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Archivo para junio, 2011

«Garabolis», mi primer cortometraje

Martes, junio 28th, 2011

Vamos a ver; todo esto de GARABOLIS empezó como empiezan todas las cosas, por casualidad, y la casualidad… pues la casualidad es eso, la casualidad, y si alguien supera la estupidez antes escrita… que lo intente, que dudo que haya un descerebro como el mío y si lo hay bienvenido sea que buscamos a alguien más y hacemos pandilla para los findes.

Total, que un día conocí al director y cineasta Alfredo Pardo y entonces surgió la idea de hacer un corto, que hasta etonces yo de cortos… los de cerveza.  Alfredo decía que podíamos hacer uno con tintes dramáticos, y como para dramas ya está el país y para tintes las lavanderías le convencí de que no, de que mejor algo distinto, gracioso, curioso, malo o malísimo, pero menos drama… lo que fuera.

Y así, dándole vueltas y vueltas a una idea surgió este cortometraje, Garabolis, en el que se trabajó más de 48 horas, haciendo tomas y más tomas, cortando al tráfico dos calles de Chantada (Lugo), con un frío que no sé ni como las imágenes no salieron escarchadas y parando el rodaje cada vez que alguien pasaba y decía casi a gritos: «¿¡¡¡ E qué e isto!!!?»; «un cortometraje», contestaba uno del equipo con voz cansina. «¿¡¡¡¡ E que é un cortometraje !!!?», «como una película», decía otro; «¿E cando se pode ver, e de que vai, e canto costa, eisto para qué es, y como se llama el niño y… ?», y más que estar grabando un corto aquello parecía una novela radiada.

 Y mientras unos pedían disculpas por interrumpir y se callaban, otros pedían perdón también por interrumpir pero no paraban de hablar; muy español el asunto, como ves. Eso sí, educados educadísimo pero de callar, nada que por momentos ganas te daba de que a alguno de los improvisados espectadores les diera un infarto y entonces si que callaran y con suerte hacíamos unas tomas por la cara de un desmayo y malo sería que no la pudiéramos encajar en la cinta.

Y como esto de los cuartos, del dinero, es una gaita. En un plis plas resolvimos lo más acuciante. ¿Problemas con el sonido… ?, ni uno, cine mudo. ¿Problemas con el vestuario… ?, nada, ropa de época, busca en el armario de tu abuelo que algo valdrá. ¿Actores… ?, los mínimos. ¿Infraestructura… ?, la milmilimilimiillonésima parte de un centímetro cuadrado del AVE. Y todos con gran ilusión, formando un equipo… pues como La Roja: «¡¡¡ A por ellos, oe; a por ellos oe !!!».

Y así, tras luego montar todo, nació Garabolis, mi primer guión cinematográfico en el que aprendí cientos de cosas curiosas, complicaciones que ni te imaginas, situaciones que pese a estar escritas, reescritas, pensadas y repensadas hay que resolver en el instante; que si falta eso y lo solucionamos con aquello otro, que este movimiento no es lo que buscamos, que la cara de pillo tiene que ser… que tienen que caminar por aquí, que el sombrero…  

Una experiencia muy pero que muy interesante y enriquecedora. ¿El resultado?. Pues depende; aunque pasó la primera fase de los Premios Mestre Mateo del Audiovisual Gallego, como yo siempre busco algo más y no suelo conformarme con nada, de nota le doy un 7, otros le han dado un 8 e incluso un 10 (mi madre y mi hermana) pero acepto que le des un 1. Un cero, ni de broma, que con el frío que papé… bueno; vas dado si me das un rosco, que lo que veas y si es posible que lo disfrutes.

