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Entradas para la categoría ‘agricultor’

No sé, algo pasa entre el ratón y el gato

Martes, Enero 3rd, 2012

(Cosas que pasan al dejar la ciudad e ir a vivir al campo. Bueno, y por se una nulidad, claro)

Yo comprendo que un ratón, con estos días de lluvia made in Arca de Noé y de Paz y Amor porque sí, pues entre en una casa en la que hay tantas viandas navideñas como polvorones, turrones, mazapanes… yo qué sé. Y lo entiendo porque yo, sin ser ratón haría lo mismo; es más, de hecho lo hago todos los días, todos los días entro en casa aunque no sea Navidad.

Lo que no alcanzo a entender es que, ya que entras en propiedad ajena, es que no tengas cuidado y así, a las cuatro de la mañana te pongas a roer una madera y luego, como si fuera tu domicilio, pues a dar vueltas por la casa y que termines pasando por encima de unas bandejas de metal y hagas un ruido que no veas. Que una cosa es ser ratón y otra bobo porque, por ejemplo, el Ratón Pérez en eso es un modelo: entra, se va, y aquí paz y después gloria.

Pues hace unos días entró un roedor y montó tal sindios que entonces hice lo que tenía que hacer. Cogí a Pak, el gato (que vive fuera de casa) le hice un contrato basura, lo di de alta en la Seguridad Social, lo sindiqué, lo metí en casa frente adonde yo creía que estaba el ratón, y tal cual le dije: «Pack, a currar».

Desde que Pak está currando, la verdad que no he oído nada, pero absolutamente nada al ratón, ni de noche ni de día, ni a media tarde ni a tarde entera; pero a mí lo que me extraña es que Pack no me presente el cadáver del bicho o una pequeña prueba del que el animalejo está fiambre, como hacen todos sus congéneres gatunos.

Para mí que se han confabulado; que el ratón vive en casa, que Pack le ha dicho que de hacer ruido nada de nada porque Pack sabe perfectamente que si después de tres días no lo ha cazado y la alimaña sigue haciendo de las suyas lo despido; es decir y con perdón (pero es que me tiene desesperado), que se va a la puta calle, que ahora vienen las nevadas, y busco una solución más drástica: un león, por ejemplo.

Y entonces, sabiendo esto ¿por qué Pack no presenta al difunto ratón? Pues por la misma razón, porque sabe que en cuanto termine su trabajo lo doy de baja, el finiquito, y como el tipo no es tonto pues así están los dos: el ratón en casa, sin hacer ruido, calladito, y el gato haciendo que curra, frente al fuego y a verlas vir mientras a mí me desespera porque no me gustan animales en casa, que para eso estoy yo. Pero a decir verdad, la culpa es mía y solo mía, lo reconozco, porque todo comenzó al principio; no cuando le hice el contrato basura, no; sino cuando lo sindiqué, cuando lo afilié, porque yo es que al Pavk este lo veo pero tan tan tranquilo que para mí que es un liberado.

LA PERIODISTA GABRIELA RUIZ, PREMIADA

La joven periodista y colega del blog, Gabriela Ruiz, obtuvo con su relato bla, ble, bli, blo, blue, la mencion especial del jurado del Concurso Cuentos Para la Igualdad, que organizó el Ayuntamiento de Dos hermanas (Sevilla). El cuento, con ilustraciones de Patricia Carcelén, narra la historia de una niña que nace de color azul y que cuando llega a la edad de 7 años es consciente de que es diferente e intenta por alocadosy fantasiosos medios ser normal. Enhorabuena Gabriela.

¿Si te sientes inútil?, ven a mi aldea

Domingo, Noviembre 13th, 2011

Yo te lo juro que para curarse de complejos no hay como mi aldea, y no porque allí estemos taladrados, que no lo estamos, que lo que estamos es aturdidos, que es distinto, sino porque allí entre mis 11 vecinos… aquello es otra cosa. ¿Te sientes como que no vales para nada, que eres un no eres, un desecho de la vida, como te diría yo… un gusanillo, una miñoca…?, ¡¡¡ pues nada hombre !!!, ven a mi aldea, que sales como nuevo, te lo digo yo.

Por ejemplo, tú tienes unas gafas Ray Ban o, vamos a ponerlo más fácil, unos calzoncillos con florecitas; pues tú en mi aldea eres pionero; sí, pionero, que es decir que eres el primero que ha llegado con ellos, que parece una tontería, pero no. Porque tú ya puedes presumir de haber enseñado a mis vecinos, al Ser Humano, con lo trascendente que es eso, lo que son unas Ray Ban o cuando los cuelgas del tendal los calzoncillos con florecillas y eso te enorgullece, te hace sentir alguien importante y es como una terapia de choque para quien se siente mal.

