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Mis vacaciones… medir el mar

lunes, agosto 30th, 2010

Pues al final llega septiembre, ese mes en el que cojo vacaciones y mi mayor responsabilidad (ya sé que es un poco raro esto) es comprobar si el nivel del mar sube. No, si ya sé que a ti lo que te va es atiborrarte de pimientos de padrón, de pulpo, ribeiro blanco y tinto a litros, nécoras, percebes… y alguna tortilla de patata para compensar el gasto.

Que me parece bien, que no tengo nada contra ti, como cuando te empeñas en visitar a alguien, que también son ganas de molestarte en ir a molestar a otros o tener que aguantar a tu cuñado, que todo empezó con eso de «pues cuando quieras en Galicia tienes tu casa y… »; pero claro, yo te entiendo, cómo te ibas a imaginar que fuera a tu casa viviendo él en Huelva… pues vino el tío, y vino a lo bestia, con 40 grados de calor y 4 niños; bueno, 4 fieras.

Y es que esto de la familia… Mira, yo cuando me casé, además de que quería a mi mujer, casi te diría que lo que más me animó fue saber que mi familia política estaba a 8.000 kilómetros, en Ohio, y aún así no creas que los veía tan lejos. Y la verdad que hice bien porque con ellos me llevo genial, son encantadores, y los invito todos los años, pero todos, a ver si un día los conozco, me haría una ilusión… yo ya les dije que para el 2040 o así es una buena época, que es cuando vuelve a ser año santo.

Bueno, a lo que iba, lo mío en verano es otra cosa, controlar el mar, y para ello utilizo una cinta métrica; a mi familia, que la separo unos metros de la playa por si le pudiera ocurrir algo y el agua, que es lo que realmente mido y a dejar descansar la única neurona que me queda activa.

Y esto de medir el mar tiene su aquél porque somos pocos los expertos, muy pocos. Es más, yo solo conozco a dos: uno que se llama Manuel y otro que se apellida Guisande, Jilisande o Paponsande, no sé, algo así; pero quitando esos dos… que yo sepa, ni uno más. Medir el más es una actividad muy tranquila, claro que esto de la serenidad depende de cómo venga septiembre, que si hay indicios de tsunami y tengo que medir desde San Sebastián hasta Faro, en Portugal…. ya te puedes imaginar que curre y que desasosiego, pero desde 1958, que fue cuando empecé este exhaustivo análisis, ni un milímetro oye, ni uno.

No creo que este año cambie mucho, pero de lo que estoy seguro es que en vacaciones lo que mejor me sienta es medir el mar, y de ahí no hay quien me apee. «¿Y Guisande?», «midiendo el mar», dice la sioux, mi mujer. «¿Adónde va Guisande?», a medir el mar; «¿de dónde viene Guisande?», de medir el mar. «¿Pero no va a venir con nosotros a… », «no, no puede, tiene que medir el mar», responde ella. «Pero si estamos en Castilla y no hay mar…», comenta alguien. «Ya, pero él cree que sí porque como siempre está en las nubes mira el cielo de Tierra de Campos, tan azulado, y cree que es el mar, el pobre… », explica con una sonrisa. «Ya verás», dice la sioux: «Guisande ¿subió hoy el mar?». «No, por ahora no, pero no me entretengáis, que me despisto», contesto, si es que oigo algo.

Yo desde que mido el mar y me doy cuenta de la trascendencia que tiene para el ecosistema y el futuro de la raza humana, sobre todo para los que no saben nadar, siento que estoy contribuyendo a un mundo mejor. Y es una faena porque por eso no puedo ir de compras con la sioux, o ver escaparates, ir al súper, esperarla a la salida de la peluquería o tender la ropa, que ya me encantaría a mí porque… ¿y si justo en ese momento cuando tiendo la ropa, por ejemplo, sube el mar, quién avisa, quién da la voz de alarma… ?, ¿a ver si ahora por una tonteriita de esas de ir a por unos fiambres no vaya a ser que…..? .

