La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Entradas etiquetadas como ‘Comunicación’

Respuestas a tus preguntas periodísticas

Domingo, marzo 18th, 2012

Cuando tenía 15 o 17 años, todo lo que caía en mis manos en forma de artículos sobre Periodismo o del trabajo de un periodista, lo devoraba; pero los plumillas escribían tan poco de ellos y de la profesión que a lo mejor por eso estoy delgado… de devorar ná, aunque también puede ser que tenga tipo fideo porque nací a final de mes, no lo sé, pero algo de eso hay, fijo. Y todo esto viene a cuento porque por correo interno me han preguntado en varias ocasiones algunas cosas, como por ejemplo, si pienso mucho los artículos que escribo, en qué me inspiro.

Si fuera normal diría que, bueno, que para escribir un artículo parto de un pensamiento profundo, un gran análisis de la realidad, de un minucioso estudio, y que luego estoy unas tres o cuatro horas ante el ordenador para darle forma… y que es así cómo los hago mientras a la izquierda de la pantalla tengo un cenicero y el tabaco, a la derecha dos cochecitos de cuando era pequeño y por la ventana veo el campo.

Añadiría, si fuera normal, que esto requiere una profunda formación intelectual, pero muchísima, ni te imaginas; que no hay tanta gente capaz y que yo y que yo y que yo… Pues no, excepto lo de los cochecitos, el tabaco y el campo… lo demás no es cierto, todo mentira, excepto lo de normal «Pensamiento: Sí, oh !!!  era boa… ». Pues eso, ni estudios, ni profundidad, ni análisis ni conceptos ni gaitas; estáis ante un imbécil al que le surgen ideas bobas y absurdas a borbones, digo a bobortones, como las aguas de los balnearios pero con algo mejor de salud que ese tipo de clientela made in carbono 14 parcheada con baypas.

Y es que esto, lo mío, como te lo diría, es una forma de ser. Por ejemplo, un diseñador va a un país, ve cómo viste la gente e inconscientemente piensa en ropa, en qué cambios haría, qué modificaría. Pues igual me sucede a mí; entro en un sitio, oigo o veo cualquier cosa y cambio esa realidad por otra: la subrrealista (idiotez también vale). ¿Y hay un algo más en los artículos, un fondo, una enseñanza, un… ?. Ay neniño !!, eso lo tendrás que contestar tú, que no voy a responder yo a todo… bo

Ya sé que te estás haciendo una pregunta: ¿Y tú (o sea yo) siempre soy así, siempre estoy escribiendo como si fuera ese intelectualillo con gafas y medio parvo que está dale que te dale a la tecla o que siempre estoy pensando sin parar… ?, pues no; de intelectual… pues como tú con lo del «viento es el aire en movimiento», que fue lo que me quedó de mis años de estudios, además de esa duda de que para qué servía un logaritmo neperiano.

Y ya puestos, en este arrebato de sinceridad, te voy a contar un secreto: ¿Sabes cuántos «amigos» tengo en Facebook?, pues casi 3.000. ¿Sabes cuántos hablan conmigo cuando entro?, pues prácticamente ninguno porque cuando chatean conmigo lo primero que me dicen es: «Perdona, que seguro que te molesto» o «disculpa, seguro que te interrumpo, que estarás escribiendo» o (hasta de usted me tratan) «no le importaría… ».

Mira chaval, ni molestas, ni interrumpes, ni perdona ni nada; lo que sí haces es mosquearme pero mucho que mucho porque cuando entro en el Face estoy mirando como un bobo a la gente que está a la derecha, en el chat, y lo que pienso es: «¿Joé, de casi 3.000 tíos no habrá uno, ni tan siquiera uno que desee hablar conmigo, ¡¡¡¡ pero ni unoooo !!!!?» Y te lo juro que me mosqueas pero me mosqueas mogollón, hombre mucho mucho lo que se dice muchísmo no, que gracias a tu pregunta por correo interno he escrito un artículo: este, dios qué noble soy y que morro le echo.

