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Pues yo no tengo argumentos

Martes, Marzo 27th, 2012

A mí lo que más me sorprende de la gente, de mucha, no es que tenga opinión para todo (bueno eso también), sino los argumentos con los que desarrolla ese sentir, ese saber. No empero (ostras, mira que tenía ganas desde hace años escribir un día eso del no empero y no encontraba el momento. Queda como un poco ridículo ¿no?, pero bueno me hacía ilusión. No empero, no empero».

Pues eso, no empero, tú coges por ejemplo a un tipo el 3 de julio de 1988, a las siete y media de la tarde (sí, en Cuenca vale también por qué no… ) y le preguntas sobre la pena de muerte, y te suelta un carrete que te mata; pues vuelves a pillar al mismo tipo veinte años más tarde, el 4 de agosto del 2008, a la hora que sea, y le sacas a relucir el mismo tema… y alucinante, no se diferencia en nada de lo que te dijo, ni un ápice, ni un olígrafo. Igualito.

Y quien dice de la pena de muerte… pues del aborto, del machismo, del feminismo, del maltrato… de lo que sea. Pues yo no soy capaz, imposible. A mí, por ejemplo, me preguntas por la pena de muerte y lo máximo que alcanzo a decir es: «Hombre, no es plan» y no me digas cómo pero de ahí no hay quien me apee, no soy capaz de hilar tres palabras más.

A mí ya me gustaría soltar una teoría (pero reducida, no como el plasta ese sobre eso de la pena de muerte) y que el argumento fuera consistente y convenciera o, hasta voy más lejos, que incluso no convenciera, que me partieran la cara, da lo mismo, pero que al menos tuviera un fondo, un algo… pues nada, no hay forma. ¿Que qué opino de la pena de muerte? «hombre, no es plan», es que no me sale otra cosa.

No me digas que no es penoso, tanta agencia Efe, Reuters, Europa Press y France Press que tengo aquí en el periódico, tanto Internet y estudios de millones de especialistas… y lo único que se me ocurre decir es… «hombre, no es plan». Hasta he llegado a pensar que como dicen que solo utilizamos el 20% del cerebro a ver si lo que va a ocurrir es que yo al 80% restante lo pongo en funcionamiento de noche, de forma inconsciente (que a mí todo lo que sea inconsciente me va que no veas) y que por eso de ser periodista y acostumbrado a sintetizar, por la mañana todo un compendio del saber y del conocimiento lo reduzco a un «hombre, no es plan».

Yo es que si no es así, la verdad que otra cosa no se me ocurre y si lo que quiere la Ciencia es abrirme la testa y averiguar, por mí… con tal de que después la cosan y no se note… pero eso sí que los cirujanos al menos sean profesionales y no eso del Mir o sustituciones de fin de semana, no vaya a ser que se animen porque «como ya está abierto… » y que se pongan a hacer pruebas y pruebas, a improvisar y a lo bobo me maten porque eso de morir… no es que sea una pena, que yo no valgo mucho, pero, «hombre, no es plan».

¿Si te sientes inútil?, ven a mi aldea

Domingo, Noviembre 13th, 2011

Yo te lo juro que para curarse de complejos no hay como mi aldea, y no porque allí estemos taladrados, que no lo estamos, que lo que estamos es aturdidos, que es distinto, sino porque allí entre mis 11 vecinos… aquello es otra cosa. ¿Te sientes como que no vales para nada, que eres un no eres, un desecho de la vida, como te diría yo… un gusanillo, una miñoca…?, ¡¡¡ pues nada hombre !!!, ven a mi aldea, que sales como nuevo, te lo digo yo.

Por ejemplo, tú tienes unas gafas Ray Ban o, vamos a ponerlo más fácil, unos calzoncillos con florecitas; pues tú en mi aldea eres pionero; sí, pionero, que es decir que eres el primero que ha llegado con ellos, que parece una tontería, pero no. Porque tú ya puedes presumir de haber enseñado a mis vecinos, al Ser Humano, con lo trascendente que es eso, lo que son unas Ray Ban o cuando los cuelgas del tendal los calzoncillos con florecillas y eso te enorgullece, te hace sentir alguien importante y es como una terapia de choque para quien se siente mal.

