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Las ciudades se parecen a…

jueves, abril 19th, 2012

Estaba yo pensando que hay muchas ciudades que se parecen. Por ejemplo, La Coruña se parece a Gijón porque ambas tienen una playa en medio de la ciudad, lo mismo que a Cádiz o a San Sebastián; pero no, por mucho que pensaba no era eso.

Así que estaba en esa peligrosa nebulosa mental cuando me di cuenta que las ciudades, pero todas, absolutamente todas, se parecen ¿en qué, a qué?, pues al parchís. Ya ves, yo pensando en playas, en calles, en la gente, en monumentos, en la gastronomía y resulta que para mí se parecen al parchís. De verdad que estoy por tirar este cerebro que tengo; el parchís, el parchís… manda carallo. Ahora entiendo cuando un día dijeron: «¿Guisande?, un gamba, todo aprovechable menos la cabeza», iban a tener razón, la van a tener.

Pues en esas estaba y llegué a la conclusión que las ciudades y el parchís se parecen porque en el juego sales de casa, lo mismo que en las ciudades, y aunque en el parchís lo haces con un 5 (he dicho que se parece, no que sea el parchís) en las urbes puedes hacerlo a la una, a las cuatro, a las cinco o las nueve.

Pero una vez que sales, estás en seguro. Es decir, que ahí no te pasa nada porque todo lo que te rodea es conocido, te sientes protegido, en tu ambiente; pero si decides aventurarte por ahí andando, a dar una vuelta… entonces ya te arriesgas porque así, sin comerlo ni beberlo la gente con la que te encuentras te puede comer, que a lo mejor no te canta las cuarenta, pero sí veinte, que ya es suficiente; o los coches, salvo que estés en el paso de peatones, donde el semáforo, que ahí estás otra vez seguro.

Claro que si abandonas el seguro semafórico y cruzas las calles con otros a la vez, aunque puedan pasar los vehículos formas una barrera y no te pasa nada y también estas seguro, a no ser que a varios se les ocurra correr y te quedes solo y… pues te comen fijo.

Y así vas por la ciudad/parchís en plan ficha, con un peligro… hasta que finalmente llegas a casa. Y ahí ya es la felicidad, no te pasa nada, pero nada de nada, estás con una tranquilidad tras todo lo que te has vivido… Y mira si estoy seguro y convencido que la ciudad se parece a un parchís, que si la volteas, si le dieras la vuelta, te encontrarías con la oca; pero yo de esto no escribo, te lo dejo a ti porque a mí no me toca.

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Esas comidas familiares

martes, julio 19th, 2011

Cuando llega el verano siempre hay uno que organiza una comida familiar. Te llaman a casa y te dicen: «Oye, que Juan quiere que nos reunamos y… ». Y tú dices que sí, que vale, y tal cual respondes te preguntas: «¿Y quién es ese Juan… ?». Y entonces descubre que hay una palabra que se llama «concuñado», que suena así como a que sin quererlo te llevas el marrón de todos por la cara. Es que además le va… Ejemplo: «¿Quién tuvo la culpa?», y ahora viene la palabreja con aire de desprecio «pues el concuñado ese, quién va a ser… el concuñado», vamos más claro… concuñado

Y cuando vas a la comida, hay cosas que no fallan; el primito o sobrinito de cuatro años que no para de liarla, la jovencita con su móvil hablando con el novio en una esquina, su padre criticando el escote de la criatura y la abuela que repite por enésima vez desde 1566 que no va a volver a vernos juntos. Y entonces, con una desgana, pero una desgana tal que hasta parece que quieres que se muera pero ya, todos a una: «¡¡¡ Nooooo !!!!».

Y tú piensas, «¿la última vez que nos va a ver… ?. Si esta tía vive que no veas; que en verano va a un balneario, en invierno al sur porque el clima del norte para los huesos, y de vez en cuando juega a la ruleta en un casino de no sé donde. ¿Morir esta… ?».

Y claro, tú te callas por respeto, que a los mayores siempre hay que tenérselo, digan lo que digan, pero realmente de lo que estás convencido es de que quien no la va a volver a ella y al resto a lo mejor vas a ser justo tú, porque entre el estrés del trabajo, unos hijos en la preadolescencia y la hipoteca…

¡¡¡ Anda con la abuela !!!, porque será el tiempo quien lo haga, pero que un día jugando a la ruleta salte la bolita esa blanca por el aire y que ella al mirarla con esas gafas de la segunda guerra mundial se la trague y se atragante… es que que es pensarlo y te da una ganas de invitarla al Casino de La Toja…

El misterioso juego de «Facebook»

viernes, octubre 9th, 2009

Facebook dicen que es una herramienta; era boa, para mí herramienta, lo que se dice herramienta es el sacho, que quien me sigue en este blog bien lo sabe porque cambié de la ciudad al campo hace poco más de 8 meses sin tener ni idea y así me va, aprendiendo a tanta velocidad que mis neuronas están que se salen y creo que incluso alguna ha echado raíces en algún sitio porque como que me falta algo.

Pero a lo que iba, en Facebook he descubierto un juego semiapasionante en el que influye mucho la psicología y la intuición. El entretenimiento consiste en ir a donde pone «Todos mis amigos», pinchas y sale una ristra de caras de arriba a bajo como si vivieran en un edificio, que es gente que conoces o que tendrías que conocer; pero que no, que tú eres así, que invitas a todo el mundo a ser tu amigo…. pero a una caña… ni de broma.

Y entonces empieza el juego, que puede ser en plan solitario, entre dos o si te lo propones puedes invitar a toda Australia a la vez. Cada uno elige una de las caras o fotos que aparecen en la pantalla y si esa cara o foto tiene más amigos que la otra… ganas. ¿Una tontería? Naturalmente, solo faltaría, no vas pensar que aquí ibas a aprender algo; pero al menos con este pasatiempo no te cansas porque, por ejemplo, las cartas son ¡¡¡¡ 40 !!!!, sí, ¡¡¡¡¡ 40 !!!! y cuatro palos (menos que los que da la vida, pero ya son bastantes), y yo no sé tú, pero para mí son demasiadas, que con veinte…

Pero el juego de marras no es tanta tontería porque el asunto tiene su intríngulis ya que en la foto no solo ves la cara, puedes observar muchas más cosas. ¿Cuáles?, pues la edad, la pose, si sonríe, dónde está hecha la foto (si en interiores o exteriores) el tipo de peinado, si es un primer plano o está alejado, que puestos a hacer un estudio nada científico podría demostrar que es timido/a y entonces… menos amigos.

Son un montón de pistas que te inducen a pensar que uno tiene más conocidos que otros y comprobarás con sorpresa que no precisamente quien es más atractivo/a tiene más amigos. Y claro, como todo juego que se precie, al asunto puedes darle una mayor intensidad y emoción si en vez de elegir dos personas desconocidas lo haces entre dos amigos, porque siempre hay uno… como que te cae un poco mejor y pones a prueba lo que sospechabas. ¿Y qué sospechabas?, sí, justo eso que piensas, que cuando lo conociste ya te pareció medio parvo, y en efecto; es parvo, pero parvo parvo.

Pero repito que esto es simplemente un juego, solo un juego, hombre. Que no toda la gente se enchufa en Facebook para tener conocidos, que solamente es un entretenimiento, que no hay que darle tanta importancia, que es para pasar el rato, que…. lo digo porque te conozco; que sé que eres un poco bruto y no vaya a ser que hora salgas a la calle y en cuanto veas uno que estaba en Facebook le sueltes: «Anda, que a ti no te aprecia ni dios», que tú eres así de bárbaro, que te conozco.