Yo cuando instalé Internet y me di cuenta que era eso, el primero, el único en el mundo que había puesto tan avanzada tecnología en mi aldea, ese día fue especial, muy especial. Miraba al infinito como buscando un algo, observaba las casas de mis vecinos, las puertas, las manillas, las flores, la hojarasca… pensaba en la existencia del ser humano, en lo divino, en el más allá y en el más acá y me decía en un silencio total:: «Dios, gracias Señor, gracias, soy el primero, soy pionero» y fue tal la felicidad que incluso creo que no oí a Maruja cuando al verme me dijo: «¡¡¡¡¡¡ Jisandeeeeee !!!!!», aun que sí cuando añadió «¡¡¡¡¡ queres facer casooooo oh»; pero no importaba, estaba tan ensimismado….

Pero a lo que iba, porque ser pionero es de alguna manera ser protagonista, pasar a formar parte de la Historia, aunque sea de una aldea, pero de la Historia, y cuando pasen los años y más años y alguien un día diga, por ejemplo: «¿Recordáis quién fue le primero que trajo un bolígrafo Bic de cuatro colores?», yo sé que todos dirán a una y con un grito no exento de emoción y éxtasis: «¡¡¡ Guisande !!!», y eso… eso emociona.

Y a ti te puede pasar lo mismo. Que te apellidas Fernández… pues nada, cuando pasen los años y alguien pregunte: ¿Quién trajo por primera vez a la aldea unas katiuskas con elefantitos rojos?, todos dirán: «¡¡¡ Fernández !!!, ¡¡¡ Fernández !!!». Y esto lo mismo vale para un Fandiño que para un Álvarez, para un Guitérrez que para un Loureiro o un García.

De verdad, si compromiso, si te encuentras mal, no lo dudes, ven a mi aldea y seguro que eres pionero, que te encontrarás mejor, seguro que… «¡¡¡¡¡ Jisandeeeeeeeeeeeeee, pero cómo se che ocurre pitar as patacas oh !!!!!!!». ¡¡¡ Señor, qué éxtasis !!!, otra vez pionero y sin darme cuenta, sino es por Maruja…

«Garabolis», seleccionado entre mil cortos en un festival internacional

Domingo, Julio 10th, 2011

De verdad que debía haber nacido con una chepa que no veas, haber pasado por ella unos décimos de lotería, ganar un pastón y dedicarme a la dolce vita porque tío… es que alucino, cosa que toco cosa que sale bien, y vosotros que me conoceís… es que me da miedo tanta suerte. Y tanto me da que estas cosas son así de parvas, que te va todo bien y de repente te cae una… «¿qué le pasó a Guisande?». «Pues increíble, estaba celebrando un premio y no me digas cómo, cogió un cacahuete, se le cayó al suelo, lo pisó, resbaló… y dos brazos rotos, las piernas, una cadera… , que tiene para 5 meses».

Pues no sé si terminaré en el hospital, pero después de que los cuentos de RODRIBICO, ganaran el premio de la Asociacion Galega de Editores a la mejor colección infantil ilustrada, con el amigo Xosé Tomás, va el cortometraje GARABOLIS, dirigido por el colega Alfredo Pardo con guión de quien desde hace dos años escribe este blog y… ¡¡¡ hala !!!, seleccionado entre casi 1.000 que se presentaron al Festival Internacional de Orense que se celebrará entre el 14 y 23 de octubre y de los que solamente unos 15 cintas pasan a la final. ¿Alfredo, yo, Orense, corto, seleccionado, festival? para alucinar.

Pero vamos a ver, Señor, tú que lo sabes todo y que tengo una hipoteca, no era más fácil una pequeñita chepa y que por lo menos me tocara, sino el gordo, un premio menor o, al menos, de vez en cuando el reintegro para ir animándome y no esto de tanto discurrir y desbarrar para unos cuentos, para un cortometraje, para el blog, para las conferencias… ¿pero qué te he hecho Señor, qué te he hecho; que si quieres me hago misionero en las Indias (me refiero a la zona, no a ellas) pero vivir así… porque como que la alfombra roja no va a venir… ?

Y cuando recibes el comunicado de la organización, quedas que lo lees y no lo crees y no lo crees cuando lees que el coordinador del Festival Antonio P. Ginori dice:«El equipo del Festival de Ourense le dá los parabienes. Estamos complacidos de informarles de que los integrantes del Comité de Selección de Cortametrajes decidieron incluir GARABOLIS en la lista de filmes que participarán en la competición oficial de nuestro próximo 16º Festival, que se celebrará del 14 hasta el 23 de octubre de 2011. Estamos seguros de que su película será una valiosa contribución al éxito del OUFF 2011».

