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Los ciclones gallegos no son como los norteamericanos

Lunes, marzo 1st, 2010

(Esas cosillas que pasan al casarte con una norteamericana)

Yo comprendo que para los norteamericanos esto de los huracanes es una gran preocupación porque cuando les avisan que va a llegar uno, como que me da que a los ancianitos se les cae la dentadura postiza, los negros se ponen pálidos, los pálidos negros y en la calle aparecen varios miles de peluquines, muletas, bastones, sillas de ruedas; y todos, aunque sea a rastras, a toda pastilla casa a pertrecharse y si es preciso dentro de la nevera y a rezar, que lo de orar, tío, lo bordan, con una fe…. buah

Yo lo entiendo, porque allí un ciclón es eso, un ciclón-mogollón, y una vez que pasa hay como 100.000 tíos que se han quedado sin casa, otros 7.000 que tienen que ir a buscar el coche a las Malvinas, unos 3.000 que se fugan y búscame Macarena, y unos cuantos que aprovechan el tsunami para hacer surf hasta Japón, que con tal de batir récordes y ser pioneros…. lo que sea.

Pero aquí… vamos, aquí, teniendo en cuenta que los consejos que te da el Alto Comisariado Civil con mando en plaza es que quites las macetitas de la ventana, que no pases por debajo de ningún balconcillo y que si sales en coche conduzcas con mucha precaución… pues lo de aquí, comparado con lo de ellos es un airecillo, el erutillo de un bebé más o menos.

Por eso el sábado (para quienes no lo saben mi mujer es de Ohio, ohio al dato) y como tiene ascendencia militar…. pues ni que fuéramos marines preparando la Operación «Nadie va a morir, Jhon». Y así, de repente, al entrar en casa me encontré con comida para un regimiento, botellas de agua mineral, latas, no sé cuantas velas y una linterna como para iluminar la catedral de Santiago.

Te lo juro que si entro y veo a mi mujer con uniforme de Mayor y en vez de bolsito floreado un subfusil, un plano de la casa con puntos azules en donde cada uno tendría que parapetarse y un kit de supervivencia no me extrañaría porque estaba todo tan perfectamente organizado…. hasta pensé que no era mi casa… impecable, pero im-pe-ca-ble.

Yo ya estoy acostumbrado a estas diferencias culturales entre los USA y los gallegos, pues un hijo de ella, Christopher, que es francoamericano, está aprendiendo a bailar la muiñeira en el colegio…. sí, eso del punta tacón, que más te voy a contar. Pero cuando pregunté que porqué tal abastecimiento, porque aquello parecía el cuartel general de una avanzadilla en Afganistán, Veneatra Paynther (la de Ohio) dio unas instrucciones precisas, concretas y muy claras de lo que había que hacer cuando llegara el tifón, que yo no entendí ni una porque me cogió tan de repente la inesperada instrucción paramilitar que lo único que pasó por mi cabeza fue: «A que ahora se le va a ocurrir tapiar todas las ventanas con maderas a martillazo limpio, a que se le va ocurrir, a que se le va a ocurrir». Y mientras arengaba a la tropa yo me veía subiendo por unas escaleras, un martillo en la mano, unos tablones que no hay dios que aguante con ellos y a lo bestia ¡¡¡ zas y zas y zas !!! hasta la extenuación con camisa de cuadritos.

Ante tal preocupante pensamiento traté de explicarle que en Galicia los ciclones… eso, traté de explicarle; porque la Mayor Paynther se puso en comunicación directa vía satélite con su familia en Estados Unidos, no sé si para despedirse o para pedir órdenes directas del Pentágono, a la vez que escuchaba la radio mientras yo entraba en facebook para saber segundo a segundo qué ocurría en tanto el ciclón se acercaba a nosotros. Al final, el ciclón en la aldea no hizo nada de nada, los pajarillos siguieron con su trino tan felices ellos, Maruja y Virtudes salieron para charlar un rato y hasta las vacas pastaron como todos los días y miraban de reojo mosqueadas porque tenían hambre. Lo sé porque para mí que me lo dijeron. Ya sé que dicen que las vacas no hablan, pero para mí… por lo menos una sé que lo dijo seguro.

