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No entiendo a mis hijas, ¿pero qué dices?

Martes, enero 31st, 2012

O me estoy quedando sordo o ellas hablan muy deprisa… o a ver si va a ser que me estoy quedando lelo, que no me extrañaría, que casi 30 años de periodismo pueden afectar al cerebro, pero mucho, porque eso inglés no es, ¡¡¡ qué va a ser inglés lo que hablan si nunca dice «Hello»… !!! No sé, yo lo que sé es que a mis hijas no las entiendo, no las comprendo, y aunque se llaman Alejandra (15 años) y Victoria (11), para mí son «¿Qué?». Sí, «¿qué?» porque me paso todo el día diciendo «¿qué, qué , qué?» y como respuesta suelo recibir un «bo… » o un «uummmm… », que no significa nada pero que lo dice todo.

De verdad te juro que muchas veces, cuado hablan yo digo sí, pero digo sí ya por inercia, de forma inconsciente, espontánea, sin saber realmente porqué lo digo y, claro, después me llevo la sorpresa de… : «¡¡¡ Papá, dijiste que sí, dijiste que sí !!!» y yo interiormente me desespero porque no sé ni cuándo ni dónde dije sí, que por lo que me dicen respondo cada sí… tela, que es como si no tuviera juicio o que tienen un padre que es un pasao, un inconsciente, que de esto último algo hay.

Yo a estos niños de ahora no los entiendo y además piensan de tal forma que creen que lo sabemos todo, como si fuéramos Google pero con pies: «¿Te acuerdas de Lorena?», pregunta Victoria, así de repente, y yo digo «sí» medio acongojado, con la mirada extraviada, con el pulso acelerado, y como en internet pienso: «Voy a tener suerte»; pero claro, como son muy listos y se las saben todas, te cuestionan: «¿Y quién es?» y en esos instantes te entra un frío en el cuerpo… que si fuera el de la Guardia Civil ná, pero como es el mío…

Yo he descubierto, después de oír entre 700 y 854.000 veces «papá es que no me haces caso, es que no te enteras, es que… », que la respuesta a este tipo de preguntas te la puedes jugar al 50% diciendo: «Sí, esa niña que es rubia», porque es rubia o morena, no hay otra (bueno, está la pelirroja pero esa no cuenta); pero si quieres tener más posibilidades te lanzas a la «solución metro» diciendo, pero con confianza, eso siempre, con confianza, pase lo que pase: «¡Ah!, esa que es como tú de alta» y si es… alivio y si no…. siempre puedes negociar lo de la altura.

Yo a mis hijas, como tú a las tuyas, las quiero, las adoro; sin ellas no podría vivir pero con ellas… ¡¡¡ tampocoooo !!!, me ponen en cada aprieto… Yo he llegado a un punto que ya no me atrevo a preguntar nada, ni si esa serie de la tele es tal o cual, si esa canción es de este o aquél grupo o si… todo me parece tan igual, excepto el «bo… » o el «uuummmm..», que me dicen ellas, que no significa nada pero que lo dice todo, bo…

«Papá, ¿puede quedarse a dormir?»

Viernes, mayo 6th, 2011

(situaciones inherente al cargo de cabeza de familia)

Te lo juro que llegué a pensar que había niños abandonados, que mi casa era una ONG o un centro misionero, yo el Padre Guisande (con sobrina, claro) y que me ocultaban una cruda realidad porque saben de sobra que si ando triste no estoy para escribir cosas de humor. Y todo esto lo cavilaba porque una semana sí y otra también mis hijos me dicen: «¿Pueden Juan y Luisa quedarse a dormir?».

Y era decirles que sí, y oye; o yo soy muy despistado o estos tíos muy listos, porque para mí que no pasaban ni cinco minutos y ya habían tomado la casa con sus bolsas de deportes, repartido las literas y organizado el día… no, si yo sé que el mundo va muy deprisa pero tanto…

Yo no digo nada; pero me he visto hablando por teléfono con más padres y madres… que al final es que me lío y llamo a uno y me dice que no, que su hija no está en mi casa, que está en la suya, que esa Luisa de la que le hablo es otra Luisa, también compañera de clase de mi hija, y a este paso me da que mis hijos se van a quedar sin amigos y que nunca más volverán de finde porque… ¿te imaginas que alguien te llama para decirte que si puedes dejar a tu hijo en su casa y contestarle que tu hijo no está en su casa, que está contigo tranquilamente viendo la tele, y que por cierto el Dépor gana 1-0?, ¿qué clase de persona, de padre, de ser humano, de cabeza (si la tiene) de familia es la que no sabe ni a quién tiene en casa?, ¿dejarías a tu hijo pasar una noche con esa gente a la que, además, solo conoces por teléfono?.

