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La aldea está revolucionada, ¡¡ llegan tres modelos estadounidenses !!

Viernes, Enero 28th, 2011

(INFORMACIÓN DE ÚLTIMA HORA. Agencia Guisande)

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De verdad que yo ya estoy por pedir una subvención a Asuntos Sociales, a Dementes sin Fronteras o a Esquizofrénicos Association y que me internen; porque esto me supera, que venga un notario que cobre menos que el folio a doble espacio (vamos, que sea inteligente) y que levante fe de los que está ocurriendo o va a ocurrir aquí, que yo no quiero saber nada. Yo me fugo, o me hago refugiado, o de las FARC o vuelvo a reorganizar Sendero Luminoso, pero algo tengo que hacer.

¿Y qué es lo que pasa?. Pues que a nuestra aldea de 11 habitantes van a venir la sobrina de la sioux, que se llama Jane, una joven de 20 años, modelo y que está acabando la carrera de Derecho en la Universidad de Duke, en Carolina del Norte (en la foto la del centro), su amiga Erin (a la izquierda, también modelo) y Molly (¡¡¡ pues claro hombre !!!, también modelo).

Y fue ver las fotos en la aldea, como las estás viendo tú, y esto es la locura, una auténtica revolución: Javito, el del bar, dispuesto a llevarlas de marcha todas las noches a no sé cuantos sitios, que ya le dije que cuando se vayan que vengan a despedirse, si no le importa, claro; Manolo, que nos invita a todos a comer y a cenar, «que ten que comer pulpo», si él lo dice…; y Luis… joé Luis, va y dice: «¿Puedo verlas?» y te lo juro que fue oír eso de «puedo verlas» y no pongo una taquilla porque uno tiene decencia, que si no… Dios qué noble soy.

Y cuando pensaba que no podía ocurrir nada especial, que ya más como que no, que todo estaba controlado… Juan, no te lo pierdas, Juan, sí Juan, que casi nunca habla, dice todo serio: «Si se quedan solas en casa lo mejor es que cierren la puerta con llave» con lo cual ya me veo yo llamando al delegado del Gobierno en Galicia pidiendo ayuda y que me mande un par de patrullas o que los Geos tomen posiciones frente a la casa. Joé, y decían que la aldea era tranquila…

De verdad que os voy a contar en el blog, aunque sea resumido, lo que pase, porque algo va a pasar ya que esto… ; y es que además todo sin avisar; bueno, no, avisaron: «¡¡¡ Llegamos mañana !!!» Y claro, como vienen tres, y entonces en casa somos 9, que hasta hora es una casa y no un hotel… pues todo dios ofreciendo habitaciones, que ya no sabes si esto es una casa o un… sí, eso que piensas, porque claro, porque miden casi 1,80 y son modelos, que sino… sino me iban a ofrecer habitaciones… De verdad si en algo me apreciáis, o me dais ánimos o me alojáis en vuestra casa o… o, nada, olvidaros, las FARC casi mejor.

Lo que pasa al enamorarse de una árabe (primera y segunda parte)

Miércoles, Noviembre 18th, 2009

(ALGUNOS CONSEJOS POR SI UN DÍA TE ENAMORAS DE UNA ÁRABE)

Esto de enamorarse es una historia y nunca se sabe dónde salta la liebre, que quede claro que la liebre soy yo y solo yo; lo digo para que no haya mosqueos tontos, que empiezas con una palabra inocente y se termina con un tratado comecocos que no veas.

Bueno, pues a lo que iba. Mira que no hay chicas en Galicia, en Andalucía, en Cataluña o en Miranda de Ebro, pues cuando tenía 20 años ¿dónde crees tu que me enamoré? Y no hablo de la sioux, la maravillosa aborigen con la que me casé, que sus ancestros vivían en una reserva bajo una tienda, y no precisamente de comestibles, no.

Pues para una vez que decido ir a Marruecos, voy y me enamoro de una joven, Imaine El Omari, a la que conocí en invierno y, no te lo pierdas, en una playa, que es lo má logico en invierno, claro, conocer a alguien en la playa. ¿Y en qué lugar?, pues en la localidad de Kenitra, a unos 50 kilómetros de Rabat y donde años más tarde me enteré que estaba el mayor centro penitenciario de Marruecos; que es donde yo tendría que estar, que cuando me dejan suelto….