De todo modos no os perturbéis, no os desconcentréis ni alteréis, por lo menos en septiembre, que estoy al quite y si veo que el mar sube algo o mucho mucho os aviso para que abandonéis la casa; yo, mientras, voy a desalojar mi mente de todo pensamiento palabra, obra u omisión, sobre todo obra, opus, dicen otros. ¿Que si necesito vacaciones?. Bueno, es que yo es repasar lo que he escrito y lo que has leído y es que las necesito pero ya, o me echan o me echo, o me internan o me interno, o me matan o me mato. Un saludo y hasta octubre.

UNA SUGERENCIA Y UN FAVOR
LA SUGERENCIA: Vamos a hacer una terapia de grupo, mientras este mes no hago nada analicemos quién está peor, yo que escribo o tú que lees.

EL FAVOR: ¿Qué os parece si mientras mi mente está en barbecho, cada uno pasáis el enlace del blog a cuatro o cinco amigos y cuando vuelva en octubre me llevo una alegría?. Además, que si no lo envías no te preocupes, que no te vas a quedar sin una pierna, ni tuerto, ni vas a cruzar una calle y te cae una grúa… de

La rubia tiene neumonía

jueves, julio 15th, 2010

(Cosas que pasan al cambiar de una ciudad a una aldea, de vivir repleto de ordenadores e Internet, a otras… muy distintas)

La rubia tiene neumonía. La rubia no es mi mujer, que también es rubia y que como enfermedad me tiene mí, sino una yegua a la que si le pasa algo… Es que la rubia es la que hace abono para casi todos los 11 que vivimos en la aldea y a la que, cuando falla el tractor, se le engancha el arado para hacer los riejos y nos ponemos encima (como haciendo surf) para luego plantar todo tipo de cosas: pimientos, patatas, tomates, cebollas…

Gran preocupación esta de la rubia. Y es que en la aldea el tema de las hipotecas basura, la Bolsa, el Ibex 35 o 125 o la fusión de las cajas como que no preocupa mucho, pero que la rubia tenga neumonía… tío, eso son palabras mayores porque si falla el tractor y falla la rubia ¿tú sabes lo que es hacer un riejo a mano, con el sacho, cavando la tierra y encorvando la espalda?, tela, tela.

Hombre, no lo voy a negar, también nos tiene un poco inquietos que si este verano es seco pues entonces el manantial se puede quedar sin agua y habrá que hablar con el alcalde para decirle que conecte el lavadero público con el manantial para poder abastecernos; pero lo más antiguos del lugar, por ahora ven con optimismo la situación. Hablamos mucho de ello, sentados en un banco en el zaguan de cualquier casa, pero yo no los veo intranquilos en exceso, aunque por si las moscas yo ya he hecho un escrito al Ayuntamiento por si hay que enviarlo. Y lo envío, aunque ellos siempre dicen que hay que esperar pero mira por donde con ellos he descubierto que soy un echao palante.

También nos tiene preocupados el tema de las hortalizas. Maruja, por ejemplo, dice que no le salen las zanahorias que plantó; pero Maruja sabe que puede coger de las nuestras, que están creciendo que no veas, lo mismo que Virtudes, que hace unos días nos dio unos limones porque no sé quien fue a pescar y nos trajo unas truchas.

También Manolo anda un poco extrañado porque dice que los huevos de las gallinas este año como que no los ve grandes ni tan amarillos, pero estos son pequeños problemas sin importancia. Lo de la rubia es punto y aparte. Por eso, en cuanto notaron que la rubia tosía de una forma distinta a la habitual, continua, convulsiva, y que sudaba, una delegación (dos personas) llegó a mi casa preocupada por la situación para consultarme.

Claro, yo de yeguas sé lo justo, pues como tú, que es la hembra del caballo, que tiene cuatro patas, que si te acercas por detrás te puede dar una coz y para de contar sobre el cuadrúpedo animal pero…. uno tiene sus contactos y este asunto es bastante más importante que si me falla el ordenador, la cobertura del móvil, Internet, si se va la luz, si no puedo entrar en una página web, si se queda colgado facebook, o arde la agencia Efe, Reuters o Colpisa juntas… vas a comparar.
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Así que llamé a Huber Varela y a Nieves Bregua, que además de amigos son un matrimonio de excelentes veterinarios de Oza, y Huber vino, miró al animal y vamos, en un plis plas dijo: «Neumonía». Fue decir «neumonía» y sobre San Huber del Niño Jesús (porque es un santo) cayeron miles de preguntas. Yo no entendía nada, en mi línea; pero parece que el asunto no es muy muy grave, aunque bastante más que la Bolsa, las hipotecas basura y la fusión de las cajas. Yo oía, escuchaba, y entendía lo mínimo, pero comprendí que si le pasa algo a la rubia…. es que me veo con el sacho, y además… ¡¡¡ qué caramba !!! le tenemos cariño, la pobre, que es muy bonita, que nunca me di cuenta hasta que enfermó, ha hecho ya tantos riejos…. Anda, rubia, ponte buena. Yo, a mi manera, sin que lo sepan, te quiero.