Yo en principio no; pero claro, si le explico al padre que esto más que una casa los fines de semana parece el metro, que entra y sale uno y luego otro… y que ya no sabes bien quien es el que viene de visita o el que se queda a dormir… porque claro, no vas a llevar un registro y que cuando llegue uno le digas: «Bienvenido joven, ¿se llama usted?. ¿de visita o a dormir, acompañado o solo, cama individual o doble?. ¡¡ Ah, bien !! tome, habitación 3, al fondo a la derecha. Por cierto, no se olvide, que el desayuno lo servimos a las 10».

Distintos
Es que además, los niños de ahora son distintos. Tú antes preguntabas a tu padre o a tu madre si te dejaban ir dormir a la casa de un amigo porque éste previamente se lo había dicho a su padre y éste te llamaba y lo normal era que lo dejaras. Ahora te dicen que si Juanito si se puede quedar a dormir pero el angelito no se lo ha dicho a sus padres, con lo cual te ves llamando a familias y más familias como si tu tuvieras un interés bárbaro en que el chaval se quedara.

Y entonces, cuando no te confundes de crío, pues le dices al padre lo clásico: que lo deje, que es bueno que los niños se conozcan, que se interrelacionen, que además en el campo están aire libre, que hace buen tiempo, que no hay ningún peligro, que son muy amigos… Vamos, acabas de conocer a un chicuelo que se llama Juanito y solo te falta decirle al padre que le tienes un cariño loco y que es el hijo que siempre añoraste tener. Le pones una ternura al asunto sin comerlo ni beberlo… cuando la realidad es que hay días que te sobran todos…

Si a mí, la verdad, en el fondo, que se queden a dormir no me importa; lo que no entiendo es que se queden a dormir y no duerman y en cuanto te despistas te encuentres a uno con un pie en la boca de otro o con la mano como si se la quisiera meter en la oreja o arrancarle los ojos e incluso alguno tirado en un sofá con la cabeza colgando. Y te ves acarreando niños de aquí para allá que aquello, porque nos conocen, te lo juro que nos conocen, pero que visto desde fuera… vamos, yo observo desde fuera a un tío portando niños al hombro de aquí para allá como si fueran fardos y entro a saco con fuego cruzado y con la sioux lanzando flechas y con el cuchillo entre los dientes a cortar cabelleras, vamos que si entro… que no me conozco yo si le hacen algo a un niño… incluso a mí…

Las madres y las comidas

Lunes, noviembre 29th, 2010

No sé que pasa, pero a veces, cuando estás en el comedor del periódico y por cualquier circunstancia uno habla de platos, siempre hay alguien que dice: «Pues mi madre hace una fabada… », y luego otro añade «pues la mía unas albóndigas… ». Y si hay siete personas en la mesa, seis cuentan las maravillas de la cocina familiar mientras una; osea yo, pues como que me siento un huérfano gastronómico.

¿Tú comprendes que a alguien se le queme unos espaguetis, un caldo, una sopa, incluso un huevo cocido? Pues yo sí, a María Teresiña, mi madre y, claro, te preguntarás ¿entonces que comía yo en casa? Pues como era lo más sencillo de hacer, bistés, bistés y más bistés. Es más, yo creo que si mi padre cuando se casó hiciera un plan estratégico financiero y hubiera comprado 40 vacas, las hubieran abierto en canal, trocearlas en bistés y ponerlos al vacío para los próximos 40 años… un millón de las antiguas pesetas las había ahorrado, o dos o tres.

Yo otra cosa no, pero he visto tantos bistés en mi vida que recuerdo que al final, ya más que comerlos (cómo ya sabía a qué sabían, joé que si lo sabía) me entretenía viendo las chuletas en el plato y con las patatas amarillas a un lado me imaginaba así como un desierto con un calor asfixiante y al fondo el sol resplandeciendo en las montañas/tubérculos.

