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Esto del frío me trae unos recuerdos…

Sábado, Febrero 4th, 2012

(Cosas que pasan cuando dejas la ciudad y te vas a vivir al campo sin tener ni idea)

Ahora que hace tanto frío, con esta ola siberiana que nos invade, me viene a la memoria el primer invierno que vivimos en la aldea. Lo mejor de cómo pasamos aquél invierno fue precisamente eso, que lo pasamos, porque hubo momentos que a punto estuve de hacer un estudio de logística, evacuar la casa y ya me veía yo a toda la family con los colchones en la chepa y otros útiles de urgencia buscando cualquier lugar, y cuando digo cualquier es cualquier, porque menos en casa… lo que fuera.

Y te lo juro que hubo días que si alguien que no conociera mi aldea, entrara en mi casa y me viera como estaba, con gorrito de lana en la cabeza, plumífero con la cremallera hasta el cuello, botas y doble calcetín… lo normal es que preguntara dónde estaba el telesilla. Y hasta estoy seguro que si lo hiciera, pues yo respondería tan tranquilo que a unos metros; estaba tan mentalizado que no estaba en una casa, sino más bien en un refugio de alta montaña…

Oye, y que si llega uno de Extranjería… pues igual, porque todos acurrucados frente al fuego, encogidos como caracoles y sin decir palabra, más que una familia made in Spain parecíamos una de rumanos a punto de ser deportados o en busca de asilo; vamos, nos ponen al lado una maleta de aquellas de tela de los años sesenta, medio destartalada, atada con cuerdas y con los caretos que teníamos… lo bordamos.

Que si hubo días peores y mejores… pues es difícil saber cuál fue el mejor, que entre -3 y -5, como que no se nota mucho el asunto de la precongelación; pero lo que más recuerdo es cuando aburrido de no saber qué hacer me puse a escuchar música. Y así estaba dando vueltas por la casa cuando la sioux me dijo: «¿Y cómo te llega el cable tan lejos para oír música?», ¿el cable, qué cable?. Y entonces le expliqué que de cable nada y que de música menos, que tenía tanto frío en las orejas que con las esponjitas de los cascos tenía un calorcillo…

Y en efecto, no me los quité durante casi todo el día; de un lado a otro del refugio con ellos enfundados, dando gracias a Dios porque Nokia había inventado este sistema de audición; y que conste que ya había vendido la moto hacía años, que sino… me pongo el macrocasco en la testa y solo abriría la visera de plástico para comer a través de una pajita, vamos que si lo hacía.

Y así pasamos aquél invierno, increíblemente sin síntomas de congelación apreciables, aunque si te soy sincero, a veces, con estos recuerdos, miro a los niños y cuento 1,2,3,4 y 5 porque en cada mano hay cinco dedos ¿no?

LA XUNTA, PETARDO GUISANDE Y LAS CONFERENCIAS

Bueno, una buena noticia. La Xunta de Galicia me ha incluido en el programa de Letras Vivas para pronunciar conferencias sobre guiones de Teatro, Radio y Televisión, además de un coloquio en el que los estudiantes pueden preguntar sobre cómo se escriben los cuentos, Medios de Comunicación, blogs, Redes Sociales, pipas, caramelos…. o que queiras, todo ello a un precio módico (250 euros) que da para tabaco.

Y como el niño quiere hacer deporte….

Viernes, Noviembre 18th, 2011

Esto de que los niños hagan deporte es maravilloso. Vas con ellos a un pabellón de deportes y ves a los padres con una pasión, con un entusiasmo, una intesidad… uno leyendo el periódico, el otro haciendo el crucigrama, otro con una novela, otro jugando con el móvil y uno, siempre hay uno, a gritos animando al equipo del imberbe, que hasta te da ganas de decirle: «¡¡¡ Pero hombre, por favor, no grite tanto que hay gente durmiendo… !!!»; vamos, un placer, abrigado hasta las orejas y echando vaho.

Y claro, como los partidos suelen ser por la mañana, allí en el pabellón ves a la gente que se sienta y que a los cinco minutos, ni uno más ni uno menos, se levanta porque se le queda helado el culo al contacto con el hormigón; y entonces, el que tiene periódico lo pone bajo sus posaderas y a ti (como eres periodista) te da un dolor… porque te da ganas de acercarte a él sigilosamente y susurrarle al oído: «Perdone, ¿podría quitar de su analgamen la página 24, que allí estoy yo, que he firmado un artículo y me está más que estrujando?».

