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Porque no me dedico al tráfico de órganos, que sino…

Lunes, Diciembre 21st, 2009

Siempre que Christopher (10 años) y Noe (9) van a Francia a ver a su padre, siempre, o casi siempre, ocurre algo con los papeles o los apellidos. Entre que mi mujer Veneatra es india nativa americana; uno de sus hijos, Christopher, es franco-americano; el otro, Noe, francés, y yo gallego… que la verdad, y estoy contigo, también podría haber conocido a una de Vilagarcía, por ejemplo; bueno, pues eso, algo siempre ocurre.

Así que hace unos días, el pasado sábado, pasó lo que tenía que pasar. ¿Y qué pasó?, pues los niños siempre han viajado en avión con sus documentos nacionales de identidad; pero ahora, por lo visto, aunque diría más bien por lo vivido, tienen que sacar el pasaporte. Así que al embarcarlos para París no les dejaban porque no lo tenían, pero una chica de Iberia dijo que en la oficina del Cuerpo Nacional de Policía nos extenderían una autorización y problema resuelto.

¿Y qué puede ocurrir en una oficina del Cuerpo Nacional de Policía? Pues el 99,9% de las veces tratan de resolverte el problema, pero puedes dar con uno, que es 1 entre 1.000.000 que sea un poco inútil; pues nosotros dimos no con el 1 entre 1.000.000 sino con el 1 entre 100000000000000000000000000000 (y ponle tú los ceros que quieras que yo me canso). ¿Cuál era el problema del agente que nos atendió a las 13 horas del sábado, que era el que estaba de guardia?. Vamos a ver, la Psiquiatría aún no está tan adelantada, pero a todo se llegará ya que después de que Veneatra mostrara su pasaporte y los DNI de los niños, haciendo hincapié en que tenían los mismos apellidos, la pregunta del agente lo superó todo cuando en plan chuletilla exclamó: «¿Y cómo sé yo que usted es su madre?».

Hombre, yo estuve por invitarle a pasar las navidades a casa para comprobarlo, desangrarlos allí mismo y hacer una prueba de ADN, pero que como el avión salía dentro de media hora, pues que con los documentos que tenía en su poder… Entonces comenzó un episodio surrealista. Para afianzar más que Veneatra era su madre le mostramos las tarjetas sanitarias de los tres, en las que viene el apellido, Paynther, que en Galicia hay miles, como todo el mundo sabe. Pues ni así: «Porque yo no sé si es su madre». Y en tanto el agente decía que no había suficientes pruebas, Noé, con 9 años, decía: «¡¡¡ claro que es mi madre !!!». Y Christopher, con 10, trataba de explicarle: «Se lo juro que es mi madre, que vamos a ver mi padre».

Entonces Veneatra mentó lo peor que podía mentar a este percebe: «Es que no sabíamos que se necesitaba pasaporte». Y ahí el listillo soltó su parrafada: «Según el artículo 1 el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento». Y mientras lo recitaba yo pensaba el artículo 1 de qué, de la Conferencia Episcopal, de Frutería Lillo, Transportes Gelmirez… porque del Código Civil no, que es el 6.1, pero este pensamiento fue fugaz, fugacísimo, casi imperceptible por la Nasa, porque lo que realmente pensaba era: «Pero Dios, quién es este túzaro y quién es el túzaro que ha puesto a este túzaro para atender al público».

Y así, de túzaro en túzaro en la salita/oficina ya llevábamos media hora, los niños manchados de chocolate, Veneatra regañándoles (que para ser traficantes éramos correctos de carallo), Noe preguntado que «¿por qué dice ese señor que no eres mi madre?», Christopher asegurando que «vamos a perder el avión» (animando, claro) y el agente haciendo llamadas porque le dije que quería hablar con un superior, pero con un superior un poquito más que él, no mucho, porque el superior superior; o sea, Dios, ni a este tío sería capaz de arreglarlo.