Bueno, el caso es que no sé si en los próximos meses habrá más ciclones o incluso un tornado, pero te lo juro que si alguien quiere un curso de adiestramiento acelerado con armas convencionales para hacer frente a una eventualidad así, ni Cuartel General de las Fuerzas Armadas, ni la Academia Militar de Zaragoza ni el Centro de Intervención Rápida de los Geos, ahí no aprendes ; que yo sepa solo hay un sitio con garantías y con una hoja de ruta, mi casa, y disciplina férrea, la Mayor Paynther.

Los niños USA y los cepillos de dientes

Martes, octubre 20th, 2009

(Este artículo forma parte de la serie de un viaje a USA. Sep 2009)

Los estadounidenses tendrán, como todo país, sus defectos; pero en lo que es cuestión de tecnología, son punteros hasta límites insospechados. Por ejemplo, ¿cómo hacen los americanos para que un niño se acostumbre a cepillar los dientes?, ¿a base de límpiate los dientes porque… o vete al cuarto de baño que sino… ?. No, los norteamericanos no emplean ni un posible castigo ni teorías bucodentales; tiros sí, pero broncas… ni una. Entonces, ¿qué utilizan?; pues lo que más conocen, o a lo mejor incluso lo único que conocen, la tecnología. ¿Y cómo la utilizan?, pues vayamos a un caso práctico y real.

Estaba un día en Beark Creek (Texas), en la casa de mi amigo Kevin, cuando vi a su hijo Kylian que de la boca le salían luces. Sí, le salían luces como si en vez de boca y niño aquello fueran los fuegos del Apóstol. Pensé que, como me acababa de levantar y era bastante temprano, y los periodistas lo de levantarse pronto… pues como que no, creí, digo, que estaba soñando.

Pero no, no estaba soñando, Kylian tenía luces de colores en la boca, muy luminosas, como si se movieran. Así que me acerqué a él y, en efecto, de entre sus dientes salían todo tipo de destellos. Terminó de cepillarse y entonces pude comprobar de qué se trataba. Era un cepillo de dientes; pero un cepillo muy especial porque al agarrarlo y apretarlo suavemente, por todo el aparatejo se encendía minúsculas lucecillas durante un minuto.

Después me explicaron que habían comprobado, vaya usted a saber quién, seguro que algún sesudo grupo de científicos de una Universidad de Oklahoma o de Iowa, que si un niño se acostumbraba a cepillar los dientes durante un minuto lo haría toda su vida; pero para ello hay que acostumbrarlo ¿y qué mejor forma que atraerlo con un cepillo que al presionarlo se enciendan luces de colores y que el renacuajo se sienta feliz al verlo y que lo identifique con limpiarse los dientes?.

Y así era, Kylian todos los días, más que un niño parecía una sesión de fuegos de artificio, con destellos para aquí y para allá, como la iluminación de Navidad. Vamos, que en Estados Unidos eso de utilizar el palillo… pues igual que el tema de los periodistas, y madrugar… como que no.

Sí, se llamaba James, era de la CIA, un profesional

Lunes, octubre 19th, 2009

Yo, Gervasio de la Fuente e Indiragoyen, del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Baranda (Vitoria), como médico personal de Manuel Guisande, y ante su insistencia y terquedad de cumplir con el blog, le autorizo a hacer un artículo, pero lo más breve posible debido a su delicado estado de salud tras la situación ocurrida hace unos días con James, un agente de la CIA, por un artículo publicado sobre el Pentágono. Para que se comprenda perfectamente la situación en que se encuentra mi paciente es preciso, antes que nada, entrar en este enlace. Y sin saberlo… resulta que creo empleo

Puesf fasó lo queg teniaf gue pasar. LLefgó James y por suerfee fue atentof y me dio del ootro lagdo de la gara, regspetando la ofdodoncia. ¿Qué gomo vino?. Todosf ofucurrió rafidamente, muy rátpido. Una cofa no quita otra, lofg del Fentágono fon unos profesionales. Hayfg queg reconocerlo.