Yo por suerte los llevo al pabellón de deportes; pero hay otros que como al niño le encanta el fútbol grande o el rugby… pues al aire libre, tiritando de frío, con el paraguas en una mano y de vez en cuando metiéndose en el coche para poner la calefacción y que le circule la sangre, que La Coruña, aunque no es Burgos, cuando pega pega, y sobre todo por el viento, que son auténticas bofetadas.

Y en esto del deporte la verdad que es una pena que nuestros hijos se dediquen por estas disciplinas mayoritarias como el baloncesto, el fútbol sala o el voleibol. A mí me encantaría estar en cama, que sobre las nueve o diez se me acercara uno de los retoños y me dijera en voz bajita, pero muy bajita: «Papá, que me voy a Vigo y vuelvo en tres horas, que estoy entrenando para la maratón». Y según los oyes, para no descentrarlo, claro, responderle: «Muy bien hijo, muy bien, y no fuerces, que sin cuatro no importa. Ah, y no te olvides del tabaco». Pues no, baloncesto y con el culo tieso, anda que…

Qué prefieres, ¿bañarte o ducharte?

Domingo, Febrero 13th, 2011

La vida mira que es rara, rarísima, la verdad. Estaba yo con esta manía de si os gusta o no que raje de los políticos, está todo el personal con el problema de Egipto, que si la revuelta en el mundo árabe, que va a haber un nuevo paranoma internacional, que si la geoestrategia y la geopolítica… y ¡¡¡hala!!!, va el Guisande este y lo que más le preocupa es si es mejor ducharse o bañarse.

¿Pero tú crees que es nomal que con lo que está cayendo a mí lo que más me preocupe es esto? ¿terminará el periódico en el que trabajo recibiendo una subvención de Asuntos Sociales por tener a un tipo como yo? ¿quizás algún día haya en la declaración de la renta una casilla que desgrave por conocer a Guisande?

A lo que vamos. Pues para mí no hay duda, aunque no sea todos los días; un día sí y otro no o dos no y tres sí, o tres sino es dos o cuatro, joé que lío, yo… bañarme. Es que para mí bañarme es como meterme en cama otra vez, un placer, pero con unas mantas o edredones ergonómicos, perfectamente adaptados a tu cuerpo, y allí tirado… ¿que tienes un poco de frío y quieres más calor?, pues dale al grifo chaval.

Esto del bañarse tiene su cosa. Por ejemplo, el tema ese de la espuma, de las pompas, no es lo mío; ¡¡¡ qué va a ser !!!, pero sin embargo un auténtico juego de patitos ya es otra cosa. Allí tumbado y con una cañita tratando de pescar al cua-cua rosa, azul o verde… tiene su aquél mientras te das cuenta que no pasa nada, que todo sigue igual en la vida; y oye, que pescar un patito de esos no es tan fácil… prueba, prueba ya verás, que atrapar la arandelita esa de marras se las trae.

Yo una ducha no la entiendo, de verdad. Las veces que me he duchado cayendo el agua por esa cebolla… no sé, será porque soy gallego pero para mí es como si lloviera y siempre me da ganas de coger un paraguas. Yo creo que me gusta bañarme porque en Galicia no puedes hacerlo porque hace un frío que pela, y además porque el baño no es nada peligroso, siempre haces pie…

Esto de bañarse, lo reconozco, tiene su punto de vagancia y comodidad, porque zapateado en la bañera te puedes fumar un cigarrillo, tomarte una copichuela, unos pinchitos, pensar… incluso quedar limpio; en cambio una ducha, la ducha no es un placer, más bien es un desinfectante, solo falta que el agua de la cebolla haga fliss-fliss ¿verdad?. Es, no sé como «un échame agua»; pero bañarse tiene como un toque de distinción, una liturgia, un ceremonial… no sé, otra cosa.

Yo no me meto con los que prefieren ducharse, que como digo, que cada uno haga y disfrute como quiera; pero a mí realmente no me va. He estudiado mucho el tema, pero no es cuestión aquí de extenderse sobre esta dicotomía: ¿bañarser-ducharse?, vamos como si te quieres pasar el verano en la plaza Tahrir esa, a mí… ahora si quieres un día quedamos y te lo explico, pero te lo explico todo; detalle por detalle, paso por paso, punto por punto, bueno… te cuento todo lo que sé y te pego un baño…

PD.- Pensamiento: Anda Guisande,vuelve pacama a ver si se te cura esa gripe, que a ti la fiebre te afecta…

EXPOSICIÓN DE FRAN TORRECILLA
El amigo del blog (ya sabéis que esta sección está abierta a todos), el pintor Fran Torrecilla expone hasta el día 28, en el Club del Mar, en A Coruña, parte de su obra, retratos y paisajes. La muestra (acrílicos) puede verse todos los días de 9.30 a 23 horas.