Pero claro que todo esta alegría que hoy tengo y que me anima para el siguiente cortometraje no sería posible sin la participación de otras personas como, además de Alfredo Pardo, director; Miguel Costas (ex miembro de Siniestro Total), que hizo la música; el humorista Xaquín Marín, que hizo el cartel; David Vázquez (fotografía) y los actores Darío Loureiro (Garabolis), Mela Casal (pordioseira), Carlos Blanco (guardia), Leopoldo de Soto (terrateniente), Humy Donado (buscona)  y el sobrino del escrito Camilo José Cela, Julio Cela en el papel de vividor.

PD._ A tod0s, por animarme con vuestros comentariosa seguir haciendo cosas, siempre gracias. El día 15, viernes, el primer artículo en las páginas de Al Sol en el periódico La Voz de Galicia

Tela con nosotros, los gallegos

Lunes, Octubre 18th, 2010

(Anécdota)

El gallego es un tipo, iba a decir singular, aunque realmente a ser sinceros más bien es complicado, tanto, que yo que soy también de esta hermosa tierra del mejillón, si me dicen que somos una especie… me lo creo. Y si me aseguran que somos el eslabón perdido o uno avanzado, pues también; pero a nosotros, no me digas porqué, nos pasa algo.

Lo que no entiendo de Galicia es como no ha surgido un campeón del mundo de ajedrez, y no lo entiendo porque para cuando tú dices una cosa, el gallego ya ha pensado unas 4.000. Tú, por ejemplo en Palencia o en Badajoz, pones un vaso encima de la mesa, y eso, lo pones. Aquí no. Aquí pones un vaso encima de la mesa y el primer pensamiento del gallego es porqué lo pusiste justo en ese lado y no en el otro, y porqué más a la izquierda que a la derecha o más adelante que atrás. No hay forma, para el gallego cualquier lugar vale menos justo donde lo colocaste porque piensa: «Por algo lo pone ahí», cuando la respuesta es «¿Qué por qué ahí?, porque es la mesa; la mesiña, hombre». ¿Sí?, pues no.

Pero no creas que el gallego lo hace porque piense mal de ti o, por lo que se suele decir, desconfíe (que es cierto que la desconfianza está muy arraigada en nosotros, que mira que nos ha dado tumbos la vida por ser sencillos, trabajadores y buenos), sino porque somos así y no lo podemos evitar. Y es que así como un vasco disfruta viendo cortar un tronco de un hachazo, o un catalán como sube el Ibex 35 hasta un 8.000 sin oxígeno, pues nosotros somos felices dándole vueltas y más vueltas a las cosas, a lo que sea, qué le vamos a hacer…

Pero como en todo, en esto de la desconfianza, mezcla también de pillería, hay casos excepcionales que sobrepasan los límites del conocimiento y del saber humano, como le sucedió al padre de mi amigo Manuel José Morán García, el veterinario Manuel Morán Morán.

Acababa el bueno de Manuel padre de terminar la bestial carrera cuando con poco más de 22 años comenzó a trabajar en un pueblo de la provincia de Pontevedra. Entre que aparentaba pocos años y que era leonés y, por tanto, con un acento un tanto extraño por estas latitudes, la presencia de Manuel creó una cierta desconfianza en la zona, especialmente por su juventud pues siendo casi barbilampiño dudaban de su saber.

Un día, un paisano lo llamó para que viera una vaca que estaba enferma. Así que Manuel, en una moto que utilizaba para sus desplazamientos, fue al sitio indicado con su maletín y toda su sapiencia. Nada más llegar a la aldea, el hombre lo llevó directamente al establo donde estaba la vaca y le dijo que la encontraba mal, que no sabía realmente qué le pasaba, que algo le ocurría que… vamos, como que no era vaca.

Por Manuel debió pasar entonces toda la literatura clínica que había en ese momento publicada en España y parte de Europa sobre el ganado vacuno, ya que tras ponerle un termómetro, mirarles los oídos, la boca, la lengua y otras partes del cuerpo, por mucho que miraba y remiraba a la marela, el bueno de Manuel no hallaba nada raro, ningún síntoma especial.

Extrañado, Manuel, con aire pensativo le dijo al paisano para hallar una pista, un indicio, algo: «Pues yo, la verdad, a este animal no le encuentro nada, y usted dice que cuando come… ». Entonces el paisano, ya más tranquilo, bastante más, mirando a otra parte del establo le contestó: «Es que la que está enferma es esa otra».