Y claro, como ella era árabe y yo gallego, pues sino llega a ser por el francés aún estaría ahora haciéndole señas y señas para decirle «Hola». Pero el caso es que cuando te enamoras de una persona de otra cultura siempre pasa algo y si con este artículo alguien puede sacar algo positivo… pues mi amorío arabesco habrá valido para mucho más de lo que me imaginaba.

Tras conocerla (estaba con dos amigas en la playa paseando y yo con buen amigo e ingeniero de Dragados Juan Miguel Pérez Rodríguez) comencé ya con el primer choque de civilizaciones pues las invité a tomar algo y no, las mujeres árabes no van a ninguna cafetería ni restaurante, salvo que se casen y, claro, era muy pronto esposarse por mucho que me apeteciera en ese momento un refrigerio. Así que después de varias horas hablando me dio su dirección para que le escribiese cuando llegase a España. ¿Iba yo a esperar?, naturalmente que no, que uno es muy pasional y al día siguiente cogí mi coche, aparqué a unos 40 metros de su casa y allá me fui y llamé a su puerta.

Las mujeres árabes tienen fama de tener unos ojos grandes y preciosos, preciosísimos, y es cierto; pero los que vi nada más abrirme la puerta eran más que preciosos, eran impresionantes, pero impresionantes de grandes, tanto que parecían que iban a salirse de las órbitas.

Una joven que no era Imaine me cogió del brazo, tiró de mí como si fuera una servilleta de papel y me metió a toda prisa por unas callejuelas. Y allí, entre unas paredes blanquecinas como mi mente me explicó que nadie en su sano juicio (juicio árabe y siendo hombre, se entiende), va buscar una chica a su casa y menos si es extranjero. Que eso por cierto ya lo había notado yo, que nadie paraba de mirarme, pero me lo corroboró y fue un detalle, que siempre está bien que te lo digan aunque todo un país te mire y tú aún tengas dudas.

El caso es que no recuerdo otras cosas que me dijo, pero por la cara que ponía y por sus descomunales ojazos intuía que como que me iba a caer una de esas leyes raras que te dejan frito de por vida y que la única forma de evitarla es precisamente ser un estratega, yendo al meollo del asunto, a un país musulmán y vivir de por vida con un burka, que viene del árabe «¿..;.-/-. )&,?¿¿^^`.??», creo. Una ruina, pero al menos estás vivo hasta que te tengas que cortar el pelo y quitarte el prêt-à-porter ese.

A lo que íbamos, pronto descubrí que la joven de los ojos como melones era la hermana de mi amore y me explicó que si quería hablar con ella, el mejor sitio era en el mercado a la hora de la compra. Y allí me tienes, entre melocotones, naranjas Y limones habla que te habla durante horas porque hacer la compra en Marruecos es casi una profesión ya que es cuando las mujeres pueden estar más tiempo fuera de casa.

¿Y qué haces tras la compra, que te queda todo el día y te has recorrido más de 2.000 kilómetros y has visto más veces los limones que a tu amada, que era a quien realmente ibas a visitar aunque ya dudas si sería al cítrico?

SEGUNDA PARTE

Pues si con la que joven que te enamoras tiene hermanas y quieren ayudarte, con suerte podrás verla a media tarde en algún lugar lejano bajo la atenta mirada familiar para seguir hablando y hablando, que no está mal, que eso une, cierto es, pero que llega un momento que mi francés no da más de sí o no quiere darlo y…. No me digas que esto no es amor hombre.

¿Y qué hacía por la noche (o puedes hacer) cuando Imaine se iba a casa? Pues como estaba enamorado como una perdiz no hacía nada especial; bueno sí, salía a tomar unas copas, que me rio yo de que no se bebe alcohol, será del 90, porque del otro… y sobre todo pensaba en los limones, había visto tantos…. pero tantos tantos…

Total, que al cabo de un año de viajes y más viajes empecé a vivir una situación curiosa, como una doble vida surrealista. En Marruecos era un enamorado y en la frontera (cuando iba a España) estaban seguros de que me dedicaba al tráfico de hachís porque nada más ver el pasaporte con tantos sellos de ida y vuelta los funcionarios casi me desmontaban el coche. Y cuando me preguntaban porqué visitaba tanto el país alauí y les decía que «me enamoré y salgo con una chica», como que me daba la sensación que hasta el perro policía se reía de mí.

