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Entradas para la categoría ‘Geografía’

En la adea se viaja, pero vaya viajes

miércoles, febrero 8th, 2012

(Cosas que suceden cuando te vas a vivir al campo)

En la aldea pasan cosas inconcebibles y si las concibes… no le des vuelta tú no eres normal, puedes ser parecido, similar o asimilado a la realidad pero normal… no, ¡¡¡ qué vas a ser normal … !!! mira neniño, no mares y tómate el café.

Hace unos días en la aldea entré en la casa de Maruja; ya sabes, esa buena vecina que cuando habla la oyen en el sureste de Kazajistan; pues bueno, entré y de repente oigo: «¡¡¡ El veñe hoxe de Canarias, veñe hoxe !!!, ¡¡¡ que su padre hace un año viño de Alemania, de Alemaniaaa !!!», repitió Maruja, que hasta me hizo pensar que los alemanes no es que se levanten pronto porque sean trabajadores, sino porque los despierta Maruja, pero bueno esto son cosas que se me ocurren que no las tengo muy claras. Investigaré.

Yo la verdad, he de reconocerlo, no entendía nada de lo que decía Maruja y menos por la mañana, que estoy sopas total hasta las 12, así que seguí callado tratando de averiguar de qué hablaba porque la realidad es que a la aldea, en los últimos 10 años, el único que recuerde que vino fue un conductor que se perdió, y cuando salimos casi todos a indicarle por dónde regresar, el automovilista no nos hizo ni caso y salió escopetado.

Mis vecinos dijeron que era un maleducado; yo la verdad callé, pero tal como salimos todos, a gritos y algunos con aperos de labranza con hachas en la mano, palas, picos y otras arma, no me extraña que se fuera, que estoy seguro que más que pensar que le estábamos señalando por donde tenía que ir, seguro que creyó que los íbamos a linchar; pero bueno, esto es otra historia.

El caso es que Maruja, con un paño en la cabeza y sobre el paño un gorro, que parecía un tuareg, seguía contando: «Quen veñe es Raúl, que non, que non é Jonzalo, que é Raúl, que é o mais novo, o mais noviño, que antes estuvo en Suiza, ¡¡¡¡ en Suizaaaaa !!!!!», gritaba Maruja, que creo que los suizos se despiertan también a la misma hora que los alemanes.

Por momentos, más que la aldea aquello me parecía más un aeropuerto, pero sin maletas, hablando de Argentina, de Suiza, de Alemania… como si fueran vuelos: unos que iban, tros que venían… pero como no veía balizas ni Torre de Control y olía a vaca como que estaba seguro que seguía en la aldea, que si estaba…

De repente, Maruja me habló al oído y fue tal el toinnnnngggggg que sentí que no me fui a Urgencias de milagro, y aún estaba yo con un infinito sonido interior en el oído cuando pregunté entre contento y extrañado: ,«¿Pero quién es el que viene?, ¿quién viene de Canarias?. Y Maruja contestó: «Ti non o coñoces, ven Raúl, ven Raúl». «¿Qué Raúl?», volví a preguntar intrigado. Y entonces Maruja lo dejó meridianamente claro: «Veñe Raúl; bueno Raúl no, suas cenizas, as ceniza, que morreo hoxe». Joé con la aldea, viajar se viaja pero por lo visto, todo de una tacada y así… como que no mola.

PD.- Utilizo un gallego bastante castellanizado para que pueda ser entendido el artículo.

ALGUNA CONFERENCIA, CONTRATADA

Bueno; desde que hace unas semanas La Xunta de Galicia me ha incorporado a un programa de conferencias, ya he concertado dos (250 euros, tampoco es tanto) en otros tantos colegios a los que hablaré de guiones de Radio, Televisión y Teatro, (también prácticas, para que no sean aburridas) además de un coloquio en el que podrán preguntar sobre blogs, cuentos, chistes, Maedios de Comunicación… en fin, que espero que los alumnos se lo pasen bien

Maruja mi vecina, la sioux, el regateo y los chinos

martes, diciembre 13th, 2011

(La felicidad de vivir en una aldea de 11 habitantes con unos vecinos maravillosos)

Para Maruja mi vecina no hemos entrado en la Unión Europea ni historias. Ni euro, ni libra, ni yen, ni la petanca; ella sigue pagando como si hubiera pesetas y las compras las hace al estilo de los años 50: regateando; es decir, negociando.

