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Esto del frío me trae unos recuerdos…

Escrito por Manuel Guisande
4 de Febrero de 2012 a las 15:07h

(Cosas que pasan cuando dejas la ciudad y te vas a vivir al campo sin tener ni idea)

Ahora que hace tanto frío, con esta ola siberiana que nos invade, me viene a la memoria el primer invierno que vivimos en la aldea. Lo mejor de cómo pasamos aquél invierno fue precisamente eso, que lo pasamos, porque hubo momentos que a punto estuve de hacer un estudio de logística, evacuar la casa y ya me veía yo a toda la family con los colchones en la chepa y otros útiles de urgencia buscando cualquier lugar, y cuando digo cualquier es cualquier, porque menos en casa… lo que fuera.

Y te lo juro que hubo días que si alguien que no conociera mi aldea, entrara en mi casa y me viera como estaba, con gorrito de lana en la cabeza, plumífero con la cremallera hasta el cuello, botas y doble calcetín… lo normal es que preguntara dónde estaba el telesilla. Y hasta estoy seguro que si lo hiciera, pues yo respondería tan tranquilo que a unos metros; estaba tan mentalizado que no estaba en una casa, sino más bien en un refugio de alta montaña…

Oye, y que si llega uno de Extranjería… pues igual, porque todos acurrucados frente al fuego, encogidos como caracoles y sin decir palabra, más que una familia made in Spain parecíamos una de rumanos a punto de ser deportados o en busca de asilo; vamos, nos ponen al lado una maleta de aquellas de tela de los años sesenta, medio destartalada, atada con cuerdas y con los caretos que teníamos… lo bordamos.

Que si hubo días peores y mejores… pues es difícil saber cuál fue el mejor, que entre -3 y -5, como que no se nota mucho el asunto de la precongelación; pero lo que más recuerdo es cuando aburrido de no saber qué hacer me puse a escuchar música. Y así estaba dando vueltas por la casa cuando la sioux me dijo: «¿Y cómo te llega el cable tan lejos para oír música?», ¿el cable, qué cable?. Y entonces le expliqué que de cable nada y que de música menos, que tenía tanto frío en las orejas que con las esponjitas de los cascos tenía un calorcillo…

Y en efecto, no me los quité durante casi todo el día; de un lado a otro del refugio con ellos enfundados, dando gracias a Dios porque Nokia había inventado este sistema de audición; y que conste que ya había vendido la moto hacía años, que sino… me pongo el macrocasco en la testa y solo abriría la visera de plástico para comer a través de una pajita, vamos que si lo hacía.

Y así pasamos aquél invierno, increíblemente sin síntomas de congelación apreciables, aunque si te soy sincero, a veces, con estos recuerdos, miro a los niños y cuento 1,2,3,4 y 5 porque en cada mano hay cinco dedos ¿no?

LA XUNTA, PETARDO GUISANDE Y LAS CONFERENCIAS

Bueno, una buena noticia. La Xunta de Galicia me ha incluido en el programa de Letras Vivas para pronunciar conferencias sobre guiones de Teatro, Radio y Televisión, además de un coloquio en el que los estudiantes pueden preguntar sobre cómo se escriben los cuentos, Medios de Comunicación, blogs, Redes Sociales, pipas, caramelos…. o que queiras, todo ello a un precio módico (250 euros) que da para tabaco.

No entiendo a mis hijas, ¿pero qué dices?

Escrito por Manuel Guisande
31 de Enero de 2012 a las 10:32h

O me estoy quedando sordo o ellas hablan muy deprisa… o a ver si va a ser que me estoy quedando lelo, que no me extrañaría, que casi 30 años de periodismo pueden afectar al cerebro, pero mucho, porque eso inglés no es, ¡¡¡ qué va a ser inglés lo que hablan si nunca dice «Hello»… !!! No sé, yo lo que sé es que a mis hijas no las entiendo, no las comprendo, y aunque se llaman Alejandra (15 años) y Victoria (11), para mí son «¿Qué?». Sí, «¿qué?» porque me paso todo el día diciendo «¿qué, qué , qué?» y como respuesta suelo recibir un «bo… » o un «uummmm… », que no significa nada pero que lo dice todo.

