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Las agencias de calificación hacen el griego

viernes, junio 17th, 2011

Vamos a ver. Yo de Economía, lo justo (creo que en Grecia estos días saben mogollón); pero tan justo que llego a final de mes con unas monedillas para un paquete de tabaco y poco más; pero mientras yo arribo derrapando para comprar unos cigarrillos, hay quienes de un día para otro (y no tipos como yo, sino países) no tienen ni pa cerillas y todo debido a algo tan misterioso como eso que llaman Agencias de Calificación.

Lo de estas entidades como Standard & Poor’s, Fitch y Moody’s, que son las más conocidas, de carácter privado y que determinan la solvencia de un país, es alucinante. Y para ellas la economía mundial la simplifican en tres letras; así de sencillo: la A, la B y la C; vamos, las tres primeras del abecedario, que supongo que lo harán para no molestarse, total quienes se van a molestar no son ellos… pues visto así para qué te vas a liar.

Entonces, según estas agencias, si tienes tres A… pues eres solvente, pero que muy muy solvente… bo, ni un problema. ¿Que te quitan dos A y te quedas con una?, pues ya no tanto pero, digamos que aún vas por buen camino. ¿Que te pasan a tres B?, pues ya vas un poco arrastrado. ¿Que te quitan dos B y te quedas solo con una?, lo mejor es que vayas vendiendo parte del país en anuncios por palabras a ver si tienes suerte. ¿Que te ponen tres C?, retírate, cámbiale el nombre a la nación, húndelo a cañonazos, tápalo con una manta y a ver si se olvidan de ti o alquílalo por temporada, como los chalés, pero en más grande, a lo bestia.

Y claro, lo que uno piensa, así, a bote pronto, quizás porque soy un poco impulsivo, es: «Standard & Poor’s, Fitch y Moody’s, ¿por qué no le ponéis una C a vuestro padre y dejáis de arruinarme?». Y lo segundo, como consecuencia de lo primero porque no hay segundo si antes no hay un primero, es… además de que «a vuestra madre también vale», ¿quiénes están realmente detrás de estas agencias?, ¿quién no manejará los hilos para arruinar un país por intereses que ni tu ni yo alcanzamos?.

Pues me la juego y a ver si alguno de ellos de la cara, a ver si me denuncian sabemos quienes son y me envían directito al corredor de la muerte en Oklahoma o Arkansas, que si es así pensad que lo hice por este mi país, España, que no sé si terminará con una A, con dos B o con tres C o sin letras. Pero pase lo que pase, den o no esos tipo la cara, enviarme tabaco mientras no me caigan unos 300.000 voltios en la sesera.

Allá voy, que sea lo que Dios quiera, a ver si con la denuncia y sabemos de una vez quienes son, pero pase lo que pase no os olvidéis del tabaco ¡¡¡ eh !!!: « Standard & Poor’s, Fitch y Moody’s, sois unos macarras, unos ladrones, una gentuza, contrabandistas, terroristas, delincuentes, bandidos, estafadores, gualtrapas, traficantes de dinero… ». A gusto me quedé oye.

ESTHER Y SU PROGRAMA EN RADIO VOZ

Como esto del vivir es la reoca, una compañera, buena amiga del blog y excelente profesional, Esther López, tiene un programa de domingo a viernes que se llama La noche con Esther, en Radio Voz. El programa se emite a partir de las diez de la noche hasta las tres de la madrugada. La idea es que el oyente interactúe a través del teléfono 902 173 273 y el correo electrónico lanocheconesther@radiovoz.es. Pues eso, pásatelo bien e interactúa.

Esos países que nos leen

lunes, mayo 30th, 2011

Esto de Internet, de la Red, de la Blogosfera, del tuenti, twitter y no sé cuantas cosas más es flipante, desconcertante, fascinante y asoballante. Si hace unos días me quedé traspuesto y cuasielectrocutado cuando me enteré que el blog se traducía en la Universidad de Kentucky y que a los alumnos se les enseña como ejemplo de construir un género literario como es el artículo; ahora… otra sorpresa, que como esto siga así me veo recostado en una lápida pero ya. Tío, que son muchas cosas juntas las que me están pasando y uno tiene un corazón normal, que como siga así me va a dar un pallá.

Sigamos, que estoy vivo aún. El caso es que desde que en el periódico tenemos una nueva forma de comprobar las estadísticas, esto es el no va más. Ahora en el ordenador puedes entrar en una pantalla en la que ves todo el mundo y, pasando el cursor por encima de cada país, sabes el tanto por ciento de la gente que te lee.

