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Mi ilusión es… ¿y la tuya?

jueves, noviembre 24th, 2011

Atiende hombre, ¿sabes en lo que estaba pensando?, pues que no hay como vivir de ilusiones, de fantasías, de utopías, porque como vivas la realidad… vamos, vives la realidad y te veo como los indignados. Y claro, indignado en Málaga… pues bien, tiempo soleado, 24 grados, manga corta, morenito… pero en Galicia… en Santiago de Compostela… en la plaza del Obradoiro… empapado en agua y tiritando… pues no.

Lo dicho, no hay como vivir de ilusiones. ¿Y cuál es tu ilusión? ¿qué te gustaría hacer?, ¿un viaje a Egipto, ir a Marte, volver de Marte?. Pues yo tengo una, solo una, y la verdad que es muy barata. Como he plantado una huerta de unos 100 metros cuadrados lo que me encantaría sería tener en medio de ella una silla de árbitro de tenis (ya sabes, de esas tan altas) y desde allí, desde esa altura, con una manguera regarla mientras en la bandejita de la silla pongo una cervecita, unos pinchos, mi tabaco, la cerillas y por mí que arda Europa.

Esa sería una ilusión, cumplir una meta, mi existencia; allí arriba, sin preocuparme de nada y viendo cómo crecen las coles, las fresas, los melones… Que veo un tomate que está que se va a pasar, manguerazo que te crió; un pimiento, igual; que un niño está sucio, embarrado de jugar en el campo… coge jabón chaval que te riego y quedas como nuevo.

Yo consigo una silla así (por cierto que si alguien tiene una que lo diga que voy a por ella) y soy el tipo más feliz del mundo mundial. Y hasta ya puestos, incluso distribuiría la huerta en cuadrantes, como el juego de los barcos, y haría una estrategia de ataque. Que A-4 está un poco seco… chorrillo de agua, que H-6 está demasiado empapado… hombre sé que no es muy normal, pero colillas encendidas que lanzo a la zona y a ver si se seca o, a lo mejor, con un poco de suerte, hasta me nace una pequeña plantación de tabaco.

Y así, con mi silla de árbitro podría pasar un mes, dos o tres, siete años… y además con una tranquilidad infinita, ya que si alguien me interrumpe, yo en mi papel diría: «Silencio por favor, saque al resto». Y tal cual, textual, «al resto», a los que molestan, los saco fuera, que si los saco… Sino hay como vivir de ilusiones, si lo sabré yo; vamos, con decirte que si quieres puedes llamarme Federer…

PREMIO PARA EL BLOGUERO JAVIER SANZ, Y UNA REVISTA EN TENERIFE

Javier Sanz, un crack, con su blog historiasdelahistoria, ha obtenido el primer premio en el certemen certamen convocado por Bitácoras.com, que está considerado como el más importante en legua hispana. La verdad que Javier no sé si se alegrará, supongo que sñí, pero ha obtenido ya tan importantes galardones…. una envida, pero una envida sana. ¡¡¡ Enhorabuena Gran Javier !!!. Por otra parte, El Centro Gallego de Santa Cruz de Tenerife ya ha puesto en la calle su número 4 de la Revista O Noso, que acerca a los gallegos a su tierra

El misterio de los electrodomésticos

jueves, octubre 20th, 2011

Para mí esto de los electrodomésticos es un misterio. Yo no sé los tuyos, pero cuando te quedas un tiempo solo en casa y los conectas… a mi me dan pavor, por lo menos los míos.

Aunque no te lo creas, tengo un friegaplatos que si los escuchas bien, pero bien bien y le coges el ritmillo, suena a procesión de Semana Santa, en plan «chan… dá, tatachan… dá»; y porque no soy andaluz, pero la primera vez que lo oí a punto estuve de cantar una saeta. Es que me salía del alma, pero me contuve, y eso que el aparato tarda casi una hora en limpiar todo, que te da tiempo más que de sobra para practicar… pero eso, lo dicho, me contuve, y creo que hice bien pues aún mantengo mi puesto de trabajo, empleo, que se dice.

