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Tú, las rebajas y tu blusiña

Sábado, enero 14th, 2012

Mira que hay ropa, y sobre todo barata ahora en rebajas, pues a ti, como si la regalan porque como resulta que guardas desde los romanos una blusita que le tienes cariño… nada, la sacas a pasear cada cierto tiempo y hasta te convences de que es azul; que de verdad, que tienes un concepto de lo que son los colores… tela.

Vamos a ver neniña o neniño: Tu trazas una línea desde Krasnojarsk (Rusia) hasta San Sebastián y de San Sebastián a Algeciras y luego a Casablanca, das la vuelta por el cabo de Hornos, y de ahí tiras para Nueva York y de ahí a Vancouver (Canadá) y luego de vuelta a Krasnojarsk y…. no hay uno, ni uno, pero ni uno en esos tropecientos mil kilómetros que te diga que tu blusiña es azul, pero ni uno. Es más, incluso en las 4.000 asociaciones de invidentes que te puedes encontrar en el camino te aseguro que nadie te dice que es azul; la tocan, y ya al tacto, no les sale azul ni de broma, y de blusita menos, rozarla y que les entre un repelús es todo uno.

Sí, que ya sé que la utilizabas cuando tuviste tu decimocuarto amor, cuando entraste en la facultad, cuando conseguiste tu primer trabajo, cuando te casaste, cuando te divorciaste y te volviste a casar y que sí, que forma parte de tu vida; pero de verdad que llevas una bayeta con mangas, un especie de estropajo puesto que para rascar y limpiar fogones funciona…

Claro que tú, así, has conseguido varias cosas con ese cacho harapo, y la verdad que son meritorias. A saber por lo menos dos: que has inventado un nuevo color que puede ser utilizado por cualquier artista plástico y que el suavizante tiene un límite por muchas pastillas que le metas a la lavadora, que eso no se sabía.

Pero en el fondo en el fondo, en tu intramundo cerebral, en alguna parte de tu estructura intracraneal sabes que no es azul. Y lo sabes porque cuando alguien te pregunta por la prenda que llevas ni le dejas acabar y lo primero que sueltas como un resorte y a bote pronto es: «Le tengo un cariño… » y tan feliz te quedas aunque una manga se te caiga al suelo.

Yo no sé como le llamaría a esto ¿el síndrome de Zara?, ¿el de Confecciones Lolita y Hermanos?, ¿Sobrinos de Lucrecia SL?… Me da que lo tuyo es más de Cortefiel porque fiel a ese trapillo eres pero que mucho mucho y de corte… lo que se dice de corte a ti, nada, le tienes un cariño… Anda niña, toma, que se te cayó el cuello.

Maruja mi vecina, la sioux, el regateo y los chinos

Martes, diciembre 13th, 2011

(La felicidad de vivir en una aldea de 11 habitantes con unos vecinos maravillosos)

Para Maruja mi vecina no hemos entrado en la Unión Europea ni historias. Ni euro, ni libra, ni yen, ni la petanca; ella sigue pagando como si hubiera pesetas y las compras las hace al estilo de los años 50: regateando; es decir, negociando.

A ella le da lo mismo que en un escaparate una cosa valga 100, 120 que 840. Ella entra y… y es otro mundo. Y por eso de que es otro mundo, hace unos días fuimos a Betanzos (el pueblo más grande que hay al lado de mi aldea), que es como Nueva York aquí en el rural: 12.000 habitantes, más o menos. Y por eso de la vida, Maruja, la sioux (mi mujer) y yo entramos en un chino porque querían comprar no sé qué.

Como ya lo veía venir todo me puse a observar lo que tenía que suceder porque… como te diría, hay cosas que son así y así son. Podía suceder comprar o no comprar, mirar o no mirar, entrar y salir, incluso ni entrar ni salir, quedarnos en la puerta, que para eso somos gallegos; pero yo lo tenía tan claro, pero tan claro, que las dejé a ellas juntas y me puse en un lugar estratégico frente a la cajera para ver qué pasaba. ¿Y que pasó?, pues lo que tenía que pasar.

