miraba para el firmamento y… ná, ni un misil tierra-aire surcando el firmamento, ni un ruido de metralletas, ni de un hipersónico avión cruzando por mi cabeza con bombas racimo… como mucho racimos de uvas y bombitas de palenque anunciando unas fiestas a base de churrasco, sardinas, pulpo o la sesión vermú.

Una paz… Iba por ejemplo a un supermercado, y la cajera cogía los productos, los pasaba colocando el código de barras hacia abajo, aparecía una luz rojilla como un flash, sonaba un «pip», y perfecto, el sistema electrónico iba registrando los precios. Y daba lo mismo que pasara un cartón de leche, que un frasquito con mermelada, que un peixe del Gran Sol o un envase con amoníaco o queroseno. Flipante, el mismo «pip» siempre, increíble, y así horas y horas.

Y las puertas automáticas… te acercabas a ellas, aunque fuera de reojo, y como que te miraban, y cuando estabas a unos cuatro metros… ¡¡¡ zas !!!, abiertas, y si te alejabas también otros cuatro metros… ¡¡¡ zas !!!, cerradas. Yo hice un experimento en una de ellas, cogida al azaaaaaaar, por si había sido casualidad y no, entré y salí 725 veces y ni un problema hasta que el local cerró, alucinante.

¿Y las escaleras automáticas?. El no va más; para arriba, para abajo, otra vez para arriba, otra vez para abajo… sin una avería, y así un día y otro, una semana y otra…. la verdad que me quedé con las ganas de saber si bajas por donde se sube y a la misma velocidad si es como si parases el tiempo al estar en el mismo sitio y te vuelves inmortal. Estuve a punto de hacerlo pero como cuando iba estaba con mis hijas me daba un no sé qué por si el experimento no funcionaba, pero solo por ellas, que por mí… Y así todo y por eso sé que España va a la perfección.

¿Y por qué sé que España va perfectamente y no estoy preocupado? Pues es evidente, porque los detalles son muy pero que muy importantes y si funciona una simple escalera o unas sencillas puertas automáticas cómo no lo va a hacer un macroaeropuerto, una central nuclear o una industria de tratamientos de productos químicos….. pero para percatarse de esta realidad es imprescindible estar de vacaciones, con la mente abierta, solo la mente, el cuerpo tumbado, como debe ser, y lo que es fundamental, pero fundamental es eso del lelismo, pero muy muy fundamental.

VAMOS YA EN EL PUESTO 92
En el premio Bitácoras. com vamos ya en el puesto 92. Este es el enlace para votar, pero creo que hay que registrarse http://bitacoras.com/premios10/votar

Y este es el enlace de la minientrevista sobre Rodribico. Sí, porque ya me lo han preguntado, en la grabación se ve una puerta cablada en la finca. http://crtvg.es/reproductor/inicio.asp?canal=tele&hora=06%2F10%2F2010+15%3A15%3A00&fecha=05%2F10%2F2010&arquivo=1&programa=PALABRA+DE+AUTOR.+PALABRA+DE+AUTORA&id_programa=700&corte&mp4=0&medio Gracias a todos porque si no es por vosotros, nada de nada, de verdad.

Los Óscar, el cine… perjudicial para la salud

Lunes, marzo 8th, 2010

Si ya lo dice el título de este artículo, el cine es perjudicial para la salud, pero muy perjudicial, aunque como todo tiene algunas cosas buenas, pero en general… malo, malo, y los Óscar… prefiero ni hablar, que por ahí empieza todo.

El cine, para los que nunca hayan ido, es como una habitación, pero muy muy grande, unos 200 metros cuadrados, rodeada sin luz por todas las partes menos por una llamada pantalla o isla. Y en la pantalla hay imágenes de personas que se mueven, que hablan y que te pueden hacer reír, llorar o dar miedo.. bueno, incluso dormir.

