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¿España-USA?, ¡¡¡¡ pero por qué !!!!

domingo, junio 28th, 2009

¿Cuántas son las posibilidades de que España juegue un partido oficial de fútbol contra Estados Unidos en el que uno de los dos tiene que quedar eliminado?, ¿una entre cien millones…. dos? ¿Y que seas gallego y que justo esa circunstancia futbolera coincida con que estás casado con una norteamericana?. ¿Una entre mil millones, cuatro?.

Pues quizás aún más porque como me explica muy buen mi amigo y compañero Pablo Gómez Cundíns, que está en la sección de Deportes de La Voz de Galicia, «son de continentes distintos y, salvo un mundial o un campeonato de Confederaciones, no es posible», para añadir con ironía, «así que no te preocupes más». Pues pabliño, no me preocuparé más, pero me tocó. Y como me tocó pues vi el partido entre España y Estados Unidos creyendo que más que en una aldea de Galicia estaba en Oklahoma o en Aiowa, oyendo a todo momento «¡¡go, go, go, go…!!!» (¡¡¡ vamos, vamos, vamos !!!), «show me the colors» (que es algo así como «por tu bandera, por tu país») «¡¡¡ come on baby, come on baby !!!» (¡¡¡ vamos chico, vamos chico !!!). Si mi padre, que era de Castilla y no conoció a mi mujer, levantara la cabeza……….

Pero si sabrán poco o nada de fútbol en el país de los cohetes, que en una ocasión estábamos en un bar y jugaba no sé qué equipo contra otro cuya camiseta llevaba rayas verticales y al verlos mi mujer dijo: «¿Por qué hay tantos árbitros?». «¿Arbitros?», pensé. Y entonces comprendí que pensaba que eran los colegiados porque en el fútbol americano, aunque llevan pantalones hasta la pantorrilla, la camiseta es de rayas verticales negras y blancas.

Claro que el día del partido entre Estados Unidos y España reaccioné tarde, porque es tal el desconocimiento que tienen de lo que ellos llaman soccer, que cuando acabó el encuentro y los del banquillo invadieron el campo, me preguntó: «¿Qué pasa?», «pues qué acabó el partido», contesté, y entonces se puso a bailar como lo hacen los jugadores de fútbol americano tras hacer thas down, con ese swim tan particular y bello, porque una cosa no quita la otra. Sí, me faltaron reflejos, porque si espabilara le hubiera dicho que no se acabó, que es el descanso, que hay una tercera parte que se juega en septiembre y si cuela…. pues cuela. Y tras el fútbol empezamos a hablar de los deportes, que si en baloncesto España y Estados Unidos, que si esto y lo otro y al final me quedó una duda y pensé que estos tíos deben ser un poco torpes. Bastante torpes porque cómo es posible que en un país, que está armado hasta los dientes y son 300 millones, no tienen un campeón del mundo de tiro al plato. De verdad que no lo entiendo, o quizás sí, porque es al plato, que si no…..

Cuando vives «el momento pailán»

martes, junio 23rd, 2009

Ya puedes viajar lo que quieras que cuando menos te lo esperes vivirás «el momento pailán*». A mí me sucedió en Estados Unidos, en una localidad que se llama Bear Creek, en Texas, en la casa de mi amigo Kevin. La vivienda era la típica de esas que se ven en televisión: el garaje a la derecha, la entrada a la izquierda y un terrenito de unos 60 metros cuadrados frente al inmueble. En la primera planta las habitaciones y en la parte de abajo un inmenso salón con su cocina, una barra americana y todos los electrodomésticos que uno pueda imaginar y que se podían utilizar con un mando. Para que no faltara nada, en la parte trasera, que no se ve en televisión, hay un campito donde suelen instalar una pequeña piscina y una canasta de baloncesto con los colores de la bandera americana por si quieres hacer un triple o un aliup. O sea, la felicidad total.

