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No entiendo a mis hijas, ¿pero qué dices?

martes, enero 31st, 2012

O me estoy quedando sordo o ellas hablan muy deprisa… o a ver si va a ser que me estoy quedando lelo, que no me extrañaría, que casi 30 años de periodismo pueden afectar al cerebro, pero mucho, porque eso inglés no es, ¡¡¡ qué va a ser inglés lo que hablan si nunca dice «Hello»… !!! No sé, yo lo que sé es que a mis hijas no las entiendo, no las comprendo, y aunque se llaman Alejandra (15 años) y Victoria (11), para mí son «¿Qué?». Sí, «¿qué?» porque me paso todo el día diciendo «¿qué, qué , qué?» y como respuesta suelo recibir un «bo… » o un «uummmm… », que no significa nada pero que lo dice todo.

De verdad te juro que muchas veces, cuado hablan yo digo sí, pero digo sí ya por inercia, de forma inconsciente, espontánea, sin saber realmente porqué lo digo y, claro, después me llevo la sorpresa de… : «¡¡¡ Papá, dijiste que sí, dijiste que sí !!!» y yo interiormente me desespero porque no sé ni cuándo ni dónde dije sí, que por lo que me dicen respondo cada sí… tela, que es como si no tuviera juicio o que tienen un padre que es un pasao, un inconsciente, que de esto último algo hay.

Yo a estos niños de ahora no los entiendo y además piensan de tal forma que creen que lo sabemos todo, como si fuéramos Google pero con pies: «¿Te acuerdas de Lorena?», pregunta Victoria, así de repente, y yo digo «sí» medio acongojado, con la mirada extraviada, con el pulso acelerado, y como en internet pienso: «Voy a tener suerte»; pero claro, como son muy listos y se las saben todas, te cuestionan: «¿Y quién es?» y en esos instantes te entra un frío en el cuerpo… que si fuera el de la Guardia Civil ná, pero como es el mío…

Yo he descubierto, después de oír entre 700 y 854.000 veces «papá es que no me haces caso, es que no te enteras, es que… », que la respuesta a este tipo de preguntas te la puedes jugar al 50% diciendo: «Sí, esa niña que es rubia», porque es rubia o morena, no hay otra (bueno, está la pelirroja pero esa no cuenta); pero si quieres tener más posibilidades te lanzas a la «solución metro» diciendo, pero con confianza, eso siempre, con confianza, pase lo que pase: «¡Ah!, esa que es como tú de alta» y si es… alivio y si no…. siempre puedes negociar lo de la altura.

Yo a mis hijas, como tú a las tuyas, las quiero, las adoro; sin ellas no podría vivir pero con ellas… ¡¡¡ tampocoooo !!!, me ponen en cada aprieto… Yo he llegado a un punto que ya no me atrevo a preguntar nada, ni si esa serie de la tele es tal o cual, si esa canción es de este o aquél grupo o si… todo me parece tan igual, excepto el «bo… » o el «uuummmm..», que me dicen ellas, que no significa nada pero que lo dice todo, bo…

¿Por qué en la ciudad la gente no habla?

miércoles, octubre 12th, 2011

Esto de vivir en una aldea, adonde me retiré haces dos años después de hartarme de buscar aparcamiento en la ciudad tiene su aquél. Y es que cuando vuelves a la urbe et orbi después de mucho tiempo alucinas tanto que las líneas de los pasos de peatones y no sé cuantas otras que hay en el asfalto, más que señales de tráfico te parecen los dibujos del desierto peruano ese… ya sabes, el colibrí, la araña, el mono… que nadie sabe para que están pero yo sí, para fotografiarlos.

Y es entonces cuando te das cuenta que ya perteneces al mundo del rural; al mundo de la bestia y del vegetal, de la marela y el grelo, de la yegua y el riejo, que tela con el riejo cuando hay que hacerlo a sacho, que quedas deslomao.

¿Y cómo te das cuenta que ya estás en otra dimensión existencial?, ¿cómo sabes que lo tuyo ya no es esperar al animal de cuatro ruedas en la parada mirándose los caretos unos a los otros con disimulo?, ¿quizás porque cuando vas un día a la ciudad te das cuenta que para aparcar haces unas 1.500 maniobras… porque en la aldea lo dejas así, a granel, en cualquier sitio?, pues no. ¿Entonces, por qué, por qué sabes que ya no perteneces al mundo urbano?, pues porque hablas. Sí, como te lo cuento, porque hablas. Algo tan normal como hablar, en la ciudad resulta extraño, raro y hasta intrigante; vamos, que eres un excéntrico.