Yo cuando instalé Internet y me di cuenta que era eso, el primero, el único en el mundo que había puesto tan avanzada tecnología en mi aldea, ese día fue especial, muy especial. Miraba al infinito como buscando un algo, observaba las casas de mis vecinos, las puertas, las manillas, las flores, la hojarasca… pensaba en la existencia del ser humano, en lo divino, en el más allá y en el más acá y me decía en un silencio total:: «Dios, gracias Señor, gracias, soy el primero, soy pionero» y fue tal la felicidad que incluso creo que no oí a Maruja cuando al verme me dijo: «¡¡¡¡¡¡ Jisandeeeeee !!!!!», aun que sí cuando añadió «¡¡¡¡¡ queres facer casooooo oh»; pero no importaba, estaba tan ensimismado….

Pero a lo que iba, porque ser pionero es de alguna manera ser protagonista, pasar a formar parte de la Historia, aunque sea de una aldea, pero de la Historia, y cuando pasen los años y más años y alguien un día diga, por ejemplo: «¿Recordáis quién fue le primero que trajo un bolígrafo Bic de cuatro colores?», yo sé que todos dirán a una y con un grito no exento de emoción y éxtasis: «¡¡¡ Guisande !!!», y eso… eso emociona.

Y a ti te puede pasar lo mismo. Que te apellidas Fernández… pues nada, cuando pasen los años y alguien pregunte: ¿Quién trajo por primera vez a la aldea unas katiuskas con elefantitos rojos?, todos dirán: «¡¡¡ Fernández !!!, ¡¡¡ Fernández !!!». Y esto lo mismo vale para un Fandiño que para un Álvarez, para un Guitérrez que para un Loureiro o un García.

De verdad, si compromiso, si te encuentras mal, no lo dudes, ven a mi aldea y seguro que eres pionero, que te encontrarás mejor, seguro que… «¡¡¡¡¡ Jisandeeeeeeeeeeeeee, pero cómo se che ocurre pitar as patacas oh !!!!!!!». ¡¡¡ Señor, qué éxtasis !!!, otra vez pionero y sin darme cuenta, sino es por Maruja…

Lo que está de Dios…

Miércoles, Noviembre 9th, 2011

(Aconsejo leer en los comentarios las frases que decían nuestros abuelos, son demasiado el asunto, si podéis colaborar… mejor. Gracias)

Mi abuela siempre decía que «lo que está de Dios, está de Dios», y así vivió hasta casi los noventa años, con lo cual la receta debía ser buena y sobre todo porque mi abuelo, que no lo decía, se fue antes; o sea, que estaba de adiós, más bien. Y tú espera a que lea esto mi madre y ya te cuento yo adonde voy.

Pero la vida de mi abuela era así. Que un niño se caía y se hería… pues ella decía: «Si está de Dios, está de Dios» y tan pancha se quedaba, sentada en su sillón, y lo mismo podía caerse el chaval en el pasillo que por una ventana, que lo que estaba de Dios… estaba de Dios. Y es que para ella lo mismo era un accidente de un autobús con 4.334 muertos, que clavarte una astilla en una mano, el asunto estaba de Dios y de Dios estaba o, en versión gallega, «neniño, cala oh e non lle des máis voltas».

Y dicho todo esto no sé qué pensaría mi abuela de lo que está ocurriendo estos días en mi aldea, Mortoares, en la que vivimos 11 personas; pero que en un mes Suso se haya casi amputado un dedo con una sierra, que ayer a Maruja la operaran de cataratas, que Manolo se lastimara al cortar un chorizo, que la sioux (mi mujer) tenga que ir al neurólogo por un dolor en las cervicales y que un hijo de ella, Christopher Cameron, esté con gripe… para mi no es «lo que está de Dios, está de Dios», es que Dios está aquí y nada de eso que está en todas partes… o, vale, si está en todas partes el 99% en mi aldea, es que no hay otra.

Es que piénsalo bien; de 11 habitantes, casi la mitad está fuera de combate… y eso es mucho porque al cambio es como si sales de tu casa y la mitad de la población en la que vives está lisiada. Miras para un lado, un tuerto; miras para otro, un cojo; más allá… un tío con muletas; el de más acá, la cabeza vendada; que miras y no ves, pues eres tú que estas ciego, vamos, una fiesta.

