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Houston, tenéis un problema (IV)

miércoles, abril 21st, 2010

Si en el artículo anterior hablé de la decepción que me produjo los rascacielos, ya que no son tan altos como uno imaginaba, en este hablaré de otra. La segunda decepción que me llevé en Estados Unidos fue el Centro Espacial de la NASA, en Houston, donde lo único que impresiona es el nombre: Centroooo Espaciaaaaallllllllllll, porque después… lo que es espacio, espacio sobra porque ver lo que se dice ver no ves mucho.

Un lugar bastante rácano lleno de jueguecitos informáticos que cualquier chaval puede tener en su portátil… nada del otro mundo (ya quisieran ellos), como tampoco sus instalaciones, eso sí, de este mundo.

Y es que el problema está en que todos hemos disfrutado de tan increíbles y maravillosos reportajes sobre la NASA, de cómo se entrenan los astronautas en las piscinas, en el agua, en condiciones similares al espacio, que cuando llegas al Centro Espacial, como mínimo crees que te van a poner en una sala de ingravidez y «mira como vuela el boli Manolitaaaaaaa… », que vas a pisar una superficie similar a la de la Luna o como mínimo que te pondrán imágenes tridimensionales…

Vamos que crees que de allí saldrás casi hablando inglés, despidiéndote de tu mujer y tus hijos en el aparcamiento y dando saltos porque se te metió en la sesera y no hay quien te lo quite que vas a hacer un viaje a otro planeta y que sales mañana mismo; aunque no, que tu coche está estacionado ahí, a la izquierda, que es un Ford y que te vas a Gerona ya. Qué le vas a hacer, más que efectos colaterales lo tuyo son daños irreparables, tómatelo así.

Pues no, en el Centro Espacial, houston es todo lo contrario; te llevan en autobús descapotable a 20.000 sitios, te enseñan maquetas y más maquetas, reproducciones y más reproduciones de cohetes, alguna parte de una nave que voló… y mucha, mucha explicación, tanta que hasta empiezas tú mismo a hacer una cuenta a atrás para ver cuando acaba la visita y como que nunca llegas al three, two, one, zero.

Y en el zero es cuando te das cuenta de que todo lo que has visto, lo que te han mostrado, es el pasado, lo que más o menos conocemos, pero no el futuro, lo que deseamos saber, lo que nos intriga.

Pero cuando tu mente vuelve a la realidad, al presente, te percatas que el presente, el auténtico presente es que tras recorrer las instalaciones, lo único que te queda de consuelo es que si Neil Amstrong pisó la Luna, tú, al menos, pisaste el Centro Espacial de Houston; y se me apuras, allí más que en otro sitio, si eso sigue así de rácano, se puede decir aquello de: «Houston, tenemos un problema». Y lo tienen, que si lo tienen.

La Nasa, la patata y, desgraciadamente, desgraciadamente… siempre yo

lunes, marzo 29th, 2010

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

Os lo juro que es más fácil llevar cualquier artefacto a la Luna o a Marte que plantar patatas, ni lo dudes. Es que si envías un aparato a cualquier planeta todo está milimétricamente calculado, estudiado, analizado, controlado; pero la patata… dios que descontrol

Tu por ejemplo eres el jefe de operaciones de un vuelo espacial ¿no?, pues no, no lo eres, qué vas a ser… Vale, lo eres, pues te llega un tipo con ojos rasgados que nació en China y que sabe de lentes de aumento que no veas y te dice: «Mire, aquí tiene la lente infraestelar que quería para la exploración marciana, con un zoom de 1.000 X 100.000.0000, un centímetro de diámetro y 1,10 miligramos de peso».

Claro esto te lo dice el paisa este después de haber estudiado durante 20.000 años lentes y más lentes y es el único en el mundo (claro, parvos no hay tantos) que decidió analizar la estructura molecular de los incrementos de visión en relación con los campos magnéticos y su aplicación en la estratosfera con polvo cósmico. ¿Quién estudia todo esto en el mundo, a ver quién lo estudia, listo más que listo?, pues, uno, solamente uno; ¿y quién es ese uno?, pues Chin Pintin Tin, el pavo ese de los ojos rasgados.

Pues bueno, va el jefe de operaciones y a lo mejor, porque ya se comió la hamburguesa, dice: «Vamos a pesarla», y allá van un tipo con bata y con unos guantes blancos y 30.000 tíos detrás en plan procesión Semana Santa con la lente en una cajita de cristal a un aparato que puede llamarse medidor subacuántico preatómico de estabilidad infinita.

Pesan la lentilla de las narices y… no da los 1,10 miligramos previstos sino 1,12. Entonces el tal Chin Pintin Tin dice al jefe de operaciones: «Ve esa zona oscura en el borde, es grasa humana; alguien por un descuido la tocó y la grasa humana en la Tierra, teniendo en cuenta las condiciones atmosféricas, la gravedad, la densidad de la sedimentación acuosa y la gravitación solar a hoy, 30 de marzo, siendo las 17.05 horas, supone que aumente el peso en… ».

