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Entradas etiquetadas como ‘Familia’

El español adora la familia si…

sábado, diciembre 17th, 2011

El español lo que más aprecia en la vida es heredar, después tener un despacho y luego la familia; sí, la familia, no solo su mujer y sus hijos, no, la familia enterita: esa banda que te toca en suerte ¿qué no?, ¿qué se critica mucho a la parentela?… bo.

Lo de heredar es para algunos una auténtica profesión. Un tío, español tiene que ser, claro, es capaz de estar veinte, treinta o 180 años al lado de quien sea con tal de que le dejen algo. Que el tipo es antipático… da lo mismo; que es aburrido y triste… da lo mismo; que incluso te trata mal o insulta… da lo mismo. El español, el auténtico español cumple su fin existencial cuando tras la defunción se abre el testamento y todo o casi todo queda para él. Que ya no lo puede disfrutar porque tiene reuma, artritis, colesterol, diabetes y un par de baipás… da lo mismo. ¿Qué ha hecho Eulogio Eduarte en su vida? Heredar. Feliz, fin cumplido.

Y lo del despacho, otro caso. Para un español tener un despacho es lo máximo porque para él un habitáculo de esos, aunque entres de canto, es sinónimo de poder, de superioridad, de autoridad, de mando, pese a que no sepa que así como el traje es el féretro del espíritu (que te encorseta y te hace sentir antinatural), el despacho es el féretro del cerebro: en cuanto entras, tal cual loncha de jamón vives al vacío y no te enteras de nada, pero de nada de nada. ¿Tenía mucha valía Don Eulogio Eduarte? , «¡¡¡¡ buenoooooo !!!!, con decirle que tenía despacho… ». Feliz, sin enterarse pero feliz. Fin cumplido

Y después de la herencia y el despacho, lo que más aprecia el español es la familia, y no es que la aprecie, la ama, la adora, la venera. Por ejemplo, tú tienes un familiar que es abogado, pues en cuestión de una generación la familia dice «yo creo que era secretario judicial»; cinco años más tarde… de creer nada, «era secretario judicial»; en la siguiente generación «yo creo que era juez» y unos años más tarde: «era juez, si lo sabré yo». ¿eso no es amor, eso no es defender a la familia, adorarla enaltecerla?

Pero eso en todo. Que tienes un pariente que era albañil; pues en una generación… «yo creo que era aparejador»; cinco años más tarde ya no hay dudas, «era aparejador»; y en la siguiente generación… con dos bemoles… «era arquitecto, si lo sabré yo». Y me vas a decir que todavía aún que esto no es amor… pues sí lo es pero… solo hay un pero, una premisa: que el «juez» o el «arquitecto» estén muertos porque si viven… «va, un picapleitos de tres al cuarto», «pero si era un pringaillo que carreta ladrillos… ». Raros somos, pero amoris-mortiscausa familiaris tenemos pero que de sobra.

Esas comidas familiares

martes, julio 19th, 2011

Cuando llega el verano siempre hay uno que organiza una comida familiar. Te llaman a casa y te dicen: «Oye, que Juan quiere que nos reunamos y… ». Y tú dices que sí, que vale, y tal cual respondes te preguntas: «¿Y quién es ese Juan… ?». Y entonces descubre que hay una palabra que se llama «concuñado», que suena así como a que sin quererlo te llevas el marrón de todos por la cara. Es que además le va… Ejemplo: «¿Quién tuvo la culpa?», y ahora viene la palabreja con aire de desprecio «pues el concuñado ese, quién va a ser… el concuñado», vamos más claro… concuñado

Y cuando vas a la comida, hay cosas que no fallan; el primito o sobrinito de cuatro años que no para de liarla, la jovencita con su móvil hablando con el novio en una esquina, su padre criticando el escote de la criatura y la abuela que repite por enésima vez desde 1566 que no va a volver a vernos juntos. Y entonces, con una desgana, pero una desgana tal que hasta parece que quieres que se muera pero ya, todos a una: «¡¡¡ Nooooo !!!!».

Y tú piensas, «¿la última vez que nos va a ver… ?. Si esta tía vive que no veas; que en verano va a un balneario, en invierno al sur porque el clima del norte para los huesos, y de vez en cuando juega a la ruleta en un casino de no sé donde. ¿Morir esta… ?».

