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Y como el niño quiere hacer deporte….

viernes, noviembre 18th, 2011

Esto de que los niños hagan deporte es maravilloso. Vas con ellos a un pabellón de deportes y ves a los padres con una pasión, con un entusiasmo, una intesidad… uno leyendo el periódico, el otro haciendo el crucigrama, otro con una novela, otro jugando con el móvil y uno, siempre hay uno, a gritos animando al equipo del imberbe, que hasta te da ganas de decirle: «¡¡¡ Pero hombre, por favor, no grite tanto que hay gente durmiendo… !!!»; vamos, un placer, abrigado hasta las orejas y echando vaho.

Y claro, como los partidos suelen ser por la mañana, allí en el pabellón ves a la gente que se sienta y que a los cinco minutos, ni uno más ni uno menos, se levanta porque se le queda helado el culo al contacto con el hormigón; y entonces, el que tiene periódico lo pone bajo sus posaderas y a ti (como eres periodista) te da un dolor… porque te da ganas de acercarte a él sigilosamente y susurrarle al oído: «Perdone, ¿podría quitar de su analgamen la página 24, que allí estoy yo, que he firmado un artículo y me está más que estrujando?».

Yo por suerte los llevo al pabellón de deportes; pero hay otros que como al niño le encanta el fútbol grande o el rugby… pues al aire libre, tiritando de frío, con el paraguas en una mano y de vez en cuando metiéndose en el coche para poner la calefacción y que le circule la sangre, que La Coruña, aunque no es Burgos, cuando pega pega, y sobre todo por el viento, que son auténticas bofetadas.

Y en esto del deporte la verdad que es una pena que nuestros hijos se dediquen por estas disciplinas mayoritarias como el baloncesto, el fútbol sala o el voleibol. A mí me encantaría estar en cama, que sobre las nueve o diez se me acercara uno de los retoños y me dijera en voz bajita, pero muy bajita: «Papá, que me voy a Vigo y vuelvo en tres horas, que estoy entrenando para la maratón». Y según los oyes, para no descentrarlo, claro, responderle: «Muy bien hijo, muy bien, y no fuerces, que sin cuatro no importa. Ah, y no te olvides del tabaco». Pues no, baloncesto y con el culo tieso, anda que…

Mucho Nacho, mucho Nacho, mucho Nacho es, es

domingo, julio 12th, 2009

En España, hace ya bastantes años, en la década de los setenta, cuando yo era un chaval, de repente en la televisión (en blanco y negro, claro) con una voz de disco antediluviano informaban que, por ejemplo, «El joven palentino Nené Aguayo gana el maratón de Stuttgart». Entonces lo primero que el personal pensaba era, ¿quién es Nené?, para luego (pues viajar no viajaba nadie), interrogarse ¿Y dónde está eso de Sturtar o Estrugar o como se llame?.

Despejada la segunda incógnita, que no importaba nada, pero nada de nada, porque como mucho el turismo que se hacía era ir al bar de enfrente, todos se centraban en quién diablos era ese tal Nené que había vencido a no sé cuantos extranjeros porque por aquél entonces, a los de más allá de los Pirineos se les veía como si fueran de otra galaxia, casi seres superiores.

Nené aparecía entonces en televisión y mientras los otros competidores tenían un físico atlético impresionante y una musculatura envidiable, nuestro héroe nacional, Nené, era escuálido, con granitos en la cara por la varicela, pelo negro como pegado a la cabeza, ojos pequeños con un cierto estrabismo y uno o dos dientes rotos que sobresalían y no precisamente por comer. Y pensabas que si ya era meritorio que hubiera ganado, más que lo dejaran inscribirse para competir sin hacerle antes una analítica para saber qué era exactamente lo que había detrás del dorsal 122. También entonces (obviamente la dictadura aprovechaba todo), a Nené se le hacía una entrevista que duraba la tira y según iba hablando se atisbaba cómo funcionaba este singular país.

