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Archivo para marzo, 2012

No hay como una visita para…

Viernes, marzo 30th, 2012

A mí me encantan las visitas y me encantan porque os lo juro que es la única forma, pero la única, de tener limpia la casa. Llaman por teléfono, dice que alguien va a venir y oye, ni que estuviéramos entrenados para una evacuación: todos como flechas limpiando la casa, ordenando las cosas, recogiendo aquí, allá… es alucinante y con una precisión… Y todo esto se lo debo a la Veneatra Paynther, la sioux, mi mujer, porque ella, como es de familia de militares estadounidenses… pues ni que fuéramos los marines, solo nos falta decir: «¡¡¡ Sí señor !!!, ¡¡¡ sí señor !!!; ¡¡¡ sí señor !!! ¡¡¡ sí señor !!!» porque el resto… bueno, el resto es que lo bordamos.

Es cierto que al principio había una cadena de mando que molaba mogollón. La teniente Paynther me informaba directamente, yo (que no hice la mili, creo que era sargento) entendía perfectamente las indicaciones, algunas complicadas y en clave, porque decir por ejemplo: «los platos soupero en su sitio», al principio la estrategia me souperaba porque que estos americanos, en cosas de formación militar son mucho; pero después me lo soupe todo hasta que un día, no me digas porqué, me degradaron y ahora hay un mando único: ella, y me da la impresión que para rato porque no hay convocadas oposiciones.

Y palabra que tenemos una autodisciplina que es todo un ejemplo porque cuando hay que limpiar la casa (piensa que en el campo no es lo mismo que un piso, que entras y no te llevas un árbol en los zapatos de milagro), la teniente Paynther  otea el horizonte, oye, y sin planos, no como el MacArthur  ese, y lo planifica todo con una visión, con un enfoque, con una perspectiva global… y nosotros en formación a la espera de las órdenes, que palabra que entra alguien en ese momento y tela si nos ve así, que se le ponen donde yo sé, que no se mueve ni una mosca.

A mí me suele tocar poner el lavaplatos y hacer las camas mientras los otros dos soldados, Noé y Christopher Cameron, resetean su habitación quitando de todo, desde juegos, algún vaso… en confianza, cuando digo de todo incluyo yogures, flanes, pipas, papeles, caramelos…

La verdad que nunca lo he calculado, pero a mí me da que en 20 minutos la casa está presentable, en 40 como una patena y en una hora… a una hora nunca hemos llegado porque si estamos 60 minutos sacándole brillo me da que la vemos desde fuera, le hacemos fotos y esos días tocan jornadas de supervivencia porque…  «¡¡¡ Sí señor !!!!, ¡¡¡ sí señor !!!!»; pero qué pasa… si hoy no hay visita.

Pues yo no tengo argumentos

Martes, marzo 27th, 2012

A mí lo que más me sorprende de la gente, de mucha, no es que tenga opinión para todo (bueno eso también), sino los argumentos con los que desarrolla ese sentir, ese saber. No empero (ostras, mira que tenía ganas desde hace años escribir un día eso del no empero y no encontraba el momento. Queda como un poco ridículo ¿no?, pero bueno me hacía ilusión. No empero, no empero».

Pues eso, no empero, tú coges por ejemplo a un tipo el 3 de julio de 1988, a las siete y media de la tarde (sí, en Cuenca vale también por qué no… ) y le preguntas sobre la pena de muerte, y te suelta un carrete que te mata; pues vuelves a pillar al mismo tipo veinte años más tarde, el 4 de agosto del 2008, a la hora que sea, y le sacas a relucir el mismo tema… y alucinante, no se diferencia en nada de lo que te dijo, ni un ápice, ni un olígrafo. Igualito.

Y quien dice de la pena de muerte… pues del aborto, del machismo, del feminismo, del maltrato… de lo que sea. Pues yo no soy capaz, imposible. A mí, por ejemplo, me preguntas por la pena de muerte y lo máximo que alcanzo a decir es: «Hombre, no es plan» y no me digas cómo pero de ahí no hay quien me apee, no soy capaz de hilar tres palabras más.