Y no lo entendía; mientras todos cruzaban la frontera y casi no reparaban en ellos, yo casi pasaba más tiempo en la aduana con la Benemérita que con mi cuore. Y pensaba: «pero si ven tantos sellos y creen que realmente soy traficante y nunca me han pillado ¿no les iría mejor ir a por otro más fácil y dejarme como un caso imposible?». Además, me decía: «Si como creen he pasado tantas veces, eso significa que nunca he traficado con toneladas, que si fuera así con un viaje sería suficiente ¿entonces por qué no se dedican a buscar a los capos?». Y también cavilaba: «No, si al final voy perder el ferry en Ceuta y aún me voy hacer narco de verdad para pagar el billete y entonces sí que me van a pillar, que soy yo muy inútil para esos chanchullos».

Pues nada. Y estoy seguro que en ocasiones aquello era para ellos como un reto, que ya podía pasar frente a ellos un tipo con una bandejita en plan «¡¡¡ Vendo, vendo, vendo choco y galletas, anisetes y almendradas, cocaína y aspirinas !!!» que lo que realmente les importaba era cogerme. Y siempre igual: ventanilla que bajas, pasaporte que enseñas, perro que se acerca y Guisande que se apea y fumando espero el hachís que yo no llevo.

De verdad que los cánidos nunca me llamaron mucho la atención, pero vi tantos perros en la aduana oliendo y reoliendo mi coche como si le estuvieran haciendo la ITV… Y que conste que tengo dos chuchos porque una norteamericana no puede vivir sin perros y su banderita de marras y barras. Ya sabes, que un día arde mi casa y allí salgo yo en el Telexornal o en la TDT o en Youtube entre cenizas con el perro palleiro en brazos y supongo que la bandera americana detrás, una música de héroe y mezclando «Yes we can» con «cajoenros, podemos».

Pero vayamos al sucedido; pasado cerca de un año… sí, amigos bloglectores, después de casi 365 días, de unos cinco o siete viajes, de ser considerado traficante y muchas cartas de amor. Después de conocer a esa chica que no era integrista pero sí íntegra, como yo…. llegó el final. No había ni Facebook, ni tuenti ni retuenti. Imaine siguió estudiando, no volví a ver a mis amigos (como Hasmish); me da que el pastor alemán sigue sin decir ni palabra de la lengua teutona, y yo… pues yo me adentré en el mundo del periodismo y sí, en efecto, me harté de soñar con limones. Un beso Imaine.

¿Para qué quieren los americanos las piernas?

Martes, Julio 14th, 2009

Nunca entendí para qué quieren los norteamericanos las piernas si allí todo se hace en coche. Sales de casa en coche, aparcas en el garaje de tu trabajo, subes en ascensor y te sientas en la mesa de tu oficina.

Cuando llega la tarde, bajas otra vez en ascensor, subes de nuevo a tu vehículo, te acercas a un restaurante donde te ponen una bandeja frente al volante y vuelves al trabajo. Y cuando finaliza tu jornada laboral regresas a casa en coche, donde, por su puesto, desde el utilitario coges la correspondencia del buzoncillo ese que parece que viven las palomas y donde también puedes dejar las cartas para que se la lleve el funcionario de correos.

Pero hay más, si prefieres hacer tú la comida y vas al megahiper, además de ir en tu vehículo, al llegar hay como unos cochecitos eléctricos que puedes subirte a ellos e ir por todos los pasillos cogiendo los productos que quieras en una canastilla que llevan delante. Pero esto para ellos no es ninguna novedad; ya lo aprenden de niños, porque para los más pequeños hay unos carritos que tienen en la parte delantera una carrocería de plástico como de un camión, con dos asientos, se meten en él y mientras tú empujas ellos creen que van conduciendo.