Miraron unas fundas para unos sofás y cuando Maruja preguntó el precio… la primera en la frente: «¿E isto en pesetas canto é?». Y tras la conversión a la extintayugoeslaviapeseta, en el chino se escuchó: «¡¡¡ Jasússssss !!!». Bueno, el «¡¡¡ Jasússssss !!!» se oyó en todo el local chino, en parte de Shanghai en las provincias de Qinghai y Henan, y quizás en alguna zona del ex sahara español y en el sureste del Serengueti. Entonces Maruja, si dar tiempo a que la empleada comentase nada, movió con sus manos la falda de izquierda a derecha y de deracha a izquierda hacia arriba, como si la remangara, y continuó: «¡¡¡¡ Si non e para min !!!!, ¡¡¡¡ que é para esta rapaza que é de fora y ten catro fillos e ainda no encontrou traballo !!!!».

La sioux no entendía nada, yo, de verdad que todo, pero cuando digo todo… es todo, y cuando la sioux trataba de intervenir, Maruja decía: «¡¡¡¡ Cala ho !!!!, ¡¡¡¡ ti que saberás, déixame a min ho !!!!». Yo no sé si fue por lo de extranjera, por lo del trabajo o lo de los cuatro hijos, pero así de repente, las fundas de 40 euros bajaron a 35.

Y tras una nueva conversión monetaria, Maruja siguió: «Pero non ves que acaba de chegar e que está empezando unha nova vida. Non te acordas cando tí e mais eu empezamos unha vida… ». Y mira, en confianza, yo no sé que pensó la dueña del chino, que no era china, por cierto, pero de 35 bajó a 30 euros y a mí como que me dio que más que por un sentimiento de solidaridad lo hizo para ver si de una vez se iban de allí y la dejaban en paz, que falta le hacía, si le vieras la cara…

Ni qué decir tiene que yo a estas alturas de la compra-negociación ya no miraba nada. Estaba frente a una estantería como podía estar frente a una ensaimada, en Kazajistán o en Nairobi y lo único que pensaba era que Maruja si seguía así, hablando a grito pelado, iba a crear un conflicto internacional y que ya me veía yo escribiendo un suplemento especial en el periódico sobre cómo entramos en guerra con la China por culpa de unas funditas; vamos, un curre que no veas.

Mientras había clientes que entraban, pagaban y salían; entre el «arredemo» y el «Jasús», no me digas a cuento de qué Maruja empezó a recordar la época del hambre en las aldeas, del frío que se pasaba, de enfermedades, de un hermano que se fue a la Argentina, de cómo un día que era joven fue a una fiesta y no sé qué pasó con un traje, de… mira, yo te prometeo que no conozco a Merkel ni al Sarkozy, pero que ponen a Maruja al frente del BCE y que no suben las primas de riesgo y que los inversores se las ven y las desean para cobrar… vamos, como hay Dios que la Maruja al frente del BCE arrasa.

Total, que una compra que tendría que llevar unos 10 minutos duró casi una hora; y ya en la calle, Maruja estaba orgullosa de cómo había regateado; pero a mí me quedaba una duda porque según Maruja, la sioux acababa de llegar a España, estaba con cuatro niños, empezando una nueva vida, sin trabajo y entonces le pregunté a Maruja ¿y cómo no se te ocurrió decir que era viuda? Y ni que a Maruja le hubiera pegado un tiro oye; se quedó parada, quieta, pensativa, inmóvil y dijo: «Non o dixe, ¿ti estás seguro que non o dixe?». Y la verdad que seguro seguro, lo que se dice seguro no. Para mí que no dijo que la sioux estaba viuda, lo sé porque yo estoy vivo, pero que muy vivo; ahora de la de la tienda… de ella no respondo.