Y claro, como lo que está ocurriendo parece una plaga de desgracias que no tiene fin… pues los que sobrevivimos ya nos miramos como diciendo «a que vas a ser tú el siguiente, a que lo vas a ser que tienes una cara de gotero que… » y así, los que quedamos, terminaremos teniendo estrabismo de tanto vernos de reojo y es que la verdad que ves a alguno que no sé como te diría, pero para mí… que está de Dios.

Escribir apaisado es más descansado

Miércoles, Noviembre 10th, 2010

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Tuve un sueño más raro…

Martes, Febrero 16th, 2010

Esto de los sueños es complicado porque no sabes bien si lo que sueñas es lo que piensas tú o si son ideas de otro que te las mete en la cabeza precisamente aprovechando que estás dormido, que hasta eso puede ser. En fin, yo no me hago responsable de este artículo y si hay algún psiquiatra que quiera dar una explicación que se levante del diván y se ponga a ello porque yo…. ni flores.

Y lo que voy a contar es que soñé que era dictador. No, si a mí tampoco me gusta ser dictador ni lo soy, joé, qué quieres que le haga pude soñar que era ascensorista, trapecista o tornero fresador; pero no, soñé que era dictador, para que te voy a engañar, hay lo que hay. Pero la verdad es que no me preocupa porque sé que era un sueño ya que llegué al despacho oficial a las 6 de la mañana y no recuerdo yo eso de levantarme tan pronto desde que salí de la incubadora. Definitivamente, no era yo; bueno ya lo explicará el psiquiatra, si se sale del diván.

Total que mi primera decisión de Estado (yo Manuel Guisande, no, el dictador del sueño, que quede claro. Ya verás cómo no va a quedar claro, ya verás); bueno pues fue pedir un café con leche bien cargado y unas tostadas con mantequilla salada. Luego hice un repaso de cómo estaba el país, lo que me llevó tres cuartos de hora, y si te soy sincero hasta me sobró tiempo porque estaba que no veas, y entonces llamé a los ministros.

Fue alucinante, me vieron y dijeron: «¿Y usted ahí?», a lo que respondí, «nada, que soy el dictador, pero solo por unos días». «Yaaah», dijo uno así como con una sonrisita; pero les lancé tal mirada que ya los otros no se plantearon nada más y uno dijo balbuceando: «¿Y cómo quiere que le llamemos?», «señor dictador está bien», respondí secamente.

Así que tras las presentaciones, me levanté porque hablo mejor de pie, (según el sueño porque sentado me quedaba callado) y pregunté: «Miren, hay algo que no comprendo, acabo de leer que hay otros 17 gobernantes…. ¡¡¡ otros 17 como yo !!!. ¿¡¡¡ Quiénes usurpan mi puesto y cómo es posible que hasta ahora hayan podido pagar a todos, a los parlamentos, a los funcionarios…. y además hay 17 televisiones públicas que dan pérdidas !!!?»

Y aquí yo, bueno yo Manuel Guisande, no, el dictador del sueño (que quede claro, no va a quedar, no va a quedar que me lo huelo) dio un golpe en la mesa y dijo. «Supriman todas las televisiones, compren un descodificador de TDT a cada español y regálenselos, que con el gasto de dos teles públicas pagamos los aparatos, ven más programas y mejores. Así ya empezamos a ahorrar. Bueno, y los 17 gobernantes esos, como supongo que son muy listos, que vuelvan a sus trabajos de antes».

«¿Y qué hacemos con todos los funcionarios que sobran?. Y además están los casi 300.000 sindicalistas liberados», dijo el ministro de no sé qué, que tampoco él sabía mucho qué era lo que tenía que hacer. «¿Libequé?», pregunté. Y al final lo comprendí: cobran y no trabajan. «Pues nada, ¿no organizan cursillos para trabajadores?». «Sí», dijo el ministro de Trabajo, que la verdad tenía una pinta de no pegar clavo en su vida…. pero bueno era el de Trabajo, «pues que empiecen ellos mismos a dar ejemplo. Todos a hacer cursillos. Los 300.000, sí los 300.000 liberados esos, todos, y meta también un millón de funcionarios de los que no hacen nada; o sea, de los afiliados a los partidos, de los de carné, que seguro que los otros dos millones son necesarios y mucho».

