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Si te cuento lo que descubrí…

Viernes, enero 20th, 2012

(Cosas que pasan cuando dejas la ciudad y te vas a vivir al campo)

A mí ya me parecía que cuando vine a vivir de La Coruña a esta aldea de Mortoares, el pueblo más cercano, Oza dos Ríos, tenía algo raro. No sabía bien qué, pero algo había. A mí ya me extrañaba que llamándose Oza dos Ríos por la carretera no viera ni un riachuelo: «serán subterráneos», pensé; joé qué inocente era.

El caso es que mi mente barruntaba que algo había que… como te diría, yo lo sentía, lo percibía, pero no sabía qué era, hasta que hace unos días, lo descubrí. Sí, sé que es duro lo que voy a decir, pero que muy duro, pero lo diré: ¡¡¡ Nos quieren matar, nos quieren matar !!!.

No tengo la menor duda. Oza tiene unos 2.500 habitantes, con una media de 60 años y aquí está el quid; en solo 500 metros, que es lo que mide este pueblo pegado a la carretera, ¿a que no sabes lo que hay? Ni te lo imaginas: ¡¡¡ Dos tanatorios !!!; sí ¡¡¡ dooooos !!!. Y además están estratégicamente situados: uno a la entrada y otro a la salida; o sea, que no hay escapatoria, la palmas al principio o al final, no hay otra.

Yo en estos años he visto a tanta gente de negro que a veces estaba por parar y preguntar si había sufrido un viaje astral y en vez de Galicia estaba en algún sitio de Senegal o de Kinshasa, pero me callaba por prudencia (y también porque era blanco), pero dudas tuve…

Yo a los dueños de ambos tanatorios los conozco, me miran y saludan; pero yo ya no sé si me miran y saludan como vecino o como futuro cliente; pero la mirada es tal, siempre fija a los ojos, que de verdad que te da ganas de llevar puesto un termómetro y tras decir «hola» sacarlo disimuladamente para ver si estás a 36º, a 366 o a -86. Oye, que yo he visto mirar a mucha gente, pero de esa forma, tan así, tan tan tan… jamás.

Es duro esto porque, además, de las dos funerarias, una es, digamos, normal, solo es funeraria, para muertos; pero la otra… la otra tiene un bar y un restaurante que dan de comer y beber que no veas y, claro, con la delicada salud que hay por estos lares a mí me da que cuando vas a comer, más que comer te ceban para si te pasa algo te rematen en la funeraria, que una cena son 50 euros y un entierro 3.500 y el negocio es el negocio.

Mira, hasta tal punto veo yo el complot que tienen montado, que lo que no entiendo es porqué la funeraria, ya puestos, además del bar no abre un hospital al lado para así (como el Rey León) completar el ciclo de la vida. Naces, vives/comes en el bar y te mueres en el tanatorio.

Yo es tal la tensión en la que que me hallo que todo lo que sea caja, me suena a féretro y cuando voy al supermercado y oigo que alguien dice: «¿¡¡¡ Dónde está la cajera !!!?»… te lo juro que a mí me sale del alma: «¡¡¡Yo, no; yo, no, que estoy vivo, que estoy vivo !!!».

De verdad que paso unos sinsabores, unos tormentos, unas pesadumbres… yo recuerdo que cuando me daba la mala, estas aflicciones las mitigaba con chucherías y especialmente con todo tipo de chocolate y chocolatinas; pero es que ahora es oír «¿quieres bombones?» y mi primera idea es «bombones, bombones, bombones.. caja de… ¡¡¡ noooooooo !!!». Esto no es vivir, te lo digo yo, esto no es vivir, qué va a ser vivir si lo que quieren es vernos morir.

LA ESCRITORA NIEVES ABARCA PRESENTA SU LIBRO «CRÍMENES EXQUISITOS»
La escritora y amiga del blog Nieves Abarca presentará el día 26, a las ocho de la tarde, en la librería Arenas (La Coruña) su libro Crímenes Exquisitos, un volumen en el que la intriga, el sexo y la pasión son aspectos fundamentales. El acto estará presentado por Pablo Portabales, periodista de Radio Voz.

No sé, algo pasa entre el ratón y el gato

Martes, enero 3rd, 2012

(Cosas que pasan al dejar la ciudad e ir a vivir al campo. Bueno, y por se una nulidad, claro)

Yo comprendo que un ratón, con estos días de lluvia made in Arca de Noé y de Paz y Amor porque sí, pues entre en una casa en la que hay tantas viandas navideñas como polvorones, turrones, mazapanes… yo qué sé. Y lo entiendo porque yo, sin ser ratón haría lo mismo; es más, de hecho lo hago todos los días, todos los días entro en casa aunque no sea Navidad.

Lo que no alcanzo a entender es que, ya que entras en propiedad ajena, es que no tengas cuidado y así, a las cuatro de la mañana te pongas a roer una madera y luego, como si fuera tu domicilio, pues a dar vueltas por la casa y que termines pasando por encima de unas bandejas de metal y hagas un ruido que no veas. Que una cosa es ser ratón y otra bobo porque, por ejemplo, el Ratón Pérez en eso es un modelo: entra, se va, y aquí paz y después gloria.