Nené, que había ganado el maratón, empezaba a contar (desde luego nada de un centro de alto rendimiento, era boa) que su padre era panadero, que comenzó repartiendo barras por las calles del pueblo y que cada día recorría entre 6 y 10 kilómetros con mollete de pan para aquí mollete de pan para allá. Luego, según explicaba al entrevistador, su padre se vino a más, y ante lo bien que iba el negocio familiar empezó a vender también en los pueblos de alrededor. Así que Nené fabricó una mochila en la que metía 30 o 60 panes y a patear todo el día Tierra de Campos.

Total, que Nené se hacía un maratón al día sin darle la mayor importancia. Entonces ocurría algo misterioso que iba a cambiar radicalmente la vida de Nené y de otros muchos nenés de la época. No me digas ni cómo ni cuándo, impepinablemente siempre aparecía «un señor»; sí, no se llamaba ni Juan, ni luis, ni Gabriel, ni Manolo, era eso, «un señor» que un día vio a Nené, que estaba seguro que tenía cualidades, que hablaba con sus padres, lo subía a un coche y se lo llevaba a Madrid o a Barcelona. Y allí, en unas semanas, sin los 10 kilos de pan en la chepa, Nené volaba y al mes ya estaba participando en competiciones por toda Europa.

Bueno, pues yo soy un Nené blogero de la vida (aunque algo más agraciado físicamente, creo), tanto como que un día no sé que hice que me autosuscribí a mi propio blog y tengo miedo darle a un botón para desautosuscribirme y que todo esto se vaya al tacho. Y como Nené bloguero que era y soy, cuando me hacen un comentario…. allá voy yo directo tropezando por la casa a contestar y estoy tan ilusionado que la respuesta es más extensa que el artículo que escribí, pasan 5 minutos…. y ya estoy mirando las entradas, llego a 800 hits al día… y no tiro bombas de palenque porque el recuento final es a las doce de la noche y no es plan.

Pues en medio de esta inocencia e ignorancia supina blogosférica, como a Nené, en mi vida aparece «un señor», pero con nombre y apellidos, Nacho de la Fuente, que me pone un día a las doce de la noche en su blog La Huella Digital  y al día siguiente por la mañana, a eso de las 10, de los 800 hits que suelo tener en todo un día ya van 1.200, y tengo tantos comentarios que necesito una secretaria para redactarlos.

Pero tiene su lógica porque tu abres el blog de Nacho y si en vez de apartados, etiquetas o como le llamen, cada una de ellos tuviera una luz sería como la cabina de un Boeing 747. Nacho de la Fuente controla todo lo controlable, que si el Twitter y el reTwitter, el ipho y la reipho, el enlace y el reenlace, y es tanto lo que domina Internet que no solamente le dieron en Alemania el Premio Internacional BOBs 2006 al mejor blog en idioma español y en el 2008 por el mejor blog del año en el II Congreso de Webmasters de Madrid, sino que cuando lo veo y le doy la mano me da calambre; de verdad, dicen que no es posible, que Internet no tiene nada que ver con la electricidad, que es una sugestión mía, que… pues digan lo que digan yo siento calambrazos, ¿será por eso de la Red?. No sé.

¿Que cómo es Nacho realmente como persona, además de un buen profesional?. Pues Nacho es, eso, mucho Nacho, mucho Nacho, mucho Nacho es, es; mucho Nacho, mucho Nacho, mucho Nacho es, es.

PD. No me puedo olvidar tampoco, en estas ayudas blogosféricas, de muchos, pero muchos y muy buenos amigos, y de dar también las gracias a Francesc Pumarola Campeny, jefe de área de Canal Voz, que me ofreció crear un blog; al gerente de Canal Voz, Manuel Moreno Berguer, que me apoyó en la idea, así como al subdirector de La Voz de Galicia y mandamás de todo el tinglado digital, Carlos Agulló Leal, que a veces da las oportunas órdenes (por cierto muy, pero que muy bien dadas; vamos, perfectas), para que mi blog se ponga en Facebook y se dé a conocer.