Bues eftaba fumando un cigarrillo en fasa cuando alfien llamo a la fuerta. Abrí y un hombre me difo: “Ferdone, es que hace mal tiempo ¿fuedo refudgiarme afí un momenfog?” Le dejé fasar. Llevaba un chubasguero verdef y una gorraff calada hagfta los ofjos. La verdaf gue me sorprendiógl porque no sé gue hacía cun chubasquero cuando hafía un galor de achigchararrse, pero como fai fegente tan rara…

De refente oif un ruifdo y for un eglespefejo vif como se bajaba la crefamallera del chubasqguero, que sonaba gomo un tren ya que le llegraba hasta lof piesg. Cuando se incorporó meg encontré a tipo foven, de unos 25 finco años, rufio, perfecgamente trajeafdo, chaquefta color azul cielo, con cornata azul haciendo juego. Delf folsillo sacó como forv arte def magia unas gafas ogscuras y me digjo. “Soy James, de la FIA, es for lo de la brase esa de Bomba, aftentagdo… ufteg ya sabe”. “Ya veo”, le congtesté. “Donf James _ dije fara ganarme su confianza_ for favor ya sé a lo que fiene. La endodoncia está en el lagdo derecho, nof se olvide”.

Y muyg poroforesional (quef confte que yo ayufdé lo mío), puse laf cara, sacó una mano del bolsillo delf fantalaónf, tan grandef confo una plaza de toros y me arreogf una osdia…. Caí alf sfuelo perof porf suerte nof del lagdo de la endodoncia. Me ayugdog a lefgvantargme y se disfculpó difiendo. “Tan pogco fue tan fuerte”, a lo que le respondí: “No fé, será que foi muygh deglbil”.

Fese al fuertefte dolorf le preguntef si conofía Galicia. Como dijo que nosf le ensegueñé la groona de Oza, quedó enfantado. Y cuando eran lag dos y y media me difo: “Vamosf, le invigvito af comer”, a log quefg le contefté. “No, fí for mí efancado, pero entra la endodoncia y la ofdia que ha me ha dado…”. “Ferdone”, respondió muyg amable. El se fomó una marisfcada y yos me fasé la comida hagciendo gárgaraf en el lafdo de efndodoncia y conf una folsa de hielog en la otra nejilla. Fue una comida inolffdiable. Fueno degjo afí el afrtífulo por frecipción fagultaftivaf. Una brafo a todosf, nosf og preocugpeis que voy mejoranfndfo mucho.

Los norteamericanos, yo y los pioneros

Domingo, agosto 9th, 2009

Estaba tan tranquilo cogiendo un día sí y otro no patatas en la huerta cuando oigo a mi vecina Maruja a grito pelado: «¡¡¡¡¡ Jisande (aquí en la aldea, menos Guisande, todo lo que quieras: Sisande, Lisandre, Jasande…, que más da), que hay que recoger las patatas que se las comen os ratos !!!!! (ratones)». «¿Todas?», pregunté. «Home, claro, todas si es que quieres comerlas?». Y tras esa lección de obviedad cogí de sacho y me fui a la huerta.

Cinco riegos de unos veinte metros de largo cada uno. Tal cual los vi ya me preparé; fui a por una botella de agua de dos litros porque de diez no había, unas cajas para poner los tubérculos, un paquete de tabaco y comencé con el sacho.

Llevaba poco más de cinco metros cavando (y cuando digo cinco no son ni cuatro ni dos ni seis; cinco y si no que los mida el Comité Olímpico) cuando ya decidí quitarme la camisa, y así, con el torso al aire (porque la piel no podía arrancármela) la primera idea que me vino a la cabeza, por influencia de mi mujer, que es de Ohio, fue:«Como los pioneros norteamericanos, conquistando la tierra». Pero al llegar a los 15 metros me dije: «¿Pero qué pionero ni historias, joé que yo me llamo Manuel, ni James ni Mackein, que soy gallego y esto es un curre de la repera».