Pues hace unos días entró un roedor y montó tal sindios que entonces hice lo que tenía que hacer. Cogí a Pak, el gato (que vive fuera de casa) le hice un contrato basura, lo di de alta en la Seguridad Social, lo sindiqué, lo metí en casa frente adonde yo creía que estaba el ratón, y tal cual le dije: «Pack, a currar».

Desde que Pak está currando, la verdad que no he oído nada, pero absolutamente nada al ratón, ni de noche ni de día, ni a media tarde ni a tarde entera; pero a mí lo que me extraña es que Pack no me presente el cadáver del bicho o una pequeña prueba del que el animalejo está fiambre, como hacen todos sus congéneres gatunos.

Para mí que se han confabulado; que el ratón vive en casa, que Pack le ha dicho que de hacer ruido nada de nada porque Pack sabe perfectamente que si después de tres días no lo ha cazado y la alimaña sigue haciendo de las suyas lo despido; es decir y con perdón (pero es que me tiene desesperado), que se va a la puta calle, que ahora vienen las nevadas, y busco una solución más drástica: un león, por ejemplo.

Y entonces, sabiendo esto ¿por qué Pack no presenta al difunto ratón? Pues por la misma razón, porque sabe que en cuanto termine su trabajo lo doy de baja, el finiquito, y como el tipo no es tonto pues así están los dos: el ratón en casa, sin hacer ruido, calladito, y el gato haciendo que curra, frente al fuego y a verlas vir mientras a mí me desespera porque no me gustan animales en casa, que para eso estoy yo. Pero a decir verdad, la culpa es mía y solo mía, lo reconozco, porque todo comenzó al principio; no cuando le hice el contrato basura, no; sino cuando lo sindiqué, cuando lo afilié, porque yo es que al Pavk este lo veo pero tan tan tranquilo que para mí que es un liberado.

LA PERIODISTA GABRIELA RUIZ, PREMIADA

La joven periodista y colega del blog, Gabriela Ruiz, obtuvo con su relato bla, ble, bli, blo, blue, la mencion especial del jurado del Concurso Cuentos Para la Igualdad, que organizó el Ayuntamiento de Dos hermanas (Sevilla). El cuento, con ilustraciones de Patricia Carcelén, narra la historia de una niña que nace de color azul y que cuando llega a la edad de 7 años es consciente de que es diferente e intenta por alocadosy fantasiosos medios ser normal. Enhorabuena Gabriela.

El misterio de los electrodomésticos

Jueves, octubre 20th, 2011

Para mí esto de los electrodomésticos es un misterio. Yo no sé los tuyos, pero cuando te quedas un tiempo solo en casa y los conectas… a mi me dan pavor, por lo menos los míos.

Aunque no te lo creas, tengo un friegaplatos que si los escuchas bien, pero bien bien y le coges el ritmillo, suena a procesión de Semana Santa, en plan «chan… dá, tatachan… dá»; y porque no soy andaluz, pero la primera vez que lo oí a punto estuve de cantar una saeta. Es que me salía del alma, pero me contuve, y eso que el aparato tarda casi una hora en limpiar todo, que te da tiempo más que de sobra para practicar… pero eso, lo dicho, me contuve, y creo que hice bien pues aún mantengo mi puesto de trabajo, empleo, que se dice.

Hombre, exactamente exactamente el paso que era…. pues así en frío, pero el del Silencio fijo que no, porque aquello era un ruido, un bullicio, un estruendo, que cerraba los ojos y si me dicen que estaba apostado frente a la Giralda… que no, que de costalero no iba, que no me dolía la espalda… bo, no seas terco hombre, me lo vas a decir a mí…

Yo pensaba que esto del friegaplatos era una impresión mía, una sugestión, como te diría… una paranoia; pero no, porque la lavadora, por ejemplo, cuando suena en el silencio de la casa parece un avión que va a despegar y más que meter ropa como que te da ganas de llenarla de maletas, pero…

Aunque yo no digo nada en casa, a estos ruidos estoy acostumbrado, y mientras la sioux pregunta si terminó el friegaplatos con su monocorde y espiritual «chan… dá, tatachan… dá», yo digo que falta poco, aunque la verdad que lo que tendría que decirle sería: «ná, un rosario y ya está»; pero como ella de niña veraneaba con su abuela en una reserva y se siente muy india debería decirle: «Cuando pase el espíritu de esa nube y el humo del cigarrillo desaparezca, el aparato blanco se apagará».

Como te decía, yo no digo nada, me callo, pero todavía al que no le encuentro el punto es a la secadora, no se lo encuentro; le doy al botón de on por la noche y por mucho que lo intento, na, na de ná, me quedo dormi… ¿dormido?. Ahora que lo pienso, a ver si va a ser que lo que toca es una nana…

¿Ir de picos pardos?