HOY Y MAÑANA, ÚLTIMO DÍA DE VOTACIÓN

Hoy y mañana es el último día de votación del concurso Bitácoras.com. Y estamos en el puesto 26. A ver qué ocurre. Este es el enlace para votar, en el apartado de HUMOR, pero creo que hay que registrarse http://bitacoras.com/premios10

Dios, que buena gente ésta del campo

Lunes, Julio 19th, 2010

(Lo que pasa al cambiar de un dia para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

Ya lo dijo mi vecino Enrique Vázquez con tono paternalista por no darme dos bofetadas: «Anda Guisande, sae de ahí home, sae de ahí». «¿De dónde?», pregunté yo con esta a cara a medio camino entre la levitación existencial y la inoperancia práctica mientras trataba de ayudar en las tareas agrícolas quitando malas hierbas. «Pues de encima dos tomates», respondió resignado.

Y miré para abajo y os lo juro que yo no vi ni un tomate ni nada, pero por lo visto había allí, justo bajo la bota, una plantita del tamaño como de un chicle, que por lo que parece, como que desde hace más de 5.000 millones de años si las dejas tranquilas crecen y dan eso, tomates.

Así que levanté el pie, cogí la plantita esa con mucho cuidado, como si fuera un enfermo a punto de expirar, me puse en cuclillas y cuando estaba haciendo un agujerito para poner su raicilla y creciera cual palomilla… Enrique no dijo nada, pero su mirada fue suficiente y estoy seguro que estaba entre «qué inútil» y «que siga con el ordenador». Dios, cuánta sabiduría en una mirada, y qué noble soy que lo entiendo y lo comprendo todo.

Y así, con cara de lelo, embarrado y sin saber qué hacer, Enrique cogió la para entonces delicadísima plantita e hizo un agujero mientras yo le decía para romper el hielo antes de que me rompiera la cara: «Es que aquí yo todo lo veo verde». Y claro, fue decir esto y fue peor porque Enrique me volvió a mirar y…. ya lo sé, «al ordenador, al ordenador».

Pero es verdad, os juro que esto de la agricultura no es nada fácil, pero nada de nada porque el problema es cuando hay que quitar las malas hierbas ya que ¿cuál es exactamente la hierba, si todo es verde y casi todo se parece?. Sí hombre, ya se sabe que con las castañas, las manzanas y las peras no hay problemas, que están en el árbol, que hasta ahí llego; pero cuando crece una planta de zanahoria y cerca una de pimientos y la hierba…. ¿crees que es sencillo saber lo que es una y la otra y, sobre todo, la hierba que hay que arrancar?

Pues de fácil nada, que no es llegar allí y la planta tenga un letrerito que ponga «Pimiento gallego. El kilo a 2 €». Pues no, y precisamente con el pimiento alucinas, porque se parapetan entre las hojas como si fueran un comando de camuflaje. Y es que al principio no los ves, y no los ves y no los ves por mucho que mires, pero están.

Por eso hace unos días Maruja me dijo con un grito: «¡¡¡¡¡ Ay Jisande, cómo que non ves os pimentos, non os ves o estas cego!!!. ¡¡¡ Sae de ahí, sae de ahí oh !!!!». Y salí, ciego no pero sordo… por poco. Dios, solo pensar lo que han sufrido estas mujeres y hombres trabajando la tierra y que ahora tengan que aguantarme…. joé que buena, pero qué buena gente ésta del campo.

PD. Como que me dá que le echo yo un poco de morro a esto… Dios, qué noble era.

Llegaron las moscas

Miércoles, Mayo 19th, 2010

(Cosas que pasan al cambiar de la ciudad al campo sin tener idea)

Llegaron las moscas y para mí que llegaron porque tenían que llegar como llegan las cerezas, los tomates o los pimientos porque aunque ahora empezamos el segundo año de nuestra vida en la aldea, lo normal es pensar que será como el primero. Es decir, que si el año pasado hubo castañas en octubre, pues en octubre habrá castaña; que si en junio o julio hubo ciruelas, pues en junio o julio volverá a haber ciruelas y que si… pues no, según la sioux y los niños no y no, y la llegada de las moscas es para ellos un misterio. Ni que fueran alienígenas, ya ves, que estos son así ¿algo raro?, pues de otro mundo y tan felices ellos. Dios, qué cruz.

Y claro yo callé porque para misterio misterio que una sioux y un hijo fracoamericano y otro francés llegaran un día a esta aldea de 11 habitantes y que me conocieran porque, mira tú por dónde, se confundieron de casa y entraron en la mía….. vamos, comparado con lo de las moscas… pero la vida es así y a mí ya nada me asombra y menos en Galicia que casi nunca hace sol

Pero a lo que vamos, para la sioux no que es que llegaran, sino que es una invasión y a mí esta palabra en boca de un norteamericano me da pavor, escalofríos, y como invasión que para ella es empezó con un matamoscas manual en plan Nadal, a diestro y siniestro con ellas que no veas, y al cabo de unas horas mejoró la técnica y ya veía yo que tenía un estilo más depurado, más a lo Federer, liftando, haciendo dejadas de moscas sobre el cristal, mucha más técnica, pero mucha más, aunque creo que a las moscas…. como que les dió un poco igual tanta destreza.