Así que dejé el sacho a un lado, me senté, bebí agua, fumé un cigarrillo y pensé: «Hago un poco más y paro, que aún me va a dar aquí un síncope cuando en último extremo tengo un supermercado a tres kilómetros y con las treinta patatas que he recogido ya hay para varias tortillas»

Gracias a Dios de orgullo ando lo justo, que ya se sabe que este sentimiento innato en el ser humano y en exceso es el inicio de muchos conflictos, de broncas, de peleas, de guerras y, en el plano individual y laboral, de dolores de espalda, que así estamos todos y no me digas que tú no.

Así que dada la situación, encendí otro cigarrillo y aunque no tenía muchas ganas tuve que volver a pensar e hice un rewind mental: «Pero Maruja dijo recogerlas todas; pero todas todas todas; todas hoy; todas pero puede ser mañana, o dijo recoger todas pero puede ser pasado mañana».

Y ante las alternativas que tenía me quedé con «todas puede ser mañana». Estuve a punto de elegir la de «todas pasado mañana», porque la de «todas hoy» estaba ya descartada. Entonces miré la caja que contenía los tubérculos, arramplé con ella y me dije: «Guisande, buena elección, pa casa». Encendí otro cigarrillo y según caminaba me di la vuelta y al ver la tierra que me quedaba por sachar, en ese momento se derrumbó la idea bucólica que tenía de los pioneros norteamericanos y lo primero que pensé y, perdona la expresión, fue: «¿Pioneros?, qué gilipollas».

PD. ¡Ah! por cierto, que se me olvidaba. Como en mi casa está prohibido decir tacos y mi mujer sioux no sabe ninguno, si por casualidad preguntara qué significa «gilipolllas», podéis decirle, «patriotas, valerosos, esforzados, héroes….». Ya sabéis, esas cosas que tanto les gusta. ¿Vale? Gracias.

Mi vecino Gelito, un choque cultural

Miércoles, julio 22nd, 2009

Los norteamericanos miden todo en millas, yardas, en pies, pulgadas y supongo que en pestañas y uñas; los europeos utilizamos el sistema métrico decimal y los chinos no sé ni me importan porque para lo que hablan…. En estos de las medidas, nosotros, por ejemplo, si se trata de una carretera decimos «pues tiene tantos kilómetros» y si nos vamos al espacio, a la estratosfera de la blogosfera, ya nos lanzamos a los «años luz».

Seguro que hay otros sistemas de medición, pero solo conozco a una persona que utiliza uno que es eso, único, individual y hasta diría que intransferible. Es el que usa Angelito, un vecino de la aldea al que todos llamamos Gelito. Pues Gelito, ni millas, ni yardas, ni kilómetros, ni años luz ni historias, él todo lo mide en «cajo en ros»..

Tiene que recoger un riejo de patatas de, por ejemplo, 40 metros…. pues tarda entre 20 y 30 «cajo en ros». Es tanto el tiempo que lo he visto trabajando que te puedo decir los «cajo en ros» que tarde en su cometido. Llevar un caballo del campo donde pace hasta la cuadra (unos 200 metros), entre 10 y 14 «cajo en ros»; ir a por agua a la fuente con un bidón (unos 30 metros), 3 «cajo en ros» al ir y sobre 5 al regresar porque viene cargado y más que mosqueado. Según mis datos, Gelito tiene una media aproximada de un «cajo en ros» cada diez metros y unos quince a la hora, «cajo en ros» arriba «cajo en ros» abajo, que para el caso tampoco tiene mucha importancia.

Supongo que en la Nasa, paradigma de la exactitud, todo debe estar medido y bien medido para luego acoplar en el espacio la cápsula y el transbordador, pero dudo mucho que alcancen la perfección de Gelito y estoy tan seguro que no necesito ningún estudio de ninguna Universidad de Missouri, Kentucky o Maryland para que me lo demuestren. No niego Gelito tendrá sus cosas, pero en lo que es medir… lo borda.