De verdad te juro que muchas veces, cuado hablan yo digo sí, pero digo sí ya por inercia, de forma inconsciente, espontánea, sin saber realmente porqué lo digo y, claro, después me llevo la sorpresa de… : «¡¡¡ Papá, dijiste que sí, dijiste que sí !!!» y yo interiormente me desespero porque no sé ni cuándo ni dónde dije sí, que por lo que me dicen respondo cada sí… tela, que es como si no tuviera juicio o que tienen un padre que es un pasao, un inconsciente, que de esto último algo hay.

Yo a estos niños de ahora no los entiendo y además piensan de tal forma que creen que lo sabemos todo, como si fuéramos Google pero con pies: «¿Te acuerdas de Lorena?», pregunta Victoria, así de repente, y yo digo «sí» medio acongojado, con la mirada extraviada, con el pulso acelerado, y como en internet pienso: «Voy a tener suerte»; pero claro, como son muy listos y se las saben todas, te cuestionan: «¿Y quién es?» y en esos instantes te entra un frío en el cuerpo… que si fuera el de la Guardia Civil ná, pero como es el mío…

Yo he descubierto, después de oír entre 700 y 854.000 veces «papá es que no me haces caso, es que no te enteras, es que… », que la respuesta a este tipo de preguntas te la puedes jugar al 50% diciendo: «Sí, esa niña que es rubia», porque es rubia o morena, no hay otra (bueno, está la pelirroja pero esa no cuenta); pero si quieres tener más posibilidades te lanzas a la «solución metro» diciendo, pero con confianza, eso siempre, con confianza, pase lo que pase: «¡Ah!, esa que es como tú de alta» y si es… alivio y si no…. siempre puedes negociar lo de la altura.

Yo a mis hijas, como tú a las tuyas, las quiero, las adoro; sin ellas no podría vivir pero con ellas… ¡¡¡ tampocoooo !!!, me ponen en cada aprieto… Yo he llegado a un punto que ya no me atrevo a preguntar nada, ni si esa serie de la tele es tal o cual, si esa canción es de este o aquél grupo o si… todo me parece tan igual, excepto el «bo… » o el «uuummmm..», que me dicen ellas, que no significa nada pero que lo dice todo, bo…

Un relato: «El musicólogo»

Escrito por Manuel Guisande
27 de Enero de 2012 a las 19:26h

(Bueno, como es Fin de Semana y hay tiempo, ¿qué tal si cambiamos de registro y escribo un relato?. Si os gusta… pues escribo otro, sino, pues nada. Vosotros decidís, CON VUESTROS COMENTARIOS, que este es mi-tu-nuestro blog)

Siempre tenía el mismo problema como responsable de aquél auditorio. Cuando se hacía el silencio para que tocara el violinista o el pianista de turno, el público comenzaba a carraspear, a hacer los más variados sonidos guturales y entonces el artista tenía que dejar pasar un tiempo prudencial para iniciar su actuación.

No era mucho, apenas unos pocos segundos, pero lo peor era cuando a mitad de concierto nuevamente los espectadores empezaban su particular sinfonía con sus flemas encarceladas. Por lo general los músicos hacían oídos sordos y seguían interpretando la pieza que habían decidido tocar y que figuraba en los programas, pero más de una vez alguno cambió las interpretaciones por otras más cortas para llegar cuanto antes al final de la actuación e incluso hubo quien llegó a parar el recital para que abandonaran la sala los incontinentes bucales.

Un día decidió que una solución sería pasar con una escupidera por el patio de butacas y, con la mejor de las maneras, invitar al distinguido público a que depositaran en ella sus esgarros. El primer día, el recipiente, dorado y con unas asas para que el espectador pudiera cogerlo con las manos y escupir tranquilamente, quedó incólume. El segundo ya hubo quien se animó y sobre el fondo de la pileta dejó una pequeña masa viscosa verdosa.

Poco a poco, lo que en principio fue considerado una porquería se hizo cosa habitual, normal, y era frecuente ver a hombres, mujeres, jóvenes y ancianos coger aquella especie de vasija entre las manos, inclinar la cabeza como si aseveraran, y soltar sus flemas para luego sacar delicadamente un pañuelo y pasarlo por los labios como quien ha probado un manjar.

