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Entradas para la categoría ‘Sioux’

Los ritos sioux que un gallego ha de seguir

Lunes, Diciembre 28th, 2009

Cuando me casé con la sioux, Veneatra Paynther (cuyo nombre significa generosidad y que por parte de madre es cheyenne y de padre choctaw. Esto es una locura ¿verdad?… si mi padre levantara la cabeza) Bueno, pues de esa tribu sabía más o menos lo que tú. Que como otras muchas se pintaban la cara cuando iban a la guerra, que montaban a caballo a pelo, que eran feos como demonios, tiraban con el arco que no veas y poco más. Pero la verdad que no es así, porque mi mujer más bien parece nórdica, es rubia, con ojos azules y por eso no me extraña que cuando era pequeña un día se escapara de casa pensando que sus padres no eran su verdaderos progenitores porque todos eran tirando a moreno, a carboncillo, vamos, y que la habían adoptado.

El caso es que lo indios nativos tienen algunas costumbres que iniciaron conjuntamente cuando llegaron sus invasores. Así que hace ya unas semanas llegué a casa, como un día más, y me encontré en la mesa tremendo pavo porque era el Día de Acción de Gracias. Claro, yo, ni idea. Voy a saber ahora si era el Día de Acción de Gracias o el de Con Mucho Gusto… Y es como efemérides recuerdo el 12 de octubre, que es el día del Pilar; el 24 de diciembre, Nochebuena; el 25, Navidad; el 6 de enero, Reyes, y para de contar.

Supongo que para los indios americanos pues a lo mejor el 6 de marzo es el día de la Gran Nube Blanca; el 8 de julio el de la Gran Hoguera Caliente y el 7 agosto, vete tú a saber, el del Río del Agua la Vida, y yo que sé, si yo soy gallego y como cosa más rara que he visto es el botafumeiro ese yendo de un lado para otro en la catedral de Santiago y 200.000 tíos con tortícolis en el cuello siguiendo el balanceo.

Lo que sí es cierto es que estos mal llamados pieles rojas han cambiado y mucho. Y así, por ejemplo, para sentirse orgullosos pues ya no tienen que cortar ninguna cabellera y mostrársela a gritos a todos los del poblado; que a mí la verdad no sabes el peso que me quitan de encima porque no sería plan que cada cierto tiempo tuviera que cortarle el pescuezo a otro de otra aldea y que como poseído por un ser superior tuviera que ir en taparrabos corriendo de casa en casa con mi trofeo agarrado por los pelos, pero que si hay que hacerlo se hace, que yo soy muy respetuosos con las creencias, que una cosa no quita otra; vamos, será por tradiciones…

Pero los indios, o por lo menos los de la tribu sioux, siguen unas costumbres ancestrales que en la actualidad aún mantienen y que yo, mira por donde, pues para no hacerles un feo, verdad, pues también las sigo y todas las que me tocan se celebran el mismo día, el 1 de enero. ¿Que cuáles son? Pues una de ellas es comer algo de carne, que no se sabe muy bien qué origen tiene esto.

Al parecer, como cazadores que eran, pues ese día comenzaban el año comiendo carne para que hubiera siempre piezas cerca y no comer plantas o tener que desplazarse; o sea, sería más o menos como eso de «¿A dónde va la gente? a donde va Vicente»; pero al cambio, en sioux, sería «¿A dónde fuimos onte (ayer) a donde fue el bisonte». Y ¡¡¡ ale !!!, Mujer del Viento y Niñas de Cabeza Alada arrear con todo que hay que ir detrás del animal ese de los bemoles que ya no queda insecto ni setas que llevarse a la boca y que las gambas al ajillo se descubrirán dentro de unos siglos. Así que yo, el 1 de enero, como un poco de carne, una loncha de jamón, por ejemplo, y primer rito cumplido.

