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Entradas para la categoría ‘Casarse’

El español adora la familia si…

Sábado, diciembre 17th, 2011

El español lo que más aprecia en la vida es heredar, después tener un despacho y luego la familia; sí, la familia, no solo su mujer y sus hijos, no, la familia enterita: esa banda que te toca en suerte ¿qué no?, ¿qué se critica mucho a la parentela?… bo.

Lo de heredar es para algunos una auténtica profesión. Un tío, español tiene que ser, claro, es capaz de estar veinte, treinta o 180 años al lado de quien sea con tal de que le dejen algo. Que el tipo es antipático… da lo mismo; que es aburrido y triste… da lo mismo; que incluso te trata mal o insulta… da lo mismo. El español, el auténtico español cumple su fin existencial cuando tras la defunción se abre el testamento y todo o casi todo queda para él. Que ya no lo puede disfrutar porque tiene reuma, artritis, colesterol, diabetes y un par de baipás… da lo mismo. ¿Qué ha hecho Eulogio Eduarte en su vida? Heredar. Feliz, fin cumplido.

Y lo del despacho, otro caso. Para un español tener un despacho es lo máximo porque para él un habitáculo de esos, aunque entres de canto, es sinónimo de poder, de superioridad, de autoridad, de mando, pese a que no sepa que así como el traje es el féretro del espíritu (que te encorseta y te hace sentir antinatural), el despacho es el féretro del cerebro: en cuanto entras, tal cual loncha de jamón vives al vacío y no te enteras de nada, pero de nada de nada. ¿Tenía mucha valía Don Eulogio Eduarte? , «¡¡¡¡ buenoooooo !!!!, con decirle que tenía despacho… ». Feliz, sin enterarse pero feliz. Fin cumplido

Y después de la herencia y el despacho, lo que más aprecia el español es la familia, y no es que la aprecie, la ama, la adora, la venera. Por ejemplo, tú tienes un familiar que es abogado, pues en cuestión de una generación la familia dice «yo creo que era secretario judicial»; cinco años más tarde… de creer nada, «era secretario judicial»; en la siguiente generación «yo creo que era juez» y unos años más tarde: «era juez, si lo sabré yo». ¿eso no es amor, eso no es defender a la familia, adorarla enaltecerla?

Pero eso en todo. Que tienes un pariente que era albañil; pues en una generación… «yo creo que era aparejador»; cinco años más tarde ya no hay dudas, «era aparejador»; y en la siguiente generación… con dos bemoles… «era arquitecto, si lo sabré yo». Y me vas a decir que todavía aún que esto no es amor… pues sí lo es pero… solo hay un pero, una premisa: que el «juez» o el «arquitecto» estén muertos porque si viven… «va, un picapleitos de tres al cuarto», «pero si era un pringaillo que carreta ladrillos… ». Raros somos, pero amoris-mortiscausa familiaris tenemos pero que de sobra.

Las mujeres, nos adoran en la playa

Domingo, agosto 14th, 2011

Las mujeres donde más nos quieren, pero muchísimo, es en la playa; bueno, exactamente exactamente en la playa no, más bien a 30 o 40 metros.Tú aparcas el coche, lo apagas, y de repente… ¡¡¡ increíble !!!, sin darte cuenta en tus manos hay ya dos bolsas, en el antebrazo pegado al cuerpo una silla, en la cabeza un flota y sobre la espalda, en plan sherpa, pues lo que sobra… que lo mismo llevas una colchoneta que una nevera que… Y mientras vas al arenal, porque eres un ser racional que piensa, te dices: «¿Y yo para qué voy a querer crema protectora si así como voy no hay rayo que me entre?».

Y es que de forma inconsciente yo creo que la mujer cuando conoce a un hombre, como que tiene una formula matemática secreta que calcula su altura, su peso, el número de pie o la masa corporal, lo multiplica por dos, le hace una raíz cuadrada y sabe perfectamente que si el día de mañana se casa contigo eres capaz de llevar entre 30, 40 o 50 kilos en la chepa a lo porteador.

Yo no sé tú; pero a mí a esa distancia de la playa me adora, me ama, me… bueno eso mientras no haya un aparato que sea tipo pulpo que se acerque al coche, le pongas una moneda, estire sus ocho brazos y ella cuelgue de ellos lo que quiera y la siga hasta donde ha decidido tomar el sol. Ese día, aparcarás, llegará el pulpo y ella te dirá: «Hasta luego cariño» y… pero no, porque estoy seguro de que no hay pulpo que vaya a por el café, que espere a ver si hay mesa en el chiringuito, que limpie los flotas de arena, sacuda las toallas o que recoja las bolsas que… pulpo sí, pero no tonto.

