La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Entradas etiquetadas como ‘amor’

No entiendo a mis hijas, ¿pero qué dices?

Martes, enero 31st, 2012

O me estoy quedando sordo o ellas hablan muy deprisa… o a ver si va a ser que me estoy quedando lelo, que no me extrañaría, que casi 30 años de periodismo pueden afectar al cerebro, pero mucho, porque eso inglés no es, ¡¡¡ qué va a ser inglés lo que hablan si nunca dice «Hello»… !!! No sé, yo lo que sé es que a mis hijas no las entiendo, no las comprendo, y aunque se llaman Alejandra (15 años) y Victoria (11), para mí son «¿Qué?». Sí, «¿qué?» porque me paso todo el día diciendo «¿qué, qué , qué?» y como respuesta suelo recibir un «bo… » o un «uummmm… », que no significa nada pero que lo dice todo.

De verdad te juro que muchas veces, cuado hablan yo digo sí, pero digo sí ya por inercia, de forma inconsciente, espontánea, sin saber realmente porqué lo digo y, claro, después me llevo la sorpresa de… : «¡¡¡ Papá, dijiste que sí, dijiste que sí !!!» y yo interiormente me desespero porque no sé ni cuándo ni dónde dije sí, que por lo que me dicen respondo cada sí… tela, que es como si no tuviera juicio o que tienen un padre que es un pasao, un inconsciente, que de esto último algo hay.

Yo a estos niños de ahora no los entiendo y además piensan de tal forma que creen que lo sabemos todo, como si fuéramos Google pero con pies: «¿Te acuerdas de Lorena?», pregunta Victoria, así de repente, y yo digo «sí» medio acongojado, con la mirada extraviada, con el pulso acelerado, y como en internet pienso: «Voy a tener suerte»; pero claro, como son muy listos y se las saben todas, te cuestionan: «¿Y quién es?» y en esos instantes te entra un frío en el cuerpo… que si fuera el de la Guardia Civil ná, pero como es el mío…

Yo he descubierto, después de oír entre 700 y 854.000 veces «papá es que no me haces caso, es que no te enteras, es que… », que la respuesta a este tipo de preguntas te la puedes jugar al 50% diciendo: «Sí, esa niña que es rubia», porque es rubia o morena, no hay otra (bueno, está la pelirroja pero esa no cuenta); pero si quieres tener más posibilidades te lanzas a la «solución metro» diciendo, pero con confianza, eso siempre, con confianza, pase lo que pase: «¡Ah!, esa que es como tú de alta» y si es… alivio y si no…. siempre puedes negociar lo de la altura.

Yo a mis hijas, como tú a las tuyas, las quiero, las adoro; sin ellas no podría vivir pero con ellas… ¡¡¡ tampocoooo !!!, me ponen en cada aprieto… Yo he llegado a un punto que ya no me atrevo a preguntar nada, ni si esa serie de la tele es tal o cual, si esa canción es de este o aquél grupo o si… todo me parece tan igual, excepto el «bo… » o el «uuummmm..», que me dicen ellas, que no significa nada pero que lo dice todo, bo…

Si te cuento lo que descubrí…

Viernes, enero 20th, 2012

(Cosas que pasan cuando dejas la ciudad y te vas a vivir al campo)

A mí ya me parecía que cuando vine a vivir de La Coruña a esta aldea de Mortoares, el pueblo más cercano, Oza dos Ríos, tenía algo raro. No sabía bien qué, pero algo había. A mí ya me extrañaba que llamándose Oza dos Ríos por la carretera no viera ni un riachuelo: «serán subterráneos», pensé; joé qué inocente era.

El caso es que mi mente barruntaba que algo había que… como te diría, yo lo sentía, lo percibía, pero no sabía qué era, hasta que hace unos días, lo descubrí. Sí, sé que es duro lo que voy a decir, pero que muy duro, pero lo diré: ¡¡¡ Nos quieren matar, nos quieren matar !!!.

No tengo la menor duda. Oza tiene unos 2.500 habitantes, con una media de 60 años y aquí está el quid; en solo 500 metros, que es lo que mide este pueblo pegado a la carretera, ¿a que no sabes lo que hay? Ni te lo imaginas: ¡¡¡ Dos tanatorios !!!; sí ¡¡¡ dooooos !!!. Y además están estratégicamente situados: uno a la entrada y otro a la salida; o sea, que no hay escapatoria, la palmas al principio o al final, no hay otra.

Yo en estos años he visto a tanta gente de negro que a veces estaba por parar y preguntar si había sufrido un viaje astral y en vez de Galicia estaba en algún sitio de Senegal o de Kinshasa, pero me callaba por prudencia (y también porque era blanco), pero dudas tuve…

Yo a los dueños de ambos tanatorios los conozco, me miran y saludan; pero yo ya no sé si me miran y saludan como vecino o como futuro cliente; pero la mirada es tal, siempre fija a los ojos, que de verdad que te da ganas de llevar puesto un termómetro y tras decir «hola» sacarlo disimuladamente para ver si estás a 36º, a 366 o a -86. Oye, que yo he visto mirar a mucha gente, pero de esa forma, tan así, tan tan tan… jamás.

