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Entradas etiquetadas como ‘gastronomía’

Vas a comparar a mis vecinos con el Adriá ese

Sábado, abril 28th, 2012

GRACIAS POR VUESTRO APOYO. NO LO OLVIDARÉ. TODO ME VA GENIAL Y… SEGUIMOS PARA BINGO 😉

Adriá, el filósofo ese de la patata, comparado a mis vecinos es un colgao. Mientras él se dedica a hacer chorradas con cientos de condimentos y no sé cuantas materias primas, mis vecinos lo tienen claro: Callos y churrasco y de ahí no hay quien los mueva; pero esto de los callos y el churrasco es más complicado de lo que a simple vista puede parecer, porque no es hacer callos o churrasco así porque sí… sí hombre… hay que hacer justo, pero justo justo aquéllos callos y aquél churrasco con aquél sabor y no otro, y en esto, si te contara… hay unas discusiones que no veas.

Unos que si hay que cubrirlos totalmente con agua; otros que no es necesario, que si dos hojas de laurel, que con una vale; otro que no se precisa laurel, que si un ajito, que no, que mejor dos y tal vez tres… que tres cuartos de picante, que 10 gramos de…

Tú sabes eso del Masters de Augusta, cuando el golfista se agacha como si estuviera en un cuarto de baño de pedales para saber si tira por allí o por allá para embocar la bola; bueno, pues mira: qué habré tomado yo en estos años que vivo en la aldea… 7.000, 8.429 churrascadas, tal vez 11.000… pues no conozco una, pero ni una en la que no haya alguien que agache para ver la altura a la que está la carne del fuego, como si aquello fuera el hoyo 17 de St. Andrews (pero sin chaquetilla verde) para poner la parrilla que si un poco más alta, que si un poco más baja, que si más brasa, que si menos… y además, cuando esto se hace, ni que en vez de una churrascada estuviéramos haciendo un cóctel molotov, porque es mover la parrilla y decir: «¡¡¡ Separaros, separaros !!!!», como si fuera a estallar.

Mira, he visto tantas dudas de dónde poner la condenada parrilla que en más de una ocasión he estado a punto de llamar a mi buenos amigos arquitectos José Manuel López Mihura, Leopoldo Uría Herrero o al diseñador Manuel Agrafojo y pedirles pero ya una regla y un cartabón para medir la altura o que me hagan a escala 1: 1.500 o 1: 18.000 un plano en sección de la condenada parrilla y que me calculen a qué altura pongo la carne.

Pero en esto del comer en la aldea (como ocurrió ayer), los dime y diretes en la preparación se acaban de una forma inmediata cuando alguien dice: «¿Y el vino?». Y entonces ahí, ni parrilla ni laurel ni ná, la siguiente pregunta es «¿y cuántas botellas hay?» Y da lo mismo si es Rioja, si es a granel, si es vino de casa, de chalé o de cartón, mientras haya botellas como si es alcohol del 90 y hasta creo que si ponen Betadine, pues que se lo beben como si fuera Baylis.

Y entonces sí que se acaban los problemas; es decir que si hay vino de sobra y ya da lo mismo los callos o el churrasco, todos dicen que «está perfecto», que sabe genial y da lo mismo esté como esté.

Que está salado… un trago de tintorro, mucho más salado… pues dos; que se quemó una chuleta… pues ya puede estar una parte carbonizada, calcinada, achicharrada, que siempre habrá uno que saque de navaja y rascando en ella diga: «ná, esto se hace así y está buenísima». Y oye, alucinante, todos asienten convencidos, con un compañerismo… y esto sí que es una filosofía del comer y no como el otro, el papón ese de la patata, el Adriá

Las ciudades se parecen a…

Jueves, abril 19th, 2012

Estaba yo pensando que hay muchas ciudades que se parecen. Por ejemplo, La Coruña se parece a Gijón porque ambas tienen una playa en medio de la ciudad, lo mismo que a Cádiz o a San Sebastián; pero no, por mucho que pensaba no era eso.