Y claro, tú te callas por respeto, que a los mayores siempre hay que tenérselo, digan lo que digan, pero realmente de lo que estás convencido es de que quien no la va a volver a ella y al resto a lo mejor vas a ser justo tú, porque entre el estrés del trabajo, unos hijos en la preadolescencia y la hipoteca…

¡¡¡ Anda con la abuela !!!, porque será el tiempo quien lo haga, pero que un día jugando a la ruleta salte la bolita esa blanca por el aire y que ella al mirarla con esas gafas de la segunda guerra mundial se la trague y se atragante… es que que es pensarlo y te da una ganas de invitarla al Casino de La Toja…

¿A 110 km/h?, ahora lo entiendo

domingo, marzo 20th, 2011

¡¡¡ Claro… !!!, ahora lo entiendo. Yo pensaba que esto de conducir a 110 km/h era una faena, una simple faena y que ahí quedaba la cosa y se acabó; pero no, tras conducir hace unos días algo más de 120 kilómetros a esa velocidad gubernamental por la gracia de Dios comprobé que el asunto es muy grave, de una gravedad extrema, que puede cambiar radicalmente la sociedad y especialmente la familia. Ya ves, un simple cambio, así como sin pensarlo y te cargas la institución más importante desde que el hombre salió de la cueva de Altamira: la family, casi y la Confederación Episcopal ni se entera, como siempre están charla que te charla… de eso, de conferencia…

Y es que antes, cuando cogías el coche e ibas por una autovía o una autopista, te ponías a 120 o 130, que para esos las hicieron (creo) y toda la familia asumía que «no entretengáis a papá que está conduciendo» porque tú, yo (papá) estábamos casi haciendo una tarea de alto riesgo como si pilotaras un trasbordador.

Y así ibas, más o menos entretenido, prestando atención a la carretera, que si una desviación, que si una incorporación desde el carril lento, que si adelantas a Mudanzas Gutiérrez SL versus «long vehicle», que si reduzco para que me roben en el peaje… Vamos, lo normal, todo más o menos atentos al tráfico y así hasta el punto destino. Conclusión: viaje hecho y la familia unida.

Pues nada, todo esto se ha venido al tacho, al garete. Antes no hablas mucho porque tenías que estar pendiente, pero a 110… joé es que los viajes son un aburrimiento y entonces qué haces… pues hablar o te hablan y claro hablar o te hablan sí; ¡¡¡¡ pero de La Coruña a Madrid hablar 6 horas, 360 minutos, y otros 360 de vuelta… !!!!

Y ahí…. ahí chaval se va todo a tomar viento porque va a haber unos mosqueos matrimoniales que no veas y seguro que a la altura de Tordesillas (a mitad de camino entre La Coruña y Madrid) tras tres o cuatro discusiones ya habrá algún abogado espabilado que en la gasolinera te ofrezca firmar los primeros trámites de la separación, se suba al coche y para cuando llegues a Madrid estás ya divorciado y vuelves solo en el vehículo, si es tuyo; o en tren o autocares Hermanos Núñez si el «cort vehicle» es de ella.

Claro que todo esto tiene una parte positiva. ¿quieres ligar, por ejemplo y porque estás soltero? Pues si vives en el norte o en el sur invitas a una chica a la capital de España y sabes perfectamente si te quiere o no porque o llegas a Madrid o en la primera área de descanso se te tira por la ventanilla o se corta las venas, que una cosas es «me caes bien» y otra «¿seis horas contigo?, ¡¡¡¡ noooooo !!!!».

¿Qué quieres saber si tu matrimonio funciona, si es sólido, estable… ?; pues hazte 600 kilómetros de ida y otros tantos de vueltas a 110, habla que te habla y lo compruebas. Que lo superas, pues ya sabes: la familia unida jamás será vencida, que… ahora entiendo lo de ahorrar, no es por ir a 110 sino porque, ¿no notas que cada día te gusta menos viajar?. A mí, casi sí.