QUE TAL SI DEJÁIS DE SER VAGUIÑOS Y HACÉIS COMENTARIOS, QUE YO SOLO ME ABURRO 🙂

He descubierto lo que es la felicidad

Jueves, junio 2nd, 2011

Ya sé lo que es la felicidad, de verdad que lo sé. Han tenido que pasar exactamente 52 años, ocho meses y veinte días para mira tú por donde descubrirlo; y yo solito, que eso tiene más mérito, porque mira que se ha escrito y hablado de esto ¡¡ eh !!. libros y libros total… para qué, si me hubieran preguntado…

¿Y en qué consiste la felicidad?, ¿en tener dinero, mucho dinero, pero mucho muchísimo? Pues no porque la mayoría de esa gente se ha forrado esclavizando al resto del personal y eso, a la larga, produce remordimientos, sentimientos contradictorios, se te pone cara de albarán o la gente te mira como diciendo «pobre hombre», y aciertan, porque en el fondo es lo que eres, eso: «un pobre hombre», así que lo del money… no

¿Si eres mujer que te adoren todos los hombres, todos, pero absolutamente todos y si eres hombre todas las mujeres, absolutamente ninguna? , una vulgaridad, que tendrás sexo, no lo niego, pero seso… ¿En tener los mejores coches, una hipersupermegacasa, un yate, dos yates, 1.557 yates? Otra estupidez. ¿En que no te cobren en Ikea o en El Corte Inglés o que no te roben en los bancos?… bueno eso se acerca, pero tampoco.

Entonces… ¿dónde está la felicidad, dónde se encuentra, dónde se halla?, ¿se compra, se alquila, se adquiere con tarjeta, en un cajero, en dos cajeros, la cajera tal vez?. Inútil más que inútil, que no doy hecho nada de tí; pues la felicidad consiste en algo tan simple como en que  (seas mujer u hombre) otro haga las cosas por tí y creas que las has hecho tú. Así de sencillo; que te autoconvenzas, pero un autoconvencimiento tal que ni el polígrafo, ni el bolígrafo ni el lapizlígrafo sea capaz de detectarlo.

Pero vayamos a la praxis, al día a día para comprobarlo. Por ejemplo, llegas a casa, entras por la puerta, por la ventana también vale, pero casi mejor por la puerta que raro ya eres, miras a tu alrededor y… ¡¡¡ alucinante !!!, todo ordenadito, pero absolutamente todo. Y no te creas que miras en plan sorpresa, escrutando cada esquina… ¡¡¡ que va !!!, era boa, entras tan normal y te dices: «Mira que soy ordenado». Y lo más curioso, abres una botellín de cerveza, te la tomas, dejas el vaso y la chapa en cualquier sitio y al día siguiente… ¡¡¡ increíble !!! El vaso limpio y la chapa en la basura. Esto es total, no me digas que no.

Y es más, te acercas a una silla y observas ese misterio que no sabes cómo interpretarlo (no te preocupes, que en El Vaticano tampoco) pero tienes la ropa en ella, el pantalón dobladito, la camisa planchadita… y te dices: «Joé, es que tengo una mano para estas cosas… ». Y así todo, quieres hacer una obra en casa, poner luces indirectas… pues que venga un electricista o un ciclista, qué más da, que venga el que quiera; pero el caso es que entras por la noche, le das a la clavija y te dices: «¡¡¡ Ostrás !!!, que bien me quedó, que luz tan hogareña, tan tenue, tan…. es que yo cuando hago una cosa… ».

Y como si no pasara nada, pues te sientes reconfortado o reconfortada, que la felicidad no tiene sexo, a gusto o augusta (ver golf, máster de); vamos, crees que lo sabes hacer todo y si por lo que sea te entra una duda de si lo has hecho tú, que es casi imposible, pero supongamos que la tienes, que repito que es casi imposible, te dices: «Bueno, lo hizo el electricista, pero si no llega a ser por mí que le di el toque personal; o sea, darle a la clavija… ».