PERLITAS.ES, UN SITIO DIVERTIDO

No sé exactamente cómo se llama eso, pero creo que es Portal de Bitácoras; pues como en la vida hay que ser agradecido, Jaume tiene uno que se llama Perlitas.es, que es entretenido y divertido, lo cual no suele ser habitual. Vean y pasen, sí, al fondo a la derecha

Pero estás enfermo, muerto o eres un paranoico

sábado, noviembre 28th, 2009

Hay cosas que no cambian. ¿Tienes un poco de catarro? Pues nada, te tomas una aspirina, y como nuevo; que te duele la espalda… pues algo habrá en la farmacia que te mitigue el dolor; un poco resfriado… un antigripal; pero tienes un bulto… pues si tienes un bulto no me digas por qué ya piensas que tienes cáncer.

En la historia de la Medicina hay miles de enfermedades que se manifiestan con un bulto, pero tres o cuatro mil, que pueden ser cualquier cosa; una pequeña infección, una imperceptible contractura, un pelo que crece hacia dentro… pues no, tú que de Medicina lo máximo que sabes es leer el prospecto donde pone «dosificación», y aún así te olvidas de cuando hay que tomarlo, estás convencido de que tienes un cáncer y que te vas a morir.

¿Y qué haces?, pues si tienes pareja le dices señalando el bulto: «¿No notas que tengo algo aquí?». Y tu tocas y dices: «Pues no, no noto nada especial». «Pero toca, toca». Y vuelves a tocar y dices, por decir: «Sí, quizás». «¡¡¡ Pero cómo que quizás !!!» (que hasta parece que estaba deseando tener el bulto) «¡¡¡ si se nota muchísimo, toca toca !!!». Y entonces al día siguiente te dice: «Pues mi amiga Mari Luz dice que sí, que se nota».

Total, que al cabo de una semana todo el edificio te ha manoseado el bulto menos quien tiene que tocártelo: el médico. Pero como ya estás en total paranoia no quieres ir al especialista para que te mire, porque estás empeñado en que te va a decir: «Le quedan dos meses»; pero además tu estás convencido que no va a ser una muerte normal, no, tu, que te crees especial, estas seguro que va a ser la peor muerte del mundo desde la invención del helado, y de ahí no hay quien te apee

Y así pasan las semanas y yo estoy convencido que al mes, vas por la calle y todos tus vecinos piensan: «Mira, ahí va el del bulto». Y como sigues sin querer ir al médico ya te adentras en el mundo de la paranoia. Si tienes hijos crees que es la última vez que los vas a ver; si observas un pájaro (que eras un bestia y lo que más recuerdas de ellos era cuando los acribillabas a perdigonazos en la aldea de tu abuela) pues ahora crees que cantan de maravilla y en un acto de remordimiento pides perdón a Dios por las salvajadas que hiciste; hasta los árboles los encuentras distintos; las plantas; las flores… menos a tu marido o esposa, que sigue sin notar mucho el bulto… todo es maravilloso.

Así que un día, no ya por el bulto, sino porque no te aguanta ya nadie, ni tu familia ni los vecinos del edificio ni los de la calle donde vives, pides cita para el especialista. Y allá vas, medio temblando, notando tus pisadas, inseguro, con frío en el cuerpo aunque haga 58º a la sombra. Te sientas en la consulta y esperas que te toque el turno y cuando entras, con una cara de esquela que no puedes con ella, le dices en voz baja: «Es que tengo un bulto».