La informática no es difícil, difícil es…

Miércoles, agosto 10th, 2011

¿Hay algo más complicado que conocer los entresijos de la informática, eso de jr@_hju0001111%-80%@00000%002 y no me digas cómo se transforma en una palabreja, en un mensaje?. Pues lo hay, ¡¡¡ cómo no lo va a haber, si siempre hay algo que lo supera todo!!!.

Yo pensaba que más complejo que eso de la informática podría ser pues la fórmula matemática sobre los agujeros negros, una teoría sobre la física cuántica o de la fusión nuclear… yo que sé; pues no, más complejo que eso, que el agujero negro, que la física cuántica, que la fusión nuclear y que  la informática es el cerebro de ese tipo que tienes ahí al lado.

Sí, ese, el compañero de trabajo que todos tenemos que cuando hay un problema en tu ordenador se empeña en solucionarlo cuando hasta hace poco lo más que sabía era encender una linterna y apagar las velas…  ¿ ¡¡¡ cómo no van a expirar las páginas webs con tipos así !!! ?; no es que expiren, se suicidan, porque mira que no hay opciones en un ordenador… ¿ 4.788.836, quizás 70 millones o incluso jr@_hju0001111%-80%@00000%002 ?.

Pues ya ves; va el tío y ¡¡ hala !!!, a ver si por suerte entre 13.000 millones de fórmulas la encuentra, así, de casualidad, como si fuera lo más normal, entrando aquí, allá, volviendo al principio, con  300 reiniciar y un enciende y apaga para variar. Y mientras lo intenta sin tener pajolera idea, pero que hace como si supiera, dice: «Si le doy aquí… », y nada; «pero a lo mejor así… », tampoco; «Ah, ya sé… ». Y te lo juro que yo cuando doy con un tipo así, miro el teclado, lo miro y lo remiro y es observar la tecla del 3, justo esa, la del 3, donde está la almohadilla, y eso, me duermo.

A LOS INFORMÁTICOS DE LA VOZ DE GALICIA

Este artículo se lo dedico a mis compañeros y buenos amigos informáticos de La Voz, que tienen una paciencia con nosotros…

La publicidad, ¿es insoportable?

Lunes, abril 25th, 2011

Andaba yo estos días de Semana Santa (me los conozco) que notaba que se me iba a ocurrir una estupidez. Me miraba al espejo y ya apreciaba yo ese careto de parvo y como que alguien me decía: «Sí, Guisandiño, la bobada está al caer, lo siento». Y cayó en forma de teoría sobre la publicidad. Y qué le voy a hacer, si a mí me encantaría que me surgiera una idea para resolver el conflicto árabe/palestino ese o la crisis o… pues no, sobre la publicidad… bo

El caso es que según la sandez/guisandez (no yo, aunque en este caso coincido con ella) el cerebro lo tenemos moldeado, destrozado, fundido y, sobre todo, tan acostumbrado y moldeado que si estás viendo la tele tranquilamente y así porque sí ponen unos anuncios, te parece normal: O sea, tú estás viendo una película de acción, por ejemplo, y de repente cortan la emisión y empiezan con anuncios de lavadoras, de máquinas de café, de afeitar o de pizzas ¡¡¡ y hasta lo ves normal !!!.

Y lo mismo ocurre en la Radio. Estás escuchando un debate sobre política exterior y sin avisar oyes anuncios sobre comidas caseras, sobre viajes o que la mejor leche de España está en Lugo o el mejor criadero de Europa de ostras en Arcade, y luego vuelves a oír el debate sobre política exterior y te parece normal, como si no pasase nada ¿no?. Vale chaval, sigue así, a ver lo que duras.

Pero vamos a ver neniño, a ver cómo te explico yo que no es normal, que no es normal pasar de un «te quiero amor mío» a un «la furia de un 16 válvulas» o «vea la incomparable limpieza del jabón Gorrión». Que no, hombre, que no es normal, por muchas vueltas que le des, que normal no es. ¿Acostumbrados?, sí, pero normal, no.

Entonces por la misma razón te parecerá lógico «Anís la Balandrís, el anís de París», «Compre perfumes Surús, los que no dan mal olor en el bús»; «Cocos Toimil, recién arrancados de las palmeras del Brasil», y que ahora siga con el artículo y te diga tan tranquilamente que esto del marketing y la publicidad puede afectarnos de forma que… «Calcetines girasol, calientan en cualquier posición», «Atunes San Román, para comer con pan», «Calamares Sebastián, 3 euros el kilo más botella de champán».