Yo veía (el dictador) que los ministros estaban alucinando, no decían ni mu, lo que me envalentonó, y les dije: «Ven, sin las autonomías y bien organizado esto sobra dinero para formación, para crear empresas… por cierto que empiecen cuanto antes a invertir a contratar a parados y suban las pensiones, hombre, que es una vergüenza como tienen a los mayores, que han trabajado toda su vida y ahora….». Oye, increíble esto de ser dictador, flipante, todos los comprendieron al segundo y no hacían más que coger notas y más notas en sus cuadernos.

Y en esas estaba cuando me dice el ministro de Interior «¿Y el problema Vasco?», «¿cuál es el problema Vasco?», pregunté. «Que quieren la independencia», contestó. «Pues nada, un referéndum, y si sale que no, pues nada, que se aguanten y si sale que sí, pues se recorta con millones de macrotaladradoras el País Vasco, les damos millones de remos, y como allí hay mucha afición a las traineras, unos a estribor y otros a babor, los empujamos mar adentro y que se apañen. Y los que quieran quedarse rellenamos el País Vasco con nueva tierra y ya está, que una cosa es la ideología y otra el territorio, que antes de que estuvieran los vascos ya había aquí terreno ¡¡¡¡ y eso no lo quita ni Dios !!!!».

Bueno…… fue lo decir eso de «¡¡¡¡ y eso no lo quita ni Dios !!!!», que le debí dar tal énfasis a la frase que nadie se inmutaba, hasta que el ministro de Educación dijo: «Y está lo de la enseñanza y la lengua». «¿Pero qué pasa?», pregunté. «Que parece que nadie quiere hablar castellano», contestó uno. «¿Y qué quieren hablar entonces?», cuestioné extrañado. «Pues unos gallegos, otros vasco, catalán… bable». «¿Pero no saben castellano?», pregunté. «Sí, pero quieren…». Me estaban hartando, la verdad, así que expliqué muy enfadado: «Pues todos chino, que es el futuro, y mientras no se aprenda el chino que cada uno hable lo que le pete pero la lengua oficial desde hoy es el chino para que no haya problemas».

«¿Alguna pregunta más?». Y como nadie decía nada, los animé para que me explicaran qué había que solucionar. Como persistían en el silencio comenté. «Miren, tengo una pregunta, ¿qué es eso de las deslocalización de las empresas?». Uno me miró temblando y lo calmé diciéndole, «pero no tiemble hombre, que así no arreglamos nada». Entonces dijo, «pues que hay empresas que se van a otos países porque la mano de obra es más barata y así ganan más y… ». Bueno, fue oír eso y la que monté. «O sea, ¿¡¡¡¡¡ que por ganar más dan trabajos a otros cuando aquí hay paro…!!!!? esos son unos caras, unos impresentables, que se dejen de tonterías, de deslocalización, bonita palabra, que traigan las empresas y mañana mismo que se presenten en mi despacho, que se van a pasar un mes en el paro a ver si se autolocalizan mentalmente».

Bueno, bueno…. hubo un silencio que ni yo mismo daba crédito. Y luego continué: «Y aquí, según revisé antes de que ustedes vinieran, hay una partida que pone “otros gastos”, pero caramba con los “otros gastos”, son millones y millones». Nadie decía nada y como veían que me iba a enfadar, uno dijo: «Son gastos de representación, tarjetas de crédito para comidas y cenas, viajes, coches oficiales, escoltas para la protección de personalidades…». Aquí me reí, «¿pero ustedes creen que estos son personalidades, que les interesa a alguien…?». Todos comenzaron a reírse, pero como yo era dictador y no quería confianzas, dije: «¡¡¡ Silencio !!!». «Sí, lo ahorramos todo, ¿verdad señor dictador?», dijo otro. «En efecto, y no se olvide de los millonarios sueldos vitalicios esos», respondí pausadamente a la vez que en tono amable explicaba: «No puede ser queridos ministros, que unos ciudadanos tengan cuatro casas, cinco coches, barcos y otros casi ni un techo donde vivir». «Vale, subimos los impuestos a los más ricos un 10%?», dijo el ministro de Economía. Lo miré y debió ser tal la mirada que rectificó: «Bueno, mejor un 40% y ya había pensado yo en quitar eso de los sueldos vitalicios, que tiene usted mucha razón señor dictador», dijo finalmente haciéndome la pelota, que los hay que hasta aprovechan un golpe de Estado. «Dios, qué banda», pensé.

