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Entradas etiquetadas como ‘Internet’

Para navegar por Internet es esencial…

Jueves, Marzo 18th, 2010

Para aprender cómo funciona Internet, pero de forma perfecta es fundamental una cosa, pero fundamental; vamos que sin eso no puede ser: que el ordenador no sea tuyo. Como sea tuyo la fastidiaste, seguro, pero fijo, y te quedarás frustrado en medio de un mundo fascinante; pero si el aparatejo de marras es del Ayuntamiento o la Diputación y lo utilizas en una biblioteca o vas a un Ciber, por ejemplo… bueno, aprendes que alucinas y te adentras en el mismísimo futuro, en la cuarta dimensión, en los agujeros negros del saber con una valentía, con una alegría y una ignorancia internáutica …

«Está seguro que quiere… la web puede contener… ». Tú lees eso en la pantalla de un ordenata de cualquier institución y hasta te entra la risa. «¿Qué si estoy seguro?, bo», y te repites: «¿Pero que si yo estoy seguro Mr. Google, yo, Alberto Peláez?», anda, segurísimo, te creces, pinchas con el ratón y ¡¡ hala !!, hacia el más allá informático, hacia otra dimensión del conocimiento y a descubrir cosas increíbles. Sí, increíbles; lo mismo puedes llegar a una página que hablan de la posibilidad de viajar un día dentro de microorganismo por las entrañas de la tierra o una de Japón en la que se abren y abren a su vez páginas y más páginas como si estuvieran repartiendo cartas de póquer, y no es que navegues, es que vuelas.

Pero claro, esto si el ordenador no es tuyo, que hasta si te pones puedes escribir con los pies y poner los acentos con el codo; porque como sea tuyo, eso de navegar…. nada, y volar… ni un aleteo, chaval, ni uno. Y fíjate lo que son las cosas, cómo cambia todo, porque si es tuyo y te dice lo mismo: «Está seguro que quiere… la web puede contener… », ya casi te da un sobresalto; lo de contener lo que contienes es la respiración y al ratón lo acaricias porque no vaya a ser que el animalejo adquiera vida propia y acceda él solito al sito y lo escaralle todo. Y hasta tal punto te afecta el pasmo coronario que si hay alguien a tu lado le preguntas nervioso cómo diablos puedes salir del lío en el que te metiste y hasta mentalmente ves entrando al técnico en casa llevando la CPU o PCU, o como le llamen el cacharro ese, y a lo mejor termina destrozándotelo y te cobra un pastón por algo que nunca sabrás que hizo, ni él , claro.

Sinceramente; esto de la informática, de la Red y de los ordenadores, que yo lo mezclo todo como si fuera un pisto, realmente es un placer, un entretenimiento; bueno, la repera. Y si será la repera que yo pincho y pincho y repincho y hasta he descubierto que Internet tiene vida propia; de verdad, como si fuera algo humano, un ser terrenal, un ser vivo, con sensibilidad, con sentimientos, con alma y hasta con creencias religiosas, o por lo menos eso percibo en mi ordenador porque a veces me dice: «La página expiró», y de verdad que cuando leo eso de «expiró»… es que me da unas ganas de hacer un entierro; no sé, de rezar o poner una flor en la pantalla…

No le des más vueltas, es un milagro

Miércoles, Febrero 3rd, 2010

Todos hemos vivido e ese milagro. ¿Y cuál es?. Vamos a ver. Estás trabajando con o sin ordenador, apuntando con el único lápiz que tienes en casa unas anotaciones en un papel, en un momento dado te levantas para ir, por ejemplo, a la cocina, y cuando regresas, te lías nuevamente con el trabajo, vas a hacer un apunte y…. ¡¡¡ milagro !!!: ¿Dónde está el lápiz que lo tenías entre los dedos hace tan solo unos segundos?. Perdón por la expresión, pero acépteseme como licencia literaria que es la primera frase mal sonante que escribo en casi cien artículos, pero es que cuando esto ocurre no hay otra: ¿Pero dónde cojones está el puto lápiz?, ¿pero si lo tenía aquí hace nada, aquí mismo, aquííííííi….? Y entonces comienza una historia alucinante y desesperante.

