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Me confundí, quiero ser perro guía

jueves, diciembre 3rd, 2009

Lo siento, me confundí, decididamente quiero ser perro guía. Ni guardia civil de Tráfico, ni ingeniero, ni periodista, ni inventor, ni albañil, ni fontanero, ni dentista ni antenista ni tenista. Un perrillo, y me da lo mismo la raza o hasta si me falta una oreja; pero eso sí, con un letrerazo bien colgado del cuello y que ponga en todos los idiomas posibles y bien clarito: «Perro Guía», con G de «Guay», y con P de «Paso, por favor». ¿Y por qué quiero ser perro guía? Pues tío, pues por eso, porque a un perro guía no hay quien le tose.

¿Quieres ir al teatro?, pues si es en Madrid y es un estreno vete pidiendo las entradas con un mes de antelación y termina untando a sabe dios quién; pero eres perro guía… y el mismo día de la representación vas a la puerta del teatro (para ti las taquillas no existen) y el personal al verte hace espacio para que pases. ¿Y qué es lo que piensan? Pues hasta en plan cariñoso dirán: «Míralo, buscando a su dueño, qué nobles son estos animales». ¿Nobles?, los bemoles, ni dueño, ni varita blanca esa de las narices, ni gafas oscuras ni historias, que no aguanto yo a nadie ni invidente ni vidente, evidentemente, como para llevarlo de un sitio a otro, que con guiarme a mí solo tengo y bastante.

Claro, entiendo que lo encuentres extraño, como yo, que al principio me decía de forma pensativa para mis adentros: «Perro guía, perro guía, perro guía…» y cuando de tanto repetirlo quise hablar y dije «guau»… a mí que me lo expliquen, pero te lo juro, fue como un milagro y todo un mundo apasionante se abrió ante mí.

Ya pueden discurrir lo que quieran e inventar lo que se les antoje que al final, como si nada (pero para ti que eres perro guía lo es todo) en el letrerito de las recomendaciones leerás esa frasecilla que dice: «Prohibido, excepto perros guías». Y como perro guía que eres, ¿sabes que puedes entrar hasta en una piscina cubierta, sin necesidad del gorrito ese de las narices, ni chancletas ni toalla?. ¿Sabes que si te da el punto te puedes tirar al agua calentita, y como mínimo lo que dicen de ti (que a la gente le encanta las heroicidades), «se tiró para salvar a su dueño». ¿Pero qué dueño, papón, si no había nadie; pero eres tú el dueño o estás ciego?.

¿Y si te ve una mujer en el parque? Va, entonces ya es la reoca porque hasta te dirán: «Pero qué mono es, es que es más guapo, más lindo….». «No diga bobadas señora y dame el froski de tu hija antes que te dé una dentellada y os guío a todos hasta el hospital».

Y claro, esto aquí, en España, que ya sabemos que no hay mucho, que hay lo que hay; o sea nada; pero en USA puedes entrar en la gala de los Oscar, ir a ver a Obama, ver la Superworld, a los Laikers, recorrer el país en tren, en avión, y sin pagar un euro. Ser perro guía, de cartelito en 20.000 idiomas y sin aguantar a nadie… sería mi mayor ilusión, la verdad, aunque es cierto que como siempre estaría en primera, pero en primerísima fila, nunca leería Al fondo a la derecha; pero bueno, para qué lo iba leer si soy quien lo escribo. ¿no?