A ella le da lo mismo que en un escaparate una cosa valga 100, 120 que 840. Ella entra y… y es otro mundo. Y por eso de que es otro mundo, hace unos días fuimos a Betanzos (el pueblo más grande que hay al lado de mi aldea), que es como Nueva York aquí en el rural: 12.000 habitantes, más o menos. Y por eso de la vida, Maruja, la sioux (mi mujer) y yo entramos en un chino porque querían comprar no sé qué.

Como ya lo veía venir todo me puse a observar lo que tenía que suceder porque… como te diría, hay cosas que son así y así son. Podía suceder comprar o no comprar, mirar o no mirar, entrar y salir, incluso ni entrar ni salir, quedarnos en la puerta, que para eso somos gallegos; pero yo lo tenía tan claro, pero tan claro, que las dejé a ellas juntas y me puse en un lugar estratégico frente a la cajera para ver qué pasaba. ¿Y que pasó?, pues lo que tenía que pasar.

Miraron unas fundas para unos sofás y cuando Maruja preguntó el precio… la primera en la frente: «¿E isto en pesetas canto é?». Y tras la conversión a la extintayugoeslaviapeseta, en el chino se escuchó: «¡¡¡ Jasússssss !!!». Bueno, el «¡¡¡ Jasússssss !!!» se oyó en todo el local chino, en parte de Shanghai en las provincias de Qinghai y Henan, y quizás en alguna zona del ex sahara español y en el sureste del Serengueti. Entonces Maruja, si dar tiempo a que la empleada comentase nada, movió con sus manos la falda de izquierda a derecha y de deracha a izquierda hacia arriba, como si la remangara, y continuó: «¡¡¡¡ Si non e para min !!!!, ¡¡¡¡ que é para esta rapaza que é de fora y ten catro fillos e ainda no encontrou traballo !!!!».

La sioux no entendía nada, yo, de verdad que todo, pero cuando digo todo… es todo, y cuando la sioux trataba de intervenir, Maruja decía: «¡¡¡¡ Cala ho !!!!, ¡¡¡¡ ti que saberás, déixame a min ho !!!!». Yo no sé si fue por lo de extranjera, por lo del trabajo o lo de los cuatro hijos, pero así de repente, las fundas de 40 euros bajaron a 35.

Y tras una nueva conversión monetaria, Maruja siguió: «Pero non ves que acaba de chegar e que está empezando unha nova vida. Non te acordas cando tí e mais eu empezamos unha vida… ». Y mira, en confianza, yo no sé que pensó la dueña del chino, que no era china, por cierto, pero de 35 bajó a 30 euros y a mí como que me dio que más que por un sentimiento de solidaridad lo hizo para ver si de una vez se iban de allí y la dejaban en paz, que falta le hacía, si le vieras la cara…

Ni qué decir tiene que yo a estas alturas de la compra-negociación ya no miraba nada. Estaba frente a una estantería como podía estar frente a una ensaimada, en Kazajistán o en Nairobi y lo único que pensaba era que Maruja si seguía así, hablando a grito pelado, iba a crear un conflicto internacional y que ya me veía yo escribiendo un suplemento especial en el periódico sobre cómo entramos en guerra con la China por culpa de unas funditas; vamos, un curre que no veas.

Mientras había clientes que entraban, pagaban y salían; entre el «arredemo» y el «Jasús», no me digas a cuento de qué Maruja empezó a recordar la época del hambre en las aldeas, del frío que se pasaba, de enfermedades, de un hermano que se fue a la Argentina, de cómo un día que era joven fue a una fiesta y no sé qué pasó con un traje, de… mira, yo te prometeo que no conozco a Merkel ni al Sarkozy, pero que ponen a Maruja al frente del BCE y que no suben las primas de riesgo y que los inversores se las ven y las desean para cobrar… vamos, como hay Dios que la Maruja al frente del BCE arrasa.