Jueves, junio 9th, 2011

¿Cómo fue la primera vez que fuiste de picos pardos?, ¿ocurrió tras una decepción amorosa?, ¿en el año negro después de una separación?, ¿un día de fiesta?, ¿una casualidad?. Pues neniño, no sé que como decírtelo, porque la palabra violaciooo… pues como que no; pero a mí me forzaron, pero como soy un caballero, no lo denuncié. ¿Me iban a creer?, no, porque, además, ¿cómo se lo iban a creer si ni yo mismo me lo creía?. ¿Y en dónde sucedió esta inesperada y rocambolesca historia que no me marcó para nada, pero para nada?.

En La Coruña, en Vigo, fuera de Galicia, en Ponferrada; más lejos, en Madrid; un poco más, en Málaga… pues no, más todavía, en Casablanca, ya ves tú, a unos 2.000 kilómetros de mi casita, de mi camita. Y cómo comenzó todo, cómo sucedió para ir a un país y terminar…

Todo empezó en un restaurante

Pues estaba cenando con mi amigo Juanmi en un restaurante de la avenida Mohamed V cuando escuchamos una pequeña discusión entre un camarero y una chica que estaba sola en una mesa, a unos diez metros de la nuestra. Lo normal sería no hacer caso; pero claro, eso sería lo normal, y como eso de la normalidad no va por lo visto mucho conmigo, decidimos muy caballerosamente invitarla con una sola intención: que tras la cena nos enseñara Casablanca la nuit.

Bastó una sola señal para que sentara en nuestra mesa y tras hablar a qué se dedicaba le propusimos que no enseñara cómo era la noche en Casablanca. Entonces surgió la primera sorpresa porque entre que mi francés no es ni era perfecto y que la respuesta fue en plan «pero oigo lo que oigo…» dijo algo así como: «No puedo ir con vosotros porque la policía me sigue». Joé, pensé, pues si te sigue a ti, a nosotros no es que nos siga, sino que ya nos estarán esperando en comisaría desenfundando los látigos para dárnoslos a pares y para mí que la taza de té hasta tembló.

Un secuestro, un coche negro

Tras quedar meridianamente claro a qué se dedicaba Zaira, que así se llamaba, pensaba que la idílica situación de que nos enseñara la ciudad se había acabado, terminado, y que con «tú mismo y tu mecanismo» no nos quedaba más remedio que aventurarse yendo de calle en calle a ver qué pasaba.

En esto estaba ocupada mi mente, en analizar cómo íbamos a conocer la ciudad alauí, cuando Juanmi me miró y me espetó algo así: «Pues vete con ella, que es una aventura». Yo lo miré y antes de que me diera tiempo a decir nada, la joven me cogió de la mano, me llevó a la calle y como si fuera un secuestro, un tipo alto me abrió la puerta de un coche negro y si te digo la verdad, no sé si entré o me introdujeron.

«¿Pero adónde vamos?», pregunté. Y mientras ella sonreía yo empezaba a ponerme nervioso porque veía que nos alejábamos del centro de la ciudad, que cada vez se veían menos luces, menos farolas, y que íbamos por una carretera sinuosa, bastante más sinuosa que ella, te lo juro, como que te lo juro que desde entonces adoro las líneas rectas.

No es que la familia de Juanmi, mi amigo, sea muy muy numerosa, pero con esa idea que tuvo de la aventura empecé a acordarme de cada uno de sus integrantes hasta el siglo XVII, momento en que el coche se detuvo en una zona que me pareció que debería ser el puerto por el olor a mar y porque a lo lejos veía unos barcos con las luces encendidas. La chica salió del vehículo, a mí me abrieron la puerta (que si me la llegan a encerrar mejor, pero no, era para salir), y así lo hice y me encontré a dos jóvenes y supermusculosos negros en la puerta de una casa, haciendo, supongo, de guardias de seguridad.

Miedo en el puerto

Desde el exterior se veían unas escaleras empinadas, como unas veinte, que llegaban como hasta el cielo y que ella subió como una gacela mientras yo abajo le decía: «¡¡¡ No, no entro, baja, baja !!!». Y mientras los fornidos negratas me decían «non problem, non problem», yo pensaba «¿pero cómo que «non problem, non problem»?, esto es un «tremend problem». Y a la vez me decía: «Pero si aquí como quieran lo de menos es que me roben, sino que me hacen desaparecer y del Guisande nunca más se supo».

Entre los negratas con «non problem», yo muerto de miedo diciendo a Zaira que bajara, y ella diciendo que subiera… parecía que el tiempo no pasaba, pero pasó, y uno minutos más tarde la joven bajó; nuevamente un hombre me abrió la puerta del coche negro, continuamos por una carretera y poco a poco vi que de nuevo que había luces, farolas, y que nos acercábamos al centro de la ciudad, a la civilización, que a mí en aquellos momento como si fuera la azteca, pero ¡¡¡ por dios quería ver a alguien !!!. «¿Aventura, aventura?», me repetía mientras mis pulsaciones deberían estar entre 1.000 y 1.500 y con la familia de Juanmi iba ya por el siglo V antes de Cristo.