El segundo es que, según las creencias sioux, da mal agüero que empiece el año entrando en la tipi (tienda) una mujer. Entonces, como es preferible que lo haga un hombre… pues salgo de casa, estoy unos segundos fuera, y cuando estoy helado llamo a la puerta, me abren y entro (por lo menos por ahora me dejan entrar) ya veremos este año. Y esta tradición, según hablé con el padre de la sioux, podría tener dos explicaciones. Una sería que si entra una mujer, como ella no era cazadora, pues qué mala suerte, una boca más a dar de comer, mientras que si lo hacía un hombre cabían dos posibilidades. Que se quedara y alimentara a los de la tienda, pues es él era el cazador (vamos esta no se la cree ni Jerónimo); y la más verosímil es que entrara, tuviera una noche loca de desenfreno y con suerte, de esa aventura salvaje, naciera un varón (un cazador), ésta parece más creíble porque, la verdad, no me imagino al nieto de Toro Sentado entrado en una tipi diciendo: «Perdonen ustedes, ¿tienen hambre?. Pues ahora mismo vengo con un cabritillo», pues como que no. Más bien me imagino al nietísimo entrando a sacho en la tipi, vistazo alrededor y aquí te pilló y aquí te mato ¿verdad?

Y por último, todo el día 1 de enero no puedes lavarte el pelo, y esta tradición sí se sabe porque es, y se debe a que los sioux creen que si el primer día del año te lavas la cabellera es como quitar (lavar) a alguien de tu vida, que una persona va a morir. Así que el día 1 suelo llegar al periódico con el pelo como una escarola y como soy un poco despistado, a lo mejor también el día 2 y el 3, con lo cual hace mogollón de años que nadie la patea en la familia sioux que me tocó porque incluso da el día 5 y sigo sin lavármela y hasta he pensado estar uno o dos meses, si es por ellos….

Pero los sioux tienen otras costumbres, como es que a un bebé, durante su primer año de vida, para que crezca fuerte, no se le corte el pelo, ni un rizo; vamos, antes ponerle gomina, pero esto a mí, con 51 tacos que tengo, pues ya como que no me coge que sino… Y así, queridos españoles (porque estoy convencido, aunque no lo digo, que hago el indio), es como yo paso desde hace unos cinco años los primeros minutos del Año Nuevo. Mientras tu te tomas las uvas, te pones hasta el gaznate de champagne, coges el corcho que lo has confundido con el turrón blando y luego llamas a alguien por teléfono para colapsar la línea; pues yo salgo de casa, me congelo, entro temblando, y me como una loncha de jamón para sí, para eso, para que haya bisontes. Joé es que estoy vivo de milagro, bisontes, bisontes… Dios, lo que se hace por amor.

PD.- Que tengáis UN BUEN AÑO 2010. Siempre vuestro amigo de mi-tu-nuestro-blog. Guisande

La sinusitis, la aldea y el mosquero

Viernes, Septiembre 4th, 2009

Definitivamente no sé por qué la gente para vivir experiencias se va a Cancún a Egipto o a los altos del Golán. Coge el coche, vivas en Vigo, A Coruña, Lugo o Mérida, adéntrate unos 50 kilómetros al interior de tu provincia, encuentra un pequeño pueblo (en Galicia aldea) y empieza a vivir situaciones paranormales.

Por ejemplo, yo pensaba que las enfermedades eran igual en todo los sitios; vamos, que lo que padecí durante estos últimos días (sinusitis) se sufre lo mismo en una aldea que en una ciudad. Pues no; cuando vivía en A Coruña y estaba enfermo me quedaba en cama, tapadito y no me preocupaba de nada más; pero con la sinusitis he descubierto que en el campo esto de las dolencias es otra historia.

La sinusitis, y para resumir, porque es una porquería, es que tienes una infección nasal, mucho moco, bien; pues como los moquillos no son perfumme Fransins, Paris, y en el campo hay moscas que están al loro de todo lo que huele mal, porque es su hábitat, ellas quieren eso, los mocos. ¿Pues tu crees que me iba a imaginar yo alguna vez que iba a estar postrado en cama, con dolor de cabeza, y que en una mano iba a tener el termómetro y en la otra un mosquero para dar a diestro y siniestro en una guerra sin cuartel a estos atacantes porque en una casa de campo, y más en esta época, siempre hay moscardones?