La nieve, el frío, el «cajoenrós» y…

Viernes, Diciembre 3rd, 2010

Últimamente la palabra que más oía era crisis. Llegaba al periódico y los compañeros de la Sección de Economía, que están justo enfrente de mí, se pasaban todo el día hablando y escribiendo de la crisis, del Ibex 35, de las fluctuaciones de la Bolsa, de la prima de riesgo y que si las cajas gallegas llegan o no a unos acuerdos, que a mí, que vivo con lo justo para llegar a final de mes, como si se suicidan, paquete (por lo de caja) voy a engañar.

Pues oye, una cosa tan volátil, tan así que es un es no es como el tiempo… y todo cambia. Así, por la cara, te cae una nevada, te quedas incomunicado en la aldea y entonces ni Ibex, ni fluctuaciones, ni cajas, ni crisis… lo que más escuchas es algo tan terrenal y palpable como: «¡¡¡ Pecha a porta ho !!!».

Y además aprendes que ese «ho», no es «¡¡¡ oh !!!», de exclamación, es «ho» de «home» (en gallego; hombre en castellano) y vale lo mismo para decírselo a una mujer que a un hombre, a un niño que a una niña, a un anciano que a una anciana, a un tullido que a un político, con tal de que entienda… a quien sea.

Y es alucinante esto de las aldeas en esta época de frío y nevadas, porque vas a visitar a alguien, y ya antes de llamar, cuando estás a punto de abrir la puerta y aún no has entrado, oyes: «¡¡¡ Pecha a porta ho !!!», que te da un sobresalto…

Yo esto de «¡¡¡ pecha a porta ho !!!» me tiene sorprendido, pero mucho porque cuando estás en una casa de un vecino ves que es como una reacción automática, eso de acción-reacción. Un ruido… «¡¡¡ pecha a porta ho !!!», dos ruidos… «¡¡¡ pecha a porta ho !!!», tres ruidos… «cajoenrós, quen anda ahí ho». Y ese «ho» no tengo claro si es de «home» o de exclamación, pero que ese cajoenrós es la versión moderna del ancestral «qué carallo pasa.. », lo tengo clarísimo.

Yo en la aldea vivo en un constante aprendizaje; pero hay algo que no, que por mucho que lo pienso no comprendo. Estás en una casa y cuando te vas a ir dices: «Bueno, me voy. Ya cierro yo la puerta», «ya la cierro yo», insistes y repites tres veces, pero insistiendo y repitiendo bien, e incluso diciéndolo hasta más alto para que no haya dudas.

Pues oye, es despedirte, dar cuatro pasos por el pasillo y ni que hubiera cámaras estratégicamente instaladas o sensores especiales de detección de movimientos o de calor, yo que sé. Vas así como así, en plan tranquilote, te acercas a la manilla y de repente: «¡¡¡ pecha a porta ho !!!» y es tal el susto, que no me digas cómo, pero del alma te sale un cajoenrós

Ostrás, vuelve el frío

Miércoles, Diciembre 1st, 2010

(Cosas que pasan cuando de la ciudad te vas a vivir al campo sin tener ni idea)

Un piso no es una casa de campo, y un chalé tampoco; bueno tampoco yo soy tú, ni tú eres yo, gracias a dios, para ti, claro, y no pasa nada. Pues eso, una casa de campo auténtica, pero auténtica, de las de piedra, donde vivieron vacas que dejaron como recuerdo su olor y no el calor… es otra cosa.

Ya puedes poner lo que quieras en aislamiento que como el día sea crudo crudo como el de estos días siempre hace algo de frío y eso lo saben hasta los más viejos del lugar y los que se murieron, que no pregunto de qué pero empiezo a imaginármelo. Y eso de que las piedras se calientan cuando haces fuego… eso… eso es una leyenda urbana, una trola…. como no te tires contra ellas de cabeza, pero cogiendo carrerilla y no te des un castañazo con al menos 20 puntos de sutura, no entras en calor, lo que yo te diga.

Yo recuerdo que cuando vivíamos en un piso decíamos: «Venga niños, a comer, que se enfría la comida»; bueno pues desde que estoy en una casa de campo, además de estar vestido como un sherpa, la frase es «venga niños, a comer que se descongela la comida», y te lo juro que hay momentos que ya no sé si comemos o tomamos helados.