Así que estaba en esa peligrosa nebulosa mental cuando me di cuenta que las ciudades, pero todas, absolutamente todas, se parecen ¿en qué, a qué?, pues al parchís. Ya ves, yo pensando en playas, en calles, en la gente, en monumentos, en la gastronomía y resulta que para mí se parecen al parchís. De verdad que estoy por tirar este cerebro que tengo; el parchís, el parchís… manda carallo. Ahora entiendo cuando un día dijeron: «¿Guisande?, un gamba, todo aprovechable menos la cabeza», iban a tener razón, la van a tener.

Pues en esas estaba y llegué a la conclusión que las ciudades y el parchís se parecen porque en el juego sales de casa, lo mismo que en las ciudades, y aunque en el parchís lo haces con un 5 (he dicho que se parece, no que sea el parchís) en las urbes puedes hacerlo a la una, a las cuatro, a las cinco o las nueve.

Pero una vez que sales, estás en seguro. Es decir, que ahí no te pasa nada porque todo lo que te rodea es conocido, te sientes protegido, en tu ambiente; pero si decides aventurarte por ahí andando, a dar una vuelta… entonces ya te arriesgas porque así, sin comerlo ni beberlo la gente con la que te encuentras te puede comer, que a lo mejor no te canta las cuarenta, pero sí veinte, que ya es suficiente; o los coches, salvo que estés en el paso de peatones, donde el semáforo, que ahí estás otra vez seguro.

Claro que si abandonas el seguro semafórico y cruzas las calles con otros a la vez, aunque puedan pasar los vehículos formas una barrera y no te pasa nada y también estas seguro, a no ser que a varios se les ocurra correr y te quedes solo y… pues te comen fijo.

Y así vas por la ciudad/parchís en plan ficha, con un peligro… hasta que finalmente llegas a casa. Y ahí ya es la felicidad, no te pasa nada, pero nada de nada, estás con una tranquilidad tras todo lo que te has vivido… Y mira si estoy seguro y convencido que la ciudad se parece a un parchís, que si la volteas, si le dieras la vuelta, te encontrarías con la oca; pero yo de esto no escribo, te lo dejo a ti porque a mí no me toca.

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Vaya lío con esto del Ego

Jueves, marzo 8th, 2012

Estaba yo estos días con eso que llaman Ego, que por lo visto lo tenemos todos; pero si te soy sincero yo no lo encuentro y la verdad que si está en alguna parte, pues que a mí que me registren porque yo no noto que se me suba el Ego ese porque midiendo 1,80 para qué quiero más sino me voy a dedicar al baloncesto… pero bueno.

Lo que sé es que me decía: ¿ Y cómo es posible que no tenga más Ego con todas esas hermosas frases que me dicen en el blog como «genio», «crack», «mago de las letras» «la caña de España»… ? Pues nada. Así que estaba buscando cómo autoestimarme, autoendiosarme, autoidolatrarme o autoencumbrarme, que no es fácil.

Y en esas estaba, incluso dándome yo mismo palmadas en el hombro con una mano diciéndome «eres un fenómeno», «tú vales mogollón, Guisande»… y tampoco; es más, no solo no notaba nada internamente sino más bien externamente y me parecía a esos musulmanes que se autoflagelan con una especie de latiguillo de cuerdas y ya tenía un dolor en el costillar…

Ya estaba yo ya que no, que esto del Ego como que no iba mucho conmigo, cuando cansado y aburrido de decirme frases maravillosas decidí cenar, que la verdad no sé si ya por hastío o por hambre y entonces ocurrió el milagro.

Sí, ocurrió. ¿Que qué pasó? Pues que me dispuse a hacer unos huevos fritos, calenté el aceite hasta que casi echaba humo, puse el huevo en vertical sobre el borde de la sartén, golpeé suavemente la cáscara, de repente salió la clara y la yema y entonces, entonces sucedió, ¡¡¡¡ sucedióóóóó !!!.