Tú entras en un bar en el pueblo y vamos, no tienes que decir nada para que uno te de una palmada en la espalda y dudes si te atravesó o te la dio en el pecho y tras darte cuenta que sigues vivo… pues eso, hablas. Sí, hablas, y lo mismo hablas de la patata, que de si es la época del níspero o del grelo… hablas, qué mas da de qué… si nadie sabe nada.

No hay tema que no toques con cualquiera, aunque no lo hayas visto en tu vida, para charlar; pero en la ciudad… en la ciudad entras es un bar, hablas con alguien que no conoces y oye, te miran con una cara de asesino, de homicida… y entonces… pues te callas, porque te ven raro y extraño que no vaya a ser que…

Y así estás, callado, cuando a lo mejor el interfecto con el que pretendías charlar un ratillo y te miró de reojo con mala cara, coge de móvil y como quien no quiere la cosa dice: «, pues aquí, en el bar, esperando al niño, que está en la Escuela de Idiomas». Y tal cual oyes lo de idiomas piensas: «¿Aprendiendo idiomas?, pues como salga a tí, pa lo que le va servir… ».

«No es por sintetizar, es que no sé más»

miércoles, diciembre 16th, 2009

La ponencia, ¿que cómo fue? Pues minutos antes de que subiera al estrado ante unas cien personas estaba bastante nervioso, taquicárdico diría yo. De verdad que no sé como sube el colesterol; pero cómo el estómago llega hasta el pelo te hace un flequillo o la raya al medio, te saluda y te dice «Hola duodeno» y vuelve a su lugar, sí, lo viví.

¿Sabes esas tomas televisivas de la entrega de los Oscar en las que se ven a los candidatos con sus respectivas mujeres que le aprietan la mano y están en tensión?; pues yo peor porque el tío ese, que además es actor, va al escenario, le dan una estatuilla, dice no sé que del grupo, de sus compañeros, un saludo a su madre Rosanne Donowan, que vive en Chicago Distrit 1.525 y se va; pero yo tenía que hablar, sí hablar, y lo peor es que pensaba que eran 20 minutos y al llegar me entero que eran ¡¡¡¡ 30 !!!!.

Por eso, cuando iba por el 17, que más que una ponencia parecía una contrarreloj, tenía tres opciones: Hablar del futuro de la Red y cómo saben los mejillones en salsa verde, fugarme o sentenciar; y así fue, dicho y hecho; tras contarles unas anécdotas (sobre jueces y magistrados) les espeté: «No es por sintetizar, es que no sé mas», lo que provocó alguna carcajada para luego seguir con un turno de preguntas.

¿Y de que hablé? Pues como me había presentado diciendo que no sabía muy bien qué hacía sobre la tarima, y que lo normal era que ellos estuvieran aquí porque dominaban el tema y que yo fuera el público, para aprender…. sin el más mínimo rubor les dije que de la Blogosfera… «ni Ikea y tanto es así –continué- que en el programa que tenéis en las manos dice que entre los asistente se sorteará un notebook, y al leerlo lo primero que pensé fue “cómo se pasan en Lugo que sortean book de cerveza”, aunque después me enteré -dije- que se trataba de un ordenador».

Y claro, cuando uno empieza así una ponencia, con la nulidad por bandera, el absurdo por mástil, y la estupidez por patria, puede pasar de todo; que conectes con el público o que la organización te desconecte el micro y te diga: «Pero hombre, que usted sepa poco, vale; pero decirlo….», pero como el personal se lo tomó a bien, seguí hablando (la parte seria viene en este enlace http://www.lavozdegalicia.es/lugo/2009/12/12/0003_8165857.htm). ¿Que si lo hice bien? Para la sioux, very wonderful (maravilloso), pero claro hay que entenderla porque es mi mujer; para Gelito mi vecino (si estuviera) cajo en ros o bordaches que nin diola; y en mi opinión, digamos que salí airoso del trance porque la verdad, esto de hablar en público es la reoca y más cuando encadenas bobada tras bobada hasta el infinito total.

Pero como toda conferencia tiene una liturgia, en mi caso la viví intensamente. El presentador habla de las cualidades del siguiente ponente (o sea yo) y cuando va a pronunciar tu nombre te dices: «Por Dios, a ver si se equivoca, dice otro, sale otro tío y me dan unos minutos más de vida»; pero como no se confunde, porque el presentador es muy listo, pero que mucho y nunca falla, entonces anuncia tu nombre. Y te lo juro que lo hace con una solemnidad que hasta crees que te están bautizando de nuevo porque lo oyes como con eco, del más allá ¡¡¡¡¡ Mamanuueeelll Guiguiiissaannddeeee !!!!!. Y estando flipao te da ganas de decir acongojado refugiado en tu asiento: «Sísísí, soyyoyoyo, quequepapapasa».