He descubierto lo que es la felicidad

Jueves, junio 2nd, 2011

Ya sé lo que es la felicidad, de verdad que lo sé. Han tenido que pasar exactamente 52 años, ocho meses y veinte días para mira tú por donde descubrirlo; y yo solito, que eso tiene más mérito, porque mira que se ha escrito y hablado de esto ¡¡ eh !!. libros y libros total… para qué, si me hubieran preguntado…

¿Y en qué consiste la felicidad?, ¿en tener dinero, mucho dinero, pero mucho muchísimo? Pues no porque la mayoría de esa gente se ha forrado esclavizando al resto del personal y eso, a la larga, produce remordimientos, sentimientos contradictorios, se te pone cara de albarán o la gente te mira como diciendo «pobre hombre», y aciertan, porque en el fondo es lo que eres, eso: «un pobre hombre», así que lo del money… no

¿Si eres mujer que te adoren todos los hombres, todos, pero absolutamente todos y si eres hombre todas las mujeres, absolutamente ninguna? , una vulgaridad, que tendrás sexo, no lo niego, pero seso… ¿En tener los mejores coches, una hipersupermegacasa, un yate, dos yates, 1.557 yates? Otra estupidez. ¿En que no te cobren en Ikea o en El Corte Inglés o que no te roben en los bancos?… bueno eso se acerca, pero tampoco.

Entonces… ¿dónde está la felicidad, dónde se encuentra, dónde se halla?, ¿se compra, se alquila, se adquiere con tarjeta, en un cajero, en dos cajeros, la cajera tal vez?. Inútil más que inútil, que no doy hecho nada de tí; pues la felicidad consiste en algo tan simple como en que  (seas mujer u hombre) otro haga las cosas por tí y creas que las has hecho tú. Así de sencillo; que te autoconvenzas, pero un autoconvencimiento tal que ni el polígrafo, ni el bolígrafo ni el lapizlígrafo sea capaz de detectarlo.

Pero vayamos a la praxis, al día a día para comprobarlo. Por ejemplo, llegas a casa, entras por la puerta, por la ventana también vale, pero casi mejor por la puerta que raro ya eres, miras a tu alrededor y… ¡¡¡ alucinante !!!, todo ordenadito, pero absolutamente todo. Y no te creas que miras en plan sorpresa, escrutando cada esquina… ¡¡¡ que va !!!, era boa, entras tan normal y te dices: «Mira que soy ordenado». Y lo más curioso, abres una botellín de cerveza, te la tomas, dejas el vaso y la chapa en cualquier sitio y al día siguiente… ¡¡¡ increíble !!! El vaso limpio y la chapa en la basura. Esto es total, no me digas que no.

Y es más, te acercas a una silla y observas ese misterio que no sabes cómo interpretarlo (no te preocupes, que en El Vaticano tampoco) pero tienes la ropa en ella, el pantalón dobladito, la camisa planchadita… y te dices: «Joé, es que tengo una mano para estas cosas… ». Y así todo, quieres hacer una obra en casa, poner luces indirectas… pues que venga un electricista o un ciclista, qué más da, que venga el que quiera; pero el caso es que entras por la noche, le das a la clavija y te dices: «¡¡¡ Ostrás !!!, que bien me quedó, que luz tan hogareña, tan tenue, tan…. es que yo cuando hago una cosa… ».

Y como si no pasara nada, pues te sientes reconfortado o reconfortada, que la felicidad no tiene sexo, a gusto o augusta (ver golf, máster de); vamos, crees que lo sabes hacer todo y si por lo que sea te entra una duda de si lo has hecho tú, que es casi imposible, pero supongamos que la tienes, que repito que es casi imposible, te dices: «Bueno, lo hizo el electricista, pero si no llega a ser por mí que le di el toque personal; o sea, darle a la clavija… ».

Y te lo juro que en esos momentos eres feliz, completamente feliz, te encuentras contento, satisfecho del deber cumplido; pero es que además es una felicidad expansiva, que todo el mundo lo nota, lo percibe, lo aprecia… con decirte que este artículo no sé quien lo ha escrito ni me importa, pero lo que está claro es que si no llega a tener mi toque personal… ¿que cuál es?, el de siempre, Manuel Guisande, mi firma.