Pues bueno, ya ves, se me ocurre pasar por los emiratos árabes, que ya me dirás tú qué se me perdió ahí porque realmente iba a ir a Vigo pero me despisté (por cierto un viaje muy pero que muy cómodo, unos 4 segundos, que yo no sé en que va la gente que dice que tardas horas y horas… allá ellos) y me encuentro que en Sharjah, uno de los emiratos, un 0,1% de las entradas en la bitácora son de allí.

Y fue ver ese 0,1% y a la mente me vinieron los petrodólares, la gasofa que echo en el coche y descubro que en la capital, Sarja, hay anualmente una cumbre mundial de editores, con lo cual ya le mandé en un volado la información a mi editora para los cuentos de Rodribico, que si es preciso le pongo un turbante al pajaruelo y como si hay que hacer que huela a queroseno, vamos, lo que sea.

Total, que el ciudadano de Sharjah que me/nos lee, porque el 0,1%, supongo que será eso, uno y solamente uno, no estaría mal que me invitara a pasar unos días al Golfo, cosa que hace tiempo que no practico, y te lo prometo que no pienso molestar ya que yo solo gasto lo de siempre, como un utilitario de baja gama, un huevo frito y cacho pan a los cien.

Pero estaba yo en esto de los países cuando pensé en ti, ya ves, en las oraciones no, pero de la sesera soy incapaz de quitarte. Y me dije otra vez ¿por qué no jugamos a ver la idea que tenemos de las naciones adonde llega el blog y, si tenemos suerte, ellos nos contestan a ver si lo que creemos se ajusta a la realidad o nos dan una visión distinta?, ¿te parece?. Oye, que tampoco hay que hacer un tratado de cada sitio, que con unas palabras vale. Y no te enrolles con: «Una vez fui a Luxemburgo y había… », plasta más que plasta, unas palabras y ya está, que sí que en Luxemburgo había de todo y hasta sobrabas tú, pero no te lo dijeron, que en Europa son mu educados.

¿Empezamos? Sí, pero ante de comenzar que quede claro que son ideas preconcebidas, que seguro que son tópicos y que nada mejor que nos contesten, que no queremos perder amigos, que se empieza por «un creo… » y terminas en un «adiós» o un que «te den». Lo dicho, simplemente tópicos ¿vale?, que nadie se rebote, que nosotros con el bacalao que tenemos en España ya vamos servidos.

Vamos a ver, Portugal: Gente agradable; sencilla como los gallegos, emigrantes y un país caro. Francia; Muy refinados, demasiado, todo muy perfecto, muy ordenado, y como que no nos tragan. Alemania: Mucha seriedad en el trabajo, poderosos económicamente, nos amargan la vida con sus exigencias monetarias y no se ríen nada de nada. Italia: un cirio que no veas, una melé, un desmadre de gobierno, un desastre y la gente apasionada. Bueno, de vez en cuando también algún tiro suelto de la Mafia. Holanda: Tulipanes y la selección de fútbol. Noruega: Un frío que no veas, casitas de madera, todos en su vivienda sin salir y hay más esquiadores que peatones. Grecia: islas preciosas, un lío para ir de unas a otras y la gente… desconocida. Polonia: Un país pobre, triste y frío. Reino Unido: A ver si nos dan el peñón de una vez, gente seria, impávida. Rumanía: Pobreza y bastante delincuencia. Suiza: El condenado rollo ese del reloj y paraísos fiscal. Una mafia organizada y todos muy callados. Chequia: Ni idea. Rusia. Vodka, frío, mafia, pobreza, monumentos preciosos. Letonia: Ni flores. Hungría: Zíngaros. Finlandia: móviles Nokia y un sito que está muy pero que muy lejos y mucho frío. Marruecos: Alegría, semipobreza, dictadura.

Sigamos: China: esclavitud, trabajo, trabajo y más trabajo. Tailandia: masajes, prostitución. India: País emergente y con futuro. Gente agradable, simpática. Australia: Un país donde se puede uno labrarse el futuro, muchos veleros y alto nivel de vida. Japón. Maquinitas y más maquinitas digitales. Muy trabajadores, alegres pero con cara de inocentes. Nigeria: Calor, alegría dentro de la pobreza, tribus. Estados Unidos. Poderío tecnológico y económico, incultura, metiéndose siempre en todo los fregaos y un hombre que se llama Obama que puede hacer mucho por el país. México, juerga, poco trabajadores y mucha delincuencia. Miedo a ir de vacaciones allí.