Es duro esto porque, además, de las dos funerarias, una es, digamos, normal, solo es funeraria, para muertos; pero la otra… la otra tiene un bar y un restaurante que dan de comer y beber que no veas y, claro, con la delicada salud que hay por estos lares a mí me da que cuando vas a comer, más que comer te ceban para si te pasa algo te rematen en la funeraria, que una cena son 50 euros y un entierro 3.500 y el negocio es el negocio.

Mira, hasta tal punto veo yo el complot que tienen montado, que lo que no entiendo es porqué la funeraria, ya puestos, además del bar no abre un hospital al lado para así (como el Rey León) completar el ciclo de la vida. Naces, vives/comes en el bar y te mueres en el tanatorio.

Yo es tal la tensión en la que que me hallo que todo lo que sea caja, me suena a féretro y cuando voy al supermercado y oigo que alguien dice: «¿¡¡¡ Dónde está la cajera !!!?»… te lo juro que a mí me sale del alma: «¡¡¡Yo, no; yo, no, que estoy vivo, que estoy vivo !!!».

De verdad que paso unos sinsabores, unos tormentos, unas pesadumbres… yo recuerdo que cuando me daba la mala, estas aflicciones las mitigaba con chucherías y especialmente con todo tipo de chocolate y chocolatinas; pero es que ahora es oír «¿quieres bombones?» y mi primera idea es «bombones, bombones, bombones.. caja de… ¡¡¡ noooooooo !!!». Esto no es vivir, te lo digo yo, esto no es vivir, qué va a ser vivir si lo que quieren es vernos morir.

LA ESCRITORA NIEVES ABARCA PRESENTA SU LIBRO «CRÍMENES EXQUISITOS»
La escritora y amiga del blog Nieves Abarca presentará el día 26, a las ocho de la tarde, en la librería Arenas (La Coruña) su libro Crímenes Exquisitos, un volumen en el que la intriga, el sexo y la pasión son aspectos fundamentales. El acto estará presentado por Pablo Portabales, periodista de Radio Voz.

El español adora la familia si…

Sábado, diciembre 17th, 2011

El español lo que más aprecia en la vida es heredar, después tener un despacho y luego la familia; sí, la familia, no solo su mujer y sus hijos, no, la familia enterita: esa banda que te toca en suerte ¿qué no?, ¿qué se critica mucho a la parentela?… bo.

Lo de heredar es para algunos una auténtica profesión. Un tío, español tiene que ser, claro, es capaz de estar veinte, treinta o 180 años al lado de quien sea con tal de que le dejen algo. Que el tipo es antipático… da lo mismo; que es aburrido y triste… da lo mismo; que incluso te trata mal o insulta… da lo mismo. El español, el auténtico español cumple su fin existencial cuando tras la defunción se abre el testamento y todo o casi todo queda para él. Que ya no lo puede disfrutar porque tiene reuma, artritis, colesterol, diabetes y un par de baipás… da lo mismo. ¿Qué ha hecho Eulogio Eduarte en su vida? Heredar. Feliz, fin cumplido.

Y lo del despacho, otro caso. Para un español tener un despacho es lo máximo porque para él un habitáculo de esos, aunque entres de canto, es sinónimo de poder, de superioridad, de autoridad, de mando, pese a que no sepa que así como el traje es el féretro del espíritu (que te encorseta y te hace sentir antinatural), el despacho es el féretro del cerebro: en cuanto entras, tal cual loncha de jamón vives al vacío y no te enteras de nada, pero de nada de nada. ¿Tenía mucha valía Don Eulogio Eduarte? , «¡¡¡¡ buenoooooo !!!!, con decirle que tenía despacho… ». Feliz, sin enterarse pero feliz. Fin cumplido

Y después de la herencia y el despacho, lo que más aprecia el español es la familia, y no es que la aprecie, la ama, la adora, la venera. Por ejemplo, tú tienes un familiar que es abogado, pues en cuestión de una generación la familia dice «yo creo que era secretario judicial»; cinco años más tarde… de creer nada, «era secretario judicial»; en la siguiente generación «yo creo que era juez» y unos años más tarde: «era juez, si lo sabré yo». ¿eso no es amor, eso no es defender a la familia, adorarla enaltecerla?

Pero eso en todo. Que tienes un pariente que era albañil; pues en una generación… «yo creo que era aparejador»; cinco años más tarde ya no hay dudas, «era aparejador»; y en la siguiente generación… con dos bemoles… «era arquitecto, si lo sabré yo». Y me vas a decir que todavía aún que esto no es amor… pues sí lo es pero… solo hay un pero, una premisa: que el «juez» o el «arquitecto» estén muertos porque si viven… «va, un picapleitos de tres al cuarto», «pero si era un pringaillo que carreta ladrillos… ». Raros somos, pero amoris-mortiscausa familiaris tenemos pero que de sobra.

Mi ilusión es… ¿y la tuya?