En muchos bistés, pero no en uno, sino que cuando digo muchos puede ser unos 9.000, para pasar el tiempo veía por su forma el mapa de Alemania, el de Holanda, el de Bélgica e incluso vi venir la desintegración de Rusia y Yugoslavia. Cierto es que con tanto bisté sacaba 10 en Geografía, pero en lo que fue la educación del paladar… pude nacer perfectamente sin él o ya de tenerlo donarlo, total para lo que me sirvió…

Y tanto bisté de vaca me comí en mi vida y tan harto estaba que (y no me duelen prendas) yo soy la única persona en Europa, y si me apuras en el mundo, que cuando comía en un Colegio Mayor o incluso ahora mismo en el periódico, engorda. Como te lo digo, engordo y hasta creo que ancheo; hombre, no te digo que se me ponga una cara rechoncha, que yo como los zapatos, más bien soy de horma estrecha, pero que cojo kilos con esta comida variada… seguro.

En ocasiones he pensado como soy, pero no por la forma de ser, de carácter o si soy noble, no; sino como soy en lo material, de qué estoy hecho, y estoy convencido que si me hicieran una biopsia seguro que los resultados arrojarían que estoy compuesto por un 98% de ganado vacuno y un 1 o 2% de productos varios como lácteos, leguminosas, hidratos etc. Y claro, con un metro ochenta de altura y raspando los 68 kilos, no puedo decir que me sienta fuerte como un toro, no; sino que por lo comido, pues más bien… más bien como tirando a vaca ¿no?.

PD._ Dedicado a mi madre, María Teresiña, a la que quiero y que bastante hace en aguantarne

Lo de los mineros estaba preparado

Jueves, octubre 14th, 2010

Al final, después de oír tropecientas veces «chi-chi-chi, le-le-le…¡¡¡ Chi-le !!!!», los 33 mineros fueron rescatados. ¿Fin de la historia? Sí hombre, eso crees tú, y no porque ahora vayan (que irán) de plató en plató, entrando por debajo de los estudios de las cadenas de televisión haciendo un túnel, que sería lo auténtico, no; ahora empieza la paranoia, pero no la paranoia de ellos, que por lo que se vio en la tele estaban muy bien, sino la del personal que investiga el más allá. ¿Y cuál es?, muy sencilla.

La primera: ¿Por qué quedaron atrapados mineros y no submarinistas, por ejemplo, que también andan por las profundidades?; pues muy sencillo, la palabra «submarinista», en plural, tiene 13 letras, mientras que «mineros» son 7, el número cabalístico, el de la predestinación. Y pese a que el 13 tiene lo suyo, suelta tú esto de «cabalístico» y ya hay más de 100.000 descerebrados y esquizofrénicos en todo el mundo a desgastar la materia gris porque el 7, entre otras miles de cosas, son los pecados originales; las últimas frases que Jesús pronunció antes de morir en la cruz; las letras del nombre de la mina, «San José»… y no te lo pierdas, el nombre de Antonio, que parece que es una tontería, pero no porque no es un Antonio cualquiera, es Don Antonio Molina, el auténtico, el de Soy minero, la repera, la intersección planetaria, la conjunción astral, el no va más de las ciencias ocultas, la caraba en bicicleta. Y lo que supera todo, que Soy minero lo puedes escuchar ahora en un MP-3, ¡¡¡ sí, otra vez el 3 !!!, el 3 del 13. Dios, esto es el fin del mundo y si no es poco falta, pero yo me voy.

Y es que esto es mucho, mucho mucho, tanto que al escribirlo me está dando un no sé qué, me tiembla el pulso, las pestañas, las cejas… pero no cejo porque, parece que no, lo de Jesús que tanto mencionaron los mineros al salir tiene lo suyo en este asunto, ya que ¿cuántos mineros eran?, 33; ¿cuántos años tenía Jesús cuando murió?, 33; pero porque todo salió bien y no murieron como Jesús, pues muy sencillo hombre, porque cuando hay que hacerse una foto para sonreír ¿qué hay que decir?, 33, 33, 33. Alucinante, increíble, apasionante, acongojante.

¿Y todo esto es casualidad?, según los expertos del más allá y del nada acá, de casualidad nada, todo organizado y preparado en la cuarta o quinta dimensión, en la inexistencia diabólica del ser inconsciente, en las fuerzas del bien y el mal en… porque, ademá, ¿cuántos días estuvieron enclaustrados?, 69, chaval, 69, un número también muy especial; y tú espera 7 meses (porque estos como hay Dios que salen sietemesinos) y verás que ni un día más ni un día menos, 69, que a veces (bastantes) son dos números.

¿Y cuántos periodistas cubrieron la información?, pues 1.500. Sí, 1.500. ¿Y qué tiene que ver los 1.500, con lo 33 mineros, con el 7 cabalístico, el sietemesino y el 69? Pues nada, esto de 1.500 es otra línea de investigación, pero sigue tú que yo, de verdad, es que no puedo.