Curiosamente, salvo casos excepcionales, con este método se acabaron los problemas en los conciertos, y los artistas, aunque un poco sorprendidos cuando por alguna contingencia alguien solicitaba en el patio de butacas la pileta, se mostraban satisfechos al comprobar que sus intervenciones no sufrían interrupciones.

La muerte de algunos habituales asistentes de edad avanzada sirvió de punto de partida para iniciar un singular estudio. Cuando una persona mayor dejaba su excremento bucal en la escupidera, la retiraba inmediatamente y luego analizaba visualmente la forma, el color y la densidad del desecho bronquial.

Con el tiempo, paciencia y, sobre todo, preguntando cuando se producía un fallecimiento cuál había sido la causa de la muerte, llegó a poder diagnosticar un gran número de enfermedades. En ocasiones, cuando alguien escupía, al ver el esputo solía decir al espectador: «Perdone, después quisiera hablar con usted». Y luego, ya en un apartado, le explicaba la posible enfermedad que padecía, qué tratamiento debería seguir o qué‚ facultativo podía atenderlo.

Con esta peculiar forma detectó males a los que se les pudo poner remedio mediante una terapia adecuada al ser detectado a tiempo y el auditorio empezó a convertirse de una forma soterrada más en un centro de diagnóstico precoz que en un espacio dedicado al esparcimiento y la cultura.

Personas de todas las edades y estratos sociales hacían cola en la taquilla, sacaban las entradas, se sentaban en las butacas y esperaban ansiosos a que pasaran la pileta por las filas. Cuando escupían, inmediatamente le dirigían una mirada y si veían en él una sonrisa abandonaban sus asientos y salían a la calle con una sonrisa de oreja a oreja. En todas las sesiones el lleno en el auditorio estaba asegurado, aunque los artistas no comprendían que a los quince minutos la sala quedara casi vacía, y a él llegaban cartas y más cartas en las que se pedían más actuaciones. Ante el cúmulo de demandas y con las propinas que recibía por consulta decidió abandonar el viejo piso en el que vivía e instalarse en la zona centro de la ciudad con una oficinas donde atender a la clientela.

Se lo imaginaba y acertó plenamente. Fue el inicio de un próspero y lucrativo negocio que en la fachada tenía un cartel anunciador en el que se podía leer: «Gabriel Hernáez, musicólogo». Todos, o casi todos, sabían de qué iba.

Si te cuento lo que descubrí…

Escrito por Manuel Guisande
20 de Enero de 2012 a las 18:08h

(Cosas que pasan cuando dejas la ciudad y te vas a vivir al campo)

A mí ya me parecía que cuando vine a vivir de La Coruña a esta aldea de Mortoares, el pueblo más cercano, Oza dos Ríos, tenía algo raro. No sabía bien qué, pero algo había. A mí ya me extrañaba que llamándose Oza dos Ríos por la carretera no viera ni un riachuelo: «serán subterráneos», pensé; joé qué inocente era.

El caso es que mi mente barruntaba que algo había que… como te diría, yo lo sentía, lo percibía, pero no sabía qué era, hasta que hace unos días, lo descubrí. Sí, sé que es duro lo que voy a decir, pero que muy duro, pero lo diré: ¡¡¡ Nos quieren matar, nos quieren matar !!!.

No tengo la menor duda. Oza tiene unos 2.500 habitantes, con una media de 60 años y aquí está el quid; en solo 500 metros, que es lo que mide este pueblo pegado a la carretera, ¿a que no sabes lo que hay? Ni te lo imaginas: ¡¡¡ Dos tanatorios !!!; sí ¡¡¡ dooooos !!!. Y además están estratégicamente situados: uno a la entrada y otro a la salida; o sea, que no hay escapatoria, la palmas al principio o al final, no hay otra.

Yo en estos años he visto a tanta gente de negro que a veces estaba por parar y preguntar si había sufrido un viaje astral y en vez de Galicia estaba en algún sitio de Senegal o de Kinshasa, pero me callaba por prudencia (y también porque era blanco), pero dudas tuve…

Yo a los dueños de ambos tanatorios los conozco, me miran y saludan; pero yo ya no sé si me miran y saludan como vecino o como futuro cliente; pero la mirada es tal, siempre fija a los ojos, que de verdad que te da ganas de llevar puesto un termómetro y tras decir «hola» sacarlo disimuladamente para ver si estás a 36º, a 366 o a -86. Oye, que yo he visto mirar a mucha gente, pero de esa forma, tan así, tan tan tan… jamás.