El cine es eso, como una sala de sensaciones. Ponen una película de risa (que por cierto a mí nunca me hacen gracias), y la gente ríe y hay colas para ir a reír, pero las hay incluso para ir a llorar, que también es ganas de gastar porque mira que no hay entierros preciosos para amargarte pero… cosas del ser humano, que está como una peonza. Y si esto es el audiovisual un día seguro habrá el olfatolateral, en el que entras y huele que te huele; el gustolateral, con chupa que te chupa o el tactolateral, toca que te toca.

Claro, y visto así, esa habitación de emociones… pues mal mal no está; ríes… feliz; lloras… te desahogas; pasas miedo o terror… pues ya sabemos quienes están tan pasados que se gastan 7 euros para sufrir… pero lo peor del cine, lo que a mí me da realmente miedo es cuando veo salir a la gente; pero no miedo, no, mucho miedo, pero mucho.

No sé tu, pero yo he visto salir a gente del cine y sale como zombis, callada, caminando despacio, sin rumbo, como alelada, y en la acera de la calle… joé en la acera… en la acera de la calle yo he visto de todo: fumadores que están por meterse nicotina en vena, que aspiran un cigarrillo tras otro; tipos que van caminando como anestesiados, a la izquierda o a la derecha, se paran y dicen: «pero el coche no lo tengo aquí» o susurran: «Pero si no vine en coche» y hasta hay quien recupera la consciencia y exclama: «¿¡¡¡ Qué coche !!!?, pero si no tengo coche».

Como cabras, pero es más; en varias ocasiones he visto a grupos de gente que van caminando, de repente se paran y uno comenta en voz baja: «¿Y ahora qué hacemos, adónde vamos?», y de verdad que no es la primera vez que me separo porque con esos caretos no sé si van a tomar algo, a sus casas o a matar a alguien.

Auténtico pánico me dan estos que salen del cine. Mis amigos dicen que exagero, yo también, pero cuando paso cerca de uno, si puedo miro los horarios y si veo que es la hora del final de la sesión y que van a salir cambio de acera o me escapo. Porque, además, ¿tú sabes cuanta gente que sale del cine medio inconsciente muere atropellada porque no se entera ni por donde ni adonde va? Cientos, miles… ¿que no hay estadísticas?, claro que las hay, vamos que si las hay, si hay estadísticas de todo… no va a haber ahora de esto, pero no lo dicen porque para acabar con el paro nada mejor que ir al cine, que entran 200 y (yo lo sé) muere atropellados 50. ¿Que no?. Ya verás, ya verás como si esto sigue así ponen el cine gratis y cada mes los Óscar; lo que pasa que el Gobierno no lo dice, hace que no se entera, pero bueno que si se entera, pero esa es otra película. Sí, tú vete al cine, vete al cine. ¿Avatar? Sí, Avatar, Avatar, a matarte.

Sí, se llamaba James, era de la CIA, un profesional

Lunes, octubre 19th, 2009

Yo, Gervasio de la Fuente e Indiragoyen, del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Baranda (Vitoria), como médico personal de Manuel Guisande, y ante su insistencia y terquedad de cumplir con el blog, le autorizo a hacer un artículo, pero lo más breve posible debido a su delicado estado de salud tras la situación ocurrida hace unos días con James, un agente de la CIA, por un artículo publicado sobre el Pentágono. Para que se comprenda perfectamente la situación en que se encuentra mi paciente es preciso, antes que nada, entrar en este enlace. Y sin saberlo… resulta que creo empleo

Puesf fasó lo queg teniaf gue pasar. LLefgó James y por suerfee fue atentof y me dio del ootro lagdo de la gara, regspetando la ofdodoncia. ¿Qué gomo vino?. Todosf ofucurrió rafidamente, muy rátpido. Una cofa no quita otra, lofg del Fentágono fon unos profesionales. Hayfg queg reconocerlo.