Y como un corderillo vas despacito, casi contando los pasos (yo dí cuatro) hasta el micro. Y en tanto das los pasitos…. en medio de un silencio que no se mueve ni una mosca, todos te miran, sacas un papelillo temblando y ves como la hoja con cinco ideas escritas se balancea…. Pero no es el viento, no, son tus pulsaciones, que van a 170, y si dices «a» hasta parece que todo el edificio va retumbar.

Entonces, ya frente a los micros y los fotógrafos haciéndote instantáneas miras al público, ellos te miran, tú los miras otra vez, te vuelven a mirar y….¡¡¡¡¡ noooooooo hay que hablar !!!!!!! Y entonces empiezas y ahí, chaval, la suerte está echada: fracasas o triunfas. Y cuando acabas, como que notas una tranquilidad física, espiritual, mental…. como si en vez de ir Lugo hubieras ido al Tibet, y una ganas inmensas de ir a un sillón y echarte una siesta hasta agosto mientras piensas: «Very wonderful… airoso… cajo en ros…. que nin diola… otra de estas y me matan, lo sé fijo».

AGRADECIMIENTOS: Debo dar las gracias a la organización, a la concejala de Asuntos Generales del Ayuntamiento de Lugo, Luisa Zarzuela, que me invitó, así como a todos los ponentes por su compañerismo y ánimo: Raúl Ordóñez, Javier Pedreira, Rodolfo Abella, Conrado Xalaberder y José Cora. A Miguel Cabana, delegado de La Voz de Galicia en Lugo por el despliegue informativo. Y siempre a Nacho de La fuente,de La Huella digital, compañero y amigo que siempre me ha ayudado a dar a conocer este blog. Gracias, de verdad.

Y de profesión… rajar

lunes, noviembre 23rd, 2009

Qué pasa cuando por ejemplo se produce un accidente de tráfico de un autobús de pasajeros en el que hay heridos, cuando cae una grúa por un fallo mecánico en un barrio y también hay contusionados o cuando un barco de recreo casi se hunde… pues además de acudir al lugar las cadenas de televisión, los plumillas y las radios, siempre aparece un personaje que a mí me tiene intrigado, pero mucho, y que como quien no quiere la cosa, en un instante se arroga un cargo: Portavoz.

Y los hay de dos tipos, el accidental, el que estaba allí, y que cuando hablas con él solamente te dice a gritos: «La grúa estaba mal, la grúa estaba mal, la grúa estaba mal» y por mucho que le preguntas de ahí no se apea el plasta de tío, y el profesional. Este, aunque el suceso haya ocurrido hace tan solo media hora, se sabe lo que pesaba la grúa, la fuerza que tenía, cuanto podía cargar, la longitud de la pluma, la potencia del motor, la tensión de los cables y hasta hace cábalas de la causa del siniestro… un crack..

No me digas de dónde salen estos tipos de personajes, pero hay portavoces para todos los gustos: de defensores de los anuncios contra las buenas costumbres, de los amantes de las lentejas castellanas, de la liga antianuncios en televisión, de los protectores del oso pardo o del lince ibérico. Y sí, hombre, sí, que todos estamos de acuerdo en preservar al oso pardo ese y al lince ibérico, pero como que me da que quien es un lince eres tú y quien realmente te protege es más el felino que tu a él.

Y es que a veces uno piensa: ¿Y de qué vive este amante del lince o del oso pardo que se pasa el día de cadena en cadena de televisión y de radio en radio, lo mismo a las 10 de la mañana que a las 11 de la noche, o de conferencia en conferencia?. Pues de eso, vive de portavoz, como si fuera una profesión, y hasta no me extrañaría que hubiera una especie de mafia en este asunto.

Que ocurre cualquier cosa en Almería, como por ejemplo que han aparecido muertas diez medusas, hecho gravísimo donde los haya, pues la banda, (porque para mí que es una banda), decide: «Venga Luilli, a Almería, toma este tocho de libro del mundo marino y por el camino te chapas la vida de todos los animales gelatinosos que te encuentres y cuando llegues… a rajar eh, a rajar y a rajar en defensa de la medusa. ¡¡¡ Animo chaval !!!».

Y el chaval; o sea, Luilli, llega a Almería y por arte de magia parece en todos los medios de comunicación hablando de las medusas como si viviera con ellas todos los días, aunque realmente el tal Lulli tiene un piso en Albacete. Y como esto de la comunicación crea una especie empatía, pues desde Almería hasta A Coruña, parla que te parla de las medusas. Que ocurre un incendio en Guadalajara…. pues otro portavoz que se va para allá a defender el alcornoque o los rastrojos como planta autóctona, lo que sea; un animal herido en Taramundi… otro que embarca hacia el mundo del raje.