Es duro esto porque, además, de las dos funerarias, una es, digamos, normal, solo es funeraria, para muertos; pero la otra… la otra tiene un bar y un restaurante que dan de comer y beber que no veas y, claro, con la delicada salud que hay por estos lares a mí me da que cuando vas a comer, más que comer te ceban para si te pasa algo te rematen en la funeraria, que una cena son 50 euros y un entierro 3.500 y el negocio es el negocio.

Mira, hasta tal punto veo yo el complot que tienen montado, que lo que no entiendo es porqué la funeraria, ya puestos, además del bar no abre un hospital al lado para así (como el Rey León) completar el ciclo de la vida. Naces, vives/comes en el bar y te mueres en el tanatorio.

Yo es tal la tensión en la que que me hallo que todo lo que sea caja, me suena a féretro y cuando voy al supermercado y oigo que alguien dice: «¿¡¡¡ Dónde está la cajera !!!?»… te lo juro que a mí me sale del alma: «¡¡¡Yo, no; yo, no, que estoy vivo, que estoy vivo !!!».

De verdad que paso unos sinsabores, unos tormentos, unas pesadumbres… yo recuerdo que cuando me daba la mala, estas aflicciones las mitigaba con chucherías y especialmente con todo tipo de chocolate y chocolatinas; pero es que ahora es oír «¿quieres bombones?» y mi primera idea es «bombones, bombones, bombones.. caja de… ¡¡¡ noooooooo !!!». Esto no es vivir, te lo digo yo, esto no es vivir, qué va a ser vivir si lo que quieren es vernos morir.

LA ESCRITORA NIEVES ABARCA PRESENTA SU LIBRO «CRÍMENES EXQUISITOS»
La escritora y amiga del blog Nieves Abarca presentará el día 26, a las ocho de la tarde, en la librería Arenas (La Coruña) su libro Crímenes Exquisitos, un volumen en el que la intriga, el sexo y la pasión son aspectos fundamentales. El acto estará presentado por Pablo Portabales, periodista de Radio Voz.

Tú, las rebajas y tu blusiña

Escrito por Manuel Guisande
14 de Enero de 2012 a las 15:21h

Mira que hay ropa, y sobre todo barata ahora en rebajas, pues a ti, como si la regalan porque como resulta que guardas desde los romanos una blusita que le tienes cariño… nada, la sacas a pasear cada cierto tiempo y hasta te convences de que es azul; que de verdad, que tienes un concepto de lo que son los colores… tela.

Vamos a ver neniña o neniño: Tu trazas una línea desde Krasnojarsk (Rusia) hasta San Sebastián y de San Sebastián a Algeciras y luego a Casablanca, das la vuelta por el cabo de Hornos, y de ahí tiras para Nueva York y de ahí a Vancouver (Canadá) y luego de vuelta a Krasnojarsk y…. no hay uno, ni uno, pero ni uno en esos tropecientos mil kilómetros que te diga que tu blusiña es azul, pero ni uno. Es más, incluso en las 4.000 asociaciones de invidentes que te puedes encontrar en el camino te aseguro que nadie te dice que es azul; la tocan, y ya al tacto, no les sale azul ni de broma, y de blusita menos, rozarla y que les entre un repelús es todo uno.

Sí, que ya sé que la utilizabas cuando tuviste tu decimocuarto amor, cuando entraste en la facultad, cuando conseguiste tu primer trabajo, cuando te casaste, cuando te divorciaste y te volviste a casar y que sí, que forma parte de tu vida; pero de verdad que llevas una bayeta con mangas, un especie de estropajo puesto que para rascar y limpiar fogones funciona…

Claro que tú, así, has conseguido varias cosas con ese cacho harapo, y la verdad que son meritorias. A saber por lo menos dos: que has inventado un nuevo color que puede ser utilizado por cualquier artista plástico y que el suavizante tiene un límite por muchas pastillas que le metas a la lavadora, que eso no se sabía.