Y en tanto no contestaba el superior, pues unas preguntas muy normales: «¿Tienen ahí el Libro de Familia?», y te daba ganas decir: «Naturalmente, cómo no lo vamos a tener, si es con lo primero que salimos de casa y también tenemos la partida de nacimiento y al médico que atendió al parto…». Y en medio de este lío que yo flipaba, Veneatra le dice al elemento que nos tocó en suerte: «¿Y dónde podemos saber las nuevas normas?». Y el agente, muy en su papel, responde: «En el Boletín Oficial del Estado, en el BOE». Y te lo juro que yo ya esperaba de todo, pero no que mi mujer dijera tan feliz: «Pues podemos suscribirnos». ¿Suscribirnos al BOE, pero hay algún imbécil en España que se suscriba al BOE, pero qué creerá que es el BOE, una revista del corazón, un compendio de National Geographic… el BOE?.

De verdad que todo me superaba, porque claro, no estábamos en el macroaeropuerto de Pekín, con dos niños chinitos, careto aplastado, vista extraviada y sin saber ni mu de español. Ni en Etiopía, con dos negritos de pelo rizado y ojos oscuros como el carbón hablando solamente entre ellos el huluhulumagalú… no, estábamos en el aeropuerto de Alvedro, en A Coruña (Galicia, España) con dos niños de 9 y 10 años; rubios como su madre, con ojos azules como su madre, altos como su madre y hablando francés como su madre. Que vamos, podía servirle de pista… pues no porque mientras hacía llamadas y más llamadas comentaba: «Es que hoy en día, con los menores…», en tanto yo pensaba «pues para lo que te sirvió a ti crecer… », a la vez que le decía: «Pero agente, si llevamos casi 45 minutos, tiene los documentos, coinciden los apellidos del DNI, de las tarjetas sanitarias… ¿Cómo no van a ser su hijos? y mi DNI dice donde vivo y si es necesario me hago respon….»

Y cuando contactó con el superior la explicación fue tan increíble que me dije: «No es que los niños no se vayan a Francia, es que de aquí no salimos nadie. Ellos directos a una familia de acogida y mi mujer y yo al trullo e incomunicados», porque el agente, en vez de explicar más o menos lo que sucedía, dijo, como si en vez de personas estuviera vendiendo aceite a granel: «Hay aquí una norteamericana, un español, un niño franco-americano y otro francés que no tienen pasaporte y los niños van solos a París».

Y mientras explicaba esto cavilaba, pero pensará este tío que me dedico al tráfico de niños…. a la vez que me decía, pena que no me dedicara al de órganos, que iba al coche y del maletero sacaba un cerebro normal, de tipo medio/bajo, y se lo trasplantaba a este inútil. Si, los niños salieron para París, gracias a que el avión traía retraso, yo estuve alucinado y riendo después un rato largo ¿y el agente?. Dios, ni me lo mentes.

AMIGOS DEL BLOG

Nuestro amigo y colega de mi-tu-nuestro blog Alfonso Hermida, presentador de la TVG, actuará este domingo, (27 de diciembre) en el IX Certame de Teatro Enxebre de O Grove (Galicia, España) con la compañía de teatro Axóuxere (Oleiros) en la que representará la obra A gata sobre o tellado de zinc quente , de Tennesse Wiliams

¿Pero cómo diablos se mata un ratón?

Lunes, Noviembre 9th, 2009

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

Contra los ratones, la verdad no tengo nada personal; hombre, profesionalmente no niego que me hubiera gustado entrevistar al Ratón Pérez, pero es difícil porque como a tus hijos se les cae un diente muy de vez en cuando… justo pillarlo esa noche… Así que un día pensé, si me arranco toda la dentadura y cada día pongo uno, malo será que no logre esa exclusiva. Pero también a la vez me dije, pero si dejo el periódico y me dedico a la Televisión o a la Radio, qué hago, empiezo un informativo diciendo: «Losf Filatas Sofmalífs…». No.

Y esto de los ratones viene a cuento porque en casa tengo tres; dos están controlados, pero muy controlados, que son los de los ordenadores; pero hay un tercero que me tiene desquiciado. Lo he visto más de veinte veces y el tío parece un autobús; no porque sea grande, sino porque siempre hace el mismo recorrido y las mismas paradas hasta llegar al fregadero para beber agua, supongo, que aún no he podido hablar con él.

Y en confianza me tiene desesperado porque cada dos o tres horas, en la tranquilidad de la casa, de repente oigo a grito pelado a los niños: «¡¡¡¡ ahí está ahí está, ahí ahí, mátalo, mátalo !!!!». Y te lo juro que de los sobresaltos he chocado con la cabeza en el techo varias veces; ellos dicen que no, que es imposible, pero para mí que sí, porque me duele la testa, pero quizás sea por los gritos.

