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En la adea se viaja, pero vaya viajes

miércoles, febrero 8th, 2012

(Cosas que suceden cuando te vas a vivir al campo)

En la aldea pasan cosas inconcebibles y si las concibes… no le des vuelta tú no eres normal, puedes ser parecido, similar o asimilado a la realidad pero normal… no, ¡¡¡ qué vas a ser normal … !!! mira neniño, no mares y tómate el café.

Hace unos días en la aldea entré en la casa de Maruja; ya sabes, esa buena vecina que cuando habla la oyen en el sureste de Kazajistan; pues bueno, entré y de repente oigo: «¡¡¡ El veñe hoxe de Canarias, veñe hoxe !!!, ¡¡¡ que su padre hace un año viño de Alemania, de Alemaniaaa !!!», repitió Maruja, que hasta me hizo pensar que los alemanes no es que se levanten pronto porque sean trabajadores, sino porque los despierta Maruja, pero bueno esto son cosas que se me ocurren que no las tengo muy claras. Investigaré.

Yo la verdad, he de reconocerlo, no entendía nada de lo que decía Maruja y menos por la mañana, que estoy sopas total hasta las 12, así que seguí callado tratando de averiguar de qué hablaba porque la realidad es que a la aldea, en los últimos 10 años, el único que recuerde que vino fue un conductor que se perdió, y cuando salimos casi todos a indicarle por dónde regresar, el automovilista no nos hizo ni caso y salió escopetado.

Mis vecinos dijeron que era un maleducado; yo la verdad callé, pero tal como salimos todos, a gritos y algunos con aperos de labranza con hachas en la mano, palas, picos y otras arma, no me extraña que se fuera, que estoy seguro que más que pensar que le estábamos señalando por donde tenía que ir, seguro que creyó que los íbamos a linchar; pero bueno, esto es otra historia.

El caso es que Maruja, con un paño en la cabeza y sobre el paño un gorro, que parecía un tuareg, seguía contando: «Quen veñe es Raúl, que non, que non é Jonzalo, que é Raúl, que é o mais novo, o mais noviño, que antes estuvo en Suiza, ¡¡¡¡ en Suizaaaaa !!!!!», gritaba Maruja, que creo que los suizos se despiertan también a la misma hora que los alemanes.

Por momentos, más que la aldea aquello me parecía más un aeropuerto, pero sin maletas, hablando de Argentina, de Suiza, de Alemania… como si fueran vuelos: unos que iban, tros que venían… pero como no veía balizas ni Torre de Control y olía a vaca como que estaba seguro que seguía en la aldea, que si estaba…

De repente, Maruja me habló al oído y fue tal el toinnnnngggggg que sentí que no me fui a Urgencias de milagro, y aún estaba yo con un infinito sonido interior en el oído cuando pregunté entre contento y extrañado: ,«¿Pero quién es el que viene?, ¿quién viene de Canarias?. Y Maruja contestó: «Ti non o coñoces, ven Raúl, ven Raúl». «¿Qué Raúl?», volví a preguntar intrigado. Y entonces Maruja lo dejó meridianamente claro: «Veñe Raúl; bueno Raúl no, suas cenizas, as ceniza, que morreo hoxe». Joé con la aldea, viajar se viaja pero por lo visto, todo de una tacada y así… como que no mola.

PD.- Utilizo un gallego bastante castellanizado para que pueda ser entendido el artículo.

ALGUNA CONFERENCIA, CONTRATADA

Bueno; desde que hace unas semanas La Xunta de Galicia me ha incorporado a un programa de conferencias, ya he concertado dos (250 euros, tampoco es tanto) en otros tantos colegios a los que hablaré de guiones de Radio, Televisión y Teatro, (también prácticas, para que no sean aburridas) además de un coloquio en el que podrán preguntar sobre blogs, cuentos, chistes, Maedios de Comunicación… en fin, que espero que los alumnos se lo pasen bien

¿Si te sientes inútil?, ven a mi aldea

domingo, noviembre 13th, 2011

Yo te lo juro que para curarse de complejos no hay como mi aldea, y no porque allí estemos taladrados, que no lo estamos, que lo que estamos es aturdidos, que es distinto, sino porque allí entre mis 11 vecinos… aquello es otra cosa. ¿Te sientes como que no vales para nada, que eres un no eres, un desecho de la vida, como te diría yo… un gusanillo, una miñoca…?, ¡¡¡ pues nada hombre !!!, ven a mi aldea, que sales como nuevo, te lo digo yo.

Por ejemplo, tú tienes unas gafas Ray Ban o, vamos a ponerlo más fácil, unos calzoncillos con florecitas; pues tú en mi aldea eres pionero; sí, pionero, que es decir que eres el primero que ha llegado con ellos, que parece una tontería, pero no. Porque tú ya puedes presumir de haber enseñado a mis vecinos, al Ser Humano, con lo trascendente que es eso, lo que son unas Ray Ban o cuando los cuelgas del tendal los calzoncillos con florecillas y eso te enorgullece, te hace sentir alguien importante y es como una terapia de choque para quien se siente mal.