Habían pasado dos horas, los ministros habían dado las oportunas instrucciones, se habían acostumbrado a mi presencia (a Manuel Guisande, no, al dictador. Me juego lo que quieras a que no va a quedar claro) y aquello era casi una fiesta porque al hacer las cuentas, con lo que se ahorraba, el ministro de Sanidad podía invertir un 20% más; el de Cultura un 15, el de Industria un 35 y el de Trabajo hasta un 50% y el de…. entonces desperté. Qué sueños tan raros e ilógicos tiene uno a veces ¿verdad?

DEDICACION ESPECIAL
Este artículo va dedicado especialmente a toda esa gentuza que vive de quienes trabajamos y de los que tienen ahora, pero solo ahora, sus ilusiones rotas porque están en el paro. Animo, nadie dijo que la vida fuera fácil

Así escribo un artículo, incluso el 100

Martes, Febrero 9th, 2010

Pues contestaré a varias peticiones que recibí por correo interno; pero en menudo lío me metí neniño, explicar ahora (que acabo de hacer el artículo número 100) cómo los escribo, que si me apuras casi tampoco yo sé exactamente cómo tanta tontería puede salir de debajo de esta sesera, pero trataré de explicarlo a ver si soy capaz y si tu puedes sacar algo en limpio, que además me acabo de duchar. Porque a la hora de escribir, no digo que tengas que estar inspirado, que tampoco esto es tan complicado; pero sí animado porque escribir algo con tintes humorísticos, por ejemplo tras un velatorio… pues como que no, salvo que seas tonto, que mira por dónde yo creo que podría hacerlo, que tengo calidad de parvo sobrante y más de más.

Pero vamos a lo que vamos, que sino no comenzamos. La cuestión es, ¿por dónde empiezo a explicar ahora todo este follón de cómo escribo un artículo, y lo que es peor, lo expondré bien para que se entienda?. No, seguro que no; pero tengo una idea, justo eso, empecemos por la idea. ¿Y cómo surge la idea, cuál es el proceso porque el que a la mente viene algo y te dices… «pues sí, voy a escribir sobre eso»?

Pues esto de verdad que es un misterio; no me digas cómo, de repente se me ocurre escribir de algo que por lo general son cosas de la vida, sencillas, cotidianas; pero reconozco (y esto no es ningún mérito, sino más bien una tara) que siempre vi la vida con una perspectiva distinta, sobre todo observando y fijándome en cosas un poco absurdas; aunque no siempre, claro, que entonces estaría en un psiquiátrico, que todo se andará.

¿Y cuándo surge esa idea?, pues sinceramente en los momentos menos pensados; algo que miras, algo que dice la gente, que lees, un comentario… aunque a veces, es cierto, tienes como una sensación de que se te va a ocurrir algo, no sabes qué pero lo notas. Y claro, cuando tienes una idea la apuntas (si tienes bolígrafo y ganas) y al llegar a casa la meto en una caja y si es en el periódico, en otra. Y claro, pero clarísimo vamos, que un día vas a la caja, coges una nota y te dices: «¿Pero qué pone aquí?. Y empiezas… patata o paleta… o pelota; carreta, no, careta.. caricia…; morir o moler… no, morder… sí morder ¿pero morder qué?». Y al final resuelves el enigma y sabes perfectamente lo que escribiste: «El niño juega con una pelota / un coche casi lo atropella pero lo acaricia / un perro muerde un neumático». Perfecto, ¿pero qué diablos tiene que ver la pelota, con el coche, con la caricia y el neumático?. Y me rio yo de los crucigramas y los jeroglíficos, por que le vas dando vueltas pensando lo que quiere decir, a ver si te acuerdas del día, de algo, y a veces; pues eso a veces sí y otras, patada a la condenada nota y a ver si la próxima lo pones más clarito paspán.

