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Me tenéis más loco…

jueves, febrero 10th, 2011

Es verdad; me tenéis loco, descerebrado, demente, defrese y no sé por donde tirar, excepto por la ventana… Y es que todo esto del blog comenzó de casualidad (¡¡¡ cómo no !!!, si lo mío todo es casualidad porque ni mi madre me esperaba, pero bueno, tampoco yo a ella). Pues eso, estaba haciendo un libro de anécdotas cuando mi buen amigo y colega Francesc Pumarola, jefe de Área de Internet de La Voz de Galicia (Gugleando por la red) me animó a escribirlas en la Red, que yo a esas alturas, de la red, la eléctrica y la telefónica y poco más, que te voy a contar…

Total, que me puse a escribir las anécdotas y un día en una de ellas alguien leyó que estaba casado con una india de la tribu sioux a la que conocí en Galicia en una aldea de 11 habitantes porque vino de vacaciones y se confundió de casa, y entonces me animó a que contara como sucedió.

Y empecé con el incidente y… a tomar viento las anécdotas porque vosotros, tú, preferías (según las estadísticas) que te contara cosas de lo que pasa al cambiar de una ciudad al campo, de cómo empecé a plantar patatas, de cómo me interrelacioné perfectamente con la vaca marela y pinta, como me hice amigo de las lechugas, de los pimientos, de las cabras de… pues de eso, de cómo veo la vida, ganas de enfermar que tienes; pero bueno, tómate un genérico y a ver qué pasa… total…

Y así estaba yo tan feliz cuando de repente, desde hace poco más de un mes, se me ocurre rajar contra los políticos, contra los banqueros, contra los empresarios jetas, contra los millonarios, contra Ryanair…. ¿Y qué pasa? Pues ocurre que por las estadísticas internas que tengo cuando rajo de alguien os encanta; que es poner ZP, Marianillo, la Aguirrucha, la Pajinis o cualquier petardo de estos y aunque no os veo la cara como que noto que se os pone una sonrisa de oreja a oreja y os da la vuelta… y yo te pregunto sin ánimo de lucro: ¿No hay ya miles de blogs en los que el personal raja, pero no estás harto de mosquearte con solo oír los nombres de esos tarambanas?.

Y la duda es: ¿Escribo de mi aldea, de lo que me sugiere un pino, una cabra, una piedra, el sombrero de Maruja, la boina de Enrique o preferís que ponga a caldo a estos tipejos? Y como la cebolla, repito: ¿No hay ya miles de blogs en los que la gente teoriza (bueno yo no, son unos mamones) sobre estos merluzos, no es mejor seguir con las cosas intranscendentes y olvidarnos de estos tíos porque, y esto para mí es lo más importante, no te llevas una cierta decepción cuando esperas un artículo humorístico y te encuentras ese marrón de hablar de políticos?

Y qué hago… voy a un psiquiatra y se lo explico, vuelvo al psiquiatra para que me lo explique otra vez, me quedo a vivir con el psiquiatra, me hago psiquiatra, en vez de un genérico me tomo un específico y a ver si acierto

Y es que al final llego a la conclusión que este mi-tu-nuestro blog es como una familia, como una familia normal. ¿Qué cómo es una familia, una familia normal?, pues cómo va a ser una familia normal… menuda pregunta. Un cirio, a cristos, a líos, que yo he tardado más de 25 años en tener una foto de todos juntos, que basta que quieras reunirte para que uno no pueda, que el otro no quiere porque está mosqueado y sigue mosqueado porque no se acuerda que se desmosqueó y ya no sabe ni él ni nadie por qué se mosqueó… que hasta uno termina creyendo en la resurrección para ver si alguien se acuerda… Pues eso, eso es una familia normal. Tan normal que nos queremos; eso sí, nos queremos, que la sangre es la sangre y une (aunque no seamos donantes), pero nos queremos como todas las familias, de una forma tan rara… tan española… Tan… como nosotros en mi-tu-nuestro blog… que uno quiere una cosa y otro otra…