Lo que sí es cierto, que en los últimos dos años Gelito debe de estar actualizando de alguna forma su sistema métrico porque hasta hace poco tiempo su herramienta de trabajo era una fouciña, pero desde que ha comprado unas desbrozadora más que trabajar parece que va en moto y como que noto yo que dice menos «cajo en ros» que antes.

No sé, la verdad. Lo que sí sé es que entre Gelito y mi mujer sioux, que vivió 15 años en Francia y en casa hablamos una especie de idioma spanish-french, me están matando porque pasar en décimas de segundo de un «cajo en ros» a un «s’il te plaît» es un fuerte choque cultural, pero que muy fuerte.

¿Y quién no hizo una gamberrada?

Domingo, julio 19th, 2009

¿Quién no ha hecho una gamberrada o, lo que nuestras madres dicen en su argot siempre benevolente, una trastada; o es que vas a ser tú ahora un santo? Pues no, hombre no, que tú también has hecho de las tuyas. Yo realmente más que gamberradas lo que hacía eran estupideces. Por ejemplo, cuando estudiaba Derecho en Santiago, una de las aficiones era subir por la noche a la catedral con algunos amigos, como Gumersindo Villar García-Moreno o Javier García Elespe, llevar instrumentos musicales, unos bocadillos, dar un pequeño concierto y echar más humo que el botafumeiro, sí de ese, claro.

También en Santiago, lo que hacíamos (y reconozco que no era muy loable), cuando estábamos sin un can era «donar» sangre para luego invertir en copas las 300 pesetas que nos daban. Y más que envida nos daba un tío al que conocíamos que tenía un tipo de sangre raro y le daban 600, pero como si le dieran 10.000 porque era aburrido……. Total, que sobre las tres de la madrugada te encontrabas sin un duro, sin sangre y supongo que más delgado y tirando a pálido. Quizás por eso de los remordimientos, ahora soy donante, pero donante de todo y en vida, para compensar, que hasta ese punto llega mi arrepentimiento.

Pero tal vez la mayor gamberrada que hice, fue ya con cierta edad a un alcalde de un minúsculo pueblecito que no atendía a las peticiones de unos vecinos que se habían quedado sin agua para sus casas, ni para el campo ni para los animales, por lo que todos los días tenían que ir a una fuente con todo tipo de envases, cuando además tenían una edad más que avanzada. Y así durante tres meses.

Como ni los escritos y las denuncias de la situación en el Ayuntamiento surtían efecto, decidí actuar, y como dice mi mujer la sioux: «¡¡¡¡ No, por favor, no pienses !!!!». Pero pensé. Así que aprovechando la fiestas patronales, el alcalde, que ya tenía unos 60 años, y pongamos que se llamaba Luis Tortueso Remolque y que tuviera un supermercado, cuando el ambiente estaba más caldeado, (verdad, qué cosas tiene el cerebro o por lo menos el mío), entregué un papelito al cantante del grupo que en ese momento tocaba en la plaza del pueblo.

Micro en mano, el pobre muchacho creyendo que hacía un acto humanitario hizo un silencio entre el público y leyó: «los padres del niño Luis Tortuoso Remolque, más conocido por Luisito el del supermercado, se ha perdido. Si alguien lo encuentra, sus padres lo están esperando a la derecha del escenario». Unos se miraban entre sí desconcertados, otros se preguntaban cómo era posible que se perdiera el alcalde con 60 años, hacían comentarios en bajo, y los más, se reían; yo… ni te cuento.

Y cuando ya la fiesta sobrepasaba las tres de la mañana, oigo en medio de otro silencio sepulcral: «Por cierto, que los padres del niño Luis Tortuoso Remolque, Luisito el del supermercado, podrían tener la delicadeza de decir si ha aparecido o no». Yo no sé si el grupo ya había cobrado del Ayuntamiento o si dejo de cobrar o si lo volvieron a contratar. Agua no hubo, eso también es cierto, pero risas…. durante semanas y bastantes.