Como si en vez de buscar un lápiz estuvieras tratando de desentrañar el móvil de un crimen no solamente te levantas de la silla, sino que empiezas con un soliloquio interminable en cámara lenta en fase autoconvencimiento: «Fui a la cocina, cogí un vaso, después abrí el grifo, luego…» y mientras lo vas diciendo en voz baja o para tí mismo vas caminando hacia la cocina como si no quisieras dejar ninguna huella, ni un rastro, silenciosamente, despacito, mirando a un sitio y a otro, escudriñando cada centímetro de la casa, cada milímetro, buscando el condenado lápiz.

¿Y realmente miras? Joé que si miras, excepto en la disquetera del ordenador, porque sabes que ahí no entra el lapicero… yo en estos casos he mirado hasta en la nevera y en el congelador con una comedura de coco total, diciéndome: «Pero si no cogí nada de la nevera», pues aunque sabes perfectamente no has cogido nada de la nevera la abres igual porque hasta crees que sin darte cuenta, a lo mejor, como un zombi, la pudiste abrir, que hasta ese punto de confianza tienes en ti, que lo mismo crees que has abierto el frigo como la lavadora, la secadora o el friegaplatos.

Y mientras buscas y no encuentras, como los sabuesos detectives te dices: «He pasado algo por alto», y nuevamente empiezas a hacer el mismo, pero el mismísimo recorrido, desde la silla hasta la cocina, examinándolo todo palmo a palmo y a lo tonto llevas ya más de media hora rebuscando mientras tu mente te dice: «¿Pues deja el lápiz y coge un bolígrafo, que tienes de sobra?».

Ay!, este es el gran misterio que encierra este milagro. No me expliques, pero no sé qué fuerza interna hay que te vuelves terco terco y no me digas porqué, tiene que ser ese lápiz. No te vale un bolígrafo, no; ni un rotulador, tampoco, ni si me apuras otro lápiz, noooooo; ni aunque te trajeran la fábrica entera, tiene que ser justo ese, ese lapicito y no otro hombre, que así estas de tozudiño.

¿Pero si es igual un boli? Sí, parece igual a efectos laborales, de efectividad; pero a efectos mentales, psiquiátricos, que realmente es lo tuyo, pues no; porque si no es ese lapicillo… pues no vale, que así te has puesto de mulo y llevas más de una hora sin pegar clavo, que en el fondo es lo que quieres.

Y cuando sucede esta situación solo caben dos soluciones: la más excepcional, la que llevas a cabo cuando este prodigio ya casi no lo es porque forma parte de tu vida y dices: «Milagro, se perdió el lápiz», y entonces coges lo primero que escriba; o, la más habitual, cuando llevas ya casi tres horas con la mente ocupada en el lapicillo ese, alguien que acaba de entrar en casa y te encuentra tirado en el sofá, comenta en plan sorpresa: «Anda, mira que gracia, el lápiz se sostiene en el borde de la pantalla del ordenador». Y entonces te levantas como un rayo, que total no sé para qué, supongo que por curiosidad, porque currar, lo que se dice currar no ibas a currar más, que si lo hicieras eso sí que sería otro milagro.

No creo que llegue al día 11, la ponencia me mata

Miércoles, Diciembre 9th, 2009

De verdad, yo ya aviso a los organizadores de la jornada sobre redes sociales que se celebran el día 11 en Lugo (http://lugoblog.com/2009/12/04/xornadas-de-redes-sociais-e-blogs-en-lugo/) y a la simpática concejala del Ayuntamiento, Luisa Zarzuela, que me invitó al evento como ponente, pero a este paso no creo que llegue al día 11: la ponencia me mata, aunque realmente quienes me matan la verdad son mis vecinos; pero me matan de amor, de cariño, de afecto… lo que queráis, pero me matan.

El asunto es que la ponencia que tengo que presentar el día 11; o sea dentro de dos días, dura 20 minutos y, entonces (aunque soy muy de improvisar, así me va, claro) hay que prepararla algo, por lo menos aunque solo sea esa frasecilla de: «Se abre el turno de preguntas», si te da tiempo a responder alguna antes de que los organizadores te miren fijamente a los ojos y se pregunten entre ellos: «¿Pero quién diablos es el imbécil este que hemos traído?»