Yo cuando instalé Internet y me di cuenta que era eso, el primero, el único en el mundo que había puesto tan avanzada tecnología en mi aldea, ese día fue especial, muy especial. Miraba al infinito como buscando un algo, observaba las casas de mis vecinos, las puertas, las manillas, las flores, la hojarasca… pensaba en la existencia del ser humano, en lo divino, en el más allá y en el más acá y me decía en un silencio total:: «Dios, gracias Señor, gracias, soy el primero, soy pionero» y fue tal la felicidad que incluso creo que no oí a Maruja cuando al verme me dijo: «¡¡¡¡¡¡ Jisandeeeeee !!!!!», aun que sí cuando añadió «¡¡¡¡¡ queres facer casooooo oh»; pero no importaba, estaba tan ensimismado….

Pero a lo que iba, porque ser pionero es de alguna manera ser protagonista, pasar a formar parte de la Historia, aunque sea de una aldea, pero de la Historia, y cuando pasen los años y más años y alguien un día diga, por ejemplo: «¿Recordáis quién fue le primero que trajo un bolígrafo Bic de cuatro colores?», yo sé que todos dirán a una y con un grito no exento de emoción y éxtasis: «¡¡¡ Guisande !!!», y eso… eso emociona.

Y a ti te puede pasar lo mismo. Que te apellidas Fernández… pues nada, cuando pasen los años y alguien pregunte: ¿Quién trajo por primera vez a la aldea unas katiuskas con elefantitos rojos?, todos dirán: «¡¡¡ Fernández !!!, ¡¡¡ Fernández !!!». Y esto lo mismo vale para un Fandiño que para un Álvarez, para un Guitérrez que para un Loureiro o un García.

De verdad, si compromiso, si te encuentras mal, no lo dudes, ven a mi aldea y seguro que eres pionero, que te encontrarás mejor, seguro que… «¡¡¡¡¡ Jisandeeeeeeeeeeeeee, pero cómo se che ocurre pitar as patacas oh !!!!!!!». ¡¡¡ Señor, qué éxtasis !!!, otra vez pionero y sin darme cuenta, sino es por Maruja…

Un viaje de la aldea a la ciudad, creo

miércoles, febrero 2nd, 2011

(Cosas que pasan en la aldea tras dejar la ciudad)

El viaje fue desde la aldea a la ciudad; eso, de la aldea a la ciudad. Repito, de la aldea a la ciudad. ¿A ver? Sí, está bien escrito, «de la al-de-a a la ci-u-dad» y lo repito porque tardé en asimilarlo como semana, semana y media y hasta de vez en cuando pienso: «¿Realmente hice ese viaje?. Y si lo hice, ¿de verdad fue de la aldea a la ciudad?. ¿fue… fue en coche?, ¿existió?, ¿habré encontrado vida en otro planeta?, ¿soy normal, me llamo Guisande?».

El asunto fue que a Dionisio, uno de los once magníficos que viven en la aldea, lo operaron, y con su mujer se fue a la casa de una hija para recuperarse. Entonces entre todos nos repartimos las tareas de su huerta. Por ejemplo, Maruja es la encargada de darle de comer a las gallinas; Manolo se ha hecho amigo del perro, que para el caso que le hace… ; la sioux, mi mujer, del tema de las nabizas, grelos… de todo lo que es verde, vamos; y yo, del limonero, que parece que no pero es muy serio el asunto, que si llega Dionisio y encuentra el limonero como que no, que no están tan amarillos los limones… oye que un limón es un limón y una responsabilidad una responsabilidad.

Total, con la labor bien realizada decidimos ir a visitarlo, 30 minutos de viaje según la Guía Michelín y según los 100.000 conductores que cada día hacen siempre ese trayecto. Así que, la sioux, yo y Maruja subimos al coche y… bueno. no; primero, para darle una alegría a Dionisio lo que subimos al coche fueron dos docenas de huevos de sus gallinas, no sé cuantos kilos de sus patatas que me parecieron toneladas, y unos manojos de grelos que junto con los limones ni que hubiéramos metido en el maletero un trozo de El Caribe, como te lo cuento que aquello más que un viaje parecía que estábamos en la postguerra haciendo extraperlo o creando un conflicto internacional, por lo de El Caribe, claro.

Y a los cinco minutos de viaje, entre el gallego/castellano de Maruja, y el inglés/francés/castellano y alguna palabra en gallego de la sioux (que yo hasta creo que ella piensa que es inglés) escuché: «Pues hoy comimos lenguaje».

Uno ya está acostumbrado a todo, que como comenté en otros artículos la sioux dice «ternura» en vez de «ternera», pan de «broma» en vez de «brona» (un tipo de pan gallego); pero lo del «lenguaje», te lo juro que yo nunca lo había comido, masticarlo para escribir sí, pero comerlo.. hasta que en esa mezcla de idiomas, sin necesidad de traductor oficial, descubrimos que el «lenguaje» era «lenguado». Con lo que averigüé también varias cosas; que mi mujer con tanto idioma que sabe lo tiene chungo para decir todo correctamente en español y que el pescadero es un listillo de carallo porque de lenguado… , es más me parece que lo que tiene el pesca ese es una lengua y que vende lo que sea el tío.