Pero a veces no es la gamberrada, sino la idea. Un día mi padre, con el que me llevaba muy bien y al que me unía, además de lazos consanguíneos, el absurdo más absoluto, me dijo algo más o menos como lo que sigue. «Yo no entiendo esas gamberradas de romper una papelera o tirar piedras a una farola. Te imaginas el placer que tiene que ser estar en el Lugo, acercarte de noche despacito a la muralla, y no digo destrozar nada, pero darle una pequeñito puntapié y pensar que le estás dando una patada a todo el Imperio Romano……». Joé, cada vez que lo pienso…. Dios, qué placer.

Pd. Anímate y cuéntanos la tuya de forma tranquila, como sedado, piensa que este blog es un medicamento, en caso de………………….

¿Para qué quieren los americanos las piernas?

Martes, julio 14th, 2009

Nunca entendí para qué quieren los norteamericanos las piernas si allí todo se hace en coche. Sales de casa en coche, aparcas en el garaje de tu trabajo, subes en ascensor y te sientas en la mesa de tu oficina.

Cuando llega la tarde, bajas otra vez en ascensor, subes de nuevo a tu vehículo, te acercas a un restaurante donde te ponen una bandeja frente al volante y vuelves al trabajo. Y cuando finaliza tu jornada laboral regresas a casa en coche, donde, por su puesto, desde el utilitario coges la correspondencia del buzoncillo ese que parece que viven las palomas y donde también puedes dejar las cartas para que se la lleve el funcionario de correos.

Pero hay más, si prefieres hacer tú la comida y vas al megahiper, además de ir en tu vehículo, al llegar hay como unos cochecitos eléctricos que puedes subirte a ellos e ir por todos los pasillos cogiendo los productos que quieras en una canastilla que llevan delante. Pero esto para ellos no es ninguna novedad; ya lo aprenden de niños, porque para los más pequeños hay unos carritos que tienen en la parte delantera una carrocería de plástico como de un camión, con dos asientos, se meten en él y mientras tú empujas ellos creen que van conduciendo.

Si además de estas comodidades estás cansado, pues por doce dólares tienes una patrulla de coreanos por todas las instalaciones que te dan un masaje de 15 minutos; pero si quieres algo más barato, por un dólar te sientas en una especie de sillón y durante 15 minutos el artilugio vibra, te mueve las costillas presionando suavemente, te medio estruja la columna vertebral y así todos los huesecillos conocidos. Y si aún así sigues cansado, o eres un vago redomado, pues nada; para relajarte te vas unos locales donde metes los pies en unas palanganitas de colores que contienen agua tibia mientras te cortan el pelo, por ejemplo.

Y así viven estos amantes de las hamburguesas y pioneros del colesterol, entre no hacer nada y no hacer absolutamente nada. Está bien, vale, quizás exagero cuando digo que no entiendo para qué quieren los norteamericanos las piernas, pero de lo que sí estoy seguro es que con una sola les sería más que suficiente.

Los médicos y el inglés me matan

Jueves, julio 9th, 2009

Cuando usted va al médico es porque tiene un problema. Lo mismo me ocurre a mí, pero a diferencia de usted yo entro con uno y salgo con dos. ¿Y por qué? Por el inglés; sí, por el inglés.

Como ya conté en otros artículos mi mujer es india americana, de Ohio (Estados Unidos), más exactamente de la tribu sioux (que por cierto debe de ser la única que quedó viva porque yo de pequeño me los cargaba a todos cuando jugaba a los vaqueros), y aunque es enfermera se dedica a hacer traducciones de español, francés e inglés, pero no al mismo tiempo, lo digo porque hay gente para todo.

El caso es que como no confía en los médicos pues cuando tengo alguna dolencia insiste en acompañarme al especialista. Yo digo que no, que el que está mal soy yo y que si muero soy yo y no ella; pero ni así. No hay forma, así que cuando voy al médico realmente no voy, sino que vamos, como si fuéramos hermanos gemelos. Hasta ahí no hay el menor problema, pero en cuanto nos recibe el facultativo el asunto cambia.