Una bailarina moviendo el vientre

Así que ya traumatizado le dije que no se preocupara, que le pagaba igual pero que yo me iba al hotel; no sé si a dormir, a tomarme una tila o robar en una farmacia una caja de ansiolíticos o a suicidarme, pero que de aventuras amorosas… nada, que había venido a conocer Marruecos y nada más. Y en esas estaba, convencido de que toda aquella pesadilla había acabado cuando la joven, que era guapísima, pero que a mí ya poco a poco me parecía menos, me dijo: «No, quiero estar contigo».

«¿¡¡¡¡¡ Conmigo !!!!!?. Ni hablar, al hotel», le indiqué al conductor. Entonces ella le habló en árabe. Claro, yo árabe no sé, pero es que de verdad que hay situaciones en las que no se necesitan idiomas para saber que aquello aún no había acabado. Y claro que no acabó, iba a acabar… a los poco metros el coche se detuvo, bajamos, me cogió de la mano, entramos en un local y de repente me encontré en una especie de inmenso salón en el que (como en las películas) una joven contorneaba su cuerpo y la gente le ponía billetes en sus escasas prendas mientras tomaban té, aplaudían y cantaban. Bueno, aplaudían y cantaban todos menos yo, claro, que no sabía bien ya qué hacer, si llorar o prepararme para ver qué pasaba cuando saliéramos del local.

Tras casi una hora viendo contorneos, salimos y, ni que fuera ministro, otra vez el maldito coche negro. Entonces dije nuevamente al conductor: «Ahora sí que vamos al hotel» Y pasados unos minutos y después de recorrer otra vez varias calles se paró; pero allí no estaba mi hotel.

Un tipo grasiento, una llave

Le pregunté adónde íbamos, y como si fuera un trapo, me cogió de la mano y me encontré ante un tipo trajeado, con gorra grasienta, dándole un dinero y él a mí una llave y…… pues… yyy y pasado el yyyy, al final llegué al hotel, al mío, al de verdad, al que había pagado, el que había contratado, el que amaba, el que sabía que…

Y allí estaba Juanmi, que nada más verme me preguntó por la aventura y cómo había tardado tanto. Le conté todo, pero todo todo porque tenía una angustia que si no se lo decía a él tenía que buscar un médico o un psicoanalista y… bueno, contarle todo lo que se dice todo… excepto que tiene un familiar total, pero totalmente imbécil en el siglo III antes de Cristo

¿Pero de verdad quieres vivir 300 años?, estás como una cabra

Lunes, junio 6th, 2011

Yo creo que la gente está… como que no está en sus cabales, que entre los cabales y los cables descables, por ahí anda. Lo que sucede, y no me digas porqué, es que el personal tiene unas ganas de vivir, pero de vivir… Hay a quien si le dijeras que vale, que 300 años, firmaría. ¿¡¡¡ Trescientos años !!!?, taladrados están porque de esos 300 años como mínimo 200 te tocan trabajando y unos 100 de jubilado y claro, es muy fácil decir 300 ahora; pero dilos tú en el siglo II… pues a lo mejor, por listillo, te toca empujar las piedras del acueducto de Segovia hasta colocarlas todas en su sitio, que yo de pesos y medidas más bien poco, pero que para que un pedrolón de esos pese unas dos toneladas… pues por ahí andarán.

Y claro, como quieres vivir 300 años, pues de esos unos 220 o 230 te toca arrastrar esas moles pétreas, que por mucho rodillo de madera, por mucha ingeniería romana y mucho conocimiento de la escuadra y el cartabón no hay quien te quite de poner el lombo y acabar escarallado. Y sí, vete a decirle tú al centurión que te duele las cervicales; si hombre, que te va a entender, te arrastra con una cuádriga hasta Jaén ida y vuelta.

Y claro, si nacieras en el siglo XI, pues a lo mejor (como eres un terco que quieres vivir 300 años) te toca construir la catedral de Santiago de Compostela y como tú eres así de gafe, incluso hasta tienes la mala suerte que eres tú, justo tú, el que tiene que poner la última piedra, allá a arriba, a unos 80 metros de altura, sin arnés ni chorradas… a pelo y lloviendo… sí hombre, te va a tocar en Santiago un día de sol, no digas bobadas. Y allí ya te veo yo temblando y en taparrabos colocando la piedrecita, que la vida es como es, que la catedral de Santiago se construyo así, piedra a piedra, no en el suelo con tornillos de Ikea, que aún no había suecos entonces…

Y en el mejor de los casos, si no es poner la piedrecita, te toca estar con el maestro Mateo haciendo el Pórtico de la Gloria. Que el tío era un virguero… nadie lo duda, pero del carácter nadie habla y vete tú a saber si por una pincelada mal dada te caía una paliza o te trituraba para hacer contigo colorines… que mucho artista el Mateo pero a saber, que yo ya no me fío de nadie.

Y es que esto es así, porque como quieres vivir 300 años y eres un pesado que no veas, te pudo tocar la Giralda: 90 metros del ala y o la rematabas o te rebanaban la cabeza con una gumia árabe (ya sabes, esas espadas curvadas) y no gomes más en tu vida.