Y te lo juro que en esos momentos eres feliz, completamente feliz, te encuentras contento, satisfecho del deber cumplido; pero es que además es una felicidad expansiva, que todo el mundo lo nota, lo percibe, lo aprecia… con decirte que este artículo no sé quien lo ha escrito ni me importa, pero lo que está claro es que si no llega a tener mi toque personal… ¿que cuál es?, el de siempre, Manuel Guisande, mi firma.

¿El Gordo?, la «casita» de Ikea

Miércoles, diciembre 22nd, 2010

Ni décimo, ni quinto, ni undécimo, ni niños de San Ildefonso, ni pedrea, ni reintegro, ni bombo, ni bomba. La mayor lotería en estos tiempos de crisis en que los puestos de trabajo penden de un hilo es que te contrate Ikea; sí, los suecos esos de los tornillos.

¿Y cómo lo haces?. Pues vas con tu familia al dueño de Ikea y le explicas que sí, que muchos objetos, que muchos muebles y mucha teoría pero que lo importante es la práctica, la práxis, que el cliente vea que lo que se vende sirve para algo, que tiene una aplicación, y que tú (que además te vas ahorrar un pastón) estás dispuesto a demostrarlo.

¿Y cómo puedes demostrar que es práctico lo que comercializa Ikea, ese sitio que como ya comenté en un artículo es como un laboratorio en que entras como un ratón y no puedes volver hacia atrás y tienes que buscar la salida como si estuvieras deseando encontrar el queso?

Pues muy sencillo, en esas casas/stand que miden 25 metros cuadrados que tienen de exposición y en las que cabe de todo; pues eso, que te metan a tí, a tu esposa e hijos para vivir en ellas. Y así, cuando pase algún comprador, entre en la casa/stand, os vea y te diga: «¡Ah!, perdone, que están ustedes viendo… », le explicas: «No, no, ¡¡¡ qué va señora !!!, nosotros vivimos aquí desde hace cuatro años y somos felices, pero superfelices porque esta casa es comodísima».

Y entonces gritas: «¡¡¡ Maruja !!!, que hay aquí unos señores que quieren ver la casa, anda ¡¡¡ deja la cebolla y explícales cómo vivimos !!!». Y llega Maruja, que cuando llega es que llega, los saluda y les dice: «Pasen, pasen… ». Y tras contarles que nació en Almuñecar, que tenía unos tíos en Segovia y un pariente almirante en Almería (que Maruja cuando empieza…. es que empieza) continúa: «Pues nosotros somos cuatro de familia y les puedo asegurar que hay espacio para todo».

Y pasada la primera sorpresa de los potenciales compradores, Maruja, que huele un poco a cebolla, pero que también eso le da un punto hogareño a la mansión, añade: «Ponga aquí la sillita del bebé, que hay un espacio justo para ello, y tome asiento, que esto lo desdoblamos por aquí, por allá, hacia acá, hacia arriba, ahora hacia abajo y un poco a la izquierda y… ya ve, de un sillón hemos hecho dos tresillos para 40.000 personas. Venga, póngansen cómodos, su mujer aquí y los niños pueden jugar en el encerado que está pegado a la pared o con la Wii tirando al techo o… si es que hay sitio pató, pató, se lo digo yo que vivía de alquiler y desde que estoy aquí…. es que estos suecos… madre de Dios, estos suecos… se las saben todas, se-las-sa-ben-to-das».

Y así, medio flipando, los compradores averiguan que una casa de 25 metros da mucho de sí; que hay espacio pató; que la mesa, la silla, los muebles, la lámpara, la vasos, los lápices, la alfombra, los tenedores, los cuchillos… todo, todo es plegable, desmontable, desatornillable, descapotable y que casi te puedes llevar la casa en una maleta. Y descubren, además de que la casa es una maravilla, pero una auténtica maravilla, todo medidito, que la familia esa que contrataron para la casita/stand tuvo una suerte… porque estaban en el paro y, ni alquiler ni hipotecas, ni… vamos que fue como si les tocara la lotería, el Gordo y que… eso sí, que todo tiene su aquél, que el olor a cebolla de la casa, el olor ese no hay dios que lo quite.

¡¡¡ FELIZ NAVIDAD !!!

Ostrás, vuelve el frío

Miércoles, diciembre 1st, 2010

(Cosas que pasan cuando de la ciudad te vas a vivir al campo sin tener ni idea)

Un piso no es una casa de campo, y un chalé tampoco; bueno tampoco yo soy tú, ni tú eres yo, gracias a dios, para ti, claro, y no pasa nada. Pues eso, una casa de campo auténtica, pero auténtica, de las de piedra, donde vivieron vacas que dejaron como recuerdo su olor y no el calor… es otra cosa.