Pues el caso es que para ensayar coges de móvil, vas al cronómetro y después de tocar sabe dios qué otros botones (así me llegan las facturas que me llegan), lo pones a cero y entonces empiezas a hablar y miras cómo vas de tiempo y los temas que vas tratando. Bien, pues como tienes que hablar por narices, con un frío que se me congelaban las palabras salía de casa para no marear a la familia, y superhiperabrigado y con las manos en los bolsillos me dadaba una vuelta por la finca mientras hablaba y miraba de reojo el crono. Un placer, vamos, que más que en la aldea, con el frío que papaba, por momentos pensaba que estaba en el campo base de Al filo de lo imposible escalando un 8.000.

Pues iba yo por el campo tan tranquilo, raja que te raja, cuando a lo lejos, (mejor dicho en lontananza, que suena más a campo) veo que se acerca un vecino. Como venía por mi finca supuse que quería hablar conmigo, y digo supuse porque aunque somos 11 habitantes no es la primera vez que veo pasar por mi tierra a media aldea como si fuera el desfile de las Fuerzas Armadas pero pertrechados con azadas, sachos y guadañas, como el ejército de Somalia pero sin atunes, igualito.

Total, que el buen hombre se acerca y me dice: «Jisande, ¿che pasa algo?». «No, ¿por qué?», respondí extrañado y sorprendido. «No, es que como vimos que hablabas solo… pois… ». Claro, en ese momento comprendí el cariño de mis convecinos, el afecto, a la vez que deduje por ese «como vimos», que además de amigo y vecino venía en calidad de portavoz de la aldea y preocupado por mi salud mental, que a estas alturas y con la única neurona que me queda ya no hay porqué preocuparse. Entonces le expliqué que no, que no me pasaba nada, que me encontraba perfectamente, muy bien, y aquí amigos…… aquí, y perdón, que sabéis que no me gusta decir tacos, pero es que no encuentro otra palabra, la cagué.

¿Por qué diría yo ponencia, hombre, por qué diría yo ponencia? Y aunque expliqué todo lo que pude, al final, para resumir, dije más o menos, como si fuera el Apóstol Santiago: «Voy a Lugo a hablar a las gentes»: Sí, así, con dos bemoles, «a las gentes», como si fuera a predicar el Evangelio de la Red según San Geoogle. Y en esas estaba cuando se acercó Gelito (mi vecino que lo mide todo en cajoenros), y al explicarle que iba a ir a la capital lucense a hablar y que estaba practicando lo que iba a decir, Gelito, que yo no sé lo que tiene en el cerebro, pero me supera en clarividencia y sensatez, me dice un poco intrigado: «¿Y para hablar tienes que practicar?». «Hombre, para hablar, exactamente para hablar… no», pensaba, «pero para exponer un tema…».

Y en este pensamiento me hallaba sumido cuando Gelito añadió: «Bo, pues si ya sabes lo que tienes que decir… xa está ¿non?. Lo dices y se acabou». Y con las manos en los bolsillos, una gorra de Pinturas Hnos Mourelle en la cabeza y echándose un poco hacia atrás, Gelito abrió los ojos como esperando una respuesta. Y en tanto aguardaba, en milésimas de segundos yo cerré los míos, apagué instintivamente el crono, y pensé: «Otra situación como esta, otra como esta, y cajoenros que no llego al día 11, no llego, es que no llego».

Mi-tu-nuestro blog: Una de autobombo

Lunes, Diciembre 7th, 2009

Pues si no me ocurre no me lo creo; pero me ocurrió y tampoco lo creo, aunque me quedan unos días para creérmelo, con lo que al final me lo creeré, eso creo. Ya sé que la gente suele decir: «Son cosas de la Red, del Internete, de la Blogosfera , de la… ». De los bemoles, será para ti, pero para mí… pues no.

