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Hay amigos que la verdad…

domingo, julio 3rd, 2011

NOTA
A partir del 17 de julio empiezo a publicar durante el verano, hasta mediados de agosto, un artículo a la semana en el periódico de papel de La Voz de Galicia. Tras publicarlo, en esa semana pasará al blog

Esto de encontrarte con amigos que hace tiempo que no ves, muchas veces es un marrón. Tú vas por la calle, de repente ves a uno, te alegra, lo paras o te para y le dices: «¡¡¡ Hombre, cuánto tiempo !!!, ¿tomamos algo y charlamos?».

Y lo de charlar es un decir y lo de alegrarte… mejor que te atropellara un camión de veinte ejes y cuatrimotor porque entras en un bar y tras decir: «Qué quieres ¿una cerveza, un café… ?». Entonces te explica que no, que una cerveza no, que tuvo un problema de hígado, que el café tampoco, que tiene la tensión alta y que mejor un agua mineral, pero mineral de la marca Fonteharto que es menos alcalina porque… y entonces piensas si el amigo es que acaba de salir de casa o del depósito de cadáveres y que hoy han dado día libre.

Y así estás, en la barra, y por lo que te cuenta hasta te da ganas de pedirle un tapa de aire puro para sus pulmones y un gotero de jamón y queso, que seguro le sienta bien, pero que muy bien porque esa tapa de callos que ves en la vitrina, vamos ni de broma, que ya hasta te da miedo verla, no vaya a ser que la pidas y que solo con los efluvios de los garbanzos le produzca a este tío un ardor de vete a saber qué y la patee allí mismo.

Que así a lo tonto son estas cosas, que sin comerlo ni beberlo puedes verte ante un tribunal diciendo: «Joé señoría, que no lo maté, que se lo juro, que yo solo pedí una tapa de callos, como siempre». Y el hombre de negro en su papel, muy profesional igual comenta: «¿Y no le habrá puesto en los callos… porque la autopsia dice… ».

Y tú, eso, que te ves con un marrón en plan: «En confianza, señoría, si es que ya estaba de salud el pobre… ». Y además de descubrir que el juez es gualdrapa que no hizo ni las oposiciones ni nada, que entró por el careto político por ser un abogado de «reconocido prestigio» o un catedrático de esos que saben más de encerado y tiza que de jurisprudencia, otra nulidad vamos, terminas diciendo: «Realmente amigo amigo no era ¿sabe?, lo había visto alguna vez y… ».

Pero suponiendo que no llegues a ese extremo de que te veas ante el juez de cuchara, mientras hablas con tu amigo o lo que queda de él te da la sensación de que más que en el bar estás en el hospital, en la UCI, porque el tío para animarte, (porque este tipo de gente anima que no veas) te dice que si meganito tuvo no sé que de corazón, que al otro lo operaron, que aquél le hicieron un trasplante y que a ese otro…

Entonces lo miras, pero ya por hacer algo, y ves que tiene una maquinita pequeñita en el cinturón y que no paras de mosquearte pensando en para qué servirá. Y como eres así, irremediablemente le preguntas que qué es y entonces te explica que es para medir lo que camina, que el médico le dijo que 8 kilómetros al día, que es bueno y que le recomendó (esto no falla), que no hay como hacer natación. Y claro, eso de natación, que para ti es muy cansando, te recuerda cuando te mecías en el mar y hacías el muerto y es pensarlo y te da un escalofrío… «¡¡¡¡¡ El muerto !!!!!, joé, a ver si lo va hacer este, pero de verdad, que tal como lo veo…».

Pero estás enfermo, muerto o eres un paranoico

sábado, noviembre 28th, 2009

Hay cosas que no cambian. ¿Tienes un poco de catarro? Pues nada, te tomas una aspirina, y como nuevo; que te duele la espalda… pues algo habrá en la farmacia que te mitigue el dolor; un poco resfriado… un antigripal; pero tienes un bulto… pues si tienes un bulto no me digas por qué ya piensas que tienes cáncer.

En la historia de la Medicina hay miles de enfermedades que se manifiestan con un bulto, pero tres o cuatro mil, que pueden ser cualquier cosa; una pequeña infección, una imperceptible contractura, un pelo que crece hacia dentro… pues no, tú que de Medicina lo máximo que sabes es leer el prospecto donde pone «dosificación», y aún así te olvidas de cuando hay que tomarlo, estás convencido de que tienes un cáncer y que te vas a morir.

¿Y qué haces?, pues si tienes pareja le dices señalando el bulto: «¿No notas que tengo algo aquí?». Y tu tocas y dices: «Pues no, no noto nada especial». «Pero toca, toca». Y vuelves a tocar y dices, por decir: «Sí, quizás». «¡¡¡ Pero cómo que quizás !!!» (que hasta parece que estaba deseando tener el bulto) «¡¡¡ si se nota muchísimo, toca toca !!!». Y entonces al día siguiente te dice: «Pues mi amiga Mari Luz dice que sí, que se nota».