Más: Guatemala: Nada, la broma esa tonta de guatapeor. Costa Rica: El único país que no tiene Ejército, debe ser tranquilo. Colombia: Narcotráfico. Venezuela: Un país rico que ha ido a peor y adonde emigraron muchos gallegos. Un presidente , Chaves, tocado del ala, pero muy tocado. Ecuador: Por ahí pasa el ecuador, pero si me invitan también paso yo. Perú. Música y montañas. Bolivia: Una desconocida. Brasil. Playas, chicas, fútbol y delincuencia. Chile: Todo el mundo habla de la dictadura. Argentina: Habla que te habla de psicología.

Bueno así veo yo, en pinceladas, estos países ¿y tú? Y especialmente tú que vives en ellos ¿nos puede aclarar estas ideas?. Gracias.

En Ikea me siento ratón

martes, noviembre 23rd, 2010

Si a mí no me importa que hagan experimentos conmigo, va a ser ahora por eso… bo; pero por lo menos, aunque sea en sueco, que te digan que estás contribuyendo a la Ciencia, que otros por mucho menos están becados y supongo que los de Ikea forrados, no sé pero tampoco espero explicaciones porque ese idioma… pues como tú, chapurrearlo y poco más.

Yo es que entro en Ikea y me siento ratón. Subo por unas escaleras automáticas y al estar arriba, cuando me doy cuenta ya no puedo volver atrás y entonces como que me da que más que en un macroalmacén estoy en un laboratorio en el que están haciendo experimentos conmigo.

Un pasillo aquí, otro allí, aquél más allá….. y por mucho que quiera salir de esa paranoia de instalaciones, como buen roedor busco y busco y más que tratar de salir parece que en realidad lo que estoy haciendo es encontrar el queso. Y entonces, en esa sensación cuasidepredadora, cuando estoy imaginándome que alguien te mira por unas cámaras para ver como reacciona Ratón Guisande, es cuando me encuentro con lo mejor de ese tinglado: un mogollón de lápices, que por lo que me dijeron es para apuntar referencias y que mira por dónde, sueco, yo lo utilizo para este artículo que te va a encantar, pero mucho; ya ves las vueltas que da la vida y sobre todo tu lápiz. Tú para que yo ponga referencias, y yo para poner las tuyas. Cosas pasan ¿verdad?

Pero en Ikea no todo es malo, Ikea te rejuvenece porque a los 10 minutos de estar allí (y mira que ya habías superado esa fase de la adolescencia), me pregunto: «¿De dónde vengo, adónde voy, quién soy y aquí por qué estoy?» .

Y en estas tesituras estás, buscando como un poseso la salida, incluso la de emergencia, cuando por decimocuarta vez estás seguro que has visto esa litera, aquél armario, aquellas velas y mi olfato me dice que me están toleando dando vueltas y vueltas para que lo escudriñe todo. Y en efecto, así a lo tonto ya he visto una tonelada de palmatorias, camas como para cargar un trailer, tresillos como para que duerma la siesta media África, cojines, felpudos, sábanas, mantas, sillas….. menos el queso/salida, todo.

A mí Ikea, la verdad, no es mi estilo, está todo tan perfecto, tan ordenadito, tan bien presentadito que si yo meto todo eso tal cual en mi casa quien sobra soy yo porque además en Ikea todo es útil cuando yo, por nacimiento y profunda convicción, soy un inútil. Evidentemente Ikea no es para mí, pero seguro.

Ikea no me va; personalmente prefiero el mueble añejo de la abuela, el chinero un poco desencajado, la tosca mesa en la que se apoyó mi bisabuelo o la silla que utilicé de pequeño; no sé, muebles con cariño, con sentimiento, porque Ikea, como te diría yo, es como un hospital, todo aséptico, frío, sin personalidad, al por mayor y… vamos que serán muy adelantados estos suecos, pero estos tíos, de estilo, lo que se dice estilo… ni ikea.