¿Que qué pasó, que cuál fue el acontecimiento, el suceso, porque más que nada ha sido un suceso?. Pues estaba en el periódico sobre las siete de la tarde del pasado miércoles cuando recibo una llamada de la concejala de Asuntos Xerais del Ayuntamiento de Lugo, Luisa Zarzuela, y tras preguntar por mí y presentarse me dice que le gustaría que participara en unas jornadas sobre redes sociales que se van a celebrar en esa ciudad el día 11 http://lugoblog.com/2009/12/04/xornadas-de-redes-sociais-e-blogs-en-lugo/. Y claro, uno que es muy noble, responde: «¿Pero está usted segura que quiere hablar conmigo, con Manuel Guisande?». La verdad que le iba a preguntar si estaba en sus cabales y cómo la política destroza tanto el cerebro… pero me corté, aunque al final lo entendí.

Y mientras cavilaba en eso, en la jornada internáutica, pensaba que la única red que realmente conocía, pero red-red, era cuando vivía en Redondela y los marineros sí que se lo curraban con la malla y el peixe para luego pegarse unos lingotazos de vino tinto con arenques que no veas.

Era una mezcla de suavidad y bestialidad porque envolvían el arenque en un papel de estraza, con una delicadeza que ya quisiera cualquier artesano de Lladró, y después, una vez colocado el pescado sobre aquellos mostradores de mármol que había en aquellos bares de la época, pegarle un puñetazo en plan tute: ¡¡¡¡¡¡ Las cuarenta !!!!, que cuando lo hacían, a ellos no, pero a mí sí que me dolía los nudillos y mientras volvían a repartir las cartas, yo estaba por vender los nudillos, vestidos o desnudillos, pero venderlos que era un dolor… no se si físico o psíquico, pero un dolor

Tras explicarle a la concejala que de redes sabe más mi mujer, que me atrapó (vamos, fijo) más que insinuarle le fui tan sincero que le dije: «Mire, yo de verdad de esto de la Blogosfera sé tanto como que hasta hace poco pensaba que en vez de ser Blogosfera era Globosfera, creyendo que era Globosfera porque venía de la palabra globo, de globo terráqueo; que yo me he quedado en la época de la pila y que esto del blog lo he cogido…. pues por los pelos».

Y claro, sé que ella con todo su buen corazón, sin darse cuenta, para ponerlo más fácil comentó: «Es una jornada en la que participan varios de los blogueros más importantes de España como Javier Pedreira(microsiervos.com) o Raul Ordóñez (bitacoras.com)…».

Y en tanto explicaba esto la simpática edil, a mí mismo me decía: Y de qué hablo yo; de cómo se cogen los percebes en Corme, de la oreja de mar en Ferrol, o tal vez de algo del interior como el futuro del pimiento en padrón y su interrelación con los post, que ahí, mira por donde, si se trata de algo futurista pues aún puedo defenderme porque como nadie sabe lo que va a pasar…. porque a ver quién es el listillo (y en esto sí que me crezco) que me niega que a lo mejor un día no abres una web dedicada al pimiento y no solo la página huele a pimiento, sino que aparecen diversas variedades en la pantalla y según las chupes notas si pican más o menos, como no se sabe lo que va a ocurrir…… Y como del pimiento, puedo hablar del ajo o de la cebolla, pero de la Red, de la Blogosfera, del iPhone o el twitter ese…

En fin, que estaba oyendo a Luisa Zarzuela (no sé preocupe, que ya verá como rajo el día 11, que dejo el pabellón gallego alto) cuando ya por curiosidad le pregunto: «¿Y por qué yo?». Y entonces me explicó que le habían dicho que existía un blog, Al fondo a la derecha, muy diferente, muy peculiar. Aquí viene el autobombo, que todo es de cosecha propia, que no copia ni pega cosas de otros blogs, que está teniendo un gran éxito, que es muy especial, único, increíble, genial, maravilloso y que la persona que lo hace tiene varios premios de teatro, poesía humor, vamos un crack y… clinclincotoclok cotoplof tingtingflosplosf chacachacaflossssssssssssssssssssssssss. Lo sabía, el autobombo siempre te termina estallando.

Pd.- La ponencia se titula Enredarse en la Red del humor, a las 17.20 horas. Centro de Innovación Tecnológica, en Lugo. Gracias a todos los que me leéis, sin vosotros esta agradable noticia sería imposible y… Luisiña, tú, tranqui.