¿Y ahora tu firmarías 300 años?; o sea tres siglos pagando la hipoteca aguantando a tu jefe… en mi caso no, aunque la verdad que mi jefe, Jacinto Ruiz Valentín, joé es un santo que soportarme con las locuras que le digo o estás muy formado o vas de psiquiatra en psiquiatra, de diván en diván hasta la sobredosis final; pero no, que lo tengo aquí a mi lado y feliz (bueno feliz lo digo yo, que soy el que es escribe, que si lo hace él… mejor no dejarlo). Bueno lo voy a dejar. En negrita lo que piensa de mí y prometo no cambiar ni un ápice ni un olígrafo:

Asumo como propia la respuesta que obtiene una joven periodista de un famoso, al que pregunta (en la película «Al final de la escapada», de Godart) qué le gustaría conseguir, y éste responde «llegar a ser inmortal, pero después muerto». Frente a esto, tres siglos me parece una bajeza, no sólo por el trabajo. Tú Guisande, en cambio, deberías ser eterno, para tortura de próximas generaciones.

Naturalmente que visto así, lo que piensa de mí, ¿qué tal un infarto mañana?, porque yo vivir 300 años ni de coña; pero claro, como me conozco y conozco a Jacinto, no sé si hacerle una faena pero de las buenas y firmar pues 600.000 años, ya puestos… ¿no?

PUEDES SALUDAR, COMO LA RADIO

Pues nada, que se me ocurrió que si quieres saludar a alguien: A tu hermana, a tu hermano a tus compañeros de trabajo, al taxita, al panadero… a quien quieras; pues en el comentario que hagas lo dices y ya está y yo lo pondré en negrita para que destaque. Vamos a dar ejemplo, yo os saludo a vosotros ¡¡¡¡ HOLA HOLA HOLA !!!! y a mí mismo, que hacé más de 50 años que no lo hago: «Hola Guisande ¿qué tal?»

Oye, pasó el Carnaval ¿verdad?

Jueves, marzo 24th, 2011

Esto del Carnaval no es muy normal; bueno un poco sí pero mucho mucho no pero ya pasó ¿verdad?. Dicen que es una fiesta, una tradición, una celebración, una costumbre… a mí si te soy sincero esto me parece un poco raro y si ahora escribo el artículo, pasados ya tantos días, es, lo confieso, porque tenía miedo, pero mucho, y no estaba yo ni con pulso ni mentalmente para darle al teclado que hasta hubo momentos que llegué a pensar si era un teclado o era alguien que estaba tumbado bajo la pantalla del ordenador disfrazado de eso, de teclado.

Pues un día de esos, que llaman Carnaval, dejé la aldea, me arriesgué a ir a La Coruña y me encontré a un amigo con una careta de león cuando unos días antes estaba en el hospital operando vete a saber tú a quién de una hernia discal, según me contó mientras tomaba una cerveza y se limpiaba la espuma de la salvaje melena que le caía en el vaso en tanto su mujer (supongo que la leona)… bueno no me extiendo más, que aún no se me ha pasado el susto del todo.

Yo al principio no sabía que era él, mi amigo, porque el último león que había visto fue en TVE hace años en un documental, y en carne y hueso en el zoo de Barcelona, pero así tan cerca… porque mi amigo, que me cogió de un brazo y me dijo «¿a qué no sabes quién soy?», si fuera un Elefante sí, pero parecía un león pero un león de verdad. Es más, para mí que tiene más futuro como león que como cirujano, aunque no sé si como carnívoro hay más puestos de trabajo en la Seguridad Social, que a mí me da que sí.

Pues cuando ya había asimilado que mi amigo era el Rey Hospital me encuentro a otro que llevaba unas pulseras como los de Hawai, un collar de flores, un sombrero de paja de colores y de una mano un niño/demonio y de la otra una niña/ratón. Me saludó, me paró y habló, pero no le entendí bien, aunque no sé si era porque hablaba en hawaiano o porque yo estaba descentrado ya que la última vez que lo había visto fue ante un juez defendiendo a un tipo que había robado algo.

Yo no digo nada, que a mí no me gusta molestar; pero yo esto del Carnaval lo veo extraño, pero muy extraño, y me da algo, no sé, no sé bien cómo explicarlo; porque en el fondo hay como quien interiormente quiere que siempre sea Carnaval. Pero es que yo no me imagino que te opere un león, que te defienda un hawaiano, que una pantera arregle un tejado, ver entrar en el colegio un niño/demonio, una niña/ratón o que vayas a coger un avión y te facture las maletas unas iguanas o que el piloto sea un conejo y el copiloto un avestruz. Mira… cosas pasan Mio Cid, fue escribir esto, desahogarme y ya me encuentro mejor, mucho mejor, me siento libre, libre como un pájaro ¡¡ oh !! ¿he dicho pájaro, he dicho pájaro? Ostrás, me estará afectando el Carnaval.

Cómo que vamos al congrio…

Viernes, noviembre 19th, 2010

(cosas que pasan cuando de la ciudad te vas a virvir una aldea sin tener ni idea)

A mi lo de la pesca como que me queda lejos; pues de cuando tenía 14 o 15 años, más/menos, o raíz cuadrada de 225, que también da 15. Entonces sí, allá iba yo con mi caña de pescar y a pasar el tiempo en cualquier muelle de los muchos pueblos que viví en Galicia. Y eso, iba a pescar. Ahora por lo visto no; ahora la gente no va a pescar, va como a cazar, a tiro fijo.