Hombre, exactamente exactamente el paso que era…. pues así en frío, pero el del Silencio fijo que no, porque aquello era un ruido, un bullicio, un estruendo, que cerraba los ojos y si me dicen que estaba apostado frente a la Giralda… que no, que de costalero no iba, que no me dolía la espalda… bo, no seas terco hombre, me lo vas a decir a mí…

Yo pensaba que esto del friegaplatos era una impresión mía, una sugestión, como te diría… una paranoia; pero no, porque la lavadora, por ejemplo, cuando suena en el silencio de la casa parece un avión que va a despegar y más que meter ropa como que te da ganas de llenarla de maletas, pero…

Aunque yo no digo nada en casa, a estos ruidos estoy acostumbrado, y mientras la sioux pregunta si terminó el friegaplatos con su monocorde y espiritual «chan… dá, tatachan… dá», yo digo que falta poco, aunque la verdad que lo que tendría que decirle sería: «ná, un rosario y ya está»; pero como ella de niña veraneaba con su abuela en una reserva y se siente muy india debería decirle: «Cuando pase el espíritu de esa nube y el humo del cigarrillo desaparezca, el aparato blanco se apagará».

Como te decía, yo no digo nada, me callo, pero todavía al que no le encuentro el punto es a la secadora, no se lo encuentro; le doy al botón de on por la noche y por mucho que lo intento, na, na de ná, me quedo dormi… ¿dormido?. Ahora que lo pienso, a ver si va a ser que lo que toca es una nana…

¿Ir de picos pardos?

jueves, junio 9th, 2011

¿Cómo fue la primera vez que fuiste de picos pardos?, ¿ocurrió tras una decepción amorosa?, ¿en el año negro después de una separación?, ¿un día de fiesta?, ¿una casualidad?. Pues neniño, no sé que como decírtelo, porque la palabra violaciooo… pues como que no; pero a mí me forzaron, pero como soy un caballero, no lo denuncié. ¿Me iban a creer?, no, porque, además, ¿cómo se lo iban a creer si ni yo mismo me lo creía?. ¿Y en dónde sucedió esta inesperada y rocambolesca historia que no me marcó para nada, pero para nada?.

En La Coruña, en Vigo, fuera de Galicia, en Ponferrada; más lejos, en Madrid; un poco más, en Málaga… pues no, más todavía, en Casablanca, ya ves tú, a unos 2.000 kilómetros de mi casita, de mi camita. Y cómo comenzó todo, cómo sucedió para ir a un país y terminar…

Todo empezó en un restaurante

Pues estaba cenando con mi amigo Juanmi en un restaurante de la avenida Mohamed V cuando escuchamos una pequeña discusión entre un camarero y una chica que estaba sola en una mesa, a unos diez metros de la nuestra. Lo normal sería no hacer caso; pero claro, eso sería lo normal, y como eso de la normalidad no va por lo visto mucho conmigo, decidimos muy caballerosamente invitarla con una sola intención: que tras la cena nos enseñara Casablanca la nuit.

Bastó una sola señal para que sentara en nuestra mesa y tras hablar a qué se dedicaba le propusimos que no enseñara cómo era la noche en Casablanca. Entonces surgió la primera sorpresa porque entre que mi francés no es ni era perfecto y que la respuesta fue en plan «pero oigo lo que oigo…» dijo algo así como: «No puedo ir con vosotros porque la policía me sigue». Joé, pensé, pues si te sigue a ti, a nosotros no es que nos siga, sino que ya nos estarán esperando en comisaría desenfundando los látigos para dárnoslos a pares y para mí que la taza de té hasta tembló.