Allí, en la soledad de la cocina, al contacto de la yema y la clara con el aceite hirviendo escuché un más que sonoro «plas, plas, plas, plas, plas, plas» interminable. ¡¡¡ Síííííi, un aplauso, una ovacióóóóónnn… !!!

Y yo, ante aquello, os lo juro que fue el deliro, el éxtasis; me incliné ante la cocina, frente a la sartén, haciendo una parsimoniosa reverencia y no pude menos que dar las gracias por tamaño reconocimiento a mi labor profesional porque sabía perfectamente que aquellos interminables aplausos y ovaciones era por lo bien que escribo, porque soy el número 1, el no va más, porque… perdonad que os deje, es que tengo la sartén al fuego.

Siete millones para unos cocineros

Miércoles, julio 27th, 2011

¿Sabes cuántas veces he empezado este artículo sin mosquearme, sin insultar, hirviéndome la sangre, casi llorando de rabia cuando pienso en la gente que conozco en el pueblo, en La Coruña o cualquier ciudad de España, personas como tú o yo? Pues diez o doce, no exagero, porque llega un punto que es tal la inmoralidad, la indecencia y la sinvergonzonería de este Gobierno (los que vienen seguro que otro tanto, ya lo han demostrado en otras ocasiones) que uno no encuentra las palabras apropiadas para explicar cómo este país ha llegado a este punto; cómo ha llegado a esta situación en la que el ciudadano no puede hacer nada porque la mafia está montada de tal forma que ni les preocupa sus acciones porque saben que sin son descubiertos habrá un poco de follón y luego todo se olvidará.

Cuando en este país hay 5 millones de parados, casi un millón que no recibe ayuda alguna, y que como digo en otros artículos, se pasa hambre, el Gobierno (repito que los otros son igual de tipejos) a través del Ministerio de Ciencia e Innovación (ver decreto) concede una subvención de siete millones de euros; sí, siete millones de euros, unos 1.162 millones de pesetas, a la Fundación Basque Culinary Center para «la investigación e innovación gastronómica», tal cual lo lees.

Y quienes forman la Fundación Basque Culinary Center Basque, pues según su página web «el Patronato está constituido, entre otros, por los cocineros que han participado activamente en la iniciativa, en concreto, Juan Mari Arzak, Martín Berasategui, Pedro Subijana, Karlos Argiñano, Andoni Luís Adúriz, Hilario Arbelaitz y Eneko Atxa».

Siete millones de euros a unos tipos, ya de por sí forrados, para entretenerse haciendo comiditas (si las hacen, que eso habría que verlo) para luego seguir con sus negocios para que los «excelentes» platos (algunos auténticas chorradas con dibujitos) sean probados no por ti y por mi, que llegamos con lo justo a final de mes y nunca entraremos en esos locales, sino por esa Casta de políticos y financieros que viven de nosotros. ¿Y luego me preguntan que por qué voto nulo?. Lo que no entiendo todavía es como la gente no se echa ya a la calle, palabra.

PD._ Disculpa que al entrar en el blog no hayas encontrado un artículo de humor, pero hay situaciones indignantes a las que uno no puede estar indiferente.

Adrià, ¿ el restauraqué ?

Lunes, abril 4th, 2011

Se llama Ferrán Adriá, que a mí realmente, así en principio lo único que me molesta de él es buscar en el teclado el acento ese al revés para ponérselo a la (a), en Adrià, porque el resto, la verdad me da lo mismo, como si hace boquerones al chafarís.