LA FICHA Y EL EQUIPO

Dirección: Alfredo Pardo; Guión, Manuel Guisande; Fotografía, David Vázquez; Música, Miguel Costas; Cartel anunciador, Xaquín Marín; Intérpretes: Darío Loureiro, Mela Casal, Carlos Blanco, Leopoldo De Soto, Humy Donado, Julio Cela. Producción, Chantada Film; Empresa Productora, Chantada Film; Formato de rodaje, HD; Duración, 9’ 00’’

No aguanto a los artistas

Miércoles, junio 22nd, 2011

Yo no sé si soy un tipo raro, pero el mundo de los escritores, de los pintores, de los escultores, de los artistas, de la farándula en general, salvo excepciones, no me gusta nada; pero ahora que lo pienso yo no soy un tipo raro, soy más natural que las aceitunas La Española, que un bocata de sardinas o que una tortilla de patata. Vamos, me llamo Manuel… que te voy a contar. Sí, que Guisande es raro, vale, ponle una «T» y te sale Guisante, ya me dirás…

Y no me gustan estos artistillas porque la mayoría, joé ni que fueran a pasar a la historia de la historia del mundo mundialinterplanetario como si fueran lo más de lo más en el más allá sin ser nadie de nadie en el más acá, que así van la mayoría de estos percebes.

Un pintor, por ejemplo, te enseña un cuadro y lo primero que te dice es: «¿Verdad que es bueno?» y te lo juro que también lo primero que pienso es: «¿Pero este inútil me dejará opinar a mí, que para eso me pregunta, que además ahora lo que más me preocupa es saber dónde está la puerta de salida por si quiero echar un cigarrillo y no tengo fuego, que eso sí que es un problema con tanto tío sano que debe haber aquí, que seguro que no tienen mechero?».

Y cuando el asunto es que no te gusta lo que pinta y lo comentas, entonces te das cuenta que todos han dicho que sí, pero absolutamente todos menos tú y te miran extrañado. Pero lo curioso es que dices que no te gusta el cuadro no por maldad, sino porque no te gusta, qué le voy a hacer… o es que a todo el mundo le tiene que gustar Las Meninas o el Guernica

Pues eso es lo que me ocurre, que a la mayoría de artistas no los aguanto. Hay tipos tan engreídos, pero tanto, que hasta se envía cartas manuscritas; o sea a mano; vamos, yo a mano solo firmo cheques de pagar porque de recibir ná, coger leña para el fuego y como mayor riesgo cambio una bombilla con temor a un calambrazo.

Pero hay artistas, y esto es alucinante, que se cartean y lo hacen para tener misivas en plan recuerdo, te las enseñan y te dicen: «Léela»; y la verdad que entoces cavilas: «Pero este tío se cartea con este o está enamorado» porque algunas empiezan así como: «En contestación a tu cariñoso y hermoso escrito, en la que muestras tanto afecto y sensibilidad hacia mi persona, puedo decirte que el concepto que me explicas de la plástica de Tuco Ramires… ». Y tú piensas: ¿Tuco Ramires, pero quién ese mamón de Tuco Ramires?, ¿qué plástica ni plástico?, ¿pero por qué no te declaras de una vez y dejas de hacer el gilipollas por carta, que seguro que hasta se ríen ya los de Correos?».

¿Y qué ocurre al final al final de todo de todo cuando conoces a uno de estos elementos? Pues nada; te invitan a una exposición, a una presentación teatral, a una reunión, a… ¿y qué haces?, pues no vas porque… ¿cómo le vas a decir que prefieres echarte una siesta que ver su obra?, mira que soy normal. Y hasta los hay que te envían cartas o correos electrónicos y te comentan si puedes escribir algo de ellos. Y tú te dices: «¿Escribir?, pá lo que haces, escribir sí, la carta de defunción». Joé, pesaditos que son algunos artistillas, unos plastas, te lo digo yo. Anda, dáme fuego.

Las agencias de calificación hacen el griego

Viernes, junio 17th, 2011

Vamos a ver. Yo de Economía, lo justo (creo que en Grecia estos días saben mogollón); pero tan justo que llego a final de mes con unas monedillas para un paquete de tabaco y poco más; pero mientras yo arribo derrapando para comprar unos cigarrillos, hay quienes de un día para otro (y no tipos como yo, sino países) no tienen ni pa cerillas y todo debido a algo tan misterioso como eso que llaman Agencias de Calificación.