SI NO LO ENTIENDES, MI AMIGO LUIS TE LO TRADUCE

Este blog… que os voy a contar. Está bierto a todos los amigos y siempre es grato como alguien como Luis Rodríguez, que vive en Barcelona y además de tener un montón de contactos en todo el mundo es el responsable de Okodia Grupo Traductor, http://www.okodia.com/. Así que si no entendéis algo, incluso el artículo, o si queréis hacer una traducción en uno o varios idiomas, u otro servicio lingüístico ya sabéis a donde dirigiros, seguró que él, al ser colegas del blog siempre tendrá un detalle.

Me tenéis más loco…

jueves, febrero 10th, 2011

Es verdad; me tenéis loco, descerebrado, demente, defrese y no sé por donde tirar, excepto por la ventana… Y es que todo esto del blog comenzó de casualidad (¡¡¡ cómo no !!!, si lo mío todo es casualidad porque ni mi madre me esperaba, pero bueno, tampoco yo a ella). Pues eso, estaba haciendo un libro de anécdotas cuando mi buen amigo y colega Francesc Pumarola, jefe de Área de Internet de La Voz de Galicia (Gugleando por la red) me animó a escribirlas en la Red, que yo a esas alturas, de la red, la eléctrica y la telefónica y poco más, que te voy a contar…

Total, que me puse a escribir las anécdotas y un día en una de ellas alguien leyó que estaba casado con una india de la tribu sioux a la que conocí en Galicia en una aldea de 11 habitantes porque vino de vacaciones y se confundió de casa, y entonces me animó a que contara como sucedió.

Y empecé con el incidente y… a tomar viento las anécdotas porque vosotros, tú, preferías (según las estadísticas) que te contara cosas de lo que pasa al cambiar de una ciudad al campo, de cómo empecé a plantar patatas, de cómo me interrelacioné perfectamente con la vaca marela y pinta, como me hice amigo de las lechugas, de los pimientos, de las cabras de… pues de eso, de cómo veo la vida, ganas de enfermar que tienes; pero bueno, tómate un genérico y a ver qué pasa… total…

Y así estaba yo tan feliz cuando de repente, desde hace poco más de un mes, se me ocurre rajar contra los políticos, contra los banqueros, contra los empresarios jetas, contra los millonarios, contra Ryanair…. ¿Y qué pasa? Pues ocurre que por las estadísticas internas que tengo cuando rajo de alguien os encanta; que es poner ZP, Marianillo, la Aguirrucha, la Pajinis o cualquier petardo de estos y aunque no os veo la cara como que noto que se os pone una sonrisa de oreja a oreja y os da la vuelta… y yo te pregunto sin ánimo de lucro: ¿No hay ya miles de blogs en los que el personal raja, pero no estás harto de mosquearte con solo oír los nombres de esos tarambanas?.

Y la duda es: ¿Escribo de mi aldea, de lo que me sugiere un pino, una cabra, una piedra, el sombrero de Maruja, la boina de Enrique o preferís que ponga a caldo a estos tipejos? Y como la cebolla, repito: ¿No hay ya miles de blogs en los que la gente teoriza (bueno yo no, son unos mamones) sobre estos merluzos, no es mejor seguir con las cosas intranscendentes y olvidarnos de estos tíos porque, y esto para mí es lo más importante, no te llevas una cierta decepción cuando esperas un artículo humorístico y te encuentras ese marrón de hablar de políticos?

Y qué hago… voy a un psiquiatra y se lo explico, vuelvo al psiquiatra para que me lo explique otra vez, me quedo a vivir con el psiquiatra, me hago psiquiatra, en vez de un genérico me tomo un específico y a ver si acierto

Y es que al final llego a la conclusión que este mi-tu-nuestro blog es como una familia, como una familia normal. ¿Qué cómo es una familia, una familia normal?, pues cómo va a ser una familia normal… menuda pregunta. Un cirio, a cristos, a líos, que yo he tardado más de 25 años en tener una foto de todos juntos, que basta que quieras reunirte para que uno no pueda, que el otro no quiere porque está mosqueado y sigue mosqueado porque no se acuerda que se desmosqueó y ya no sabe ni él ni nadie por qué se mosqueó… que hasta uno termina creyendo en la resurrección para ver si alguien se acuerda… Pues eso, eso es una familia normal. Tan normal que nos queremos; eso sí, nos queremos, que la sangre es la sangre y une (aunque no seamos donantes), pero nos queremos como todas las familias, de una forma tan rara… tan española… Tan… como nosotros en mi-tu-nuestro blog… que uno quiere una cosa y otro otra…

Y así estoy, en un sinvivir con vosotros, con esta familia internáutica y blogosférica, que no sé por donde tirar porque claro, cuando pregunto la respuesta suele ser «de todo un poco»; ¡¡¡ sí hombre!!!, como si esto fuera un ultramarino, la tienda de la señora Antonia limpiándose las manos en el mandilón antes de apoyarse en la barra y ponerse a sumar a mano la cuenta en un papel con miles de otras sumas. Centraros hombre centraros y si no podéis, joé centrarme a mí que estoy… Dios, otra cosa no, pero noble… qué noble soy.