Y así íbamos de viaje cuando Maruja contó que vio un reportaje de un niño que fue abandonado entre los lobos cuando tenía 9 años; que al principio el niño les daba comida para que no lo atacaran y que al final los lobos lo adoptaron y cazaban para él y que, según Maruja, «a los lobos se les veía tan felices… ». ¡¡¡¡ Pero cómo!!!, ¿¡¡¡ felices los lobos!!!!?, ¿pero tú has visto a alguna vez un lobo reír?, ¿no sería que el que estaba feliz era el niño que no se lo tragaron de un bocado ya el primer día?. Pues no, según Maruja, los que estaban felices eran los lobos, pero todos, vamos una fiesta diaria para la manada. Osea, que según Maruja, la loba decía a sus hijos casi cantando: «¡¡¡ Venir, venir, que viene el niño, que viene el niño !!!», más o menos ¿no?.

Ya de vuelta hablamos de nuestra aldea y de esa conversación tan alegre, tan española y tan hermosa, como es recordar a todos los que la patearon, cómo la patearon dónde y cómo. Y cuando se cambió de tema, casi fue mejor que no se hubiera cambiado y que siguiéramos en plan mortuorio porque la sioux habló de la Navidad y que a Christopher Cameron, su hijo de 12 años, francoamericano y que habla gallego, en una fiesta de Navidad «con el rifle le tocó una cámara de fotos».

A mí eso del rifle, viniendo de un estadounidense, si te soy sincero no me extrañaba mucho, más bien nada, pero en Navidad, una fiesta, un rifle… no me encajaba y a Maruja le desencajaba. Pero como no hay mal que cien años dure, entre todos lo comprendimos: A Christopher Cameron no le tocó con el rifle la cámara de fotos, sino que fue con una «rifa». No te lo pierdas, más de diez minutos para dar con lo de la rifa. Y te lo juro, que fue llegar a esa conclusión, aparcar en casa y si me dices ahora si de verdad hice ese viaje, pues claro claro, lo que se dice claro, aún no lo tengo.

¡¡¡ Tenemos que vender una yegua !!!

miércoles, enero 26th, 2011

(Cosas que pasan cuando vives en una aldea tras abandonar la ciudad y no tiene ni idea)

Os lo juro que sigo sin entender esas macroproducciones de Holywood en las que se gastan un dineral en exteriores. Yo porque no soy director de cine, que lo único que hice fue un cortometraje que se llama Garabolis que sino… para películas, para películas películas mi aldea, que más que un lugar parece un plató: 11 habitantes que son once artistas; y como escenario cinco casas, pero todo mezclado y revuelto… cada día un guionazo, pero un guionazo que no veas. Aquí sales… y escuchas una trama alucinante; no sales… y la escuchas igual porque aquí se habla a gritos y cuando digo a gritos es agritos, no en voz alta… no, vamos que aquí problemas habrá otros pero de sonido…. ni uno. Aquí, quieras o no, sino te haces director de cine, algo relacionado con el séptimo arte, o con el arte en general, se te pega.

Y se te pega de muchas formas, como hace unos días, cuando salí de casa y me dirigí a la de Maruja, la dueña de la Rubia, la yegua que estuvo enferma y que ahora quieren/queremos (porque esto parece una comuna que todo se hace en grupo) venderla, a ver si encontramos entre todos a un incauto, pica y se lleva a la cuadrúpeda.

Timar timar no es, pero que nos estamos acercando a que nos lleven al cuartelillo… eso ya es otra cosa. Mientras tanto, para buscar al ingenuo, para tantear el terreno, de vez en cuando al ir a un bar sueltas como quien no quiere la cosa. «Pues Maruja vende una yegua… ». Y entonces te caen palos por todos los lados. «Sí, home, unha yejua; si ahora utilízanse tractores…»; «pero tí que eres periodista qué carallo sabrás de yejuas… », «¡¡¡ para facer riejos hay que baixar o lombo y darlle co sacho, rapaz. Nin yejuas nin ost… !!!», «Anda dalle a ordenador en cala ¡¡ho !!», apostilla otro, a la vez que te das cuenta que como tratante de ganado… como no te comas lo que vendes…

Tal que el pardillo no aparece, la Rubia sale poco del establo y me temo que un día se va a morir y esto va a ser más que un disgusto porque parece que vivimos contrarreloj para colocar al trotón. Y es que claro, la Rubia no es como un coche, que tiene un kilometraje, que lo puedes ver y según la chapa, el ruido del motor… la Rubia, la verdad que lleva un tute que no veas; pero cada vez que preguntas a Maruja tiene menos años. No me digas cómo pero cada mes que pasa, la bestia esta rejuvenece y yo le digo a Maruja que no exagere, que no baje más la edad que a este paso por potrillo no cuela ni de coña.