La arquitectura, una porquería

Miércoles, abril 27th, 2011

La arquitectura es una guarrada, una porquería, de verdad, y la culpa es la verticalidad: la construcción de arriba abajo o de abajo arriba y no en horizontal, de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, como te lo cuento.

A mí ya me pueden decir reconocidos arquitectos como Norman Foster, Rafael Moneo, Toyo Ito o Rem Koolhaas historias de que si los espacios, que si la luz, que si la escala, que si lo diáfano, que si el equilibrio estructural, que si… yo lo que sé es que si vives en una quinta planta, o en la planta 129 o en la 1.488, que entonces ya en vez de en una planta vives en un bosque, cuando vas a hacer tus necesidades… pues quieras o no, si resides en la 1.488 y hay 20 personas por rama lo estás haciendo sobre casi 30.000 personas ¡¡¡ 30.000 !!!, casi ná, un pueblo, vamos.

Que sí, que no lo haces de forma material, que todo va disimuladamente por unas cañerías… cierto, pero psicológica, metafísica, anímica e intelectualmente lo estás haciendo sobre todos ellos y no hay otra. ¿No pueden acaso los arquitectos hacer cuartos de baños de forma que lo que va a ellos se autodestruya y no tenga que ir todo ese producto interior bruto por un tubo abajo y que el del quinto piense, lo siento por lo escatológico, pero es así, «ya se cagó el del sexto»?, ¿pero es que tanto estudio, tanta investigación de los últimos avances en tecnología y construcción no da para inventar algo que pulverice o desintegre eso y que ese eso que no es queso pueda servir, por ejemplo, de abono para las plantas de la casa o para a través de un proceso químico biodegradable destruir la basura?

Pues no, mucha regla, mucho cartabón, mucho estudio, mucha teoría y al final… mientras el concepto estructural sea la verticalidad… ¡¡ hala !!, allá van todos los detritus y todos a oírlos como si fuera una sinfonía acompasada: el del cuarto, el del sexto, el del noveno y…. ahhhh !!! ahora el del décimo…

Yo, en más de una ocasión, cuando vivía en La Coruña, en un octavo, me daba ganas de parar el ascensor y decirles a los que venían conmigo: «Miren, quiero que sepan de todo corazón que cuando voy al cuarto de baño y hago eso no piensen ustedes que… »; pero claro, como a mí tampoco me lo decían los de los pisos de arriba, pensaba: «Mejor será callar, no vaya a ser que ellos sí lo hagan con esa intención y a ver si se va a montar aquí a la de Dios es Cristo en el ascensor y caemos todos porque a ver quién escapa de estas cuatro pareditas».

Y con esta duda he vivido muchos años, pero muchos; y ahora, reconozco que en un momento sublime de valor (impropio de mí, que no hice ni la mili), afirmo y digo a Norman Foster, Rafael Moneo, Toyo Ito o Rem Koolhaas, que la arquitectura que hacen es una auténtica guarrería, una porquería, porque ¿cuál crees si no que es la razón que en países como Suiza no dejen tirar de la cadena del cuarto de baño a partir de las diez de la noche?, ¿por no hacer ruido, por no molestar?

¡¡¡Venga hombre !!!, por no hacer ruido, por no molestar… o es que en Suiza todos duermen a esa hora, con la de pasta que tienen que contar todas las noches… lo hacen para que no recuerdes lo que te están haciendo, porque si lo recuerdas, si lo rememoras o lo piensas…. también entonces recordarías, rememorarías y pensarías en esa frase higiénica, natural y horizontal, que sin necesidad de ningún estudio dice: «Anda, vete a cagar de campo». ¿La culpa?, la verticalidad

¡¡¡ Tenemos que vender una yegua !!!