Bues eftaba fumando un cigarrillo en fasa cuando alfien llamo a la fuerta. Abrí y un hombre me difo: “Ferdone, es que hace mal tiempo ¿fuedo refudgiarme afí un momenfog?” Le dejé fasar. Llevaba un chubasguero verdef y una gorraff calada hagfta los ofjos. La verdaf gue me sorprendiógl porque no sé gue hacía cun chubasquero cuando hafía un galor de achigchararrse, pero como fai fegente tan rara…

De refente oif un ruifdo y for un eglespefejo vif como se bajaba la crefamallera del chubasqguero, que sonaba gomo un tren ya que le llegraba hasta lof piesg. Cuando se incorporó meg encontré a tipo foven, de unos 25 finco años, rufio, perfecgamente trajeafdo, chaquefta color azul cielo, con cornata azul haciendo juego. Delf folsillo sacó como forv arte def magia unas gafas ogscuras y me digjo. “Soy James, de la FIA, es for lo de la brase esa de Bomba, aftentagdo… ufteg ya sabe”. “Ya veo”, le congtesté. “Donf James _ dije fara ganarme su confianza_ for favor ya sé a lo que fiene. La endodoncia está en el lagdo derecho, nof se olvide”.

Y muyg poroforesional (quef confte que yo ayufdé lo mío), puse laf cara, sacó una mano del bolsillo delf fantalaónf, tan grandef confo una plaza de toros y me arreogf una osdia…. Caí alf sfuelo perof porf suerte nof del lagdo de la endodoncia. Me ayugdog a lefgvantargme y se disfculpó difiendo. “Tan pogco fue tan fuerte”, a lo que le respondí: “No fé, será que foi muygh deglbil”.

Fese al fuertefte dolorf le preguntef si conofía Galicia. Como dijo que nosf le ensegueñé la groona de Oza, quedó enfantado. Y cuando eran lag dos y y media me difo: “Vamosf, le invigvito af comer”, a log quefg le contefté. “No, fí for mí efancado, pero entra la endodoncia y la ofdia que ha me ha dado…”. “Ferdone”, respondió muyg amable. El se fomó una marisfcada y yos me fasé la comida hagciendo gárgaraf en el lafdo de efndodoncia y conf una folsa de hielog en la otra nejilla. Fue una comida inolffdiable. Fueno degjo afí el afrtífulo por frecipción fagultaftivaf. Una brafo a todosf, nosf og preocugpeis que voy mejoranfndfo mucho.

¿Por qué los espaguetis no son un vicio?

Jueves, octubre 15th, 2009

En un artículo publicado en este blog (El niño y la mirada), decía que con mi padre, además de llevarme muy bien, supe que era precisamente eso, mi padre, cuando un día me dijo: «Hay una cosa que no comprendo». «¿Qué?», le pregunté. Y a continuación añadió: «Que el vino vicie…. normal, ¿pero que la calvicie?». Desde entonces, contaba, nunca necesité, para estar seguro de que era mi progenitor, ni acudir al Registro Civil, ni mirar el Libro de Familia ni hacerme la prueba de ADN. Lo que hice, que fue casi igual, fue el DNI y, la verdad, me pareció hasta demasiado.

Pues si ya estaba seguro, vamos segurísimo, ahora no tengo ni una pizca de duda porque creo que desde el más allá de la muerte, que supongo que lo que habrá será otra, he tenido una revelación paterna que me decía: «Hijo mío, los espaguetis no son un vicio», y yo sé perfectamente que este pensamiento metafísico y trascendental solamente puede provenir de él y que me la ha transmitido por esa intangible vía de consanguinidad.

Y entonces me asaltó la duda, ¿por qué los espaguetis iban a ser un vicio? Y aquí empezó el problema porque aunque presté tanta atención que me crecieron las orejas, no escuché respuesta alguna, ni tan siquiera una revelación casual en forma de pista interpretativa.

Y como tengo este problema, que es pensar, cavilé. Pues es una pena que no sea un vicio, que está el paquete a menos de un euro, mientras el tabaco está a 3, la cerveza a 1,40, el vino depende, el bingo supongo que a más, y la ruleta ni te cuento. Y es que al final descubres que los placeres, lo que te gusta, lo que te satisface, es lo caro; y de lo que estás harto, pero harto harto, barato. Porque mira lo feliz que seríamos todos si los espaguetis fueran un vicio; pues no, no son un vicio, hombre, es el último recurso cuando no hay nada en casa, cuando no se tiene ganas de cocinar absolutamente nada o cuando quieres llenar el estómago de 4.000 tíos, y para colmo pocas variantes tiene el condenado fideo: tomate y queso. Tristísimo.