Y así llevamos cuatro meses, buscando un comprador, y yo, en el periódico, entre la agencia Efe, Reuters, Colpisa, Europa Press, DPA y France Press y la Rubia, llevo una temporada de tensión porque claro, esto es como todo (bueno, miento, como todo no, estoy hay que vivirlo para creerlo); se oyen rumores de que alguien puede estar interesado en la Rubia, que a lo mejor la llevamos a Curtis o a Betanzos a la feria para venderla, que si es mejor que vengan a verla, que es posible que se restablezca totalmente de esa neumonía y trabaje un año más…

Y claro, quieras o no vives, en una incertidumbre, en una inquietud porque es salir de casa y ni que la Rubia fuera un familiar directo, ya que es ver a Maruja y te sale sin pensar: ¿Cómo está la Rubia?. Y según lo dices piensas: «Joé Guisande, que preguntas más por la Rubia que por tu madre». Y es que además la Rubia, la Rubia está como siempre, rubia, pero es que yo, al menos yo con este tema estoy negro. Oye, ¿tú no querrás una yegua verdad?.

Dios, que buena gente ésta del campo

lunes, julio 19th, 2010

(Lo que pasa al cambiar de un dia para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

Ya lo dijo mi vecino Enrique Vázquez con tono paternalista por no darme dos bofetadas: «Anda Guisande, sae de ahí home, sae de ahí». «¿De dónde?», pregunté yo con esta a cara a medio camino entre la levitación existencial y la inoperancia práctica mientras trataba de ayudar en las tareas agrícolas quitando malas hierbas. «Pues de encima dos tomates», respondió resignado.

Y miré para abajo y os lo juro que yo no vi ni un tomate ni nada, pero por lo visto había allí, justo bajo la bota, una plantita del tamaño como de un chicle, que por lo que parece, como que desde hace más de 5.000 millones de años si las dejas tranquilas crecen y dan eso, tomates.

Así que levanté el pie, cogí la plantita esa con mucho cuidado, como si fuera un enfermo a punto de expirar, me puse en cuclillas y cuando estaba haciendo un agujerito para poner su raicilla y creciera cual palomilla… Enrique no dijo nada, pero su mirada fue suficiente y estoy seguro que estaba entre «qué inútil» y «que siga con el ordenador». Dios, cuánta sabiduría en una mirada, y qué noble soy que lo entiendo y lo comprendo todo.

Y así, con cara de lelo, embarrado y sin saber qué hacer, Enrique cogió la para entonces delicadísima plantita e hizo un agujero mientras yo le decía para romper el hielo antes de que me rompiera la cara: «Es que aquí yo todo lo veo verde». Y claro, fue decir esto y fue peor porque Enrique me volvió a mirar y…. ya lo sé, «al ordenador, al ordenador».

Pero es verdad, os juro que esto de la agricultura no es nada fácil, pero nada de nada porque el problema es cuando hay que quitar las malas hierbas ya que ¿cuál es exactamente la hierba, si todo es verde y casi todo se parece?. Sí hombre, ya se sabe que con las castañas, las manzanas y las peras no hay problemas, que están en el árbol, que hasta ahí llego; pero cuando crece una planta de zanahoria y cerca una de pimientos y la hierba…. ¿crees que es sencillo saber lo que es una y la otra y, sobre todo, la hierba que hay que arrancar?

Pues de fácil nada, que no es llegar allí y la planta tenga un letrerito que ponga «Pimiento gallego. El kilo a 2 €». Pues no, y precisamente con el pimiento alucinas, porque se parapetan entre las hojas como si fueran un comando de camuflaje. Y es que al principio no los ves, y no los ves y no los ves por mucho que mires, pero están.

Por eso hace unos días Maruja me dijo con un grito: «¡¡¡¡¡ Ay Jisande, cómo que non ves os pimentos, non os ves o estas cego!!!. ¡¡¡ Sae de ahí, sae de ahí oh !!!!». Y salí, ciego no pero sordo… por poco. Dios, solo pensar lo que han sufrido estas mujeres y hombres trabajando la tierra y que ahora tengan que aguantarme…. joé que buena, pero qué buena gente ésta del campo.

PD. Como que me dá que le echo yo un poco de morro a esto… Dios, qué noble era.

La rubia tiene neumonía

jueves, julio 15th, 2010

(Cosas que pasan al cambiar de una ciudad a una aldea, de vivir repleto de ordenadores e Internet, a otras… muy distintas)

La rubia tiene neumonía. La rubia no es mi mujer, que también es rubia y que como enfermedad me tiene mí, sino una yegua a la que si le pasa algo… Es que la rubia es la que hace abono para casi todos los 11 que vivimos en la aldea y a la que, cuando falla el tractor, se le engancha el arado para hacer los riejos y nos ponemos encima (como haciendo surf) para luego plantar todo tipo de cosas: pimientos, patatas, tomates, cebollas…

Gran preocupación esta de la rubia. Y es que en la aldea el tema de las hipotecas basura, la Bolsa, el Ibex 35 o 125 o la fusión de las cajas como que no preocupa mucho, pero que la rubia tenga neumonía… tío, eso son palabras mayores porque si falla el tractor y falla la rubia ¿tú sabes lo que es hacer un riejo a mano, con el sacho, cavando la tierra y encorvando la espalda?, tela, tela.