Jueves, noviembre 24th, 2011

Atiende hombre, ¿sabes en lo que estaba pensando?, pues que no hay como vivir de ilusiones, de fantasías, de utopías, porque como vivas la realidad… vamos, vives la realidad y te veo como los indignados. Y claro, indignado en Málaga… pues bien, tiempo soleado, 24 grados, manga corta, morenito… pero en Galicia… en Santiago de Compostela… en la plaza del Obradoiro… empapado en agua y tiritando… pues no.

Lo dicho, no hay como vivir de ilusiones. ¿Y cuál es tu ilusión? ¿qué te gustaría hacer?, ¿un viaje a Egipto, ir a Marte, volver de Marte?. Pues yo tengo una, solo una, y la verdad que es muy barata. Como he plantado una huerta de unos 100 metros cuadrados lo que me encantaría sería tener en medio de ella una silla de árbitro de tenis (ya sabes, de esas tan altas) y desde allí, desde esa altura, con una manguera regarla mientras en la bandejita de la silla pongo una cervecita, unos pinchos, mi tabaco, la cerillas y por mí que arda Europa.

Esa sería una ilusión, cumplir una meta, mi existencia; allí arriba, sin preocuparme de nada y viendo cómo crecen las coles, las fresas, los melones… Que veo un tomate que está que se va a pasar, manguerazo que te crió; un pimiento, igual; que un niño está sucio, embarrado de jugar en el campo… coge jabón chaval que te riego y quedas como nuevo.

Yo consigo una silla así (por cierto que si alguien tiene una que lo diga que voy a por ella) y soy el tipo más feliz del mundo mundial. Y hasta ya puestos, incluso distribuiría la huerta en cuadrantes, como el juego de los barcos, y haría una estrategia de ataque. Que A-4 está un poco seco… chorrillo de agua, que H-6 está demasiado empapado… hombre sé que no es muy normal, pero colillas encendidas que lanzo a la zona y a ver si se seca o, a lo mejor, con un poco de suerte, hasta me nace una pequeña plantación de tabaco.

Y así, con mi silla de árbitro podría pasar un mes, dos o tres, siete años… y además con una tranquilidad infinita, ya que si alguien me interrumpe, yo en mi papel diría: «Silencio por favor, saque al resto». Y tal cual, textual, «al resto», a los que molestan, los saco fuera, que si los saco… Sino hay como vivir de ilusiones, si lo sabré yo; vamos, con decirte que si quieres puedes llamarme Federer…

PREMIO PARA EL BLOGUERO JAVIER SANZ, Y UNA REVISTA EN TENERIFE

Javier Sanz, un crack, con su blog historiasdelahistoria, ha obtenido el primer premio en el certemen certamen convocado por Bitácoras.com, que está considerado como el más importante en legua hispana. La verdad que Javier no sé si se alegrará, supongo que sñí, pero ha obtenido ya tan importantes galardones…. una envida, pero una envida sana. ¡¡¡ Enhorabuena Gran Javier !!!. Por otra parte, El Centro Gallego de Santa Cruz de Tenerife ya ha puesto en la calle su número 4 de la Revista O Noso, que acerca a los gallegos a su tierra

Una situación increíble

Sábado, noviembre 5th, 2011

En la vida hay situaciones que cuando menos las esperas te pasan a ti; sí, a ti (pero despierta hombre, que ya son más de las diez) y la verdad que le das gracias a Dios porque, digamos, de alguna forma, has sido tú el elegido. Y eso de ser el elegido es mucho, que ya solo en China hay 1.300 millones de personas y que te toque a ti, justo a ti, en esta esquinita llamada Galicia, que como quien dice vivimos cuatro amigos… vamos, esto es milagroso, por eso aquí vive Santiago, el apóstol, supongo.

Y claro, cuando te pasa una cosa genial tienes dos opciones en la vida: patentarla o darla a conocer. Y como patentarla pues como que no, porque siempre hay algún listillo que hace una variantes de la idea y se apropia de ella y tú a verlas vir, pues mejor darla a conocer que, en confianza, entre nosotros, total… incluso con la patente no vas a llegar a final de mes…

¿Y qué fue lo que me pasó que hora te puede pasar a ti ?. Pues que me levanté de cama de una forma tan placentera, pero tan placentera, que hoy mismo lo vuelvo a hacer. ¡¡¡ Que no hombre, que no, que no es nada erótico !!!, que desde que han puesto cerca de tu casa ese sex shop estás pero que muy mal.

El asunto es que estaba durmiendo cuando de repente noté en la espalda, como una especie de caricias, como un hormigueo, un cosquilleo, una sensación tan maravillosa que incluso pensé que si muriera así no me importaría, pero como tenía que ir a trabajar… pues decidí no morirme, y no tenía muy claro si estaba soñando o despierto. Y así, tal cual estaba, en ese momento en que abres los ojos y no sabes si estás o no estás, pero crees que sí, pero que no, vuelvo a sentir esa sensación en la espalda.