A mí ya me gustaría soltar una teoría (pero reducida, no como el plasta ese sobre eso de la pena de muerte) y que el argumento fuera consistente y convenciera o, hasta voy más lejos, que incluso no convenciera, que me partieran la cara, da lo mismo, pero que al menos tuviera un fondo, un algo… pues nada, no hay forma. ¿Que qué opino de la pena de muerte? «hombre, no es plan», es que no me sale otra cosa.

No me digas que no es penoso, tanta agencia Efe, Reuters, Europa Press y France Press que tengo aquí en el periódico, tanto Internet y estudios de millones de especialistas… y lo único que se me ocurre decir es… «hombre, no es plan». Hasta he llegado a pensar que como dicen que solo utilizamos el 20% del cerebro a ver si lo que va a ocurrir es que yo al 80% restante lo pongo en funcionamiento de noche, de forma inconsciente (que a mí todo lo que sea inconsciente me va que no veas) y que por eso de ser periodista y acostumbrado a sintetizar, por la mañana todo un compendio del saber y del conocimiento lo reduzco a un «hombre, no es plan».

Yo es que si no es así, la verdad que otra cosa no se me ocurre y si lo que quiere la Ciencia es abrirme la testa y averiguar, por mí… con tal de que después la cosan y no se note… pero eso sí que los cirujanos al menos sean profesionales y no eso del Mir o sustituciones de fin de semana, no vaya a ser que se animen porque «como ya está abierto… » y que se pongan a hacer pruebas y pruebas, a improvisar y a lo bobo me maten porque eso de morir… no es que sea una pena, que yo no valgo mucho, pero, «hombre, no es plan».

En la ciudad hay gente que está fatal, pero fatal fatal

Viernes, marzo 23rd, 2012

Fue solamente una mañana, ¡¡¡ pero qué mañana !!!. Y la conclusión es que en la ciudad la gente está fatal, pero de atar de atar, pero completamente de atar, bastante más que la vaca marela que veo todos los días aquí en la aldea, aunque supongo que también tuve mala suerte y que no todo el personal está así porque sino… «es que non volvo, hay non, non sí, non sí».

Y es que todo comenzó en la Jefatura de Tráfico de La Coruña, donde fui a una ventanilla y nada más decir: «Mire, traigo un papel para una baja de un coche y… ». ¡¡¡ Dios !!!, la señorita que estaba tras el cristal dijo más o menos casi gritando y como si la estuviera estrangulando: «¡¡¡ Pero si aquí no es, que es en la ventanilla 3 !!!».

Joé con la ventanilla 3, ni que fuera algo especial, porque por mucho que la miré era igual que la 1 y la 2, y hasta pensé que si la gente está de atar, que guay que la chica estuviera encarcelada tras el cristal que si la dejan suelta se me lanza a la yugular en plan boa por el agujero ese de la ventanilla. Y así, sobre las 10 de la mañana, ya no necesitaba tomar el segundo café del día porque el grito que me dio me despertó que no veas.

Y solo cinco minutos después, pero solo cinco, subo a un autobús urbano, de esos que tienen asientos enfrentados (muy propio de la ciudad, por lo que veo) y ni tiempo para sentarme porque otras dos que me caen de remanguillé en la chepa sin comerlo ni beberlo. Pago 1,20 euros y al segundo oigo: «¡¡¡ Ehhh !!!, ¡¡¡ ehhh !!!, ¡¡¡ usteeeeddd !!!, ¡¡¡ el billeteeeeeee, el billeteeeeee !!!», y vuelvo retumbándome a los oídos a por el billete que, claro, como no sabía por donde salía el condenado papelillo… pues escuché un «¡¡¡¡ ahíííííi !!!». «Vale Fernando Alonso, vale crack de la línea 2», pensé.