No sé, el caso es que como además soy el hombre de la casa (eso creen los inocentes) pues tengo que acabar con el ratón sea como sea, como si yo hubiera nacido para matar ratones como el aficionado que está esperando a que abra la temporada de caza con la escopeta ya en la mano. Y es que incluso te aconsejan y te dicen: «¡¡¡¡ Dale con la pala, con la pala, dale, dale !!!!». Para finalmente decirte con cierto aire de fracaso: «Se te escapó». «¿¡¡¡¡ Cómo que se me escapó ¡!!!?», piensas, «¡¡¡¡ desde cuándo el ratón es mío….. !!!!»

Y de verdad que esto es una locura y una paranoia, porque también de vez en cuando dicen: «¡¡¡¡ Ahí está, ahí está !!!!»; si hombre, la Puerta de Alcalá porque lo que ven es un trozo de madera en la lareira, una ceniza, una sombra… y hasta pienso si estos niños se colocan con algún alucinógeno o el campo les sienta mal…. no sé

¿Pero cómo puedo deshacerme del roedor?, pues llevo dos semanas intentándolo. Primero compré un veneno que se llama Ratipón, pero, macho, para mi ratón el Ratipón este ni que fuera un bombón, se lo come a paladas y no la espicha. Y no digo que este veneno sea malo, sino que a lo mejor mi ratón ha sufrido ya una mutación genética y el Ratipón para él es placer de dioses. Además, como viene en bolsitas, a mí me da que cree que es un regalo o algo así.

La siguiente fase fue poner la típica trampa con el queso, que teóricamente al comerlo salta el rudimentario sistema y ¡¡¡¡ plasss !!!, lo aplasta, lo ahoga, lo machaca, lo tritura, lo decapita, lo descabeza, lo estruja… perdona por ser tan bestia pero es que le tengo unas ganas… Pues tampoco. Entonces compré otra en la que teóricamente se mete por un agujerito y también un hierrito lo destroza, ni así; y no sé como hace el tío, que se come todo lo que le pongo y ya lleva, además del queso, casi dos lonchas de jamón y un tarrina de foigrás.

Como el asunto es ya una cuestión personal, me hice con una trampa para topillos, que es un tubo. El animalejo puede entrar por los dos extremos, levanta una tapita de metal, pero luego no puede salir porque la susodichita tapita queda cerrada; bueno, pues que me lo explique el inventor del artilugio porque mi ratón entró se comió lo que le puse y salió. Entonces me hablaron de otro sistema, cola; sí, un pegamento que lo echas en una tabla y cuando va a comer se queda pegado. Pues pegado me quedé yo al ponerlo, manchándome las manos y frota que te frota con agua y jabón durante media hora para sacar aquella porquería pastosa.

Como no es cuestión de cambiarse de casa he decidido poner la bolsa de la basura cerca del fregadero, atar una cuerda al cierre, esperar y esperar y cuando entre… ¡¡¡¡ zas !!!! tiro de la cuerda y atrapado. Es como ir a pescar, pero en vez de relajado, con una tensión que no veas, con un mosqueo… el normal, como para aplastarlo, ahogarlo, machacarlo, estrujarlo, triturarlo, decapitarlo, descabezarlo, descuartizarlo… de verdad, me tiene frito, y los niños más, que a este paso ya no sé a quien matar

Pues sí neniño, como te lo dis, USA hasta controla el pis

Lunes, Octubre 26th, 2009

(Este artículo forma parte de la serie de un viaje a USA. Sep 2009)

Si hace unos días me refería a cómo los estadounidenses consiguen que sus niños se cepillen los dientes utilizando la tecnología; para que dejen los pañales estos tíos hasta tienen un sistema. En Estados Unidos, por lo que se ve, las madres cuando van al parque con sus pequeños no se preguntan si es a los dos años, a los tres o tres y medio cuando hay que acostumbrarlos a utilizar la bacinilla. Quizás hablen de la situación en la Casa Blanca, de la crisis monetaria o las relaciones internacionales, porque lo que es del pis… Para qué, en USA, casi se puede decir que los pequeños dejan de hacerse pis cuando los padres quieren. Sí, cuando quieren; lo mismo en enero que en mayo, en junio que en agosto y lo mismo un lunes que un sábado, a mediodía que a las tres de la tarde. Vamos, todo controlado menos ellos.