Total, que una compra que tendría que llevar unos 10 minutos duró casi una hora; y ya en la calle, Maruja estaba orgullosa de cómo había regateado; pero a mí me quedaba una duda porque según Maruja, la sioux acababa de llegar a España, estaba con cuatro niños, empezando una nueva vida, sin trabajo y entonces le pregunté a Maruja ¿y cómo no se te ocurrió decir que era viuda? Y ni que a Maruja le hubiera pegado un tiro oye; se quedó parada, quieta, pensativa, inmóvil y dijo: «Non o dixe, ¿ti estás seguro que non o dixe?». Y la verdad que seguro seguro, lo que se dice seguro no. Para mí que no dijo que la sioux estaba viuda, lo sé porque yo estoy vivo, pero que muy vivo; ahora de la de la tienda… de ella no respondo.

¿Playas en Galicia?, una leyenda urbana

domingo, agosto 7th, 2011

Esto de que Galicia tiene playas para disfrutar es una leyenda urbana; vamos, te lo digo yo, que me hice gallego hace tiempo y mi bañador tiene como 20 o 25 años y la etiqueta puesta, para lo que lo uso… ¿y es que hay alguien que pueda disfrutar del mar a -133 grados centígrados?.

Para mí que más que mar (aquí no se quema nadie) en Galicia lo que hay son cientos de cubitos de hielos, miles, todos juntitos y, a medida que pasa el día, pues se van derritiendo. No sé tú, pero yo desde que tengo uso de razón en Galicia no he visto a nadie tirarse de cabeza al mar y la gente que se mete, toca el agua con los pies y salta como si le hubiera picado algo; y los que salen… joé como salen… con las piernas rojas, con los labios amoratados, la piel arrugada…

Yo no sé que hay ahí dentro, pero dudo que sea agua porque es salir uno y decir: «Hoy está mejor», «peor que ayer» y para mí más que ir a la playa es como si hubieran ido a la UCI de visita y no sé, serán cosas mías, pero cuando oigo «frío, frío», no hay quien me quite de la cabeza que hablan de un cadáver.

Yo lo que creo que en el fondo hay una confusión. En Galicia no hay playas, lo que hay es buen marisco, cocido, sardinas… y la gente, tras una tremenda comilona, habla, charla se explaya. Y aquí está el asunto, que se «explaya» y el personal entiende «es playa». Y ya se sabe como son estas cosas, que se empieza a decir «es playa, es playa, es playa» y al final… pues que Galicia tiene playas y por mucho que digas que no… pero entre tú y yo: ¿Playas en Galicia?, una leyenda urbana.

¿Para qué quieren los americanos las piernas?

martes, julio 14th, 2009

Nunca entendí para qué quieren los norteamericanos las piernas si allí todo se hace en coche. Sales de casa en coche, aparcas en el garaje de tu trabajo, subes en ascensor y te sientas en la mesa de tu oficina.

Cuando llega la tarde, bajas otra vez en ascensor, subes de nuevo a tu vehículo, te acercas a un restaurante donde te ponen una bandeja frente al volante y vuelves al trabajo. Y cuando finaliza tu jornada laboral regresas a casa en coche, donde, por su puesto, desde el utilitario coges la correspondencia del buzoncillo ese que parece que viven las palomas y donde también puedes dejar las cartas para que se la lleve el funcionario de correos.

Pero hay más, si prefieres hacer tú la comida y vas al megahiper, además de ir en tu vehículo, al llegar hay como unos cochecitos eléctricos que puedes subirte a ellos e ir por todos los pasillos cogiendo los productos que quieras en una canastilla que llevan delante. Pero esto para ellos no es ninguna novedad; ya lo aprenden de niños, porque para los más pequeños hay unos carritos que tienen en la parte delantera una carrocería de plástico como de un camión, con dos asientos, se meten en él y mientras tú empujas ellos creen que van conduciendo.

Si además de estas comodidades estás cansado, pues por doce dólares tienes una patrulla de coreanos por todas las instalaciones que te dan un masaje de 15 minutos; pero si quieres algo más barato, por un dólar te sientas en una especie de sillón y durante 15 minutos el artilugio vibra, te mueve las costillas presionando suavemente, te medio estruja la columna vertebral y así todos los huesecillos conocidos. Y si aún así sigues cansado, o eres un vago redomado, pues nada; para relajarte te vas unos locales donde metes los pies en unas palanganitas de colores que contienen agua tibia mientras te cortan el pelo, por ejemplo.