Así que con el papelillo en la mano voy por el pasillo del autobús cuando encuentro varios asientos vacíos: dos mirando para atrás del autobús y otros dos hacia delante, ocupado uno de ellos por un señor. Me siento junto a él y le digo «son incómodos esos asientos en los que vas al revés ¿verdad?». Joé, ni que fuera el padre de la boa de la ventanilla 3, una mirada… pero una mirada… que estuve por decirle que no soy un asesino, se lo juro; que cuando voy en autobús me llaman usuario, que cuando bajo y ando soy peatón y que cuando cojo el coche, pues conductor; vamos, un ser normal, que apunto estuve de mirarle si iba a hacer un ademán y sacar una navaja albaceteña e incluso animarle: «Venga hombre, ábrame en canal si así es más feliz; venga, que pongo el pecho al descubierto y hacemos aquí una ensangretá… si usted así es feliz… ».

Y tal cual bajo del autobús, me dirijo al antiguo Gobierno Civil coruñés para un trámite. Espera que te espera, pues me tocaba el número 42, y cuando lo anuncian pues voy (ni que estuviera predestinado), a la mesa 3. Y en la mesa 3 intento explicarle a la señorita que a mi mujer le caducó el DNI y… pues como si le cuento que soy San José de Calasanz; la chica me mira y dice: «¿Y el número?» y trato de explicarle que mi mujer y… «¿y el número?».

Y le digo que soy el 42, incluso de zapato, y me dice «¿tengo que verlo sino… ». Y ¡¡¡hala !!!, como yo llevo pocos papeles, a sacar servilletas de bares, anotaciones, móvil , cartera, llaves y el número que no lo encuentro y entonces le voy a decir y… «¿Y el número?», vuelve a responder en plan eco.

Y claro, al final aparece el número en medio de un rebumbio de papeles en la mesa y entonces pienso que el DNI de mi mujer en realidad está vigente, pero que muy vigente y que lo que está caducado, pero totalmente, es alguna gente, empezando por la señorita boa y la señorita del 42. Y pensar que otro día tengo que volver… que me aten, pero a mí a la marela, que me parece más normal.

La fusión de pueblos tiene su punto

Miércoles, marzo 21st, 2012

(La fusión de los ayuntamientos de Oza de los Ríos y Cesuras y otras cosas)

Vamos a ver, para quien no lo sepa, Oza de los Ríos (La Coruña), el pueblo del que depende mi aldea se va a fusionar con el colindante, que es Cesuras: en total unos 6.000 habitantes. ¿Esto es bueno?, pues creo que es genial. La villa, al tener más población, recibirá más ayudas de  la Xunta de Galicia (ese sitio donde ellos disfrutan, nosotros pagamos y entonces ellos se xuntan); se racionalizarán mejor los servicios y, lo que es más importante, esto no afectará al ecosistema, entendiendo por tal la vaca marela, la pinta, unas mil gallinas que habrá en la zona, algún borriquillo, que también lo hay, y yo, que cada vez me siento más integrado, formando parte del paisaje cuando no duermo la siesta; o sea nunca. Y todo ello gracias al alcalde de Oza, Pablo González,  y al de Cesuras, Julián Lucas.

¿Alguna crítica?, pues dicen que para tal trascendente decisión, en la que casi todos están de acuerdo en el fondo, falló la forma porque no se hizo una consulta popular. Vale, que sí, que la verdad sería mejor hacerla, pero vamos a ver neniño, ¡¡¡ espabila ho !!!!… que somos españoles, que nos conocemos todos y esto no es tan sencillo.