Si además de estas comodidades estás cansado, pues por doce dólares tienes una patrulla de coreanos por todas las instalaciones que te dan un masaje de 15 minutos; pero si quieres algo más barato, por un dólar te sientas en una especie de sillón y durante 15 minutos el artilugio vibra, te mueve las costillas presionando suavemente, te medio estruja la columna vertebral y así todos los huesecillos conocidos. Y si aún así sigues cansado, o eres un vago redomado, pues nada; para relajarte te vas unos locales donde metes los pies en unas palanganitas de colores que contienen agua tibia mientras te cortan el pelo, por ejemplo.

Y así viven estos amantes de las hamburguesas y pioneros del colesterol, entre no hacer nada y no hacer absolutamente nada. Está bien, vale, quizás exagero cuando digo que no entiendo para qué quieren los norteamericanos las piernas, pero de lo que sí estoy seguro es que con una sola les sería más que suficiente.

Mucho Nacho, mucho Nacho, mucho Nacho es, es

Domingo, Julio 12th, 2009

En España, hace ya bastantes años, en la década de los setenta, cuando yo era un chaval, de repente en la televisión (en blanco y negro, claro) con una voz de disco antediluviano informaban que, por ejemplo, «El joven palentino Nené Aguayo gana el maratón de Stuttgart». Entonces lo primero que el personal pensaba era, ¿quién es Nené?, para luego (pues viajar no viajaba nadie), interrogarse ¿Y dónde está eso de Sturtar o Estrugar o como se llame?.

Despejada la segunda incógnita, que no importaba nada, pero nada de nada, porque como mucho el turismo que se hacía era ir al bar de enfrente, todos se centraban en quién diablos era ese tal Nené que había vencido a no sé cuantos extranjeros porque por aquél entonces, a los de más allá de los Pirineos se les veía como si fueran de otra galaxia, casi seres superiores.

Nené aparecía entonces en televisión y mientras los otros competidores tenían un físico atlético impresionante y una musculatura envidiable, nuestro héroe nacional, Nené, era escuálido, con granitos en la cara por la varicela, pelo negro como pegado a la cabeza, ojos pequeños con un cierto estrabismo y uno o dos dientes rotos que sobresalían y no precisamente por comer. Y pensabas que si ya era meritorio que hubiera ganado, más que lo dejaran inscribirse para competir sin hacerle antes una analítica para saber qué era exactamente lo que había detrás del dorsal 122. También entonces (obviamente la dictadura aprovechaba todo), a Nené se le hacía una entrevista que duraba la tira y según iba hablando se atisbaba cómo funcionaba este singular país.

Nené, que había ganado el maratón, empezaba a contar (desde luego nada de un centro de alto rendimiento, era boa) que su padre era panadero, que comenzó repartiendo barras por las calles del pueblo y que cada día recorría entre 6 y 10 kilómetros con mollete de pan para aquí mollete de pan para allá. Luego, según explicaba al entrevistador, su padre se vino a más, y ante lo bien que iba el negocio familiar empezó a vender también en los pueblos de alrededor. Así que Nené fabricó una mochila en la que metía 30 o 60 panes y a patear todo el día Tierra de Campos.

Total, que Nené se hacía un maratón al día sin darle la mayor importancia. Entonces ocurría algo misterioso que iba a cambiar radicalmente la vida de Nené y de otros muchos nenés de la época. No me digas ni cómo ni cuándo, impepinablemente siempre aparecía «un señor»; sí, no se llamaba ni Juan, ni luis, ni Gabriel, ni Manolo, era eso, «un señor» que un día vio a Nené, que estaba seguro que tenía cualidades, que hablaba con sus padres, lo subía a un coche y se lo llevaba a Madrid o a Barcelona. Y allí, en unas semanas, sin los 10 kilos de pan en la chepa, Nené volaba y al mes ya estaba participando en competiciones por toda Europa.

Bueno, pues yo soy un Nené blogero de la vida (aunque algo más agraciado físicamente, creo), tanto como que un día no sé que hice que me autosuscribí a mi propio blog y tengo miedo darle a un botón para desautosuscribirme y que todo esto se vaya al tacho. Y como Nené bloguero que era y soy, cuando me hacen un comentario…. allá voy yo directo tropezando por la casa a contestar y estoy tan ilusionado que la respuesta es más extensa que el artículo que escribí, pasan 5 minutos…. y ya estoy mirando las entradas, llego a 800 hits al día… y no tiro bombas de palenque porque el recuento final es a las doce de la noche y no es plan.

