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No sé si fueron los Reyes pero…

lunes, enero 9th, 2012

Yo creo en los Reyes Magos; así que la noche del 5 al 6 la pasé… con unos nervios… pero con unos nervios que a punto estuve de tomarme un guiso de choupas en salsa de valium 525 a ver si así… Fíjate si creo que estaba segurísimo (y así fue) que me iban a traer unos zapatos, una corbata y una colonia que, por cierto, este último regalo es la primera vez que me lo hacen desde que vivo en la aldea y capté la indirecta: «Guisande… hueles a vaca»; pero yo hice como si nada, como si oliera a cabra, le di un beso a la sioux, le di al flis-flis del frasco y ¡¡¡ hala !!!, está la aldea que por el aroma parece el Edén allá por donde paso.

El caso que estaba desempaquetando los regalos cuando vi en el suelo un mechero; lo cogí, encendí un cigarrillo y observé que tenía un botoncito. Ya ves en qué cosas me paro; había una gran cantidad de paquetes, muchos, pues en medio de todo el papelamen de colores voy y me fijo en el encendedor y, en concreto, en un botincito pequeño pequeñito, más riquiño el botonciño… lo apreté y se encendió una luz azul.

Pues fue explicar que estaba muy bien para cuando de noche no se ve la cerradura y quieres abrir la puerta de casa, para enfocar algo en la mesilla de noche (de día en casa la quitamos, que somos muy respetuoso con la gramática) y que también servía para ir al alpendre a por leña y… nunca tal cosa dijera oye, porque ahora, desde que tengo el aparatejo este ya he ido cuatro veces.

Enfoco, ando unos 30 metros apartándome de los árboles, de la mesa que tenemos en el jardín, de alguna silla y… es un poco como ir por la jungla de cristal, con temor a tropezar con algo, aunque la realidad sea que más que a la jungla cristalina voy a la caseta maderil y más desanimado… tirando de una carretilla con una desgana o más bien con unas ganas de darle una patada… bo

Y la vida es, pero que rarísima porque en esos 20 o 30 metros que hay de casa al alpendre, yo no sé como explicártelo, con esa especie de minilinterna me entra un punto en el que me siento acomodador de una sala de proyecciones. Sé que es una sensación rara, extraña, pero me da ganas de decir: «Por aquí le parece bien, más cerca de la pantalla, más atrás… », lo único malo es la película, que casi, por no decir siempre, es la misma: «Carga madera paspán». Y pensar que todo fue por un botoncito de ná… De verdad que no sé si el mechero fue un regalo de Reyes, pero que ya estoy pensando en pasarme a Papa Noél, vamos que si lo pienso, que tengo un dolor de espalda…

Maruja mi vecina, la sioux, el regateo y los chinos

martes, diciembre 13th, 2011

(La felicidad de vivir en una aldea de 11 habitantes con unos vecinos maravillosos)

Para Maruja mi vecina no hemos entrado en la Unión Europea ni historias. Ni euro, ni libra, ni yen, ni la petanca; ella sigue pagando como si hubiera pesetas y las compras las hace al estilo de los años 50: regateando; es decir, negociando.

A ella le da lo mismo que en un escaparate una cosa valga 100, 120 que 840. Ella entra y… y es otro mundo. Y por eso de que es otro mundo, hace unos días fuimos a Betanzos (el pueblo más grande que hay al lado de mi aldea), que es como Nueva York aquí en el rural: 12.000 habitantes, más o menos. Y por eso de la vida, Maruja, la sioux (mi mujer) y yo entramos en un chino porque querían comprar no sé qué.

Como ya lo veía venir todo me puse a observar lo que tenía que suceder porque… como te diría, hay cosas que son así y así son. Podía suceder comprar o no comprar, mirar o no mirar, entrar y salir, incluso ni entrar ni salir, quedarnos en la puerta, que para eso somos gallegos; pero yo lo tenía tan claro, pero tan claro, que las dejé a ellas juntas y me puse en un lugar estratégico frente a la cajera para ver qué pasaba. ¿Y que pasó?, pues lo que tenía que pasar.

Miraron unas fundas para unos sofás y cuando Maruja preguntó el precio… la primera en la frente: «¿E isto en pesetas canto é?». Y tras la conversión a la extintayugoeslaviapeseta, en el chino se escuchó: «¡¡¡ Jasússssss !!!». Bueno, el «¡¡¡ Jasússssss !!!» se oyó en todo el local chino, en parte de Shanghai en las provincias de Qinghai y Henan, y quizás en alguna zona del ex sahara español y en el sureste del Serengueti. Entonces Maruja, si dar tiempo a que la empleada comentase nada, movió con sus manos la falda de izquierda a derecha y de deracha a izquierda hacia arriba, como si la remangara, y continuó: «¡¡¡¡ Si non e para min !!!!, ¡¡¡¡ que é para esta rapaza que é de fora y ten catro fillos e ainda no encontrou traballo !!!!».