Total, que al cabo de una semana todo el edificio te ha manoseado el bulto menos quien tiene que tocártelo: el médico. Pero como ya estás en total paranoia no quieres ir al especialista para que te mire, porque estás empeñado en que te va a decir: «Le quedan dos meses»; pero además tu estás convencido que no va a ser una muerte normal, no, tu, que te crees especial, estas seguro que va a ser la peor muerte del mundo desde la invención del helado, y de ahí no hay quien te apee

Y así pasan las semanas y yo estoy convencido que al mes, vas por la calle y todos tus vecinos piensan: «Mira, ahí va el del bulto». Y como sigues sin querer ir al médico ya te adentras en el mundo de la paranoia. Si tienes hijos crees que es la última vez que los vas a ver; si observas un pájaro (que eras un bestia y lo que más recuerdas de ellos era cuando los acribillabas a perdigonazos en la aldea de tu abuela) pues ahora crees que cantan de maravilla y en un acto de remordimiento pides perdón a Dios por las salvajadas que hiciste; hasta los árboles los encuentras distintos; las plantas; las flores… menos a tu marido o esposa, que sigue sin notar mucho el bulto… todo es maravilloso.

Así que un día, no ya por el bulto, sino porque no te aguanta ya nadie, ni tu familia ni los vecinos del edificio ni los de la calle donde vives, pides cita para el especialista. Y allá vas, medio temblando, notando tus pisadas, inseguro, con frío en el cuerpo aunque haga 58º a la sombra. Te sientas en la consulta y esperas que te toque el turno y cuando entras, con una cara de esquela que no puedes con ella, le dices en voz baja: «Es que tengo un bulto».

Y te desabrochas la camisa, que con los nervios casi no eres capaz de coger el botón, te sacas la camiseta, y entonces el médico te mira, te toca y en menos de un minuto te dice. «Nada, la típica grasilla acumulada por la edad. Le voy a dar una cosa, la toma y en tres días… listo. ¡ Ah !, y no lo toque, no lo toque». «¿Qué?», dices susurrando, aunque lo has oído perfectamente mientras vas recordando todas las manos de tus vecinos. «Que no lo toque».

Y cuando llegas o llega a casa y le preguntas que le dijo el facultativo, responde: «Nada, una grasilla». Entonces, para animarla, dices tú: «A ver, me dejas ver. Pues sí que parece que… ». Y ahí, después de soportar casi dos meses el supuesto cáncer, de oírle no sé cuantas penalidades y de decirle que fuera al especialista, vas, te animas, tocas el bulto y oyes un megaestratosférico grito que te deja sordo: «¡¡¡¡¡¡¡ Que no lo toques, que no lo toques !!!!!!!!!». Jóe que carácter.

La sinusitis, la aldea y el mosquero

viernes, septiembre 4th, 2009

Definitivamente no sé por qué la gente para vivir experiencias se va a Cancún a Egipto o a los altos del Golán. Coge el coche, vivas en Vigo, A Coruña, Lugo o Mérida, adéntrate unos 50 kilómetros al interior de tu provincia, encuentra un pequeño pueblo (en Galicia aldea) y empieza a vivir situaciones paranormales.

Por ejemplo, yo pensaba que las enfermedades eran igual en todo los sitios; vamos, que lo que padecí durante estos últimos días (sinusitis) se sufre lo mismo en una aldea que en una ciudad. Pues no; cuando vivía en A Coruña y estaba enfermo me quedaba en cama, tapadito y no me preocupaba de nada más; pero con la sinusitis he descubierto que en el campo esto de las dolencias es otra historia.

La sinusitis, y para resumir, porque es una porquería, es que tienes una infección nasal, mucho moco, bien; pues como los moquillos no son perfumme Fransins, Paris, y en el campo hay moscas que están al loro de todo lo que huele mal, porque es su hábitat, ellas quieren eso, los mocos. ¿Pues tu crees que me iba a imaginar yo alguna vez que iba a estar postrado en cama, con dolor de cabeza, y que en una mano iba a tener el termómetro y en la otra un mosquero para dar a diestro y siniestro en una guerra sin cuartel a estos atacantes porque en una casa de campo, y más en esta época, siempre hay moscardones?

Y suerte que en un momento de lucidez llegué a la conclusión de que lo único que querían, cuando revoleteaban entorno a mi nariz, era mi mocamen, porque sino… si veo que me asaltan y no sé porqué es, lo más normal sería pensar que no es que me encuentre mal y que tenga sinusitis, sino que me estoy muriendo, pudriendo por dentro y por fuera y que las moscas, como los buitres, vienen a llevarse lo que quede de mí empezando por la napia.

De verdad que hubo días que me sentí como esa inocente gacelilla que está agonizando en la sabana y los buitres vuelan alrededor de ella esperando el momento para lanzarse en picado y devorarla. Es que además, ni que fueran funcionarias y se turnaran porque ves tres o cuatro, te las cargas y aparecen otras tantas y así todo el día, y yo con el mosquero resistiendo como un héroe todos los ataques.

