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Entradas para la categoría ‘delincuentes’

Me encantaría ser delincuente en USA

Miércoles, abril 25th, 2012

A mí me encantaría ser delincuente en Estados Unidos, pero muchísimo, ni te lo imaginas. No digo estar metido en eso de los estupefacientes, que yo soy de los de drogas no; ni en secuestros, tampoco; sino un delincuente normal, de robos a bancos, por ejemplo, para compensar y para que sepan de qué va ser sinvergüenza.

Y en el fondo, la verdad, es que después de meditarlo mucho, he de reconocer que lo que me gusta no es exactamente ser delincuente sino más bien… Vamos a ver, si la tele representa más o menos la realidad de una sociedad, la de Estados Unidos, si eres delincuente, mola, pese a que cuando te vayan a detener en tu edificio se monte la de Jerusalem en la calle y los vecinos descubran a qué te dedicas.

Y se monta un cirio porque todo el mundo quiere entrar. Que si el FBI, que si la CIA, que si la DEIA que si los SWART, que si los detectives que siguen el caso, que si Asuntos Internos…. Y yo no entiendo porque entre quien entre siempre pasa lo mismo: sacan de arma, van pegados a la pared, apuntan al salón; luego giran a la izquierda o derecha que casi ni lo ves y miran en una habitación, luego en  otra y en otra. Siguen por un pasillo y miran en una más, en un cuarto de baño, en la cocina… y yo lo que pienso es: «¡¡¡ joé, menuda casa tiene el pavo este para ser delincuente !!!». «¿Será aquilada o tendrá una hipoteca?». Y hasta a veces me da ganas de decir a uno de los del SWART: «Mire, podría separarse un poco que no veo bien la sala y de paso encender la luz, que con esas linternillas… ».

Y mientras el del SWART veo que no me hace caso, porque está muy en lo suyo, que es a ver a quien le descerraja el tiro, cavilo: «Pero si con esa casaza para qué discuten quién entra si ahí cabe todo dios: el FBI, la CIA, la DEA, los SWAT, los Rangers, el Séptimo de Caballería, ET, los Simpson… joé que si entran… ». Y entonces piensas que ser delincuente en USA, con tamaña casa y si te pillan a los 60 o 70, pues como que te apuntas porque en España ser caco… no es plan.

En España, cuando te quieren detener, ya para empezar nadie discute para ver quien entra primero, y a los que le tocan le dan una patada a la puerta de la casa/ habitación y lo más seguro es que te cojan de por medio y te esnafren como una mosca contra la pared o que la puerta se empotre con la ventana, si es que la hay, y eso no es delincuencia ni gaitas, eso es de una pobreza, de una indigencia, de una penuria… una habitación de 2 x 2…

Además  me da que en España la Policía, antes de entrar, quien lo hace primero es un equipo de desinfección. Que alguien llama a la puerta, se la abre el delincuente y la limpiadora, bayeta en una mano y con el Pronto en la otra le dice: «¡¡¡ Pero hombre, como me tiene usted esto !!!, ¡¡¡ que vienen a detenerle y está esto así, manga por hombro !!!, ande, ande, ayúdeme a recoger que como vean esto va a ser peor».

Y tras ayudar a la limpiadora sale el tío y bueno; que tal como está de sucio y de desarrapado que nadie lo quiere tocar, que nadie quiere infectarse y empieza un rollo… que yo no me lo llevo, que te lo llevas tú, que en mi coche patrulla no va, que vaya en el tuyo que lo acabo de limpiar, que yo no puedo que tengo moto… ¡¡ ah !!, pues yo bicicleta, que soy de la patrulla verde… Y mientras eso ocurre, en confianza, a mí como si lo fríen o lo meten en un taxi; yo solo pienso en la casaza del caco made in Usa y .. joé que si mola si te pillan a los 60 ó 70, después de usarla tantos años… un chollo.

El instinto criminal surge en las playas

Viernes, agosto 19th, 2011

Yo estoy seguro que el instinto criminal nace en las playas, pero seguro. Nada de eso de tener armas en casa, como los americanos, y que como las tienes… pues un día se te da por tirar a un bote, luego a un muñeco y así a lo bobo, pues ya puestos, te cargas media ciudad para que al final termines diciendo al sheriff: «No… si era para probar si funcionaba esta R7 de mira telescópica». Anda, para ver si funcionaba, para ver si funcionaba… a ti lo que no te funciona es el cerebro John.

Pero eso en Estados Unidos; aquí el instinto asesino es otra cosa hombre, más de andar por casa, más de arrebato, de un momento, de un instante, de un pronto que le llaman. Aquí estas en la playa tan tranquilo durmiendo la siesta y entonces por ejemplo sueñas con una tormenta de arena que te invade y como si recibieras un golpe.