Claro que para llegar a esta conclusión tardé varios días, y por el camino quedaron otros pensamientos colaterales, algunos tan preocupantes (y no me digas qué tiene que ver esto con el espagueti) como que no podemos quedar todos los españoles huérfanos, sin gobierno, porque nigún ministro se ha vacunado contra la gripe A. Y qué menos, para animarnos, y para darnos garantías de que no nos dejan desamparados que ver a todos ellos, y el Rey el primero, entrando en una ambulancia y poniéndose la vacuna esa para evitar esta muerte fatídica que nos anuncian cada dos por tres como la Coca Cola.

También con esto del espagueti tuve una reflexión extraña, irreal, aunque relacionada con lo real, con la Realeza, quiero decir: ¿De verdad seré como dice mi mujer un vago en casa? Y claro, deduje que si vivo en un país donde hay una Reina, lo normal es que sea zángano. No sé, cosas extrañísimas me produjo esto del espagueti, que hasta pensé si será un alucinógeno.

Pero como a mí no me gusta dejar las cosas a medio hacer, decir adentrarme en el mundo de la praxis. Total, que me hice un superplato de espaguetis y, en efecto, no son un vicio, seguro, pues a la quinta cucharada desistí. Y entonces, en otro momento de luciestupidez me percaté que el espagueti (además de para llenar el estómago por tres perras) es un motivo de inspiración, y como prueba de ello este artículo. ¿Y por qué lo sé?, pues porque está escrito y porque pensé en un limón y lo único que me infundía en mi intelecto es que era de color amarillo y no muy amarillo, no creas. Y como ya puestos a meditar, pues tenía tiempo, me acordé ¡¡¡¡ Cómo no !!! de mi padre, que a ver cómo le mando un mensaje de que cuando me envíe un flash del más allá, a la vez me dé una respuesta. Joé papá, es que otra como la de: «Hijo mío, los espaguetis no son un vicio», y es que me matas. Un beso.

La molécula, morir de amor

Miércoles, septiembre 30th, 2009

Había algo que no me cuadraba, y era lógico que no me cuadrara porque le estaba dando vueltas a la cabeza cuando me dije: «Si le doy vueltas hago giros, si hago giros son círculos, los círculos son esferas y las esferas… pues nos son cuadrados»- Entonces, no sé porqué, hice un crucigrama y eran tantos, tantísimos los cuadraditos que no me digas cómo, me cuadró (la vida es increíble ¿verdad?). Y es que hace ya varias semanas escribía que los médicos cuando recetan te dan un medicamento (Ibuprofeno, no faltaría más) que vale para todo, para cualquier dolencia, incluso si no te duele nada por si te duele, que no vaya ser que a ellos le duela que te duela, que seguro que no. Desde fuera, desde el punto de vista del paciente no tenía sentido un medicamento tan general, no me cuadraba; pero para la molécula que integra el barbitúrico, menos todavía: un trauma.

Porque ¿qué crees tú que piensa la molécula cuando, por ejemplo, tiene que ir al hígado, pero directamente al hígado y la juntan en una cápsula especial/espacial con otra que su destino son las varices, el duodeno o incluso orbitar como los astronautas alrededor del cuerpo para llegar al omóplato?.

Ser molécula no es moco de pavo y supongo que hay que tener un conocimiento tremendo de la anatomía humana y una puntería de carallo porque mira que no hay sitios en los que te puedes confundir o quedar atrapado y no cumplir tu misión: curar el petardo que enfermó. La primera dificultad comienza ya antes de entrar en el cuerpo, en el vaso de agua cuando el enfermo la toma, que yo me imagino que hay una lucha por salir del vaso que pocos pueden llegar a comprender, salvo que seas molécula, claro.