El misterioso juego de «Facebook»

Viernes, Octubre 9th, 2009

Facebook dicen que es una herramienta; era boa, para mí herramienta, lo que se dice herramienta es el sacho, que quien me sigue en este blog bien lo sabe porque cambié de la ciudad al campo hace poco más de 8 meses sin tener ni idea y así me va, aprendiendo a tanta velocidad que mis neuronas están que se salen y creo que incluso alguna ha echado raíces en algún sitio porque como que me falta algo.

Pero a lo que iba, en Facebook he descubierto un juego semiapasionante en el que influye mucho la psicología y la intuición. El entretenimiento consiste en ir a donde pone «Todos mis amigos», pinchas y sale una ristra de caras de arriba a bajo como si vivieran en un edificio, que es gente que conoces o que tendrías que conocer; pero que no, que tú eres así, que invitas a todo el mundo a ser tu amigo…. pero a una caña… ni de broma.

Y entonces empieza el juego, que puede ser en plan solitario, entre dos o si te lo propones puedes invitar a toda Australia a la vez. Cada uno elige una de las caras o fotos que aparecen en la pantalla y si esa cara o foto tiene más amigos que la otra… ganas. ¿Una tontería? Naturalmente, solo faltaría, no vas pensar que aquí ibas a aprender algo; pero al menos con este pasatiempo no te cansas porque, por ejemplo, las cartas son ¡¡¡¡ 40 !!!!, sí, ¡¡¡¡¡ 40 !!!! y cuatro palos (menos que los que da la vida, pero ya son bastantes), y yo no sé tú, pero para mí son demasiadas, que con veinte…

Pero el juego de marras no es tanta tontería porque el asunto tiene su intríngulis ya que en la foto no solo ves la cara, puedes observar muchas más cosas. ¿Cuáles?, pues la edad, la pose, si sonríe, dónde está hecha la foto (si en interiores o exteriores) el tipo de peinado, si es un primer plano o está alejado, que puestos a hacer un estudio nada científico podría demostrar que es timido/a y entonces… menos amigos.

Son un montón de pistas que te inducen a pensar que uno tiene más conocidos que otros y comprobarás con sorpresa que no precisamente quien es más atractivo/a tiene más amigos. Y claro, como todo juego que se precie, al asunto puedes darle una mayor intensidad y emoción si en vez de elegir dos personas desconocidas lo haces entre dos amigos, porque siempre hay uno… como que te cae un poco mejor y pones a prueba lo que sospechabas. ¿Y qué sospechabas?, sí, justo eso que piensas, que cuando lo conociste ya te pareció medio parvo, y en efecto; es parvo, pero parvo parvo.

Pero repito que esto es simplemente un juego, solo un juego, hombre. Que no toda la gente se enchufa en Facebook para tener conocidos, que solamente es un entretenimiento, que no hay que darle tanta importancia, que es para pasar el rato, que…. lo digo porque te conozco; que sé que eres un poco bruto y no vaya a ser que hora salgas a la calle y en cuanto veas uno que estaba en Facebook le sueltes: «Anda, que a ti no te aprecia ni dios», que tú eres así de bárbaro, que te conozco.

Batallitas periodísticas y tecnología

Martes, Septiembre 1st, 2009

Hace unos veinte años, más menos, los periódicos eran muy distintos a los de ahora, sobre todo en su funcionamiento, pues no había los medios técnicos que existen en la actualidad, aunque últimamente parece que para lo que hay (casi todo se reduce a control C control V, cortar y pegar) pues joé con los cambios. Que va a llegar un día, que como el papel es reciclado, pues te vas a la rotativa, donde están las bobinas, y malo será que echándoles algún producto químico no te aparezca de la nada y sobreimpresionado un artículo desconocido de Benitiño Pérez Galdós o de vete tú a saber quién y al que lo único que le falta es un detalle para darle personalidad: mi firma y tira palante porque lo demás……..

Y tú espera que alguien encuentre de verdad algo que realmente merezca la pena, que ya me veo yo a todos los periodistas patrios a tiros cogiendo bobinas y más bobina para llevarlas a casa y como los concurso esos de «rasca y gana», pero gana un premio Pulittzer, que encontré un artículo de un desconocido Armisomovich Distronovich que es la bomba.