¿El Gordo?, la «casita» de Ikea

miércoles, diciembre 22nd, 2010

Ni décimo, ni quinto, ni undécimo, ni niños de San Ildefonso, ni pedrea, ni reintegro, ni bombo, ni bomba. La mayor lotería en estos tiempos de crisis en que los puestos de trabajo penden de un hilo es que te contrate Ikea; sí, los suecos esos de los tornillos.

¿Y cómo lo haces?. Pues vas con tu familia al dueño de Ikea y le explicas que sí, que muchos objetos, que muchos muebles y mucha teoría pero que lo importante es la práctica, la práxis, que el cliente vea que lo que se vende sirve para algo, que tiene una aplicación, y que tú (que además te vas ahorrar un pastón) estás dispuesto a demostrarlo.

¿Y cómo puedes demostrar que es práctico lo que comercializa Ikea, ese sitio que como ya comenté en un artículo es como un laboratorio en que entras como un ratón y no puedes volver hacia atrás y tienes que buscar la salida como si estuvieras deseando encontrar el queso?

Pues muy sencillo, en esas casas/stand que miden 25 metros cuadrados que tienen de exposición y en las que cabe de todo; pues eso, que te metan a tí, a tu esposa e hijos para vivir en ellas. Y así, cuando pase algún comprador, entre en la casa/stand, os vea y te diga: «¡Ah!, perdone, que están ustedes viendo… », le explicas: «No, no, ¡¡¡ qué va señora !!!, nosotros vivimos aquí desde hace cuatro años y somos felices, pero superfelices porque esta casa es comodísima».

Y entonces gritas: «¡¡¡ Maruja !!!, que hay aquí unos señores que quieren ver la casa, anda ¡¡¡ deja la cebolla y explícales cómo vivimos !!!». Y llega Maruja, que cuando llega es que llega, los saluda y les dice: «Pasen, pasen… ». Y tras contarles que nació en Almuñecar, que tenía unos tíos en Segovia y un pariente almirante en Almería (que Maruja cuando empieza…. es que empieza) continúa: «Pues nosotros somos cuatro de familia y les puedo asegurar que hay espacio para todo».

Y pasada la primera sorpresa de los potenciales compradores, Maruja, que huele un poco a cebolla, pero que también eso le da un punto hogareño a la mansión, añade: «Ponga aquí la sillita del bebé, que hay un espacio justo para ello, y tome asiento, que esto lo desdoblamos por aquí, por allá, hacia acá, hacia arriba, ahora hacia abajo y un poco a la izquierda y… ya ve, de un sillón hemos hecho dos tresillos para 40.000 personas. Venga, póngansen cómodos, su mujer aquí y los niños pueden jugar en el encerado que está pegado a la pared o con la Wii tirando al techo o… si es que hay sitio pató, pató, se lo digo yo que vivía de alquiler y desde que estoy aquí…. es que estos suecos… madre de Dios, estos suecos… se las saben todas, se-las-sa-ben-to-das».

Y así, medio flipando, los compradores averiguan que una casa de 25 metros da mucho de sí; que hay espacio pató; que la mesa, la silla, los muebles, la lámpara, la vasos, los lápices, la alfombra, los tenedores, los cuchillos… todo, todo es plegable, desmontable, desatornillable, descapotable y que casi te puedes llevar la casa en una maleta. Y descubren, además de que la casa es una maravilla, pero una auténtica maravilla, todo medidito, que la familia esa que contrataron para la casita/stand tuvo una suerte… porque estaban en el paro y, ni alquiler ni hipotecas, ni… vamos que fue como si les tocara la lotería, el Gordo y que… eso sí, que todo tiene su aquél, que el olor a cebolla de la casa, el olor ese no hay dios que lo quite.