Por lo visto, (mira, que busque otro la tilde), este Adriá, que ahora no es cocinero sino restaurador, dicen que es mucho en esto de los fogones, tanto que va a dar unos cursos en la Universidad de Harvard. Hombre visto así, ir a USA parece mucho, pero la verdad que ir a la Universidad de Harvard, a la de Columbus o la de Duke, en Carolina del Norte, para convencer a unos uno tíos que en el mundo hay algo más que comer hamburguesas y que aún siendo gordo como un bolo se puede comer sentado, con cuchillo y tenedor y que la pistola la puedes dejar en el ropero… pues para mí que el asunto no es para tanto, que eso lo puede hacer también Carmiña, la del bar Pedreira, en Oza de los Ríos; pero bueno, que la gente ya se sabe como es, que es decirle Estados Unidos y ¡¡ hala… un fenómeno !!, pues no.

A mí lo que más me gusta de estos tíos es que empezaron como tú y yo, prendiendo un día fuego en una cocina con una cerilla o un mechero, con el mismo movimiento, y mira adonde han llegado. Y digo mira y digo bien, que mires tú porque yo miro y remiro, veo y reveo, observo y reobservo, y no lo entiendo ni reentiendo.

Vamos a recapacitar a no obsesionarnos, que es lo mejor en estos casos, que sino nos obnubilamos, nos ofuscamos y nos desconcertamos y eso es muy malo, supongo que también para el colesterol. Veamos, un tío que hace comidas; sí, las de poner en plato sopero o llano, supongo que algún día haría un huevo frito, pasa a la sopa de letras y de la sopa de letras a la sopa al pustusbús y de ahí, a investigar… ¿a investi… investiqué… ?

A mí me encantaría ver a este artista a final de mes en los hogares de muchos españoles; y ahí sí, hombre, ahí sí que podría demostrar que realmente es restaurador, que te puedes lucir, y que con el trozo de chorizo que ha quedado de ayer, media cebolla, un poco de ajo, un cacho de pan duro como una piedra, sal y aceite si cortas la botella y la rebañas… me haces justo eso, me restauras todo este cristo que tengo montado y me preparas una comida pa cuatro y te dejas de caracolillos en salsa almendrada al rituité o de albondiguillas de naranja en flor del gurusgús.

¿Quieres investigar?, ¡¡ pues hala chaval !!, mira por donde estás de suerte, pero inmensa y sin necesidad de viajar a USA; ahí, en cualquier casa, en la primera que veas sí que tienes un gran campo para indagar, para estudiar; ahí sí que puedes hacer lo que te gusta, ir al más allá de la gastronomía, hacia la nueva frontera del condimento… inspecciona, inspecciona y explora en todas las alacenas a ver qué pillas, qué encuentras y hasta si queda algo de nocilla o un par de aceitunas con hueso a ver si haces la machada de idear un plato y alimentar a una familia patria el último día de mes.

Con dos bemoles, San Adriá, venga, y ponte a ello, que eso sí que es una investigación en toda regla y no esa bobada USA, que me huele que con tanto mamoneo terminarán como terminan todos: «¡¡¡¡ Qué rica es la tortilla de patata, qué rica !!!» , no pierdas el tiempo Adriá, que si realmente eres un crack tu futuro está aquí, en hispanilandia, en mi casa. «¡¡¡ Niñoooo, que no tires el pan que viene el Adriáááá !!!, ¡¡¡guarda el mantel !!!!, ¡¡¡¡ sííííííí, el mantel de Navidad, que a lo mejor se le ocurre hacer un postre con la grasilla que tiene del turróóónnnnn !!!!». Venga, que si vienes te prometo poner bien siempre el acento es de Adrià.

Las madres y las comidas

Lunes, noviembre 29th, 2010

No sé que pasa, pero a veces, cuando estás en el comedor del periódico y por cualquier circunstancia uno habla de platos, siempre hay alguien que dice: «Pues mi madre hace una fabada… », y luego otro añade «pues la mía unas albóndigas… ». Y si hay siete personas en la mesa, seis cuentan las maravillas de la cocina familiar mientras una; osea yo, pues como que me siento un huérfano gastronómico.