Como decía, hace unos veinte años, los periódicos, al menos en los que trabajé (unos cinco) eran diferentes, no solían tener una plantilla de fotógrafos, eran colaboradores, aficionados o empleados de tiendas que se dedicaban a bodas, bautizos y comuniones y que llegaban a un acuerdo con las empresas editoriales.

Lo malo que ocurría era que cuando la tienda cerraba sus puertas al público, el fotógrafo también terminaba su jornada laboral y para casa, ni comercio ni diario. Total, que sobre las ocho y media de la tarde estabas más que colgado, se enviaban los carretes a una empresa para revelar y si necesitabas a un amante del diafragma por algún imprevisto como un suceso importante, pues entonces lo llamabas a su casa y le pedías el favor de ir a cubrir la información.

Recuerdo que en uno de los diarios en los que trabajé había uno fotero especial. Delgado, alto, tez pálida, cadavérica, y lo más antiperiodístico que te podías echar a la cara, tanto que lo primero que te decía no era adónde había que ir, sino (y no fallaba), sus primeras palabras eran: «Pues ya estaba yo en cama….». «¿En cama, si solo son las 10?», pensabas. Y antes de que pudieras decir nada, doblaba el espinazo hacia un lado, estiraba el brazo hasta el dobladillo del pantalón, lo levantaba y te decía: «Ves, ya estaba en pijama».

Yo, la verdad, estaba empezando en esto del periodismo, tendría 23 o 24 años, pero con el tiempo llegué a dudar de si no sería más noticia todos los tipos de pijamas que vi (¡¡¡ Y qué pijamas !!!), que el suceso que teníamos que cubrir. De las noticias que hice con él no recuerdo mucho, pero de sus pijamas….

Al final, después de ir a lugar del hecho, te despedías, tu seguías trabajando (y no exagero) hasta las cuatro de la mañana y cuando salías del periódico, la verdad que en vez de vivir en una ciudad de 200.000 o 300.000 habitantes estabas en una de 500; los 500 colgados que a esa hora había en la calle: marineros borrachos, policías aburridos, periodistas y prostitutas, que eran las que estaban más despiertas. Vamos, el mejor ambiente y el más edificante para educarte con 23 o 24 años, que no sé ni como estoy vivo, aunque deduzco de donde viene mi tara.

Y al día siguiente, a las 12 de la mañana, volvías a la batalla, a la Redacción, haciendo llamadas y más llamadas de teléfono, consultando algún diccionario, una enciclopedia, otros periódicos… todo menos Internet, porque el único Internet que había en esa época era internarte en la vida misma, en la calle, con gente de todo tipo y buscar toda clase de noticias.

Así, con esta vida tan singular me ocurrió que en una ocasión entrevisté a un delincuente que había sido detenido en cien ocasiones y como lo que íbamos a hablar pues no era como para que lo oyera alguien, lo llevé en mi coche (gran error) a las afueras de la ciudad. Me imagino de lo que charlamos, aunque ahora mismo no recuerdo; pero lo que no olvido es que el tipo se quedó con la marca y la matrícula de mi Mini y en una semana me lo robó tres veces hasta que lo llamé por teléfono y le expliqué que en A Coruña había muchos turismos, hermosos y más potente y que, sin embargo, solo había una cárcel. Lo comprendió

Pero siguiendo con el tema fotográfico, que se me va la olla. Para no molestar en aquella época a los fotógrafos / tenderos, cuando a la Redacción llegaba un entrevistado fuera de plazo (el horario de la tienda fotográfica), la solución más inmediata era llevar al individuo al fotomatón. Y el problema no era acompañarlo a esa cabina de los horrores (que para disimular le decías que los fotógrafos estaban muy ocupados) sino que como en la entrevista ya habías hablado con él de hasta la vida de los simios, del mundo material e inmaterial, de lo visible e invisible, lo que era una auténtica tortura era esperar cinco minutos a que saliera la ristra de fotos y dos más para que se secara.