Esto de la fusión es como un matrimonio; espera, no escapes, que solo es un artículo… Imagínate que tienes una novia y el primer día que la conoces se la presentas no a tus padres, sino a toda la familia, pero a toda. Pues a la pobrecilla solo le faltaría que la pusieran en una tarima y como en el siglo XIX  que le miraran los dientes para que al final oyeras «pues la veo yo… es que me da… », «es que yo la miro y no sé qué tiene en los ojos, tiene un algo ummm… », «la pena es que se manca», «es maja pero si no tuviera ese muñón… ». Vamos, que se hace así y no hay dios que se case en este país porque… «¿Pero quién dice que le falta una pierna, que tiene un muñón?», «¿¿¡¡¡ manca !!!?, ¿¡¡¡ pero de dónde quitáis que es manca !!!?», «pero joé, ¿¡¡¡ qué es lo que habéis visto por Diosssss !!!?, ¿¡¡¡ qué es lo que habéis vistooooooo !!!?», ¿¡¡¡ pero abuela, desde cuando os drogaiiiiiissssss, desde cuandoooooo !!!?».

Por eso esta decisión de unión, pese a no ser consultada, me parece bien  porque las ventajas son tan obvias… y es que además esta fusión va a ser mucho, cuasierótica diría yo porque al haber dos piscinas, una será para el verano y la otra para el invierno y además no va hacer falta que se cubra porque me huele que solo se utilizarán las duchas.

Y es que cuando los manantiales se sequen… te voy a centrar que yú eres de urbi et orbi. Tú que vives en la ciudad, imagínate que tu piso es el único del edificio que tiene agua; pues bueno, los primeros días nada, pero cuando veas a tus vecinos que rozan la infección que no sabes ya si tienen piel o cuero o si es una herida o una costra… pues a turnos todos a tu casa a pegarse un baño. Pues eso es lo que ocurrirá aquí cuando no haya agua, todo a ducharse a la piscina. «Hombre, no te reconocía, como nunca te vi en pelota picada… » «cajoenrós, que me olvidé el champú, me dejas… », «pero qué bestia, si esto es detergente… ».

Y luego, tal como somos… pues que alguien se olvida una toalla… pues la vas a devolver y como mínimo  escucharás «pues quédate a comer» y te quedas; «y quédate a dormir» y duermes; «pues que venga tu familia y pasáis el fin de semana», y viene, y… «oye, no os vais a ir, que hace un mes que estáis aquí… », y te vas. Y esto va a unir, a crear unos lazos de amistad y confianza…

Yo soy Pablo González, el alcalde de Oza, y Julián Lucas,  el de Cesuras, y lo primero hago cuando oficialmente se formalice esta unión es organizar una macrofiesta a la gallega, a saber: una cisterna de vino tinto, otra de vino blanco otra de fanta para lo peques y 7.000.000 kilos de churrasco. Y cuando ya todo el personal esté pedal y se vaya a casa…  aquí esta la clave de todo; ni consultas ni bobadas, un apagón eléctrico de mil bemoles durante toda la noche y vamos, tenemos aquí a los nueve meses en Oza-Cesuras un baby boom que  me río yo de la repoblación forestal. Es que ni agua para bautizos va a quedar, lo veo venir, pero con patucos, claro.

Respuestas a tus preguntas periodísticas

Domingo, marzo 18th, 2012

Cuando tenía 15 o 17 años, todo lo que caía en mis manos en forma de artículos sobre Periodismo o del trabajo de un periodista, lo devoraba; pero los plumillas escribían tan poco de ellos y de la profesión que a lo mejor por eso estoy delgado… de devorar ná, aunque también puede ser que tenga tipo fideo porque nací a final de mes, no lo sé, pero algo de eso hay, fijo. Y todo esto viene a cuento porque por correo interno me han preguntado en varias ocasiones algunas cosas, como por ejemplo, si pienso mucho los artículos que escribo, en qué me inspiro.

Si fuera normal diría que, bueno, que para escribir un artículo parto de un pensamiento profundo, un gran análisis de la realidad, de un minucioso estudio, y que luego estoy unas tres o cuatro horas ante el ordenador para darle forma… y que es así cómo los hago mientras a la izquierda de la pantalla tengo un cenicero y el tabaco, a la derecha dos cochecitos de cuando era pequeño y por la ventana veo el campo.