Yo le ayudé e hice lo que me decía la lógica, la que me queda, así que (en la parte de casa que me tocó arrasar) abrí las ventanas y se fueron; vamos me iba yo a matar en matar a otros… sí hombre. Conclusión: Ella me preguntó cómo había acabado tan pronto y yo le dije que en mi zona había pocas, vas a poner ahora triste a alguien por unos insecticillos… bo.

Total (entre nosotros) las mías se fueron y ella montó una escabechina que si la denuncian por crímenes de Guerra o contra la Humanidad no me extrañaría porque una cosa es quitarle la vida a dos, tres o cuatro mosquejos, y si me apuras a cinco, pero así, casi en manadas…. a familias enteras…. pues no, con lo fácil que es abrir una ventana, que además te queda la manilla a la altura de la mano… si para eso está y por eso se llama manilla, MA-NO, MA-NI-LLA, creo, no sé, ya qué más da a estas alturas de la masacre.

Con todo, quien más cerca estuvo de todo el asunto con las moscas fue Noé que dijo que «entraron por un agujero». Y la verdad que eso me tranquilizó bastante porque ya me imaginaba yo un golpe en la puerta de casa y alguien que la había abierto, un moscón que no veas y unas 4.000 colegas detrás diciendo:«Nada, que vimos la casa y… ».

Y Noé, Christopher, Alejandra o Victoria, que son muy hospitalarias, diciendo como si en vez de una casa fuera una plaza de toros: «Pues nada, pasen y ya saben; las ventanas de la izquierda son de sol y las de la derecha de sombra, así que cada una a su cristalito y… ». De verdad, mejor pensar que entraron por un agujero, que las invitaron o que realmente la llegada de estos dípteros es un misterio, todo antes que lo de la invasión, pobres, como quedaron ¡¡¡¡ qué bestialidad !!!!

La Nasa, la patata y, desgraciadamente, desgraciadamente… siempre yo

Lunes, Marzo 29th, 2010

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

Os lo juro que es más fácil llevar cualquier artefacto a la Luna o a Marte que plantar patatas, ni lo dudes. Es que si envías un aparato a cualquier planeta todo está milimétricamente calculado, estudiado, analizado, controlado; pero la patata… dios que descontrol

Tu por ejemplo eres el jefe de operaciones de un vuelo espacial ¿no?, pues no, no lo eres, qué vas a ser… Vale, lo eres, pues te llega un tipo con ojos rasgados que nació en China y que sabe de lentes de aumento que no veas y te dice: «Mire, aquí tiene la lente infraestelar que quería para la exploración marciana, con un zoom de 1.000 X 100.000.0000, un centímetro de diámetro y 1,10 miligramos de peso».

Claro esto te lo dice el paisa este después de haber estudiado durante 20.000 años lentes y más lentes y es el único en el mundo (claro, parvos no hay tantos) que decidió analizar la estructura molecular de los incrementos de visión en relación con los campos magnéticos y su aplicación en la estratosfera con polvo cósmico. ¿Quién estudia todo esto en el mundo, a ver quién lo estudia, listo más que listo?, pues, uno, solamente uno; ¿y quién es ese uno?, pues Chin Pintin Tin, el pavo ese de los ojos rasgados.

Pues bueno, va el jefe de operaciones y a lo mejor, porque ya se comió la hamburguesa, dice: «Vamos a pesarla», y allá van un tipo con bata y con unos guantes blancos y 30.000 tíos detrás en plan procesión Semana Santa con la lente en una cajita de cristal a un aparato que puede llamarse medidor subacuántico preatómico de estabilidad infinita.

Pesan la lentilla de las narices y… no da los 1,10 miligramos previstos sino 1,12. Entonces el tal Chin Pintin Tin dice al jefe de operaciones: «Ve esa zona oscura en el borde, es grasa humana; alguien por un descuido la tocó y la grasa humana en la Tierra, teniendo en cuenta las condiciones atmosféricas, la gravedad, la densidad de la sedimentación acuosa y la gravitación solar a hoy, 30 de marzo, siendo las 17.05 horas, supone que aumente el peso en… ».

Y te saca el tío 2.000 folios con dos bemoles, te asegura científicamente que la grasilla esa si se limpia queda la lente en 1,10 miligramos… Y dicho y hecho, se limpia con otro artilugio que nada tiene que ver con el Cristasol… y tío 1,10 miligramos, clavao, alucinante. Y lo mismo el que idea las antenas, el radar o las ruedas para que la maquinita de marras circule por suelo marciano o por Ferrol, qué más da.