Palabra que hace ya tiempo que cuando hay caldo o sopa no veo a nadie soplar para que se enfríe. Pones la sopa, vas a coger la cuchara y ya está templada. Sí, tú entretente; sí, tu haz el bobo con el plato, ya verás como se escarcha, con decirte que a veces estoy por llamar a la Escuela de Hostelería y dejar mi casa para que hagan prácticas de cómo se prepara un bufé frío y que lo elaboren con piolets…

Pero las casas de campo tienen otras cosas; en los pisos, en los chales, cuando entras siempre llevas contigo algo de polvo en los zapatos, que lo notas cuando barres; bien, pues en las casas de campo ni que estuvieras a lo bestia haciendo un desmonte vecinal porque cuando limpias no sabes bien si utilizar una escoba o una pala. Y lo curioso es que ves la casa por dentro, que por fuera le pega un viento que está como una patena, y te dices «pues no está tan sucia, tanto, tanto la verdad no», que el cerebro para esto de que no sufras, en ocasiones es de una ayuda…

Como ves, lo de los pisos, los chales y las casas de campo son cosas bien diferentes. Por ejemplo, los pisos y chales están construidos como Ikea, un sitio para cada cosa, una dictadura, vamos; en estas casas es al contrario, todo muy democrático, un sitio para cualquier cosa y cuando digo cualquier cosa, es cualquier cosa; un alicate, una bombilla, unas cerillas, un trapo, un sacapuntas, una botella, una lija, un cigarrillo para los momentos duros de la vida… Por cierto que aprovecho por si alguien me quiere enviar picadura. La Voz de Galicia Arteixo La Coruña-España, admito de todos los países. El nombre ya lo sabéis Manuel Muchomorroguisande.

Pero a mí todo esto de las diferencias entre los pisos y las casas de campo no me preocupa. Lo que me preocupa, lo que realmente me preocupa, pero mucho y no me deja dormir es que como la sioux habla francés, Noé también y el francoamericano Christopher se declina por el francés más que por el inglés, y Victoria y Alejandra aprenden con ellos el idioma galo y todos chapurrean el gallego… es que un día, con la casa revuelta, llegue un tipo enviado por Sarkozy, que a mí me coja trabajando, y en plan rumanos los echen fuera sin poder explicarle que no, que el cabeza de familia; o sea yo, soy español, pero que muy español y que están a mi cargo.

Y ya me veo yo yendo al Eliseo para decirle al Sarko. «Oye, mira pequeñín, o me reintegras a mi familia o llamo a todos los gallegos y te invado Francia o estás de bruni…». Vamos que si lo hago, por una familia.. por una familia se hace lo que sea, aunque dudes si la familia es tuya, porque en mi caso, es oírlos y a veces pienso si será de acogida.

ENHORABUENA A NACHO DE LA FUENTE

Nacho de la Fuente compañero de profesión en La Voz de Galicia y amigo, es un crack y fue él quien dio a conocer mi blog. Con su bitácora La Huella Digital ha gando muchos premios nacionales e internacionales, y ahora lo han nombrado en el periódico Community Manager, un lío de twitter, redes sociales, Internet… bueno a mí me supera. Sé que está feliz y si un amigo lo está, yo también. Enhorabuena Nacho

En la aldea, rozando la integración total

Domingo, Enero 31st, 2010

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)
Esto de adoptar las costumbres de vivir en el campo, en una aldea, pero en una aldea auténtica que huele a vaca y no a Lancôme París, va ocurriendo poco a poco y casi no te enteras. ¿Y cómo sucede? Pues empiezas por lo normal, por el campo, por la tierra, por plantar todo tipo de cosas con un esfuerzo titánico; bueno titánico para mí, que no puedo ni con la maquinilla de afeitar, para luego adentrarte en las tradiciones seculares que han mantenido vivos a miles de seres por estas latitudes en épocas duras, muy duras, como esa de haz viento, supongo.

Por ejemplo, en vez de hablar gritas, que para qué te vas a acercar a alguien si te oye igual y hasta es bueno para las cuerdas vocales y las consonantes, que estaban como anquilosadas; en vez de zapatos llevas botas, que al principio te pesan como raíles, pero luego…. va, como si fueran zapatillas, y lo de la corbata olvídate porque si te ven con ella te dicen si vas o vuelves de un entierro. No cabe otra posibilidad: ¿Una corbata?… un fiambre. ¿Dos corbatas?, una estupidez, nadie las lleva.