Y así viven estos amantes de las hamburguesas y pioneros del colesterol, entre no hacer nada y no hacer absolutamente nada. Está bien, vale, quizás exagero cuando digo que no entiendo para qué quieren los norteamericanos las piernas, pero de lo que sí estoy seguro es que con una sola les sería más que suficiente.

París, otra situación «pailán»

viernes, julio 3rd, 2009

Después de escribir el artículo «cuando vives el momento pailán» y de recibir varios comentarios en los que los bloglectores se contaban simpáticas situaciones que han vivido, me acordé de otro suceso que me ocurrió en París. Y digo París no por fardar, sino porque este tipo de efemérides (porque las recuerdas todas las vidas) suelen ocurrir siempre en sitios, digamos, avanzados. Lo que me sucedió fue a mediados de los ochenta, cuando en compañía de Gumersindo Villar García-Moreno, que en la actualidad trabaja como bibliotecario en la Universidad Complutense de Madrid, y del amigo y periodista José Luis Álvarez, que entonces estaba en El Ideal Gallego, nos fuímos a recorrer mundo.

El caso es que estando en la capital francesa fuimos a una de las mejores cafeterías por eso de ver cómo eran y de disfrutar, que para eso estábamos de vacaciones, aunque andábamos sin un real. Pedimos lo mínimo, un café (que nos costó como si hubiéramos pedido bacalao al pilpil), y al poco rato tuve una imperiosa necesidad de ir al cuarto de baño. Así que me acerqué a la barra, y con boca de piñón dije; la toilette (que se pronuncia tualé). La persona que estaba al frente del local ya ni me explicó dónde se encontraba porque dedujo que no era francés, sino más bien lelo, y que si me respondía no le iba a entender, así que muy amablemente (y gracias a dios que no era manco) señaló con su mano por donde estaban los urinarios.

Entré en los servicios y encontré una estancia de unos diez metros cuadrados, a la derecha unas preciosas griferías de color dorado, asentadas sobre mármol de color crema, y unos impresionantes y brillantísimos espejos, que ya fue mucho ver para la situación de necesidad en la que me hallaba. Miré alrededor y no vi dónde había que hacer pis, pero lo peor, no había nadie. La primera pailanada fue pensar. «París, el gran París. A lo mejor esto es solo para lavarse las manos y hay una puerta que va a los urinarios». Me fijé en las paredes y no veía ninguna puerta ni nada que se le pareciese. Cada vez tenía más ganas de…. de eso, y lo peor, nadie entraba, lo que era raro porque la cafetería, aunque no estaba llena, sí había suficiente gente como para que al menos apareciera un meoncillo, pero no. Entonces me dije: «Pues no queda otra que esperar», y me puse frente a uno de los grifos para disimular, porque, claro, no sería normal aguardar alguien en medio de la tualé, que a lo mejor creía que estaba a la espera de algo…. y no, que uno es liberal, pero no tanto, tú ya me entiendes, porque además no te queda más remedio que entenderme ya que sobre esto no escribo.

Cada vez tenía más ganas, miraba insistentemente para ver si entraba alguien, me ponía nervioso y cometí un gran error. Sí, un fatídico error; con el fin de disimular perfectamente tenía las manos debajo del grifo, e instintivamente lo abrí. El fluir del agua incidió profunda y directamente en mí, y cuando ya estaba en una situación límite por suerte entró una persona (ahora ya hay cuartos de baños así, pero en los años ochenta…….) y se fue directo a una pared. Entonces lo seguí y comprobé cómo por ella caía una finísima película de agua que se tragaba el suelo. De verdad, y si soy sincero, porque estaba en un cuarto de baño, pero al finalizar, lo juro y que venga Dios y lo vea, estaba por abrazar al colega del urinario; ponerme de rodillas y hacer la ola o dar brincos hasta Bilbao. Y es que no era para menos, había llegado en el último momento, cuando la gota rebasaba el vaso.

Anímate y cuéntanos tu situación «pailán»

¿España-USA?, ¡¡¡¡ pero por qué !!!!

domingo, junio 28th, 2009

¿Cuántas son las posibilidades de que España juegue un partido oficial de fútbol contra Estados Unidos en el que uno de los dos tiene que quedar eliminado?, ¿una entre cien millones…. dos? ¿Y que seas gallego y que justo esa circunstancia futbolera coincida con que estás casado con una norteamericana?. ¿Una entre mil millones, cuatro?.