La sioux no entendía nada, yo, de verdad que todo, pero cuando digo todo… es todo, y cuando la sioux trataba de intervenir, Maruja decía: «¡¡¡¡ Cala ho !!!!, ¡¡¡¡ ti que saberás, déixame a min ho !!!!». Yo no sé si fue por lo de extranjera, por lo del trabajo o lo de los cuatro hijos, pero así de repente, las fundas de 40 euros bajaron a 35.

Y tras una nueva conversión monetaria, Maruja siguió: «Pero non ves que acaba de chegar e que está empezando unha nova vida. Non te acordas cando tí e mais eu empezamos unha vida… ». Y mira, en confianza, yo no sé que pensó la dueña del chino, que no era china, por cierto, pero de 35 bajó a 30 euros y a mí como que me dio que más que por un sentimiento de solidaridad lo hizo para ver si de una vez se iban de allí y la dejaban en paz, que falta le hacía, si le vieras la cara…

Ni qué decir tiene que yo a estas alturas de la compra-negociación ya no miraba nada. Estaba frente a una estantería como podía estar frente a una ensaimada, en Kazajistán o en Nairobi y lo único que pensaba era que Maruja si seguía así, hablando a grito pelado, iba a crear un conflicto internacional y que ya me veía yo escribiendo un suplemento especial en el periódico sobre cómo entramos en guerra con la China por culpa de unas funditas; vamos, un curre que no veas.

Mientras había clientes que entraban, pagaban y salían; entre el «arredemo» y el «Jasús», no me digas a cuento de qué Maruja empezó a recordar la época del hambre en las aldeas, del frío que se pasaba, de enfermedades, de un hermano que se fue a la Argentina, de cómo un día que era joven fue a una fiesta y no sé qué pasó con un traje, de… mira, yo te prometeo que no conozco a Merkel ni al Sarkozy, pero que ponen a Maruja al frente del BCE y que no suben las primas de riesgo y que los inversores se las ven y las desean para cobrar… vamos, como hay Dios que la Maruja al frente del BCE arrasa.

Total, que una compra que tendría que llevar unos 10 minutos duró casi una hora; y ya en la calle, Maruja estaba orgullosa de cómo había regateado; pero a mí me quedaba una duda porque según Maruja, la sioux acababa de llegar a España, estaba con cuatro niños, empezando una nueva vida, sin trabajo y entonces le pregunté a Maruja ¿y cómo no se te ocurrió decir que era viuda? Y ni que a Maruja le hubiera pegado un tiro oye; se quedó parada, quieta, pensativa, inmóvil y dijo: «Non o dixe, ¿ti estás seguro que non o dixe?». Y la verdad que seguro seguro, lo que se dice seguro no. Para mí que no dijo que la sioux estaba viuda, lo sé porque yo estoy vivo, pero que muy vivo; ahora de la de la tienda… de ella no respondo.

Mis amigos de Molloy College

miércoles, diciembre 7th, 2011

Apreciados universitarios de Molloy College, estaba yo pensando que lo que no ha conseguido la NASA lo hemos logrado tú y yo casi en cuestión de segundos: Encontrar más allá vida inteligente (o sea, vosotros y nosotros), porque esto, de alguna forma, es como el primer contacto entre dos civilizaciones, entre dos culturas, más o menos ¿no?.

Sé que ahora, este lunes, termináis el curso de Cultura Española, pero ello no significa que tenga que cesar esta relacion con el blog, ya que en cualquier momento podéis hacer cualquier tipo de comentario (siempre en el último artículo) exponer vuestras ideas, inquietudes, curiosidades y estoy seguro que alguien os contestará porque de esta historia, grande o pequeña, que se llama Al fondo a la derecha, ya formáis parte.

Para mí ha sido y seguirá siendo una gran experiencia, y aún recuerdo cómo al inicio de esta relación transoceánica, con cierto nerviosismo abrí vuestras fotos en el ordenador y os vi sentados con vuestra típica imagen de universitarios estadounidenses, vuestras sonrisas, vuestras camisetas, los póster en la pared de la ciudad de León, y El Guernica de Picasso.