Pero ¿de verdad serías capaz de leer un artículo así y que cada dos por tres hubiera un anuncio escrito? Pues algo similar sucede en la Radio y en la Televisión y a ti, por lo visto, te parece normal, normalísimo. ¡Ah!, ¿que no te extraña, que lo sigues viendo normal?, pues nada hombre. «Alfombras Hanmmalif, toca Marrueco y sé feliz», «Almendras la vallisoletana, para comerlas de mañana», «Un historia grande, no des la vara Guisande».

Radio María, un peligro

Lunes, agosto 16th, 2010

La verdad es que yo respeto todas la Religiones porque todas me importan un bledo. A mí del Cristianismo, el Judaísmo, Budismo, Islamismo y el Hinduismo lo que más me interesa es el ismo, ni el Cristian, ni el Juda, ni el Budi, ni el Hindu ni el Isla; bueno el Isla, sí, pero si es la de La Toja, lo demás… ismo me da.

El caso es que las respeto profundamente, que cada uno crea lo que quiera, que rece lo quiera, que hagas los actos religiosos que le pete pero que no dé la vara; eso sí, como si deseas celebrar un oficio haciendo puenting, pero no des la vara.

Y aquí está el problema, en dar la vara. Desde hace unos meses, chafallando en la radio del coche conecté con una emisora que se llama Radio María. Hasta ahí nada especial, como si es Radio Julia, Radio Aurora o Radio Requeté, «pues una cadena más», pensé. Pues pensé mal; el problema surgió cuando un día iba en coche y como que notaba que me quedaba dormido, que me aburría la conducción, que iba somnoliento, distraído, drogado, como ido y apunto estuve de darme un topetazo.

Entonces, como si despertara de la siesta, como si volviera de un viaje interplanetario o de una sobredosis de un alucinógeno lo comprendí todo perfectamente, pero perfectísimamente, ¿cómo diablos no me iba a dormir, cómo rayos no iba a estar más pallá que pacá si lo que estaba oyendo en la radio era un Rosario?, ¿cómo no me iba a dormir al oír por cincomillonésima vez en menos de media hora santa maría, santa maría, santa maría… ?

Y entonces empecé a preocuparme porque tal como está el personal con esto de las creencias, si mañana aparece Radio Corán y empiezan con un «añiñiñí, añiñiñí, añiñiñiiiiiii; añiñiñí, añiñi,ñí añiñiñiiiiii…», y así treinta horas…. Y como cada una no quiere ser menos, pues ya me veo a Radio Hinduismo en plan «bugungo, bugungo, bugungooo, bugungo, bugungo, bubungooo… » y Radio Budismo en plan; «Ummm, ummmm, ummm, ummmmm… », que parece que no pero te descerebra.

No es por ofender, ni por molestar, que a mí eso no me va, que soy respetuoso y tolerante con todo y a lo mejor existe el cielo y con este artículo ya me dan de baja en cuanto llegue y el pase directo al purgatorio; pero de verdad que Radio María es un peligro; un riesgo; hombre, no creo que sea por lo de María, repito que no lo creo, pero es que es oírla y entrarme un colocón….

La entrevista, la obsesión y el ascensor

Miércoles, octubre 7th, 2009

Iba a decir a todos; pero a lo mejor no, a lo mejor solo es a mí, que llevo una vida de situaciones raras, extrañas y góticas que a veces pienso que es como una persecución. El caso es que, digamos más o menos, a todos nos ha ocurrido en alguna ocasión por la tarde o por la noche de un día cualquiera sientes que hay algo que te revoletea la mente, que no sabes muy bien qué es hasta que de repente te das cuenta que has hecho algo a muy, pero que muy primera hora de la mañana y en ese momento estabas tan sobao que no fuiste muy consciente de ello.