Y para llegar a su sitio ella ha pasado la suyo. Es muy probable que la crearan en un laboratorio de Estados Unidos, ¿Y tu crees que ha venido de USA a tu casa para quedar al borde de un recipiente cristalino? Era boa. La vida de la molécula es muy dura porque después de vencer a todo un escuadrón de gérmenes y curarte, pasar por el intestino delgado o el grueso (que con la crisis ya no habrá mucha diferencia), ella, inocente, no sabe que cuando lluegue al hígado y el riñón la desintegrarán.

Y mientras ella muere ¿qué haces tú?. Pues tu, calavera, que eres un calavera, te estás tomando cervezas y más cervezas con tus colegas, sin fiebre, más feliz que unas castañuelas, con medio coloque porque es viernes y cuentas lo que hace unos días te dolió el hígado, el pie, la oreja o los bemoles. Y en tanto relatas tus aventuras entre trago y trago de cebada, ella…. muere. Sí papón, muere, muere por ti y ni te enteras, que se va callada y silenciosa por el sumidero de un Roca & WC cualquiera.

Por eso, cuando te cures y pases por una farmacia y veas un medicamento en el escaparate piensa por un momento en ella, en la molécula, que ha dado la vida por ti y no en el inquilino de la bata blanca, que si es fin de semana te da Iboprufeno como te podía dar los buenos días o las buenas noche o la extremaunción, que a todo se llegará, y si no al tiempo. De verdad, ¿hay algo más altruista que la labor de una molécula? No me digas que no, la molécula, mola.

Estoy enfermo, ¿tendré la gripe A?

Sábado, agosto 29th, 2009

Cuando escribo estas líneas me encuentro con un trancazo tremendo, en cama, y no sé si es la gripe A, B o C; pero me traen el desayuno a la cama, estoy con una mantita abrigadito, veo películas en el portátil, de vez en cuando leo la prensa y, como el Rey, despacho con mis vecinos que vienen a visitarme. ¿Preocupado? En absoluto, ficho in tempore por esta situación en la que dicen que el pescado es muy bueno y ya me están saliendo escamas, branquias o agallas. ¿Que me pican los ojos?, duermo; ¿que no me pican?, sana lectura, filmes, y en los tiempos muertos (que espero que no sea este) viendo cómo todo el mundo se desquicia con la pandemia.

A mi aldea, la verdad, no creo que llegue la gripe A. Primero porque no tenemos pistas asfaltadas, segundo porque nadie sabe lo que es, y tercero porque ya cada uno, con una media de 60 años, tiene su propia enfermedad y la gripe A (lo sé, aunque no nos lo dicen) busca otros clientes. ¿Y quiénes pueden ser? Pues sean los que sean resolvemos un gran problema: el paro. Que estira la pata uno que no tiene trabajo, pues muerto el perro se acabó la rabia; que lo hace quien está todo el día en el tajo…. hay otros 800.000 que están esperando. Y es que como ni hay guerras…. pues bienvenida una pandemia; vamos, que hay gobernantes chaval que han nacido lo que se dice de pie.

La palabreja en sí, pandemia, no es bonita; más bien fea, no va con los tiempos, pero ha causado una sensación que nunca había visto. En los bares de Oza (que al cambio aquí en la aldea es como ir a NuevaYork), se habla de la gripe A y de otras enfermedades contagiosas con una naturalidad que da gusto oír. No me digas cómo, pero hay un conocimiento exhaustivo sobre cómo nace, crece se desarrolla y muere un virus, y yo, ya ves, tanta Universidad y conocer mundo y sin saber cómo se planta una patata. Te puedo asegurar, y sino que tenga la gripe A, que en los más de diez años que conozco esta zona nunca había visto tanto científico por metro cuadrado y tanto experto en sintomatología, farmacología y prevención; pero por lo que leo en los periódicos (gracias, es que mi mujer que me lo acaba de traer) esto lo mismo ocurre aquí en Oza que en Sevilla, en San Guadix de la Junquera que en Martorell.