Añadiría, si fuera normal, que esto requiere una profunda formación intelectual, pero muchísima, ni te imaginas; que no hay tanta gente capaz y que yo y que yo y que yo… Pues no, excepto lo de los cochecitos, el tabaco y el campo… lo demás no es cierto, todo mentira, excepto lo de normal «Pensamiento: Sí, oh !!!  era boa… ». Pues eso, ni estudios, ni profundidad, ni análisis ni conceptos ni gaitas; estáis ante un imbécil al que le surgen ideas bobas y absurdas a borbones, digo a bobortones, como las aguas de los balnearios pero con algo mejor de salud que ese tipo de clientela made in carbono 14 parcheada con baypas.

Y es que esto, lo mío, como te lo diría, es una forma de ser. Por ejemplo, un diseñador va a un país, ve cómo viste la gente e inconscientemente piensa en ropa, en qué cambios haría, qué modificaría. Pues igual me sucede a mí; entro en un sitio, oigo o veo cualquier cosa y cambio esa realidad por otra: la subrrealista (idiotez también vale). ¿Y hay un algo más en los artículos, un fondo, una enseñanza, un… ?. Ay neniño !!, eso lo tendrás que contestar tú, que no voy a responder yo a todo… bo

Ya sé que te estás haciendo una pregunta: ¿Y tú (o sea yo) siempre soy así, siempre estoy escribiendo como si fuera ese intelectualillo con gafas y medio parvo que está dale que te dale a la tecla o que siempre estoy pensando sin parar… ?, pues no; de intelectual… pues como tú con lo del «viento es el aire en movimiento», que fue lo que me quedó de mis años de estudios, además de esa duda de que para qué servía un logaritmo neperiano.

Y ya puestos, en este arrebato de sinceridad, te voy a contar un secreto: ¿Sabes cuántos «amigos» tengo en Facebook?, pues casi 3.000. ¿Sabes cuántos hablan conmigo cuando entro?, pues prácticamente ninguno porque cuando chatean conmigo lo primero que me dicen es: «Perdona, que seguro que te molesto» o «disculpa, seguro que te interrumpo, que estarás escribiendo» o (hasta de usted me tratan) «no le importaría… ».

Mira chaval, ni molestas, ni interrumpes, ni perdona ni nada; lo que sí haces es mosquearme pero mucho que mucho porque cuando entro en el Face estoy mirando como un bobo a la gente que está a la derecha, en el chat, y lo que pienso es: «¿Joé, de casi 3.000 tíos no habrá uno, ni tan siquiera uno que desee hablar conmigo, ¡¡¡¡ pero ni unoooo !!!!?» Y te lo juro que me mosqueas pero me mosqueas mogollón, hombre mucho mucho lo que se dice muchísmo no, que gracias a tu pregunta por correo interno he escrito un artículo: este, dios qué noble soy y que morro le echo.

Para morro, el de algunos artistas

Lunes, marzo 12th, 2012

Yo pensaba que esto del arte pues que era sencillo; que una persona tenía unas cualidades, pongamos para pintar… y eso, cogía de pinceles y paleta, mezclaba colores y… pues un cuadro, qué iba hacer… un huevo frito… pues no, un cuadro. Más claro… cuadro.

Y lo mismo un escultor, un músico o un escritor, que este último coge las 28 letrillas esas que están esparramadas por el teclado, las mira, les sopla, dan vueltas por su imaginación y allí en el aire, donde todo es posible, hasta los más increíbles sueños, hace múltiplos de dos en dos, un par de piruetas y ¾ de volteretas y luego ellas, las preciosas letras, como las gotas de agua a cámara lenta se posan juntas suavemente sobre el fino papel y… ¡¡¡ flassss !!!, una frase y a esa… otro malabarismo aéreo y ¡¡¡ flassss !!!, otra; y a esa otra… pues otra. Y así… pues una novela, una obra de teatro, un poema… yo que sé, algo que al leerlo te haga pensar, reír, llorar, soñar… lo que sea.