Algo así me ocurrió hace ya varios año en Vigo, cuando muy de mañana salí del piso de mi amigo Juan Casal, una décima planta en el centro de la ciudad olívica. Ya a última hora de la tarde sentí que algo había sucedido pero que no caía muy bien qué había sido. Iba caminando tranquilamente cuando de repente recordé que por la mañana, al salir de casa, había cogido el ascensor y que éste se había parado justo en el de abajo, que poco después continuó, que se volvió a parar en el siguiente y luego en otro más.

Entonces, sin poder contenerme, comencé a reírme solo por la calle. En efecto, el ascensor se había detenido tres veces. Primero en el piso de abajo, el 9, luego en el siguiente, el 8, y más tarde en otro, que inmediatamente supe cuál era. ¿Qué había ocurrido?, ¿qué era lo que a última hora de tarde me tenía en un sin vivir en mí y que me produjo tal explosión de carcajadas?.

La explicación era muy sencilla; pero solo la explicación, claro, y el asunto era que estaba tan obsesionado con hacer una entrevista a un personaje con el que había quedado tan primera hora de la mañana, que nada más entrar en el ascensor y ver los botones marqué el 986; o sea el prefijo de Vigo. No me volví loco, pero no me extrañaría que un día, como dice la policía: «Esto puede ser utilizado en contra suya».

PD.- ¿Y cuál fue tu mayor despiste?

La aldea y la comunicación verbal

Lunes, septiembre 21st, 2009

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

En la aldea en la que vivo hay siete casas, ni una más ni una menos, y cada una está separada de las otras como unos 30 metros con su terreno por la parte de atrás. Hasta aquí nada que no ocurra en otras partes de la Patagonia, Siberia o en el desierto del Gobi, por poner ejemplo cercanos.

Cuando me asenté en este microcosmo humano, si quería algo de mi vecina Maruja, pues salía de casa, iba a la suya, tocaba el timbre y le pedía sal, azúcar, pan…. qué te voy a contar, lo normal entre vecinos bien avenidos. Lo mismo hacía cuando iba a ver a Virtudes (colindante con Maruja); sin embargo, cuando mi convecino Gelito quería algo de mí, en medio del bucólico silencio entre pajarillos y otras aves campestres oía: «¡¡¡¡ Jisandeeeeeeee !!!!!». Y «¡¡¡¡ Jisandeeeeeeee !!!!» (o sea yo), salía de casa y según me acercaba a él, pues Gelito me comentaba cualquier cosa, que si iba a Oza y lo podía llevar en coche, que si sabía algo sobre el deshielo o que si tenía tabaco. Daba lo mismo que estuviera a 10, a 50 que a 100 metros, para Gelito soy y sigo siendo «¡¡¡¡ Jisandeeeeeeee !!!!» y de ahí no hay quien lo apee.

Poco a poco, en una adaptación súbita, rauda y veloz, impropia de , descubrí (sobre todo cuando llovía) que eso de salir de casa para pedir algo a Maruja o a Virtudes o para llamar a Gelito era pues, como un poco incómodo, así que como los que ajustan el sonido de las orquestas de las verbenas, comencé en voz alta a llamar «¡¡ Gelito !!» con dos admiraciones. Al no obtener respuesta volví a repetir «¡¡¡ Gelito !!!», pero con tres admiraciones.

La verdad que en principio tenía pensado, como los expertos en decibelios, empezar con: «Uno, dos, uno dos, uno, dos, probando»; pero pronto deseché esta idea porque como la mayoría de mis vecinos sufrieron la posguerra, pensé que no fuera a ser que creyeran que la aldea estaba militarizada, que volvían los tiempos del «mando y tente tieso» y que de un susto se me fueran la mitad para el otro barrio.

Entonces, pronunciado «Gelito» fui tanteando el volumen para que me oyeran, hasta que llegué a un «¡¡¡¡¡ Gelito !!!!!» con la friolera de cinco admiraciones y descubrí, que además de que Gelito está un poco sordo, que era el adecuado porque no solo contestó Gelito, sino también Virtudes, Maruja y Manolo, que este último está un poco más lejos, a unos 40 metros.