Ya puedes poner lo que quieras en aislamiento que como el día sea crudo crudo como el de estos días siempre hace algo de frío y eso lo saben hasta los más viejos del lugar y los que se murieron, que no pregunto de qué pero empiezo a imaginármelo. Y eso de que las piedras se calientan cuando haces fuego… eso… eso es una leyenda urbana, una trola…. como no te tires contra ellas de cabeza, pero cogiendo carrerilla y no te des un castañazo con al menos 20 puntos de sutura, no entras en calor, lo que yo te diga.

Yo recuerdo que cuando vivíamos en un piso decíamos: «Venga niños, a comer, que se enfría la comida»; bueno pues desde que estoy en una casa de campo, además de estar vestido como un sherpa, la frase es «venga niños, a comer que se descongela la comida», y te lo juro que hay momentos que ya no sé si comemos o tomamos helados.

Palabra que hace ya tiempo que cuando hay caldo o sopa no veo a nadie soplar para que se enfríe. Pones la sopa, vas a coger la cuchara y ya está templada. Sí, tú entretente; sí, tu haz el bobo con el plato, ya verás como se escarcha, con decirte que a veces estoy por llamar a la Escuela de Hostelería y dejar mi casa para que hagan prácticas de cómo se prepara un bufé frío y que lo elaboren con piolets…

Pero las casas de campo tienen otras cosas; en los pisos, en los chales, cuando entras siempre llevas contigo algo de polvo en los zapatos, que lo notas cuando barres; bien, pues en las casas de campo ni que estuvieras a lo bestia haciendo un desmonte vecinal porque cuando limpias no sabes bien si utilizar una escoba o una pala. Y lo curioso es que ves la casa por dentro, que por fuera le pega un viento que está como una patena, y te dices «pues no está tan sucia, tanto, tanto la verdad no», que el cerebro para esto de que no sufras, en ocasiones es de una ayuda…

Como ves, lo de los pisos, los chales y las casas de campo son cosas bien diferentes. Por ejemplo, los pisos y chales están construidos como Ikea, un sitio para cada cosa, una dictadura, vamos; en estas casas es al contrario, todo muy democrático, un sitio para cualquier cosa y cuando digo cualquier cosa, es cualquier cosa; un alicate, una bombilla, unas cerillas, un trapo, un sacapuntas, una botella, una lija, un cigarrillo para los momentos duros de la vida… Por cierto que aprovecho por si alguien me quiere enviar picadura. La Voz de Galicia Arteixo La Coruña-España, admito de todos los países. El nombre ya lo sabéis Manuel Muchomorroguisande.

Pero a mí todo esto de las diferencias entre los pisos y las casas de campo no me preocupa. Lo que me preocupa, lo que realmente me preocupa, pero mucho y no me deja dormir es que como la sioux habla francés, Noé también y el francoamericano Christopher se declina por el francés más que por el inglés, y Victoria y Alejandra aprenden con ellos el idioma galo y todos chapurrean el gallego… es que un día, con la casa revuelta, llegue un tipo enviado por Sarkozy, que a mí me coja trabajando, y en plan rumanos los echen fuera sin poder explicarle que no, que el cabeza de familia; o sea yo, soy español, pero que muy español y que están a mi cargo.

Y ya me veo yo yendo al Eliseo para decirle al Sarko. «Oye, mira pequeñín, o me reintegras a mi familia o llamo a todos los gallegos y te invado Francia o estás de bruni…». Vamos que si lo hago, por una familia.. por una familia se hace lo que sea, aunque dudes si la familia es tuya, porque en mi caso, es oírlos y a veces pienso si será de acogida.