Lo de estas entidades como Standard & Poor’s, Fitch y Moody’s, que son las más conocidas, de carácter privado y que determinan la solvencia de un país, es alucinante. Y para ellas la economía mundial la simplifican en tres letras; así de sencillo: la A, la B y la C; vamos, las tres primeras del abecedario, que supongo que lo harán para no molestarse, total quienes se van a molestar no son ellos… pues visto así para qué te vas a liar.

Entonces, según estas agencias, si tienes tres A… pues eres solvente, pero que muy muy solvente… bo, ni un problema. ¿Que te quitan dos A y te quedas con una?, pues ya no tanto pero, digamos que aún vas por buen camino. ¿Que te pasan a tres B?, pues ya vas un poco arrastrado. ¿Que te quitan dos B y te quedas solo con una?, lo mejor es que vayas vendiendo parte del país en anuncios por palabras a ver si tienes suerte. ¿Que te ponen tres C?, retírate, cámbiale el nombre a la nación, húndelo a cañonazos, tápalo con una manta y a ver si se olvidan de ti o alquílalo por temporada, como los chalés, pero en más grande, a lo bestia.

Y claro, lo que uno piensa, así, a bote pronto, quizás porque soy un poco impulsivo, es: «Standard & Poor’s, Fitch y Moody’s, ¿por qué no le ponéis una C a vuestro padre y dejáis de arruinarme?». Y lo segundo, como consecuencia de lo primero porque no hay segundo si antes no hay un primero, es… además de que «a vuestra madre también vale», ¿quiénes están realmente detrás de estas agencias?, ¿quién no manejará los hilos para arruinar un país por intereses que ni tu ni yo alcanzamos?.

Pues me la juego y a ver si alguno de ellos de la cara, a ver si me denuncian sabemos quienes son y me envían directito al corredor de la muerte en Oklahoma o Arkansas, que si es así pensad que lo hice por este mi país, España, que no sé si terminará con una A, con dos B o con tres C o sin letras. Pero pase lo que pase, den o no esos tipo la cara, enviarme tabaco mientras no me caigan unos 300.000 voltios en la sesera.

Allá voy, que sea lo que Dios quiera, a ver si con la denuncia y sabemos de una vez quienes son, pero pase lo que pase no os olvidéis del tabaco ¡¡¡ eh !!!: « Standard & Poor’s, Fitch y Moody’s, sois unos macarras, unos ladrones, una gentuza, contrabandistas, terroristas, delincuentes, bandidos, estafadores, gualtrapas, traficantes de dinero… ». A gusto me quedé oye.

ESTHER Y SU PROGRAMA EN RADIO VOZ

Como esto del vivir es la reoca, una compañera, buena amiga del blog y excelente profesional, Esther López, tiene un programa de domingo a viernes que se llama La noche con Esther, en Radio Voz. El programa se emite a partir de las diez de la noche hasta las tres de la madrugada. La idea es que el oyente interactúe a través del teléfono 902 173 273 y el correo electrónico lanocheconesther@radiovoz.es. Pues eso, pásatelo bien e interactúa.

Lo que yo daría por ser…

Lunes, junio 13th, 2011

El oso pardo, la cigüeña negra, el lagarto gigante del Hierro o la foca monje son especies protegidas y yo no, y yo esto no lo entiendo porque yo soy bastante más listo que ellas, pero mucho más; claro que a lo mejor va a ser por eso, que por ir de listillo no me han puesto en la lista como el Guisande del Gran Atlántico, por ejemplo, que si es por nombre que no quede.

A mí esto de no estar catalogado me produce una gran desazón… y si te soy sincero, cada vez que hablan de este tema… es tal la tristeza, la angustia y la desgana que me embarga, que me domina… porque personalmente creo que debería ser una especie protegida; pero no porque valga mucho, ni porque valga poco, sino justo porque aún no se sabe para qué vale realmente un Guisande del Gran Atlántico.

