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Ni se te ocurra ser asesino

Martes, Agosto 10th, 2010

Llevo unos días viendo en la tele una serie de crímenes resueltos y te lo tenía que decir: Ni se te ocurra ser asesino. Repito, ni-se-te-o-cu-rra. ¿Tú quieres que alguien la patee? Pues mi consejo es que lo sigas por la calle y cuando te lo encuentres en una esquina le haces: «¡¡¡ uhhhhhh !!!», y si con el susto le da un infarto y allí queda tieso… perfecto, sino, olvídate, y lo de usar armas ni lo pienses porque la armas.

Como utilices una navaja, por ejemplo, lo tienes claro porque ¿tú sabes como son los de Homicidios y los forenses?, ni te imaginas. Utilizas una navaja y en menos de veinte minutos, por la trayectoria saben si eres zurdo o diestro; por el lugar de la herida, lo que mides; si no hubo pelea y fue de frente, es que lo conocías si…. ni hablar.

Y lo de las armas de fuego menos, que no son listos estos tíos con las muescas esas de las balas, que siempre encajan, tan perfectitas ellas, joé, que da unas ganas de darle una patada al microscopio cuando se van a juntar……

Encuentran una, la ponen en la base de datos y tío…. hala, en segundos saben el arma y casi quien eres. Y otras cosas que no dicen, pero yo lo sé, tienen una base de datos con muescas de palillos mordidos, sí, de palillos mordidos, que es muy español eso de llevar en la boca una maqueta de árbol. Pues te pillan un palillo, la meten en otra base de datos, la de mordeduras, y hasta saben si tienes caries y de un simple diente te hacen un retrato robot. Como lo oyes.

Y ni pensar entrar en la vivienda para hacer una locura de esas, que lo haces y es tu ruina. Como por lo que sea estornudes, con sistemas que alucinas (incluido el condenado perro ese esquizofrénico que lo huele todo como un poseso) pueden hallar restos, te pillan el ADN, la meten en otra base…. y cazado.

Vamos que es mejor olvidarse el DNI que el ADN, porque con el ADN lo tienes clarinete, , fuiste tú y no hay nada que hacer; pero con el DNI, joé , por lo menos puedes decir que tampoco tú entiendes porqué está ahí y si cuela…

Es más, antes que el ADN es mejor dejar el coche, las llaves, el pasaporte, la almohada o el pijama, al menos cuando te pregunte el juez cómo puedes explicar todas esas pruebas que te incriminan, si le hechas morro, pero mucho, puedes decir: «No, señoría, si no me extraña que haya 3.500 inspectores estudiando este caso y que usted se asombre, ni yo mismo me lo explico… »; pero te pillan el ADN… y no hay forma chaval, no hay forma.

Y fíjate si sabrán estos tíos sobre crímenes, que a mi no me extrañaría que un día que estuviera paseando por la calle se me acercara un tal inspector Mackein, de Homicidios, claro, y me dijera: «¿El señor Guisande?», y tras responder que sí, continuara: «Queda usted detenido por la posible muerte de Angelin Rosmary Fissher, de Kentucky ».

Y al contestar de qué Angelin Rosmary de las narices habla, que vives en Galicia, exactamente en Portosín, y que no has hecho nada, en comisaría te presentarían unos 4.578 informes de peritos, expertos y especialistas, y a modo de resumen te explicarían: «En efecto, usted no ha hecho nada, pero tras estudiar su perfil, su carácter, su comportamiento y gustos, aunque hoy es 10 de agosto del 2010 y está aquí, en Portosín, estamos seguro, tenemos la firme convicción y certeza que en septiembre de 2020 viajará a Kentucky y asesinará a la señora Rosmary Fissher. Así que mejor pasar un año en prisión, con una específica terapia intensiva inhibidora y…».

Y no me extrañaría que al oír esto hasta te emocionaras de alegría, abrazases a los de homicidios y de rodillas dieras gracias a Dios llorando porque han evitado que matases a alguien, que segaras la vida a un ser humano, de una pobre ancianita, y saliendo de comisaría con las manos esposadas fueras al trullo con una paz interior… es que estos de homicidios lo saben todo, pero cuando digo todo es todo. Claro que también, sabiéndolo todo, bien pensado, podían decirle a la Rosmary esa: «Mire, cambie de estado y deje Kentucky, que en septiembre viene un tal Guisande y…».

El coche, el juez, el caco y la prisión

Miércoles, Agosto 12th, 2009

A Coruña es más bien una ciudad pequeña y como en todas las urbes de tipo medio la gente suele pasear por el centro, de arriba abajo y de abajo a arriba. Vamos, como se suele decir nos conocemos todos.