Y te desabrochas la camisa, que con los nervios casi no eres capaz de coger el botón, te sacas la camiseta, y entonces el médico te mira, te toca y en menos de un minuto te dice. «Nada, la típica grasilla acumulada por la edad. Le voy a dar una cosa, la toma y en tres días… listo. ¡ Ah !, y no lo toque, no lo toque». «¿Qué?», dices susurrando, aunque lo has oído perfectamente mientras vas recordando todas las manos de tus vecinos. «Que no lo toque».

Y cuando llegas o llega a casa y le preguntas que le dijo el facultativo, responde: «Nada, una grasilla». Entonces, para animarla, dices tú: «A ver, me dejas ver. Pues sí que parece que… ». Y ahí, después de soportar casi dos meses el supuesto cáncer, de oírle no sé cuantas penalidades y de decirle que fuera al especialista, vas, te animas, tocas el bulto y oyes un megaestratosférico grito que te deja sordo: «¡¡¡¡¡¡¡ Que no lo toques, que no lo toques !!!!!!!!!». Jóe que carácter.

La entrevista, la obsesión y el ascensor

miércoles, octubre 7th, 2009

Iba a decir a todos; pero a lo mejor no, a lo mejor solo es a mí, que llevo una vida de situaciones raras, extrañas y góticas que a veces pienso que es como una persecución. El caso es que, digamos más o menos, a todos nos ha ocurrido en alguna ocasión por la tarde o por la noche de un día cualquiera sientes que hay algo que te revoletea la mente, que no sabes muy bien qué es hasta que de repente te das cuenta que has hecho algo a muy, pero que muy primera hora de la mañana y en ese momento estabas tan sobao que no fuiste muy consciente de ello.

Algo así me ocurrió hace ya varios año en Vigo, cuando muy de mañana salí del piso de mi amigo Juan Casal, una décima planta en el centro de la ciudad olívica. Ya a última hora de la tarde sentí que algo había sucedido pero que no caía muy bien qué había sido. Iba caminando tranquilamente cuando de repente recordé que por la mañana, al salir de casa, había cogido el ascensor y que éste se había parado justo en el de abajo, que poco después continuó, que se volvió a parar en el siguiente y luego en otro más.

Entonces, sin poder contenerme, comencé a reírme solo por la calle. En efecto, el ascensor se había detenido tres veces. Primero en el piso de abajo, el 9, luego en el siguiente, el 8, y más tarde en otro, que inmediatamente supe cuál era. ¿Qué había ocurrido?, ¿qué era lo que a última hora de tarde me tenía en un sin vivir en mí y que me produjo tal explosión de carcajadas?.

La explicación era muy sencilla; pero solo la explicación, claro, y el asunto era que estaba tan obsesionado con hacer una entrevista a un personaje con el que había quedado tan primera hora de la mañana, que nada más entrar en el ascensor y ver los botones marqué el 986; o sea el prefijo de Vigo. No me volví loco, pero no me extrañaría que un día, como dice la policía: «Esto puede ser utilizado en contra suya».

PD.- ¿Y cuál fue tu mayor despiste?

La molécula, morir de amor

miércoles, septiembre 30th, 2009

Había algo que no me cuadraba, y era lógico que no me cuadrara porque le estaba dando vueltas a la cabeza cuando me dije: «Si le doy vueltas hago giros, si hago giros son círculos, los círculos son esferas y las esferas… pues nos son cuadrados»- Entonces, no sé porqué, hice un crucigrama y eran tantos, tantísimos los cuadraditos que no me digas cómo, me cuadró (la vida es increíble ¿verdad?). Y es que hace ya varias semanas escribía que los médicos cuando recetan te dan un medicamento (Ibuprofeno, no faltaría más) que vale para todo, para cualquier dolencia, incluso si no te duele nada por si te duele, que no vaya ser que a ellos le duela que te duela, que seguro que no. Desde fuera, desde el punto de vista del paciente no tenía sentido un medicamento tan general, no me cuadraba; pero para la molécula que integra el barbitúrico, menos todavía: un trauma.

Porque ¿qué crees tú que piensa la molécula cuando, por ejemplo, tiene que ir al hígado, pero directamente al hígado y la juntan en una cápsula especial/espacial con otra que su destino son las varices, el duodeno o incluso orbitar como los astronautas alrededor del cuerpo para llegar al omóplato?.