Como en la casa no se podía fumar, la solución era salir a fuera, echarse uno o dos cigarrillos y volver a entrar. La verdad es que no los saboreas mucho, pero… algo es algo. Así más o menos fui tirando la mañana del primer día de mi estancia en USA, entrando y saliendo de la vivienda para nicotinarme.

Todo estaba perfecto hasta que a las doce de la noche, cuando mi amigo ya estaba dormido, decidí fumar un pitillo. Así que bajé despacito, sin hacer el mínimo de ruido con la intención de salir fuera para no dejar rastro alguno de humo. En puntillas me acerqué a la puerta y al abrirla ¡¡¡¡Noooo!!!. Comenzó a sonar una estruendosa alarma. Ni que decir tiene que mi amigo bajó a toda velocidad y me encontró en calzoncillos, en camiseta y con un paquete y un mechero en la mano, simplemente, penoso. Desconectó la alarma y me explicó lo que tenía que hacer para que no funcionase si quería fumar. Abrió una caja que estaba oculta en una pared y me empezó a decir qué botones debía pulsar y, al segundo, le dije: «Déjalo, no fumo», a la vez que pensaba que aquello era más complicado que el manual de la BlacBerry, que son 278 páginas.

Al día siguiente, al levantarme, me encontré solo en casa ya que mi amigo había ido a trabajar y no volvía hasta las siete de la tarde. Desayuné y cuando iba directo a la calle a echar un cigarrillo pensé: «¿Y si salgo y la puerta se cierra automáticamente, porque aquí todo es automático, y no puedo después entrar?». Y también al momento cavilé: «¿Y si mi amigo tiene un sistema que si abro la puerta suena la alarma y, como es el primer día que estoy aquí, se olvidó desconectarla?». Y como el asunto iba in crescendo me cuestioné: «¿Y si suena la alarma y como no sé desconectarla vienen los vecinos, y como no sé inglés y estos están armados hasta los dientes y creen que soy un ladrón me fríen a tiros?». Estaba ya en total paranoia cuando me dije: «Abro la puerta y que sea lo que Dios quiera, pero yo fumo con o sin alarma». Me armé de valor, me acerqué a la puerta, agarré la manilla, abrí rápidamente y…. no sonó la alarma.

Pensaba que todo había pasado cuando entonces me asaltó otra duda existencial mientras encendía el cigarrillo y con un pie sujetaba la puerta abierta: «¿Y si ahora la cierro y mi amigo tiene un sistema que no se puede abrir tras cerrarla o tiene una alarma que previamente hay que desconectar siempre que se entra en el día por primera vez?». Así que estirándome como pude cogí una maceta que había cerca y la puse entre la puerta y la entrada y así quedó hasta las siete de la tarde. Cuando llegó Kevin le expliqué lo sucedido. No me llamó pailán, porque no sabe lo que significa, pero seguro que sí hick, que más o menos es lo mismo.

*Pailán (Palurdo, cateto), palabra gallega que más o menos viene a significar aquella persona carente de cultura y de pocos modales que se cree todo lo contrario.
*Cuéntanos tu caso

Las flores y los franceses

miércoles, junio 3rd, 2009

Comentaba recientemente en un artículo que los franceses son unos apasionados del queso, del sexo, del vino y del champagne; que visto así ya tienes para comer, beber y no pasar frío; que no es poco en esta época de crisis, pero me olvidaba de algo tan trascendente como son para ellos las flores.

Estoy convencido que en Francia las flores no surgen por generación espontánea como ocurre en cualquier otra parte del mundo: o sea que no hay una abejilla que llega aleteando a la flor y esparce el polen como el premio de la lotería, «muy repartido», no; en Francia, las flores estoy segurísimo que crecen por decreto ley o a escuadra, con regla y cartabón, sino no se explica cómo es posible que vayas por una carretera y una preciosa arboleda esté justo ahí, ni aquí ni allí, exactamente donde quedan mejor en el paisaje para que el turista se quede boquiabierto; ni que en una casita donde hay un jardincillo de cuatro metros cuadrados las flores estén tan alineadas que hasta los pétalos parece que piden permiso para moverse.