Y suerte que en un momento de lucidez llegué a la conclusión de que lo único que querían, cuando revoleteaban entorno a mi nariz, era mi mocamen, porque sino… si veo que me asaltan y no sé porqué es, lo más normal sería pensar que no es que me encuentre mal y que tenga sinusitis, sino que me estoy muriendo, pudriendo por dentro y por fuera y que las moscas, como los buitres, vienen a llevarse lo que quede de mí empezando por la napia.

De verdad que hubo días que me sentí como esa inocente gacelilla que está agonizando en la sabana y los buitres vuelan alrededor de ella esperando el momento para lanzarse en picado y devorarla. Es que además, ni que fueran funcionarias y se turnaran porque ves tres o cuatro, te las cargas y aparecen otras tantas y así todo el día, y yo con el mosquero resistiendo como un héroe todos los ataques.

Claro, en esta batalla desigual me he cargado más de un vaso, tirado el teléfono, rayado un poco la pantalla del portátil, y me he dado con el mosquero algún que otro golpe en los brazos y en las manos cuando se posaba uno de estos simpáticos insectos. Pero claro, con el tiempo aprendí varias argucias. Cogía una sábana, me tapaba entero y dejaba un huequecillo para respirar (así no me encontraban) y otra estratagema que funcionó, y no sé si pasársela a los de la OTAN, fue cerrar todas las ventanas porque en la oscuridad, no sé qué hacen, porque lógicamente no las veo, pero sé que se paran o lo más obvio es que estudien, no sé, pero me dejaban tranquilo.

Yo estaba acostumbrado, cuando había algún insecto en casa, a utilizar de esos spray que le das a un botón y el liquidillo sale por donde quiere; y no solo lo echaba por la habitación, sino que me acercaba al bicho y le daba una hipersupersobredosis y hasta los seguía por toda la sala, que cuando me entra la vena asesina me conozco; pero como mi mujer, que además de traductora es enfermera, dice que todos esos productos son contaminantes… No me lo creo para nada, bo. Es más, como ella es sioux y sus descendientes son de las tribus Choctaw y Cheyenne y vivían en una reserva, de lo que estoy seguro es que tiene un trauma de tantos años relacionada con la bichería. Yo no digo nada, me mosquea, sí; pero, ¿dále con el mosquero?, anda, dále, dále tu, tío listo.

PD.- Gracias a todos los que me habéis escrito durante los días que estuve enfermo y me mostrasteis vuestro cariño. Nunca me preocupé si era Gripe A, ya sabía que era un robo de las farmacéuticas

Mi vecino Gelito, un choque cultural

Miércoles, Julio 22nd, 2009

Los norteamericanos miden todo en millas, yardas, en pies, pulgadas y supongo que en pestañas y uñas; los europeos utilizamos el sistema métrico decimal y los chinos no sé ni me importan porque para lo que hablan…. En estos de las medidas, nosotros, por ejemplo, si se trata de una carretera decimos «pues tiene tantos kilómetros» y si nos vamos al espacio, a la estratosfera de la blogosfera, ya nos lanzamos a los «años luz».

Seguro que hay otros sistemas de medición, pero solo conozco a una persona que utiliza uno que es eso, único, individual y hasta diría que intransferible. Es el que usa Angelito, un vecino de la aldea al que todos llamamos Gelito. Pues Gelito, ni millas, ni yardas, ni kilómetros, ni años luz ni historias, él todo lo mide en «cajo en ros»..