¡¡¡ FELIZ NAVIDAD !!!

Joé con los viajes de placer

viernes, julio 9th, 2010

¿Los viajes son un placer?, pues… como que no lo tengo muy claro y sobre todo cuando lo inicias. Yo no sé tú, pero no hay viaje que haga que no empiece con los nervios desatados, enloquecidos y mosqueado con mi mujer la sioux, con los niños, con quien inventó el veraneo, el aceite de oliva, la sandía, con…. arranco el coche, pongo la primera, segunda, tercera y a toda pastilla hasta que pasan 20 o 30 kilómetros y me calmo. Y no hablo de un viaje a la Luna o a Júpiter, no, que va, sino de una simple excursioncilla por ejemplo a Castilla a pasar unos días a un pueblo de Don Quijote de la Mancha y nada más.

No sé, debe ser algo intrínseco con el ser humano o será el temperamento latino, ni idea. Lo que sí sé es que lo planificas todo el día anterior para salir a las 10 de la mañana…. pues imposible, siempre pasa algo; que si no aparecen unos zapatos, que si el niño quiere agua, que si falta un bolso, que si el bañador, que si las toallas… yo que sé, algo siempre pasa. Y aunque todo esté perfectamente organizado, milimetrado, calculado, e incluso todo metido en el coche y estés ya dispuesto para salir pasa lo que tiene que pasar.

¿Y qué es lo que pasa que tiene que pasar?. Pues que empiezas con las paranoias de si habré apagado el butano, que si la luz, que si el agua…. pero lo peor no es que entres en casa y lo revises todo, no, eso sería la felicidad; sino que como tontiño que eres, en cuanto sales de casa te preguntas. «¿Pero seguro que habré apagado el butano?».

Y lo peor de todo es que sabes perfectamente que sí, que lo has apagado porque recuerdas incluso el movimiento que hiciste con la mano para desconectar el tapón de la bombona, pero nada, aunque te pusieran un vídeo, vuelves a entrar y otra vez a la condenada cocina y, en efecto, claro que lo apagaste y cuando vas a salir, a repasar de nuevo la luz, el agua y por momentos piensas «¿pero qué pasa, me voy de viaje o estoy haciendo una inspección de la casa, pero soy periodista o un empleado de Instalaciones Martínez, especialistas en luz, butano y agua y todo al alcance de su mano?».

Y cuando has hecho como cinco comprobaciones cierras las puertas, pero tío ¡¡¡ como la cierras, que la vas tirar !!!; ¡¡¡ pero so bestia, cuántas vueltas quieres darle a la llave, que son dos, como siempre, o es que hoy van a ser 600 !!!!. Y al final el toque delicado, ese que cualquiera que te vea exclamaría, «¡¡¡ será animal !!!», un empujonazo por si abre que a punto estás de destrozarla.

Yo te lo juro que hay viajes que estoy por veranear en el descansillo de casa, montar allí una tienda de campaña y cuando me dé el punto de descerebre entrar e inspeccionar todo de nuevo, la luz, el agua, el butano…

Pero es que esta demencia en los viajes es como una persecución porque cuando ya llevas 50 kilómetros recorridos, tu mujer dice: «¿Habré apagado la plancha?». «¿Qué plancha?», preguntas acongojado, y te responde, «pues cual va a ser, la de planchar». Y comentas, «pero si no planchaste nada», y te contesta «¿estás seguro que no planché nada?».

Y tú, que has apagado el butano como veinte veces, cuarenta la luz y unas 3.000 el agua, dices con toda naturalidad, «claro que no estabas planchado anda, no te preocupes».

Y mientras lo dices, te lo juro que por momentos te imaginas un incendio del copón, todos tu vecinos con quemaduras de segundo grado, vendados hasta los pies y diciendo: «La culpa es del periodista ese, el Guisande que… » Y para entonces entras en una curiosas metamorfosis, estás convencido de que todo quedó perfecto, controlado, y si ibas hacia un pueblo de la Mancha, más feliz que una perdiz aceleras el coche y como si las quemaduras son de quinto o sexto grado exclamas: «¡¡¡ De vacaciones familia, ancha es Castilla !!!».