Y mientras fingías que te interesaba lo que decía, tú ya estabas pensando cómo acabar la noticia del delegado del Gobierno con el que habías hablado por la mañana, el presidente de la asociación de vecinos de no sé dónde por la tarde, o del chalado que decía haber inventado el helado caliente. Y así día a día, entre fotógrafos y fotomatones, buscando noticias, jugándote la vida en sucesos, como cuando un delincuente me dijo que si era periodista y si publicaba algo «te rajo», y lo más curioso, que hasta ese punto llegaba tu inconsciencia, que ni caso, que lo de «rajo» a lo más que te sonaba era a raxo porque había horas en la noche que tenías un hambre….

Pero como digo, eso era antes, cuando entrabas en los hospitales y cogías una bata de enfermero para entrevistar a uno que le dieron un navajazo o una paliza y que estaba en la habitación 506 o 424, o acceder la UCI donde una vez estuve hablando con un paisano que parecía que no le importaba morir con tal de decir quién le había pegado un tiro mientras oías el «pi, pi, pi» de la máquina esa que te dice que estas vivo, pero yo… como que lo veía que no. Eso, muy distinto ahora. ¿Ahora?, pues ahora, salvo excepciones, Señor Google (control C, control V) y un toque de personalidad: mi firma. Joé con la tecnología.

Si sigues así, dimito

Viernes, Junio 26th, 2009

Sí, como dice el título de este artículo, si sigues así, dimito. Tanta historia de la blogosfera, tanto Internet, tanto youtube, tu tuviste y él tuvo (que por ciento no tengo ni un can, ni un chus, nada o nel, que fue lo que me dijo el último delincuente que me atracó) y apenas unos comentarios…. ¿pero de qué vais?. Como mucho, lo máximo que leo es en el Facebook ese, en «me gusta», como si en vez de escribir artículos vendiera helados en plan «¿y este de qué es?. Qué rico, me gusta».

Hombre, yo no digo que tengáis que decir todos los días que os encanta el blog, que es una maravilla, que no habéis visto cosa igual desde la invención de la cometa y que ya era hora que en el mundo de las letras contemporáneas, y sobre todo hispanas, hubiera alguien que… no, tampoco; os lo agradezco; pero de ahí al silencio total, al mutismo más absoluto… ¿pero esto de la Red no iba de interrelacionarse, de conocerse, de la globalización intercultural, de la unión y amistad de las gentes del mundo y otras gaitas?.

Joe, pues yo que soy de la época de la Olivetti no pido mucho, pero que me digáis de donde sois, que me dedico a tal o cual cosa o incluso si queréis ponerme a parir… pues bien, vale, de acuerdo, pero solo recibir tres o cuatro opiniones en casi una semana cuando además según las estadísticas tengo unos 600 hits al día…. que por cierto esto de los hits es un lío explicarlo, pero viene a ser (según pude entender, que seguro que mal) las veces que pinchan en los distintos artículos las personas que entran en el blog. Bueno, seguro que no es así; pero da lo mismo, a lo que vamos: Tú sabes de mí, por ejemplo, que estoy casado con una india americana de la tribu sioux, que vivo en una aldea de 11 habitantes, y hasta puedes ver esa foto en la que estoy mirando a lo alto como si hubiera perdido algo en un tejado o buscando no sé qué, y que por cierto todas mis compañeras del periódico dicen que está muy bien, la foto, obviamente …… pero yo, ¿que sé yo de ti?. Cero; aprovecha y por lo menos, si no me quieres contar nada, poner en el blog vuestros emails y con la disculpa de «yo también leo al petardo de Guisande», pues os conocéis, os liáis, os invitáis a casa, os enamoráis, os casáis, os fugáis o si tenéis ganas os vais de camping… yo que sé, hacer lo que queráis pero que vea que hay alguien ahí detrás de la pantalla del ordenador. Es que para escribir como lo hacía en el periódico de papel, que no sabía si me leían, ni quién, ni dónde, ni cuándo, ni cómo…. pues lo dicho, si sigues así, dimito. ¿Blogosfera, Internet, Red…..?. Venga ya.