Un secuestro, un coche negro

Tras quedar meridianamente claro a qué se dedicaba Zaira, que así se llamaba, pensaba que la idílica situación de que nos enseñara la ciudad se había acabado, terminado, y que con «tú mismo y tu mecanismo» no nos quedaba más remedio que aventurarse yendo de calle en calle a ver qué pasaba.

En esto estaba ocupada mi mente, en analizar cómo íbamos a conocer la ciudad alauí, cuando Juanmi me miró y me espetó algo así: «Pues vete con ella, que es una aventura». Yo lo miré y antes de que me diera tiempo a decir nada, la joven me cogió de la mano, me llevó a la calle y como si fuera un secuestro, un tipo alto me abrió la puerta de un coche negro y si te digo la verdad, no sé si entré o me introdujeron.

«¿Pero adónde vamos?», pregunté. Y mientras ella sonreía yo empezaba a ponerme nervioso porque veía que nos alejábamos del centro de la ciudad, que cada vez se veían menos luces, menos farolas, y que íbamos por una carretera sinuosa, bastante más sinuosa que ella, te lo juro, como que te lo juro que desde entonces adoro las líneas rectas.

No es que la familia de Juanmi, mi amigo, sea muy muy numerosa, pero con esa idea que tuvo de la aventura empecé a acordarme de cada uno de sus integrantes hasta el siglo XVII, momento en que el coche se detuvo en una zona que me pareció que debería ser el puerto por el olor a mar y porque a lo lejos veía unos barcos con las luces encendidas. La chica salió del vehículo, a mí me abrieron la puerta (que si me la llegan a encerrar mejor, pero no, era para salir), y así lo hice y me encontré a dos jóvenes y supermusculosos negros en la puerta de una casa, haciendo, supongo, de guardias de seguridad.

Miedo en el puerto

Desde el exterior se veían unas escaleras empinadas, como unas veinte, que llegaban como hasta el cielo y que ella subió como una gacela mientras yo abajo le decía: «¡¡¡ No, no entro, baja, baja !!!». Y mientras los fornidos negratas me decían «non problem, non problem», yo pensaba «¿pero cómo que «non problem, non problem»?, esto es un «tremend problem». Y a la vez me decía: «Pero si aquí como quieran lo de menos es que me roben, sino que me hacen desaparecer y del Guisande nunca más se supo».

Entre los negratas con «non problem», yo muerto de miedo diciendo a Zaira que bajara, y ella diciendo que subiera… parecía que el tiempo no pasaba, pero pasó, y uno minutos más tarde la joven bajó; nuevamente un hombre me abrió la puerta del coche negro, continuamos por una carretera y poco a poco vi que de nuevo que había luces, farolas, y que nos acercábamos al centro de la ciudad, a la civilización, que a mí en aquellos momento como si fuera la azteca, pero ¡¡¡ por dios quería ver a alguien !!!. «¿Aventura, aventura?», me repetía mientras mis pulsaciones deberían estar entre 1.000 y 1.500 y con la familia de Juanmi iba ya por el siglo V antes de Cristo.

Una bailarina moviendo el vientre

Así que ya traumatizado le dije que no se preocupara, que le pagaba igual pero que yo me iba al hotel; no sé si a dormir, a tomarme una tila o robar en una farmacia una caja de ansiolíticos o a suicidarme, pero que de aventuras amorosas… nada, que había venido a conocer Marruecos y nada más. Y en esas estaba, convencido de que toda aquella pesadilla había acabado cuando la joven, que era guapísima, pero que a mí ya poco a poco me parecía menos, me dijo: «No, quiero estar contigo».