Pues con el frío que hace estos días estoy rozando la total integración en el rural, tanto tanto que no me extrañaría que un día de estos durmiera con abrigo y bufanda. Sí, como te lo digo, como esto siga así con el viento polar, gélido, siberiano, de los bemoles, o como quieran llamarlo, me veo entrando en cama hasta con botas y dándome latigazos a diestro y siniestro en la chepa que me rio yo de esos que medio se inmolan, que si es por calor… vamos, me cambio ya de Guisande a Mohamed Dahalkerguisande que flipa todo el Oriente Medio ese. Y que no me digan nada del burka, que otro invierno como este y me pongo uno de termolactil y paseo con él de noviembre hasta marzo por la aldea más feliz… y nada de eso de que venga la Guardia Civil a identificarme porque… «pero vamos a ver neniño, quién va a ser sino yo ¿o es que conoces a alguien más que vaya con un burka por la Galicia rural?», mira que estáis verdes, pero verdes veredes.

Y es que, además, con esto del frío ocurren cosas curiosas que yo nunca me pude imaginar y no porque te afecte al cerebro, que creo que no, aunque ya veremos si a mediados de febrero no nos recogen a todos en parihuelas para hacer un estudio en una universidad californiana tras el anuncio de Herald Beach de «Llegan los Yetis gallegos».

Pues eso, llegas a casa, por ejemplo, y no sabes bien si tu familia entra o sale porque abres la puerta y te encuentras a Noe con un jersey calado hasta las orejas, a Christopher con el chaquetón, a Alejandra con guantes y a Victoria, pues a lo mejor con un pasamontañas, y si preguntas «¿acabáis de llegar?», quizás sea aprensión mía pero como me da que me miran como diciendo: «¿Llegar, imbécil, llegar de dónde, de Manzaneda, de Candanchú, que llevamos aquí todo el día sin movernos?». Y tú, pues miras a la familia y dices: «Na, que ya veréis que papá va a hacer un fuego….», como si fueras un experto en supervivencia en altitud y… joé con el fuego.

Entonces te armas de papeles, de varias cajas de cerillas, de otras tantas de pastillas de parafina, que son blancas y que parecen de coco pero no lo son, y te pones manos a la obra. Y claro, como tú a lo que más acostumbrado estabas era a darle en la ciudad al interruptor de la caldera del gas pues…. cerillas y más cerillas, papeles y más papeles, madera y más madera y pastillas y más pastillas que cuando ya has echado dieciséis hasta ya empiezas a pensar ¿por qué no serán de coco y por cada diez que echo me como una?.

Y después de unos veinte minutos preguntándote porqué dicen que pasan tanto frío si todo está encendido, piensas en cómo harán los pirómanos, que para estos casos de temporal, la verdad, también podían darles unos días de permiso en plan acogida familiar y… y en esas estás, cavilando que porqué no presentas la aldea a los próximo campeonatos del mundo de invierno como villa olímpica cuando como de la nada (bueno de la nada no, de un curre que alucinas) aparece el primer fueguecillo y dices como si fueras un cirujano: «bisturí, fuelle». Y allá vas dale que te dale aire, con ímpetu, con pasión, con tenacidad. Y al final, cuando ves como las llamas crecen, crecen y crecen…. entonces, entonces no lo dices, pero lo piensas: «Dios, con lo que estoy sudando y ahora éste calor».

VAMOS A GRABAR UN CORTOMETRAJE

El 6 y 7 de febrero, bajo la dirección de Alfredo Pardo Hermida, y con un guión del irresponsable de este mi-tu-nuestro-blog, vamos a grabar un cortometraje en Chantada, aunque todo dependerá de las condiciones meteorológicas. El corto, ambientado en los años veinte, trata de un pillo que roba de una forma tan peculiar que hasta el propio espectador se asombra (eso creemos) al comprobar como lo hace.

Mayday, mayday… incomunicados

Domingo, Enero 10th, 2010

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

Ni los más viejos del lugar; o sea todos, recuerdan cosa igual, y yo espero no recordarlo más porque estoy como esos dibujos animados, que se cuartean y hasta estoy por mirarme y requetemirarme en el espejo con el pegamento en la mano y echármelo a litros en cuanto vea alguna fisura, que no me extrañaría que hiciera un brusco movimiento y se me cayera un brazo o una oreja, que a veces me las toco para ver si aún las tengo. Vamos que no estamos justo hoy para hacer un cocido, no vaya a ser que la orella esa que está entre los garbanzos y las patatas vaya a ser la tuya y termines en el programa ese de Impacto Total.