Por cierto, que si lo que quieres es ponerme a parir y te da no sé qué, no te preocupes hombre, anímate que es muy fácil, te ayudo y elige la opción, pero por Dios, por los vientos alisios y monzones, di algo:

1 «Guisandiño chuliño»
2 «Plastita que eres Guisandejo»
3 «Vaya, vaya guisandillo-pardillo, echando broncas al personal…si ya se te ve la cara de parvo que tienes en el blog, jajajaja, parviño, parviño»

Mi madre, tú, yo, el blog y la miñoca

Jueves, Junio 18th, 2009

Yo pensaba que era periodista, pero desde que tengo este blog he descubierto gracias a mi madre que no sé muy bien si realmente lo que soy es pescador o mago. Y es que desde que un día llegué a su casa con un portátil y le expliqué cómo funcionaba el blog, con sus estadísticas y otros datos, de vez en cuando me llama por teléfono y, en vez de decir, cuántas «visitas» o «entradas» he tenido, su frase es: «Y hoy, ¿cuántos picaron?». ¿Picaron?, sí, picaron, y la verdad es que desde entonces, cuando escribo, sino creo que soy David Copperfield, me siento miñoca y usted, pues usted, que según mi madre es el que pica, será una sardina, un pancho o un lorcho, que quiera que le haga, lo digo como lo siento.

Yo comprendo que a mi madre, Teresa o María Teresiña, como a otras muchas teresiñas del mundo, esto de la Blogosfera les queda muy pero que muy lejos.Y cómo no les va a quedar muy pero que muy lejos a unas personas que nacieron en una época en la que casi no había automóviles y en unos años vieron como el hombre caminaba por la luna y de un día para otro les cambiaron hasta el padrenuestro….

Para todas esas teresiñas esto de Internet es alucinante y también para mí, la verdad, que un día no muy lejano fui a preguntar por una PCU a una tienda de informática y al tipo que estaba detrás del mostrador (y creo que desde entonces aún sigue allí sin pestañear) le dije PVC, y tan feliz me quedé, pero esta es otra historia.

Como digo, para mucha gente el cambio ha sido estratosférico. Antes, cuando hablabas por teléfono con alguien que, por ejemplo, había ido a una fiesta, le preguntabas: «¿Y estuvo menganito?», si había estado te decían: «Sí vino y lo pasamos muy bien con él. Es simpatiquísimo». Ahora ya no hace falta que te contesten; ahora, vía multimedia, te mandan una foto del susodicho en la fiesta o un vídeo donde descamisado, con una copa en una mano y un gorro de cartón en la cabeza te dice a grito pelado. «¡¡¡Sííí, estoy aquí y os quiero mucho, guajuuuuuuu!!!». Lamentable.

Pero hay más, antes, las mujeres, cuando salían de compras y regresaban a casa, luego hablaban con sus amigas por teléfono y las explicaciones eran flipantes: «Pues vi una falda plisada, y una camisa de lino, con tirantes cruzados por detrás, haciendo un dobladillo en forma de espiga, pero al bies….» Y así la conversación podía durar horas, días y semanas y lo más increíble, se entendían o creían entenderse. Ahora no, ahora ni plisadas ni bies ni dobladillo ni el famoso escote «palabra de honor», te pueden enviar de la prenda que viste unas tres o cuatro fotos al móvil y… casi como el de la tele: «Así la hemos visto y así se la hemos enviado».

Y si nos alejamos en el tiempo, a los años cuarenta o cincuenta, el asunto ya sobrepasa lo imaginable. Entonces, cuando alguien quería ponerse en comunicación telefónica desde Madrid con una persona de, pongamos Huesca o Guadalajara (por cierto, ¿Guadalajara existe, alguien conoce a una persona de esta ciudad?), pues a la casa del oscense o del guadalajareño llegaba el cartero con una notificación en la que se indicaba que al día siguiente, a tal hora y no a otra, iba a recibir una llamada en Correos; y el personal esa noche ya no dormía pensando en qué le iban a decir desde la capital de España. Ahora… ahora ya puedes estar paseando por la playa, visitando un museo o estar en el cuarto de baño que hasta allí llegan las llamadas, no te dejan vivir, muchas veces molestan, cansan, incordian e interrumpen una conversa……. perdón, suena el móvil, seguro que será mi madre, le diré, querida sardina, pancho o lorcho, que hoy «picaron» bastante, pero bastante, en el blog de la miñoca. ¿No?, sí.

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