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Tengo una mala suerte, pero una mala suerte con los animales…

martes, mayo 10th, 2011

(Lo que pasa cuando de la ciudad te vas a vivir al campo sin tener ni idea)

Cuando vives en el campo descubres muchas cosas, sobre todo de ti mismo, que es lo peor, claro. Yo por ejemplo he descubierto que tengo una mala suerte con los animales… pero una mala suerte que es mucho el asunto, y menos mal que en la aldea no leen estos artículos y especialmente este; que si lo hacen y con eso de las meigas me dicen que estoy embrujado y que no me hablan yo haría lo mismo… vamos, de hecho a veces ni me miro durante todo el día… y ni me hablo…

Un perro

El caso es que cuando nos asentamos en la aldea llevábamos con nosotros una perra que se llamaba Wolfie Nájera J.r. Pues al cabo de un año desapareció y dicen que la robaron junto con otros de la zona; pero como había tenido cachorros nos quedamos con uno: Houston. Bueno, pues Houston ni que tuviera fecha de caducidad porque a los cinco meses houstos ya notaba yo que no rondaba mucho la casa, como que le pasaba algo. No lo entendía porque el anuncio decía: «Tú no lo harías», pero esto más bien parecía que era al revés, que el que conducía un Ferrari era el can y que era a mí al que arrojaba por la ventanilla y me dejaba por ahí colgado en una curva y ahí te las den todas.

Entonces descubrí que Manolo, mi vecino, que tiene más tiempo que un reloj, le daba de comer jamón casero; y claro, taquito de jamón a taquito de jamón… pues yo lo comprendo, qué quieres que te diga, yo sin ser perro reconocido pues también haría lo mismo, me cambiaría de casa, para qué nos vamos a engañar… ¿tú sabes como está el jamón de aldea?, joé si te cuento…


El gato

Ya sin animales, la familia optó entonces por un gato y duró tan poco que si te digo la verdad ni recuerdo cómo se llamaba, Espaski o Paski, algo así. El caso es que el felino, a la semana de estar en casa se metió debajo del coche, yo di marcha atrás y por la parte delantera vi una bola de pelo grisáceo que como una pelota dio tres votes y allí quedó; ni uno más ni uno menos, tres, pero cuando digo tres son tres, que se me quedaron clavados los ojos viendo las espectaculares volteretas de casi un metro de altura que dio, que no daba crédito a lo que estaba viendo.

Estaba convencido que a partir de entonces ya no habría ningún animal en casa porque si te soy sincero llegué a punto en el que cuando me decían que viera un lindo gatito o un cariñoso perrito yo lo que veía era un lindo y cariñoso cadáver. Mira que me decían: «¡¡¡ Fíjate papá, qué alegre !!!; ¡¡¡ mira cómo salta !!!, ¡¡¡ mira, mira, lo llamo y viene… !!! », pues ná, yo era ver un animal y lo que veía era una mortaja, imposible ver otra cosa.

«Rasss, rassss, rasssss, rassssss»

Pues no sé si unas semanas o unos meses después del atropello del gatuno, un día estando en casa oigo: «Rasssssss, rassssss, rasssssss», como si alguien estuviera arañando algo metálico. Me levanté y nada, silencio. Y al poco rato… otra vez: «Rassssss, rassssss, rassssss». Ya de pie nuevamente (ya sabes que esto de ser el cabeza de familia es inherente al cargo de tener que ir a ver qué pasa aunque estés más muerto de miedo que los demás. Por cierto ¿si te drogas en estos casos te envalentonas más?).

Bueno, a lo que iba, me quedé de pie en silencio, en medio del salón y oigo otra vez: «Rassss, rasssss, rassssss». Y entonces lo localizo. En la tubería de la chimenea que va de abajo arriba por dentro de la casa, unos 6 metros, se había metido un pájaro, se había quedado atrapado en el medio y no podía salir y con las alas y las patas golpeaba las paredes del tubo metálico.

Mi primer pensamiento fue, digamos dual: todo o nada; es decir, enciendo la chimenea y que se atufe con el humo y a otra cosa mariposa o trato de salvarlo. La verdad que el pensamiento duró , pero lo tuve, porque la sioux dijo inmediatamente que había que rescatarlo, ya sabes la movida esa americana del condenado perro que siempre lo salva alguien, los bomberos, la policía… pero claro esto es España, o lo salvamos nosotros o… vete tú a esperar a la policía o a los bomberos para sacar un perro… ¡¡¡ anda ya !!!.

Así que moviendo la tubería pensé que a lo mejor lo hacía descender hasta la estufa de hierro del piso inferior y ahí liberarlo. Nada, dale que te dale a la estructura metálica y que no, que lo hacía bajar como mucho un metro mientras seguía haciendo «Rassss, rasssss, rasssss» con patas y alas.

Claro, yo pensé, aunque no se lo dije a nadie, que si el pájaro supiera hablar sería más fácil pues le explicaría mis intenciones, pero éste no sabía, así que llamé a los vecinos, a los lugareños, pues suponía que a estas situaciones estaban acostumbrados. Y joé que si estaban acostumbrados. Y vamos fue comentarles lo que pasaba y todos lo tuvieron clarísimo, ni dualidad ni chorradas; la respuesta fue unánime, como si lo dijeran a coro: «Haberá que deixalo ahí, tendrá que morrer».