Así, hace unos días alguien en la aldea me dijo: «¿¡¡¡ Qué, Guisande, ¿vienes?, vamos al congrio !!!?». Yo alguna vez había ido al congrio, lo reconozco, a la trucha, a la robaliza e incluso al pulpo, pero en el súper porque después de que una vez me perdí 16 horas en el mar en Venezuela… lo que es el agua me da miedo hasta la que sale del grifo, pero esa es otra historia.

Pues lo dicho, fue oír eso de ¿vamos al congrio? y pensé: «¡¡¡ Los cocongrios !!!, ¿cómo es eso de ir al congrio?, ¿es que el congrio nos está esperando?, ¿es que lo han llamado hace unos días para decirle que íbamos a ir? ¿Y dónde hemos quedado con el congrio?. Y es más, hasta pensé, que es justo lo peor que me puede ocurrir, pensar: «¿Es que acaso el congrio lleva un móvil, lo llamas y le dice “oye, que vamos” o es que al llegar le envías un sms diciendo “ya estamos”».

Pues no me digas cómo me liaron y fuimos al congrio. Y fuimos muy de mañana, tan de mañana que lo que pasó hasta las doce… incapaz de recordarlo; pero de las doce en adelante me lo sé todo; pero todo. Y cuando digo todo es todo, y de lo que no me olvido fue de que no pescamos ningún congrio, que mis acompañantes tiraron y tiraron sedal y sedal y que el congrio no picaba.

Cambiaban de cebo, mantenían el equilibrio en la barca y… otra vez a lanzar el sedal. Y en esas estaba cuando abrieron una caja con no sé cuantos anzuelos y era tan bonita la caja y estaba todo tan ordenadito que la verdad me daba no sé que tocarla; es que la caja, con los anzuelos y otras cosas de colores era preciosa, parecía un cuadro, una pintura… Yo de esto no dije nada, no fuera ser que me tomaran por raro, pero me acordé de cómo mi abuela tenía la caja de los hilos todos ordenaditos, el azul aquí, con sus matices allá; el rojo; el violeta; el blanco; el negro…

«No pica, no pica osti…» decía uno que para mí que estaba mosqueado, mientras el otro aseveraba con otro taco; bueno otro no, varios cajonenrós típicos de la zona y por el medio oí algo de la Virgen, no sé que de Santa María o algo así, me parece porque hasta miré si estaba en un iglesia y no, estaba en el barco, por eso me acuerdo.

Mientras ellos pescaban, supongo que pescar era lo que estaban haciendo, yo estuve callado, agarrado a la caña, mirándolos de reojo y sin decir nada, no fuera ser que se rebotaran más y al verme se les ocurriera, ya en plan desesperados, utilizarme como cebo. Y así pasaron las horas, yo sin decir ni mú; pero sé lo que pasó; sé lo que pasó pero chitón ¿eh?. Lo que pasó fue que con tanto «vamos al congrio, vamos al congrio» como si hubieran quedado con él; y con tanto «tiene que estar por estar zona», como si lo estuvieran esperando, y con tanta seguridad de que «aquí seguro que está», lo que tengo claro es que el congrio no sé si tendrá móvil, pero que estaba fuera de cobertura no me lo quita nadie.

LEONARDO MARíN, UN COCINERO ESPECIAL

No soy muy aficionado a la cocina, pero sí a quienes la entiende de una forma especial, como Leonardo Marín, un amigo del blog. Aquí está su enlace http://leonardodiariodeuncocinero.blogspot.com/

El verano, la nevera y la comida

Viernes, julio 30th, 2010

Siempre pasa lo mismo, pero siempre, y especialmente en verano, por eso del calor. Abres la puerta de la nevera con un hambre que no veas, coges una tartera con restos de comida que no sabes si es de ayer, anteayer o de las Navidades y entonces, entonces te entra esa duda de: «¿Estará buena o se habrá pasado?» Y de ahí a un esquizofrénico «¿me moriré envenenado?» hay un paso y luego, irremediablemente, a preguntar a los de casa.

Y claro, en esto, suerte que tienes que sois cuatro o seis de familia como mucho, porque si fuerais 100.000 te pasearías con la tartera de un lado a otro preguntado a cada uno de ellos y cada uno metería la nariz, olería y reolería y cuando llegaras al 100.000 (un mes después de sacar la pota del frigo), no lo dudes: la comida está mal, pero que muy mal y tú peor, porque en el 87.400 (por ejemplo y porque ya te dolerían los brazos de andar con la dichosa cacerola de un lado a otro), podrías darte cuenta ¿no? Bueno, tú no, tú eres así, pero en esto tienes suerte porque tú (una vez más) no cuentas, que el asunto es la comida y la cuestión trascendental es ¿podré o no comerla?