Pero en el fondo en el fondo, en tu intramundo cerebral, en alguna parte de tu estructura intracraneal sabes que no es azul. Y lo sabes porque cuando alguien te pregunta por la prenda que llevas ni le dejas acabar y lo primero que sueltas como un resorte y a bote pronto es: «Le tengo un cariño… » y tan feliz te quedas aunque una manga se te caiga al suelo.

Yo no sé como le llamaría a esto ¿el síndrome de Zara?, ¿el de Confecciones Lolita y Hermanos?, ¿Sobrinos de Lucrecia SL?… Me da que lo tuyo es más de Cortefiel porque fiel a ese trapillo eres pero que mucho mucho y de corte… lo que se dice de corte a ti, nada, le tienes un cariño… Anda niña, toma, que se te cayó el cuello.

Pero Urdangarin, hombre, ¿no tenías otra cosa que hacer?

Escrito por Manuel Guisande
11 de Enero de 2012 a las 1:40h

Urdangarin, para ser más exactos Urdangarin Liebaert, lo único que tiene de complejo es el apellido porque después… mira que hay que ser simple, pero simple simple. Si es cierto todo lo que se dice, si son ciertas todas las barrabasadas de las que hablan… pues chaval, si cuando dejaste el balonmano en vez de colgar las botas colgaras los guantes o las manos (el cerebro también vale), mejor te iría porque fue dejarte con ellas libres y joé tío, mucho, pero mucho mucho lo tuyo.

Cuando media España está preocupada en perder el trabajo, la otra en conseguirlo, y la mafia política viviendo de todos nosotros, este tío, que lo único que tenía que hacer era pasear y vivir… pues nada, que se mete en unos tinglados económicos, en unos desfases financieros, en unos descontroles monetarios de los que la Infanta no sabía nada, y yo me lo creo y me tomo un anisete, venga ya Cris…

Pero es que además, lo que no entiendo de este chaval es para qué quiere el dinero. Tu y yo sí, primero para llegar a final de mes, luego, si sobra algo, pues para darte una pequeña alegría y si se produce el milagro de que aún quedaran unas perrillas… pues otros dos o tres regalos para el cuerpo, total para lo que estamos aquí… ¡¡¡ pues a vivir !!!.

Pero el Iñaki este, el Urdangarin Liebaert, ¿para qué quiere el dinero?. Que deseas un porche… pues siendo el yerno del Rey, porque si no lo fueras te veía de recogepelotas toda la vida, con una llamada a cualquiera te ponen delante de casa 20 o 30 vehículos y hasta eliges el color. Que quieres un barco… otra llamada y hasta la Royal Navy o la Quinta Flota de los Estados Unidos atraca en Barcelona sola solita para ti. Que quieres pasar un mes, uno o dos años en un castillo, pues llamada que te crió.

Pues eso es lo que tenía que hacer este privilegiado: pasear, vivir, seguir «trabajando» en Telefónica y hasta si fuera listo… pues se daba una vuelta por los Emiratos Árabes, por la Patagonia o por Antioquía y aunque no hiciera nada luego ya se encargarían otros de vender que era un gran embajador de España.

Mira que lo tuyo era un chollo de vida, el sueño de cualquier humano; pues no neniño no, en vez de vivir como no lo hace ningún español, hala, a complicarte la vida mientras eso, mientras media España teme perder el trabajo y la otra está desesperada por conseguir uno.

De verdad que lo más complejo de ti es lo de Urdangarin Liebaert, porque el resto, eres simple pero simple y supongo que ahora en Telefónica para contactar contigo será, pues como tú, sencillo, algo así como: «Si quiere hablar con Urdangarin, diga Ur-dan-garin». Vas, dices el nombre, y la voz clara de huevo seguro que te responde: «No le hemos entendido». Entonces dices «Menudo marrón» y… «Correcto». «Para contactar con Urdangarin en Belice, pulse 1; si lo que desea es en Londres, pulse 2; en la embajada en Washington, pulse 3; en el Palacio de Marivent, pulse 4; si es para los juzgados de Palma, pulse 5. Para otra información el teléfono de Alcalá Meco es el 91 21… ».