Hombre, no lo voy a negar, también nos tiene un poco inquietos que si este verano es seco pues entonces el manantial se puede quedar sin agua y habrá que hablar con el alcalde para decirle que conecte el lavadero público con el manantial para poder abastecernos; pero lo más antiguos del lugar, por ahora ven con optimismo la situación. Hablamos mucho de ello, sentados en un banco en el zaguan de cualquier casa, pero yo no los veo intranquilos en exceso, aunque por si las moscas yo ya he hecho un escrito al Ayuntamiento por si hay que enviarlo. Y lo envío, aunque ellos siempre dicen que hay que esperar pero mira por donde con ellos he descubierto que soy un echao palante.

También nos tiene preocupados el tema de las hortalizas. Maruja, por ejemplo, dice que no le salen las zanahorias que plantó; pero Maruja sabe que puede coger de las nuestras, que están creciendo que no veas, lo mismo que Virtudes, que hace unos días nos dio unos limones porque no sé quien fue a pescar y nos trajo unas truchas.

También Manolo anda un poco extrañado porque dice que los huevos de las gallinas este año como que no los ve grandes ni tan amarillos, pero estos son pequeños problemas sin importancia. Lo de la rubia es punto y aparte. Por eso, en cuanto notaron que la rubia tosía de una forma distinta a la habitual, continua, convulsiva, y que sudaba, una delegación (dos personas) llegó a mi casa preocupada por la situación para consultarme.

Claro, yo de yeguas sé lo justo, pues como tú, que es la hembra del caballo, que tiene cuatro patas, que si te acercas por detrás te puede dar una coz y para de contar sobre el cuadrúpedo animal pero…. uno tiene sus contactos y este asunto es bastante más importante que si me falla el ordenador, la cobertura del móvil, Internet, si se va la luz, si no puedo entrar en una página web, si se queda colgado facebook, o arde la agencia Efe, Reuters o Colpisa juntas… vas a comparar.
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Así que llamé a Huber Varela y a Nieves Bregua, que además de amigos son un matrimonio de excelentes veterinarios de Oza, y Huber vino, miró al animal y vamos, en un plis plas dijo: «Neumonía». Fue decir «neumonía» y sobre San Huber del Niño Jesús (porque es un santo) cayeron miles de preguntas. Yo no entendía nada, en mi línea; pero parece que el asunto no es muy muy grave, aunque bastante más que la Bolsa, las hipotecas basura y la fusión de las cajas. Yo oía, escuchaba, y entendía lo mínimo, pero comprendí que si le pasa algo a la rubia…. es que me veo con el sacho, y además… ¡¡¡ qué caramba !!! le tenemos cariño, la pobre, que es muy bonita, que nunca me di cuenta hasta que enfermó, ha hecho ya tantos riejos…. Anda, rubia, ponte buena. Yo, a mi manera, sin que lo sepan, te quiero.

PERLITAS.ES, UN SITIO DIVERTIDO

No sé exactamente cómo se llama eso, pero creo que es Portal de Bitácoras; pues como en la vida hay que ser agradecido, Jaume tiene uno que se llama Perlitas.es, que es entretenido y divertido, lo cual no suele ser habitual. Vean y pasen, sí, al fondo a la derecha

La Nasa, la patata y, desgraciadamente, desgraciadamente… siempre yo

lunes, marzo 29th, 2010

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

Os lo juro que es más fácil llevar cualquier artefacto a la Luna o a Marte que plantar patatas, ni lo dudes. Es que si envías un aparato a cualquier planeta todo está milimétricamente calculado, estudiado, analizado, controlado; pero la patata… dios que descontrol

Tu por ejemplo eres el jefe de operaciones de un vuelo espacial ¿no?, pues no, no lo eres, qué vas a ser… Vale, lo eres, pues te llega un tipo con ojos rasgados que nació en China y que sabe de lentes de aumento que no veas y te dice: «Mire, aquí tiene la lente infraestelar que quería para la exploración marciana, con un zoom de 1.000 X 100.000.0000, un centímetro de diámetro y 1,10 miligramos de peso».

Claro esto te lo dice el paisa este después de haber estudiado durante 20.000 años lentes y más lentes y es el único en el mundo (claro, parvos no hay tantos) que decidió analizar la estructura molecular de los incrementos de visión en relación con los campos magnéticos y su aplicación en la estratosfera con polvo cósmico. ¿Quién estudia todo esto en el mundo, a ver quién lo estudia, listo más que listo?, pues, uno, solamente uno; ¿y quién es ese uno?, pues Chin Pintin Tin, el pavo ese de los ojos rasgados.

Pues bueno, va el jefe de operaciones y a lo mejor, porque ya se comió la hamburguesa, dice: «Vamos a pesarla», y allá van un tipo con bata y con unos guantes blancos y 30.000 tíos detrás en plan procesión Semana Santa con la lente en una cajita de cristal a un aparato que puede llamarse medidor subacuántico preatómico de estabilidad infinita.