Pero no hay como vivir experiencias extremas. Con esto del frío he descubierto que no hay nada mejor que oír música con unos buenos cascos, pero no por la música o pasar el tiempo, sino por eso, por los cascos, por calentar las orejas con esas almohadillas que hasta ese punto hemos llegado y me da lo mismo escuchar la 5ª sinfonía de Beethoven que la vigésimo cuarta, el tecno más desquiciado o incluso no oír nada, pero los cascos, los cascos como hay dios que no hay quien me los quite.

Y mira que a mí la música en general… pues bueno, bien; pero llevo dos días que me lo sé todo, pero todo todo, y controlo más que ese reconocido pincha coruñés que es Nikopol: un crak, que lo mismo mezcla un pasodoble (pena que no sea de güisqui) con el funk y queda que no veas. Pero es que además, entre tema y tema suena el teléfono o llamas y preguntas: ¿Sabes si va a bajar alguien a la tienda? Y esto es una tensión… ¿Vendrá hoy el panadero?, ¿y el del pescado?, ¿y el del butano? ¿Y el de la furgoneta esa que trae de todo que es como El Corte Inglés pero sin sablear?.

Y como toda sociedad que se precie, aunque solo somos 11, hay rumores de que… «Creo que Maruja va a hacer pan en el horno», «que dice Gelito que si tomamos un aguardiente», «que Manolo llama para ver si vas a su casa que aún le queda vino de la zona de Ourense», «que Virtudes va a hacer una empanada». Y aquí hay más movimientos que en el metro de Madrid, que me rio yo de la tranquilidad del campo. Y tu te preguntas ¿pero qué bemoles pasa hoy en la aldea que todo el mundo quiere hacer cosas, pero qué ocurre que recibo más llamadas que un día en La Voz de Galicia, pero es que seremos una secta que nos vamos a suicidar hoy ya todos en grupo como si fuera hoy el día D, de Dios mío que nos vamos?

Pues no, el asunto es otro; el asunto es que no se trabaja, vamos que no se trabajará manualmente, porque lo que es de cabeza, aquí no se para de discurrir. Y de verdad que me veo tomando lingotazos con el vino tinto de Manolo, devorando la empanada de Virtudes, el pan de Maruja y echando fuego con el aguardiente de Gelito. Lo que sea, o como se dice en Galicia, «o que sexa», pero eso sí, a mí los cascos… a mí los cascos, te lo juro que no hay quien me los quite, te lo juro.

AMIGOS DEL BLOG

Nuestro amigo Alfredo Pardo Hermida con su cortometraje O LABERINTO ARIO, ha sido seleccionado para los Premios Maestro Mateo, de la Academia Galega do Audiovisual, que se fallará en el mes de abril. Dentro de unas semanas habrá una selección entre los 24 cortos, con lo que serán solamente cuatro los que opten al galardón.

De verdad, esta casa es un misterio

Jueves, Diciembre 24th, 2009

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

Desde que llegó el invierno, mi casa más que un hogar es un misterio, un enigma, un expediente X cuando X tiende a cero, a cero grados centígrados, me refiero. Esta es la primera vez que vivimos todo el año en la aldea y desde que llegaron estas temperaturas gélidas, la frase más repetida es: «Yo creo que el viento entra por aquí». Pero si los muros tienen un grosor de más de medio metro y teóricamente la casa está bien aislada… ¿cómo es posible que entre el frío…? Y entonces, cuando alguien dice esa frasecilla, allá voy yo en plan expedicionario, cigarrillo en la boca, calada que te crió, bocanada de humo hacia el lugar de la supuesta fuga/entrada y… na. Y así cada cierto tiempo, aunque a este paso no va hacer falta fumar que con el vaho, pues como que igual ¿verdad?.

Y claro, como no es cuestión de morir en el intento, así a lo tonto ya hemos quemado 3 toneladas de madera, que esto parece los Altos Hornos de Vizcaya en su mejor época y te lo juro que si esto continúa así, un día salgo de noche y prendo fuego a todas las arboledas que rodean mi casa, ni ecologismo ni leches, me encierro y hasta que dore no salgo porque, claro, como en el microondas no entro…

¿Y cuál es la conversación estos días en casa? Pues la de: «¿Y tu crees que estaremos así hasta marzo?», y yo para animar digo: «Que va, esto es pasajero», y ella insiste «¿seguro?»; y vamos, como si hubiera nacido aquí al lado, bajo un pinar, con un aplomo que hasta yo mismo me sorprendo digo: «¿Esto?, na, unos días». Y mientras lo digo voy echando cuentas, 24 de diciembre hasta el 10 o 12 de marzo quedan…. y a mí no me extrañaría que un día me dé un ataque de sinceridad y en esta casa haya una desbanda en plan salvaje, que cada uno salga corriendo con lo puesto y que los vecinos flipen por colores viendo la huida en masa.