En una ocasión, Manuel González Nájera, que ocupaba el cargo de magistrado-juez de Vigilancia Penitenciaria para Galicia, iba paseando por la calle cuando de repente se acercó un Mercedes blanco a la acera. El conductor hizo sonar el claxon, bajó la ventanilla y le dijo: «Don Manuel, ¿a dónde va que le llevo?».

Nájera se subió al coche e inmediatamente reconoció al amable automovilista. Se trataba de un delincuente ya entrado en años y que había sido detenido varias veces por pequeños robos de ropa. Así que lo primero que le dijo fue: «¿Este coche no será….?». «Por Dios Don Manuel, ¡¡ que va !!. Es mío, dígame a dónde le llevo». «A la cárcel», respondió el magistrado. «¿¡¡ A la cárcel !!?», dijo nervioso el conductor.«Sí hombre sí, a la cárcel, pero que no es por ti bobalicón, que es que tengo que ir a hacer una visita». «¿Supongo que sabrás el camino?», añadió irónicamente el juez.

Iban los dos hacia el centro penitenciario, cuando al final llegaron al penal. El veterano caco paró el coche. Entonces Nájera le dio las gracias, pero antes de bajar le comentó. «Mira, como te conozco de sobra, para que no tengas hoy un problema familiar lo mejor que puedes hacer es llegar pronto a casa, porque como llegues tarde, un poco tarambanas, y le digas a tu mujer que has llevado a un juez a la cárcel…. », a lo que el conductor respondió en plan campechano : «Nada, no se preocupe y a ver si nos vemos». Entonces, el juez lo miró y le dijo a la vez que de reojo miraba el penal: «Sí, pero dónde ¿aquí o ahí?».

El nacionalismo, el gallego y el juez

Sábado, Julio 25th, 2009

Lo de los nacionalismos y el idioma tiene su aquél, y en ocasiones, por no ceder ni unos ni otros para comprenderse, el asunto termina como el rosario de la aurora en forma de denuncia periodística o judicial. En una ocasión, un abogado que era bastante intolerante tenía que defender un caso en la Audiencia Provincial de A Coruña y lo quiso hacer en gallego, pues estaba en todo su derecho; pero como sabía que el magistrado también era de su misma pasta pero castellano parlante, se rodeó de sindicatos nacionalistas y de afectos al idioma gallego para que si en el juicio le impedía expresarse en la lengua de Rosalía de Castro provocar un escándalo.

Y así fue. Cuando comenzó la vista oral, nada más pronunciar las primeras palabras, el magistrado le exigió que lo hiciera en castellano y al negarse el letrado, y como el juicio era público, ser armó la marimorena y el juez ordenó desalojar la sala mientras se oían improperios de fascista, españolistas y otras lindezas.

El abogado, todo orgulloso y ufano salió en loor de multitudes, vitoreado por sus acólitos y fueron a celebrar el hecho a una cafetería cercana, comentando todo lo ocurrido e ideando la misma estrategia para cuando se celebrara el juicio en otra fecha. Y así fue, éste tuvo lugar pasado unos meses; pero en esta ocasión quien tenía que decidir sobre el asunto era otro magistrado, al que lo del gallego le daba lo mismo, es más le tenía cierto cariño, pero que conocedor de lo que había ocurrido quería darle un cierto escarmiento al letrado. Este, acudió igualmente rodeado de sus correligionarios, que llenaron la sala.

Nada más iniciarse la vista oral, el abogado comenzó a hablar en gallego, momento en que el presidente del tribunal le dijo: «Perdone señor letrado. Por parte de este tribunal no hay inconveniente alguno que usted se exprese en gallego, pero como usted bien sabrá, este rico idioma tiene sus giros y sus expresiones, que aunque muy hermosas y bellas, a veces son complejas, y es posible que, a lo mejor, tales frases puedan ser mal interpretadas por este tribunal y que puedan ir, sin desearlo, obviamente, en perjuicio de su defendido». El abogado, que no se esperaba tal respuesta, se quedó mudo, momento en que su defendido le hizo una seña y le dijo: «En castellano».

El preso, el juez y el permiso

Viernes, Junio 19th, 2009

Los presos suelen pedir permisos al juez de Vigilancia Penitenciaria para pasar unos días fuera de la cárcel; es casi su obligación, como para algunos intentar fugarse, ya que es algo inherente al cargo, y otros evitarlo, otro tipo de cargo, claro. Unas veces con razón y, otras, poniendo cualquier excusa a ver si cuela, envían su solicitud al juzgado y esperan la respuesta. Pero en ocasiones, cuando el juez visita el penal, son ellos mismos los de que palabra se lo piden.