Quizás es que yo sea un poco egoísta, puede ser, pero a mí, la verdad, tanto altruismo me sorprende porque nadie duda, por ejemplo, que los guacamayos rojos, muy parecidos a los loros y que están cerca de exterminarse, tienen su gracia; pero de ahí a dedicar toda tu existencia o parte a saber cómo anida, cómo procrea, cómo cría o deja de criar, qué come o deja de comer, lo que mide y deja de medir o lo que pesa y deja de pesar la condenada ave….. me resulta raro, y como hay tanto avispado que no está en vías de extinción, pues como que entre tanto listillo y subvención me da que aquí hay mucho portavoz encerrado.

La aldea y la comunicación verbal

lunes, septiembre 21st, 2009

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

En la aldea en la que vivo hay siete casas, ni una más ni una menos, y cada una está separada de las otras como unos 30 metros con su terreno por la parte de atrás. Hasta aquí nada que no ocurra en otras partes de la Patagonia, Siberia o en el desierto del Gobi, por poner ejemplo cercanos.

Cuando me asenté en este microcosmo humano, si quería algo de mi vecina Maruja, pues salía de casa, iba a la suya, tocaba el timbre y le pedía sal, azúcar, pan…. qué te voy a contar, lo normal entre vecinos bien avenidos. Lo mismo hacía cuando iba a ver a Virtudes (colindante con Maruja); sin embargo, cuando mi convecino Gelito quería algo de mí, en medio del bucólico silencio entre pajarillos y otras aves campestres oía: «¡¡¡¡ Jisandeeeeeeee !!!!!». Y «¡¡¡¡ Jisandeeeeeeee !!!!» (o sea yo), salía de casa y según me acercaba a él, pues Gelito me comentaba cualquier cosa, que si iba a Oza y lo podía llevar en coche, que si sabía algo sobre el deshielo o que si tenía tabaco. Daba lo mismo que estuviera a 10, a 50 que a 100 metros, para Gelito soy y sigo siendo «¡¡¡¡ Jisandeeeeeeee !!!!» y de ahí no hay quien lo apee.

Poco a poco, en una adaptación súbita, rauda y veloz, impropia de , descubrí (sobre todo cuando llovía) que eso de salir de casa para pedir algo a Maruja o a Virtudes o para llamar a Gelito era pues, como un poco incómodo, así que como los que ajustan el sonido de las orquestas de las verbenas, comencé en voz alta a llamar «¡¡ Gelito !!» con dos admiraciones. Al no obtener respuesta volví a repetir «¡¡¡ Gelito !!!», pero con tres admiraciones.

La verdad que en principio tenía pensado, como los expertos en decibelios, empezar con: «Uno, dos, uno dos, uno, dos, probando»; pero pronto deseché esta idea porque como la mayoría de mis vecinos sufrieron la posguerra, pensé que no fuera a ser que creyeran que la aldea estaba militarizada, que volvían los tiempos del «mando y tente tieso» y que de un susto se me fueran la mitad para el otro barrio.

Entonces, pronunciado «Gelito» fui tanteando el volumen para que me oyeran, hasta que llegué a un «¡¡¡¡¡ Gelito !!!!!» con la friolera de cinco admiraciones y descubrí, que además de que Gelito está un poco sordo, que era el adecuado porque no solo contestó Gelito, sino también Virtudes, Maruja y Manolo, que este último está un poco más lejos, a unos 40 metros.

Como estoy viviendo una etapa totalmente novedosa, rozando el esoterismo, pude comprobar, por ejemplo, que los fines de semana, cuando la población se duplica (es decir que de 11 vecinos pasamos a 22) un «¡¡¡¡ Gelito !!!!» con 4 admiraciones no lo oyen los de la ciudad, quizás por estar afectados por la contaminación acústica y que es preciso un Gelito de entre 5 y 6 admiraciones; vamos todo un control si necesidad de sonómetro, que estamos como para gastos.

Yo no sé en que acabará todo esto (que repasando el texto es de admirar); de lo que sí me percato es que no salgo de casa, que últimamente hablo más por la ventana, a gritos, y que practicando y llegando a unas 44 admiraciones es posible que me oigan en Acapulco y que un día termine dándole una patada al móvil. Pero claro, como esto del saber y el escaso conocimiento que todavía le queda a mi única neurona me mata, recuerdo un refrán que dice: «El campo embrutece, envejece y envilece». Lo último lo veo difícil, porque creo firmemente que con ese primitivo don se nace; de lo segundo, si te soy sincero ni idea; pero de lo primero… de lo primero como que me da que voy por muy buen camino.