Como estoy viviendo una etapa totalmente novedosa, rozando el esoterismo, pude comprobar, por ejemplo, que los fines de semana, cuando la población se duplica (es decir que de 11 vecinos pasamos a 22) un «¡¡¡¡ Gelito !!!!» con 4 admiraciones no lo oyen los de la ciudad, quizás por estar afectados por la contaminación acústica y que es preciso un Gelito de entre 5 y 6 admiraciones; vamos todo un control si necesidad de sonómetro, que estamos como para gastos.

Yo no sé en que acabará todo esto (que repasando el texto es de admirar); de lo que sí me percato es que no salgo de casa, que últimamente hablo más por la ventana, a gritos, y que practicando y llegando a unas 44 admiraciones es posible que me oigan en Acapulco y que un día termine dándole una patada al móvil. Pero claro, como esto del saber y el escaso conocimiento que todavía le queda a mi única neurona me mata, recuerdo un refrán que dice: «El campo embrutece, envejece y envilece». Lo último lo veo difícil, porque creo firmemente que con ese primitivo don se nace; de lo segundo, si te soy sincero ni idea; pero de lo primero… de lo primero como que me da que voy por muy buen camino.

Batallitas periodísticas y tecnología

Martes, septiembre 1st, 2009

Hace unos veinte años, más menos, los periódicos eran muy distintos a los de ahora, sobre todo en su funcionamiento, pues no había los medios técnicos que existen en la actualidad, aunque últimamente parece que para lo que hay (casi todo se reduce a control C control V, cortar y pegar) pues joé con los cambios. Que va a llegar un día, que como el papel es reciclado, pues te vas a la rotativa, donde están las bobinas, y malo será que echándoles algún producto químico no te aparezca de la nada y sobreimpresionado un artículo desconocido de Benitiño Pérez Galdós o de vete tú a saber quién y al que lo único que le falta es un detalle para darle personalidad: mi firma y tira palante porque lo demás……..

Y tú espera que alguien encuentre de verdad algo que realmente merezca la pena, que ya me veo yo a todos los periodistas patrios a tiros cogiendo bobinas y más bobina para llevarlas a casa y como los concurso esos de «rasca y gana», pero gana un premio Pulittzer, que encontré un artículo de un desconocido Armisomovich Distronovich que es la bomba.

Como decía, hace unos veinte años, los periódicos, al menos en los que trabajé (unos cinco) eran diferentes, no solían tener una plantilla de fotógrafos, eran colaboradores, aficionados o empleados de tiendas que se dedicaban a bodas, bautizos y comuniones y que llegaban a un acuerdo con las empresas editoriales.

Lo malo que ocurría era que cuando la tienda cerraba sus puertas al público, el fotógrafo también terminaba su jornada laboral y para casa, ni comercio ni diario. Total, que sobre las ocho y media de la tarde estabas más que colgado, se enviaban los carretes a una empresa para revelar y si necesitabas a un amante del diafragma por algún imprevisto como un suceso importante, pues entonces lo llamabas a su casa y le pedías el favor de ir a cubrir la información.

Recuerdo que en uno de los diarios en los que trabajé había uno fotero especial. Delgado, alto, tez pálida, cadavérica, y lo más antiperiodístico que te podías echar a la cara, tanto que lo primero que te decía no era adónde había que ir, sino (y no fallaba), sus primeras palabras eran: «Pues ya estaba yo en cama….». «¿En cama, si solo son las 10?», pensabas. Y antes de que pudieras decir nada, doblaba el espinazo hacia un lado, estiraba el brazo hasta el dobladillo del pantalón, lo levantaba y te decía: «Ves, ya estaba en pijama».

Yo, la verdad, estaba empezando en esto del periodismo, tendría 23 o 24 años, pero con el tiempo llegué a dudar de si no sería más noticia todos los tipos de pijamas que vi (¡¡¡ Y qué pijamas !!!), que el suceso que teníamos que cubrir. De las noticias que hice con él no recuerdo mucho, pero de sus pijamas….

Al final, después de ir a lugar del hecho, te despedías, tu seguías trabajando (y no exagero) hasta las cuatro de la mañana y cuando salías del periódico, la verdad que en vez de vivir en una ciudad de 200.000 o 300.000 habitantes estabas en una de 500; los 500 colgados que a esa hora había en la calle: marineros borrachos, policías aburridos, periodistas y prostitutas, que eran las que estaban más despiertas. Vamos, el mejor ambiente y el más edificante para educarte con 23 o 24 años, que no sé ni como estoy vivo, aunque deduzco de donde viene mi tara.