Pero curiosamente, cuando descifras lo escrito, o te acuerdas, o surge una idea, esa es la primera parte del artículo y el siguiente pensamiento es el final. ¿Y cómo sigo después, sabiendo cómo empieza y cómo termina, porque por el medio, como los bocadillos, hay que meter algo? Pues esto es un entretenimiento porque realmente lo difícil es la idea (el principio y el final), ya que el resto va surgiendo y vas haciendo un esquema mental con tres o cuatro ideillas menores. Y este esquema lo suelo hacer en tres sitios, cuando me acuesto, cuando es fin de semana y duermo la siesta y cuando me baño; o sea, que lo mío es la plena horizontalidad, vamos que de pie solamente para que baje la idea por la cabeza y me tumbe, que si no… nada. Y una vez con el artículo más o menos en la mollera, allá voy al ordenador y con la página en blanco empiezan las manías. Primero, un cigarrillo; después poner un título en arial y en negrita del cuerpo 16; centrarlo, luego escribir las dos primeras líneas a 1,5 de espacio y despacio.

Y entonces empiezo y pasa algo que te lo juro que ni yo mismo lo entiendo. Comienzo con la idea y como si alguien estuviera dentro de mí, de repente se me ocurre una bobada, pero es como si no fuera mía, sino como si me la dijera otra persona y hasta me rio yo solo. Y en serio que no es la primera vez que se me llenan los ojos de lágrimas de reírme por una solemne estupidez. Entonces, tras el disparate (no te suicides), sigo con el esquema, con esa ideas sueltas y así hasta que pongo el final, que casi siempre es lo que pensé al principio. Pero lógicamente no siempre sucede así, porque hay días que te pones a escribir y… nada, pero nada de nada, ni esquemas ni historias, y entonces lo mejor es retirarse y no volver a intentarlo porque cuando el día está de no… está de no. Pues como cuando llueve, llueve y llueve, joé, que llueve o no lo ves.

Pero los artículos, aparte de las paranoias propias de cada uno, tienen una técnica o, al menos, unas normas que deben seguirse. Han de ser «redondos», «cerrados», en el sentido de que el principio y el final han de tener una relación (quizás es por eso por lo que siempre se me ocurre el principio y el final, de tantos que he escrito) y luego han de ser, al menos en mi opinión, más bien cortos porque un desierto de letras no hay quien lo lea ya que por lo general no se tiene tiempo y ver tanta letra, como te echa para atrás. Vamos ya te echa para atrás escribirlo… como para leerlo. Dios, qué noble soy.

Otra cuestión es el ritmo, que el artículo tenga una sonoridad en sus párrafos, que para los que en alguna ocasión hemos escrito poesía nos sale de una forma bastante natural, y quizás lo más difícil técnicamente es enlazar esas ideas, esos párrafos, lo cual se va haciendo con la práctica, pero diría que esto es lo más complicado ya que a veces esas ideillas es difícil relacionarlas y conjuntarlas sin que se note que esa unión está forzada.

Luego hay otro problema, digamos mental. Escribes una frase con un doble sentido, lo que llamamos un guiño al lector, un toque de ironía, y te preguntas: «¿Y la gente lo entenderá o lo escribo de una forma más evidente?» Y esto, pues depende de cada uno; personalmente prefiero que no sea muy evidente, a riesgo de que haya lectores que no lo capten, pero me gusta más la insinuación que lo obvio: o sea, más el bañador que el bikini, por poner un ejemplo y por llevarme un par de broncas de alguien que me llamará machista, que estamos que ya no se puede decir.

Y por último hay otra cuestión más. Cuando terminas de escribir el artículo lo repasas. Y entonces puedes hacer dos cosas: o lo dejas más o menos como está, o lo vas cambiando. Si lo dejas tal cual, con mínimas correcciones, es más natural, como si hablaras, más de tú a tú, mientras que si te pones a hacer muchos cambios o a buscar y rebuscar otras palabras… entonces el artículo pierde frescura y se parece más un tratado o a una entretenida nota del BOE. Yo prefiero no hacer muchas virguerías, como el bistec, vuelta y vuelta y tira palante, que tampoco eres un genio de las Letras so papón y no vas a marcar un hito en el mundo de la Literatura Hispana.

Bueno; pues después de todo este proceso en el que inviertes unos 30 minutos, desde que te pones ante el ordenador hasta que te dices «ya está y que sea lo que dios quiera», solamente queda publicarlo y esperar a que alguien no te diga: «Pues chaval, tanta historia para tamaña chorrada… ». Y lo peor es que dices: «Pues sí, sí». Dios, qué noble era. Y no os mareo más porque estaréis hartos de tanta explicación, pero así es como escribo los artículos, de los que espero que saquéis algo en limpio porque si no… pues nada, que me vuelvo a duchar y empiezo de nuevo. Si hombre.