Porque… ¿quién habló del calentamiento global, hombre, quién habló o, mejor dicho, dónde está el calentamiento ese, que hago un traslado ya? Pero si yo cuando voy a un bar en Oza dos Ríos y me preguntan: «¿Quiere algo?» hasta estoy por decir… «sí hombre, deme usted un buen par de bofetadas, que voy pacasa»..

Y en tanto pasa el tiempo surgen conversaciones así, en plan indirecta de «pues vi unos guantes…», «¿te acuerdas de aquella bufanda…», vamos como si hubiera sido tenor y actuara en la Scala de Milán, o «¿tomamos un cafetito en Juanito…?» (el bar nuevo, que casi puedes andar en mangas de camisa).

Pues mientras sucede todo esto, Luis de Vilachá, el superalbañil de la zona que lo mismo pone un ladrillo que arregla una tele que te pone un tejado o te hace un pozo, te destroza cuando llega de visita y nos encuentra a todos como conejos alrededor del fuego y dice a grito pelado: «¡¡¡¡ Ay miña madriña ¿pasades frío?, frío era antes !!!!». Y tu te dices ¿antes, antes de qué, del Big Ben, de la desaparición de los dinosaurios…? y por momentos pienso si estamos en peligro de extinción y si alguien se apiadaría de nosotros si coloco una pancarta en toda la fachada de la casa que diga: «¡¡¡ Salvad a los guisandiños !!! Greenpeace» ¿Funcionaría?, lo bemoles

Menos mal que es el deshielo

Viernes, Diciembre 18th, 2009

No entiendo por qué hay tanta preocupación con el medio ambiente, la verdad que no lo entiendo porque gracias a Dios, dentro del caos estamos de suerte, pero de una suerte infinita. Yo no sé tú, pero a mí, desde que hace unos años los científicos han hablado del deshielo me ha entrado una tranquilidad, una paz interior y un sosiego que no te lo puedes imaginar.

No creas que lo digo porque si sube el mar tropecientos metros a mí no me pilla porque vivo a unos 30 kilómetros de la costa y en todo caso tendría una casa en primera línea de playa, no. A mí me ha entrado una gran tranquilidad porque no hay nada peor que la violencia y además ¿qué es el deshielo, hombre, un poquito de agua más, cuando ya tres cuartas parte el globo es H20? Bobadas.

Con el cambio climático, que es un descontrol, podrían pasar miles de cosas; por ejemplo, un frío inmenso que te quedaras sin boca de tanto casteñatear los dientes, una noche que durara 4 meses, escaso oxígeno o, lo que sería peor, que en vez de que subiera el mar que bajara, pero que bajara no un metro con treinta centímetros y dos decímetros y un milímetro (que estos tipos lo miden todo)…. no, sino veinte o cuarenta metros.

Pero gracias a Dios, de entre todos los cataclismos posibles nos toca el deshielo y mientras suba el mar con el agua de los polos o con botellas de Lanjarón… nada, pero si bajara, ¡¡¡ ay neniño… !!! aquí hay tiros, te lo digo yo que conozco al personal, que cuando no se está preparado para determinadas sorpresas… Porque ¿qué creesque pasaría si descendiera el mar, yo que sé, pongamos 25 metros? Pues qué iba a pasar… pues que iban a aparecer todos los desaparecidos de las últimas décadas. Nada de eso de «Toñito se fue y no volvió»; no, a Toñito lo metieron en un coche y ahí lo tienes, junto a esa roca con percebes y aún con el cigarrillo en la boca.

Y así, como él aparecería Josito chupando el último camarón que tomó en su vida; Leliño agarrado a la Play Station y a Pascual y Aurora, que se creyó que se habían fugado a México tras un romance oculto; sí, hombre, fugado, y ese cuchillo en el intercostal junto al billete de avión…; vamos que en todo habitáculo de 70 por 1,80 centímetros te encontrarías un Toñito o un Josito de la vida. Unos agarrados a una copa de güisqui, otros dándose un beso, algunos….

Por eso no entiendo lo que pasa porque a mí el deshielo me da tranquilidad, nos evitamos mosqueos en los pueblos costeros, investigaciones criminales, miradas con recelos e incluso, en situaciones extremas, algún tiro que otro entre familias y vecinos. Y, sí, la verdad, para qué negarlo, si va a ocurrir lo que dicen que va a ocurrir y no hay remedio y sube el mar…. pues qué quieres que te diga, estar en primera línea de playa tampoco está tan mal ¿no?. Bendito deshielo.