Pesan la lentilla de las narices y… no da los 1,10 miligramos previstos sino 1,12. Entonces el tal Chin Pintin Tin dice al jefe de operaciones: «Ve esa zona oscura en el borde, es grasa humana; alguien por un descuido la tocó y la grasa humana en la Tierra, teniendo en cuenta las condiciones atmosféricas, la gravedad, la densidad de la sedimentación acuosa y la gravitación solar a hoy, 30 de marzo, siendo las 17.05 horas, supone que aumente el peso en… ».

Y te saca el tío 2.000 folios con dos bemoles, te asegura científicamente que la grasilla esa si se limpia queda la lente en 1,10 miligramos… Y dicho y hecho, se limpia con otro artilugio que nada tiene que ver con el Cristasol… y tío 1,10 miligramos, clavao, alucinante. Y lo mismo el que idea las antenas, el radar o las ruedas para que la maquinita de marras circule por suelo marciano o por Ferrol, qué más da.

¿Y por qué ocurre todo esto?, pues porque todo esta milimetrado, calculado, estudiado, medido y supermedio y porque la base o fundamento son los números, las matemáticas, una ciencia exacta, tanta como que yo no dejo de fumar así me maten. Pero en el asunto de la patata no hay matemáticas que valgan porque… ¿cuándo se planta? El 30 de marzo… antes de Jueves Santo, después de Jueves Santo, entre el Jueves y el Viernes Santo… cualquier día aunque no sea Santo… antes de la primera procesión del Silencio, después, cuando la luna es llena, cuando es cuarto menguante, medio creciente… ¿pero estamos hablando de la patata, de un parto provocado o de una reunión para jugar a la ouija…?

Entonces descubres que en esto del tubérculo, al no haber nada exacto… ni te cuento. Vas a un bar y te dicen: «¡¡ Qué !!, ¿plantaste ya?», y contestas que no, que según tu maestrillo-vecinillo lo harás la próxima semana. Y entonces el tío te mira y te dice: «bo, ya nada». Y te preguntas «nada qué», pero no es una «nada qué» normal, es un «nada qué» de los nervios, más o menos un «¡¡¡¡¡¡ Nada quééééé !!!!». Y te responde, «que ya no te salen las de cedo (temprano)». ¿Qué cedo, qué temprano?, si yo solo quiero patatas.

Y luego, el experto te dice que hay patatas que se plantan antes y que… «¿y los tomates?», te pregunta, y cuando comentas que más tarde, añade que «depende del tipo que quieras, porque algunos son de cedo» y te dices «¿cómo que el tipo que quiera… ¡¡¡ también los hay de cedo !!!?
pues la roja, la de siempre, la de toda la vida… esa de rodajas». Y descubre que hay como 4.000 variedades y ya cuando llegas a la cebolla te lo esperas, y no falla, «¿pero qué plantas, cebolla, cebollino, cebolleta?». «Joé, la que pica, la de siempre, la que cortas y lloras… ¿o es que aquí también hay de cedo?».

Y mientras el tipo se ríe, te lo juro que en ese momento te da ganas de retirarte de la agricultura, coger de lanzallamas y arrasar con toda la huerta o hacerte el harakiri y decirle al de bar: «Por favor, antes de que me suicide, me podría dar un bocadillo… ¿que de qué?, pues de lo que quiera, de patata, de cebolla o cebollino, pero cedo, digo pronto, que éste tío, este tío me mata».

EXPOSICIÓN DE JACINTO RUIZ
Mi compañero y periodista Jacinto Ruiz, expone del 31 de marzo hasta el 4 de abril, su primera muestra pictórica en Equiocio, en Ferrol. Este es uno de sus cuadros

No me lo creo, un año en una aldea

miércoles, marzo 24th, 2010

(Alucinante, no murió nadie)

Como te lo cuento, antes de instalarme en la aldea, lo más verde que había visto en mi vida tal vez fue la película El último tango en París, la luz de los semáforos y en Estados Unidos y por un instante un par de dólares, que es el tiempo que te duran en cuanto los sacas del bolsillo… Bueno sí, miento, también la chaquetilla esa que ponen al que juega al golf y gana el no se qué de no sé dónde, y esos chavalines que van en moto con gafas oscuras y botas de cuero (no, chupa con clavos todavía no) y tienen esa manía de empapelarte con multas.

Yo, la verdad, cuando comencé esta aventura campestre no estaba muy seguro de mí, pero confiaba plenamente en la sioux (mi mujer) y pensaba que malo sería que de sus raíces y del paso de no sé cuantas generaciones por la reserva india no le quedara en las venas y en el cerebro algún conocimiento innato sobre cómo subsistir en medio de la Zoología y la Botánica.

Además, suponía, que si sus ancestros habían sobrevivido siglos y siglos en una tipi (tienda) malo sería que en una casita de piedra, con buen tejado, lareira y estufa de leña no resistiésemos un año o como mínimo hasta que llegara la ambulancia con los goteros para todos. Por si acaso, sin que ella lo supiera, yo (muy previsor) llevaba un mechero, (sí, ya sé, de Cadena Cien, cierto, pero mechero, joé) no fuera ser que tuviéramos que hacer fuego con palos y aún estuviéramos ahora dale que te dale y en vez de manos ya tuviéramos muñones.