Y te saca el tío 2.000 folios con dos bemoles, te asegura científicamente que la grasilla esa si se limpia queda la lente en 1,10 miligramos… Y dicho y hecho, se limpia con otro artilugio que nada tiene que ver con el Cristasol… y tío 1,10 miligramos, clavao, alucinante. Y lo mismo el que idea las antenas, el radar o las ruedas para que la maquinita de marras circule por suelo marciano o por Ferrol, qué más da.

¿Y por qué ocurre todo esto?, pues porque todo esta milimetrado, calculado, estudiado, medido y supermedio y porque la base o fundamento son los números, las matemáticas, una ciencia exacta, tanta como que yo no dejo de fumar así me maten. Pero en el asunto de la patata no hay matemáticas que valgan porque… ¿cuándo se planta? El 30 de marzo… antes de Jueves Santo, después de Jueves Santo, entre el Jueves y el Viernes Santo… cualquier día aunque no sea Santo… antes de la primera procesión del Silencio, después, cuando la luna es llena, cuando es cuarto menguante, medio creciente… ¿pero estamos hablando de la patata, de un parto provocado o de una reunión para jugar a la ouija…?

Entonces descubres que en esto del tubérculo, al no haber nada exacto… ni te cuento. Vas a un bar y te dicen: «¡¡ Qué !!, ¿plantaste ya?», y contestas que no, que según tu maestrillo-vecinillo lo harás la próxima semana. Y entonces el tío te mira y te dice: «bo, ya nada». Y te preguntas «nada qué», pero no es una «nada qué» normal, es un «nada qué» de los nervios, más o menos un «¡¡¡¡¡¡ Nada quééééé !!!!». Y te responde, «que ya no te salen las de cedo (temprano)». ¿Qué cedo, qué temprano?, si yo solo quiero patatas.

Y luego, el experto te dice que hay patatas que se plantan antes y que… «¿y los tomates?», te pregunta, y cuando comentas que más tarde, añade que «depende del tipo que quieras, porque algunos son de cedo» y te dices «¿cómo que el tipo que quiera… ¡¡¡ también los hay de cedo !!!?
pues la roja, la de siempre, la de toda la vida… esa de rodajas». Y descubre que hay como 4.000 variedades y ya cuando llegas a la cebolla te lo esperas, y no falla, «¿pero qué plantas, cebolla, cebollino, cebolleta?». «Joé, la que pica, la de siempre, la que cortas y lloras… ¿o es que aquí también hay de cedo?».

Y mientras el tipo se ríe, te lo juro que en ese momento te da ganas de retirarte de la agricultura, coger de lanzallamas y arrasar con toda la huerta o hacerte el harakiri y decirle al de bar: «Por favor, antes de que me suicide, me podría dar un bocadillo… ¿que de qué?, pues de lo que quiera, de patata, de cebolla o cebollino, pero cedo, digo pronto, que éste tío, este tío me mata».

EXPOSICIÓN DE JACINTO RUIZ
Mi compañero y periodista Jacinto Ruiz, expone del 31 de marzo hasta el 4 de abril, su primera muestra pictórica en Equiocio, en Ferrol. Este es uno de sus cuadros

Cristiano Ronaldo, la aldea y Manolo

miércoles, julio 8th, 2009

La verdad que no puedo negar que tengo amigos simpáticos, que rozan la genialidad aunque más bien siempre el surrealismo, y esto que os voy a contar acaba de pasar hace menos de media hora (son las 21.30 del 10 de julio de 2009).

Me encontraba ahora mismo en casa, en la aldea, cuando llamaron a la puerta. Bueno, para los que no están muy habituados al campo explicaré que en las aldeas se llama de una forma peculiar, que más bien parece que te van a desalojar los antidisturbios o entrar los Geos. Lo cierto es que (y este es un pensamiento al margen del asunto) nunca me imaginé que la madera fuera tan dura. Pues eso, el caso es que llegó uno de mis 11 vecinos, Manolo Vázquez Domínguez, de profesión ex maderero y agricultor a tiempo parcial, la verdad que a tiempo muy parcial.

¿Cómo es Manolo?. Pues difícil definirlo; es un hombre de campo, muy de campo,exactamente del Camp Nou. Y como aficionado al deporte que es, estábamos hablando de fútbol y en un momento de la conversación le digo: «Mira que habrá paro en España como para que a la presentación de Cristiano Ronaldo hayan ido 75.000 personas». Y él, que es muy campechano, va y me responde tratando de equiparar el mérito de las personas .«¿Y qué hizo?, nada», para luego añadir como si tal cosa. «En cambio, el que fue a la luna, cuando llegó allí no había nadie».