Y al día siguiente, a las 12 de la mañana, volvías a la batalla, a la Redacción, haciendo llamadas y más llamadas de teléfono, consultando algún diccionario, una enciclopedia, otros periódicos… todo menos Internet, porque el único Internet que había en esa época era internarte en la vida misma, en la calle, con gente de todo tipo y buscar toda clase de noticias.

Así, con esta vida tan singular me ocurrió que en una ocasión entrevisté a un delincuente que había sido detenido en cien ocasiones y como lo que íbamos a hablar pues no era como para que lo oyera alguien, lo llevé en mi coche (gran error) a las afueras de la ciudad. Me imagino de lo que charlamos, aunque ahora mismo no recuerdo; pero lo que no olvido es que el tipo se quedó con la marca y la matrícula de mi Mini y en una semana me lo robó tres veces hasta que lo llamé por teléfono y le expliqué que en A Coruña había muchos turismos, hermosos y más potente y que, sin embargo, solo había una cárcel. Lo comprendió

Pero siguiendo con el tema fotográfico, que se me va la olla. Para no molestar en aquella época a los fotógrafos / tenderos, cuando a la Redacción llegaba un entrevistado fuera de plazo (el horario de la tienda fotográfica), la solución más inmediata era llevar al individuo al fotomatón. Y el problema no era acompañarlo a esa cabina de los horrores (que para disimular le decías que los fotógrafos estaban muy ocupados) sino que como en la entrevista ya habías hablado con él de hasta la vida de los simios, del mundo material e inmaterial, de lo visible e invisible, lo que era una auténtica tortura era esperar cinco minutos a que saliera la ristra de fotos y dos más para que se secara.

Y mientras fingías que te interesaba lo que decía,ya estabas pensando cómo acabar la noticia del delegado del Gobierno con el que habías hablado por la mañana, el presidente de la asociación de vecinos de no sé dónde por la tarde, o del chalado que decía haber inventado el helado caliente. Y así día a día, entre fotógrafos y fotomatones, buscando noticias, jugándote la vida en sucesos, como cuando un delincuente me dijo que si era periodista y si publicaba algo «te rajo», y lo más curioso, que hasta ese punto llegaba tu inconsciencia, que ni caso, que lo de «rajo» a lo más que te sonaba era a raxo porque había horas en la noche que tenías un hambre….

Pero como digo, eso era antes, cuando entrabas en los hospitales y cogías una bata de enfermero para entrevistar a uno que le dieron un navajazo o una paliza y que estaba en la habitación 506 o 424, o acceder la UCI donde una vez estuve hablando con un paisano que parecía que no le importaba morir con tal de decir quién le había pegado un tiro mientras oías el «pi, pi, pi» de la máquina esa que te dice que estas vivo, pero yo… como que lo veía que no. Eso, muy distinto ahora. ¿Ahora?, pues ahora, salvo excepciones, Señor Google (control C, control V) y un toque de personalidad: mi firma. Joé con la tecnología.

Una llamada, una pregunta, una locura

Miércoles, julio 1st, 2009

Personalmente no sé que suele pasar en otras profesiones, supongo que también habrá de lo suyo, pero en el periodismo todo puede ocurrir y hay situaciones que a nosotros mismos nos superan. Un día me encontraba en el periódico cuando sonó el teléfono y una persona desconocida comenzó a explicarme su preocupación.

El asunto en cuestión era que se trataba de un aficionado a la pesca submarina que casi todos los fines de semana solía ver a un muchacho con el que había trabado amistad y que también tenía esa misma pasión por la actividad subacuática. El comunicante comentaba que hacía unas semanas que no lo veía y que había oído que un joven que hacía pesca submarina se había ahogado, por lo que temiendo que fuera su amigo ese era el motivo de su llamada para saber si en el periódico se había publicado algo.