ENHORABUENA A NACHO DE LA FUENTE

Nacho de la Fuente compañero de profesión en La Voz de Galicia y amigo, es un crack y fue él quien dio a conocer mi blog. Con su bitácora La Huella Digital ha gando muchos premios nacionales e internacionales, y ahora lo han nombrado en el periódico Community Manager, un lío de twitter, redes sociales, Internet… bueno a mí me supera. Sé que está feliz y si un amigo lo está, yo también. Enhorabuena Nacho

Fontanero, carpintero, marido…

Domingo, enero 3rd, 2010

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

A mí me encantan las mujeres, como supongo que a ella los hombres; pero no por lo que te imaginas, que también; sino por su psicología, porque tienen un pensamiento tan distinto que seguro que es por eso por lo que estamos con ellas. Hay algo más hermoso que estar en casa y que te digan… «¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Guisande !!!!!!!!! (Guisande antes de casarme), se fundió una bombilla». Y tú te quedas así, parado, y piensas, porque sabes que no tienes una de repuesto: «¿Qué pretenderá, que me convierta en un minimicrotécnico electrónico y me meta por la bombilla y llegue hasta el filamento y que allí enredado y atado con un cable de seguridad en plan astronauta y en el vacío me ponga con un miniminimini soldador a empalmar el hilito ese de Edison?»
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Y otro día oyes un grito; esto, obviamente, depende las aprensiones, pero en mi caso es: «¡¡¡ Ah, ah, ah, un ratón un ratón, mátalo mátalo !!!». Y lo primero que piensas es: «Dios, que asesina, ¡¡¡ mátalo mátalo !!!», que podría decir: «¡¡¡ Fuera, fuera, échalo fuera !!!», que es más suave hombre, aunque luego le aplastes la cabeza con una maza de hierro o con lo que sea, pero así en un primer momento, es que la oyes y da miedo.

Pero claro, con esto del ratón, en mi caso te dices: «¿Cómo una mujer que es de la tribu sioux tiene miedo a un ratón si sus ancestros habrán visto miles de ellos e incluso culebras y pumas y osos cuando vivían en la tipis o tiendas?. Y vuelves a pensar, que es lo peor que puedes hacer: ¿Pero esta mujer qué cree, que un ratón es como un elefante, que se para en la sabana y en plan caza mayor con un rifle de mira telescópica 10.000 x 10.000 le pegas tres tiros?».

Y para que crea que haces algo coges la pala de mover las brasas de la lareira y haces que lo buscas (sí hombre, lo vas a encontrar, que con esos gritos estará ya en Ohio o Massachussets), y al final dices lo que ya habías pensado al principio: «Hay que comprar veneno».

Pero yo no sé si es su psicología o es que nos valoran mucho porque un día, así como así te dicen: «¿Cambiamos el armario para este sitio?». Y tu piensas «¿Pero seguro que sabe con quien se ha casado, que mido 1,80, peso 70 kilos y he demostrado en más de mil ocasiones que el mayor peso que he movido ha sido un bolígrafo y el anillo de boda que puse en su dedo?. ¿El armario, el armario?», te repites como diez veces pensando que ni vacío eres capaz de moverlo ni un centímetro del zócalo.

Y otro día te dice: «No hay agua». Y que distintos somos; ella piensa que lo vas a arreglar y tu que vamos a pasar sed, pero no lo dices. Y como lo del ratón, pues igual, 20.000 maniobras viendo el grifo con tan poco interés como eso, como ver un condenado grifo, para finalmente decir lo que ibas a decir al principio: «Voy a la fuente a por agua».

Y así todo. Que un día falla el ordenador… pues toca que te toca teclas y teclas como si fuera un piano y piensas: «estaré tocando el Para Elisa»… y otro día que se despegó no sé qué, que la lavadora, que el friega platos…. Y te das cuenta que ella cree que eres un tipo multidisciplinar. Y claro, a veces arreglas algo, porque malo será que aunque seas torpe no tengas un poco de suerte y de 10.000 averías no soluciones una. Y ese día, el único día que has reparado algo en tu vida, hasta te da un beso. Y tú, que no tienes ni idea como lo solventaste te sale la frase lapidaria:«Na, va, muy sencillo». Y mientras la dices, para tus adentros rezas la Biblia, el Corán, lo que te pongan y piensas «¡¡¡ Por dios, por dios, ahora que no falle nada que no falle nada !!!». Joé, que responsabilidad ser marido.

¿PERO NO VAIS A UTILIZAR EL POST A TU SERVICIO?

Pero vamos, no me digáis que tenéis de todo, porque no me lo creo, así que ir viendo lo que necesitáis y lo que os sobra. Yo ya he pedido una cocina de butano, que la mejor que tengo seguro que es, y como no me corto, pues también una nevera, y PMM da un ventilador. Pero también si queréis ir a un sito en coche podéis quedar, todo lo que se os ocurra

Los médicos y el inglés me matan

Jueves, julio 9th, 2009

Cuando usted va al médico es porque tiene un problema. Lo mismo me ocurre a mí, pero a diferencia de usted yo entro con uno y salgo con dos. ¿Y por qué? Por el inglés; sí, por el inglés.