¿Quién sale más espabilado, el mayor, el pequeño o el del medio?

miércoles, mayo 12th, 2010

Vamos a ver, la última duda existencial que tuve fue hace unos meses y la venía arrastrando desde que salí de la incubadora y cogí el primer resfriado, allá por el 58. El asunto metafísico era : «¿Qué es más placentero estornudar o bostezar?» Y la verdad me quedé como estaba, estornudando y bostezando hasta que me dormí; bueno igual no, peor, porque era el último intento en solucionar este dilema y pensaba que con tanta gente en Internet, con tanto entendido en la Red, en la Blogosfera pues que… pero no.

Y así estaba yo con mi preocupación tratando de averiguarlo cuando de repente me asaltó otra dúbida -Úbeda (Jaén), con lo cual tengo dos, lo que es una debacle para mi cerebro porque yo con una… pues voy tirando, puedo, pero dos…. ni hablar. Y la cuestión es: «Cuando una familia tiene tres hijos ¿quién sale más espabilado el mayor, el pequeño o del medio?».

Salvo teorías en contra, personalmente creo que el mayor, desde luego que no, vamos, imposible. Desde que nace, al pobre ya le destrozan el cerebro con «ten cuidado, no hables con desconocidos», «ten cuidado por donde andas», «ten cuidado, no vayas a…”, «ten cuidado con los coches», «ten cuidado en el viaje… »; es decir, que el mayor, aparte de tener más edad, lo que más tiene es «cuidado», y así le va. Nunca arriesgará nada porque el cerebelo le repite machaconamente «ten cuidado, ten cuidado, ten cuidado». , un inútil, un paspán.

El del medio, en ese sentido, como que tiene el camino un poco más allanado porque de repente alguien le dice: «Pues yo conozco a tu hermano el mayor», y tu piensas: «¡¡¡ Ostras !!!, aquí esta el desconocido que decía mi madre que tuviera cuidado, que tío más majo».

Eso, como que vive en una felicidad completa hasta que un día oye algo extraño en casa. Piensa que se trata de un perro, un cachorro que sus padres le han regalado, o un gato, va al lugar de donde sale el ruido y ya se lleva el primer palo. Hay un bicho, sí, pero de dos patas y dos brazos que no se llama ni Gervasio, como el mayor, ni Mariano, como él, sino que el prototipo de tío ese tiene tres nombres: «Mi Pequeñín, Mi Bebecito y Mi Monada».

Entonces, cuando llega el ojino, a ti ya ni caso, y toda la familia se vuelca en el renacuajo porque «como el mayor ya es un hombre… ». Y tú, que eres el del medio, que es como estar en el descansillo de la vida, te dejan como apartado, como si fuera un posit, ahí en una esquina, como una llamada perdida, y lo único que oyes es: «Ay mi pequeñín, ay mi pequeñín… ».

Vamos que te dan unas ganas de partirle la cara al pequeñín y devolverlo vía aérea al materno infantil… pero como tampoco eres el mayor no puedes imponer tu autoridad, no vaya a ser que la bofetada te la dé el de arriba, el mayor, eso sí «con mucho cuidado» para no variar, y quedes ya el primer día como un gualdrapa ante la rata esa.

Entonces, ¿qué haces con un mayor «que con mucho cuidado está hecho un hombre» y con un «ay mi pequeñín… », que solo oírlo te pone de los nervios?. Pues qué vas a hacer; como eso de cambiar de familia aún no se estila, pues harás lo que se hizo siempre: tu mismo con tu mecanismo ¿Y cuál es el mecanismo?, pues ya que eres el del medio tira por ahí, por la calle de en medio; o sea la de espabilar y mientras espabilas oirás durante años «Ay mi pequeñín, ay mi pequeñín» y pensarás: «¿Pequeñín éste, que ya tiene 20 tacos?». Pobre, está peor que el «ten cuidado». Y cuando llegas a esta conclusión, eso ya es definitivo: chaval, estás espabilado, eso creo ¿no?