¿Tú comprendes que a alguien se le queme unos espaguetis, un caldo, una sopa, incluso un huevo cocido? Pues yo sí, a María Teresiña, mi madre y, claro, te preguntarás ¿entonces que comía yo en casa? Pues como era lo más sencillo de hacer, bistés, bistés y más bistés. Es más, yo creo que si mi padre cuando se casó hiciera un plan estratégico financiero y hubiera comprado 40 vacas, las hubieran abierto en canal, trocearlas en bistés y ponerlos al vacío para los próximos 40 años… un millón de las antiguas pesetas las había ahorrado, o dos o tres.

Yo otra cosa no, pero he visto tantos bistés en mi vida que recuerdo que al final, ya más que comerlos (cómo ya sabía a qué sabían, joé que si lo sabía) me entretenía viendo las chuletas en el plato y con las patatas amarillas a un lado me imaginaba así como un desierto con un calor asfixiante y al fondo el sol resplandeciendo en las montañas/tubérculos.

En muchos bistés, pero no en uno, sino que cuando digo muchos puede ser unos 9.000, para pasar el tiempo veía por su forma el mapa de Alemania, el de Holanda, el de Bélgica e incluso vi venir la desintegración de Rusia y Yugoslavia. Cierto es que con tanto bisté sacaba 10 en Geografía, pero en lo que fue la educación del paladar… pude nacer perfectamente sin él o ya de tenerlo donarlo, total para lo que me sirvió…

Y tanto bisté de vaca me comí en mi vida y tan harto estaba que (y no me duelen prendas) yo soy la única persona en Europa, y si me apuras en el mundo, que cuando comía en un Colegio Mayor o incluso ahora mismo en el periódico, engorda. Como te lo digo, engordo y hasta creo que ancheo; hombre, no te digo que se me ponga una cara rechoncha, que yo como los zapatos, más bien soy de horma estrecha, pero que cojo kilos con esta comida variada… seguro.

En ocasiones he pensado como soy, pero no por la forma de ser, de carácter o si soy noble, no; sino como soy en lo material, de qué estoy hecho, y estoy convencido que si me hicieran una biopsia seguro que los resultados arrojarían que estoy compuesto por un 98% de ganado vacuno y un 1 o 2% de productos varios como lácteos, leguminosas, hidratos etc. Y claro, con un metro ochenta de altura y raspando los 68 kilos, no puedo decir que me sienta fuerte como un toro, no; sino que por lo comido, pues más bien… más bien como tirando a vaca ¿no?.

PD._ Dedicado a mi madre, María Teresiña, a la que quiero y que bastante hace en aguantarne

El verano, la nevera y la comida

Viernes, julio 30th, 2010

Siempre pasa lo mismo, pero siempre, y especialmente en verano, por eso del calor. Abres la puerta de la nevera con un hambre que no veas, coges una tartera con restos de comida que no sabes si es de ayer, anteayer o de las Navidades y entonces, entonces te entra esa duda de: «¿Estará buena o se habrá pasado?» Y de ahí a un esquizofrénico «¿me moriré envenenado?» hay un paso y luego, irremediablemente, a preguntar a los de casa.

Y claro, en esto, suerte que tienes que sois cuatro o seis de familia como mucho, porque si fuerais 100.000 te pasearías con la tartera de un lado a otro preguntado a cada uno de ellos y cada uno metería la nariz, olería y reolería y cuando llegaras al 100.000 (un mes después de sacar la pota del frigo), no lo dudes: la comida está mal, pero que muy mal y tú peor, porque en el 87.400 (por ejemplo y porque ya te dolerían los brazos de andar con la dichosa cacerola de un lado a otro), podrías darte cuenta ¿no? Bueno, tú no, tú eres así, pero en esto tienes suerte porque tú (una vez más) no cuentas, que el asunto es la comida y la cuestión trascendental es ¿podré o no comerla?