A mí me encantaría un día verme en la dichosa guía, que llegaran a casa unos funcionarios de Medioambiente y me dijeran: «Es usted una posible especie protegida». Y al comentarles que bueno, que lo hablaremos más tarde que voy a currar, contestaran: «De trabajar nada, no vaya ser que le pase algo, que mire que no hay accidentes laborales… y en itínere, mientras se va al trabajo… nada nada, usted a descansar».

Y tras decirle que vale, y preguntarles si hay que celebrarlo, cuestiono como quien no quiere la cosa: «¿Y tengo que vivir en cautividad o…?», «¡¡¡Por dios!!!, hasta que no sepamos que tipo de bicho… perdón por lo de bicho, es que es la costumbre de tratar con animales, que un caso como usted es nuevo también para nosotros. Como le decía, hasta que no sepamos que tipo de humano es… nada de cautividad, no queremos que se perturbe, haga lo que quiera».

Y ya empatado con ellos y visto el chollo que es esto de la especie protegida, pues entonces les digo que si puedo (para ir adelantando camino, y sobre todo para que no se echen patrás) ponerme un nombre en latín, como el resto, para no desentonar, y que si les parece bien Guisandium grandisimun atlantiquorum, y que si pongo «depredador» o simplemente «animal», así a secas.

Y como yo me tomo las cosas muy a pecho, que si puedo añadir que habito por toda España, que si soy omnívoro y que si (y esto es delicado) para mí cualquier época del año es buena para el apareamiento y que si no puede ser todo el año… pues en invierno, que es cuando hace más frío; pero que si no les molesta, claro, que si puedo elegir, que entonces cojo Semana Santa, en temporada baja.

Y tras recibir el okey, pues les comento que creo que un viajecillo a Cuba, pasando por Italia, Francia, París, Groenlandia, Rusia, Egipto y Hawai… que me iría bien, que no sé exactamente si estoy o no en vías de extinción, pero que si es así, qué mejor que me conozcan en otro países y contribuir aunque de forma modesta a la ciencia.

Y mira que son profesionales estos funcionarios de Medioambiente, que ya pueden morir 600.000 tipos en Sudáfrica oye, que ellos… su trabajo es su trabajo y lo llevan a extremos que hasta para dormir en el trayecto me ponen un sonajero y me cantan a coro cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro… es que con gente así, experta y competente da ganas de estar, hombre, ¡¡¡ da ganas de estar !!!.

Y entonces, entonces… a vivir, a disfrutar, sin reparar en gastos ni nada; pero eso sí (sin que ellos lo sepan) pensando siempre en a ver si me cruzo con un oso pardo, una cigüeña negra, un lagarto gigante del Hierro o una foca monje y los voy estrangulando uno a uno para poder entrar por derecho propio en lo que tanto deseo: «La Guía de Especies Protegidas». Dios, qué animaladas escribo.

UN AMIGO, UNA REVISTA
Un gran amigo del blog, javier Sanz, he ha metido de lleno en una aventura, publica una revista en papel, Entropía; o sea un papelón. Aquí os dejo el enlace y espero que la revista tenga éxito y no un catastrófico desenlace. http://historiasdelahistoria.com/2011/06/02/el-numero-1-de-la-revista-entropia-ya-esta-en-la-calle/

¿Ir de picos pardos?

Jueves, junio 9th, 2011

¿Cómo fue la primera vez que fuiste de picos pardos?, ¿ocurrió tras una decepción amorosa?, ¿en el año negro después de una separación?, ¿un día de fiesta?, ¿una casualidad?. Pues neniño, no sé que como decírtelo, porque la palabra violaciooo… pues como que no; pero a mí me forzaron, pero como soy un caballero, no lo denuncié. ¿Me iban a creer?, no, porque, además, ¿cómo se lo iban a creer si ni yo mismo me lo creía?. ¿Y en dónde sucedió esta inesperada y rocambolesca historia que no me marcó para nada, pero para nada?.