PD.- Enhorabuena, Chile

YA VAMOS EN EL PUESTO 26 ¡¡¡¡ GRACIAS !!!!!

A falta de una votación para que termine el concurso Bitácoras.com hemos pasado del puesto 92 al 26. Todos gracias a vosotros, a los que no sé como explicar el afecto que os tengo. Este es el enlace para votar, que aún se puede en el aparatdo de HUMOR, pero creo que hay que registrarse http://bitacoras.com/premios10/votar

Por otra parte, la amiga del blog, la pintora Mariola Heredero expone en el Casino del Atlántico, en La Coruña, del 13 de octubre al 2 de noviembre. Domingos festivos de 8 de la tarde a 3 de la madrugada. Para entrar es preciso DNI o pasaporte al tratarse de un casino de juego. De verdad que si queréis invertir, es una oportunidad, nunca engaño.

Y los Reyes Magos me trajeron…

Miércoles, enero 6th, 2010

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

De verdad que yo no sé qué hace la Nasa enviando sondas al espacio para averiguar si hay vida inteligente en otro planeta… pues la hay porque si no ¿cómo se explica que los Reyes Magos llegaran a mi aldea después de casi 15 años sin venir? Pues eso solamente es posible a que una mente superior los guió a este recóndito lugar, no cabe la menor duda, vamos, fijísimo.

¿Y qué pusieron los Reyes en mi casa a mis vecinos? Pues a Maruja una cestilla para el pan, que no parece mucha cosa ¿verdad?, pero es que a Virtudes otra y a la familia Caseto otra, ¡¡¡ impresionante !!!. Pero es más; las tres cestitas, las tres, son iguales, idénticas, pero cuando digo identicas es eso, idénticas idénticas… increíble.

¿Y a Manolo? Bueno, esto ya es para ponérsele a uno los pelos de punta. Un día antes de que llegaran los Reyes, que no hablo de un mes o una semana eh, no; un solo día antes dijo que en el monte hacía mucho frío por la mañana cuando va a trabajar, ¿pues qué creéis que le trajeron los Reyes, qué podéis imaginar, si tenéis capacidad para ello? ¡¡¡ Seis pares de calcetines, seis pares !!!, toque el género señora, seis pares como seis soles. ¡¡¡ Im-pre-si-o-nan-te !!!.

Pues si esto es ya de por sí sobrecogedor, lo que es escalofriante es lo que me trajeron a mí. Esto… es que me tiembla el pulso al escribirlo. En ocho meses que llevamos en la aldea he pasado de la típica corbata, el pañuelo y el llavero a… no os lo perdáis. ¡¡¡ una carretilla !!!, como lo digo, ¡¡¡ una carretilla !!!, pero de las de verdad, no de jugar.

Mira si habrá vida inteligente que ni yo mismo sabía que necesitaba una carretilla hasta que me di cuenta que enfrente de casa hay como cuatro toneladas de madera para acarrear. ¿Y cómo pudieron saber que necesitaba una carretilla cuando ni yo lo sabía? Pues por eso, porque hay vida inteligente, y esos seres que la Nasa busca que te busca y que han guiado a los Reyes a mi aldea han sido ellos y solamente ellos los que han abierto mi mente hacia una nueva dimensión: la de la leña.

¿Que cómo es la carretilla?. Bueno, bueno, bueno… Preciosa, nunca vi una carretilla igual; color azul cielo; con unos manguitos haciendo juego; con una rueda de goma negra preciosa, hinchable y deshinchable; con una estructura metálica que se nota que ha sido echa a conciencia, muy aerodinámica, con unos bordes puliditos… buah.

Como yo soy muy cuidadoso, porque mi madre siempre de pequeño me decía «no toques, no toques»; pues eso, ni la toco, y como aquí hay mucho verde, la tengo aparcada en zona de residentes. Pero no creáis que me conformo con que esté bien estacionada, ¡¡¡ qué va !!! , cada dos por tres (6) desde la ventana de casa la veo, y a veces me acerco a ella, la miro, la remiro, la limpio con una balletita y tengo unas ganas de utilizarla… pero como no encuentro el manual de instrucciones me pregunto: «¿Y si la estropeo, y si… no vaya a ser que…?» Ni hablar, hasta que no encuentre el manual, ni tocarla, pero bonita bonita es… bueno, nunca vi cosa igual, pero nunca.