Como ya conté en otros artículos mi mujer es india americana, de Ohio (Estados Unidos), más exactamente de la tribu sioux (que por cierto debe de ser la única que quedó viva porque yo de pequeño me los cargaba a todos cuando jugaba a los vaqueros), y aunque es enfermera se dedica a hacer traducciones de español, francés e inglés, pero no al mismo tiempo, lo digo porque hay gente para todo.

El caso es que como no confía en los médicos pues cuando tengo alguna dolencia insiste en acompañarme al especialista. Yo digo que no, que el que está mal soy yo y que si muero soy yo y no ella; pero ni así. No hay forma, así que cuando voy al médico realmente no voy, sino que vamos, como si fuéramos hermanos gemelos. Hasta ahí no hay el menor problema, pero en cuanto nos recibe el facultativo el asunto cambia.

Ya me puedo estar pudriendo por dentro, estar a punto de una trombosis, un infarto o una ceguera irrecuperable que el experto en Sanidad lo primero que pregunta y no falla es: «¿Y de qué país es usted?». «Y a mí qué diablos me importa que usted sepa o deje de saber de donde es mi mujer, si estoy aquí hecho fosfatina, con un dolor que estoy por saltarle a la yugular», pienso. Pues nada, como si hubiera ido a un balneario a tomar las aguas, como el médico hace mucho que no habla inglés, entonces aprovecha para practicar, pero como además ambos son del ramo de la Sanidad… pues qué quieres que te diga, habla que te habla y yo como un parvo escuchando sin entender nada.

No exagero, pero he estado en tantas camillas sentado viendo como mi mujer y los médicos hablan en inglés de mi dolencia y yo sin enterarme que podría ahora mismo decirle cuáles son los modelos, marcas y tipos de camilla más cómodas. Las he visto de todos los colores y formas, acolchadas, sin acolchar, con un agujero a la altura de la cabeza, con otro a la altura de las piernas, con reposacabezas, sin él…. Yo de mis enfermedades saber sé lo justo; o sea, nada, pero de camillas….. pregunte, pregunte.

Una boda típicamente francesa

Viernes, junio 12th, 2009

Una boda en España al estilo francés sería imposible; ¿por qué?, ¿porque dura dos días?, no; ¿porque se bebe y come demasiado?, bueno hombre, no somos nosotros bestias, tampoco. Entonces, ¿por qué?. Pues sería impensable porque en Francia hay dos tipos de invitados, los que acuden a lo que llaman «Vino de Honor», que se celebra en un hotel cercano a la iglesia donde la pareja se promete mutuo amor, y al que van los conocidos, y la Recepción (lo que para nosotros es el convite en sí), que es para los íntimos, con lo cual ya te puedes llevar el palo de que te creías «íntimo» y eres solamente «conocido», que tal y como somos los españoles esto sería ya suficiente para que hubiera casi tiros entre las familias, que no somos nosotros poco vengativos cuando consideramos que nos han hecho un feo.

Pero claro, el asunto, en el plano individual, puede ser peor, porque tú estabas convencido de que eras solamente un «conocido» (y contento estabas con ello porque el tío ese que un día te presentaron, para ti era un petardo), y resulta que no, que, cosas de la vida, le has caído genial y eres «íntimo» y, como í«ntimo» que eres, pues nada, a ir a la Recepción y a pasar dos días comiendo y bebiendo a lo salvaje quieras o no quieras. Toma, por simpático.

¿Y cómo es la Recepción?. Pues esa es otra historia ya que depende un poco de la boda. Si tiene un cierto nivel te llevan a unas instalaciones (por lo general colegios mayores que están en las afueras de las ciudades) donde hay tropecientas habitaciones y cada uno coge la que quiere; pero si el enlace es un poco más corriente, entonces, frente a donde se celebra el convite aparcas tu coche, sí, el coche, como lo oyes o lo lees (como quieras) y comes, bebes, bailas, echas una cabezadita dentro del vehículo y, si puedes salir… pues vuelves a comer a bailar y a beber, y así casi 48 horas.