Claro, en esta batalla desigual me he cargado más de un vaso, tirado el teléfono, rayado un poco la pantalla del portátil, y me he dado con el mosquero algún que otro golpe en los brazos y en las manos cuando se posaba uno de estos simpáticos insectos. Pero claro, con el tiempo aprendí varias argucias. Cogía una sábana, me tapaba entero y dejaba un huequecillo para respirar (así no me encontraban) y otra estratagema que funcionó, y no sé si pasársela a los de la OTAN, fue cerrar todas las ventanas porque en la oscuridad, no sé qué hacen, porque lógicamente no las veo, pero sé que se paran o lo más obvio es que estudien, no sé, pero me dejaban tranquilo.

Yo estaba acostumbrado, cuando había algún insecto en casa, a utilizar de esos spray que le das a un botón y el liquidillo sale por donde quiere; y no solo lo echaba por la habitación, sino que me acercaba al bicho y le daba una hipersupersobredosis y hasta los seguía por toda la sala, que cuando me entra la vena asesina me conozco; pero como mi mujer, que además de traductora es enfermera, dice que todos esos productos son contaminantes… No me lo creo para nada, bo. Es más, como ella es sioux y sus descendientes son de las tribus Choctaw y Cheyenne y vivían en una reserva, de lo que estoy seguro es que tiene un trauma de tantos años relacionada con la bichería. Yo no digo nada, me mosquea, sí; pero, ¿dále con el mosquero?, anda, dále, dále tu, tío listo.

PD.- Gracias a todos los que me habéis escrito durante los días que estuve enfermo y me mostrasteis vuestro cariño. Nunca me preocupé si era Gripe A, ya sabía que era un robo de las farmacéuticas

Estoy enfermo, ¿tendré la gripe A?

sábado, agosto 29th, 2009

Cuando escribo estas líneas me encuentro con un trancazo tremendo, en cama, y no sé si es la gripe A, B o C; pero me traen el desayuno a la cama, estoy con una mantita abrigadito, veo películas en el portátil, de vez en cuando leo la prensa y, como el Rey, despacho con mis vecinos que vienen a visitarme. ¿Preocupado? En absoluto, ficho in tempore por esta situación en la que dicen que el pescado es muy bueno y ya me están saliendo escamas, branquias o agallas. ¿Que me pican los ojos?, duermo; ¿que no me pican?, sana lectura, filmes, y en los tiempos muertos (que espero que no sea este) viendo cómo todo el mundo se desquicia con la pandemia.

A mi aldea, la verdad, no creo que llegue la gripe A. Primero porque no tenemos pistas asfaltadas, segundo porque nadie sabe lo que es, y tercero porque ya cada uno, con una media de 60 años, tiene su propia enfermedad y la gripe A (lo sé, aunque no nos lo dicen) busca otros clientes. ¿Y quiénes pueden ser? Pues sean los que sean resolvemos un gran problema: el paro. Que estira la pata uno que no tiene trabajo, pues muerto el perro se acabó la rabia; que lo hace quien está todo el día en el tajo…. hay otros 800.000 que están esperando. Y es que como ni hay guerras…. pues bienvenida una pandemia; vamos, que hay gobernantes chaval que han nacido lo que se dice de pie.

La palabreja en sí, pandemia, no es bonita; más bien fea, no va con los tiempos, pero ha causado una sensación que nunca había visto. En los bares de Oza (que al cambio aquí en la aldea es como ir a NuevaYork), se habla de la gripe A y de otras enfermedades contagiosas con una naturalidad que da gusto oír. No me digas cómo, pero hay un conocimiento exhaustivo sobre cómo nace, crece se desarrolla y muere un virus, y yo, ya ves, tanta Universidad y conocer mundo y sin saber cómo se planta una patata. Te puedo asegurar, y sino que tenga la gripe A, que en los más de diez años que conozco esta zona nunca había visto tanto científico por metro cuadrado y tanto experto en sintomatología, farmacología y prevención; pero por lo que leo en los periódicos (gracias, es que mi mujer que me lo acaba de traer) esto lo mismo ocurre aquí en Oza que en Sevilla, en San Guadix de la Junquera que en Martorell.

No sé tú, pero cuando me hablan del H1N1 no sé si es desconocimiento o insensatez pero digo: «H1N1… agua». Y tan feliz o infeliz me quedo, que nunca se sabe; porque hay quien duda entre vacunarse o no, quien asevera que es una monumental mentira para que se forren unos cuantos, quien dice que hay que hacer testamento y quien ya… como que ves tú que ante una tos te mira con recelo. No es por hacer un eslogan, que no es mi especialidad, pero visto lo visto una pandemia al año no hace daño. Y perdona que el artículo sea tan corto, pero es que tengo que despachar con mis vecinos, tomarme un ligero sopicaldo y si tal… pues duermo. ¿Miedo?, en absoluto. ¿N1H1?, agua. Bueno, si veis que no renuevo el blog… quizás hundido.