Por momentos me sentí como trasladado en el tiempo, sentado junto a vosotros, con mis libros, con mis apuntes, y seguro que haciendo las mismas bromas o fijándome en la chica o el chico de al lado como seguro que vosotros y vosotras hacéis cada vez que vais a clase. Para mí ha sido muy emocionante estos días en los que hemos hablado de costumbres, de tópicos, de ideas, de… en definitiva, conocernos un poco más a través de algo tan simple y universal como es la escritura, que no es otra cosa que hacer marcas y más marcas como si fuera un jeroglífico que luego hay que interpretar.

Y mientras hacía esas marcas mi mente volaba por ese espacio que es el infinito, donde todo es posible, y pensaba en lo lejos y a la vez en lo cerca que estáis porque al final, en lo más profundo del ser humano te das cuenta que los pensamientos, los sentimientos y las inquietudes son en todos los sitios muy parecidos, aunque en este país que se llama España no haya tantos toreros como creías ni se duerma la siesta, y en Estados Unidos tampoco toda la gente va armada o comiendo hamburguesas por la calle.

Como os digo, esto no es una despedida, sino la continuidad de una relación en el tiempo y no puedo menos que dar las gracias a la Dirección de Molloy College, y muy pero muy especialmente a vuestro profesor Enrique Martínez Bogo porque gracias a que eligió este blog para vuestros estudios nos ha unido en algo que es tan importante y maravilloso para todos los seres humanos: La amistad. Y con esa amistad, con ese cariño (y reconozco que un poco emocionado), tanto yo como quienes leen este blog os decimos, gracias, siempre gracias.

Dios, que buena gente ésta del campo

lunes, julio 19th, 2010

(Lo que pasa al cambiar de un dia para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

Ya lo dijo mi vecino Enrique Vázquez con tono paternalista por no darme dos bofetadas: «Anda Guisande, sae de ahí home, sae de ahí». «¿De dónde?», pregunté yo con esta a cara a medio camino entre la levitación existencial y la inoperancia práctica mientras trataba de ayudar en las tareas agrícolas quitando malas hierbas. «Pues de encima dos tomates», respondió resignado.

Y miré para abajo y os lo juro que yo no vi ni un tomate ni nada, pero por lo visto había allí, justo bajo la bota, una plantita del tamaño como de un chicle, que por lo que parece, como que desde hace más de 5.000 millones de años si las dejas tranquilas crecen y dan eso, tomates.

Así que levanté el pie, cogí la plantita esa con mucho cuidado, como si fuera un enfermo a punto de expirar, me puse en cuclillas y cuando estaba haciendo un agujerito para poner su raicilla y creciera cual palomilla… Enrique no dijo nada, pero su mirada fue suficiente y estoy seguro que estaba entre «qué inútil» y «que siga con el ordenador». Dios, cuánta sabiduría en una mirada, y qué noble soy que lo entiendo y lo comprendo todo.

Y así, con cara de lelo, embarrado y sin saber qué hacer, Enrique cogió la para entonces delicadísima plantita e hizo un agujero mientras yo le decía para romper el hielo antes de que me rompiera la cara: «Es que aquí yo todo lo veo verde». Y claro, fue decir esto y fue peor porque Enrique me volvió a mirar y…. ya lo sé, «al ordenador, al ordenador».

Pero es verdad, os juro que esto de la agricultura no es nada fácil, pero nada de nada porque el problema es cuando hay que quitar las malas hierbas ya que ¿cuál es exactamente la hierba, si todo es verde y casi todo se parece?. Sí hombre, ya se sabe que con las castañas, las manzanas y las peras no hay problemas, que están en el árbol, que hasta ahí llego; pero cuando crece una planta de zanahoria y cerca una de pimientos y la hierba…. ¿crees que es sencillo saber lo que es una y la otra y, sobre todo, la hierba que hay que arrancar?

Pues de fácil nada, que no es llegar allí y la planta tenga un letrerito que ponga «Pimiento gallego. El kilo a 2 €». Pues no, y precisamente con el pimiento alucinas, porque se parapetan entre las hojas como si fueran un comando de camuflaje. Y es que al principio no los ves, y no los ves y no los ves por mucho que mires, pero están.

Por eso hace unos días Maruja me dijo con un grito: «¡¡¡¡¡ Ay Jisande, cómo que non ves os pimentos, non os ves o estas cego!!!. ¡¡¡ Sae de ahí, sae de ahí oh !!!!». Y salí, ciego no pero sordo… por poco. Dios, solo pensar lo que han sufrido estas mujeres y hombres trabajando la tierra y que ahora tengan que aguantarme…. joé que buena, pero qué buena gente ésta del campo.

PD. Como que me dá que le echo yo un poco de morro a esto… Dios, qué noble era.