Y la verdad que es inútil que preguntes, que lo haces por inercia, como otras muchas cosas, porque sabes perfectamente, pero perfectamente, que terminarás tirando la comida a la basura porque aunque solo haya uno, uno solo de esos 100.000 a los que has preguntado que te ponga una mala cara será suficiente para reafirmarte en lo que pensaste nada más sacarla de la nevera: «Está mal, está mal y está mal y la voy a tirar». ¿Y porque no la tiraste entonces? Pues porque eres un paranoico y eres capaz de ir incluso a otra ciudad o a otro país a otro Continente hasta que encuentres uno que te diga: «Muy bien no creo yo… » o «me huele a… » y así autoconvencerte más. Dios, qué nulidad, qué torpe eres.

Y si vives solo y no tienes nada más en casa que echarte a la boca tienes dos opciones: o te vas a cenar fuera o vas a un 24 horas, arramblas con uno o dos botes callos o de fabada, los pones al erótico baño de María, cenas y a sobar que mañana será otro día.

Iba a decir que a mí me ocurre lo mismo, que en cuanto saco algo de la nevera de uno o dos días por mucho que pregunte la comida va a la basura con una rabia….. pero eso era antes. Desde que vivo en la aldea todo es diferente, entre que el súper me queda a 4 kilómetros y que aquí no hay un 24 horas, en menos de un minuto se te pasa la paranoia (que no el hambre) comes lo que sea y te vas a dormir con una sensación de «malo será», y cuando llevas como unos treinta o cuarenta «malo será» y ves que no te ha pasado nada te convences que la comida siempre está buena, pero buenísima, vamos hasta el moho ese medio azulado y verdoso te parece queso de roquefort

Claro que, ahora que lo pienso, a ver si lo que va a ocurrir es que realmente la comida está mal, pero rematadamente mal, fatal, y que quien está bien, pero increíblemente bien, soy yo; que mi cuerpo y mi metabolismo ya se han acostumbrado a todo tipo de contaminación, de putrefacción… pues tío si es así, si esto es cierto que ¡¡¡¡ guay !!!, estoy buenísimo, de salud claro, solo de salud; y del otro…. pues, pues por si cuela mi correo es manuel.guisande@lavoz.es

¿Pero cómo diablos se mata un ratón?

Lunes, noviembre 9th, 2009

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

Contra los ratones, la verdad no tengo nada personal; hombre, profesionalmente no niego que me hubiera gustado entrevistar al Ratón Pérez, pero es difícil porque como a tus hijos se les cae un diente muy de vez en cuando… justo pillarlo esa noche… Así que un día pensé, si me arranco toda la dentadura y cada día pongo uno, malo será que no logre esa exclusiva. Pero también a la vez me dije, pero si dejo el periódico y me dedico a la Televisión o a la Radio, qué hago, empiezo un informativo diciendo: «Losf Filatas Sofmalífs…». No.

Y esto de los ratones viene a cuento porque en casa tengo tres; dos están controlados, pero muy controlados, que son los de los ordenadores; pero hay un tercero que me tiene desquiciado. Lo he visto más de veinte veces y el tío parece un autobús; no porque sea grande, sino porque siempre hace el mismo recorrido y las mismas paradas hasta llegar al fregadero para beber agua, supongo, que aún no he podido hablar con él.

Y en confianza me tiene desesperado porque cada dos o tres horas, en la tranquilidad de la casa, de repente oigo a grito pelado a los niños: «¡¡¡¡ ahí está ahí está, ahí ahí, mátalo, mátalo !!!!». Y te lo juro que de los sobresaltos he chocado con la cabeza en el techo varias veces; ellos dicen que no, que es imposible, pero para mí que sí, porque me duele la testa, pero quizás sea por los gritos.

No sé, el caso es que como además soy el hombre de la casa (eso creen los inocentes) pues tengo que acabar con el ratón sea como sea, como si yo hubiera nacido para matar ratones como el aficionado que está esperando a que abra la temporada de caza con la escopeta ya en la mano. Y es que incluso te aconsejan y te dicen: «¡¡¡¡ Dale con la pala, con la pala, dale, dale !!!!». Para finalmente decirte con cierto aire de fracaso: «Se te escapó». «¿¡¡¡¡ Cómo que se me escapó ¡!!!?», piensas, «¡¡¡¡ desde cuándo el ratón es mío….. !!!!»

Y de verdad que esto es una locura y una paranoia, porque también de vez en cuando dicen: «¡¡¡¡ Ahí está, ahí está !!!!»; si hombre, la Puerta de Alcalá porque lo que ven es un trozo de madera en la lareira, una ceniza, una sombra… y hasta pienso si estos niños se colocan con algún alucinógeno o el campo les sienta mal…. no sé

¿Pero cómo puedo deshacerme del roedor?, pues llevo dos semanas intentándolo. Primero compré un veneno que se llama Ratipón, pero, macho, para mi ratón el Ratipón este ni que fuera un bombón, se lo come a paladas y no la espicha. Y no digo que este veneno sea malo, sino que a lo mejor mi ratón ha sufrido ya una mutación genética y el Ratipón para él es placer de dioses. Además, como viene en bolsitas, a mí me da que cree que es un regalo o algo así.