PD.- Gracias por el lápiz

París, otra situación «pailán»

viernes, julio 3rd, 2009

Después de escribir el artículo «cuando vives el momento pailán» y de recibir varios comentarios en los que los bloglectores se contaban simpáticas situaciones que han vivido, me acordé de otro suceso que me ocurrió en París. Y digo París no por fardar, sino porque este tipo de efemérides (porque las recuerdas todas las vidas) suelen ocurrir siempre en sitios, digamos, avanzados. Lo que me sucedió fue a mediados de los ochenta, cuando en compañía de Gumersindo Villar García-Moreno, que en la actualidad trabaja como bibliotecario en la Universidad Complutense de Madrid, y del amigo y periodista José Luis Álvarez, que entonces estaba en El Ideal Gallego, nos fuímos a recorrer mundo.

El caso es que estando en la capital francesa fuimos a una de las mejores cafeterías por eso de ver cómo eran y de disfrutar, que para eso estábamos de vacaciones, aunque andábamos sin un real. Pedimos lo mínimo, un café (que nos costó como si hubiéramos pedido bacalao al pilpil), y al poco rato tuve una imperiosa necesidad de ir al cuarto de baño. Así que me acerqué a la barra, y con boca de piñón dije; la toilette (que se pronuncia tualé). La persona que estaba al frente del local ya ni me explicó dónde se encontraba porque dedujo que no era francés, sino más bien lelo, y que si me respondía no le iba a entender, así que muy amablemente (y gracias a dios que no era manco) señaló con su mano por donde estaban los urinarios.

Entré en los servicios y encontré una estancia de unos diez metros cuadrados, a la derecha unas preciosas griferías de color dorado, asentadas sobre mármol de color crema, y unos impresionantes y brillantísimos espejos, que ya fue mucho ver para la situación de necesidad en la que me hallaba. Miré alrededor y no vi dónde había que hacer pis, pero lo peor, no había nadie. La primera pailanada fue pensar. «París, el gran París. A lo mejor esto es solo para lavarse las manos y hay una puerta que va a los urinarios». Me fijé en las paredes y no veía ninguna puerta ni nada que se le pareciese. Cada vez tenía más ganas de…. de eso, y lo peor, nadie entraba, lo que era raro porque la cafetería, aunque no estaba llena, sí había suficiente gente como para que al menos apareciera un meoncillo, pero no. Entonces me dije: «Pues no queda otra que esperar», y me puse frente a uno de los grifos para disimular, porque, claro, no sería normal aguardar alguien en medio de la tualé, que a lo mejor creía que estaba a la espera de algo…. y no, que uno es liberal, pero no tanto, tú ya me entiendes, porque además no te queda más remedio que entenderme ya que sobre esto no escribo.

Cada vez tenía más ganas, miraba insistentemente para ver si entraba alguien, me ponía nervioso y cometí un gran error. Sí, un fatídico error; con el fin de disimular perfectamente tenía las manos debajo del grifo, e instintivamente lo abrí. El fluir del agua incidió profunda y directamente en mí, y cuando ya estaba en una situación límite por suerte entró una persona (ahora ya hay cuartos de baños así, pero en los años ochenta…….) y se fue directo a una pared. Entonces lo seguí y comprobé cómo por ella caía una finísima película de agua que se tragaba el suelo. De verdad, y si soy sincero, porque estaba en un cuarto de baño, pero al finalizar, lo juro y que venga Dios y lo vea, estaba por abrazar al colega del urinario; ponerme de rodillas y hacer la ola o dar brincos hasta Bilbao. Y es que no era para menos, había llegado en el último momento, cuando la gota rebasaba el vaso.

Anímate y cuéntanos tu situación «pailán»

Casarse con una extranjera

viernes, mayo 29th, 2009

Me pregunta una bloglectora si es cierto que estoy casado con una india americana, de la tribu sioux, o es una broma; y como digo en el blog, lo que voy a contar son «anécdotas reales y cosas de la vida». Y tan real es que ella (Veneatra Pahynter) es india americana, de Ohio, como que la conocí en una aldea de 11 habitantes, que es donde vivo, y que la media de edad es de 70 años. Reconozco que esto no es muy normal y que es más propio del libro Guinneses que de otra cosa, pero la vida es así; te recorres media Europa y algún que otro país más de otros Continentes y, al final, resulta que un día, por esas cosas de la vida, en un lugar en el que hay menos gente que en cualquier parada de autobús… pues conoces a quien va a compartir tu vida y todo (si quieren un día se lo cuento), porque se confundió de casa. Como te lo digo, se confundió de casa y… se casó.