Suavemente, con cierta preocupación, también es cierto, deslicé mi mano (sí, joé, la mía; ¡¡¡ que el sex shop no está en tú calle, plasta !!!) suavemente hacia la espalda, hacia el lugar donde se estaba produciendo es microterremoto cuasierótico y sensual. ¿Y qué creéis que encuentro?, ¿qué crees que era lo que me estaba produciendo esa delicia?, el móvil funcionando en tono vibrador. Sí, el mó-vil. Mi pequeño móvil Samsung, en plan geisha masajeándome.

Y te lo juro que fue verlo y lo primero que pensé fue levantarme de cama e ir directo a Moviestar, Movidescansar o Movidormir y preguntar si venden alguno tamaño de 1,80 x 1,50, tipo cama, porque hoy, hoy lo pruebo, vamos que si lo pruebo, y mañana te lo cuento; bueno, te lo cuento si me despierto, claro.

Si eres celosa… windsurf

Viernes, julio 15th, 2011

Si tú eres celoso o celosa, lo mejor que puedes hacer este verano es animar a tu novio o tu novia a que se dedique al windsurf; sí, al rollo ese de la tabla con vela, que es como la de planchar que tienes en casa pero en movimiento.

¿Y por qué al windsurf y no a las palas, por ejemplo?, pues porque desde que el mundo es mundo, en la náutica interplanetaria todavía no se ha dado el caso de que un tipo, allá a lo lejos, solo y sobre una tabla haya engañado o puesto los cuernos a alguien. Hombre, yo no sé si debajo de la tabla va una tía buceando con bombonas y cuando están, pues como a un kilómetro pasa lo que pasa, pero lo dudo.

Además que Galicia para esto es ideal porque en Málaga, por ejemplo, si una surfista cae y pide auxilio para levantar la vela, pues oye, te echas al mar, le ayudas y a lo mejor entre que mueves la vela por aquí y, que no se puede, que por allá, que te cojo que te ahogas, que si vienen los de la Cruz Roja del Mar que si… bueno, tú ya me entiendes, puede pasar algo; pero aquí en Galicia… vamos, aquí, que el agua está como la electrificada por Fenosa, que la tocas y es como un calambrazo, ya puede caer quien sea que tú no te echas al mar ni de broma.

Y además que pasa otra cosa, que si realmente no lo quieres o estás harto del tipo ese que llaman «tu novio», malo será que un día no haya un vendaval, coja una corriente marina y termine estrellándose contra unas rocas o se pierda por allá, por el Atlántico Norte; bueno norte, sur, este u oeste, que tú con tal de perderlo de vista ¿no?.

«Garabolis», mi primer cortometraje

Martes, junio 28th, 2011

Vamos a ver; todo esto de GARABOLIS empezó como empiezan todas las cosas, por casualidad, y la casualidad… pues la casualidad es eso, la casualidad, y si alguien supera la estupidez antes escrita… que lo intente, que dudo que haya un descerebro como el mío y si lo hay bienvenido sea que buscamos a alguien más y hacemos pandilla para los findes.

Total, que un día conocí al director y cineasta Alfredo Pardo y entonces surgió la idea de hacer un corto, que hasta etonces yo de cortos… los de cerveza.  Alfredo decía que podíamos hacer uno con tintes dramáticos, y como para dramas ya está el país y para tintes las lavanderías le convencí de que no, de que mejor algo distinto, gracioso, curioso, malo o malísimo, pero menos drama… lo que fuera.

Y así, dándole vueltas y vueltas a una idea surgió este cortometraje, Garabolis, en el que se trabajó más de 48 horas, haciendo tomas y más tomas, cortando al tráfico dos calles de Chantada (Lugo), con un frío que no sé ni como las imágenes no salieron escarchadas y parando el rodaje cada vez que alguien pasaba y decía casi a gritos: «¿¡¡¡ E qué e isto!!!?»; «un cortometraje», contestaba uno del equipo con voz cansina. «¿¡¡¡¡ E que é un cortometraje !!!?», «como una película», decía otro; «¿E cando se pode ver, e de que vai, e canto costa, eisto para qué es, y como se llama el niño y… ?», y más que estar grabando un corto aquello parecía una novela radiada.

 Y mientras unos pedían disculpas por interrumpir y se callaban, otros pedían perdón también por interrumpir pero no paraban de hablar; muy español el asunto, como ves. Eso sí, educados educadísimo pero de callar, nada que por momentos ganas te daba de que a alguno de los improvisados espectadores les diera un infarto y entonces si que callaran y con suerte hacíamos unas tomas por la cara de un desmayo y malo sería que no la pudiéramos encajar en la cinta.

Y como esto de los cuartos, del dinero, es una gaita. En un plis plas resolvimos lo más acuciante. ¿Problemas con el sonido… ?, ni uno, cine mudo. ¿Problemas con el vestuario… ?, nada, ropa de época, busca en el armario de tu abuelo que algo valdrá. ¿Actores… ?, los mínimos. ¿Infraestructura… ?, la milmilimilimiillonésima parte de un centímetro cuadrado del AVE. Y todos con gran ilusión, formando un equipo… pues como La Roja: «¡¡¡ A por ellos, oe; a por ellos oe !!!».