Ya me puedo estar pudriendo por dentro, estar a punto de una trombosis, un infarto o una ceguera irrecuperable que el experto en Sanidad lo primero que pregunta y no falla es: «¿Y de qué país es usted?». «Y a mí qué diablos me importa que usted sepa o deje de saber de donde es mi mujer, si estoy aquí hecho fosfatina, con un dolor que estoy por saltarle a la yugular», pienso. Pues nada, como si hubiera ido a un balneario a tomar las aguas, como el médico hace mucho que no habla inglés, entonces aprovecha para practicar, pero como además ambos son del ramo de la Sanidad… pues qué quieres que te diga, habla que te habla y yo como un parvo escuchando sin entender nada.

No exagero, pero he estado en tantas camillas sentado viendo como mi mujer y los médicos hablan en inglés de mi dolencia y yo sin enterarme que podría ahora mismo decirle cuáles son los modelos, marcas y tipos de camilla más cómodas. Las he visto de todos los colores y formas, acolchadas, sin acolchar, con un agujero a la altura de la cabeza, con otro a la altura de las piernas, con reposacabezas, sin él…. Yo de mis enfermedades saber sé lo justo; o sea, nada, pero de camillas….. pregunte, pregunte.

¿España-USA?, ¡¡¡¡ pero por qué !!!!

Domingo, junio 28th, 2009

¿Cuántas son las posibilidades de que España juegue un partido oficial de fútbol contra Estados Unidos en el que uno de los dos tiene que quedar eliminado?, ¿una entre cien millones…. dos? ¿Y que seas gallego y que justo esa circunstancia futbolera coincida con que estás casado con una norteamericana?. ¿Una entre mil millones, cuatro?.

Pues quizás aún más porque como me explica muy buen mi amigo y compañero Pablo Gómez Cundíns, que está en la sección de Deportes de La Voz de Galicia, «son de continentes distintos y, salvo un mundial o un campeonato de Confederaciones, no es posible», para añadir con ironía, «así que no te preocupes más». Pues pabliño, no me preocuparé más, pero me tocó. Y como me tocó pues vi el partido entre España y Estados Unidos creyendo que más que en una aldea de Galicia estaba en Oklahoma o en Aiowa, oyendo a todo momento «¡¡go, go, go, go…!!!» (¡¡¡ vamos, vamos, vamos !!!), «show me the colors» (que es algo así como «por tu bandera, por tu país») «¡¡¡ come on baby, come on baby !!!» (¡¡¡ vamos chico, vamos chico !!!). Si mi padre, que era de Castilla y no conoció a mi mujer, levantara la cabeza……….

Pero si sabrán poco o nada de fútbol en el país de los cohetes, que en una ocasión estábamos en un bar y jugaba no sé qué equipo contra otro cuya camiseta llevaba rayas verticales y al verlos mi mujer dijo: «¿Por qué hay tantos árbitros?». «¿Arbitros?», pensé. Y entonces comprendí que pensaba que eran los colegiados porque en el fútbol americano, aunque llevan pantalones hasta la pantorrilla, la camiseta es de rayas verticales negras y blancas.

Claro que el día del partido entre Estados Unidos y España reaccioné tarde, porque es tal el desconocimiento que tienen de lo que ellos llaman soccer, que cuando acabó el encuentro y los del banquillo invadieron el campo, me preguntó: «¿Qué pasa?», «pues qué acabó el partido», contesté, y entonces se puso a bailar como lo hacen los jugadores de fútbol americano tras hacer thas down, con ese swim tan particular y bello, porque una cosa no quita la otra. Sí, me faltaron reflejos, porque si espabilara le hubiera dicho que no se acabó, que es el descanso, que hay una tercera parte que se juega en septiembre y si cuela…. pues cuela. Y tras el fútbol empezamos a hablar de los deportes, que si en baloncesto España y Estados Unidos, que si esto y lo otro y al final me quedó una duda y pensé que estos tíos deben ser un poco torpes. Bastante torpes porque cómo es posible que en un país, que está armado hasta los dientes y son 300 millones, no tienen un campeón del mundo de tiro al plato. De verdad que no lo entiendo, o quizás sí, porque es al plato, que si no…..