No sé tú, pero cuando me hablan del H1N1 no sé si es desconocimiento o insensatez pero digo: «H1N1… agua». Y tan feliz o infeliz me quedo, que nunca se sabe; porque hay quien duda entre vacunarse o no, quien asevera que es una monumental mentira para que se forren unos cuantos, quien dice que hay que hacer testamento y quien ya… como que ves tú que ante una tos te mira con recelo. No es por hacer un eslogan, que no es mi especialidad, pero visto lo visto una pandemia al año no hace daño. Y perdona que el artículo sea tan corto, pero es que tengo que despachar con mis vecinos, tomarme un ligero sopicaldo y si tal… pues duermo. ¿Miedo?, en absoluto. ¿N1H1?, agua. Bueno, si veis que no renuevo el blog… quizás hundido.

«Lo que tienes es un simple virus»

Miércoles, julio 29th, 2009

Los médicos de ahora no son como los de antes, o no saben de Medicina, saben poco, lo justo, o demasiado porque cuando voy a uno debe creer que estoy que la espicho y no me dice lo que tengo. Será para que no me quede tieso en su consulta. No sé, pero hace unos años, no tantos, ibas a un centro médico y el que te atendía te miraba, te hacía unas simples pruebas y te decía que tenías una gripe, un simple catarro o que había que hacer unos análisis porque podría ser un problema de riñón, de hígado, de pulmón, de corazón, del hueso palomo…. pero algo te explicaba de tu dolencia o malestar general y, de alguna manera, de la consulta salías algo más tranquilo.

Ahora no; ahora, y sobre todo en «verano», salvo que vayas con una pierna o las orejas ensangrentadas en las manos y la tapa de los sesos en una bolsa de deportes, lo que tienes es «un simple virus», y los facultativos además suelen añadir esa frasecilla de: «Es que esta temporada hay mucha gente con él», como si más que un virus fuera un tipo que viene a pasar las vacaciones a A Coruña. Y tú, que de lelo tiene lo justo y de luces también, porque vas a 125, le preguntas: «Sí; virus sí, pero tendrá un nombre y lo que me duele tendrá otro ¿no?». Pues no, ni nombre del microbio ni de tu dolencia; lo que tienes es «un simple virus» y de ahí no hay quien los apee.

Pero lo que no entiendo, si no te van a decir nada, es por qué ese afán de preguntarte si fumas, si tienes insomnio, si tienes la tensión alta, si tomas algo para dormir, si eres alérgico a … Pero de verdad les interesa todo eso cuando todo confluye en la condenada máxima de «un simple virus». Pues para llegar ahí a mí no me importaría que me preguntaran qué coche tienes, cuánto pagas de hipoteca, si tienes o dejas de tener asistenta y que si vives alquilado o en una vivienda propia o de protección oficial, qué más me da porque, el asunto es: ¿Pero usted realmente sabe lo que tengo o está de prácticas porque es verano y el titular está de vacaciones?.

Y al final sabes que lo que tienes no es grave; pero no porque te lo haya dicho el médico (bueno, hombre, lo quitas del «simple virus» y a lo mejor tiene que hacer otra vez el MIR), sino por una simple deducción ya que si por la consulta han ido otros como tú y varias veces, como dice el galeno, entonces es que…. si han ido en varias ocasiones (te dices todo contento y con cara de misterio) es que obviamente estaban vivos, con lo cual, además de pasar de paciente a detective, piensas que malo será que vayas a ser ahora el único petardo que acabe en el otro mundo por «un simple virus».

Pero cuando se te aclara ya todo de una forma diáfana el entramado sanitario es cuando abres el medicamento que te ha recetado y lees ese prospecto que despliegas y despliegas y despliegas y sigues desplegando hasta el infinito total.

Lo que te ha dado el inquilino de la bata blanca para el «simple virus» (Ibuprofeno, no faltaría más,  que es como un nomemarees) lo mismo vale para las varices que para las narices, para los ojuelos que para los orzuelos, para las tibias que para el dolor de costillas. Y empiezas a sospechar que de «los genéricos» no se trata tanto de una marca de esas ONGs que son los laboratorios farmacéuticos, sino de que como no se tiene ni idea o poca te dan uno que vale para todo y para todos. Sí, también para el «simple virus» que, como el médico titular, también está de vacaciones. Y es que ya lo dijo el doctor: «esta temporada hay mucha gente que está con él».

PD. ¿Y cuál fue tu aventura médica?