Y así, tras luego montar todo, nació Garabolis, mi primer guión cinematográfico en el que aprendí cientos de cosas curiosas, complicaciones que ni te imaginas, situaciones que pese a estar escritas, reescritas, pensadas y repensadas hay que resolver en el instante; que si falta eso y lo solucionamos con aquello otro, que este movimiento no es lo que buscamos, que la cara de pillo tiene que ser… que tienen que caminar por aquí, que el sombrero…  

Una experiencia muy pero que muy interesante y enriquecedora. ¿El resultado?. Pues depende; aunque pasó la primera fase de los Premios Mestre Mateo del Audiovisual Gallego, como yo siempre busco algo más y no suelo conformarme con nada, de nota le doy un 7, otros le han dado un 8 e incluso un 10 (mi madre y mi hermana) pero acepto que le des un 1. Un cero, ni de broma, que con el frío que papé… bueno; vas dado si me das un rosco, que lo que veas y si es posible que lo disfrutes.

LA FICHA Y EL EQUIPO

Dirección: Alfredo Pardo; Guión, Manuel Guisande; Fotografía, David Vázquez; Música, Miguel Costas; Cartel anunciador, Xaquín Marín; Intérpretes: Darío Loureiro, Mela Casal, Carlos Blanco, Leopoldo De Soto, Humy Donado, Julio Cela. Producción, Chantada Film; Empresa Productora, Chantada Film; Formato de rodaje, HD; Duración, 9’ 00’’

¿Ir de picos pardos?

Jueves, junio 9th, 2011

¿Cómo fue la primera vez que fuiste de picos pardos?, ¿ocurrió tras una decepción amorosa?, ¿en el año negro después de una separación?, ¿un día de fiesta?, ¿una casualidad?. Pues neniño, no sé que como decírtelo, porque la palabra violaciooo… pues como que no; pero a mí me forzaron, pero como soy un caballero, no lo denuncié. ¿Me iban a creer?, no, porque, además, ¿cómo se lo iban a creer si ni yo mismo me lo creía?. ¿Y en dónde sucedió esta inesperada y rocambolesca historia que no me marcó para nada, pero para nada?.

En La Coruña, en Vigo, fuera de Galicia, en Ponferrada; más lejos, en Madrid; un poco más, en Málaga… pues no, más todavía, en Casablanca, ya ves tú, a unos 2.000 kilómetros de mi casita, de mi camita. Y cómo comenzó todo, cómo sucedió para ir a un país y terminar…

Todo empezó en un restaurante

Pues estaba cenando con mi amigo Juanmi en un restaurante de la avenida Mohamed V cuando escuchamos una pequeña discusión entre un camarero y una chica que estaba sola en una mesa, a unos diez metros de la nuestra. Lo normal sería no hacer caso; pero claro, eso sería lo normal, y como eso de la normalidad no va por lo visto mucho conmigo, decidimos muy caballerosamente invitarla con una sola intención: que tras la cena nos enseñara Casablanca la nuit.

Bastó una sola señal para que sentara en nuestra mesa y tras hablar a qué se dedicaba le propusimos que no enseñara cómo era la noche en Casablanca. Entonces surgió la primera sorpresa porque entre que mi francés no es ni era perfecto y que la respuesta fue en plan «pero oigo lo que oigo…» dijo algo así como: «No puedo ir con vosotros porque la policía me sigue». Joé, pensé, pues si te sigue a ti, a nosotros no es que nos siga, sino que ya nos estarán esperando en comisaría desenfundando los látigos para dárnoslos a pares y para mí que la taza de té hasta tembló.

Un secuestro, un coche negro

Tras quedar meridianamente claro a qué se dedicaba Zaira, que así se llamaba, pensaba que la idílica situación de que nos enseñara la ciudad se había acabado, terminado, y que con «tú mismo y tu mecanismo» no nos quedaba más remedio que aventurarse yendo de calle en calle a ver qué pasaba.

En esto estaba ocupada mi mente, en analizar cómo íbamos a conocer la ciudad alauí, cuando Juanmi me miró y me espetó algo así: «Pues vete con ella, que es una aventura». Yo lo miré y antes de que me diera tiempo a decir nada, la joven me cogió de la mano, me llevó a la calle y como si fuera un secuestro, un tipo alto me abrió la puerta de un coche negro y si te digo la verdad, no sé si entré o me introdujeron.

«¿Pero adónde vamos?», pregunté. Y mientras ella sonreía yo empezaba a ponerme nervioso porque veía que nos alejábamos del centro de la ciudad, que cada vez se veían menos luces, menos farolas, y que íbamos por una carretera sinuosa, bastante más sinuosa que ella, te lo juro, como que te lo juro que desde entonces adoro las líneas rectas.