¿Y por qué ocurre todo esto?, pues porque todo esta milimetrado, calculado, estudiado, medido y supermedio y porque la base o fundamento son los números, las matemáticas, una ciencia exacta, tanta como que yo no dejo de fumar así me maten. Pero en el asunto de la patata no hay matemáticas que valgan porque… ¿cuándo se planta? El 30 de marzo… antes de Jueves Santo, después de Jueves Santo, entre el Jueves y el Viernes Santo… cualquier día aunque no sea Santo… antes de la primera procesión del Silencio, después, cuando la luna es llena, cuando es cuarto menguante, medio creciente… ¿pero estamos hablando de la patata, de un parto provocado o de una reunión para jugar a la ouija…?

Entonces descubres que en esto del tubérculo, al no haber nada exacto… ni te cuento. Vas a un bar y te dicen: «¡¡ Qué !!, ¿plantaste ya?», y contestas que no, que según tu maestrillo-vecinillo lo harás la próxima semana. Y entonces el tío te mira y te dice: «bo, ya nada». Y te preguntas «nada qué», pero no es una «nada qué» normal, es un «nada qué» de los nervios, más o menos un «¡¡¡¡¡¡ Nada quééééé !!!!». Y te responde, «que ya no te salen las de cedo (temprano)». ¿Qué cedo, qué temprano?, si yo solo quiero patatas.

Y luego, el experto te dice que hay patatas que se plantan antes y que… «¿y los tomates?», te pregunta, y cuando comentas que más tarde, añade que «depende del tipo que quieras, porque algunos son de cedo» y te dices «¿cómo que el tipo que quiera… ¡¡¡ también los hay de cedo !!!?
pues la roja, la de siempre, la de toda la vida… esa de rodajas». Y descubre que hay como 4.000 variedades y ya cuando llegas a la cebolla te lo esperas, y no falla, «¿pero qué plantas, cebolla, cebollino, cebolleta?». «Joé, la que pica, la de siempre, la que cortas y lloras… ¿o es que aquí también hay de cedo?».

Y mientras el tipo se ríe, te lo juro que en ese momento te da ganas de retirarte de la agricultura, coger de lanzallamas y arrasar con toda la huerta o hacerte el harakiri y decirle al de bar: «Por favor, antes de que me suicide, me podría dar un bocadillo… ¿que de qué?, pues de lo que quiera, de patata, de cebolla o cebollino, pero cedo, digo pronto, que éste tío, este tío me mata».

EXPOSICIÓN DE JACINTO RUIZ
Mi compañero y periodista Jacinto Ruiz, expone del 31 de marzo hasta el 4 de abril, su primera muestra pictórica en Equiocio, en Ferrol. Este es uno de sus cuadros

De verdad, esta casa es un misterio

Jueves, Diciembre 24th, 2009

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

Desde que llegó el invierno, mi casa más que un hogar es un misterio, un enigma, un expediente X cuando X tiende a cero, a cero grados centígrados, me refiero. Esta es la primera vez que vivimos todo el año en la aldea y desde que llegaron estas temperaturas gélidas, la frase más repetida es: «Yo creo que el viento entra por aquí». Pero si los muros tienen un grosor de más de medio metro y teóricamente la casa está bien aislada… ¿cómo es posible que entre el frío…? Y entonces, cuando alguien dice esa frasecilla, allá voy yo en plan expedicionario, cigarrillo en la boca, calada que te crió, bocanada de humo hacia el lugar de la supuesta fuga/entrada y… na. Y así cada cierto tiempo, aunque a este paso no va hacer falta fumar que con el vaho, pues como que igual ¿verdad?.

Y claro, como no es cuestión de morir en el intento, así a lo tonto ya hemos quemado 3 toneladas de madera, que esto parece los Altos Hornos de Vizcaya en su mejor época y te lo juro que si esto continúa así, un día salgo de noche y prendo fuego a todas las arboledas que rodean mi casa, ni ecologismo ni leches, me encierro y hasta que dore no salgo porque, claro, como en el microondas no entro…

¿Y cuál es la conversación estos días en casa? Pues la de: «¿Y tu crees que estaremos así hasta marzo?», y yo para animar digo: «Que va, esto es pasajero», y ella insiste «¿seguro?»; y vamos, como si hubiera nacido aquí al lado, bajo un pinar, con un aplomo que hasta yo mismo me sorprendo digo: «¿Esto?, na, unos días». Y mientras lo digo voy echando cuentas, 24 de diciembre hasta el 10 o 12 de marzo quedan…. y a mí no me extrañaría que un día me dé un ataque de sinceridad y en esta casa haya una desbanda en plan salvaje, que cada uno salga corriendo con lo puesto y que los vecinos flipen por colores viendo la huida en masa.

