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Los delgados pudimos ser gordos

Viernes, Febrero 12th, 2010

Estoy convencido, pero totalmente convencido, que muchos de los que somos delgados pudimos ser gordos o, por lo menos anchitos, normalitos vamos. En mi caso, por ejemplo, no hay quien me lo quite de la cabeza que si ahora mido 1,80 y solo peso 70 kilos la culpa estoy casi seguro que en principio fue mía, pero que después colaboró toda la familia…. fijo.

No sé tú, que también de tipo hilo vas servido, pero yo recuerdo que cuando era pequeño y se hacían aquellas excursiones familiares en coche, cuando ya no entraba ni de canto la tortilla de patata y había un hueco, yo decía todo ufano con mis pantalones cortos: «Ahí entro yo». Y no me digas cómo, pero entraba. Y claro, lo que en principio fue como una experiencia personal, una especie de reto, al final terminó siendo una costumbre familiar. «¿Y el niño, dónde va?» Y el niño (o sea yo) que era el último en entrar, pues decían: «Ahí bien cabe» ¿¡¡¡¡ Pero cómo que «ahí bien cabe», quién mejor que yo sabe si entro o no….!!!!?. No había forma.

Y hasta tal punto llegaron a saber lo que ocupaba, sin medirme eh, sin medirme, que estoy convencido que cuando se hacía un viaje, primero se sentaban todos, luego las maletas y al final… pues yo, como si fuera una bolsa de plástico o algo así. Y no creas que mi familia lo hacía por maldad, no; lo hacía por costumbre, como hinchar las ruedas, echar gasolina o parar para estirar las piernas (ellos) porque yo estiraba todo.

Y lo curioso es que no decía ni mu, y con una resignación más propia del Concilio de Trento allá iba yo estrujado en una esquina sobre las piernas de alguien, medio estirado tocando el suelo, con el cogote pegado a la ventanilla mirando para arriba, de día, de noche…. vamos, aún no había ido el hombre y la Luna y te lo juro que yo medio arqueado en cualquier sitio del coche había visto el satélite ese más veces que cualquier tipo de la Nasa. Por eso cuando Kennedy dijo aquello de «en esta década llegaremos a la Luna»… por no preocupar a mi familia, de verdad, pero aquello me sonó a como que ya lo había vivido, pero callé, los vi a todos tan ilusionados con eso de salir de la estratosfera….

Y todo hay que decirlo, que porque mi padre no se dedicaba a los negocios, pero si quisiera pudo forrarse, que si pudo…. llega a hacer entonces un convenio marco con los Bomberos para situaciones de emergencia e iba yo a estar aquí dándole a la tecla del ordenador, sí hombre. «Oiga, que un vecino se ha dejado las llaves en casa y hay un ventanuco medio abierto por el que a lo mejor…». «Na, que pallá vamos con el niño». «Oiga, que aquí hay una tubería obturada que parece que….», «nada, que ya está el niño con un hierro aquí en la mano». «¿Y usted cree que el niño podrá…», «¿éste?, este es una fiera, que ya estamos llegando, no sé preocupe, ya verá ya verá como es el chaval, ya verá». Y el chaval, (o sea, yo también), no es por presumir, pero a los 12 años, a los 12, que lo tengo todo calculado, podría haber retirado a toda mi familia de trabajar y a varias generaciones consecutivas, y hasta si me apuras cotizar en el Ibex, porque mira que no era yo un tipo escurridizo… bua que si era.

Claro, y tu dirás, ¿y qué tiene que ver esas situaciones que son más propias de un contorsionista con estar delgado?; pues mucho porque yo estaba en época de crecimiento, de dar el estirón, y lo di, pero a lo alto y no a lo ancho porque ¿cómo lo iba a darlo a lo ancho si siempre tenía el estómago y las vértebras aprisionadas como los pies de las geishas en medio de bolsas, cestas o maletas dentro de un utilitario?. Y claro, cuando se te aprisiona el estómago se te empequeñece, y al empequeñecérsete el estómago…. pues…. pero si hubo días, hombre, que comía una miga de pan y creía que era una laconada, qué más quieres que te diga. ¿70 kilos?. Pues 70 y gracias.