No es que la familia de Juanmi, mi amigo, sea muy muy numerosa, pero con esa idea que tuvo de la aventura empecé a acordarme de cada uno de sus integrantes hasta el siglo XVII, momento en que el coche se detuvo en una zona que me pareció que debería ser el puerto por el olor a mar y porque a lo lejos veía unos barcos con las luces encendidas. La chica salió del vehículo, a mí me abrieron la puerta (que si me la llegan a encerrar mejor, pero no, era para salir), y así lo hice y me encontré a dos jóvenes y supermusculosos negros en la puerta de una casa, haciendo, supongo, de guardias de seguridad.

Miedo en el puerto

Desde el exterior se veían unas escaleras empinadas, como unas veinte, que llegaban como hasta el cielo y que ella subió como una gacela mientras yo abajo le decía: «¡¡¡ No, no entro, baja, baja !!!». Y mientras los fornidos negratas me decían «non problem, non problem», yo pensaba «¿pero cómo que «non problem, non problem»?, esto es un «tremend problem». Y a la vez me decía: «Pero si aquí como quieran lo de menos es que me roben, sino que me hacen desaparecer y del Guisande nunca más se supo».

Entre los negratas con «non problem», yo muerto de miedo diciendo a Zaira que bajara, y ella diciendo que subiera… parecía que el tiempo no pasaba, pero pasó, y uno minutos más tarde la joven bajó; nuevamente un hombre me abrió la puerta del coche negro, continuamos por una carretera y poco a poco vi que de nuevo que había luces, farolas, y que nos acercábamos al centro de la ciudad, a la civilización, que a mí en aquellos momento como si fuera la azteca, pero ¡¡¡ por dios quería ver a alguien !!!. «¿Aventura, aventura?», me repetía mientras mis pulsaciones deberían estar entre 1.000 y 1.500 y con la familia de Juanmi iba ya por el siglo V antes de Cristo.

Una bailarina moviendo el vientre

Así que ya traumatizado le dije que no se preocupara, que le pagaba igual pero que yo me iba al hotel; no sé si a dormir, a tomarme una tila o robar en una farmacia una caja de ansiolíticos o a suicidarme, pero que de aventuras amorosas… nada, que había venido a conocer Marruecos y nada más. Y en esas estaba, convencido de que toda aquella pesadilla había acabado cuando la joven, que era guapísima, pero que a mí ya poco a poco me parecía menos, me dijo: «No, quiero estar contigo».

«¿¡¡¡¡¡ Conmigo !!!!!?. Ni hablar, al hotel», le indiqué al conductor. Entonces ella le habló en árabe. Claro, yo árabe no sé, pero es que de verdad que hay situaciones en las que no se necesitan idiomas para saber que aquello aún no había acabado. Y claro que no acabó, iba a acabar… a los poco metros el coche se detuvo, bajamos, me cogió de la mano, entramos en un local y de repente me encontré en una especie de inmenso salón en el que (como en las películas) una joven contorneaba su cuerpo y la gente le ponía billetes en sus escasas prendas mientras tomaban té, aplaudían y cantaban. Bueno, aplaudían y cantaban todos menos yo, claro, que no sabía bien ya qué hacer, si llorar o prepararme para ver qué pasaba cuando saliéramos del local.

Tras casi una hora viendo contorneos, salimos y, ni que fuera ministro, otra vez el maldito coche negro. Entonces dije nuevamente al conductor: «Ahora sí que vamos al hotel» Y pasados unos minutos y después de recorrer otra vez varias calles se paró; pero allí no estaba mi hotel.

Un tipo grasiento, una llave

Le pregunté adónde íbamos, y como si fuera un trapo, me cogió de la mano y me encontré ante un tipo trajeado, con gorra grasienta, dándole un dinero y él a mí una llave y…… pues… yyy y pasado el yyyy, al final llegué al hotel, al mío, al de verdad, al que había pagado, el que había contratado, el que amaba, el que sabía que…

Y allí estaba Juanmi, que nada más verme me preguntó por la aventura y cómo había tardado tanto. Le conté todo, pero todo todo porque tenía una angustia que si no se lo decía a él tenía que buscar un médico o un psicoanalista y… bueno, contarle todo lo que se dice todo… excepto que tiene un familiar total, pero totalmente imbécil en el siglo III antes de Cristo

Tengo una mala suerte, pero una mala suerte con los animales…

Martes, mayo 10th, 2011

(Lo que pasa cuando de la ciudad te vas a vivir al campo sin tener ni idea)

Cuando vives en el campo descubres muchas cosas, sobre todo de ti mismo, que es lo peor, claro. Yo por ejemplo he descubierto que tengo una mala suerte con los animales… pero una mala suerte que es mucho el asunto, y menos mal que en la aldea no leen estos artículos y especialmente este; que si lo hacen y con eso de las meigas me dicen que estoy embrujado y que no me hablan yo haría lo mismo… vamos, de hecho a veces ni me miro durante todo el día… y ni me hablo…

Un perro

El caso es que cuando nos asentamos en la aldea llevábamos con nosotros una perra que se llamaba Wolfie Nájera J.r. Pues al cabo de un año desapareció y dicen que la robaron junto con otros de la zona; pero como había tenido cachorros nos quedamos con uno: Houston. Bueno, pues Houston ni que tuviera fecha de caducidad porque a los cinco meses houstos ya notaba yo que no rondaba mucho la casa, como que le pasaba algo. No lo entendía porque el anuncio decía: «Tú no lo harías», pero esto más bien parecía que era al revés, que el que conducía un Ferrari era el can y que era a mí al que arrojaba por la ventanilla y me dejaba por ahí colgado en una curva y ahí te las den todas.