¡¡¡ Qué tormenta de arena ni historias papón !!!. Javito, ese que le faltan cinco dientes acaba de saltar por encima de ti, te ha llenado de arenilla y su colega te ha pegado un raquetazo…. Y es darte cuenta y por dentro te pones, joé como te pones. Yo sé que no lo dices, y aunque por tu mente pasa ahogarlo o que haga apnea de por vida, te controlas, e incluso cuando viene el padre del imberbe y te pide disculpas pues hasta eres comprensible.

Y tú, que eres un santo, entonces dices que no pasa nada, que los niños son así, que no tiene importancia, que la chavalería, que tú cuando eras niño… , pelillos a la mar; si eso, pelillos a la mar, que sin son los del chaval y con ellos va él… mejor que mejor ¿no?. Sí hombre sí.

El coche, el juez, el caco y la prisión

Miércoles, agosto 12th, 2009

A Coruña es más bien una ciudad pequeña y como en todas las urbes de tipo medio la gente suele pasear por el centro, de arriba abajo y de abajo a arriba. Vamos, como se suele decir nos conocemos todos.

En una ocasión, Manuel González Nájera, que ocupaba el cargo de magistrado-juez de Vigilancia Penitenciaria para Galicia, iba paseando por la calle cuando de repente se acercó un Mercedes blanco a la acera. El conductor hizo sonar el claxon, bajó la ventanilla y le dijo: «Don Manuel, ¿a dónde va que le llevo?».

Nájera se subió al coche e inmediatamente reconoció al amable automovilista. Se trataba de un delincuente ya entrado en años y que había sido detenido varias veces por pequeños robos de ropa. Así que lo primero que le dijo fue: «¿Este coche no será….?». «Por Dios Don Manuel, ¡¡ que va !!. Es mío, dígame a dónde le llevo». «A la cárcel», respondió el magistrado. «¿¡¡ A la cárcel !!?», dijo nervioso el conductor.«Sí hombre sí, a la cárcel, pero que no es por ti bobalicón, que es que tengo que ir a hacer una visita». «¿Supongo que sabrás el camino?», añadió irónicamente el juez.

Iban los dos hacia el centro penitenciario, cuando al final llegaron al penal. El veterano caco paró el coche. Entonces Nájera le dio las gracias, pero antes de bajar le comentó. «Mira, como te conozco de sobra, para que no tengas hoy un problema familiar lo mejor que puedes hacer es llegar pronto a casa, porque como llegues tarde, un poco tarambanas, y le digas a tu mujer que has llevado a un juez a la cárcel…. », a lo que el conductor respondió en plan campechano : «Nada, no se preocupe y a ver si nos vemos». Entonces, el juez lo miró y le dijo a la vez que de reojo miraba el penal: «Sí, pero dónde ¿aquí o ahí?».

El preso, el juez y el permiso

Viernes, junio 19th, 2009

Los presos suelen pedir permisos al juez de Vigilancia Penitenciaria para pasar unos días fuera de la cárcel; es casi su obligación, como para algunos intentar fugarse, ya que es algo inherente al cargo, y otros evitarlo, otro tipo de cargo, claro. Unas veces con razón y, otras, poniendo cualquier excusa a ver si cuela, envían su solicitud al juzgado y esperan la respuesta. Pero en ocasiones, cuando el juez visita el penal, son ellos mismos los de que palabra se lo piden.

Una vez, en una de esas visitas, un recluso pidió unos días libres. El juez, que entonces en Galicia era Manuel González Nájera, miró el informe del centro penitenciario, cómo se había comportado, el delito que había cometido… y tras pensarlo un poco en medio de un silencio sepulcral se lo denegó. Otro levantó la mano y también pidió un permiso. Nuevamente el juez miró el tocho de papeles y sin más miramientos, al instante se lo concedió. Entonces, al que no se lo había otorgado, levantó nuevamente la mano y visiblemente molesto le dijo: «Señor juez, yo no entiendo esto».

«¿Qué no entiendes»?, le preguntó el magistrado, al que le gustaba tratar a los presos de tú. «Ese hombre al que le ha dado el permiso mató a su madre, a su madre, y a mí, que solamente robé unos radiocasetes, nada. No lo entiendo», explicó el recluso. «Pues es muy lógico», comentó el juez, para luego continuar. «Es cierto que él mató a su madre, pero como madres solo hay una, qué va a hacer, nada; pero tú, vamos, tú en cuanto salgas hasta me robas a mí el radiocasete». Posiblemente lo entendió.