«¿¡¡¡¡¡ Conmigo !!!!!?. Ni hablar, al hotel», le indiqué al conductor. Entonces ella le habló en árabe. Claro, yo árabe no sé, pero es que de verdad que hay situaciones en las que no se necesitan idiomas para saber que aquello aún no había acabado. Y claro que no acabó, iba a acabar… a los poco metros el coche se detuvo, bajamos, me cogió de la mano, entramos en un local y de repente me encontré en una especie de inmenso salón en el que (como en las películas) una joven contorneaba su cuerpo y la gente le ponía billetes en sus escasas prendas mientras tomaban té, aplaudían y cantaban. Bueno, aplaudían y cantaban todos menos yo, claro, que no sabía bien ya qué hacer, si llorar o prepararme para ver qué pasaba cuando saliéramos del local.

Tras casi una hora viendo contorneos, salimos y, ni que fuera ministro, otra vez el maldito coche negro. Entonces dije nuevamente al conductor: «Ahora sí que vamos al hotel» Y pasados unos minutos y después de recorrer otra vez varias calles se paró; pero allí no estaba mi hotel.

Un tipo grasiento, una llave

Le pregunté adónde íbamos, y como si fuera un trapo, me cogió de la mano y me encontré ante un tipo trajeado, con gorra grasienta, dándole un dinero y él a mí una llave y…… pues… yyy y pasado el yyyy, al final llegué al hotel, al mío, al de verdad, al que había pagado, el que había contratado, el que amaba, el que sabía que…

Y allí estaba Juanmi, que nada más verme me preguntó por la aventura y cómo había tardado tanto. Le conté todo, pero todo todo porque tenía una angustia que si no se lo decía a él tenía que buscar un médico o un psicoanalista y… bueno, contarle todo lo que se dice todo… excepto que tiene un familiar total, pero totalmente imbécil en el siglo III antes de Cristo

Insúltame, te quiero más

viernes, diciembre 17th, 2010

Vamos a ver, que esto que voy a escribir es complicado y no te pongas a pensar mal ni raro, que para eso están otros, los banqueros, por ejemplo, que si les puedes robar… no te cortes, róbales lo que puedas que ellos lo han hecho antes y, además, no robas, que equilibras su presupuesto, que te estarían devolviendo lo que quitaron. No, matar no, que he dicho robar… ro-bar, joé como te pones, es que es mentarlos… no, asesinar tampoco. Es robar; a ver, repite conmigo ro-bar, ro-bar. Eso, muy bien.

Pero a lo que iba, antes de desfalcar a un banquero (placer de dioses) o a Hacienda (ilusión de todo español, o por lo menos la mía), desde hace tiempo siento que cada vez entiendo menos mi trabajo, aunque más bien diría el ambiente.

Yo no sé como son otras profesiones de fe porque siempre he currado en esto del periódico, que hay que reconocerlo es un desquicie, un desmente, un desnorte que ya nos impide integrarnos en la vida civil y que haría casi imposible buscar otro trabajo porque no nos admitiría nadie. ¿Tú te imaginas uno de nosotros en un banco?. «Oiga, ¿usted por qué se ríe cada vez que pone un 8?», «Pues no sé, la verdad, y si me rio con el 6 ¿le molesto?», respondes; pero respondes bajo un puente y calentándote las manos mientras arde el papel del finiquito.

Y es que todo ha cambiado en las empresas, y creo que especialmente en las periodísticas. En los diarios, antes llegabas y el primero que te encontraba lo mínimo era que te dijera: «Hola imbécil». «¿Qué tal mamón?», un cariño. Vamos, te despejaba más un saludo que un café doble y estabas seguro, pero segurísimo, que habías llegado al periódico aunque solamente hubieras dormido 3 horas o no dormido.

Pues ahora no; ahora en el periódico para hablar con otro que está un poco más lejos la gente llama por teléfono interno y más que hablar parece que están dando una contraseña, el Pin… en bajo, muy bajito… Y a mí esto me supera, yo sigo con los gritos pidiendo a los de maquetación: «¿¡¡¡¡ Cómo va la página 15 !!!!? y María Pedreda, Mabel Rodríguez o Verónica Madruga (sí, se apellida Madruga, que tengo yo ese apellido y muero de sueño) te contestan: «¡¡¡ Que ya estáááá bobito !!!», y eso, eso es cariño. Y si dijeran: «¡¡¡ Plastaaaaaaaaa, que me olvidessssssss… !!!», eso sería inolvidable, sería amor.