Entonces descubrí que Manolo, mi vecino, que tiene más tiempo que un reloj, le daba de comer jamón casero; y claro, taquito de jamón a taquito de jamón… pues yo lo comprendo, qué quieres que te diga, yo sin ser perro reconocido pues también haría lo mismo, me cambiaría de casa, para qué nos vamos a engañar… ¿tú sabes como está el jamón de aldea?, joé si te cuento…


El gato

Ya sin animales, la familia optó entonces por un gato y duró tan poco que si te digo la verdad ni recuerdo cómo se llamaba, Espaski o Paski, algo así. El caso es que el felino, a la semana de estar en casa se metió debajo del coche, yo di marcha atrás y por la parte delantera vi una bola de pelo grisáceo que como una pelota dio tres votes y allí quedó; ni uno más ni uno menos, tres, pero cuando digo tres son tres, que se me quedaron clavados los ojos viendo las espectaculares volteretas de casi un metro de altura que dio, que no daba crédito a lo que estaba viendo.

Estaba convencido que a partir de entonces ya no habría ningún animal en casa porque si te soy sincero llegué a punto en el que cuando me decían que viera un lindo gatito o un cariñoso perrito yo lo que veía era un lindo y cariñoso cadáver. Mira que me decían: «¡¡¡ Fíjate papá, qué alegre !!!; ¡¡¡ mira cómo salta !!!, ¡¡¡ mira, mira, lo llamo y viene… !!! », pues ná, yo era ver un animal y lo que veía era una mortaja, imposible ver otra cosa.

«Rasss, rassss, rasssss, rassssss»

Pues no sé si unas semanas o unos meses después del atropello del gatuno, un día estando en casa oigo: «Rasssssss, rassssss, rasssssss», como si alguien estuviera arañando algo metálico. Me levanté y nada, silencio. Y al poco rato… otra vez: «Rassssss, rassssss, rassssss». Ya de pie nuevamente (ya sabes que esto de ser el cabeza de familia es inherente al cargo de tener que ir a ver qué pasa aunque estés más muerto de miedo que los demás. Por cierto ¿si te drogas en estos casos te envalentonas más?).

Bueno, a lo que iba, me quedé de pie en silencio, en medio del salón y oigo otra vez: «Rassss, rasssss, rassssss». Y entonces lo localizo. En la tubería de la chimenea que va de abajo arriba por dentro de la casa, unos 6 metros, se había metido un pájaro, se había quedado atrapado en el medio y no podía salir y con las alas y las patas golpeaba las paredes del tubo metálico.

Mi primer pensamiento fue, digamos dual: todo o nada; es decir, enciendo la chimenea y que se atufe con el humo y a otra cosa mariposa o trato de salvarlo. La verdad que el pensamiento duró , pero lo tuve, porque la sioux dijo inmediatamente que había que rescatarlo, ya sabes la movida esa americana del condenado perro que siempre lo salva alguien, los bomberos, la policía… pero claro esto es España, o lo salvamos nosotros o… vete tú a esperar a la policía o a los bomberos para sacar un perro… ¡¡¡ anda ya !!!.

Así que moviendo la tubería pensé que a lo mejor lo hacía descender hasta la estufa de hierro del piso inferior y ahí liberarlo. Nada, dale que te dale a la estructura metálica y que no, que lo hacía bajar como mucho un metro mientras seguía haciendo «Rassss, rasssss, rasssss» con patas y alas.

Claro, yo pensé, aunque no se lo dije a nadie, que si el pájaro supiera hablar sería más fácil pues le explicaría mis intenciones, pero éste no sabía, así que llamé a los vecinos, a los lugareños, pues suponía que a estas situaciones estaban acostumbrados. Y joé que si estaban acostumbrados. Y vamos fue comentarles lo que pasaba y todos lo tuvieron clarísimo, ni dualidad ni chorradas; la respuesta fue unánime, como si lo dijeran a coro: «Haberá que deixalo ahí, tendrá que morrer».

Durante dos días, por mucho que intentaba sacarlo… nada, y lo peor era comprobar como poco a poco del «rasssssss, raassssss, rasssssss, rasssssss», se pasó a un lánguido y angustioso «ras, raas, raaas» y la sioux y yo nos mirábamos de noche torciendo el cuello echándole el ojo al tubo… que te lo juro que nos sentíamos como asesinos.