Mi madre, tú, yo, el blog y la miñoca

jueves, junio 18th, 2009

Yo pensaba que era periodista, pero desde que tengo este blog he descubierto gracias a mi madre que no sé muy bien si realmente lo que soy es pescador o mago. Y es que desde que un día llegué a su casa con un portátil y le expliqué cómo funcionaba el blog, con sus estadísticas y otros datos, de vez en cuando me llama por teléfono y, en vez de decir, cuántas «visitas» o «entradas» he tenido, su frase es: «Y hoy, ¿cuántos picaron?». ¿Picaron?, sí, picaron, y la verdad es que desde entonces, cuando escribo, sino creo que soy David Copperfield, me siento miñoca y usted, pues usted, que según mi madre es el que pica, será una sardina, un pancho o un lorcho, que quiera que le haga, lo digo como lo siento.

Yo comprendo que a mi madre, Teresa o María Teresiña, como a otras muchas teresiñas del mundo, esto de la Blogosfera les queda muy pero que muy lejos.Y cómo no les va a quedar muy pero que muy lejos a unas personas que nacieron en una época en la que casi no había automóviles y en unos años vieron como el hombre caminaba por la luna y de un día para otro les cambiaron hasta el padrenuestro….

Para todas esas teresiñas esto de Internet es alucinante y también para mí, la verdad, que un día no muy lejano fui a preguntar por una PCU a una tienda de informática y al tipo que estaba detrás del mostrador (y creo que desde entonces aún sigue allí sin pestañear) le dije PVC, y tan feliz me quedé, pero esta es otra historia.

Como digo, para mucha gente el cambio ha sido estratosférico. Antes, cuando hablabas por teléfono con alguien que, por ejemplo, había ido a una fiesta, le preguntabas: «¿Y estuvo menganito?», si había estado te decían: «Sí vino y lo pasamos muy bien con él. Es simpatiquísimo». Ahora ya no hace falta que te contesten; ahora, vía multimedia, te mandan una foto del susodicho en la fiesta o un vídeo donde descamisado, con una copa en una mano y un gorro de cartón en la cabeza te dice a grito pelado. «¡¡¡Sííí, estoy aquí y os quiero mucho, guajuuuuuuu!!!». Lamentable.

Pero hay más, antes, las mujeres, cuando salían de compras y regresaban a casa, luego hablaban con sus amigas por teléfono y las explicaciones eran flipantes: «Pues vi una falda plisada, y una camisa de lino, con tirantes cruzados por detrás, haciendo un dobladillo en forma de espiga, pero al bies….» Y así la conversación podía durar horas, días y semanas y lo más increíble, se entendían o creían entenderse. Ahora no, ahora ni plisadas ni bies ni dobladillo ni el famoso escote «palabra de honor», te pueden enviar de la prenda que viste unas tres o cuatro fotos al móvil y… casi como el de la tele: «Así la hemos visto y así se la hemos enviado».

Y si nos alejamos en el tiempo, a los años cuarenta o cincuenta, el asunto ya sobrepasa lo imaginable. Entonces, cuando alguien quería ponerse en comunicación telefónica desde Madrid con una persona de, pongamos Huesca o Guadalajara (por cierto, ¿Guadalajara existe, alguien conoce a una persona de esta ciudad?), pues a la casa del oscense o del guadalajareño llegaba el cartero con una notificación en la que se indicaba que al día siguiente, a tal hora y no a otra, iba a recibir una llamada en Correos; y el personal esa noche ya no dormía pensando en qué le iban a decir desde la capital de España. Ahora… ahora ya puedes estar paseando por la playa, visitando un museo o estar en el cuarto de baño que hasta allí llegan las llamadas, no te dejan vivir, muchas veces molestan, cansan, incordian e interrumpen una conversa……. perdón, suena el móvil, seguro que será mi madre, le diré, querida sardina, pancho o lorcho, que hoy «picaron» bastante, pero bastante, en el blog de la miñoca. ¿No?, sí.

Hacerse mayor no es tu culpa

viernes, junio 5th, 2009

No tengo la menor duda que todas esas organizaciones no gubernamentales que reciben fondos gubernamentales (y porqué no yo, que soy un santo), son las que han hecho que nos hagamos mayores. El Domund, La Asociación de la Lucha Contra el Cáncer, la Cruz Roja, el Grupo Naturalista Defensor del Carballo Galego y el Grupo de Alquimistas Separados son entre otros muchos los que han conseguido que en cuestión de segundos hayas pasado por arte de birlibirloque de niño a adulto. ¿Cómo?, pues muy sencillo. Vas un día por la calle y cuando menos te lo esperas llega un chaval con una hucha y te dice: «Señor, ¿me da algo para el Domund?». Y de repente, anestesiado, sacas de billetera y no sabes si das 10, 20, 30, 40 o 50 euros (bueno, cincuenta sí); porque lo que te ha dejado traspuesto es eso de: «Señor, ¿me da…?». «¿Dar?, te doy lo que quieras», piensas, pero lo de «señor….» Y luego ya sigue una evolución degenerativa que no tiene final.