La siguiente fase fue poner la típica trampa con el queso, que teóricamente al comerlo salta el rudimentario sistema y ¡¡¡¡ plasss !!!, lo aplasta, lo ahoga, lo machaca, lo tritura, lo decapita, lo descabeza, lo estruja… perdona por ser tan bestia pero es que le tengo unas ganas… Pues tampoco. Entonces compré otra en la que teóricamente se mete por un agujerito y también un hierrito lo destroza, ni así; y no sé como hace el tío, que se come todo lo que le pongo y ya lleva, además del queso, casi dos lonchas de jamón y un tarrina de foigrás.

Como el asunto es ya una cuestión personal, me hice con una trampa para topillos, que es un tubo. El animalejo puede entrar por los dos extremos, levanta una tapita de metal, pero luego no puede salir porque la susodichita tapita queda cerrada; bueno, pues que me lo explique el inventor del artilugio porque mi ratón entró se comió lo que le puse y salió. Entonces me hablaron de otro sistema, cola; sí, un pegamento que lo echas en una tabla y cuando va a comer se queda pegado. Pues pegado me quedé yo al ponerlo, manchándome las manos y frota que te frota con agua y jabón durante media hora para sacar aquella porquería pastosa.

Como no es cuestión de cambiarse de casa he decidido poner la bolsa de la basura cerca del fregadero, atar una cuerda al cierre, esperar y esperar y cuando entre… ¡¡¡¡ zas !!!! tiro de la cuerda y atrapado. Es como ir a pescar, pero en vez de relajado, con una tensión que no veas, con un mosqueo… el normal, como para aplastarlo, ahogarlo, machacarlo, estrujarlo, triturarlo, decapitarlo, descabezarlo, descuartizarlo… de verdad, me tiene frito, y los niños más, que a este paso ya no sé a quien matar

Estoy enfermo, ¿tendré la gripe A?

Sábado, agosto 29th, 2009

Cuando escribo estas líneas me encuentro con un trancazo tremendo, en cama, y no sé si es la gripe A, B o C; pero me traen el desayuno a la cama, estoy con una mantita abrigadito, veo películas en el portátil, de vez en cuando leo la prensa y, como el Rey, despacho con mis vecinos que vienen a visitarme. ¿Preocupado? En absoluto, ficho in tempore por esta situación en la que dicen que el pescado es muy bueno y ya me están saliendo escamas, branquias o agallas. ¿Que me pican los ojos?, duermo; ¿que no me pican?, sana lectura, filmes, y en los tiempos muertos (que espero que no sea este) viendo cómo todo el mundo se desquicia con la pandemia.

A mi aldea, la verdad, no creo que llegue la gripe A. Primero porque no tenemos pistas asfaltadas, segundo porque nadie sabe lo que es, y tercero porque ya cada uno, con una media de 60 años, tiene su propia enfermedad y la gripe A (lo sé, aunque no nos lo dicen) busca otros clientes. ¿Y quiénes pueden ser? Pues sean los que sean resolvemos un gran problema: el paro. Que estira la pata uno que no tiene trabajo, pues muerto el perro se acabó la rabia; que lo hace quien está todo el día en el tajo…. hay otros 800.000 que están esperando. Y es que como ni hay guerras…. pues bienvenida una pandemia; vamos, que hay gobernantes chaval que han nacido lo que se dice de pie.

La palabreja en sí, pandemia, no es bonita; más bien fea, no va con los tiempos, pero ha causado una sensación que nunca había visto. En los bares de Oza (que al cambio aquí en la aldea es como ir a NuevaYork), se habla de la gripe A y de otras enfermedades contagiosas con una naturalidad que da gusto oír. No me digas cómo, pero hay un conocimiento exhaustivo sobre cómo nace, crece se desarrolla y muere un virus, y yo, ya ves, tanta Universidad y conocer mundo y sin saber cómo se planta una patata. Te puedo asegurar, y sino que tenga la gripe A, que en los más de diez años que conozco esta zona nunca había visto tanto científico por metro cuadrado y tanto experto en sintomatología, farmacología y prevención; pero por lo que leo en los periódicos (gracias, es que mi mujer que me lo acaba de traer) esto lo mismo ocurre aquí en Oza que en Sevilla, en San Guadix de la Junquera que en Martorell.

No sé tú, pero cuando me hablan del H1N1 no sé si es desconocimiento o insensatez pero digo: «H1N1… agua». Y tan feliz o infeliz me quedo, que nunca se sabe; porque hay quien duda entre vacunarse o no, quien asevera que es una monumental mentira para que se forren unos cuantos, quien dice que hay que hacer testamento y quien ya… como que ves tú que ante una tos te mira con recelo. No es por hacer un eslogan, que no es mi especialidad, pero visto lo visto una pandemia al año no hace daño. Y perdona que el artículo sea tan corto, pero es que tengo que despachar con mis vecinos, tomarme un ligero sopicaldo y si tal… pues duermo. ¿Miedo?, en absoluto. ¿N1H1?, agua. Bueno, si veis que no renuevo el blog… quizás hundido.