Y la verdad que es inútil que preguntes, que lo haces por inercia, como otras muchas cosas, porque sabes perfectamente, pero perfectamente, que terminarás tirando la comida a la basura porque aunque solo haya uno, uno solo de esos 100.000 a los que has preguntado que te ponga una mala cara será suficiente para reafirmarte en lo que pensaste nada más sacarla de la nevera: «Está mal, está mal y está mal y la voy a tirar». ¿Y porque no la tiraste entonces? Pues porque eres un paranoico y eres capaz de ir incluso a otra ciudad o a otro país a otro Continente hasta que encuentres uno que te diga: «Muy bien no creo yo… » o «me huele a… » y así autoconvencerte más. Dios, qué nulidad, qué torpe eres.

Y si vives solo y no tienes nada más en casa que echarte a la boca tienes dos opciones: o te vas a cenar fuera o vas a un 24 horas, arramblas con uno o dos botes callos o de fabada, los pones al erótico baño de María, cenas y a sobar que mañana será otro día.

Iba a decir que a mí me ocurre lo mismo, que en cuanto saco algo de la nevera de uno o dos días por mucho que pregunte la comida va a la basura con una rabia….. pero eso era antes. Desde que vivo en la aldea todo es diferente, entre que el súper me queda a 4 kilómetros y que aquí no hay un 24 horas, en menos de un minuto se te pasa la paranoia (que no el hambre) comes lo que sea y te vas a dormir con una sensación de «malo será», y cuando llevas como unos treinta o cuarenta «malo será» y ves que no te ha pasado nada te convences que la comida siempre está buena, pero buenísima, vamos hasta el moho ese medio azulado y verdoso te parece queso de roquefort

Claro que, ahora que lo pienso, a ver si lo que va a ocurrir es que realmente la comida está mal, pero rematadamente mal, fatal, y que quien está bien, pero increíblemente bien, soy yo; que mi cuerpo y mi metabolismo ya se han acostumbrado a todo tipo de contaminación, de putrefacción… pues tío si es así, si esto es cierto que ¡¡¡¡ guay !!!, estoy buenísimo, de salud claro, solo de salud; y del otro…. pues, pues por si cuela mi correo es manuel.guisande@lavoz.es

¿Por qué los espaguetis no son un vicio?

Jueves, octubre 15th, 2009

En un artículo publicado en este blog (El niño y la mirada), decía que con mi padre, además de llevarme muy bien, supe que era precisamente eso, mi padre, cuando un día me dijo: «Hay una cosa que no comprendo». «¿Qué?», le pregunté. Y a continuación añadió: «Que el vino vicie…. normal, ¿pero que la calvicie?». Desde entonces, contaba, nunca necesité, para estar seguro de que era mi progenitor, ni acudir al Registro Civil, ni mirar el Libro de Familia ni hacerme la prueba de ADN. Lo que hice, que fue casi igual, fue el DNI y, la verdad, me pareció hasta demasiado.

Pues si ya estaba seguro, vamos segurísimo, ahora no tengo ni una pizca de duda porque creo que desde el más allá de la muerte, que supongo que lo que habrá será otra, he tenido una revelación paterna que me decía: «Hijo mío, los espaguetis no son un vicio», y yo sé perfectamente que este pensamiento metafísico y trascendental solamente puede provenir de él y que me la ha transmitido por esa intangible vía de consanguinidad.

Y entonces me asaltó la duda, ¿por qué los espaguetis iban a ser un vicio? Y aquí empezó el problema porque aunque presté tanta atención que me crecieron las orejas, no escuché respuesta alguna, ni tan siquiera una revelación casual en forma de pista interpretativa.

Y como tengo este problema, que es pensar, cavilé. Pues es una pena que no sea un vicio, que está el paquete a menos de un euro, mientras el tabaco está a 3, la cerveza a 1,40, el vino depende, el bingo supongo que a más, y la ruleta ni te cuento. Y es que al final descubres que los placeres, lo que te gusta, lo que te satisface, es lo caro; y de lo que estás harto, pero harto harto, barato. Porque mira lo feliz que seríamos todos si los espaguetis fueran un vicio; pues no, no son un vicio, hombre, es el último recurso cuando no hay nada en casa, cuando no se tiene ganas de cocinar absolutamente nada o cuando quieres llenar el estómago de 4.000 tíos, y para colmo pocas variantes tiene el condenado fideo: tomate y queso. Tristísimo.