Acostumbrado al «señor», la siguiente fase es la pseudoexistencial: que si el mundo y los hijos, que si el trabajo y el futuro profesional, que si has conseguido en la vida lo que te proponías, que…. Y cuando ya tu cerebro está destrozado y sólo te queda una neurona entras en una nueva etapa que está marcada por un único comentario que se repite todos los días: la Salud. No sabes ni cómo ni porqué, pero de repente, como si con todas las personas que conociste en tu vida hubieras tenido un accidente de la leche, a todo el mundo le duele algo; que si las cervicales, que si el lumbago, que si la nuca, que si noto aquí o allá… Y cuando los dolores, las enfermedades y el malestar general ya lo tienes asumidos y solo hablas de eso, viene ya la fase del desfase.

Debe ser ya la decrepitud total, pero no sé qué historia ocurre, que cuando rozas o sobrepasas los cincuenta, en cuanto te encuentras con un amigo te entran unas emociones irrefrenables, la gente abre los ojos como parasoles, se emociona, casi lagrimea, te dan unos abrazos que te estrujan y hasta incluso algùn beso, que te da la impresión que más que encontrar a un amigo parece que lo vas perde de por vida. Y a lo mejor es posible, pero pensar que todo empezó por un «señor, ¿me da algo?».

PD.
En los proximos dias contare una tipica boda francesa, que dura dos dias, y costumbres de mi familia sioux, con la que estoy estos dias en Paris. No pongo acentos porque en el teclado frances no hay los nuestros. Ya ves, y nosotros con la ç

El niño y la mirada

lunes, mayo 18th, 2009

Esta anécdota me la comentó hace muchos años mi padre con el cual, además de llevarme muy bien, supe que era precisamente eso, mi padre, cuando un día me dijo: «Hay una cosa que no comprendo». «¿Cuál?», le pregunté. Y a continuación añadió: «Que el vino vicie…. normal, ¿pero que la calvicie?». Desde entonces nunca necesité, para estar seguro de que era mi progenitor, ni acudir al Registro Civil, ni mirar el Libro de Familia ni hacerme la prueba de ADN; lo que hice, que fue casi igual, es el DNI y, la verdad, me pareció hasta demasiado.

La anécdota que me contó ocurrió cuando una familia visitó a otra en un chalet y los niños entablaran amistad, que ya se sabe como lo hacen, a medio camino entre el cariño y la bestialidad, entre «ven que te dejo este juego» y «es que me dio en la cabeza con un palo», y a curar la herida cuando no la brecha. El caso es que uno de los padres dijo al otro que no hacía bueno de uno de sus niños, que siempre estaba haciendo tonterías, portándose mal y que, más o menos, lo tenía desquiciado. Entonces su colega le explicó su técnica disciplinar para tales ocasiones: «Pues yo a mi hijo, cuando hace una bobada, con solo mirarlo….».

Pasados unos días, estaban comiendo en casa cuando el niño traste hizo una de las suyas y riñó con su hermana a la hora de comer por algo tan trascendente como ver quién cogía primero el bote de tomate. El padre, recordando a su amigo, no dijo nada y se quedó mirando fijamente para su hijo. La mirada era terrible, inmóvil, penetrante, desafiante, hasta diría que cuasiasesina. El niño, entonces, para sorpresa del cabeza de familia, se quedó callado. El padre, impertérrito, con sangre fría, ni pestañeaba. Fueron tres segundos, tensos, muy tensos, en los que el progenitor sufrió una alegría interior indescriptible casi acercándose a una parada cardiorrespiratoria; pero fueron eso, solo tres, tres segundos, los suficientes como para que el niño, al verlo tan hierático e inmóvil le dijera «Papá, ¿qué te pasa, te pasa algo?»