Sea como sea, cuando te casas con una extranjera todo son ventajas y terminas hablando un idioma común, único y, sobre todo, indescifrable e incomprensible para el resto de los mortales y hasta piensas que en la primera, segunda o la Guerra Mundial que viene, que vendrá, puedes tener un futuro impresionante porque como espía no hay quien descifre lo que hablas.

Por ejemplo, en mi casa los «botones» no son los de la camisa ni los de un abrigo ni los de una chaqueta, son los granitos; las «orejas» no son los que tenemos a ambos lados de los occipitales, son los cojines porque ahí (luego lo descubrí), según ella pones la oreja. «Párrajo» no es pájaro, (como que esto iba a ser sencillo), sino que como ella es traductora es «párrafo»; «ternera» no es la cría de la vaca, es ternura; y la «carne», por ejemplo, no es el bistec, es el carné de identidad. Y qué le vas a hacer, todo esto ocurre por cuando conoces a una extranjera, si estás interesado en ella lo último que harías sería corregirla a cada momento pues serías un pelmazo y es casi seguro que nunca iniciarías una relación.

Pero cuando de la amistad se pasa al noviazgo, entonces lo que ocurre es que sigues sin corregirle esas palabras porque las entiendes, las asimilas, y llegan a formar parte de tu acerbo cultural. También sucede que no discutes mucho porque ante cualquier situación, por extraña o rara que sea, ella piensa: «Es que no me entiende; pero no lo hace por mal». Y viceversa, aunque reconozco que le echo un poco más de cara, pero siempre con cariño, claro, home sí.

En una ocasión recuerdo que me dijo que fuera al supermercado y que trajera cuatro o cinco cosas. Llegué a casa con las bolsas y me dijo: «¿Has traído la comida del perro?». Le contesté que no, que me había olvidado, a lo que respondió: «Qué bueno eres. Gracias». Y no pasó nada, salvo que el perro, obviamente, no comió. Como digo, casarse con una extranjera todo son ventajas; aunque supongo también que tendrá sus inconvenientes, pero como no la entiendo…

Los norteamericanos y la Geografía

viernes, mayo 15th, 2009

Que los norteamericanos no saben dónde está el resto de los países del mundo excepto el suyo no es un tópico. Y lo digo con conocimiento de causa, ya que mi mujer, que es india americana, de Ohio, de la tribu Sioux, ha hecho grandes esfuerzos para situar a todos los países de Europa y África, y ahora nos queda Oceanía y Asia; aunque según la ONU hay un Continente más que es la Antártida porque el Polo Norte no lo es ya que se trata de una masa de hielo. Bueno, de hielo hasta que no se derrita y aparezca allí un campo de margaritas o de florecillas silvestre que entonces… Pero es que además, según los norteamericanos, aún hay otro Continente, porque para ellos está Norteamérica y Suramérica y la explicación que dan es que entre Norteamérica y Suramérica «pasa el agua», y ese «pasa el agua», no te lo pierdas, es el canal de Panamá.

El caso es que mis suegros, Theodore Paynther Jr. (tampoco te pierdas lo del Jr., que el chaval tiene 75 años y es de la tribu Choctaw) y su mujer Jewel (Cheyenne), vinieron a pasar una temporada con nosotros. Al cabo de un mes, unos amigos suyos de Estados Unidos les preguntaron dónde estaban de vacaciones, y ellos le dijeron que en España, concretamente en A Coruña.

Desconozco si les dieron más explicaciones sobre donde se hallaba la ciudad herculina, pero me imagino que no cuando Jewel me preguntó para que sus amigos supieran exactamente donde se encontraban: «¿Sabes la coordenadas de La Coruña?». «¿Las qué?», dije sorprendido. «Las coordenadas», respondió ella como quien pide azúcar en la cocina.

Por un momento me imaginé a los amigos de Theodore y Jewel en su casa de Estados Unidos con un megamapamundi sobre una mesa, con regla y cartabón, trazando líneas y más líneas con un lápiz sobre el paralelo de Greenwich y colocando chinchetas de colores. Y la verdad, en ese momento, a la vez que entraba en Google pensaba que no solo es que los norteamericanos no tienen ni idea de Geografía, sino que a lo mejor estaba revelando un secreto de Estado y hasta me entró un escalofrío porque estos, con las coordenadas en la mano son un peligro, o van de viaje o te invaden. Por cierto, las coordenadas son: latitud 43º, 22´ N y 8º23´ O de longitud.