No sé si fueron los Reyes pero…

Escrito por Manuel Guisande
9 de Enero de 2012 a las 14:39h

Yo creo en los Reyes Magos; así que la noche del 5 al 6 la pasé… con unos nervios… pero con unos nervios que a punto estuve de tomarme un guiso de choupas en salsa de valium 525 a ver si así… Fíjate si creo que estaba segurísimo (y así fue) que me iban a traer unos zapatos, una corbata y una colonia que, por cierto, este último regalo es la primera vez que me lo hacen desde que vivo en la aldea y capté la indirecta: «Guisande… hueles a vaca»; pero yo hice como si nada, como si oliera a cabra, le di un beso a la sioux, le di al flis-flis del frasco y ¡¡¡ hala !!!, está la aldea que por el aroma parece el Edén allá por donde paso.

El caso que estaba desempaquetando los regalos cuando vi en el suelo un mechero; lo cogí, encendí un cigarrillo y observé que tenía un botoncito. Ya ves en qué cosas me paro; había una gran cantidad de paquetes, muchos, pues en medio de todo el papelamen de colores voy y me fijo en el encendedor y, en concreto, en un botincito pequeño pequeñito, más riquiño el botonciño… lo apreté y se encendió una luz azul.

Pues fue explicar que estaba muy bien para cuando de noche no se ve la cerradura y quieres abrir la puerta de casa, para enfocar algo en la mesilla de noche (de día en casa la quitamos, que somos muy respetuoso con la gramática) y que también servía para ir al alpendre a por leña y… nunca tal cosa dijera oye, porque ahora, desde que tengo el aparatejo este ya he ido cuatro veces.

Enfoco, ando unos 30 metros apartándome de los árboles, de la mesa que tenemos en el jardín, de alguna silla y… es un poco como ir por la jungla de cristal, con temor a tropezar con algo, aunque la realidad sea que más que a la jungla cristalina voy a la caseta maderil y más desanimado… tirando de una carretilla con una desgana o más bien con unas ganas de darle una patada… bo

Y la vida es, pero que rarísima porque en esos 20 o 30 metros que hay de casa al alpendre, yo no sé como explicártelo, con esa especie de minilinterna me entra un punto en el que me siento acomodador de una sala de proyecciones. Sé que es una sensación rara, extraña, pero me da ganas de decir: «Por aquí le parece bien, más cerca de la pantalla, más atrás… », lo único malo es la película, que casi, por no decir siempre, es la misma: «Carga madera paspán». Y pensar que todo fue por un botoncito de ná… De verdad que no sé si el mechero fue un regalo de Reyes, pero que ya estoy pensando en pasarme a Papa Noél, vamos que si lo pienso, que tengo un dolor de espalda…

No sé, algo pasa entre el ratón y el gato

Escrito por Manuel Guisande
3 de Enero de 2012 a las 14:37h

(Cosas que pasan al dejar la ciudad e ir a vivir al campo. Bueno, y por se una nulidad, claro)

Yo comprendo que un ratón, con estos días de lluvia made in Arca de Noé y de Paz y Amor porque sí, pues entre en una casa en la que hay tantas viandas navideñas como polvorones, turrones, mazapanes… yo qué sé. Y lo entiendo porque yo, sin ser ratón haría lo mismo; es más, de hecho lo hago todos los días, todos los días entro en casa aunque no sea Navidad.

Lo que no alcanzo a entender es que, ya que entras en propiedad ajena, es que no tengas cuidado y así, a las cuatro de la mañana te pongas a roer una madera y luego, como si fuera tu domicilio, pues a dar vueltas por la casa y que termines pasando por encima de unas bandejas de metal y hagas un ruido que no veas. Que una cosa es ser ratón y otra bobo porque, por ejemplo, el Ratón Pérez en eso es un modelo: entra, se va, y aquí paz y después gloria.

Pues hace unos días entró un roedor y montó tal sindios que entonces hice lo que tenía que hacer. Cogí a Pak, el gato (que vive fuera de casa) le hice un contrato basura, lo di de alta en la Seguridad Social, lo sindiqué, lo metí en casa frente adonde yo creía que estaba el ratón, y tal cual le dije: «Pack, a currar».

Desde que Pak está currando, la verdad que no he oído nada, pero absolutamente nada al ratón, ni de noche ni de día, ni a media tarde ni a tarde entera; pero a mí lo que me extraña es que Pack no me presente el cadáver del bicho o una pequeña prueba del que el animalejo está fiambre, como hacen todos sus congéneres gatunos.