Miércoles, enero 26th, 2011

(Cosas que pasan cuando vives en una aldea tras abandonar la ciudad y no tiene ni idea)

Os lo juro que sigo sin entender esas macroproducciones de Holywood en las que se gastan un dineral en exteriores. Yo porque no soy director de cine, que lo único que hice fue un cortometraje que se llama Garabolis que sino… para películas, para películas películas mi aldea, que más que un lugar parece un plató: 11 habitantes que son once artistas; y como escenario cinco casas, pero todo mezclado y revuelto… cada día un guionazo, pero un guionazo que no veas. Aquí sales… y escuchas una trama alucinante; no sales… y la escuchas igual porque aquí se habla a gritos y cuando digo a gritos es agritos, no en voz alta… no, vamos que aquí problemas habrá otros pero de sonido…. ni uno. Aquí, quieras o no, sino te haces director de cine, algo relacionado con el séptimo arte, o con el arte en general, se te pega.

Y se te pega de muchas formas, como hace unos días, cuando salí de casa y me dirigí a la de Maruja, la dueña de la Rubia, la yegua que estuvo enferma y que ahora quieren/queremos (porque esto parece una comuna que todo se hace en grupo) venderla, a ver si encontramos entre todos a un incauto, pica y se lleva a la cuadrúpeda.

Timar timar no es, pero que nos estamos acercando a que nos lleven al cuartelillo… eso ya es otra cosa. Mientras tanto, para buscar al ingenuo, para tantear el terreno, de vez en cuando al ir a un bar sueltas como quien no quiere la cosa. «Pues Maruja vende una yegua… ». Y entonces te caen palos por todos los lados. «Sí, home, unha yejua; si ahora utilízanse tractores…»; «pero tí que eres periodista qué carallo sabrás de yejuas… », «¡¡¡ para facer riejos hay que baixar o lombo y darlle co sacho, rapaz. Nin yejuas nin ost… !!!», «Anda dalle a ordenador en cala ¡¡ho !!», apostilla otro, a la vez que te das cuenta que como tratante de ganado… como no te comas lo que vendes…

Tal que el pardillo no aparece, la Rubia sale poco del establo y me temo que un día se va a morir y esto va a ser más que un disgusto porque parece que vivimos contrarreloj para colocar al trotón. Y es que claro, la Rubia no es como un coche, que tiene un kilometraje, que lo puedes ver y según la chapa, el ruido del motor… la Rubia, la verdad que lleva un tute que no veas; pero cada vez que preguntas a Maruja tiene menos años. No me digas cómo pero cada mes que pasa, la bestia esta rejuvenece y yo le digo a Maruja que no exagere, que no baje más la edad que a este paso por potrillo no cuela ni de coña.

Y así llevamos cuatro meses, buscando un comprador, y yo, en el periódico, entre la agencia Efe, Reuters, Colpisa, Europa Press, DPA y France Press y la Rubia, llevo una temporada de tensión porque claro, esto es como todo (bueno, miento, como todo no, estoy hay que vivirlo para creerlo); se oyen rumores de que alguien puede estar interesado en la Rubia, que a lo mejor la llevamos a Curtis o a Betanzos a la feria para venderla, que si es mejor que vengan a verla, que es posible que se restablezca totalmente de esa neumonía y trabaje un año más…

Y claro, quieras o no vives, en una incertidumbre, en una inquietud porque es salir de casa y ni que la Rubia fuera un familiar directo, ya que es ver a Maruja y te sale sin pensar: ¿Cómo está la Rubia?. Y según lo dices piensas: «Joé Guisande, que preguntas más por la Rubia que por tu madre». Y es que además la Rubia, la Rubia está como siempre, rubia, pero es que yo, al menos yo con este tema estoy negro. Oye, ¿tú no querrás una yegua verdad?.

Lo que pasa al enamorarse de una árabe (primera y segunda parte)

Miércoles, noviembre 18th, 2009

(ALGUNOS CONSEJOS POR SI UN DÍA TE ENAMORAS DE UNA ÁRABE)

Esto de enamorarse es una historia y nunca se sabe dónde salta la liebre, que quede claro que la liebre soy yo y solo yo; lo digo para que no haya mosqueos tontos, que empiezas con una palabra inocente y se termina con un tratado comecocos que no veas.