Cuando vives «el momento pailán»

Martes, junio 23rd, 2009

Ya puedes viajar lo que quieras que cuando menos te lo esperes vivirás «el momento pailán*». A mí me sucedió en Estados Unidos, en una localidad que se llama Bear Creek, en Texas, en la casa de mi amigo Kevin. La vivienda era la típica de esas que se ven en televisión: el garaje a la derecha, la entrada a la izquierda y un terrenito de unos 60 metros cuadrados frente al inmueble. En la primera planta las habitaciones y en la parte de abajo un inmenso salón con su cocina, una barra americana y todos los electrodomésticos que uno pueda imaginar y que se podían utilizar con un mando. Para que no faltara nada, en la parte trasera, que no se ve en televisión, hay un campito donde suelen instalar una pequeña piscina y una canasta de baloncesto con los colores de la bandera americana por si quieres hacer un triple o un aliup. O sea, la felicidad total.

Como en la casa no se podía fumar, la solución era salir a fuera, echarse uno o dos cigarrillos y volver a entrar. La verdad es que no los saboreas mucho, pero… algo es algo. Así más o menos fui tirando la mañana del primer día de mi estancia en USA, entrando y saliendo de la vivienda para nicotinarme.

Todo estaba perfecto hasta que a las doce de la noche, cuando mi amigo ya estaba dormido, decidí fumar un pitillo. Así que bajé despacito, sin hacer el mínimo de ruido con la intención de salir fuera para no dejar rastro alguno de humo. En puntillas me acerqué a la puerta y al abrirla ¡¡¡¡Noooo!!!. Comenzó a sonar una estruendosa alarma. Ni que decir tiene que mi amigo bajó a toda velocidad y me encontró en calzoncillos, en camiseta y con un paquete y un mechero en la mano, simplemente, penoso. Desconectó la alarma y me explicó lo que tenía que hacer para que no funcionase si quería fumar. Abrió una caja que estaba oculta en una pared y me empezó a decir qué botones debía pulsar y, al segundo, le dije: «Déjalo, no fumo», a la vez que pensaba que aquello era más complicado que el manual de la BlacBerry, que son 278 páginas.

Al día siguiente, al levantarme, me encontré solo en casa ya que mi amigo había ido a trabajar y no volvía hasta las siete de la tarde. Desayuné y cuando iba directo a la calle a echar un cigarrillo pensé: «¿Y si salgo y la puerta se cierra automáticamente, porque aquí todo es automático, y no puedo después entrar?». Y también al momento cavilé: «¿Y si mi amigo tiene un sistema que si abro la puerta suena la alarma y, como es el primer día que estoy aquí, se olvidó desconectarla?». Y como el asunto iba in crescendo me cuestioné: «¿Y si suena la alarma y como no sé desconectarla vienen los vecinos, y como no sé inglés y estos están armados hasta los dientes y creen que soy un ladrón me fríen a tiros?». Estaba ya en total paranoia cuando me dije: «Abro la puerta y que sea lo que Dios quiera, pero yo fumo con o sin alarma». Me armé de valor, me acerqué a la puerta, agarré la manilla, abrí rápidamente y…. no sonó la alarma.

Pensaba que todo había pasado cuando entonces me asaltó otra duda existencial mientras encendía el cigarrillo y con un pie sujetaba la puerta abierta: «¿Y si ahora la cierro y mi amigo tiene un sistema que no se puede abrir tras cerrarla o tiene una alarma que previamente hay que desconectar siempre que se entra en el día por primera vez?». Así que estirándome como pude cogí una maceta que había cerca y la puse entre la puerta y la entrada y así quedó hasta las siete de la tarde. Cuando llegó Kevin le expliqué lo sucedido. No me llamó pailán, porque no sabe lo que significa, pero seguro que sí hick, que más o menos es lo mismo.

*Pailán (Palurdo, cateto), palabra gallega que más o menos viene a significar aquella persona carente de cultura y de pocos modales que se cree todo lo contrario.
*Cuéntanos tu caso