DANI, EUROVISION, MENUDO FOLLON
Pues nada, que hay un chaval que se llama Dani y han entrado todos sus fans en “Al fondo a la derecha” y, en los comentarios, tenéis el enlace de la canción. Esta temporada el blog es de ellos. Buena gente, han montado un lío… que hagan lo que quieran… yo les dejo. Que le voy a hacer, están como cabras, pero buenas cabras, simpáticas. Siempre, mi-tu-nuestro-blog

Así escribo un artículo, incluso el 100

Martes, Febrero 9th, 2010

Pues contestaré a varias peticiones que recibí por correo interno; pero en menudo lío me metí neniño, explicar ahora (que acabo de hacer el artículo número 100) cómo los escribo, que si me apuras casi tampoco yo sé exactamente cómo tanta tontería puede salir de debajo de esta sesera, pero trataré de explicarlo a ver si soy capaz y si tu puedes sacar algo en limpio, que además me acabo de duchar. Porque a la hora de escribir, no digo que tengas que estar inspirado, que tampoco esto es tan complicado; pero sí animado porque escribir algo con tintes humorísticos, por ejemplo tras un velatorio… pues como que no, salvo que seas tonto, que mira por dónde yo creo que podría hacerlo, que tengo calidad de parvo sobrante y más de más.

Pero vamos a lo que vamos, que sino no comenzamos. La cuestión es, ¿por dónde empiezo a explicar ahora todo este follón de cómo escribo un artículo, y lo que es peor, lo expondré bien para que se entienda?. No, seguro que no; pero tengo una idea, justo eso, empecemos por la idea. ¿Y cómo surge la idea, cuál es el proceso porque el que a la mente viene algo y te dices… «pues sí, voy a escribir sobre eso»?

Pues esto de verdad que es un misterio; no me digas cómo, de repente se me ocurre escribir de algo que por lo general son cosas de la vida, sencillas, cotidianas; pero reconozco (y esto no es ningún mérito, sino más bien una tara) que siempre vi la vida con una perspectiva distinta, sobre todo observando y fijándome en cosas un poco absurdas; aunque no siempre, claro, que entonces estaría en un psiquiátrico, que todo se andará.

¿Y cuándo surge esa idea?, pues sinceramente en los momentos menos pensados; algo que miras, algo que dice la gente, que lees, un comentario… aunque a veces, es cierto, tienes como una sensación de que se te va a ocurrir algo, no sabes qué pero lo notas. Y claro, cuando tienes una idea la apuntas (si tienes bolígrafo y ganas) y al llegar a casa la meto en una caja y si es en el periódico, en otra. Y claro, pero clarísimo vamos, que un día vas a la caja, coges una nota y te dices: «¿Pero qué pone aquí?. Y empiezas… patata o paleta… o pelota; carreta, no, careta.. caricia…; morir o moler… no, morder… sí morder ¿pero morder qué?». Y al final resuelves el enigma y sabes perfectamente lo que escribiste: «El niño juega con una pelota / un coche casi lo atropella pero lo acaricia / un perro muerde un neumático». Perfecto, ¿pero qué diablos tiene que ver la pelota, con el coche, con la caricia y el neumático?. Y me rio yo de los crucigramas y los jeroglíficos, por que le vas dando vueltas pensando lo que quiere decir, a ver si te acuerdas del día, de algo, y a veces; pues eso a veces sí y otras, patada a la condenada nota y a ver si la próxima lo pones más clarito paspán.

Pero curiosamente, cuando descifras lo escrito, o te acuerdas, o surge una idea, esa es la primera parte del artículo y el siguiente pensamiento es el final. ¿Y cómo sigo después, sabiendo cómo empieza y cómo termina, porque por el medio, como los bocadillos, hay que meter algo? Pues esto es un entretenimiento porque realmente lo difícil es la idea (el principio y el final), ya que el resto va surgiendo y vas haciendo un esquema mental con tres o cuatro ideillas menores. Y este esquema lo suelo hacer en tres sitios, cuando me acuesto, cuando es fin de semana y duermo la siesta y cuando me baño; o sea, que lo mío es la plena horizontalidad, vamos que de pie solamente para que baje la idea por la cabeza y me tumbe, que si no… nada. Y una vez con el artículo más o menos en la mollera, allá voy al ordenador y con la página en blanco empiezan las manías. Primero, un cigarrillo; después poner un título en arial y en negrita del cuerpo 16; centrarlo, luego escribir las dos primeras líneas a 1,5 de espacio y despacio.