¿Y hay algo más que diferencia a las bodas francesas de las españolas?, pues naturalmente que sí, la forma de celebrarlas. En Francia la gente se levanta, se agarra por los hombros y se pone a cantar balanceándose de un lado a otro como si estuvieran en el Fondo Sur del Aleti o del Vilapasar F.C. También, cuando menos te lo esperas, cualquier excusa es válida para oir el típico «hip, hip, hip… urra; hip, hip, hip.. urra», que por lo visto no es exclusivo de Gran Bretaña, y se hacen concursos, entre los que no faltan imitar al gallo, símbolo nacional del país, y que para ellos es un momento cumbre de la fiesta. Y como la pareja no iba a ser menos, al ya matrimonio se le hace pasar (eso ocurrió en la boda que fui) por una peculiar prueba, que más o menos es como sigue. Los novios se sientan (en sillas, claro) en medio del salón de baile, espalda con espalda, se descalzan y cada uno lleva en una mano un zapato negro y en la otra uno blanco. A continuación se les hacen las típicas preguntas picaronas. Por ejemplo: «¿Quién es más ardiente haciendo el amor?». Entonces ambos levantan a la vez el zapato que quieren. Si la mujer, por ejemplo, iza el negro (que representa al hombre), significa que es su marido el más pasional, si es el blanco, que es ella, y si levanta el negro y el blanco al mismo tiempo, que los dos por igual. Y lo mismo hace el hombre, pudiendo así comprobar los invitados el grado de compenetración que tienen los recién casados.

¿Y qué se come y se bebe?. Por lo general son platos fríos, en plan bufete, con una presentación alucinante, y luego, dependiendo de la zona, pues además de vinos de todo tipo, en Normandía, por ejemplo, sidra, por ser una zona eminentemente manzanera. Y así, a simples rasgos y para no marearte más, son las bodas de los de ahí al lado, que cuando finaliza, los invitados envuelven en papel de aluminio las viandas que quieren y se las llevan a casa para al día siguiente seguir comiendo.

Y como veo que no lo preguntas lo haré yo: ¿Lo pasa bien un español en una boda francesa?, pues qué quieres que te diga, si te toca de las de dormir en el coche, eres camionero y te llevas el trailer, supongo que sí, porque si no….. a mí me tocó un enlace de los de habitación; y de los dos días, la verdad, disfruté uno porque dos… como que es mucho, se hace muy pesado. Pero sí, sí, lo pasé bien, muy bien, y lo que es la vida; a no sé que hora de la madrugada me sentí identificado con Martin Luther King, cuando dijo aquello de: «Yo tengo un sueño… ». Pues yo igual, también tuve un sueño, pero no encontraba mi cama. Qué cosas pasan ¿verdad?.

PD. Te agradecería que hicieras un comentario porque estoy realizando una prueba. Gracias por tu colaboración

Cómo conocer a una sioux en Galicia

Lunes, junio 1st, 2009

Yo sé que no es muy normal conocer a una india americana, de la tribu sioux, en una aldea de Galicia en la que viven once personas y en la que la media de edad son 70 años. Lo normal, hasta ahora, para los gallegos, era emigrar; terminar sabe dios dónde y allí conocer a una persona, casarse y, con un poco de suerte, regresar a Galicia y entonces sí, presentarla en sociedad, bien fuera ella nipona, tuareg o cíngara. Y reconozco que tampoco es muy normal que al final termines casado con esa persona porque se confundió de casa. Sí, de casa, porque admito que en la vida te puedes confundir en muchas cosas; te puedes confundir de carretera, de avión, de número de teléfono, de esposa y si me apuras hasta de país y de pueblo, pero de casa y entrar en otra…..

Y la historia, resumiendo para no cansarte, es la siguiente: Veneatra Paynther vívía en Cleveland (Ohio), estudió enfermería y, por eso de conocer mundo, se fue a Rouen (Francia), donde tenía una amiga que conoció en un intercambio escolar. Allí, en un hospital, una compañera que era gallega, le dijo que su padre tenía una casa en una aldea cerca de Oza dos Ríos y que si quería podía ir allí con sus hijos. Y, dicho y hecho, cogió el coche, subió a su troupe y con un mapa en la mano, tira millas hasta que finalmente llegó a la aldea y vio la casa: Una tremenda casona con una parte muy arreglada y otra que parecía más bien el trastero.