Ser molécula no es moco de pavo y supongo que hay que tener un conocimiento tremendo de la anatomía humana y una puntería de carallo porque mira que no hay sitios en los que te puedes confundir o quedar atrapado y no cumplir tu misión: curar el petardo que enfermó. La primera dificultad comienza ya antes de entrar en el cuerpo, en el vaso de agua cuando el enfermo la toma, que yo me imagino que hay una lucha por salir del vaso que pocos pueden llegar a comprender, salvo que seas molécula, claro.

Y para llegar a su sitio ella ha pasado la suyo. Es muy probable que la crearan en un laboratorio de Estados Unidos, ¿Y tu crees que ha venido de USA a tu casa para quedar al borde de un recipiente cristalino? Era boa. La vida de la molécula es muy dura porque después de vencer a todo un escuadrón de gérmenes y curarte, pasar por el intestino delgado o el grueso (que con la crisis ya no habrá mucha diferencia), ella, inocente, no sabe que cuando lluegue al hígado y el riñón la desintegrarán.

Y mientras ella muere ¿qué haces tú?. Pues tu, calavera, que eres un calavera, te estás tomando cervezas y más cervezas con tus colegas, sin fiebre, más feliz que unas castañuelas, con medio coloque porque es viernes y cuentas lo que hace unos días te dolió el hígado, el pie, la oreja o los bemoles. Y en tanto relatas tus aventuras entre trago y trago de cebada, ella…. muere. Sí papón, muere, muere por ti y ni te enteras, que se va callada y silenciosa por el sumidero de un Roca & WC cualquiera.

Por eso, cuando te cures y pases por una farmacia y veas un medicamento en el escaparate piensa por un momento en ella, en la molécula, que ha dado la vida por ti y no en el inquilino de la bata blanca, que si es fin de semana te da Iboprufeno como te podía dar los buenos días o las buenas noche o la extremaunción, que a todo se llegará, y si no al tiempo. De verdad, ¿hay algo más altruista que la labor de una molécula? No me digas que no, la molécula, mola.

«Lo que tienes es un simple virus»

miércoles, julio 29th, 2009

Los médicos de ahora no son como los de antes, o no saben de Medicina, saben poco, lo justo, o demasiado porque cuando voy a uno debe creer que estoy que la espicho y no me dice lo que tengo. Será para que no me quede tieso en su consulta. No sé, pero hace unos años, no tantos, ibas a un centro médico y el que te atendía te miraba, te hacía unas simples pruebas y te decía que tenías una gripe, un simple catarro o que había que hacer unos análisis porque podría ser un problema de riñón, de hígado, de pulmón, de corazón, del hueso palomo…. pero algo te explicaba de tu dolencia o malestar general y, de alguna manera, de la consulta salías algo más tranquilo.

Ahora no; ahora, y sobre todo en «verano», salvo que vayas con una pierna o las orejas ensangrentadas en las manos y la tapa de los sesos en una bolsa de deportes, lo que tienes es «un simple virus», y los facultativos además suelen añadir esa frasecilla de: «Es que esta temporada hay mucha gente con él», como si más que un virus fuera un tipo que viene a pasar las vacaciones a A Coruña. Y tú, que de lelo tiene lo justo y de luces también, porque vas a 125, le preguntas: «Sí; virus sí, pero tendrá un nombre y lo que me duele tendrá otro ¿no?». Pues no, ni nombre del microbio ni de tu dolencia; lo que tienes es «un simple virus» y de ahí no hay quien los apee.

Pero lo que no entiendo, si no te van a decir nada, es por qué ese afán de preguntarte si fumas, si tienes insomnio, si tienes la tensión alta, si tomas algo para dormir, si eres alérgico a … Pero de verdad les interesa todo eso cuando todo confluye en la condenada máxima de «un simple virus». Pues para llegar ahí a mí no me importaría que me preguntaran qué coche tienes, cuánto pagas de hipoteca, si tienes o dejas de tener asistenta y que si vives alquilado o en una vivienda propia o de protección oficial, qué más me da porque, el asunto es: ¿Pero usted realmente sabe lo que tengo o está de prácticas porque es verano y el titular está de vacaciones?.