Porque… ¿quién habló del calentamiento global, hombre, quién habló o, mejor dicho, dónde está el calentamiento ese, que hago un traslado ya? Pero si yo cuando voy a un bar en Oza dos Ríos y me preguntan: «¿Quiere algo?» hasta estoy por decir… «sí hombre, deme usted un buen par de bofetadas, que voy pacasa»..

Y en tanto pasa el tiempo surgen conversaciones así, en plan indirecta de «pues vi unos guantes…», «¿te acuerdas de aquella bufanda…», vamos como si hubiera sido tenor y actuara en la Scala de Milán, o «¿tomamos un cafetito en Juanito…?» (el bar nuevo, que casi puedes andar en mangas de camisa).

Pues mientras sucede todo esto, Luis de Vilachá, el superalbañil de la zona que lo mismo pone un ladrillo que arregla una tele que te pone un tejado o te hace un pozo, te destroza cuando llega de visita y nos encuentra a todos como conejos alrededor del fuego y dice a grito pelado: «¡¡¡¡ Ay miña madriña ¿pasades frío?, frío era antes !!!!». Y tu te dices ¿antes, antes de qué, del Big Ben, de la desaparición de los dinosaurios…? y por momentos pienso si estamos en peligro de extinción y si alguien se apiadaría de nosotros si coloco una pancarta en toda la fachada de la casa que diga: «¡¡¡ Salvad a los guisandiños !!! Greenpeace» ¿Funcionaría?, lo bemoles

La aldea y la comunicación verbal

Lunes, Septiembre 21st, 2009

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

En la aldea en la que vivo hay siete casas, ni una más ni una menos, y cada una está separada de las otras como unos 30 metros con su terreno por la parte de atrás. Hasta aquí nada que no ocurra en otras partes de la Patagonia, Siberia o en el desierto del Gobi, por poner ejemplo cercanos.

Cuando me asenté en este microcosmo humano, si quería algo de mi vecina Maruja, pues salía de casa, iba a la suya, tocaba el timbre y le pedía sal, azúcar, pan…. qué te voy a contar, lo normal entre vecinos bien avenidos. Lo mismo hacía cuando iba a ver a Virtudes (colindante con Maruja); sin embargo, cuando mi convecino Gelito quería algo de mí, en medio del bucólico silencio entre pajarillos y otras aves campestres oía: «¡¡¡¡ Jisandeeeeeeee !!!!!». Y «¡¡¡¡ Jisandeeeeeeee !!!!» (o sea yo), salía de casa y según me acercaba a él, pues Gelito me comentaba cualquier cosa, que si iba a Oza y lo podía llevar en coche, que si sabía algo sobre el deshielo o que si tenía tabaco. Daba lo mismo que estuviera a 10, a 50 que a 100 metros, para Gelito soy y sigo siendo «¡¡¡¡ Jisandeeeeeeee !!!!» y de ahí no hay quien lo apee.

Poco a poco, en una adaptación súbita, rauda y veloz, impropia de , descubrí (sobre todo cuando llovía) que eso de salir de casa para pedir algo a Maruja o a Virtudes o para llamar a Gelito era pues, como un poco incómodo, así que como los que ajustan el sonido de las orquestas de las verbenas, comencé en voz alta a llamar «¡¡ Gelito !!» con dos admiraciones. Al no obtener respuesta volví a repetir «¡¡¡ Gelito !!!», pero con tres admiraciones.

La verdad que en principio tenía pensado, como los expertos en decibelios, empezar con: «Uno, dos, uno dos, uno, dos, probando»; pero pronto deseché esta idea porque como la mayoría de mis vecinos sufrieron la posguerra, pensé que no fuera a ser que creyeran que la aldea estaba militarizada, que volvían los tiempos del «mando y tente tieso» y que de un susto se me fueran la mitad para el otro barrio.

Entonces, pronunciado «Gelito» fui tanteando el volumen para que me oyeran, hasta que llegué a un «¡¡¡¡¡ Gelito !!!!!» con la friolera de cinco admiraciones y descubrí, que además de que Gelito está un poco sordo, que era el adecuado porque no solo contestó Gelito, sino también Virtudes, Maruja y Manolo, que este último está un poco más lejos, a unos 40 metros.

Como estoy viviendo una etapa totalmente novedosa, rozando el esoterismo, pude comprobar, por ejemplo, que los fines de semana, cuando la población se duplica (es decir que de 11 vecinos pasamos a 22) un «¡¡¡¡ Gelito !!!!» con 4 admiraciones no lo oyen los de la ciudad, quizás por estar afectados por la contaminación acústica y que es preciso un Gelito de entre 5 y 6 admiraciones; vamos todo un control si necesidad de sonómetro, que estamos como para gastos.