Pues en medio de esta inocencia e ignorancia supina blogosférica, como a Nené, en mi vida aparece «un señor», pero con nombre y apellidos, Nacho de la Fuente, que me pone un día a las doce de la noche en su blog La Huella Digital  y al día siguiente por la mañana, a eso de las 10, de los 800 hits que suelo tener en todo un día ya van 1.200, y tengo tantos comentarios que necesito una secretaria para redactarlos.

Pero tiene su lógica porque tu abres el blog de Nacho y si en vez de apartados, etiquetas o como le llamen, cada una de ellos tuviera una luz sería como la cabina de un Boeing 747. Nacho de la Fuente controla todo lo controlable, que si el Twitter y el reTwitter, el ipho y la reipho, el enlace y el reenlace, y es tanto lo que domina Internet que no solamente le dieron en Alemania el Premio Internacional BOBs 2006 al mejor blog en idioma español y en el 2008 por el mejor blog del año en el II Congreso de Webmasters de Madrid, sino que cuando lo veo y le doy la mano me da calambre; de verdad, dicen que no es posible, que Internet no tiene nada que ver con la electricidad, que es una sugestión mía, que… pues digan lo que digan yo siento calambrazos, ¿será por eso de la Red?. No sé.

¿Que cómo es Nacho realmente como persona, además de un buen profesional?. Pues Nacho es, eso, mucho Nacho, mucho Nacho, mucho Nacho es, es; mucho Nacho, mucho Nacho, mucho Nacho es, es.

PD. No me puedo olvidar tampoco, en estas ayudas blogosféricas, de muchos, pero muchos y muy buenos amigos, y de dar también las gracias a Francesc Pumarola Campeny, jefe de área de Canal Voz, que me ofreció crear un blog; al gerente de Canal Voz, Manuel Moreno Berguer, que me apoyó en la idea, así como al subdirector de La Voz de Galicia y mandamás de todo el tinglado digital, Carlos Agulló Leal, que a veces da las oportunas órdenes (por cierto muy, pero que muy bien dadas; vamos, perfectas), para que mi blog se ponga en Facebook y se dé a conocer.

Los médicos y el inglés me matan

Jueves, Julio 9th, 2009

Cuando usted va al médico es porque tiene un problema. Lo mismo me ocurre a mí, pero a diferencia de usted yo entro con uno y salgo con dos. ¿Y por qué? Por el inglés; sí, por el inglés.

Como ya conté en otros artículos mi mujer es india americana, de Ohio (Estados Unidos), más exactamente de la tribu sioux (que por cierto debe de ser la única que quedó viva porque yo de pequeño me los cargaba a todos cuando jugaba a los vaqueros), y aunque es enfermera se dedica a hacer traducciones de español, francés e inglés, pero no al mismo tiempo, lo digo porque hay gente para todo.

El caso es que como no confía en los médicos pues cuando tengo alguna dolencia insiste en acompañarme al especialista. Yo digo que no, que el que está mal soy yo y que si muero soy yo y no ella; pero ni así. No hay forma, así que cuando voy al médico realmente no voy, sino que vamos, como si fuéramos hermanos gemelos. Hasta ahí no hay el menor problema, pero en cuanto nos recibe el facultativo el asunto cambia.

Ya me puedo estar pudriendo por dentro, estar a punto de una trombosis, un infarto o una ceguera irrecuperable que el experto en Sanidad lo primero que pregunta y no falla es: «¿Y de qué país es usted?». «Y a mí qué diablos me importa que usted sepa o deje de saber de donde es mi mujer, si estoy aquí hecho fosfatina, con un dolor que estoy por saltarle a la yugular», pienso. Pues nada, como si hubiera ido a un balneario a tomar las aguas, como el médico hace mucho que no habla inglés, entonces aprovecha para practicar, pero como además ambos son del ramo de la Sanidad… pues qué quieres que te diga, habla que te habla y yo como un parvo escuchando sin entender nada.