¿Y cómo lo hacen?, pues con lo que más conocen y dominan, con lo de siempre; sí, con eso, con la tecnología. ¿Pero puede existir algún tipo de aparato para que un niño deje de orinarse y que ya no utilice pañales? Pues la misma pregunta me hacía yo hasta que lo vi. Y en este caso fue también Kylian, el hijo de mi amigo Kevin, el protagonista de lo que para nosotros es considerado una hazaña y de llamadas telefónicas a toda la familia.

Un día estaba hablando con Kevin y de paso surgió este tema tan hogareño cuando dijo: «Mañana o pasado deja los pañales». Al decirlo de forma tan categórica me asombró y le pregunté: ¿Por qué estás tan seguro que mañana o pasado?. «Porque ya compré el aparato». Con gran curiosidad le dije que me lo enseñara. Fuimos a la habitación de Kylian y allí estaba el artilugio.

Si te soy sincero, a primera vista no parecía nada especial, era de plástico como muchos orinales de los que se venden aquí. Al tacto era de plástico, nada fuera de lo común; al oído, como no escuché nada; y al olfato… pues que no era plan y decidí no utilizar ya otros sentidos. Entonces Kevin fue al baño, trajo un vaso de agua, lo echó en la bacinilla y, neniño, aquello sí que era otra cosa. ¡¡¡¡¡ Pero qué cosa !!!!.

Como si fuese magia, alrededor del orinal comenzaron a encenderse luces de coores a la vez que se oían todo tipo de canciones de Disney y, por supuesto, la del Séptimo de Caballería, que por cierto me aparté en una especie de autorreflejo, por si las moscas. Me quedé absorto, pero a la vez pensé si funcionaría con Kylian, porque una cosa es la teoría, en plan instrucciones en varios idiomas que nunca lees, porque aunque las leas no las entiendes, y otra la práctica.

Así que cogimos (yo diría que raptamos) al pequeño, lo pusimos sentado en el singular orinal, fuimos a por dos vasos de agua y echamos el líquido elemento de uno a otro para que se animara. Al rato, Kylian hizo pis, se encendieron las luces, comenzó a oír la música, miró para abajo a ver qué pasaba y lo único que hacía ere reír y reír. A partir de ese día, cuando estaba en casa, el renacuajo tenía un juego más, los padres un trabajo menos y yo continuaba con un alucine permanente desde que pisé aquél país. Y entre Sexto y Séptimo de Caballería pensaba: «¡¡¡¡ Qué tíos estos USA , hasta eso lo controlan !!!!».

¡Ay!, esos niños

Martes, Junio 2nd, 2009

Los niños no sabemos lo que piensan y, en ocasiones, es mejor no saberlo para no sufrir alteraciones coronarias. Un buen amigo, Gonzalo Pintos Moreu, que trabaja en la Televisión de Galicia como realizador en el programa banda curta, había sido padre por segunda vez y estaba supercontento con la nueva criatura. Con el paso de los días comprobó que su otra hija, Laura, que entonces tendría unos tres años, no le prestaba mucha atención a su nuevo hermanito, pero tampoco le dio mucha importancia. Así siguieron pasando las semanas, y mientras el retoño Gonzalito se zampaba a diestro y siniestro los biberones, Laura solamente se acercaba de vez en cuando a la cunita, se ponía de puntillas, miraba por encima de la barandilla y luego se iba.

Un día, Gonzalo tuvo que llevar al bebé al médico por una de esas miles de cosas que le ocurren a los recién nacidos, que si una tos, que si lloran y no se sabe por qué es, que si una cogestión en la nariz, que si una fiebre que no baja… Así que lo cogió en brazos y le dijo a su hija que lo acompañara para que así no diera la lata en casa. Iban los tres tranquilamente por el pasillo cuando al bajar las escaleras, Laura, mirando fijamente a mi amigo, le dijo mientras el bebé no paraba de sollozar: «Papá, y si lo tiramos…». Ahora, gracias a Dios, y a que mi amigo no hizo caso, los dos pequeños se llevan muy bien.

ojd