Pues quizás aún más porque como me explica muy buen mi amigo y compañero Pablo Gómez Cundíns, que está en la sección de Deportes de La Voz de Galicia, «son de continentes distintos y, salvo un mundial o un campeonato de Confederaciones, no es posible», para añadir con ironía, «así que no te preocupes más». Pues pabliño, no me preocuparé más, pero me tocó. Y como me tocó pues vi el partido entre España y Estados Unidos creyendo que más que en una aldea de Galicia estaba en Oklahoma o en Aiowa, oyendo a todo momento «¡¡go, go, go, go…!!!» (¡¡¡ vamos, vamos, vamos !!!), «show me the colors» (que es algo así como «por tu bandera, por tu país») «¡¡¡ come on baby, come on baby !!!» (¡¡¡ vamos chico, vamos chico !!!). Si mi padre, que era de Castilla y no conoció a mi mujer, levantara la cabeza……….

Pero si sabrán poco o nada de fútbol en el país de los cohetes, que en una ocasión estábamos en un bar y jugaba no sé qué equipo contra otro cuya camiseta llevaba rayas verticales y al verlos mi mujer dijo: «¿Por qué hay tantos árbitros?». «¿Arbitros?», pensé. Y entonces comprendí que pensaba que eran los colegiados porque en el fútbol americano, aunque llevan pantalones hasta la pantorrilla, la camiseta es de rayas verticales negras y blancas.

Claro que el día del partido entre Estados Unidos y España reaccioné tarde, porque es tal el desconocimiento que tienen de lo que ellos llaman soccer, que cuando acabó el encuentro y los del banquillo invadieron el campo, me preguntó: «¿Qué pasa?», «pues qué acabó el partido», contesté, y entonces se puso a bailar como lo hacen los jugadores de fútbol americano tras hacer thas down, con ese swim tan particular y bello, porque una cosa no quita la otra. Sí, me faltaron reflejos, porque si espabilara le hubiera dicho que no se acabó, que es el descanso, que hay una tercera parte que se juega en septiembre y si cuela…. pues cuela. Y tras el fútbol empezamos a hablar de los deportes, que si en baloncesto España y Estados Unidos, que si esto y lo otro y al final me quedó una duda y pensé que estos tíos deben ser un poco torpes. Bastante torpes porque cómo es posible que en un país, que está armado hasta los dientes y son 300 millones, no tienen un campeón del mundo de tiro al plato. De verdad que no lo entiendo, o quizás sí, porque es al plato, que si no…..

Cuando vives «el momento pailán»

martes, junio 23rd, 2009

Ya puedes viajar lo que quieras que cuando menos te lo esperes vivirás «el momento pailán*». A mí me sucedió en Estados Unidos, en una localidad que se llama Bear Creek, en Texas, en la casa de mi amigo Kevin. La vivienda era la típica de esas que se ven en televisión: el garaje a la derecha, la entrada a la izquierda y un terrenito de unos 60 metros cuadrados frente al inmueble. En la primera planta las habitaciones y en la parte de abajo un inmenso salón con su cocina, una barra americana y todos los electrodomésticos que uno pueda imaginar y que se podían utilizar con un mando. Para que no faltara nada, en la parte trasera, que no se ve en televisión, hay un campito donde suelen instalar una pequeña piscina y una canasta de baloncesto con los colores de la bandera americana por si quieres hacer un triple o un aliup. O sea, la felicidad total.

Como en la casa no se podía fumar, la solución era salir a fuera, echarse uno o dos cigarrillos y volver a entrar. La verdad es que no los saboreas mucho, pero… algo es algo. Así más o menos fui tirando la mañana del primer día de mi estancia en USA, entrando y saliendo de la vivienda para nicotinarme.

Todo estaba perfecto hasta que a las doce de la noche, cuando mi amigo ya estaba dormido, decidí fumar un pitillo. Así que bajé despacito, sin hacer el mínimo de ruido con la intención de salir fuera para no dejar rastro alguno de humo. En puntillas me acerqué a la puerta y al abrirla ¡¡¡¡Noooo!!!. Comenzó a sonar una estruendosa alarma. Ni que decir tiene que mi amigo bajó a toda velocidad y me encontró en calzoncillos, en camiseta y con un paquete y un mechero en la mano, simplemente, penoso. Desconectó la alarma y me explicó lo que tenía que hacer para que no funcionase si quería fumar. Abrió una caja que estaba oculta en una pared y me empezó a decir qué botones debía pulsar y, al segundo, le dije: «Déjalo, no fumo», a la vez que pensaba que aquello era más complicado que el manual de la BlacBerry, que son 278 páginas.