En La Coruña, en Vigo, fuera de Galicia, en Ponferrada; más lejos, en Madrid; un poco más, en Málaga… pues no, más todavía, en Casablanca, ya ves tú, a unos 2.000 kilómetros de mi casita, de mi camita. Y cómo comenzó todo, cómo sucedió para ir a un país y terminar…

Todo empezó en un restaurante

Pues estaba cenando con mi amigo Juanmi en un restaurante de la avenida Mohamed V cuando escuchamos una pequeña discusión entre un camarero y una chica que estaba sola en una mesa, a unos diez metros de la nuestra. Lo normal sería no hacer caso; pero claro, eso sería lo normal, y como eso de la normalidad no va por lo visto mucho conmigo, decidimos muy caballerosamente invitarla con una sola intención: que tras la cena nos enseñara Casablanca la nuit.

Bastó una sola señal para que sentara en nuestra mesa y tras hablar a qué se dedicaba le propusimos que no enseñara cómo era la noche en Casablanca. Entonces surgió la primera sorpresa porque entre que mi francés no es ni era perfecto y que la respuesta fue en plan «pero oigo lo que oigo…» dijo algo así como: «No puedo ir con vosotros porque la policía me sigue». Joé, pensé, pues si te sigue a ti, a nosotros no es que nos siga, sino que ya nos estarán esperando en comisaría desenfundando los látigos para dárnoslos a pares y para mí que la taza de té hasta tembló.

Un secuestro, un coche negro

Tras quedar meridianamente claro a qué se dedicaba Zaira, que así se llamaba, pensaba que la idílica situación de que nos enseñara la ciudad se había acabado, terminado, y que con «tú mismo y tu mecanismo» no nos quedaba más remedio que aventurarse yendo de calle en calle a ver qué pasaba.

En esto estaba ocupada mi mente, en analizar cómo íbamos a conocer la ciudad alauí, cuando Juanmi me miró y me espetó algo así: «Pues vete con ella, que es una aventura». Yo lo miré y antes de que me diera tiempo a decir nada, la joven me cogió de la mano, me llevó a la calle y como si fuera un secuestro, un tipo alto me abrió la puerta de un coche negro y si te digo la verdad, no sé si entré o me introdujeron.

«¿Pero adónde vamos?», pregunté. Y mientras ella sonreía yo empezaba a ponerme nervioso porque veía que nos alejábamos del centro de la ciudad, que cada vez se veían menos luces, menos farolas, y que íbamos por una carretera sinuosa, bastante más sinuosa que ella, te lo juro, como que te lo juro que desde entonces adoro las líneas rectas.

No es que la familia de Juanmi, mi amigo, sea muy muy numerosa, pero con esa idea que tuvo de la aventura empecé a acordarme de cada uno de sus integrantes hasta el siglo XVII, momento en que el coche se detuvo en una zona que me pareció que debería ser el puerto por el olor a mar y porque a lo lejos veía unos barcos con las luces encendidas. La chica salió del vehículo, a mí me abrieron la puerta (que si me la llegan a encerrar mejor, pero no, era para salir), y así lo hice y me encontré a dos jóvenes y supermusculosos negros en la puerta de una casa, haciendo, supongo, de guardias de seguridad.

Miedo en el puerto

Desde el exterior se veían unas escaleras empinadas, como unas veinte, que llegaban como hasta el cielo y que ella subió como una gacela mientras yo abajo le decía: «¡¡¡ No, no entro, baja, baja !!!». Y mientras los fornidos negratas me decían «non problem, non problem», yo pensaba «¿pero cómo que «non problem, non problem»?, esto es un «tremend problem». Y a la vez me decía: «Pero si aquí como quieran lo de menos es que me roben, sino que me hacen desaparecer y del Guisande nunca más se supo».

