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¿Por qué en la ciudad la gente no habla?

miércoles, octubre 12th, 2011

Esto de vivir en una aldea, adonde me retiré haces dos años después de hartarme de buscar aparcamiento en la ciudad tiene su aquél. Y es que cuando vuelves a la urbe et orbi después de mucho tiempo alucinas tanto que las líneas de los pasos de peatones y no sé cuantas otras que hay en el asfalto, más que señales de tráfico te parecen los dibujos del desierto peruano ese… ya sabes, el colibrí, la araña, el mono… que nadie sabe para que están pero yo sí, para fotografiarlos.

Y es entonces cuando te das cuenta que ya perteneces al mundo del rural; al mundo de la bestia y del vegetal, de la marela y el grelo, de la yegua y el riejo, que tela con el riejo cuando hay que hacerlo a sacho, que quedas deslomao.

¿Y cómo te das cuenta que ya estás en otra dimensión existencial?, ¿cómo sabes que lo tuyo ya no es esperar al animal de cuatro ruedas en la parada mirándose los caretos unos a los otros con disimulo?, ¿quizás porque cuando vas un día a la ciudad te das cuenta que para aparcar haces unas 1.500 maniobras… porque en la aldea lo dejas así, a granel, en cualquier sitio?, pues no. ¿Entonces, por qué, por qué sabes que ya no perteneces al mundo urbano?, pues porque hablas. Sí, como te lo cuento, porque hablas. Algo tan normal como hablar, en la ciudad resulta extraño, raro y hasta intrigante; vamos, que eres un excéntrico.

Tú entras en un bar en el pueblo y vamos, no tienes que decir nada para que uno te de una palmada en la espalda y dudes si te atravesó o te la dio en el pecho y tras darte cuenta que sigues vivo… pues eso, hablas. Sí, hablas, y lo mismo hablas de la patata, que de si es la época del níspero o del grelo… hablas, qué mas da de qué… si nadie sabe nada.

No hay tema que no toques con cualquiera, aunque no lo hayas visto en tu vida, para charlar; pero en la ciudad… en la ciudad entras es un bar, hablas con alguien que no conoces y oye, te miran con una cara de asesino, de homicida… y entonces… pues te callas, porque te ven raro y extraño que no vaya a ser que…

Y así estás, callado, cuando a lo mejor el interfecto con el que pretendías charlar un ratillo y te miró de reojo con mala cara, coge de móvil y como quien no quiere la cosa dice: «, pues aquí, en el bar, esperando al niño, que está en la Escuela de Idiomas». Y tal cual oyes lo de idiomas piensas: «¿Aprendiendo idiomas?, pues como salga a tí, pa lo que le va servir… ».

Cuando el portero de fútbol es…

miércoles, junio 16th, 2010

Esto del fútbol y las nacionalidades tiene su aquél. Por ejemplo, a mi mujer, que para quien no lo sepa es de la tribu sioux, de Estados Unidos, esto del fútbol europeo como que le queda muy lejos, vamos…. lejísimo, más de lo que te imaginas, y le queda tanto que hace unos días viendo un partido de fútbol del Mundial (Usa-Inglaterra), ante una parada más o menos espectacular de un portero lanzándose por el aire para despejar el balón dijo sobre el guardameta, saliéndole del alma: «¡¡¡ Parece Superman !!!».

¿Superman?, y te lo juro que me quedé mirándola de reojo como diciendo: «¿Pero qué cree que está viendo, los Mundiales de Sudáfrica o Disney Channel?».

¿Superman, Superman? Y al poco rato, después de que un defensa levantara el pie hasta la cabeza de un delantero que a poco se la vuela y se la envía directamente al hotel de concentración, dijo ensimismada: «¿Y eso se puede hacer?». Y la volví a mirar pensando: «Joé, cómo se va a poder hacer…. ¿Pero es que hay en el mundo mundial algún deporte en el que puedas dar una patada a un tipo en toda la cachola, en la sesera, y casi destrozársela; pero es que hay algún lugar del mundo donde, aunque sea un simple jueguecillo, que puedas meter a un contrario todo el pie en la boca, lo dejes sin dientes y sea normal?».

Y así seguíamos viendo, creo que fútbol, entre gritos de «¡¡¡ go, go, go, go !!!» (¡¡¡ vamos, vamos, vamos !!!) y «come on baby, come on baby» (¡¡¡ vamos chico, vamos chico !!!) cuando en medio de un lance del juego dice con esa candidez que solo tienen quienes lo desconocen todo, pero todo de todo y a ti te ponen de los nervios: «¿Quién es que el que multa?». «El que qué….», dije ya no de reojo, sino con síntomas de estrabismo agudo y principios de encefalea. «El que multa, ese….».

Y entonces descubrí que el que multa, que «ese», «ese» es el árbitro; y ya estaba yo en ese punto de la vida en la que todo parece insuperable, que no podía haber más, que era imposible, cuando dijo tras oír cientos de veces al locutor: «delantero, portero, cancerbero…». ¿Y quién es el larguero? Y ahí, de verdad, que me autosaqué una tarjeta roja mental y me autoexcluí, me autoexpulsé, pero te le juro que estoy autoexpulsado y autoexcluido hasta la final del campeonato. ¿Ver un partido en mi casa….?, imposible y ni quiero, ni aunque me lo pida Batman.