Reconozco que contaba con ciertos aspectos positivos para iniciar esta vida pseudosalvaje, pues hasta los 11 años había vivido en pueblos; pero otros no lo eran tanto pues también había estado en San Sebastián, Vigo y A Coruña donde lo más verde que había visto era el césped de los jardines, que incluso bien pensado hasta fue contraproducente pues no se podían pisar, ya ves.

¿Que qué fue lo primero que hice al llegar a la aldea?. Nada, dios qué noble era. Bueno, nada no, analizar y estudiar profundamente la situación; pero por lo visto lo del análisis y el estudio no es importante por estos lares y bastante más lo es coger el sacho y a lo bestia pelearte a palos con la tierra. Pasados unos meses, cuando mis vecinos empezaron a plantar me animaron en esa milenaria tarea que hasta entonces solamente había visto en la tele y en algunos cromos. Así que pertrechado con los más simples aperos de labranza que un profesional de la hierba pueda imaginar, me puse en faena.

Un día, un día solamente bastó para que me desfogase para toda la vida, y mis vecinos, al percatarse de mi completa nulidad, como que les entró… no sé cómo te diría, que les llegué al corazón, aunque yo la verdad que tengo para mí que lo hicieron por los niños, para que no pasaran hambre, vamos me da que el asunto va por ahí… una especie de Cáritas rural, más o menos.

El caso es que al cabo de una semana ya tenía una pequeñita huerta y sí, amigos bloglectores, lo recordaré toda la vida. Lo primero que creció fue una lechuguita, y fue tal la emoción que llamé a toda la familia; cogimos la sin par planta, la adobamos con vinagre, aceite y sal y entre los seis que somos nos la comimos. Ni qué decir tiene que no dio mucho en cantidad, sí en alegría, y fue el despertar de un apetito voraz de las pequeñas bestiecillas, por lo que como por ahora aún no crecen bocadillos en la huerta, completamos a la solitaria lechuga con varios tacos de jamón y chorizo.

Y ahora, transcurrido un año sin necesidad de haber llamado a la ambulancia, aunque hubo momentos que no sabía si estaba en Galicia en el Everest por tanto temporal y borrasca…, vuelta a empezar. Ya a gritos me han dicho hace unos días que hay que plantar patatas, por lo que en estas dos semanas me voy a dedicar al tubérculo. Lo bueno de la patata (y os lo voy a decir en secreto) es que se planta con una facilidad pasmosa, e igualmente te quedas pasmado del curre que da cuando hay que recogerla, porque tío, hay que cavar y cavar que no veas, que solo quiero recoger y no fugarme pero…

Y es por eso por lo que estos días mis vecinos se preocupan porque creen que ando como ído; pero no, realmente lo que ando es pensativo mirando por la zona a ver si encuentro para el día de la recolección unos bueno bíceps, pero unos buenos porque yo con estas ancas tipo rana… pues no, claro que a lo mejor la sioux controla, al fin y al cabo la patata vino de allí y quizás ella… no sé, la verdad que me veo haciendo pesas, a pesar mío, claro

¿Seguro que será bueno criar gallinas?

domingo, agosto 23rd, 2009

Para cambiar de la ciudad al campo estaba preparado pues durante varios años iba a pasar los fines de semana al mundo de la vaca y la ortiga, del grelo y el hórreo, y tan mentalizado estaba que hasta noto que mi cuerpo ahora huele como un poco a salvajiño, natural, dirían otros. Sin embargo, para hacer una pequeña huerta, no estaba lo que se dice muy dispuesto, pero con esa herramienta nueva para mi llamada sacho, la ayuda de mis vecinos, y doblando el lombo conseguí lo que nunca me imaginaría que llegara a hacer, plantar algo y lograr que llegaran a crecer patatas, berzas, lechugas y otros frutos de la tierra.

¿Que tuve algún traspiés en forma de tirón lumbar?, es cierto; pero al menos tengo la satisfacción de ver el resultado de mi trabajo y, lo que más me anima, es pensar que las manzanas, peras, higos y ciruelas nacen solitas en el árbol y no hay que hacerles nada, nada de nada, o sea, que no hay que doblar el espinazo y que hay que dejarlas tranquiliñas, como a mí.

En estas estaba, creyendo que había cumplido al menos por el primer año de mi vida campestre y pensando que el próximo trataría de mejorar la huerta y ordenarla la selva que tengo montada, cuando en medio de una conversación entre mis vecinos, Rumbo me espeta con cara de sorpresa: «¿Y por qué no tienes gallinas?». «¿Gallinas? ¿y por qué voy a tener gallinas?», pensé. Y no hizo falta muchas explicaciones para darme cuenta que todos mis vecinos, absolutamente todos, tienen gallinas, como todas sus casas tienen tejado, las ventanas cristal, las puertas manillas o la lareiras chimeneas.