Para mí que se han confabulado; que el ratón vive en casa, que Pack le ha dicho que de hacer ruido nada de nada porque Pack sabe perfectamente que si después de tres días no lo ha cazado y la alimaña sigue haciendo de las suyas lo despido; es decir y con perdón (pero es que me tiene desesperado), que se va a la puta calle, que ahora vienen las nevadas, y busco una solución más drástica: un león, por ejemplo.

Y entonces, sabiendo esto ¿por qué Pack no presenta al difunto ratón? Pues por la misma razón, porque sabe que en cuanto termine su trabajo lo doy de baja, el finiquito, y como el tipo no es tonto pues así están los dos: el ratón en casa, sin hacer ruido, calladito, y el gato haciendo que curra, frente al fuego y a verlas vir mientras a mí me desespera porque no me gustan animales en casa, que para eso estoy yo. Pero a decir verdad, la culpa es mía y solo mía, lo reconozco, porque todo comenzó al principio; no cuando le hice el contrato basura, no; sino cuando lo sindiqué, cuando lo afilié, porque yo es que al Pavk este lo veo pero tan tan tranquilo que para mí que es un liberado.

LA PERIODISTA GABRIELA RUIZ, PREMIADA

La joven periodista y colega del blog, Gabriela Ruiz, obtuvo con su relato bla, ble, bli, blo, blue, la mencion especial del jurado del Concurso Cuentos Para la Igualdad, que organizó el Ayuntamiento de Dos hermanas (Sevilla). El cuento, con ilustraciones de Patricia Carcelén, narra la historia de una niña que nace de color azul y que cuando llega a la edad de 7 años es consciente de que es diferente e intenta por alocadosy fantasiosos medios ser normal. Enhorabuena Gabriela.

El Rey tiene una paciencia… ¡ buah !

Escrito por Manuel Guisande
29 de Diciembre de 2011 a las 20:59h

Yo creo que el rey Juan Carlos hasta la corona no, pero hasta la coronilla de que critiquen lo que gana… pues sí; porque en el fondo, Juan Carlos es como el veterano de una empresa (España) que cada cierto tiempo ve llegar a los de prácticas, a todos esos manzanillos (nuevos gobiernos) y tiene que guerrear con ellos y eso… joé, eso no hay dinero que lo pague porque mira que no son pesados los críos… tela.

Yo me imagino que Juan Carlos, cuando los ministros toman posesión de su cargo, va pensando según los ve: «Joé éste, joé éste… Dios, no, con ese careto de parvo, me va a montar una… joé joé joé… ¡¡¡¡ y es el de Exteriores !!!!» y mientras juran, Juan Carlos los ve pasar con la mirada perdida va cavilando en viajes y más viajes «privados» por todo el mundo pidiendo disculpas y más disculpas y…

Y en efecto, como no hay mucho intelecto y sí mucho indocumentado; al cabo de dos, y si no son dos son cuatro o siete meses… pues a uno que se le ocurre decir la palabra «moro», por ejemplo, y ya la tenemos liada parda con Marruecos y Juan Carlos a intervenir por teléfono: «Que no, Mohamed, que es un chiquillo, si está empezando hombre. Pero no hagas caso, ya sabes como son ahora esto chavales… que solo lleva unos meses… Oye, que te envío unas botellas de Rioja y ya quedamos ¿vale?, que sí que voy, joé que te pones a veces… ».

Y tal que cuelga el teléfono y la Sofi le dice que ya está la sopa… pues otra llamada de urgencia, que otro se lió en una declaración a una radio y parece que insinuó no sé qué contra Estados Unidos y allá va Juan Carlos con el móvil por palacio adelante a decirle a Obama que no, que… y así día tras día, año tras año, hablando en no sé cuantos idiomas y seguro que de vez en cuando, al reunirse con el presidente le dice: «¡¡¡ Pero hombre, por Dios !!!, ¡¡¡ dile a esos chiquillos que estén callados !!!, ¡¡¡ que jueguen a la play, pero que no hablen!!!, ¡¡¡ por Dios, que no hableeeen… !!!».