Claro que para llegar a esta conclusión tardé varios días, y por el camino quedaron otros pensamientos colaterales, algunos tan preocupantes (y no me digas qué tiene que ver esto con el espagueti) como que no podemos quedar todos los españoles huérfanos, sin gobierno, porque nigún ministro se ha vacunado contra la gripe A. Y qué menos, para animarnos, y para darnos garantías de que no nos dejan desamparados que ver a todos ellos, y el Rey el primero, entrando en una ambulancia y poniéndose la vacuna esa para evitar esta muerte fatídica que nos anuncian cada dos por tres como la Coca Cola.

También con esto del espagueti tuve una reflexión extraña, irreal, aunque relacionada con lo real, con la Realeza, quiero decir: ¿De verdad seré como dice mi mujer un vago en casa? Y claro, deduje que si vivo en un país donde hay una Reina, lo normal es que sea zángano. No sé, cosas extrañísimas me produjo esto del espagueti, que hasta pensé si será un alucinógeno.

Pero como a mí no me gusta dejar las cosas a medio hacer, decir adentrarme en el mundo de la praxis. Total, que me hice un superplato de espaguetis y, en efecto, no son un vicio, seguro, pues a la quinta cucharada desistí. Y entonces, en otro momento de luciestupidez me percaté que el espagueti (además de para llenar el estómago por tres perras) es un motivo de inspiración, y como prueba de ello este artículo. ¿Y por qué lo sé?, pues porque está escrito y porque pensé en un limón y lo único que me infundía en mi intelecto es que era de color amarillo y no muy amarillo, no creas. Y como ya puestos a meditar, pues tenía tiempo, me acordé ¡¡¡¡ Cómo no !!! de mi padre, que a ver cómo le mando un mensaje de que cuando me envíe un flash del más allá, a la vez me dé una respuesta. Joé papá, es que otra como la de: «Hijo mío, los espaguetis no son un vicio», y es que me matas. Un beso.

¿Callos, churrascada o sardiñada?

Domingo, agosto 16th, 2009

Lo de callos, churrascada o sardiñada es más que un tipo de comida, es una decisión casi existencial en esta temporada de verano en la que todo el personal invita a los amigos a su casa de campo, saca de parrilla, hace fuego, se quema (porque si alguien no se quema no hay fiesta), y se pone en plan cocinero demostrando sus habilidades culinarias, que en esto tengo una ventaja, no tengo que demostrar nada, soy un inútil, pero un Inútil Total II, en los mejores cines.

Pero eso sí, que no soy un cara, que si quieren pongo la mesa, la recojo y si es necesario lavo los platos, que un día descubrí (luego mejoré) que unos vasos sabían como a menta, pero era porque les había echado mucho fairy y al enjuagar pues…, pero cocinar…. huevos; o sea fritos o cocidos. No pidas más y come.

Y no es fácil decidir cuando hay un grupo de gente, que los hay que parecen que siempre han comido en el Ritz y que cuando se ponen pelmas en el campo te viene ese pensamiento tan curioso de: «Hombre, este manzano que está aquí, no podría caerle encima y tenemos un problema menos».

Y es que los hay (y eso que es solo por unas horas comiendo, imagínate tu un fin de semana entero), que a la hora de elegir dicen que están un poco hartos del churrasco, «que es lo que se come casi a diario» (casi siempre el que lo dice tiene una cara de espagueti), otros que los callos son un poco fuertes en verano; bueno en verano, donde hay verano porque yo soy de los que pienso que aquí en Galicia unas guindillas en agosto es placer de dioses, pero bueno. Y también hay quien alega que las sardinas y que si los niños y las espinas y que… Si vivieran como lo hice yo en varios pueblos (Castropol, A Cañiza, Tui, Redondela) que estábamos vacunados contra todo. ¿Te caía el bocadillo al suelo en la calle?, pues lo cogías, lo limpiabas con la mano y tira para adelante. Y si no al tiempo, que ya veras cuando llegue la gripe A como solo quedan los de «la montaña», que están fuertes como rocas, que se alimentan con buenos platos de comida, y no como en la ciudad, que te ponen maquetas.