Me acordé que, como él bien decía, hacía unas semanas había redactado una información comentando tal suceso; pero recordaba también que las autoridades no habían facilitado el nombre del fallecido ya que todavía no habían podido identificarlo. Así se lo hice saber a quien estaba tras el teléfono esperando una respuesta. Se hizo un pequeño silencio y el comunicante inquirió: «¿No recuerda cómo se llamaba?», dijo. «Pues no». «Pero era joven ¿no?», insistió. «Sí era joven», dije. «Y del nombre y apellido no se acuerda ¿no?», «es que no lo facilitaron», repetí. Y entonces cuando ya creía que el comunicante iba a colgar, volvió a decir: «Del nombre no se acuerda». «No», respondí. «Ya, ¿pero más o menos?», dijo. Cómo más o menos, o se llama o no se llama. De verdad, hay ahogados que no se lo merecen.

Si sigues así, dimito

Viernes, junio 26th, 2009

Sí, como dice el título de este artículo, si sigues así, dimito. Tanta historia de la blogosfera, tanto Internet, tanto youtube, tu tuviste y él tuvo (que por ciento no tengo ni un can, ni un chus, nada o nel, que fue lo que me dijo el último delincuente que me atracó) y apenas unos comentarios…. ¿pero de qué vais?. Como mucho, lo máximo que leo es en el Facebook ese, en «me gusta», como si en vez de escribir artículos vendiera helados en plan «¿y este de qué es?. Qué rico, me gusta».

Hombre, yo no digo que tengáis que decir todos los días que os encanta el blog, que es una maravilla, que no habéis visto cosa igual desde la invención de la cometa y que ya era hora que en el mundo de las letras contemporáneas, y sobre todo hispanas, hubiera alguien que… no, tampoco; os lo agradezco; pero de ahí al silencio total, al mutismo más absoluto… ¿pero esto de la Red no iba de interrelacionarse, de conocerse, de la globalización intercultural, de la unión y amistad de las gentes del mundo y otras gaitas?.

Joe, pues yo que soy de la época de la Olivetti no pido mucho, pero que me digáis de donde sois, que me dedico a tal o cual cosa o incluso si queréis ponerme a parir… pues bien, vale, de acuerdo, pero solo recibir tres o cuatro opiniones en casi una semana cuando además según las estadísticas tengo unos 600 hits al día…. que por cierto esto de los hits es un lío explicarlo, pero viene a ser (según pude entender, que seguro que mal) las veces que pinchan en los distintos artículos las personas que entran en el blog. Bueno, seguro que no es así; pero da lo mismo, a lo que vamos: Tú sabes de mí, por ejemplo, que estoy casado con una india americana de la tribu sioux, que vivo en una aldea de 11 habitantes, y hasta puedes ver esa foto en la que estoy mirando a lo alto como si hubiera perdido algo en un tejado o buscando no sé qué, y que por cierto todas mis compañeras del periódico dicen que está muy bien, la foto, obviamente …… pero yo, ¿que sé yo de ti?. Cero; aprovecha y por lo menos, si no me quieres contar nada, poner en el blog vuestros emails y con la disculpa de «yo también leo al petardo de Guisande», pues os conocéis, os liáis, os invitáis a casa, os enamoráis, os casáis, os fugáis o si tenéis ganas os vais de camping… yo que sé, hacer lo que queráis pero que vea que hay alguien ahí detrás de la pantalla del ordenador. Es que para escribir como lo hacía en el periódico de papel, que no sabía si me leían, ni quién, ni dónde, ni cuándo, ni cómo…. pues lo dicho, si sigues así, dimito. ¿Blogosfera, Internet, Red…..?. Venga ya.

Por cierto, que si lo que quieres es ponerme a parir y te da no sé qué, no te preocupes hombre, anímate que es muy fácil, te ayudo y elige la opción, pero por Dios, por los vientos alisios y monzones, di algo:

1 «Guisandiño chuliño»
2 «Plastita que eres Guisandejo»
3 «Vaya, vaya guisandillo-pardillo, echando broncas al personal…si ya se te ve la cara de parvo que tienes en el blog, jajajaja, parviño, parviño»

Los duros comienzos en el periodismo

Jueves, abril 23rd, 2009

Dice el refrán que «presencia y buenos modales abren puertas principales» y creo que al menos, tras el primer artículo en el que explicaba el porqué del título «Al fondo a la derecha», lo más correcto sería una pequeña presentación para que el bloglector se diera cuenta (por su salud espero que no) de quien es el que esto escribe y los avatares que le llevaron a dedicarse al mundo de la oración (gramatical, se entiende) o, lo que es lo mismo. del sujeto, verbo y predicado, aunque sobre todo del sujeto, que hay bastantes.