Pero es que además, ahora, por lo general, los sitios donde trabajas son tan grandes que como dice mi amigo Chinto (el de Pinto&Chinto) ¿no notas que en la sección de Nacional como que tienen otro acento? Y es verdad. Antes estábamos todos más juntos, más cerca; pero ahora si vas a Nacional es como hacer un viaje, hasta piensas si llevar una maleta, preguntar qué tiempo hace por allí, si es necesario cadenas… y cuando llegas te dicen, «¿Y tú por aquí?», y hasta te da ganas de decir: «No, nada, que como llevamos unos 25 años de compañeros pues pensé… pero si molesto… pues vengo cuando hagamos las bodas de oro»; y ni caso, aunque moleste me quedo, era boa, a estas alturas.

Pero se ha perdido mucho en todas las empresas ese buqué del insulto, de la faltada que no era tal, de la confianza, y más bien a veces parece que más que en un periódico estás en Maphre dando un parte o en el Hospital General dando tus datos: «Hola, soy Guisande y tengo una noticia… esto… ¿la digo o si os parece vengo mañana?».

Yo de verdad que hecho de menos los insultos, el entrar y que todo el mundo te dijera la mayor locura, que te empujaran… porque eso era amistad, mucha amistad. Supongo que este cambio se debe que son otros tiempos en los que si estás serio eres un currante que ni te cuento y si te ríes como que eres raro y… hay lo que hay, pero a mí esto como que no, bueno tú me entiendes ¿verdad idiota?

Viva España, viva la Roja, viva mi país, mi vida es sentimiento, ideas… en blanco

lunes, julio 12th, 2010

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mi casa sí que es la Mundial

viernes, junio 11th, 2010

(Así se vive el fútbol en una casa en la que hay tres nacionalidades)

Todos tan tranquilos viviendo en la aldea sin alteraciones y llega el Mundial de Fútbol y mi casa, con mi mujer sioux, de Ohio; Noé, francés; Christopher Cameron francoamericano y yo pues español, más que una familia parece la antesala de la Guerra Civil, cada uno sacando pecho de su país, a punto de construir cada uno su trinchera y mirándonos de reojo.

Y más que de reojo porque, vamos a ver: ¿Hay en España alguna casa en la que no se quiera que gane nuestra selección o incluso un ático?, ¿que no?. Pues sí, la hay, que si la hay, y justo va a ser la mía. ¿Cuántas casas hay en España, 100.000, quizás un millón, dos, diez millones?. Pues si hay diez millones hay 9.999.999 en las que puedes ver el mundial feliz y sola una, pero una sola en la que no, en la que todos quieren que gane otro menos España: La mía, mi casa, como ET, pero en balón, mi casa.

Pero es que además, es que es querer ganar por ganar sin tener ni idea porque la sioux, por ejemplo, un día estaba viendo un partido y creía que había once árbitros porque los jugadores (que eran del Atlético de Madrid) iban con la camiseta a rayas, como los colegiados del fútbol americano. Pues sin tener ni idea quiere que gane Estados Unidos, vamos que como si Estados Unidos por ser una potencia mundial lo tuviera que ganar todo, hasta la carrera de sacos.

Y yo entiendo la pasión, el entusiasmo y hasta el delirio, pero hasta cierto punto porque, ¿tú crees que a mí me importaría que España ganara un Campeonato del Mundo de Críquet… ?, pues no, me va a importar ahora a mí el críquet, venga hombre, como si somos campeones de curling… sí, la piedrecita esa que se desliza sobre el hielo y unos imbéciles van limpiando delante de ella con unos cepillos para que llegue a una diana, que bien podrían venir un día a darle un poco de lustre a esta casa y hacer algo útil, que ya pongo yo las bayetas, va a ser ahora por bayetas….