Pues parece ser que no; por lo que a veces oigo resulta que hay gente que lo de pintar un cuadro o hacer una escultura, crear un poema o escribir una novela dice que es un trabajo… pero un trabajo… que se pasa horas y horas cavilando, haciendo pruebas y más pruebas y que casi como mínimo necesita ir al Benelux para inspirarse… y cuando dicen esto, te lo juro que pienso lo bien que haría este tío alicatando mi cuarto de baño o lijando los muebles del comedor en vez de perder el tiempo, que además, por lo general estos tipos hace una obra de «arte» y las otras no son más que copias, como si en vez de tener un medio para crear, como un pincel o una espátula, tuvieran un fusil de repetición.

A mí me da que estos que dicen estas cosas (si es cierto que para ellos es un trabajo) es que entonces de artistas no tienen nada, más bien son unos torpes de mucho carallo, como decimos en Galicia, y que nunca lo que hagan llegará a ser nada en especial porque el arte tiene que ser o debe ser un entretenimiento, un juego, pero un trabajo…

Claro que si realmente es una diversión y hacen creer al resto del personal que lo suyo es de una trascendencia infinita, fruto de un análisis y de un estudio sobrenatural y que hasta es preciso en cerrarse en un monasterio o ir al Benelux para tener inspiración… entonces que son unos pedantes que no hay por donde cogerlos; bueno sí, pero no te dejan y, además, bien pensado, por mucho que vayas al Benelux, como no tengas lux… apaga y vámonos.

MARCOARTE RENUEVA INSTALACIONES
El colega y amigo del blog, Jorge Calvo de la Iglesia, dueño de Marcoarte, calle Juan Canalejo 2 (A Coruña) ha renovado las instalaciones haciendo más atractivo el local. Así que habrá que hacerle una visita y, como todos los colegas, a los que leen el blog Al Fondo a la derecha le hará un descuento si van a enmarcar un cuadro.

Vaya lío con esto del Ego

Jueves, marzo 8th, 2012

Estaba yo estos días con eso que llaman Ego, que por lo visto lo tenemos todos; pero si te soy sincero yo no lo encuentro y la verdad que si está en alguna parte, pues que a mí que me registren porque yo no noto que se me suba el Ego ese porque midiendo 1,80 para qué quiero más sino me voy a dedicar al baloncesto… pero bueno.

Lo que sé es que me decía: ¿ Y cómo es posible que no tenga más Ego con todas esas hermosas frases que me dicen en el blog como «genio», «crack», «mago de las letras» «la caña de España»… ? Pues nada. Así que estaba buscando cómo autoestimarme, autoendiosarme, autoidolatrarme o autoencumbrarme, que no es fácil.

Y en esas estaba, incluso dándome yo mismo palmadas en el hombro con una mano diciéndome «eres un fenómeno», «tú vales mogollón, Guisande»… y tampoco; es más, no solo no notaba nada internamente sino más bien externamente y me parecía a esos musulmanes que se autoflagelan con una especie de latiguillo de cuerdas y ya tenía un dolor en el costillar…

Ya estaba yo ya que no, que esto del Ego como que no iba mucho conmigo, cuando cansado y aburrido de decirme frases maravillosas decidí cenar, que la verdad no sé si ya por hastío o por hambre y entonces ocurrió el milagro.

Sí, ocurrió. ¿Que qué pasó? Pues que me dispuse a hacer unos huevos fritos, calenté el aceite hasta que casi echaba humo, puse el huevo en vertical sobre el borde de la sartén, golpeé suavemente la cáscara, de repente salió la clara y la yema y entonces, entonces sucedió, ¡¡¡¡ sucedióóóóó !!!.

Allí, en la soledad de la cocina, al contacto de la yema y la clara con el aceite hirviendo escuché un más que sonoro «plas, plas, plas, plas, plas, plas» interminable. ¡¡¡ Síííííi, un aplauso, una ovacióóóóónnn… !!!