Y al final sabes que lo que tienes no es grave; pero no porque te lo haya dicho el médico (bueno, hombre, lo quitas del «simple virus» y a lo mejor tiene que hacer otra vez el MIR), sino por una simple deducción ya que si por la consulta han ido otros como tú y varias veces, como dice el galeno, entonces es que…. si han ido en varias ocasiones (te dices todo contento y con cara de misterio) es que obviamente estaban vivos, con lo cual, además de pasar de paciente a detective, piensas que malo será que vayas a ser ahora el único petardo que acabe en el otro mundo por «un simple virus».

Pero cuando se te aclara ya todo de una forma diáfana el entramado sanitario es cuando abres el medicamento que te ha recetado y lees ese prospecto que despliegas y despliegas y despliegas y sigues desplegando hasta el infinito total.

Lo que te ha dado el inquilino de la bata blanca para el «simple virus» (Ibuprofeno, no faltaría más,  que es como un nomemarees) lo mismo vale para las varices que para las narices, para los ojuelos que para los orzuelos, para las tibias que para el dolor de costillas. Y empiezas a sospechar que de «los genéricos» no se trata tanto de una marca de esas ONGs que son los laboratorios farmacéuticos, sino de que como no se tiene ni idea o poca te dan uno que vale para todo y para todos. Sí, también para el «simple virus» que, como el médico titular, también está de vacaciones. Y es que ya lo dijo el doctor: «esta temporada hay mucha gente que está con él».

PD. ¿Y cuál fue tu aventura médica?

Los médicos y el inglés me matan

jueves, julio 9th, 2009

Cuando usted va al médico es porque tiene un problema. Lo mismo me ocurre a mí, pero a diferencia de usted yo entro con uno y salgo con dos. ¿Y por qué? Por el inglés; sí, por el inglés.

Como ya conté en otros artículos mi mujer es india americana, de Ohio (Estados Unidos), más exactamente de la tribu sioux (que por cierto debe de ser la única que quedó viva porque yo de pequeño me los cargaba a todos cuando jugaba a los vaqueros), y aunque es enfermera se dedica a hacer traducciones de español, francés e inglés, pero no al mismo tiempo, lo digo porque hay gente para todo.

El caso es que como no confía en los médicos pues cuando tengo alguna dolencia insiste en acompañarme al especialista. Yo digo que no, que el que está mal soy yo y que si muero soy yo y no ella; pero ni así. No hay forma, así que cuando voy al médico realmente no voy, sino que vamos, como si fuéramos hermanos gemelos. Hasta ahí no hay el menor problema, pero en cuanto nos recibe el facultativo el asunto cambia.

Ya me puedo estar pudriendo por dentro, estar a punto de una trombosis, un infarto o una ceguera irrecuperable que el experto en Sanidad lo primero que pregunta y no falla es: «¿Y de qué país es usted?». «Y a mí qué diablos me importa que usted sepa o deje de saber de donde es mi mujer, si estoy aquí hecho fosfatina, con un dolor que estoy por saltarle a la yugular», pienso. Pues nada, como si hubiera ido a un balneario a tomar las aguas, como el médico hace mucho que no habla inglés, entonces aprovecha para practicar, pero como además ambos son del ramo de la Sanidad… pues qué quieres que te diga, habla que te habla y yo como un parvo escuchando sin entender nada.

No exagero, pero he estado en tantas camillas sentado viendo como mi mujer y los médicos hablan en inglés de mi dolencia y yo sin enterarme que podría ahora mismo decirle cuáles son los modelos, marcas y tipos de camilla más cómodas. Las he visto de todos los colores y formas, acolchadas, sin acolchar, con un agujero a la altura de la cabeza, con otro a la altura de las piernas, con reposacabezas, sin él…. Yo de mis enfermedades saber sé lo justo; o sea, nada, pero de camillas….. pregunte, pregunte.

Hacerse mayor no es tu culpa

viernes, junio 5th, 2009

No tengo la menor duda que todas esas organizaciones no gubernamentales que reciben fondos gubernamentales (y porqué no yo, que soy un santo), son las que han hecho que nos hagamos mayores. El Domund, La Asociación de la Lucha Contra el Cáncer, la Cruz Roja, el Grupo Naturalista Defensor del Carballo Galego y el Grupo de Alquimistas Separados son entre otros muchos los que han conseguido que en cuestión de segundos hayas pasado por arte de birlibirloque de niño a adulto. ¿Cómo?, pues muy sencillo. Vas un día por la calle y cuando menos te lo esperas llega un chaval con una hucha y te dice: «Señor, ¿me da algo para el Domund?». Y de repente, anestesiado, sacas de billetera y no sabes si das 10, 20, 30, 40 o 50 euros (bueno, cincuenta sí); porque lo que te ha dejado traspuesto es eso de: «Señor, ¿me da…?». «¿Dar?, te doy lo que quieras», piensas, pero lo de «señor….» Y luego ya sigue una evolución degenerativa que no tiene final.