Al día siguiente, al levantarme, me encontré solo en casa ya que mi amigo había ido a trabajar y no volvía hasta las siete de la tarde. Desayuné y cuando iba directo a la calle a echar un cigarrillo pensé: «¿Y si salgo y la puerta se cierra automáticamente, porque aquí todo es automático, y no puedo después entrar?». Y también al momento cavilé: «¿Y si mi amigo tiene un sistema que si abro la puerta suena la alarma y, como es el primer día que estoy aquí, se olvidó desconectarla?». Y como el asunto iba in crescendo me cuestioné: «¿Y si suena la alarma y como no sé desconectarla vienen los vecinos, y como no sé inglés y estos están armados hasta los dientes y creen que soy un ladrón me fríen a tiros?». Estaba ya en total paranoia cuando me dije: «Abro la puerta y que sea lo que Dios quiera, pero yo fumo con o sin alarma». Me armé de valor, me acerqué a la puerta, agarré la manilla, abrí rápidamente y…. no sonó la alarma.

Pensaba que todo había pasado cuando entonces me asaltó otra duda existencial mientras encendía el cigarrillo y con un pie sujetaba la puerta abierta: «¿Y si ahora la cierro y mi amigo tiene un sistema que no se puede abrir tras cerrarla o tiene una alarma que previamente hay que desconectar siempre que se entra en el día por primera vez?». Así que estirándome como pude cogí una maceta que había cerca y la puse entre la puerta y la entrada y así quedó hasta las siete de la tarde. Cuando llegó Kevin le expliqué lo sucedido. No me llamó pailán, porque no sabe lo que significa, pero seguro que sí hick, que más o menos es lo mismo.

*Pailán (Palurdo, cateto), palabra gallega que más o menos viene a significar aquella persona carente de cultura y de pocos modales que se cree todo lo contrario.
*Cuéntanos tu caso

Ese bicho llamado ñu

sábado, mayo 23rd, 2009

Yo no sé usted, pero personalmente no aguanto ya más documentales sobre el ñu, y cerca de él, a muy poca distancia, está el petardo ese del oso cogiendo salmones con su zarpa, que me tiene harto; pero lo del ñu, la verdad, me supera y no exagero si le digo que conozco mejor la vida de este tipo que la de mis hijas.

Para la mayoría de la gente la vida suele estar marcada por ciertos acontecimientos o recuerdos: una canción de cuando eras joven o te enamoraste, una película que te impresionó por el argumento o porque era muy diferente, el primer coche que compraste y que te hizo mucha ilusión y, si eres de A Coruña, el penalti que falló Djukic; vamos, lo normal, pero que tu vida esté marcada por el condenado antílope africano…

Estoy en casa, enciendo el televisor y raro es el mes que el ñu no entra en mi salón. He visto tantas veces los documentales del ñu que estoy convencido de que se trata de los mismos ñus y del mismo cocodrilo. Yo ya me sé de memoria que el ñu vive en África, que cuando las hembras está fecundadas se une en grupos formando una riada de individuos hasta llegar a los pastos del Lago Victoria o del cráter de Ngorongoro y que esto ocurre en el mes de junio; o sea, dentro de unos días.

Sé que antes de llegar al Ngrongoro tendrán que pasar por un río infectado de cocodrilos y que uno de estos reptiles se comerá un par de ellos. Por saber de este bicho sé que alcanza una velocidad de 80 kilómetros, lo más rápidos, unos 60 los más lentos, y que en el Parque Nacional de Serengueti, en Tanzania, (que a mí como si es Mónaco) hay más de un millón de ejemplares. ¿Y usted cree que esto me interesa?, en absoluto, me da lo mismo el ñu que la vida de una gaviota; pero son ya tantos años viendo al ñu que al final me lo sé todo. Bueno, todo no, porque lo único que no entiendo, sabiendo el trágico final de algunos ñus al pasar el río, porqué no le ponen un condenado puentecillo. No lo entiendo.