Y yo, ante aquello, os lo juro que fue el deliro, el éxtasis; me incliné ante la cocina, frente a la sartén, haciendo una parsimoniosa reverencia y no pude menos que dar las gracias por tamaño reconocimiento a mi labor profesional porque sabía perfectamente que aquellos interminables aplausos y ovaciones era por lo bien que escribo, porque soy el número 1, el no va más, porque… perdonad que os deje, es que tengo la sartén al fuego.

Prof. Enrique M. Bogo, (firma invitada). Mi hermosa lavandería

Martes, marzo 6th, 2012

(Un orgullo invitar Enrique M. Bogo, profesor universitario de Lengua y Literatura Española en Molloy College, Nueva York, para que escriba en el blog).

Como bien sabe mi amigo Guisande, llevo casi 10 años viviendo en Estados Unidos, y nada, que no me acostumbro. ¿Y por qué no? Pues no sabría qué decir, quizás porque ya estaba o llegué muy acostumbrado a otra cosa. Quizás es algo del todo natural. Porque los gringuitos que vienen a España parecen acostumbrarse bastante bien a la vida española (especialmente a la nocturna) pero todavía los ves enganchados a un Starbucks o frecuentando uno de esos centros de comida rápida y digestión lenta y atormentada. Tal vez sea porque la fuerza de la costumbre te lleva a evocar lo pasado y a no innovar con el presente. No sé. Tampoco se trata de un caso generalizado. Para nada.

Aunque sé que no soy un ejemplo aislado, conozco a muchos nuevos habitantes españoles en USA (y en otros lugares), o simplemente visitantes, que presentan una adaptabilidad mejor e incluso sorprendente a su nuevo entorno. Pero a mí no me ha ocurrido eso. Valoro el estar donde estoy, es interesante estar en el país que sirve de (¿mal?) ejemplo y reflejo en tantos y tantos campos para la mayor parte del mundo occidental y no tan occidental, pero no hago de ello mi tarjeta de visita.

La anécdota que viene seguidamente parte de un investigador visitante en la insigne Princeton University, New Jersey. Había llegado hacía casi un mes y después de tres semanas en una habitación carente de los más mínimos servicios se encontró con un típico problema: la ropa sucia. En Estados Unidos realmente ese problema no es tal, ya que se pueden encontrar lavanderías –hermosas o no tanto– en cualquier esquina de cualquier pueblo que disponga de esquinas.

Y el joven scholar español ya no tenía una sola pieza de ropa limpia. Así que recurrió a mí o fui yo quien se ofreció, no lo recuerdo con certeza, para prestarle los servicios de mi gigante pero ineficaz lavadora y de su secadora compañera de cuarto. Cuando llegó a mi apartamento, después de unos comentarios superfluos y aburridos sobre su vida académica y sus paseos por Chelsea, el Village y «la quinta con la 42» (pues otro tema sería la presteza de estos tipos en la adquisición de conocimientos sobre el callejero y la ubicación en la City), me comentó: «Pues nada, tío, no sabes el favor que me haces al ofrecerme los servicios de tu basement, porque si no hiciera el laundry esta semana no tendría nada que ponerme, porque, ¡joder! ¿Cómo se dice laundry en español? Tío, es que con el inglés ya se me pierden algunas palabras en español».

Increíble, realmente es difícil de creer que el cerebro del investigador ya hubiera adoptado la palabra laundry y abandonado «colada» –por cierto, un vocablo muy español– cuando todavía no había lavado nunca la ropa y jamás había usado ni lavadora ni secadora en el país de las oportunidades.

¿Sería que la neurolingüística se adelantaba a los hechos? ¿Sería que los días en Estados Unidos le habían hecho un laundry cerebral? No sé. Lo importante es que lavó su ropa y pudo perderse nuevamente por Lexington Avenue, en el Lincoln Center o por los alrededores de Union Square. Así, pulcro y con buena presencia, conseguiría que cualquier viandante le sirviera explicaciones para conseguir llegar sin problemas a Penn Station antes de que llegara la noche.