Tiene que recoger un riejo de patatas de, por ejemplo, 40 metros…. pues tarda entre 20 y 30 «cajo en ros». Es tanto el tiempo que lo he visto trabajando que te puedo decir los «cajo en ros» que tarde en su cometido. Llevar un caballo del campo donde pace hasta la cuadra (unos 200 metros), entre 10 y 14 «cajo en ros»; ir a por agua a la fuente con un bidón (unos 30 metros), 3 «cajo en ros» al ir y sobre 5 al regresar porque viene cargado y más que mosqueado. Según mis datos, Gelito tiene una media aproximada de un «cajo en ros» cada diez metros y unos quince a la hora, «cajo en ros» arriba «cajo en ros» abajo, que para el caso tampoco tiene mucha importancia.

Supongo que en la Nasa, paradigma de la exactitud, todo debe estar medido y bien medido para luego acoplar en el espacio la cápsula y el transbordador, pero dudo mucho que alcancen la perfección de Gelito y estoy tan seguro que no necesito ningún estudio de ninguna Universidad de Missouri, Kentucky o Maryland para que me lo demuestren. No niego Gelito tendrá sus cosas, pero en lo que es medir… lo borda.

Lo que sí es cierto, que en los últimos dos años Gelito debe de estar actualizando de alguna forma su sistema métrico porque hasta hace poco tiempo su herramienta de trabajo era una fouciña, pero desde que ha comprado unas desbrozadora más que trabajar parece que va en moto y como que noto yo que dice menos «cajo en ros» que antes.

No sé, la verdad. Lo que sí sé es que entre Gelito y mi mujer sioux, que vivió 15 años en Francia y en casa hablamos una especie de idioma spanish-french, me están matando porque pasar en décimas de segundo de un «cajo en ros» a un «s’il te plaît» es un fuerte choque cultural, pero que muy fuerte.

¿Y quién no hizo una gamberrada?

Domingo, Julio 19th, 2009

¿Quién no ha hecho una gamberrada o, lo que nuestras madres dicen en su argot siempre benevolente, una trastada; o es que vas a ser tú ahora un santo? Pues no, hombre no, que tú también has hecho de las tuyas. Yo realmente más que gamberradas lo que hacía eran estupideces. Por ejemplo, cuando estudiaba Derecho en Santiago, una de las aficiones era subir por la noche a la catedral con algunos amigos, como Gumersindo Villar García-Moreno o Javier García Elespe, llevar instrumentos musicales, unos bocadillos, dar un pequeño concierto y echar más humo que el botafumeiro, sí de ese, claro.

También en Santiago, lo que hacíamos (y reconozco que no era muy loable), cuando estábamos sin un can era «donar» sangre para luego invertir en copas las 300 pesetas que nos daban. Y más que envida nos daba un tío al que conocíamos que tenía un tipo de sangre raro y le daban 600, pero como si le dieran 10.000 porque era aburrido……. Total, que sobre las tres de la madrugada te encontrabas sin un duro, sin sangre y supongo que más delgado y tirando a pálido. Quizás por eso de los remordimientos, ahora soy donante, pero donante de todo y en vida, para compensar, que hasta ese punto llega mi arrepentimiento.

Pero tal vez la mayor gamberrada que hice, fue ya con cierta edad a un alcalde de un minúsculo pueblecito que no atendía a las peticiones de unos vecinos que se habían quedado sin agua para sus casas, ni para el campo ni para los animales, por lo que todos los días tenían que ir a una fuente con todo tipo de envases, cuando además tenían una edad más que avanzada. Y así durante tres meses.

Como ni los escritos y las denuncias de la situación en el Ayuntamiento surtían efecto, decidí actuar, y como dice mi mujer la sioux: «¡¡¡¡ No, por favor, no pienses !!!!». Pero pensé. Así que aprovechando la fiestas patronales, el alcalde, que ya tenía unos 60 años, y pongamos que se llamaba Luis Tortueso Remolque y que tuviera un supermercado, cuando el ambiente estaba más caldeado, (verdad, qué cosas tiene el cerebro o por lo menos el mío), entregué un papelito al cantante del grupo que en ese momento tocaba en la plaza del pueblo.