Como digo, en este tipo de reuniones, cuando ya se ha decidido en comisión de investigación lo que se va a comer, no sé muy bien que ocurre, pero el que va de maestro cocinero, sea churrascada, sardiñada o callos, no te deja casi probar bocado y ya está el tío diciendo: «¿Verdad que está bueno, verdad que está bueno?».

Y una vez no importa, porque para algo que hace, que disfrute de su ilusión; pero a la cuarta o quinta vez yo ya le empiezo a sacar defectos al churrasco, a la sardiñada, a los callos y a lo que me pongan (aunque estén bien no está bien, y aunque me gusten no me gustan) y después, además de caerme mal el que lo hizo amplío este sentimiento a su mujer, a sus amigos, al lugar en el que estoy, al agua, al vino y al perro porque si está bueno ya te lo dirán, petardo

Pues nada, insiste que te insiste y llega un momento que cuando estás harto solamente hay unos minutos de satisfacción cuando se te repite casi el mismo pensamiento, pero con una variante: «Ya que está visto que el árbol no cae, por qué este plasta no se atragantará con una espina o un hueso y se lo llevan en ambulancia, que me está dando el día?». Y la felicidad que da esos momentos imaginándote al tipo con el gotero, una sabana hasta el cuello, en camilla y con un hueso de un kilo entre los dientes…. ¿Callos, churrasco, sardiñada?. Lo mejor, buena compañía, aunque yo…. callos. ¿Y tú?

Este verano… filloas

Jueves, julio 23rd, 2009

No le des más vueltas, que si se las das te vuelves y te pierdes una nueva experiencia. Sí, ya sé que nunca vienes en invierno, solo en verano a tomar marisco (por cierto, los mejillones marisco marisco no es, pero bueno) y que tal como está el tiempo, chove que te chove… pues nada, introdúcete en el mundo invernal galaico. Olvídate de la sombrillita, del bañador, de la toalla y de la Nivea; bueno de la Nivea no, que nunca se sabe y a lo mejor terminas haciendo tostadas, que están los tiempos como para….

¿Cervecita en la terraza y camaroncito de juja? ¡¡ Va !!, un buen lacón, hombre, abrigado hasta las muelas del juicio y tu paraguas al lado o la sombrilla para que no gastes, que todos te comprendemos, que en Galicia te somos muy sencillos. ¿Pantalones cortos/bañador? Nada; pero además, en confianza, ¿tu crees que en Galicia te puedes bañar?, ¿no crees que desde de Vigo hasta Ribadeo el mar está electrificado por Fenosa, que tocas el agua y rebotas?, ¿pero no se te ha ocurrido como a mí hacer diseños de bañatas de neopreno?

Pero a lo que vamos, además del lacón un buen caldito de grelos, callos para entrar en calor, chorizo con cachelos al fuego en lareira, pegadito a las llamas, a la lumbre, a las brasas, como el momento Nescafé, pero en vez de esperando a Repsol, solamente el sol. Y de postre, pues eso, este verano, filloas, hombre, filloas, calentitas, como debe ser.

Tanta tontería del marisquito y la playita, siempre lleno de arenas y tu como si fueras un perchero llevando colgado las sillas, el cubo, el balón, la pala y el flota. Quédate hombre, que aún no sabes la suerte que tienes. Y no te desanimes, que malo será que no te tomes un pimiento de Padrón, pero de los de Padrón, de los auténticos, y te entre un verano estomacal que te dure tres o cuatro meses.