Y de súpito (aquí hay súpitos cada dos por tres = 6) cavilé: «Mira qué ha pegado un cambio mi vida, de hablar en la ciudad sobre cualquier tema como el tráfico, política, fútbol, pintura, o de la prensa rosa, a que ahora mi duda existencial sea gallinas sí, gallinas no». Dicho de otra manera, que en menos de ocho meses pasé de poner un tique para el coche en la zona azul, a esta zona verde en la que como te lo propongas haces una plantación de algodón o puedes invitar a una tribu amazónica a pasar un fin de semana que no va a notar mucho el cambio.

Así estaba, medio ensimismado, cuando Rumbo añadió: «Y cuidado con el raposo que…». «Sí hombre, sigue animándome, que me importa un bledo las gallinas como preocuparme ahora del raposo, que es como estar pendiente si te multa o no la policía», pensé aún sin salir del shock que me había producido el asunto de la gallinácea. Y a la vez me cuestioné: «¿Quién dice que en el campo se descansa?» porque yo os lo juro que desde que estoy en la aldea nunca he pensado tanto; es más, ni me imaginaba que tenía esta capacidad de reflexión y me huele que como siga así termino agotado psicológicamente.

Como digo, lo de las gallinas me tiene un poco descentrado, desconcertado, perturbado y ofuscado. Comprendo que para mis vecinos no tener gallinas es raro, porque es como no llevar zapatos o salir de casa sin ropa. Si el problema es que yo los entiendo, sé que quieren lo mejor para mí, que sea feliz, que lo dicen por mi bien, pero estar pendiente de los «píos píos» y del raposo…

Es que además es echar piedras contra mi tejado porque aunque yo nunca he visto un zorro en mi vida no sé como puede reaccionar un animal de estos si me lo encuentro frente a frente. Sí, ya sé que dicen que lo que más le gusta y casi lo único son los polluelos, que se escapa ante la presencia del hombre, que es temeroso, que no ataca. Lo que quieras, ¿pero si al verlo, por esas cosas de la vida, se me pone piel de gallina?.

El apasionante mundo de la patata

jueves, agosto 6th, 2009

Lo de la agricultura tiene su aquél. Cuando me asenté en la aldea (y nunca mejor dicho eso de asentarse porque no pego mucho palo al agua), mis vecinos estaban sembrando todo tipo de hortalizas, así que me dijeron que hiciese lo mismo.

Y en efecto, me puse manos a la obra. Con su ayuda habilité unos cien metros cuadrados, vamos, un piso verde, y Maruja, Arturo, Virtudes, Dionisio y Rumbo, catedráticos eméritos de Botánica por la Universidad de Así Llevo Toda la Vida me explicaron qué tenía que hacer para cultivar patatas, cebollas, coles, pimientos y… «no, los tomates; eso ainda non é a época», y en otro momento insinué no sé qué, se rieron y deduje que lo mejor era no preguntar más, que de parvo ya había dado muestras más que suficientes para un solo día.

Y poco a poco fui plantando, pero estaba tan animado que planté, planté y planté tanto hasta que llegó un momento que lo único que sabía que todo era verde pero ni idea de lo que tenía. Así que un día llamé a mis tutores, nos acercamos todos a la huerta y con un folio Din A 4 y a escala 1 = Idiota conseguí hacer un esquema y averiguar qué productos podría dar mi macroapartamento.

Y no me extrañaría que surgiera alguna planta exótica, mezcla de cebolla, pimiento y calabacín (una Doly de la vida) porque descubrí que hay zonas que están… como todo un poco revuelto, mis vecinos lo llaman desfeita. Pero claro, esto, me prometí, solo me va a ocurrir este año, que voy de aficionado, porque para el próximo me adentro en el profesionalismo y dejo de ser amateur, que aquí en la aldea eso de amateur es a matarte porque ¿tú sabes lo que pesa un sacho, y eso que el mío es como de los juegos Geyper?.

Total, que con el tiempo empezaron a crecer los frutos y descubrí el apasionante mundo de la patata, o como dicen los franceses pomme de terre, la manzana de la tierra, porque cuando se trajo de América era un producto maravilloso para comer, de ahí lo de manzana, que también este blog sirve para aprender algo, aunque no te lo creas.

Pues la pomme de terre o patata es fascinante. Tú vas a coger una lechuga, por ejemplo, y coges eso, la lechuga que ves, ni más ni menos: una. Vas a por una cebolla, tiras de la planta y allí esta la cebolla; pero la patata … la patata es como los Reyes Magos, tiras de la flor (que por cierto intenté hacer tabaco con ella y ya os contaré) y lo mismo encuentras tres, cuatro que siete y te da una alegría buscar entre la tierra (bueno alegría y porque ya pasas de los 45 tacos, que con 20 me iban a ver aquí con el sacho…).

Al final, extrapolando, que eso nos encanta a los periodistas cuando no tenemos datos del lugar cuando queremos hacer un reportaje, llegué a la conclusión que la patata es más que un tubérculo, es… como te diría yo, a lo que en la ciudad la Primitiva o la Bonoloto, pero con una gran pero gran diferencia: con la flor de la patata, tiras y siempre toca.