Cuando comencé en el periodismo, no voy a decir que fuera una tragedia familiar, pero rozando estaba el asunto. Entonces, a principios de los ochenta, ser periodista era algo así como querer ser torero, actor, pintor o escultor. Más bien escultor, que son los que dicen que viven peor y hasta hay quien asegura haber visto a más de uno comiendo o royendo sus obras.

Lo desconozco. Lo que sí sé (y por lo que a mí respecta ya tengo el cupo cubierto) es que cuando iba con mi padre por la calle y se encontraba con un amigo que le comentaba que su hijo quería ser tal o cual, él decía: «Pues este dice que quiere ser periodista», y a «este» (que era yo) lo miraba como diciendo: «Mira que tengo una desgracia».

Razón no le faltaba porque tras un paso fugaz como corresponsal de El Correo Gallego en A Coruña, en mi primer trabajo serio, en el semanario El Orzán, como instalaciones teníamos dos habitaciones de la Asociación Profesional de la Prensa, con unos techos tan altos que se te podían escapar las ideas y no volver jamás, dos añejas mesas de madera con otras tantas Olivetti de hierro y cable de teléfono pero sin teléfono. Además, como si fuéramos pioneros del periodismo patrio rozando la epopeya no había calefacción, hasta nos llegó parecer normal que a una de las máquinas de escribir le faltara la letra «a» y que cuando se llevaban las pruebas a la imprenta pusiéramos una posdata que decía: «Donde haya un hueco en una palabra, póngase la letra a. Gracias». Y tan feliz nos quedábamos.

Pero todas esas contrariedades no eran lo peor, ya que el frío lo combatíamos con gruesos jerséis y abrigos, en ocasiones con guantes o frotándonos las manos, y el teléfono lo sustituíamos por patear la calle todos los días yendo a visitar a los personajes a sus casas o a sus despachos para entrevistarlos. Cobrábamos tarde, y aunque te habías «independizado» (tendría unos 24 años) a final de mes acudías a casa de tus padres para comer.

Y claro, esto de volver al rincón familiar con las orejas gachas (que uno tiene su orgullo), pues lo disfrazabas con un «vengo a veros», a la vez que recibías una sonrisa burlona de tu padre que sin decir nada pensaba: «Sí, hombre, a vernos. Anda, come, petardo, ¿a ver cuánto duras escribiendo?».

Era lo que más o menos esperaba del periodismo, y para esto y mucho más estaba preparado, pero para lo que no estaba era para que una vez que dispusimos de teléfono descubrieras que tu trabajo estaba más bien en el olvido. ¿Cómo lo supimos? Pues con las primeras llamadas. Telefoneabas a alguien y cuando decías que llamabas del semanario El Orzán, impepinablemente tu interlocutor te decía con un tono de sorpresa: «No, aquí no es el seminario» o «¿Que qué dice del seminario?». Y si volvías a llamar y te salía la misma persona porque te habían dado mal el teléfono lo normal era oír aquello de: «¡¡¡¡ Pero que cojo… de seminario !!!!!».

Así que en poco más de una semana, y con dos bemoles, al semanario terminamos llamándolo periódico. Que tampoco así lo conocían, claro, pero por lo menos le dábamos publicidad. Y al final, aunque no se vendía mucho, a mí siempre me quedó la duda de si era porque interesaba lo que escribíamos o por lo mucho que llamábamos y se compraba por curiosidad. Quiero pensar que un poco por las dos cosas; pero más por una, creo, porque un día, no sé por qué, nos cortaron el teléfono. Y así, amigo bloglector, empecé en esto de la oración, en lo del sujeto, verbo y predicado.