¿DOS PREGUNTAS?

-¿Cuál es el artículo que recuerdas que más te gustó?
-¿Qué crees que es más fácil a hacer reír o llorar?

No le des más vueltas, es un milagro

Miércoles, Febrero 3rd, 2010

Todos hemos vivido e ese milagro. ¿Y cuál es?. Vamos a ver. Estás trabajando con o sin ordenador, apuntando con el único lápiz que tienes en casa unas anotaciones en un papel, en un momento dado te levantas para ir, por ejemplo, a la cocina, y cuando regresas, te lías nuevamente con el trabajo, vas a hacer un apunte y…. ¡¡¡ milagro !!!: ¿Dónde está el lápiz que lo tenías entre los dedos hace tan solo unos segundos?. Perdón por la expresión, pero acépteseme como licencia literaria que es la primera frase mal sonante que escribo en casi cien artículos, pero es que cuando esto ocurre no hay otra: ¿Pero dónde cojones está el puto lápiz?, ¿pero si lo tenía aquí hace nada, aquí mismo, aquííííííi….? Y entonces comienza una historia alucinante y desesperante.

Como si en vez de buscar un lápiz estuvieras tratando de desentrañar el móvil de un crimen no solamente te levantas de la silla, sino que empiezas con un soliloquio interminable en cámara lenta en fase autoconvencimiento: «Fui a la cocina, cogí un vaso, después abrí el grifo, luego…» y mientras lo vas diciendo en voz baja o para tí mismo vas caminando hacia la cocina como si no quisieras dejar ninguna huella, ni un rastro, silenciosamente, despacito, mirando a un sitio y a otro, escudriñando cada centímetro de la casa, cada milímetro, buscando el condenado lápiz.

¿Y realmente miras? Joé que si miras, excepto en la disquetera del ordenador, porque sabes que ahí no entra el lapicero… yo en estos casos he mirado hasta en la nevera y en el congelador con una comedura de coco total, diciéndome: «Pero si no cogí nada de la nevera», pues aunque sabes perfectamente no has cogido nada de la nevera la abres igual porque hasta crees que sin darte cuenta, a lo mejor, como un zombi, la pudiste abrir, que hasta ese punto de confianza tienes en ti, que lo mismo crees que has abierto el frigo como la lavadora, la secadora o el friegaplatos.

Y mientras buscas y no encuentras, como los sabuesos detectives te dices: «He pasado algo por alto», y nuevamente empiezas a hacer el mismo, pero el mismísimo recorrido, desde la silla hasta la cocina, examinándolo todo palmo a palmo y a lo tonto llevas ya más de media hora rebuscando mientras tu mente te dice: «¿Pues deja el lápiz y coge un bolígrafo, que tienes de sobra?».

Ay!, este es el gran misterio que encierra este milagro. No me expliques, pero no sé qué fuerza interna hay que te vuelves terco terco y no me digas porqué, tiene que ser ese lápiz. No te vale un bolígrafo, no; ni un rotulador, tampoco, ni si me apuras otro lápiz, noooooo; ni aunque te trajeran la fábrica entera, tiene que ser justo ese, ese lapicito y no otro hombre, que así estas de tozudiño.

¿Pero si es igual un boli? Sí, parece igual a efectos laborales, de efectividad; pero a efectos mentales, psiquiátricos, que realmente es lo tuyo, pues no; porque si no es ese lapicillo… pues no vale, que así te has puesto de mulo y llevas más de una hora sin pegar clavo, que en el fondo es lo que quieres.

Y cuando sucede esta situación solo caben dos soluciones: la más excepcional, la que llevas a cabo cuando este prodigio ya casi no lo es porque forma parte de tu vida y dices: «Milagro, se perdió el lápiz», y entonces coges lo primero que escriba; o, la más habitual, cuando llevas ya casi tres horas con la mente ocupada en el lapicillo ese, alguien que acaba de entrar en casa y te encuentra tirado en el sofá, comenta en plan sorpresa: «Anda, mira que gracia, el lápiz se sostiene en el borde de la pantalla del ordenador». Y entonces te levantas como un rayo, que total no sé para qué, supongo que por curiosidad, porque currar, lo que se dice currar no ibas a currar más, que si lo hicieras eso sí que sería otro milagro.