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Qué prefieres, ¿bañarte o ducharte?

domingo, febrero 13th, 2011

La vida mira que es rara, rarísima, la verdad. Estaba yo con esta manía de si os gusta o no que raje de los políticos, está todo el personal con el problema de Egipto, que si la revuelta en el mundo árabe, que va a haber un nuevo paranoma internacional, que si la geoestrategia y la geopolítica… y ¡¡¡hala!!!, va el Guisande este y lo que más le preocupa es si es mejor ducharse o bañarse.

¿Pero tú crees que es nomal que con lo que está cayendo a mí lo que más me preocupe es esto? ¿terminará el periódico en el que trabajo recibiendo una subvención de Asuntos Sociales por tener a un tipo como yo? ¿quizás algún día haya en la declaración de la renta una casilla que desgrave por conocer a Guisande?

A lo que vamos. Pues para mí no hay duda, aunque no sea todos los días; un día sí y otro no o dos no y tres sí, o tres sino es dos o cuatro, joé que lío, yo… bañarme. Es que para mí bañarme es como meterme en cama otra vez, un placer, pero con unas mantas o edredones ergonómicos, perfectamente adaptados a tu cuerpo, y allí tirado… ¿que tienes un poco de frío y quieres más calor?, pues dale al grifo chaval.

Esto del bañarse tiene su cosa. Por ejemplo, el tema ese de la espuma, de las pompas, no es lo mío; ¡¡¡ qué va a ser !!!, pero sin embargo un auténtico juego de patitos ya es otra cosa. Allí tumbado y con una cañita tratando de pescar al cua-cua rosa, azul o verde… tiene su aquél mientras te das cuenta que no pasa nada, que todo sigue igual en la vida; y oye, que pescar un patito de esos no es tan fácil… prueba, prueba ya verás, que atrapar la arandelita esa de marras se las trae.

Yo una ducha no la entiendo, de verdad. Las veces que me he duchado cayendo el agua por esa cebolla… no sé, será porque soy gallego pero para mí es como si lloviera y siempre me da ganas de coger un paraguas. Yo creo que me gusta bañarme porque en Galicia no puedes hacerlo porque hace un frío que pela, y además porque el baño no es nada peligroso, siempre haces pie…

Esto de bañarse, lo reconozco, tiene su punto de vagancia y comodidad, porque zapateado en la bañera te puedes fumar un cigarrillo, tomarte una copichuela, unos pinchitos, pensar… incluso quedar limpio; en cambio una ducha, la ducha no es un placer, más bien es un desinfectante, solo falta que el agua de la cebolla haga fliss-fliss ¿verdad?. Es, no sé como «un échame agua»; pero bañarse tiene como un toque de distinción, una liturgia, un ceremonial… no sé, otra cosa.

Yo no me meto con los que prefieren ducharse, que como digo, que cada uno haga y disfrute como quiera; pero a mí realmente no me va. He estudiado mucho el tema, pero no es cuestión aquí de extenderse sobre esta dicotomía: ¿bañarser-ducharse?, vamos como si te quieres pasar el verano en la plaza Tahrir esa, a mí… ahora si quieres un día quedamos y te lo explico, pero te lo explico todo; detalle por detalle, paso por paso, punto por punto, bueno… te cuento todo lo que sé y te pego un baño…

PD.- Pensamiento: Anda Guisande,vuelve pacama a ver si se te cura esa gripe, que a ti la fiebre te afecta…

EXPOSICIÓN DE FRAN TORRECILLA
El amigo del blog (ya sabéis que esta sección está abierta a todos), el pintor Fran Torrecilla expone hasta el día 28, en el Club del Mar, en A Coruña, parte de su obra, retratos y paisajes. La muestra (acrílicos) puede verse todos los días de 9.30 a 23 horas.

El verano, la nevera y la comida

viernes, julio 30th, 2010

Siempre pasa lo mismo, pero siempre, y especialmente en verano, por eso del calor. Abres la puerta de la nevera con un hambre que no veas, coges una tartera con restos de comida que no sabes si es de ayer, anteayer o de las Navidades y entonces, entonces te entra esa duda de: «¿Estará buena o se habrá pasado?» Y de ahí a un esquizofrénico «¿me moriré envenenado?» hay un paso y luego, irremediablemente, a preguntar a los de casa.

Y claro, en esto, suerte que tienes que sois cuatro o seis de familia como mucho, porque si fuerais 100.000 te pasearías con la tartera de un lado a otro preguntado a cada uno de ellos y cada uno metería la nariz, olería y reolería y cuando llegaras al 100.000 (un mes después de sacar la pota del frigo), no lo dudes: la comida está mal, pero que muy mal y tú peor, porque en el 87.400 (por ejemplo y porque ya te dolerían los brazos de andar con la dichosa cacerola de un lado a otro), podrías darte cuenta ¿no? Bueno, tú no, tú eres así, pero en esto tienes suerte porque tú (una vez más) no cuentas, que el asunto es la comida y la cuestión trascendental es ¿podré o no comerla?