Entre los negratas con «non problem», yo muerto de miedo diciendo a Zaira que bajara, y ella diciendo que subiera… parecía que el tiempo no pasaba, pero pasó, y uno minutos más tarde la joven bajó; nuevamente un hombre me abrió la puerta del coche negro, continuamos por una carretera y poco a poco vi que de nuevo que había luces, farolas, y que nos acercábamos al centro de la ciudad, a la civilización, que a mí en aquellos momento como si fuera la azteca, pero ¡¡¡ por dios quería ver a alguien !!!. «¿Aventura, aventura?», me repetía mientras mis pulsaciones deberían estar entre 1.000 y 1.500 y con la familia de Juanmi iba ya por el siglo V antes de Cristo.

Una bailarina moviendo el vientre

Así que ya traumatizado le dije que no se preocupara, que le pagaba igual pero que yo me iba al hotel; no sé si a dormir, a tomarme una tila o robar en una farmacia una caja de ansiolíticos o a suicidarme, pero que de aventuras amorosas… nada, que había venido a conocer Marruecos y nada más. Y en esas estaba, convencido de que toda aquella pesadilla había acabado cuando la joven, que era guapísima, pero que a mí ya poco a poco me parecía menos, me dijo: «No, quiero estar contigo».

«¿¡¡¡¡¡ Conmigo !!!!!?. Ni hablar, al hotel», le indiqué al conductor. Entonces ella le habló en árabe. Claro, yo árabe no sé, pero es que de verdad que hay situaciones en las que no se necesitan idiomas para saber que aquello aún no había acabado. Y claro que no acabó, iba a acabar… a los poco metros el coche se detuvo, bajamos, me cogió de la mano, entramos en un local y de repente me encontré en una especie de inmenso salón en el que (como en las películas) una joven contorneaba su cuerpo y la gente le ponía billetes en sus escasas prendas mientras tomaban té, aplaudían y cantaban. Bueno, aplaudían y cantaban todos menos yo, claro, que no sabía bien ya qué hacer, si llorar o prepararme para ver qué pasaba cuando saliéramos del local.

Tras casi una hora viendo contorneos, salimos y, ni que fuera ministro, otra vez el maldito coche negro. Entonces dije nuevamente al conductor: «Ahora sí que vamos al hotel» Y pasados unos minutos y después de recorrer otra vez varias calles se paró; pero allí no estaba mi hotel.

Un tipo grasiento, una llave

Le pregunté adónde íbamos, y como si fuera un trapo, me cogió de la mano y me encontré ante un tipo trajeado, con gorra grasienta, dándole un dinero y él a mí una llave y…… pues… yyy y pasado el yyyy, al final llegué al hotel, al mío, al de verdad, al que había pagado, el que había contratado, el que amaba, el que sabía que…

Y allí estaba Juanmi, que nada más verme me preguntó por la aventura y cómo había tardado tanto. Le conté todo, pero todo todo porque tenía una angustia que si no se lo decía a él tenía que buscar un médico o un psicoanalista y… bueno, contarle todo lo que se dice todo… excepto que tiene un familiar total, pero totalmente imbécil en el siglo III antes de Cristo

¿Pero de verdad quieres vivir 300 años?, estás como una cabra

Lunes, junio 6th, 2011

Yo creo que la gente está… como que no está en sus cabales, que entre los cabales y los cables descables, por ahí anda. Lo que sucede, y no me digas porqué, es que el personal tiene unas ganas de vivir, pero de vivir… Hay a quien si le dijeras que vale, que 300 años, firmaría. ¿¡¡¡ Trescientos años !!!?, taladrados están porque de esos 300 años como mínimo 200 te tocan trabajando y unos 100 de jubilado y claro, es muy fácil decir 300 ahora; pero dilos tú en el siglo II… pues a lo mejor, por listillo, te toca empujar las piedras del acueducto de Segovia hasta colocarlas todas en su sitio, que yo de pesos y medidas más bien poco, pero que para que un pedrolón de esos pese unas dos toneladas… pues por ahí andarán.