Una vez, en una de esas visitas, un recluso pidió unos días libres. El juez, que entonces en Galicia era Manuel González Nájera, miró el informe del centro penitenciario, cómo se había comportado, el delito que había cometido… y tras pensarlo un poco en medio de un silencio sepulcral se lo denegó. Otro levantó la mano y también pidió un permiso. Nuevamente el juez miró el tocho de papeles y sin más miramientos, al instante se lo concedió. Entonces, al que no se lo había otorgado, levantó nuevamente la mano y visiblemente molesto le dijo: «Señor juez, yo no entiendo esto».

«¿Qué no entiendes»?, le preguntó el magistrado, al que le gustaba tratar a los presos de tú. «Ese hombre al que le ha dado el permiso mató a su madre, a su madre, y a mí, que solamente robé unos radiocasetes, nada. No lo entiendo», explicó el recluso. «Pues es muy lógico», comentó el juez, para luego continuar. «Es cierto que él mató a su madre, pero como madres solo hay una, qué va a hacer, nada; pero tú, vamos, tú en cuanto salgas hasta me robas a mí el radiocasete». Posiblemente lo entendió.

Los lobos, el juez y la burocracia

Miércoles, Junio 10th, 2009

La burocracia siempre ha sido un problema; pero dependiendo en qué época a muchos les ha creado un momento de pánico, que podría haber sido permanente, sobre todo cuando vivía Franco. Así le ocurrió a un alcalde de un pueblo burgalés de poco más de quinientos habitantes en la década de los cincuenta. Estaba el regidor tan tranquilo en su despacho cuando recibió una circular de la Diputación de Burgos en la que le preguntaban cuántos lobos había en el municipio. El asunto era porque los lobos habían matado a varias reses en la provincia y los ganaderos habían protestado.

El alcalde, de nombre Ramón, quedó estupefacto al recibir el escrito (ya que entonces era impensable que una institución se dirigiera a un pequeño ayuntamiento) e inmediatamente acudió a pedir consejo a su mejor amigo: el juez. Este, que se llamaba Alejandro Blanco, nada más verlo tan preocupado le preguntó qué pasaba, a lo que el regidor contestó exaltado: «¡¡¡ Una circular de la Diputación, una circular de la Diputación !!!. Que preguntan cuántos lobos hay en el municipio». «¿Lobos?», dijo el juez un tanto extrañado. «Sí, lobos», respondió el alcalde. «Pues diles que diez», propuso el jurista. «¿No serán pocos?», comentó el regidor. «Y yo que sé de lobos, Ramón, pues diles que veinte». Así que entre ambos escribieron una carta en la que más o menos se venía a decir: «Hablando con ganaderos y cazadores de la zona, podemos casi asegurar, salvo error, que unos veinte lobeznos campan por el municipio. Siempre a su entera disposición y para lo que…..».

Al cabo de un mes, el alcalde recibió otra misiva de la Diputación de Burgos en la que se indicaba: «Recibido el escrito de ese excelentísimo Ayuntamiento, y cotejando con otros de parecida extensión y población, consideramos que son muy pocos los lobos que moran en el término municipal». Nuevamente el regidor y juez se reunieron, y éste último, que ya tenía un poco de tablas, redactaron un nuevo documento marco. «Excelentísimo presidente de la Diputación, recibido el nuevo informe sobre cuántos lobos hay en el municipio, en el enviado hace un mes por este Ayuntamiento se decía que unos veinte, pero tras una nueva evaluación y exhaustiva inspección in situ, y hablando con más ganaderos y cazadores de la zona, casi podemos asegurarles sin riesgo a equivocarnos que hay sobre cuarenta». Unas semanas más tarde, a la Casa Consistorial llegaba otra misiva de la Diputación en la que se recalcaba que «recibida la notificación de ese excelentísimo Ayuntamiento, también esta institución, cotejando nuevamente con otros municipios con similar extensión y población, sigue considerando que realmente son muy pocos los lobos existentes en la zona».

Notablemente preocupado el alcalde, que estaba convencido que el tema de los lobos acabaría con su carrera «política» y que todo terminaría como el rosario de la aurora, y el juez harto también del asunto de los lobeznos, decidieron redactar una nueva carta, que el jurista consideró que sería concluyente. Así que tras reunirse, en ella se decía. «Excelentísimo presidente de la Diputación, como en el escrito llegado a esta Casa Consistorial no se indica para qué se desea saber el número de lobos, aunque suponemos que es por una buena causa como todo lo que hace la Diputación que usted tan bien preside, y como este Ayuntamiento cree que es para un control de las manadas, solicitamos una partida económica y que nos indique si es para preservarlos o aniquilarlos». Desde entonces, y hoy es 10 de junio de 2009, al Ayuntamiento no ha llegado ni una nueva carta ni, por supuesto, la subvención.

PD: Como prometí a los bloglectores, en unos días publicaré como son las bodas en Francia