Así estuvimos dos interminables noches, la sioux y yo, a punto de terminar con estrabismo, mirando el condenado tubo y hubo momentos en los que estuve por tomarme una copa de valium 123 para olvidar la tragedia que vivía, notando como se agotaba la existencia del pajaruelo con su ya casi imperceptible «raas, ras, ras, ra, r.. ». Y de verdad que después de todo esto no quiero más bichería en casa, no quiero saber nada ni de gatos ni de personas ni de nada; aunque la verdad, si te soy sincero, realmente sincero, importar no me importa mucho; que traigan lo que quieran, total, para lo que va a durar…

LUIS M. PARRA GANA UN PREMIO FOTOGRÁFICO

El colega del blog, el fotógrafo Luis M. Parra ha obtenido el primer premio del IV Concurso Fotográfico Joseba Plazaola, organizado entre la Asociación Española de Arboricultura, con la instantánea «lo que el viento se llevo». Por otra parte, otro amigo del blog Juan Carlos Regueira Ponte es desde hace unos días el dueño del bar O Cruce, en Oza de los Ríos, por lo que es seguro que tendrá el local lleno de gente por lo simpático que es. Además, me ha prometido tener una libreta y un bolígrafo siempre a mi disposición para anotar ideas para artículos. A ver…

«Papá, ¿puede quedarse a dormir?»

Viernes, mayo 6th, 2011

(situaciones inherente al cargo de cabeza de familia)

Te lo juro que llegué a pensar que había niños abandonados, que mi casa era una ONG o un centro misionero, yo el Padre Guisande (con sobrina, claro) y que me ocultaban una cruda realidad porque saben de sobra que si ando triste no estoy para escribir cosas de humor. Y todo esto lo cavilaba porque una semana sí y otra también mis hijos me dicen: «¿Pueden Juan y Luisa quedarse a dormir?».

Y era decirles que sí, y oye; o yo soy muy despistado o estos tíos muy listos, porque para mí que no pasaban ni cinco minutos y ya habían tomado la casa con sus bolsas de deportes, repartido las literas y organizado el día… no, si yo sé que el mundo va muy deprisa pero tanto…

Yo no digo nada; pero me he visto hablando por teléfono con más padres y madres… que al final es que me lío y llamo a uno y me dice que no, que su hija no está en mi casa, que está en la suya, que esa Luisa de la que le hablo es otra Luisa, también compañera de clase de mi hija, y a este paso me da que mis hijos se van a quedar sin amigos y que nunca más volverán de finde porque… ¿te imaginas que alguien te llama para decirte que si puedes dejar a tu hijo en su casa y contestarle que tu hijo no está en su casa, que está contigo tranquilamente viendo la tele, y que por cierto el Dépor gana 1-0?, ¿qué clase de persona, de padre, de ser humano, de cabeza (si la tiene) de familia es la que no sabe ni a quién tiene en casa?, ¿dejarías a tu hijo pasar una noche con esa gente a la que, además, solo conoces por teléfono?.

Yo en principio no; pero claro, si le explico al padre que esto más que una casa los fines de semana parece el metro, que entra y sale uno y luego otro… y que ya no sabes bien quien es el que viene de visita o el que se queda a dormir… porque claro, no vas a llevar un registro y que cuando llegue uno le digas: «Bienvenido joven, ¿se llama usted?. ¿de visita o a dormir, acompañado o solo, cama individual o doble?. ¡¡ Ah, bien !! tome, habitación 3, al fondo a la derecha. Por cierto, no se olvide, que el desayuno lo servimos a las 10».

Distintos
Es que además, los niños de ahora son distintos. Tú antes preguntabas a tu padre o a tu madre si te dejaban ir dormir a la casa de un amigo porque éste previamente se lo había dicho a su padre y éste te llamaba y lo normal era que lo dejaras. Ahora te dicen que si Juanito si se puede quedar a dormir pero el angelito no se lo ha dicho a sus padres, con lo cual te ves llamando a familias y más familias como si tu tuvieras un interés bárbaro en que el chaval se quedara.

Y entonces, cuando no te confundes de crío, pues le dices al padre lo clásico: que lo deje, que es bueno que los niños se conozcan, que se interrelacionen, que además en el campo están aire libre, que hace buen tiempo, que no hay ningún peligro, que son muy amigos… Vamos, acabas de conocer a un chicuelo que se llama Juanito y solo te falta decirle al padre que le tienes un cariño loco y que es el hijo que siempre añoraste tener. Le pones una ternura al asunto sin comerlo ni beberlo… cuando la realidad es que hay días que te sobran todos…

Si a mí, la verdad, en el fondo, que se queden a dormir no me importa; lo que no entiendo es que se queden a dormir y no duerman y en cuanto te despistas te encuentres a uno con un pie en la boca de otro o con la mano como si se la quisiera meter en la oreja o arrancarle los ojos e incluso alguno tirado en un sofá con la cabeza colgando. Y te ves acarreando niños de aquí para allá que aquello, porque nos conocen, te lo juro que nos conocen, pero que visto desde fuera… vamos, yo observo desde fuera a un tío portando niños al hombro de aquí para allá como si fueran fardos y entro a saco con fuego cruzado y con la sioux lanzando flechas y con el cuchillo entre los dientes a cortar cabelleras, vamos que si entro… que no me conozco yo si le hacen algo a un niño… incluso a mí…