Al día siguiente de llegar los sioux, éstos se encontraron con que la puerta del trastero estaba abierta, y entonces todo ocurrió de forma vertiginosa. En menos de dos minutos, como si fuera una película de cine mudo, por mi salón pasaron como rayos dos niños rubios a toda velocidad, haciendo más ruido que un tren y que al verme salieron despavoridos por otra puerta, y detrás una mujer (después pude saber que creía que estaban robando y de ahí su preocupación) que casi sin aire me miró, se quedó paralizada y no sabía qué decir. Entonces comprendí que tenía que dejar de fumar por un momento, bajar el volumen del televisor, levantarme de mi cómodo sillón y con mi francés aprendido en San Sebastián (de donde esa gente tan simpática de ETA nos invitó muy educadamente a mi familia durante siete años a que nos fuéramos) ofrecerle lo que había: café o güisqui. Entonces pude saber también que su amiga se había olvidado de decirle un pequeñito detalle: la casona tenía dos propietarios y que uno era un tal Guisande que iba de pascuas en viernes, aunque lo ocurrido fuera un sábado.

Y así, amigos bloglectores, se escribe la historia; mientras unos recorren medio mundo para encontrar el amor de su vida, a otros, con más cara de parvo que otra cosa, vienen desde Ohio a buscarlo. El resto ya os lo podéis imaginar; en menos de un mes, sin comerlo ni beberlo, me vi con una maleta pegada a mi mano haciendo un trasiego de viajes de Galicia a Rouen y de Rouen a Galicia hasta que finalmente la tribu sioux se asentó primero en A Coruña y luego en la aldea. ¿Que si soy feliz?, con la sioux me llevo bien, pero muy pero que muy bien, y es que soy consciente, que con ella, me juego la cabellera.

Casarse con una extranjera

Viernes, mayo 29th, 2009

Me pregunta una bloglectora si es cierto que estoy casado con una india americana, de la tribu sioux, o es una broma; y como digo en el blog, lo que voy a contar son «anécdotas reales y cosas de la vida». Y tan real es que ella (Veneatra Pahynter) es india americana, de Ohio, como que la conocí en una aldea de 11 habitantes, que es donde vivo, y que la media de edad es de 70 años. Reconozco que esto no es muy normal y que es más propio del libro Guinneses que de otra cosa, pero la vida es así; te recorres media Europa y algún que otro país más de otros Continentes y, al final, resulta que un día, por esas cosas de la vida, en un lugar en el que hay menos gente que en cualquier parada de autobús… pues conoces a quien va a compartir tu vida y todo (si quieren un día se lo cuento), porque se confundió de casa. Como te lo digo, se confundió de casa y… se casó.

Sea como sea, cuando te casas con una extranjera todo son ventajas y terminas hablando un idioma común, único y, sobre todo, indescifrable e incomprensible para el resto de los mortales y hasta piensas que en la primera, segunda o la Guerra Mundial que viene, que vendrá, puedes tener un futuro impresionante porque como espía no hay quien descifre lo que hablas.

Por ejemplo, en mi casa los «botones» no son los de la camisa ni los de un abrigo ni los de una chaqueta, son los granitos; las «orejas» no son los que tenemos a ambos lados de los occipitales, son los cojines porque ahí (luego lo descubrí), según ella pones la oreja. «Párrajo» no es pájaro, (como que esto iba a ser sencillo), sino que como ella es traductora es «párrafo»; «ternera» no es la cría de la vaca, es ternura; y la «carne», por ejemplo, no es el bistec, es el carné de identidad. Y qué le vas a hacer, todo esto ocurre por cuando conoces a una extranjera, si estás interesado en ella lo último que harías sería corregirla a cada momento pues serías un pelmazo y es casi seguro que nunca iniciarías una relación.

Pero cuando de la amistad se pasa al noviazgo, entonces lo que ocurre es que sigues sin corregirle esas palabras porque las entiendes, las asimilas, y llegan a formar parte de tu acerbo cultural. También sucede que no discutes mucho porque ante cualquier situación, por extraña o rara que sea, ella piensa: «Es que no me entiende; pero no lo hace por mal». Y viceversa, aunque reconozco que le echo un poco más de cara, pero siempre con cariño, claro, home sí.

En una ocasión recuerdo que me dijo que fuera al supermercado y que trajera cuatro o cinco cosas. Llegué a casa con las bolsas y me dijo: «¿Has traído la comida del perro?». Le contesté que no, que me había olvidado, a lo que respondió: «Qué bueno eres. Gracias». Y no pasó nada, salvo que el perro, obviamente, no comió. Como digo, casarse con una extranjera todo son ventajas; aunque supongo también que tendrá sus inconvenientes, pero como no la entiendo…