Y claro, como quieres vivir 300 años, pues de esos unos 220 o 230 te toca arrastrar esas moles pétreas, que por mucho rodillo de madera, por mucha ingeniería romana y mucho conocimiento de la escuadra y el cartabón no hay quien te quite de poner el lombo y acabar escarallado. Y sí, vete a decirle tú al centurión que te duele las cervicales; si hombre, que te va a entender, te arrastra con una cuádriga hasta Jaén ida y vuelta.

Y claro, si nacieras en el siglo XI, pues a lo mejor (como eres un terco que quieres vivir 300 años) te toca construir la catedral de Santiago de Compostela y como tú eres así de gafe, incluso hasta tienes la mala suerte que eres tú, justo tú, el que tiene que poner la última piedra, allá a arriba, a unos 80 metros de altura, sin arnés ni chorradas… a pelo y lloviendo… sí hombre, te va a tocar en Santiago un día de sol, no digas bobadas. Y allí ya te veo yo temblando y en taparrabos colocando la piedrecita, que la vida es como es, que la catedral de Santiago se construyo así, piedra a piedra, no en el suelo con tornillos de Ikea, que aún no había suecos entonces…

Y en el mejor de los casos, si no es poner la piedrecita, te toca estar con el maestro Mateo haciendo el Pórtico de la Gloria. Que el tío era un virguero… nadie lo duda, pero del carácter nadie habla y vete tú a saber si por una pincelada mal dada te caía una paliza o te trituraba para hacer contigo colorines… que mucho artista el Mateo pero a saber, que yo ya no me fío de nadie.

Y es que esto es así, porque como quieres vivir 300 años y eres un pesado que no veas, te pudo tocar la Giralda: 90 metros del ala y o la rematabas o te rebanaban la cabeza con una gumia árabe (ya sabes, esas espadas curvadas) y no gomes más en tu vida.

¿Y ahora tu firmarías 300 años?; o sea tres siglos pagando la hipoteca aguantando a tu jefe… en mi caso no, aunque la verdad que mi jefe, Jacinto Ruiz Valentín, joé es un santo que soportarme con las locuras que le digo o estás muy formado o vas de psiquiatra en psiquiatra, de diván en diván hasta la sobredosis final; pero no, que lo tengo aquí a mi lado y feliz (bueno feliz lo digo yo, que soy el que es escribe, que si lo hace él… mejor no dejarlo). Bueno lo voy a dejar. En negrita lo que piensa de mí y prometo no cambiar ni un ápice ni un olígrafo:

Asumo como propia la respuesta que obtiene una joven periodista de un famoso, al que pregunta (en la película «Al final de la escapada», de Godart) qué le gustaría conseguir, y éste responde «llegar a ser inmortal, pero después muerto». Frente a esto, tres siglos me parece una bajeza, no sólo por el trabajo. Tú Guisande, en cambio, deberías ser eterno, para tortura de próximas generaciones.

Naturalmente que visto así, lo que piensa de mí, ¿qué tal un infarto mañana?, porque yo vivir 300 años ni de coña; pero claro, como me conozco y conozco a Jacinto, no sé si hacerle una faena pero de las buenas y firmar pues 600.000 años, ya puestos… ¿no?

PUEDES SALUDAR, COMO LA RADIO

Pues nada, que se me ocurrió que si quieres saludar a alguien: A tu hermana, a tu hermano a tus compañeros de trabajo, al taxita, al panadero… a quien quieras; pues en el comentario que hagas lo dices y ya está y yo lo pondré en negrita para que destaque. Vamos a dar ejemplo, yo os saludo a vosotros ¡¡¡¡ HOLA HOLA HOLA !!!! y a mí mismo, que hacé más de 50 años que no lo hago: «Hola Guisande ¿qué tal?»