AMIGOS DEL BLOG

Nuestro colega Alfredo Pardo Hermida ha sido seleccionado por el Ateneo ferrolano por su cortometraje O LABERINTO ARIO, que se proyecta el 21 (lunes) a partir de las 19 horas en el citado centro cultural.

Los duros comienzos en el periodismo

Jueves, Abril 23rd, 2009

Dice el refrán que «presencia y buenos modales abren puertas principales» y creo que al menos, tras el primer artículo en el que explicaba el porqué del título «Al fondo a la derecha», lo más correcto sería una pequeña presentación para que el bloglector se diera cuenta (por su salud espero que no) de quien es el que esto escribe y los avatares que le llevaron a dedicarse al mundo de la oración (gramatical, se entiende) o, lo que es lo mismo. del sujeto, verbo y predicado, aunque sobre todo del sujeto, que hay bastantes.

Cuando comencé en el periodismo, no voy a decir que fuera una tragedia familiar, pero rozando estaba el asunto. Entonces, a principios de los ochenta, ser periodista era algo así como querer ser torero, actor, pintor o escultor. Más bien escultor, que son los que dicen que viven peor y hasta hay quien asegura haber visto a más de uno comiendo o royendo sus obras.

Lo desconozco. Lo que sí sé (y por lo que a mí respecta ya tengo el cupo cubierto) es que cuando iba con mi padre por la calle y se encontraba con un amigo que le comentaba que su hijo quería ser tal o cual, él decía: «Pues este dice que quiere ser periodista», y a «este» (que era yo) lo miraba como diciendo: «Mira que tengo una desgracia».

Razón no le faltaba porque tras un paso fugaz como corresponsal de El Correo Gallego en A Coruña, en mi primer trabajo serio, en el semanario El Orzán, como instalaciones teníamos dos habitaciones de la Asociación Profesional de la Prensa, con unos techos tan altos que se te podían escapar las ideas y no volver jamás, dos añejas mesas de madera con otras tantas Olivetti de hierro y cable de teléfono pero sin teléfono. Además, como si fuéramos pioneros del periodismo patrio rozando la epopeya no había calefacción, hasta nos llegó parecer normal que a una de las máquinas de escribir le faltara la letra «a» y que cuando se llevaban las pruebas a la imprenta pusiéramos una posdata que decía: «Donde haya un hueco en una palabra, póngase la letra a. Gracias». Y tan feliz nos quedábamos.

Pero todas esas contrariedades no eran lo peor, ya que el frío lo combatíamos con gruesos jerséis y abrigos, en ocasiones con guantes o frotándonos las manos, y el teléfono lo sustituíamos por patear la calle todos los días yendo a visitar a los personajes a sus casas o a sus despachos para entrevistarlos. Cobrábamos tarde, y aunque te habías «independizado» (tendría unos 24 años) a final de mes acudías a casa de tus padres para comer.

Y claro, esto de volver al rincón familiar con las orejas gachas (que uno tiene su orgullo), pues lo disfrazabas con un «vengo a veros», a la vez que recibías una sonrisa burlona de tu padre que sin decir nada pensaba: «Sí, hombre, a vernos. Anda, come, petardo, ¿a ver cuánto duras escribiendo?».

Era lo que más o menos esperaba del periodismo, y para esto y mucho más estaba preparado, pero para lo que no estaba era para que una vez que dispusimos de teléfono descubrieras que tu trabajo estaba más bien en el olvido. ¿Cómo lo supimos? Pues con las primeras llamadas. Telefoneabas a alguien y cuando decías que llamabas del semanario El Orzán, impepinablemente tu interlocutor te decía con un tono de sorpresa: «No, aquí no es el seminario» o «¿Que qué dice del seminario?». Y si volvías a llamar y te salía la misma persona porque te habían dado mal el teléfono lo normal era oír aquello de: «¡¡¡¡ Pero que cojo… de seminario !!!!!».

Así que en poco más de una semana, y con dos bemoles, al semanario terminamos llamándolo periódico. Que tampoco así lo conocían, claro, pero por lo menos le dábamos publicidad. Y al final, aunque no se vendía mucho, a mí siempre me quedó la duda de si era porque interesaba lo que escribíamos o por lo mucho que llamábamos y se compraba por curiosidad. Quiero pensar que un poco por las dos cosas; pero más por una, creo, porque un día, no sé por qué, nos cortaron el teléfono. Y así, amigo bloglector, empecé en esto de la oración, en lo del sujeto, verbo y predicado.