Bueno, pues a lo que iba. Mira que no hay chicas en Galicia, en Andalucía, en Cataluña o en Miranda de Ebro, pues cuando tenía 20 años ¿dónde crees tu que me enamoré? Y no hablo de la sioux, la maravillosa aborigen con la que me casé, que sus ancestros vivían en una reserva bajo una tienda, y no precisamente de comestibles, no.

Pues para una vez que decido ir a Marruecos, voy y me enamoro de una joven, Imaine El Omari, a la que conocí en invierno y, no te lo pierdas, en una playa, que es lo má logico en invierno, claro, conocer a alguien en la playa. ¿Y en qué lugar?, pues en la localidad de Kenitra, a unos 50 kilómetros de Rabat y donde años más tarde me enteré que estaba el mayor centro penitenciario de Marruecos; que es donde yo tendría que estar, que cuando me dejan suelto….

Y claro, como ella era árabe y yo gallego, pues sino llega a ser por el francés aún estaría ahora haciéndole señas y señas para decirle «Hola». Pero el caso es que cuando te enamoras de una persona de otra cultura siempre pasa algo y si con este artículo alguien puede sacar algo positivo… pues mi amorío arabesco habrá valido para mucho más de lo que me imaginaba.

Tras conocerla (estaba con dos amigas en la playa paseando y yo con buen amigo e ingeniero de Dragados Juan Miguel Pérez Rodríguez) comencé ya con el primer choque de civilizaciones pues las invité a tomar algo y no, las mujeres árabes no van a ninguna cafetería ni restaurante, salvo que se casen y, claro, era muy pronto esposarse por mucho que me apeteciera en ese momento un refrigerio. Así que después de varias horas hablando me dio su dirección para que le escribiese cuando llegase a España. ¿Iba yo a esperar?, naturalmente que no, que uno es muy pasional y al día siguiente cogí mi coche, aparqué a unos 40 metros de su casa y allá me fui y llamé a su puerta.

Las mujeres árabes tienen fama de tener unos ojos grandes y preciosos, preciosísimos, y es cierto; pero los que vi nada más abrirme la puerta eran más que preciosos, eran impresionantes, pero impresionantes de grandes, tanto que parecían que iban a salirse de las órbitas.

Una joven que no era Imaine me cogió del brazo, tiró de mí como si fuera una servilleta de papel y me metió a toda prisa por unas callejuelas. Y allí, entre unas paredes blanquecinas como mi mente me explicó que nadie en su sano juicio (juicio árabe y siendo hombre, se entiende), va buscar una chica a su casa y menos si es extranjero. Que eso por cierto ya lo había notado yo, que nadie paraba de mirarme, pero me lo corroboró y fue un detalle, que siempre está bien que te lo digan aunque todo un país te mire y tú aún tengas dudas.

El caso es que no recuerdo otras cosas que me dijo, pero por la cara que ponía y por sus descomunales ojazos intuía que como que me iba a caer una de esas leyes raras que te dejan frito de por vida y que la única forma de evitarla es precisamente ser un estratega, yendo al meollo del asunto, a un país musulmán y vivir de por vida con un burka, que viene del árabe «¿..;.-/-. )&,?¿¿^^`.??», creo. Una ruina, pero al menos estás vivo hasta que te tengas que cortar el pelo y quitarte el prêt-à-porter ese.

A lo que íbamos, pronto descubrí que la joven de los ojos como melones era la hermana de mi amore y me explicó que si quería hablar con ella, el mejor sitio era en el mercado a la hora de la compra. Y allí me tienes, entre melocotones, naranjas Y limones habla que te habla durante horas porque hacer la compra en Marruecos es casi una profesión ya que es cuando las mujeres pueden estar más tiempo fuera de casa.