A mí, he confesar, al principio los jardincillos esos y las flores en las macetas en los pueblos colgadas en las farolas me gustaban, pero no crean que mucho, porque, sin ser flor, andaba con la mosca detrás de la oreja. Iba por una villa y decía: «Mira que bonito, que luz da al pueblo»; pero ya notaba yo que no lo decía muy convencido, prueba de ello es que esa fase enternecedora duró poco más de una semana. Al cabo de ese tiempo, cuando entraba en una casa y al pasar rozando un rosal el dueño me miraba con cierto aire de «no me la estropees», la verdad que me entraban unas tremendas ganas de coger un lanzallamas y cargarme toda la flora y fauna de esa maqueta verde que él consideraba «zona ajardinada».

Pero es que además, como la población gala está muy envejecida, pero sigue viva (que una cosa no tiene nada que ver con la otra, que lo digo por decir y nada más) tiene tiempo de sobra para pasarse hora y horas en el jardín y saber todo lo que crece en él; no como nosotros que decimos: jazmines, margaritas, amapolas «y esa que apareció ahí», como si «esa» fuera la alcahueta de la Botánica; pues ellos no, ellos, (si encuentran una que desconocen), serían capaces de organizar una reunión de vecinos para identificarla, cada uno llevaría alguno de los 1.400 álbumes que tienen en casa hasta que dieran con la familia de la susodicha flor hasta que al final uno diría: «Pues, señores, estamos ante una Astarácea». ¿Una Astaraqué?. Un cardo, hombre, un cardo y menos álbumes.

Ese bicho llamado ñu

sábado, mayo 23rd, 2009

Yo no sé usted, pero personalmente no aguanto ya más documentales sobre el ñu, y cerca de él, a muy poca distancia, está el petardo ese del oso cogiendo salmones con su zarpa, que me tiene harto; pero lo del ñu, la verdad, me supera y no exagero si le digo que conozco mejor la vida de este tipo que la de mis hijas.

Para la mayoría de la gente la vida suele estar marcada por ciertos acontecimientos o recuerdos: una canción de cuando eras joven o te enamoraste, una película que te impresionó por el argumento o porque era muy diferente, el primer coche que compraste y que te hizo mucha ilusión y, si eres de A Coruña, el penalti que falló Djukic; vamos, lo normal, pero que tu vida esté marcada por el condenado antílope africano…

Estoy en casa, enciendo el televisor y raro es el mes que el ñu no entra en mi salón. He visto tantas veces los documentales del ñu que estoy convencido de que se trata de los mismos ñus y del mismo cocodrilo. Yo ya me sé de memoria que el ñu vive en África, que cuando las hembras está fecundadas se une en grupos formando una riada de individuos hasta llegar a los pastos del Lago Victoria o del cráter de Ngorongoro y que esto ocurre en el mes de junio; o sea, dentro de unos días.

Sé que antes de llegar al Ngrongoro tendrán que pasar por un río infectado de cocodrilos y que uno de estos reptiles se comerá un par de ellos. Por saber de este bicho sé que alcanza una velocidad de 80 kilómetros, lo más rápidos, unos 60 los más lentos, y que en el Parque Nacional de Serengueti, en Tanzania, (que a mí como si es Mónaco) hay más de un millón de ejemplares. ¿Y usted cree que esto me interesa?, en absoluto, me da lo mismo el ñu que la vida de una gaviota; pero son ya tantos años viendo al ñu que al final me lo sé todo. Bueno, todo no, porque lo único que no entiendo, sabiendo el trágico final de algunos ñus al pasar el río, porqué no le ponen un condenado puentecillo. No lo entiendo.