Yo estoy seguro que Juan Carlos, como el más veterano que es de la empresa,  es un buen tipo, un bonachón, y cuando el becario de Industria mete la gamba, pues lo mira con ojos paternales, como a un bebé, llama al rey de Arabia Saudita, Abdalá Rin abel Asís (Paco para Juan Carlos) y le comenta : «Paco, que es por lo del chico este del que te hablaba, el de Industria; sí, ese, el tontaina del que te comenté; que ya me imaginaba que me la iba a hacer… Pues resulta que se confundió y mandó construir 700 aviones en vez 100 y que nos sobran 600; oye, pilla unos 300, que no son ná. Por cierto, este año vendrás a Marbella, como siempre ¿no?».

Y así va Juan Carlos, solventando año tras año desaguisado tras desaguisado, cirio tras cirio y cristo tras cristo que le montan los manzanillos de turno y claro, pues todo tiene un límite porque ahora, por ejemplo, está con lo de Undangarin y el pobre no tiene forma de resolverlo y es que no hay manera porque lo de Urdangarin realmente no es de recibo; bueno de recibo no, otra cosa, que si es de recibo… el tío este, el Urdan, va y lo cobra.

El artículo que más os gustó en 2011 fue: «Lo que está de Dios..»

Escrito por Manuel Guisande
28 de Diciembre de 2011 a las 17:39h

Mi abuela siempre decía que «lo que está de Dios, está de Dios», y así vivió hasta casi los noventa años, con lo cual la receta debía ser buena y sobre todo porque mi abuelo, que no lo decía, se fue antes; o sea, que estaba de adiós, más bien. Y tú espera a que lea esto mi madre y ya te cuento yo adonde voy.

Pero la vida de mi abuela era así. Que un niño se caía y se hería… pues ella decía: «Si está de Dios, está de Dios» y tan pancha se quedaba, sentada en su sillón, y lo mismo podía caerse el chaval en el pasillo que por una ventana, que lo que estaba de Dios… estaba de Dios. Y es que para ella lo mismo era un accidente de un autobús con 4.334 muertos, que clavarte una astilla en una mano, el asunto estaba de Dios y de Dios estaba o, en versión gallega, «neniño, cala oh e non lle des máis voltas».

Y dicho todo esto no sé qué pensaría mi abuela de lo que está ocurriendo estos días en mi aldea, Mortoares, en la que vivimos 11 personas; pero que en un mes Suso se haya casi amputado un dedo con una sierra, que ayer a Maruja la operaran de cataratas, que Manolo se lastimara al cortar un chorizo, que la sioux (mi mujer) tenga que ir al neurólogo por un dolor en las cervicales y que un hijo de ella, Christopher Cameron, esté con gripe… para mi no es «lo que está de Dios, está de Dios», es que Dios está aquí y nada de eso que está en todas partes… o, vale, si está en todas partes el 99% en mi aldea, es que no hay otra.

Es que piénsalo bien; de 11 habitantes, casi la mitad está fuera de combate… y eso es mucho porque al cambio es como si sales de tu casa y la mitad de la población en la que vives está lisiada. Miras para un lado, un tuerto; miras para otro, un cojo; más allá… un tío con muletas; el de más acá, la cabeza vendada; que miras y no ves, pues eres tú que estas ciego, vamos, una fiesta.

Y claro, como lo que está ocurriendo parece una plaga de desgracias que no tiene fin… pues los que sobrevivimos ya nos miramos como diciendo «a que vas a ser tú el siguiente, a que lo vas a ser que tienes una cara de gotero que… » y así, los que quedamos, terminaremos teniendo estrabismo de tanto vernos de reojo y es que la verdad que ves a alguno que no sé como te diría, pero para mí… que está de Dios.

EL CINEASTA FERNANDO BENÍTEZ, PREMIADO. SOLE MORAIS Y SUS ZUECOS
El amigo del blog y cineasta Fernando Benítez ha ganado un premio con su largometraje Fuego Inolvidable en el Festival Internacional de Cine y Video Independiente que tuvo lugar la ciudad de Oaxaca del citado país centroamericano. Enhorabuena Fernando.
La también colega del blog, Sole Moráis está que se sale con los zuecos que ella adorna y son muchos los pedidos que tiene, ya que además de ser flipantes no son nada caros, unos 60 auros, aunque si váis de parte de Alfondo a la derecha, seguro que tiene un detalle y algo rebaja. Suerte Sole.