No exagero, pero he estado en tantas camillas sentado viendo como mi mujer y los médicos hablan en inglés de mi dolencia y yo sin enterarme que podría ahora mismo decirle cuáles son los modelos, marcas y tipos de camilla más cómodas. Las he visto de todos los colores y formas, acolchadas, sin acolchar, con un agujero a la altura de la cabeza, con otro a la altura de las piernas, con reposacabezas, sin él…. Yo de mis enfermedades saber sé lo justo; o sea, nada, pero de camillas….. pregunte, pregunte.

París, otra situación «pailán»

Viernes, Julio 3rd, 2009

Después de escribir el artículo «cuando vives el momento pailán» y de recibir varios comentarios en los que los bloglectores se contaban simpáticas situaciones que han vivido, me acordé de otro suceso que me ocurrió en París. Y digo París no por fardar, sino porque este tipo de efemérides (porque las recuerdas todas las vidas) suelen ocurrir siempre en sitios, digamos, avanzados. Lo que me sucedió fue a mediados de los ochenta, cuando en compañía de Gumersindo Villar García-Moreno, que en la actualidad trabaja como bibliotecario en la Universidad Complutense de Madrid, y del amigo y periodista José Luis Álvarez, que entonces estaba en El Ideal Gallego, nos fuímos a recorrer mundo.

El caso es que estando en la capital francesa fuimos a una de las mejores cafeterías por eso de ver cómo eran y de disfrutar, que para eso estábamos de vacaciones, aunque andábamos sin un real. Pedimos lo mínimo, un café (que nos costó como si hubiéramos pedido bacalao al pilpil), y al poco rato tuve una imperiosa necesidad de ir al cuarto de baño. Así que me acerqué a la barra, y con boca de piñón dije; la toilette (que se pronuncia tualé). La persona que estaba al frente del local ya ni me explicó dónde se encontraba porque dedujo que no era francés, sino más bien lelo, y que si me respondía no le iba a entender, así que muy amablemente (y gracias a dios que no era manco) señaló con su mano por donde estaban los urinarios.

Entré en los servicios y encontré una estancia de unos diez metros cuadrados, a la derecha unas preciosas griferías de color dorado, asentadas sobre mármol de color crema, y unos impresionantes y brillantísimos espejos, que ya fue mucho ver para la situación de necesidad en la que me hallaba. Miré alrededor y no vi dónde había que hacer pis, pero lo peor, no había nadie. La primera pailanada fue pensar. «París, el gran París. A lo mejor esto es solo para lavarse las manos y hay una puerta que va a los urinarios». Me fijé en las paredes y no veía ninguna puerta ni nada que se le pareciese. Cada vez tenía más ganas de…. de eso, y lo peor, nadie entraba, lo que era raro porque la cafetería, aunque no estaba llena, sí había suficiente gente como para que al menos apareciera un meoncillo, pero no. Entonces me dije: «Pues no queda otra que esperar», y me puse frente a uno de los grifos para disimular, porque, claro, no sería normal aguardar alguien en medio de la tualé, que a lo mejor creía que estaba a la espera de algo…. y no, que uno es liberal, pero no tanto, tú ya me entiendes, porque además no te queda más remedio que entenderme ya que sobre esto no escribo.

Cada vez tenía más ganas, miraba insistentemente para ver si entraba alguien, me ponía nervioso y cometí un gran error. Sí, un fatídico error; con el fin de disimular perfectamente tenía las manos debajo del grifo, e instintivamente lo abrí. El fluir del agua incidió profunda y directamente en mí, y cuando ya estaba en una situación límite por suerte entró una persona (ahora ya hay cuartos de baños así, pero en los años ochenta…….) y se fue directo a una pared. Entonces lo seguí y comprobé cómo por ella caía una finísima película de agua que se tragaba el suelo. De verdad, y si soy sincero, porque estaba en un cuarto de baño, pero al finalizar, lo juro y que venga Dios y lo vea, estaba por abrazar al colega del urinario; ponerme de rodillas y hacer la ola o dar brincos hasta Bilbao. Y es que no era para menos, había llegado en el último momento, cuando la gota rebasaba el vaso.