El preso, el juez y el permiso

Viernes, junio 19th, 2009

Los presos suelen pedir permisos al juez de Vigilancia Penitenciaria para pasar unos días fuera de la cárcel; es casi su obligación, como para algunos intentar fugarse, ya que es algo inherente al cargo, y otros evitarlo, otro tipo de cargo, claro. Unas veces con razón y, otras, poniendo cualquier excusa a ver si cuela, envían su solicitud al juzgado y esperan la respuesta. Pero en ocasiones, cuando el juez visita el penal, son ellos mismos los de que palabra se lo piden.

Una vez, en una de esas visitas, un recluso pidió unos días libres. El juez, que entonces en Galicia era Manuel González Nájera, miró el informe del centro penitenciario, cómo se había comportado, el delito que había cometido… y tras pensarlo un poco en medio de un silencio sepulcral se lo denegó. Otro levantó la mano y también pidió un permiso. Nuevamente el juez miró el tocho de papeles y sin más miramientos, al instante se lo concedió. Entonces, al que no se lo había otorgado, levantó nuevamente la mano y visiblemente molesto le dijo: «Señor juez, yo no entiendo esto».

«¿Qué no entiendes»?, le preguntó el magistrado, al que le gustaba tratar a los presos de tú. «Ese hombre al que le ha dado el permiso mató a su madre, a su madre, y a mí, que solamente robé unos radiocasetes, nada. No lo entiendo», explicó el recluso. «Pues es muy lógico», comentó el juez, para luego continuar. «Es cierto que él mató a su madre, pero como madres solo hay una, qué va a hacer, nada; pero tú, vamos, tú en cuanto salgas hasta me robas a mí el radiocasete». Posiblemente lo entendió.

Mi madre, tú, yo, el blog y la miñoca

Jueves, junio 18th, 2009

Yo pensaba que era periodista, pero desde que tengo este blog he descubierto gracias a mi madre que no sé muy bien si realmente lo que soy es pescador o mago. Y es que desde que un día llegué a su casa con un portátil y le expliqué cómo funcionaba el blog, con sus estadísticas y otros datos, de vez en cuando me llama por teléfono y, en vez de decir, cuántas «visitas» o «entradas» he tenido, su frase es: «Y hoy, ¿cuántos picaron?». ¿Picaron?, sí, picaron, y la verdad es que desde entonces, cuando escribo, sino creo que soy David Copperfield, me siento miñoca y usted, pues usted, que según mi madre es el que pica, será una sardina, un pancho o un lorcho, que quiera que le haga, lo digo como lo siento.

Yo comprendo que a mi madre, Teresa o María Teresiña, como a otras muchas teresiñas del mundo, esto de la Blogosfera les queda muy pero que muy lejos.Y cómo no les va a quedar muy pero que muy lejos a unas personas que nacieron en una época en la que casi no había automóviles y en unos años vieron como el hombre caminaba por la luna y de un día para otro les cambiaron hasta el padrenuestro….

Para todas esas teresiñas esto de Internet es alucinante y también para mí, la verdad, que un día no muy lejano fui a preguntar por una PCU a una tienda de informática y al tipo que estaba detrás del mostrador (y creo que desde entonces aún sigue allí sin pestañear) le dije PVC, y tan feliz me quedé, pero esta es otra historia.

Como digo, para mucha gente el cambio ha sido estratosférico. Antes, cuando hablabas por teléfono con alguien que, por ejemplo, había ido a una fiesta, le preguntabas: «¿Y estuvo menganito?», si había estado te decían: «Sí vino y lo pasamos muy bien con él. Es simpatiquísimo». Ahora ya no hace falta que te contesten; ahora, vía multimedia, te mandan una foto del susodicho en la fiesta o un vídeo donde descamisado, con una copa en una mano y un gorro de cartón en la cabeza te dice a grito pelado. «¡¡¡Sííí, estoy aquí y os quiero mucho, guajuuuuuuu!!!». Lamentable.

Pero hay más, antes, las mujeres, cuando salían de compras y regresaban a casa, luego hablaban con sus amigas por teléfono y las explicaciones eran flipantes: «Pues vi una falda plisada, y una camisa de lino, con tirantes cruzados por detrás, haciendo un dobladillo en forma de espiga, pero al bies….» Y así la conversación podía durar horas, días y semanas y lo más increíble, se entendían o creían entenderse. Ahora no, ahora ni plisadas ni bies ni dobladillo ni el famoso escote «palabra de honor», te pueden enviar de la prenda que viste unas tres o cuatro fotos al móvil y… casi como el de la tele: «Así la hemos visto y así se la hemos enviado».