Durante dos días, por mucho que intentaba sacarlo… nada, y lo peor era comprobar como poco a poco del «rasssssss, raassssss, rasssssss, rasssssss», se pasó a un lánguido y angustioso «ras, raas, raaas» y la sioux y yo nos mirábamos de noche torciendo el cuello echándole el ojo al tubo… que te lo juro que nos sentíamos como asesinos.

Así estuvimos dos interminables noches, la sioux y yo, a punto de terminar con estrabismo, mirando el condenado tubo y hubo momentos en los que estuve por tomarme una copa de valium 123 para olvidar la tragedia que vivía, notando como se agotaba la existencia del pajaruelo con su ya casi imperceptible «raas, ras, ras, ra, r.. ». Y de verdad que después de todo esto no quiero más bichería en casa, no quiero saber nada ni de gatos ni de personas ni de nada; aunque la verdad, si te soy sincero, realmente sincero, importar no me importa mucho; que traigan lo que quieran, total, para lo que va a durar…

LUIS M. PARRA GANA UN PREMIO FOTOGRÁFICO

El colega del blog, el fotógrafo Luis M. Parra ha obtenido el primer premio del IV Concurso Fotográfico Joseba Plazaola, organizado entre la Asociación Española de Arboricultura, con la instantánea «lo que el viento se llevo». Por otra parte, otro amigo del blog Juan Carlos Regueira Ponte es desde hace unos días el dueño del bar O Cruce, en Oza de los Ríos, por lo que es seguro que tendrá el local lleno de gente por lo simpático que es. Además, me ha prometido tener una libreta y un bolígrafo siempre a mi disposición para anotar ideas para artículos. A ver…

Estoy enfermo, ¿tendré la gripe A?

sábado, agosto 29th, 2009

Cuando escribo estas líneas me encuentro con un trancazo tremendo, en cama, y no sé si es la gripe A, B o C; pero me traen el desayuno a la cama, estoy con una mantita abrigadito, veo películas en el portátil, de vez en cuando leo la prensa y, como el Rey, despacho con mis vecinos que vienen a visitarme. ¿Preocupado? En absoluto, ficho in tempore por esta situación en la que dicen que el pescado es muy bueno y ya me están saliendo escamas, branquias o agallas. ¿Que me pican los ojos?, duermo; ¿que no me pican?, sana lectura, filmes, y en los tiempos muertos (que espero que no sea este) viendo cómo todo el mundo se desquicia con la pandemia.

A mi aldea, la verdad, no creo que llegue la gripe A. Primero porque no tenemos pistas asfaltadas, segundo porque nadie sabe lo que es, y tercero porque ya cada uno, con una media de 60 años, tiene su propia enfermedad y la gripe A (lo sé, aunque no nos lo dicen) busca otros clientes. ¿Y quiénes pueden ser? Pues sean los que sean resolvemos un gran problema: el paro. Que estira la pata uno que no tiene trabajo, pues muerto el perro se acabó la rabia; que lo hace quien está todo el día en el tajo…. hay otros 800.000 que están esperando. Y es que como ni hay guerras…. pues bienvenida una pandemia; vamos, que hay gobernantes chaval que han nacido lo que se dice de pie.

La palabreja en sí, pandemia, no es bonita; más bien fea, no va con los tiempos, pero ha causado una sensación que nunca había visto. En los bares de Oza (que al cambio aquí en la aldea es como ir a NuevaYork), se habla de la gripe A y de otras enfermedades contagiosas con una naturalidad que da gusto oír. No me digas cómo, pero hay un conocimiento exhaustivo sobre cómo nace, crece se desarrolla y muere un virus, y yo, ya ves, tanta Universidad y conocer mundo y sin saber cómo se planta una patata. Te puedo asegurar, y sino que tenga la gripe A, que en los más de diez años que conozco esta zona nunca había visto tanto científico por metro cuadrado y tanto experto en sintomatología, farmacología y prevención; pero por lo que leo en los periódicos (gracias, es que mi mujer que me lo acaba de traer) esto lo mismo ocurre aquí en Oza que en Sevilla, en San Guadix de la Junquera que en Martorell.

No sé tú, pero cuando me hablan del H1N1 no sé si es desconocimiento o insensatez pero digo: «H1N1… agua». Y tan feliz o infeliz me quedo, que nunca se sabe; porque hay quien duda entre vacunarse o no, quien asevera que es una monumental mentira para que se forren unos cuantos, quien dice que hay que hacer testamento y quien ya… como que ves tú que ante una tos te mira con recelo. No es por hacer un eslogan, que no es mi especialidad, pero visto lo visto una pandemia al año no hace daño. Y perdona que el artículo sea tan corto, pero es que tengo que despachar con mis vecinos, tomarme un ligero sopicaldo y si tal… pues duermo. ¿Miedo?, en absoluto. ¿N1H1?, agua. Bueno, si veis que no renuevo el blog… quizás hundido.