Anímate y cuéntanos tu situación «pailán»

Las flores y los franceses

Miércoles, Junio 3rd, 2009

Comentaba recientemente en un artículo que los franceses son unos apasionados del queso, del sexo, del vino y del champagne; que visto así ya tienes para comer, beber y no pasar frío; que no es poco en esta época de crisis, pero me olvidaba de algo tan trascendente como son para ellos las flores.

Estoy convencido que en Francia las flores no surgen por generación espontánea como ocurre en cualquier otra parte del mundo: o sea que no hay una abejilla que llega aleteando a la flor y esparce el polen como el premio de la lotería, «muy repartido», no; en Francia, las flores estoy segurísimo que crecen por decreto ley o a escuadra, con regla y cartabón, sino no se explica cómo es posible que vayas por una carretera y una preciosa arboleda esté justo ahí, ni aquí ni allí, exactamente donde quedan mejor en el paisaje para que el turista se quede boquiabierto; ni que en una casita donde hay un jardincillo de cuatro metros cuadrados las flores estén tan alineadas que hasta los pétalos parece que piden permiso para moverse.

A mí, he confesar, al principio los jardincillos esos y las flores en las macetas en los pueblos colgadas en las farolas me gustaban, pero no crean que mucho, porque, sin ser flor, andaba con la mosca detrás de la oreja. Iba por una villa y decía: «Mira que bonito, que luz da al pueblo»; pero ya notaba yo que no lo decía muy convencido, prueba de ello es que esa fase enternecedora duró poco más de una semana. Al cabo de ese tiempo, cuando entraba en una casa y al pasar rozando un rosal el dueño me miraba con cierto aire de «no me la estropees», la verdad que me entraban unas tremendas ganas de coger un lanzallamas y cargarme toda la flora y fauna de esa maqueta verde que él consideraba «zona ajardinada».

Pero es que además, como la población gala está muy envejecida, pero sigue viva (que una cosa no tiene nada que ver con la otra, que lo digo por decir y nada más) tiene tiempo de sobra para pasarse hora y horas en el jardín y saber todo lo que crece en él; no como nosotros que decimos: jazmines, margaritas, amapolas «y esa que apareció ahí», como si «esa» fuera la alcahueta de la Botánica; pues ellos no, ellos, (si encuentran una que desconocen), serían capaces de organizar una reunión de vecinos para identificarla, cada uno llevaría alguno de los 1.400 álbumes que tienen en casa hasta que dieran con la familia de la susodicha flor hasta que al final uno diría: «Pues, señores, estamos ante una Astarácea». ¿Una Astaraqué?. Un cardo, hombre, un cardo y menos álbumes.

Los franceses, la comida y el sexo

Lunes, Mayo 25th, 2009

El próximo día 4 de junio voy a Francia a una boda que, por lo que ya me previnieron, dura dos días; es decir, que comes-bailas-duermes, comes-bailas-duermes, y supongo que después, al final, duermes de todo lo que comes-bailas, porque si no es así…

Desconozco como son las celebraciones de las bodas en el país vecino, pero lo que sí sé es como son las comidas de los franceses, inaguantables, desesperantes, y siguiendo un ceremonial que hay que seguir paso a paso. Cuando te invitan a una comida en plan bien en una casa, lo primero que te ofrecerán los anfitriones antes de sentarte a la mesa será un aperitivo a base de cacahuetes, galletitas, pistachos y otros frutos propios de las gallináceas mientras te tomas una copilla más o menos dulce de sabor indescriptible pero agradable.

Después, pasado unos quince o veinte minutos, te sentarás a la mesa, habrá dos primeros platos y, de repente, como si fuera un paréntesis en la vida gastronómica, el mundo se para, se detiene, y llega la pasión de los franceses: los quesos. Entonces, en la mesa colocarán unas impresionantes fuentes y con una cursilería de narices, con unos suaves movimientos que más que un comensal pareces un cirujano cardiovascular, con un tenedorcillo irás cogiendo de los diferentes tipos mientras hablan y hablan de dónde proceden y de las diferencias entre unos y otros: si uno es más pastoso y si el otro es menos cremoso, si aquél es más fuerte y el otro más suave. Luego, después de casi una hora, sí, una hora, porque una comida que se precie dura entre cuatro y cinco, las bandejas desaparecerán y se seguirá con la comida, los postres, el café y copas. Que eres fumador… Pues si en la casa son de la liga antitabaco (No fumar puede producirles este aburrimiento, te da ganas de poner en la entrada de la vivienda), aunque los acabes de conocer puedes levantarte (ellos no lo consideran de mala educación) ir a una ventana y fumar un cigarrillo.