He descubierto lo que es la felicidad

Jueves, junio 2nd, 2011

Ya sé lo que es la felicidad, de verdad que lo sé. Han tenido que pasar exactamente 52 años, ocho meses y veinte días para mira tú por donde descubrirlo; y yo solito, que eso tiene más mérito, porque mira que se ha escrito y hablado de esto ¡¡ eh !!. libros y libros total… para qué, si me hubieran preguntado…

¿Y en qué consiste la felicidad?, ¿en tener dinero, mucho dinero, pero mucho muchísimo? Pues no porque la mayoría de esa gente se ha forrado esclavizando al resto del personal y eso, a la larga, produce remordimientos, sentimientos contradictorios, se te pone cara de albarán o la gente te mira como diciendo «pobre hombre», y aciertan, porque en el fondo es lo que eres, eso: «un pobre hombre», así que lo del money… no

¿Si eres mujer que te adoren todos los hombres, todos, pero absolutamente todos y si eres hombre todas las mujeres, absolutamente ninguna? , una vulgaridad, que tendrás sexo, no lo niego, pero seso… ¿En tener los mejores coches, una hipersupermegacasa, un yate, dos yates, 1.557 yates? Otra estupidez. ¿En que no te cobren en Ikea o en El Corte Inglés o que no te roben en los bancos?… bueno eso se acerca, pero tampoco.

Entonces… ¿dónde está la felicidad, dónde se encuentra, dónde se halla?, ¿se compra, se alquila, se adquiere con tarjeta, en un cajero, en dos cajeros, la cajera tal vez?. Inútil más que inútil, que no doy hecho nada de tí; pues la felicidad consiste en algo tan simple como en que  (seas mujer u hombre) otro haga las cosas por tí y creas que las has hecho tú. Así de sencillo; que te autoconvenzas, pero un autoconvencimiento tal que ni el polígrafo, ni el bolígrafo ni el lapizlígrafo sea capaz de detectarlo.

Pero vayamos a la praxis, al día a día para comprobarlo. Por ejemplo, llegas a casa, entras por la puerta, por la ventana también vale, pero casi mejor por la puerta que raro ya eres, miras a tu alrededor y… ¡¡¡ alucinante !!!, todo ordenadito, pero absolutamente todo. Y no te creas que miras en plan sorpresa, escrutando cada esquina… ¡¡¡ que va !!!, era boa, entras tan normal y te dices: «Mira que soy ordenado». Y lo más curioso, abres una botellín de cerveza, te la tomas, dejas el vaso y la chapa en cualquier sitio y al día siguiente… ¡¡¡ increíble !!! El vaso limpio y la chapa en la basura. Esto es total, no me digas que no.

Y es más, te acercas a una silla y observas ese misterio que no sabes cómo interpretarlo (no te preocupes, que en El Vaticano tampoco) pero tienes la ropa en ella, el pantalón dobladito, la camisa planchadita… y te dices: «Joé, es que tengo una mano para estas cosas… ». Y así todo, quieres hacer una obra en casa, poner luces indirectas… pues que venga un electricista o un ciclista, qué más da, que venga el que quiera; pero el caso es que entras por la noche, le das a la clavija y te dices: «¡¡¡ Ostrás !!!, que bien me quedó, que luz tan hogareña, tan tenue, tan…. es que yo cuando hago una cosa… ».

Y como si no pasara nada, pues te sientes reconfortado o reconfortada, que la felicidad no tiene sexo, a gusto o augusta (ver golf, máster de); vamos, crees que lo sabes hacer todo y si por lo que sea te entra una duda de si lo has hecho tú, que es casi imposible, pero supongamos que la tienes, que repito que es casi imposible, te dices: «Bueno, lo hizo el electricista, pero si no llega a ser por mí que le di el toque personal; o sea, darle a la clavija… ».

Y te lo juro que en esos momentos eres feliz, completamente feliz, te encuentras contento, satisfecho del deber cumplido; pero es que además es una felicidad expansiva, que todo el mundo lo nota, lo percibe, lo aprecia… con decirte que este artículo no sé quien lo ha escrito ni me importa, pero lo que está claro es que si no llega a tener mi toque personal… ¿que cuál es?, el de siempre, Manuel Guisande, mi firma.