Y claro, es que además es tal la afición que hay en mi casa por el fútbol que, Christopher, el francoamericano, aún no sabe muy bien si quiere que gane Estados Unidos o Francia (España no, claro) y por último, para enloquecer, para comprender lo que pasa en mi casa con el balompié está Noé, que es del Real Madrid y del Barcelona. Y mira que le digo que eso no puede ser, que se es del Real Madrid o del Barcelona, pero que del Real Madrid y el Barcelona a la vez…. Pues no, y su respuesta es «¡¡¡¡ qué más da… !!!!».

Y es tal la afición y el conocimiento que tienen del fútbol que hoy dice Noe al ver la tele así, a bote pronto: «¿Quién gana?». ¡¡¡ Cómo que quien gana…. !!!, ¡¡¡ si es la ceremonia de inauguración…. !!!. Te lo juro que menos mal que esto del Mundial es cada cuatro años que sino… ¿Y a esto le llaman la fiesta del fútbol que une los pueblos, las naciones?. Anda, pásate por mi casa y verás. Fiesta sí, pero un mosqueo…

Ella, el amor, el olor, tu y yo

martes, noviembre 3rd, 2009

Las mujeres, cuando se enamoran, se vuelven…. no sé, como tontas; nosotros no, nosotros no nos volvemos tontos, nosotros somos tontos. Y esto viene a cuento porque mi mujer, desde que la conocí, siempre me dijo que le encantaba el olor de mi cuerpo. «Ya ves, se ha enamorado, una tontería temporal», pensaba yo. Pues no, no me digas porqué y mejor que sea así, desde que hace cinco años me casé dice que no necesito echarme colonia, que mi piel huele muy bien y yo me dejo ir porque así… bien.

Y hasta pienso que tengo suerte porque si fuera caníbal (ella, que podría serlo, porqué no) yo ya no estaría aquí escribiendo, que se empieza por oler la piel, un mordisquito cariñoso y terminan chupandote los huesecillos. Por eso está genial eso de los Derechos Humanos, sobre todo para los que midiendo 1,80 no llegamos a los 70 kilos y un viento te puede llevar desde A Coruña a Barcelona en plan ida y una bofetada en plan vuelta.
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Total que estaba yo tan feliz pensando que más que un ser humano era un perfume natural hecho hombre; vamos, un caso único en el mundo, y que el día de mañana, pues como los santos, repartirían mi cuerpo en trocitos metidos en botecitos, cuando un día me dijo: «Qué mal hueles». Y como notaba que no me estaba muriendo le pregunté que qué decía y me volvió a repetir. «Hueles muy mal, ¿qué has hecho?».

Le comenté que nada especial, que había estado trabajando en la huerta, plantando unas lechugas y recogiendo unas patatas. Entonces ella se quedó pensativa (ya se sabe que los norteamericanos… o los ayudas o no tienen capacidad de reacción) y al verme sudoroso, dijo casi a gritos como hubiera descubierto algo: «¡¡¡ Ya entiendo, has trabajado !!!>.

Entonces llegó a la conclusión (yo en un segundo y sin ayuda, bueno hombre) que olía mal porque había trabajado, sí trabajado; es decir, que según ella no pego golpe y cuando hago un esfuerzo físico pues atufo, normal, como todo el mundo. Pero claro, le expliqué que sí, que tiene toda la razón, que cuando hago un esfuerzo apesto, pero que ser periodista tiene su curre pero que darle a una tecla del abecedario en el ordenador no cansa, que si sudas no es por un esfuerzo físico, más bien será psíquico porque no tienes ideas, sufres y….. yo no sufro, y no digo con esto que sea listo, ni mucho menos; los hay listos, pero listos listos, ¡¡¡¡ buf !!! listísimos, si te contara…

Y dime, ¿cómo es el listillo de tu clase?