¿Y de qué hablan los franceses además de los quesos; de los vinos, que es otra de sus pasiones y de, obviamente, el champagne?. Pues no me diga porqué, pero no hay conversación en la que no salga a relucir el sexo, siempre el sexo, y da lo mismo que te invite el ministro de asuntos exteriores que un tornero fresador. Los franceses están obsesionados por el sexo y lo peor que puedes hacer en una comida es decir la frase tan típica y española de: «Es que este niño es clavadito al padre». Anda, di eso por listillo y descubrirás que el pequeño no es del «clavadito padre», sino de la «desclavadita madre», que su vez se divorció del íntimo amigo del «clavadito padre», que todos dicen que es el verdadero padre, pero que tampoco está claro porque por entonces se cree que la «desclavadita madre» mantenía una doble relación con otro que sí que dicen que es el «clavadito padre»: vamos, una melé. Y si habrá un mosqueo generalizado entre los franceses en todo lo que son las relaciones humanas, que cuando a una casa llega la factura telefónica, en ella figuran todos los números adonde se ha llamado excepto los tres últimos dígitos. Dicen ellos que es para preservar la intimidad y que eso ocurre en todos los países; sí hombre sí, en todos, clavadito.

Los norteamericanos y la Geografía

Viernes, Mayo 15th, 2009

Que los norteamericanos no saben dónde está el resto de los países del mundo excepto el suyo no es un tópico. Y lo digo con conocimiento de causa, ya que mi mujer, que es india americana, de Ohio, de la tribu Sioux, ha hecho grandes esfuerzos para situar a todos los países de Europa y África, y ahora nos queda Oceanía y Asia; aunque según la ONU hay un Continente más que es la Antártida porque el Polo Norte no lo es ya que se trata de una masa de hielo. Bueno, de hielo hasta que no se derrita y aparezca allí un campo de margaritas o de florecillas silvestre que entonces… Pero es que además, según los norteamericanos, aún hay otro Continente, porque para ellos está Norteamérica y Suramérica y la explicación que dan es que entre Norteamérica y Suramérica «pasa el agua», y ese «pasa el agua», no te lo pierdas, es el canal de Panamá.

El caso es que mis suegros, Theodore Paynther Jr. (tampoco te pierdas lo del Jr., que el chaval tiene 75 años y es de la tribu Choctaw) y su mujer Jewel (Cheyenne), vinieron a pasar una temporada con nosotros. Al cabo de un mes, unos amigos suyos de Estados Unidos les preguntaron dónde estaban de vacaciones, y ellos le dijeron que en España, concretamente en A Coruña.

Desconozco si les dieron más explicaciones sobre donde se hallaba la ciudad herculina, pero me imagino que no cuando Jewel me preguntó para que sus amigos supieran exactamente donde se encontraban: «¿Sabes la coordenadas de La Coruña?». «¿Las qué?», dije sorprendido. «Las coordenadas», respondió ella como quien pide azúcar en la cocina.

Por un momento me imaginé a los amigos de Theodore y Jewel en su casa de Estados Unidos con un megamapamundi sobre una mesa, con regla y cartabón, trazando líneas y más líneas con un lápiz sobre el paralelo de Greenwich y colocando chinchetas de colores. Y la verdad, en ese momento, a la vez que entraba en Google pensaba que no solo es que los norteamericanos no tienen ni idea de Geografía, sino que a lo mejor estaba revelando un secreto de Estado y hasta me entró un escalofrío porque estos, con las coordenadas en la mano son un peligro, o van de viaje o te invaden. Por cierto, las coordenadas son: latitud 43º, 22´ N y 8º23´ O de longitud.