Yo no sé en que acabará todo esto (que repasando el texto es de admirar); de lo que sí me percato es que no salgo de casa, que últimamente hablo más por la ventana, a gritos, y que practicando y llegando a unas 44 admiraciones es posible que me oigan en Acapulco y que un día termine dándole una patada al móvil. Pero claro, como esto del saber y el escaso conocimiento que todavía le queda a mi única neurona me mata, recuerdo un refrán que dice: «El campo embrutece, envejece y envilece». Lo último lo veo difícil, porque creo firmemente que con ese primitivo don se nace; de lo segundo, si te soy sincero ni idea; pero de lo primero… de lo primero como que me da que voy por muy buen camino.

¿Seguro que será bueno criar gallinas?

Domingo, Agosto 23rd, 2009

Para cambiar de la ciudad al campo estaba preparado pues durante varios años iba a pasar los fines de semana al mundo de la vaca y la ortiga, del grelo y el hórreo, y tan mentalizado estaba que hasta noto que mi cuerpo ahora huele como un poco a salvajiño, natural, dirían otros. Sin embargo, para hacer una pequeña huerta, no estaba lo que se dice muy dispuesto, pero con esa herramienta nueva para mi llamada sacho, la ayuda de mis vecinos, y doblando el lombo conseguí lo que nunca me imaginaría que llegara a hacer, plantar algo y lograr que llegaran a crecer patatas, berzas, lechugas y otros frutos de la tierra.

¿Que tuve algún traspiés en forma de tirón lumbar?, es cierto; pero al menos tengo la satisfacción de ver el resultado de mi trabajo y, lo que más me anima, es pensar que las manzanas, peras, higos y ciruelas nacen solitas en el árbol y no hay que hacerles nada, nada de nada, o sea, que no hay que doblar el espinazo y que hay que dejarlas tranquiliñas, como a mí.

En estas estaba, creyendo que había cumplido al menos por el primer año de mi vida campestre y pensando que el próximo trataría de mejorar la huerta y ordenarla la selva que tengo montada, cuando en medio de una conversación entre mis vecinos, Rumbo me espeta con cara de sorpresa: «¿Y por qué no tienes gallinas?». «¿Gallinas? ¿y por qué voy a tener gallinas?», pensé. Y no hizo falta muchas explicaciones para darme cuenta que todos mis vecinos, absolutamente todos, tienen gallinas, como todas sus casas tienen tejado, las ventanas cristal, las puertas manillas o la lareiras chimeneas.

Y de súpito (aquí hay súpitos cada dos por tres = 6) cavilé: «Mira qué ha pegado un cambio mi vida, de hablar en la ciudad sobre cualquier tema como el tráfico, política, fútbol, pintura, o de la prensa rosa, a que ahora mi duda existencial sea gallinas sí, gallinas no». Dicho de otra manera, que en menos de ocho meses pasé de poner un tique para el coche en la zona azul, a esta zona verde en la que como te lo propongas haces una plantación de algodón o puedes invitar a una tribu amazónica a pasar un fin de semana que no va a notar mucho el cambio.

Así estaba, medio ensimismado, cuando Rumbo añadió: «Y cuidado con el raposo que…». «Sí hombre, sigue animándome, que me importa un bledo las gallinas como preocuparme ahora del raposo, que es como estar pendiente si te multa o no la policía», pensé aún sin salir del shock que me había producido el asunto de la gallinácea. Y a la vez me cuestioné: «¿Quién dice que en el campo se descansa?» porque yo os lo juro que desde que estoy en la aldea nunca he pensado tanto; es más, ni me imaginaba que tenía esta capacidad de reflexión y me huele que como siga así termino agotado psicológicamente.

Como digo, lo de las gallinas me tiene un poco descentrado, desconcertado, perturbado y ofuscado. Comprendo que para mis vecinos no tener gallinas es raro, porque es como no llevar zapatos o salir de casa sin ropa. Si el problema es que yo los entiendo, sé que quieren lo mejor para mí, que sea feliz, que lo dicen por mi bien, pero estar pendiente de los «píos píos» y del raposo…

Es que además es echar piedras contra mi tejado porque aunque yo nunca he visto un zorro en mi vida no sé como puede reaccionar un animal de estos si me lo encuentro frente a frente. Sí, ya sé que dicen que lo que más le gusta y casi lo único son los polluelos, que se escapa ante la presencia del hombre, que es temeroso, que no ataca. Lo que quieras, ¿pero si al verlo, por esas cosas de la vida, se me pone piel de gallina?.