Acostumbrado al «señor», la siguiente fase es la pseudoexistencial: que si el mundo y los hijos, que si el trabajo y el futuro profesional, que si has conseguido en la vida lo que te proponías, que…. Y cuando ya tu cerebro está destrozado y sólo te queda una neurona entras en una nueva etapa que está marcada por un único comentario que se repite todos los días: la Salud. No sabes ni cómo ni porqué, pero de repente, como si con todas las personas que conociste en tu vida hubieras tenido un accidente de la leche, a todo el mundo le duele algo; que si las cervicales, que si el lumbago, que si la nuca, que si noto aquí o allá… Y cuando los dolores, las enfermedades y el malestar general ya lo tienes asumidos y solo hablas de eso, viene ya la fase del desfase.

Debe ser ya la decrepitud total, pero no sé qué historia ocurre, que cuando rozas o sobrepasas los cincuenta, en cuanto te encuentras con un amigo te entran unas emociones irrefrenables, la gente abre los ojos como parasoles, se emociona, casi lagrimea, te dan unos abrazos que te estrujan y hasta incluso algùn beso, que te da la impresión que más que encontrar a un amigo parece que lo vas perde de por vida. Y a lo mejor es posible, pero pensar que todo empezó por un «señor, ¿me da algo?».

PD.
En los proximos dias contare una tipica boda francesa, que dura dos dias, y costumbres de mi familia sioux, con la que estoy estos dias en Paris. No pongo acentos porque en el teclado frances no hay los nuestros. Ya ves, y nosotros con la ç

La gripe

miércoles, abril 29th, 2009

No sé usted, pero la mayoría de mis amigos son unos tipos simpáticos y creo que tenemos una cosa en común: una cierta sobredosis de estupidez. Alfonso Andrade, compañero de tareas periodísticas, un día cogió un bolígrafo, lo lanzó por el aire como si fuera un avión de papel y me preguntó. «¿Sabes qué deporte es este?» y sin tiempo a que reaccionara me contestó «Aerobic». Ya antes, pero desde que vi el Bic volando, sabía que a Andrade y a mí nos unía algo más que una buena amistad: el absurdo, pero el absurdo más absoluto.

Así, un día, hablando de la gripe, de ese fenómeno natural y excepcional que casi todos los años te lleva a la cama, me comentó: «¿No crees que la gripe es una enfermedad muy democrática?». Y entonces no sólo me explicó que afectaba por igual a ricos que a pobres, a huérfanos que a familias numerosas, a empleados y parados, sino que, como bien común universal, debería ser considerada Patrimonio de la Humanidad. También convinimos que debería figurar en el Estatuto de los Trabajadores como unas vacaciones más durante el año, como la Semana Santa, las Navidades o el Carnaval.

Pero como Alfonso Andrade y yo tenemos siempre una cierta tendencia a analizar en profundidad las cosas llegamos a la conclusión de que es algo más que una enfermedad; es una necesidad porque tiene un aspecto de todos conocidos y que es la recaída. Y ahí está la clave del éxito de esta enfermedad que nadie osa erradicar, la recaída, porque es tan difícil saber si estás bien, que cuando crees que estás curado, entonces surge esa frase implacable que te llena de gozo. «¿Y si recaigo, y si…». Y es que hay tantos hermosos y preciosos «y sis..» y, sobre todo, estás tan feliz en cama con tu portátil, tus pelis, tu paquete de tabaco y tu mp3, que te dices: «No, hoy no voy al trabajo, ni hablar. No vaya a ser que recaiga y… ». Y no vas, y no vas y no vas y no hay tío en el mundo que te levante, te llenas de razón y, eso, ya lo dijo Andrade: la gripe, un bien común, Patrimonio de la Humanidad.