¿Y qué haces tras la compra, que te queda todo el día y te has recorrido más de 2.000 kilómetros y has visto más veces los limones que a tu amada, que era a quien realmente ibas a visitar aunque ya dudas si sería al cítrico?

SEGUNDA PARTE

Pues si con la que joven que te enamoras tiene hermanas y quieren ayudarte, con suerte podrás verla a media tarde en algún lugar lejano bajo la atenta mirada familiar para seguir hablando y hablando, que no está mal, que eso une, cierto es, pero que llega un momento que mi francés no da más de sí o no quiere darlo y…. No me digas que esto no es amor hombre.

¿Y qué hacía por la noche (o puedes hacer) cuando Imaine se iba a casa? Pues como estaba enamorado como una perdiz no hacía nada especial; bueno sí, salía a tomar unas copas, que me rio yo de que no se bebe alcohol, será del 90, porque del otro… y sobre todo pensaba en los limones, había visto tantos…. pero tantos tantos…

Total, que al cabo de un año de viajes y más viajes empecé a vivir una situación curiosa, como una doble vida surrealista. En Marruecos era un enamorado y en la frontera (cuando iba a España) estaban seguros de que me dedicaba al tráfico de hachís porque nada más ver el pasaporte con tantos sellos de ida y vuelta los funcionarios casi me desmontaban el coche. Y cuando me preguntaban porqué visitaba tanto el país alauí y les decía que «me enamoré y salgo con una chica», como que me daba la sensación que hasta el perro policía se reía de mí.

Y no lo entendía; mientras todos cruzaban la frontera y casi no reparaban en ellos, yo casi pasaba más tiempo en la aduana con la Benemérita que con mi cuore. Y pensaba: «pero si ven tantos sellos y creen que realmente soy traficante y nunca me han pillado ¿no les iría mejor ir a por otro más fácil y dejarme como un caso imposible?». Además, me decía: «Si como creen he pasado tantas veces, eso significa que nunca he traficado con toneladas, que si fuera así con un viaje sería suficiente ¿entonces por qué no se dedican a buscar a los capos?». Y también cavilaba: «No, si al final voy perder el ferry en Ceuta y aún me voy hacer narco de verdad para pagar el billete y entonces sí que me van a pillar, que soy yo muy inútil para esos chanchullos».

Pues nada. Y estoy seguro que en ocasiones aquello era para ellos como un reto, que ya podía pasar frente a ellos un tipo con una bandejita en plan «¡¡¡ Vendo, vendo, vendo choco y galletas, anisetes y almendradas, cocaína y aspirinas !!!» que lo que realmente les importaba era cogerme. Y siempre igual: ventanilla que bajas, pasaporte que enseñas, perro que se acerca y Guisande que se apea y fumando espero el hachís que yo no llevo.

De verdad que los cánidos nunca me llamaron mucho la atención, pero vi tantos perros en la aduana oliendo y reoliendo mi coche como si le estuvieran haciendo la ITV… Y que conste que tengo dos chuchos porque una norteamericana no puede vivir sin perros y su banderita de marras y barras. Ya sabes, que un día arde mi casa y allí salgo yo en el Telexornal o en la TDT o en Youtube entre cenizas con el perro palleiro en brazos y supongo que la bandera americana detrás, una música de héroe y mezclando «Yes we can» con «cajoenros, podemos».

Pero vayamos al sucedido; pasado cerca de un año… sí, amigos bloglectores, después de casi 365 días, de unos cinco o siete viajes, de ser considerado traficante y muchas cartas de amor. Después de conocer a esa chica que no era integrista pero sí íntegra, como yo…. llegó el final. No había ni Facebook, ni tuenti ni retuenti. Imaine siguió estudiando, no volví a ver a mis amigos (como Hasmish); me da que el pastor alemán sigue sin decir ni palabra de la lengua teutona, y yo… pues yo me adentré en el mundo del periodismo y sí, en efecto, me harté de soñar con limones. Un beso Imaine.