Y si nos alejamos en el tiempo, a los años cuarenta o cincuenta, el asunto ya sobrepasa lo imaginable. Entonces, cuando alguien quería ponerse en comunicación telefónica desde Madrid con una persona de, pongamos Huesca o Guadalajara (por cierto, ¿Guadalajara existe, alguien conoce a una persona de esta ciudad?), pues a la casa del oscense o del guadalajareño llegaba el cartero con una notificación en la que se indicaba que al día siguiente, a tal hora y no a otra, iba a recibir una llamada en Correos; y el personal esa noche ya no dormía pensando en qué le iban a decir desde la capital de España. Ahora… ahora ya puedes estar paseando por la playa, visitando un museo o estar en el cuarto de baño que hasta allí llegan las llamadas, no te dejan vivir, muchas veces molestan, cansan, incordian e interrumpen una conversa……. perdón, suena el móvil, seguro que será mi madre, le diré, querida sardina, pancho o lorcho, que hoy «picaron» bastante, pero bastante, en el blog de la miñoca. ¿No?, sí.

Los franceses, la comida y el sexo

Lunes, mayo 25th, 2009

El próximo día 4 de junio voy a Francia a una boda que, por lo que ya me previnieron, dura dos días; es decir, que comes-bailas-duermes, comes-bailas-duermes, y supongo que después, al final, duermes de todo lo que comes-bailas, porque si no es así…

Desconozco como son las celebraciones de las bodas en el país vecino, pero lo que sí sé es como son las comidas de los franceses, inaguantables, desesperantes, y siguiendo un ceremonial que hay que seguir paso a paso. Cuando te invitan a una comida en plan bien en una casa, lo primero que te ofrecerán los anfitriones antes de sentarte a la mesa será un aperitivo a base de cacahuetes, galletitas, pistachos y otros frutos propios de las gallináceas mientras te tomas una copilla más o menos dulce de sabor indescriptible pero agradable.

Después, pasado unos quince o veinte minutos, te sentarás a la mesa, habrá dos primeros platos y, de repente, como si fuera un paréntesis en la vida gastronómica, el mundo se para, se detiene, y llega la pasión de los franceses: los quesos. Entonces, en la mesa colocarán unas impresionantes fuentes y con una cursilería de narices, con unos suaves movimientos que más que un comensal pareces un cirujano cardiovascular, con un tenedorcillo irás cogiendo de los diferentes tipos mientras hablan y hablan de dónde proceden y de las diferencias entre unos y otros: si uno es más pastoso y si el otro es menos cremoso, si aquél es más fuerte y el otro más suave. Luego, después de casi una hora, sí, una hora, porque una comida que se precie dura entre cuatro y cinco, las bandejas desaparecerán y se seguirá con la comida, los postres, el café y copas. Que eres fumador… Pues si en la casa son de la liga antitabaco (No fumar puede producirles este aburrimiento, te da ganas de poner en la entrada de la vivienda), aunque los acabes de conocer puedes levantarte (ellos no lo consideran de mala educación) ir a una ventana y fumar un cigarrillo.

¿Y de qué hablan los franceses además de los quesos; de los vinos, que es otra de sus pasiones y de, obviamente, el champagne?. Pues no me diga porqué, pero no hay conversación en la que no salga a relucir el sexo, siempre el sexo, y da lo mismo que te invite el ministro de asuntos exteriores que un tornero fresador. Los franceses están obsesionados por el sexo y lo peor que puedes hacer en una comida es decir la frase tan típica y española de: «Es que este niño es clavadito al padre». Anda, di eso por listillo y descubrirás que el pequeño no es del «clavadito padre», sino de la «desclavadita madre», que su vez se divorció del íntimo amigo del «clavadito padre», que todos dicen que es el verdadero padre, pero que tampoco está claro porque por entonces se cree que la «desclavadita madre» mantenía una doble relación con otro que sí que dicen que es el «clavadito padre»: vamos, una melé. Y si habrá un mosqueo generalizado entre los franceses en todo lo que son las relaciones humanas, que cuando a una casa llega la factura telefónica, en ella figuran todos los números adonde se ha llamado excepto los tres últimos dígitos. Dicen ellos que es para preservar la intimidad y que eso ocurre en todos los países; sí hombre sí, en todos, clavadito.