Y la verdad que es inútil que preguntes, que lo haces por inercia, como otras muchas cosas, porque sabes perfectamente, pero perfectamente, que terminarás tirando la comida a la basura porque aunque solo haya uno, uno solo de esos 100.000 a los que has preguntado que te ponga una mala cara será suficiente para reafirmarte en lo que pensaste nada más sacarla de la nevera: «Está mal, está mal y está mal y la voy a tirar». ¿Y porque no la tiraste entonces? Pues porque eres un paranoico y eres capaz de ir incluso a otra ciudad o a otro país a otro Continente hasta que encuentres uno que te diga: «Muy bien no creo yo… » o «me huele a… » y así autoconvencerte más. Dios, qué nulidad, qué torpe eres.

Y si vives solo y no tienes nada más en casa que echarte a la boca tienes dos opciones: o te vas a cenar fuera o vas a un 24 horas, arramblas con uno o dos botes callos o de fabada, los pones al erótico baño de María, cenas y a sobar que mañana será otro día.

Iba a decir que a mí me ocurre lo mismo, que en cuanto saco algo de la nevera de uno o dos días por mucho que pregunte la comida va a la basura con una rabia….. pero eso era antes. Desde que vivo en la aldea todo es diferente, entre que el súper me queda a 4 kilómetros y que aquí no hay un 24 horas, en menos de un minuto se te pasa la paranoia (que no el hambre) comes lo que sea y te vas a dormir con una sensación de «malo será», y cuando llevas como unos treinta o cuarenta «malo será» y ves que no te ha pasado nada te convences que la comida siempre está buena, pero buenísima, vamos hasta el moho ese medio azulado y verdoso te parece queso de roquefort

Claro que, ahora que lo pienso, a ver si lo que va a ocurrir es que realmente la comida está mal, pero rematadamente mal, fatal, y que quien está bien, pero increíblemente bien, soy yo; que mi cuerpo y mi metabolismo ya se han acostumbrado a todo tipo de contaminación, de putrefacción… pues tío si es así, si esto es cierto que ¡¡¡¡ guay !!!, estoy buenísimo, de salud claro, solo de salud; y del otro…. pues, pues por si cuela mi correo es manuel.guisande@lavoz.es

De verdad, esta casa es un misterio

jueves, diciembre 24th, 2009

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

Desde que llegó el invierno, mi casa más que un hogar es un misterio, un enigma, un expediente X cuando X tiende a cero, a cero grados centígrados, me refiero. Esta es la primera vez que vivimos todo el año en la aldea y desde que llegaron estas temperaturas gélidas, la frase más repetida es: «Yo creo que el viento entra por aquí». Pero si los muros tienen un grosor de más de medio metro y teóricamente la casa está bien aislada… ¿cómo es posible que entre el frío…? Y entonces, cuando alguien dice esa frasecilla, allá voy yo en plan expedicionario, cigarrillo en la boca, calada que te crió, bocanada de humo hacia el lugar de la supuesta fuga/entrada y… na. Y así cada cierto tiempo, aunque a este paso no va hacer falta fumar que con el vaho, pues como que igual ¿verdad?.

Y claro, como no es cuestión de morir en el intento, así a lo tonto ya hemos quemado 3 toneladas de madera, que esto parece los Altos Hornos de Vizcaya en su mejor época y te lo juro que si esto continúa así, un día salgo de noche y prendo fuego a todas las arboledas que rodean mi casa, ni ecologismo ni leches, me encierro y hasta que dore no salgo porque, claro, como en el microondas no entro…

¿Y cuál es la conversación estos días en casa? Pues la de: «¿Y tu crees que estaremos así hasta marzo?», y yo para animar digo: «Que va, esto es pasajero», y ella insiste «¿seguro?»; y vamos, como si hubiera nacido aquí al lado, bajo un pinar, con un aplomo que hasta yo mismo me sorprendo digo: «¿Esto?, na, unos días». Y mientras lo digo voy echando cuentas, 24 de diciembre hasta el 10 o 12 de marzo quedan…. y a mí no me extrañaría que un día me dé un ataque de sinceridad y en esta casa haya una desbanda en plan salvaje, que cada uno salga corriendo con lo puesto y que los vecinos flipen por colores viendo la huida en masa.

Porque… ¿quién habló del calentamiento global, hombre, quién habló o, mejor dicho, dónde está el calentamiento ese, que hago un traslado ya? Pero si yo cuando voy a un bar en Oza dos Ríos y me preguntan: «¿Quiere algo?» hasta estoy por decir… «sí hombre, deme usted un buen par de bofetadas, que voy pacasa»..

Y en tanto pasa el tiempo surgen conversaciones así, en plan indirecta de «pues vi unos guantes…», «¿te acuerdas de aquella bufanda…», vamos como si hubiera sido tenor y actuara en la Scala de Milán, o «¿tomamos un cafetito en Juanito…?» (el bar nuevo, que casi puedes andar en mangas de camisa).

Pues mientras sucede todo esto, Luis de Vilachá, el superalbañil de la zona que lo mismo pone un ladrillo que arregla una tele que te pone un tejado o te hace un pozo, te destroza cuando llega de visita y nos encuentra a todos como conejos alrededor del fuego y dice a grito pelado: «¡¡¡¡ Ay miña madriña ¿pasades frío?, frío era antes !!!!». Y tu te dices ¿antes, antes de qué, del Big Ben, de la desaparición de los dinosaurios…? y por momentos pienso si estamos en peligro de extinción y si alguien se apiadaría de nosotros si coloco una pancarta en toda la fachada de la casa que diga: «¡¡¡ Salvad a los guisandiños !!! Greenpeace» ¿Funcionaría?, lo bemoles