Micro en mano, el pobre muchacho creyendo que hacía un acto humanitario hizo un silencio entre el público y leyó: «los padres del niño Luis Tortuoso Remolque, más conocido por Luisito el del supermercado, se ha perdido. Si alguien lo encuentra, sus padres lo están esperando a la derecha del escenario». Unos se miraban entre sí desconcertados, otros se preguntaban cómo era posible que se perdiera el alcalde con 60 años, hacían comentarios en bajo, y los más, se reían; yo… ni te cuento.

Y cuando ya la fiesta sobrepasaba las tres de la mañana, oigo en medio de otro silencio sepulcral: «Por cierto, que los padres del niño Luis Tortuoso Remolque, Luisito el del supermercado, podrían tener la delicadeza de decir si ha aparecido o no». Yo no sé si el grupo ya había cobrado del Ayuntamiento o si dejo de cobrar o si lo volvieron a contratar. Agua no hubo, eso también es cierto, pero risas…. durante semanas y bastantes.

Pero a veces no es la gamberrada, sino la idea. Un día mi padre, con el que me llevaba muy bien y al que me unía, además de lazos consanguíneos, el absurdo más absoluto, me dijo algo más o menos como lo que sigue. «Yo no entiendo esas gamberradas de romper una papelera o tirar piedras a una farola. Te imaginas el placer que tiene que ser estar en el Lugo, acercarte de noche despacito a la muralla, y no digo destrozar nada, pero darle una pequeñito puntapié y pensar que le estás dando una patada a todo el Imperio Romano……». Joé, cada vez que lo pienso…. Dios, qué placer.

Pd. Anímate y cuéntanos la tuya de forma tranquila, como sedado, piensa que este blog es un medicamento, en caso de………………….

Los médicos y el inglés me matan

Jueves, Julio 9th, 2009

Cuando usted va al médico es porque tiene un problema. Lo mismo me ocurre a mí, pero a diferencia de usted yo entro con uno y salgo con dos. ¿Y por qué? Por el inglés; sí, por el inglés.

Como ya conté en otros artículos mi mujer es india americana, de Ohio (Estados Unidos), más exactamente de la tribu sioux (que por cierto debe de ser la única que quedó viva porque yo de pequeño me los cargaba a todos cuando jugaba a los vaqueros), y aunque es enfermera se dedica a hacer traducciones de español, francés e inglés, pero no al mismo tiempo, lo digo porque hay gente para todo.

El caso es que como no confía en los médicos pues cuando tengo alguna dolencia insiste en acompañarme al especialista. Yo digo que no, que el que está mal soy yo y que si muero soy yo y no ella; pero ni así. No hay forma, así que cuando voy al médico realmente no voy, sino que vamos, como si fuéramos hermanos gemelos. Hasta ahí no hay el menor problema, pero en cuanto nos recibe el facultativo el asunto cambia.

Ya me puedo estar pudriendo por dentro, estar a punto de una trombosis, un infarto o una ceguera irrecuperable que el experto en Sanidad lo primero que pregunta y no falla es: «¿Y de qué país es usted?». «Y a mí qué diablos me importa que usted sepa o deje de saber de donde es mi mujer, si estoy aquí hecho fosfatina, con un dolor que estoy por saltarle a la yugular», pienso. Pues nada, como si hubiera ido a un balneario a tomar las aguas, como el médico hace mucho que no habla inglés, entonces aprovecha para practicar, pero como además ambos son del ramo de la Sanidad… pues qué quieres que te diga, habla que te habla y yo como un parvo escuchando sin entender nada.

No exagero, pero he estado en tantas camillas sentado viendo como mi mujer y los médicos hablan en inglés de mi dolencia y yo sin enterarme que podría ahora mismo decirle cuáles son los modelos, marcas y tipos de camilla más cómodas. Las he visto de todos los colores y formas, acolchadas, sin acolchar, con un agujero a la altura de la cabeza, con otro a la altura de las piernas, con reposacabezas, sin él…. Yo de mis enfermedades saber sé lo justo; o sea, nada, pero de camillas….. pregunte, pregunte.