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¿A alguien le gusta el balet?

viernes, diciembre 10th, 2010

De verdad que a mí el balet no me gusta nada, no lo comprendo; no sé qué hacen 4 ó 24 tipos de puntillas de un lado a otro del escenario, nunca lo entendí, salvo que el suelo esté frío, que es lo que me ocurre a mí cuando me levanto, sino es así… Es más, yo creo que nadie lo entiende; es como la pintura de Miró, que ya te puedes pasar un año viendo un cuadro, que nada; bueno, si estás un año sí, pero no porque te guste el cuadro sino porque lo echas de menos, que un año, 365 días, es mucho y le coges cariño a cualquier cosa, hasta una pintura de Miró. No sé, pero yo paso por una calle, miro a un local de reojo y si hubiera una obra de Miró lo primero que pienso es en eso, en la obra, y me digo: «¿Pero aún están en obras?, a ver sí pintan de una vez esa pared, joé qué tíos más lentos».

Lo cierto es que a mí me encantaría que me gustara el balet, ya que si dicen que es un arte… pues debe ser gratificante apreciarlo, comprenderlo, sentirlo, vivirlo… Y en estas me hallaba cuando de repente, haciendo zaping en el televisor, vi al hombre del tiempo. Y así, sin quererlo, descubrí que ellos son los que te pueden iniciar como primer paso a este mundo desconocido e ignoto que es la danza clásica.

Estaba el hombre del tiempo hablando de un anticiclón que iba a entrar por Galicia cuando le di al botón mute. Y mira por dónde empecé a comprender un poco el balet. El hombre subía los brazos desde Valencia hasta San Sebastián, explicando no sé que; luego hizo un giro perfecto hacia la izquierda, de noventa grados, como de puntillas, milimétrico, sin moverse, perfecto, impecable, y estiró un brazo medio arqueado señalando a Vigo.

Después lo fue dejando caer dulce y suavemente como una pompa de jabón hasta Cáceres, donde se paró un milisegundo para luego continuar hacia Algeciras. Y de repente, ¡¡¡¡ flasssshh !!!, subió los dos brazos a toda velocidad hacia Oviedo donde se paró unos segundos que fueron prodigiosos, épicos, increíbles, magníficos. Sin moverse nada (ni un ápice, ni un olígrafo), sus brazos y manos quedaron estáticos, inmóviles, como clavados en el aire y con la mirada puesta en París… ¡¡¡¡ ¡¡¡ Dios, qué segundos, qué segundos !!!, ¡¡¡ qué intensidad, qué emoción !!! y con un fondo de soles, de nubes, de paraguas… ¡¡¡ maravilloso !!!.

Inmediatamente hizo otro giro alucinante, preciso, matemático, milimetrado, y con mucho templé estiró un solo brazo hacia Barcelona, que parecía que no iba a llegar nunca, y después movió una mano hacia Palma de Mallorca de forma suave como las olas del mar o aleteo de una mariposilla.

Yo estaba ensimismado (además de situar mejor a Huesca, que pensaba que estaba un poco más abajo), y cuando menos lo esperaba se agachó de forma bestial, salvaje, como un animal enfurecido hacia donde está Ceuta. Siguió casi en cuclillas hasta Melilla, como arrastrándose y, repentinamente…. ¡¡¡ qué belleza !!!, izó su cuerpo, se puso recto, de frente, impávido, movió las manos, frotó una con la otra y sonrió.

Te lo juro que estuve por levantarme del sillón y aplaudir hasta rabiar, grité, me emocioné, lloré, lloré y lloré… ¡¡¡ qué dominio del cuerpo !!!, ¡¡¡ qué dominio del escenario !!!, ¡¡¡ qué movimientos !!!, ¡¡¡ qué equilibrio !!!, ¡¡¡ qué intensidad !!!… Y pensar que me pasé año y años oyendo no sé que de isobaras en Galicia y que llegaba un anticiclón que nunca llegó… Dios, señor, gracias por abrirme los ojos. Qué bello es el balet, ¡¡¡ pero qué bello !!!.