Y entonces empiezo y pasa algo que te lo juro que ni yo mismo lo entiendo. Comienzo con la idea y como si alguien estuviera dentro de mí, de repente se me ocurre una bobada, pero es como si no fuera mía, sino como si me la dijera otra persona y hasta me rio yo solo. Y en serio que no es la primera vez que se me llenan los ojos de lágrimas de reírme por una solemne estupidez. Entonces, tras el disparate (no te suicides), sigo con el esquema, con esa ideas sueltas y así hasta que pongo el final, que casi siempre es lo que pensé al principio. Pero lógicamente no siempre sucede así, porque hay días que te pones a escribir y… nada, pero nada de nada, ni esquemas ni historias, y entonces lo mejor es retirarse y no volver a intentarlo porque cuando el día está de no… está de no. Pues como cuando llueve, llueve y llueve, joé, que llueve o no lo ves.

Pero los artículos, aparte de las paranoias propias de cada uno, tienen una técnica o, al menos, unas normas que deben seguirse. Han de ser «redondos», «cerrados», en el sentido de que el principio y el final han de tener una relación (quizás es por eso por lo que siempre se me ocurre el principio y el final, de tantos que he escrito) y luego han de ser, al menos en mi opinión, más bien cortos porque un desierto de letras no hay quien lo lea ya que por lo general no se tiene tiempo y ver tanta letra, como te echa para atrás. Vamos ya te echa para atrás escribirlo… como para leerlo. Dios, qué noble soy.

Otra cuestión es el ritmo, que el artículo tenga una sonoridad en sus párrafos, que para los que en alguna ocasión hemos escrito poesía nos sale de una forma bastante natural, y quizás lo más difícil técnicamente es enlazar esas ideas, esos párrafos, lo cual se va haciendo con la práctica, pero diría que esto es lo más complicado ya que a veces esas ideillas es difícil relacionarlas y conjuntarlas sin que se note que esa unión está forzada.

Luego hay otro problema, digamos mental. Escribes una frase con un doble sentido, lo que llamamos un guiño al lector, un toque de ironía, y te preguntas: «¿Y la gente lo entenderá o lo escribo de una forma más evidente?» Y esto, pues depende de cada uno; personalmente prefiero que no sea muy evidente, a riesgo de que haya lectores que no lo capten, pero me gusta más la insinuación que lo obvio: o sea, más el bañador que el bikini, por poner un ejemplo y por llevarme un par de broncas de alguien que me llamará machista, que estamos que ya no se puede decir ná .

Y por último hay otra cuestión más. Cuando terminas de escribir el artículo lo repasas. Y entonces puedes hacer dos cosas: o lo dejas más o menos como está, o lo vas cambiando. Si lo dejas tal cual, con mínimas correcciones, es más natural, como si hablaras, más de tú a tú, mientras que si te pones a hacer muchos cambios o a buscar y rebuscar otras palabras… entonces el artículo pierde frescura y se parece más un tratado o a una entretenida nota del BOE. Yo prefiero no hacer muchas virguerías, como el bistec, vuelta y vuelta y tira palante, que tampoco eres un genio de las Letras so papón y no vas a marcar un hito en el mundo de la Literatura Hispana.

Bueno; pues después de todo este proceso en el que inviertes unos 30 minutos, desde que te pones ante el ordenador hasta que te dices «ya está y que sea lo que dios quiera», solamente queda publicarlo y esperar a que alguien no te diga: «Pues chaval, tanta historia para tamaña chorrada… ». Y lo peor es que dices: «Pues sí, sí». Dios, qué noble era. Y no os mareo más porque estaréis hartos de tanta explicación, pero así es como escribo los artículos, de los que espero que saquéis algo en limpio porque si no… pues nada, que me vuelvo a duchar y empiezo de nuevo. Si hombre.

¿DOS PREGUNTAS?

-¿Cuál es el artículo que recuerdas que más te gustó?
-¿Qué crees que es más fácil a hacer reír o llorar?

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