Y así estoy, en un sinvivir con vosotros, con esta familia internáutica y blogosférica, que no sé por donde tirar porque claro, cuando pregunto la respuesta suele ser «de todo un poco»; ¡¡¡ sí hombre!!!, como si esto fuera un ultramarino, la tienda de la señora Antonia limpiándose las manos en el mandilón antes de apoyarse en la barra y ponerse a sumar a mano la cuenta en un papel con miles de otras sumas. Centraros hombre centraros y si no podéis, joé centrarme a mí que estoy… Dios, otra cosa no, pero noble… qué noble soy.

¿Y cuál es tu duda existencial?

domingo, noviembre 15th, 2009

A mí ya me gustaría tener esa duda de, por ejemplo, cuando vas a comer a un restaurante, plantearte: ¿carne o pescado?, o si vas a ir a un sitio decir: ¿en coche o en autobús?, y cuando regresas decidir: en coche. Pues no, va el rarito del Guisande y su planteamiento existencial en un lluvioso día de noviembre es: ¿Qué es más placentero estornudar o bostezar?.

Y yo, que soy muy sincero y noble me pregunto: ¿Pero es que se puede ser tan parvo como para tener esta duda metafísica con la que está cayendo; pero hijiño, es que no tienes otras preocupaciones en la vida?. Y lo peor es que hasta me contesto y digo: «Sí, las tengo». Y no sé si el eco o un amigo que me habla o la conciencia, pero oigo: «Chaval, estás fatal, pero fatal fatal».

Pues el asunto es que como no encontraba una solución a este dilema del bostezo y el estornudo, entonces me dije: Pues nada, ¿me voy a preocupar yo solo?, si hombre; para algo están los amigos y voy a compartir este desasosiego y sufrimiento con los bloglectores y a ver qué dicen, porque yo no lo tengo claro. Y no lo tengo claro porque el estornudo, por ejemplo, no se puede provocar, surge, a no ser que te eches esos polvillos de Carnaval en la napia…. pero no es lo mismo.

Un estornudo, pero un buen estornudo, en el silencio de una sala repleta de gente no hay quien lo pague, es una auténtica gozada y verás a tantas personas que te miran y te clavan sus pupilas en tu pupila azul que hasta pensarás que estás en un banco de ojos.

Además, cuando estornudas no es solo uno, sino que por lo general son dos o tres, y si eres un tipo con suerte hasta cuatro y cinco, cogiendo aire, bajando la cabeza y cerrando los ojos con una satisfacción… Y cuando crees que esto es lo más de lo más, te dices: ¿Y bostezar?. Pues también tiene lo suyo, hombre, que si te empeñas, abriendo y cerrando la boca despacito como un pececillo, lo puedes provocar.

Además este placer, curiosamente, lo puedes compartir ya que tiene un efecto dominó porque como alguien te ve, al poco rato, si te fijas, abrirá las mandíbulas como nunca te pudieras imaginar que existen bocas tan grandes, tan inmensas.

Pero el bostezo, si lo que buscas es la felicidad total, lo puedes acompañar desperezándote, estirando los brazos hasta que te llegan a la estación espacial MIR y doblando el cuerpo como un arco. ¿Estornudar, bostezar? Y como no atisbo solución alguna, estas disquisiciones tan trascendentales me recuerdan (aunque no tienen nada que ver con el bostezo y el estornudo) a una que decía mi amigo Gumersindo Villar, otro filósofo de la estupidez, con el que me identificaba plenamente, claro. Pero él, sin embargo, llegaba a conclusiones más o menos acertadas.

Así, un día que me encontró un poco apagado, como tristón, tras charlar un rato para animarme me dijo a modo de conclusión argumental mientras me agarraba por el hombro: «Mira Guisande, el vacío existencial es terrible; pero el estomacal, el estomacal no ha quien lo aguante». Dios, que hambre me entró y que razón tiña.

Y a tí que te da más placer ¿estornudar o bostezar?