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Archivo para noviembre, 2010

Las madres y las comidas

Lunes, noviembre 29th, 2010

No sé que pasa, pero a veces, cuando estás en el comedor del periódico y por cualquier circunstancia uno habla de platos, siempre hay alguien que dice: «Pues mi madre hace una fabada… », y luego otro añade «pues la mía unas albóndigas… ». Y si hay siete personas en la mesa, seis cuentan las maravillas de la cocina familiar mientras una; osea yo, pues como que me siento un huérfano gastronómico.

¿Tú comprendes que a alguien se le queme unos espaguetis, un caldo, una sopa, incluso un huevo cocido? Pues yo sí, a María Teresiña, mi madre y, claro, te preguntarás ¿entonces que comía yo en casa? Pues como era lo más sencillo de hacer, bistés, bistés y más bistés. Es más, yo creo que si mi padre cuando se casó hiciera un plan estratégico financiero y hubiera comprado 40 vacas, las hubieran abierto en canal, trocearlas en bistés y ponerlos al vacío para los próximos 40 años… un millón de las antiguas pesetas las había ahorrado, o dos o tres.

Yo otra cosa no, pero he visto tantos bistés en mi vida que recuerdo que al final, ya más que comerlos (cómo ya sabía a qué sabían, joé que si lo sabía) me entretenía viendo las chuletas en el plato y con las patatas amarillas a un lado me imaginaba así como un desierto con un calor asfixiante y al fondo el sol resplandeciendo en las montañas/tubérculos.

En muchos bistés, pero no en uno, sino que cuando digo muchos puede ser unos 9.000, para pasar el tiempo veía por su forma el mapa de Alemania, el de Holanda, el de Bélgica e incluso vi venir la desintegración de Rusia y Yugoslavia. Cierto es que con tanto bisté sacaba 10 en Geografía, pero en lo que fue la educación del paladar… pude nacer perfectamente sin él o ya de tenerlo donarlo, total para lo que me sirvió…

Y tanto bisté de vaca me comí en mi vida y tan harto estaba que (y no me duelen prendas) yo soy la única persona en Europa, y si me apuras en el mundo, que cuando comía en un Colegio Mayor o incluso ahora mismo en el periódico, engorda. Como te lo digo, engordo y hasta creo que ancheo; hombre, no te digo que se me ponga una cara rechoncha, que yo como los zapatos, más bien soy de horma estrecha, pero que cojo kilos con esta comida variada… seguro.

En ocasiones he pensado como soy, pero no por la forma de ser, de carácter o si soy noble, no; sino como soy en lo material, de qué estoy hecho, y estoy convencido que si me hicieran una biopsia seguro que los resultados arrojarían que estoy compuesto por un 98% de ganado vacuno y un 1 o 2% de productos varios como lácteos, leguminosas, hidratos etc. Y claro, con un metro ochenta de altura y raspando los 68 kilos, no puedo decir que me sienta fuerte como un toro, no; sino que por lo comido, pues más bien… más bien como tirando a vaca ¿no?.

PD._ Dedicado a mi madre, María Teresiña, a la que quiero y que bastante hace en aguantarne

Para rarezas, la Fe de Vida

Jueves, noviembre 25th, 2010

Yo más o menos entiendo todo, que es nada, por cierto; pero a mí eso de ir a solicitar una Fe de Vida me parece un tanto extraño, extrañísimo. Y es que yo no sé tú; pero yo no me imagino entrando en el Registro Civil, acercarme tranquilamente a un mostrador y decirle al funcionario de turno: «Oiga, ¿me puede certificar que estoy vivo?». Bueno, imaginármelo me lo imagino, pero la verdad que lo diría así como pensando: «Este me calza unos tiros» o «¿pero de verdad que la ley es así, el que la hizo se tomó un tripi o yo estoy flipando?».

Claro que, desde la otra parte, de la del funcionario, a mí me dice eso un tipo cara a cara, a poco más de un metro, mirándome a los ojos, y hago como si nada pero por lo bajinis empuño pero ya una parabellum con silenciador por lo que pudiera pasar.

Y la verdad que esto debe ser un lío de pensamientos, una melé intelectual porque el que va a solicitar lo de la Fe de Vida, si es la primera vez, tendrá su pánico ya que así, a bote pronto, piensas: «Y el tipo ese me hará un análisis de sangre para saber mi ADN y comprobar que soy yo, Eliseo Sánchez, el hijo de Chiruca, la de la mercería; quizás una resonancia magnética; una prueba de rayos X, tal vez un tac o simplemente me arreará una patada en la espinilla para que cuando grite de dolor me diga: “Naturalmente, ahora mismo se la extiendo, usted está vivo, pero que muy vivo” ».

Y claro, como esto es tan raro, sino puedes, por ejemplo llevar a un ancianito, pongamos por caso tu abuelo, a por una Fe de Vida, ¿qué llevas? ¿una grabación en el móvil, con la fecha? Hombre es una posibilidad, pero si das con el funcionarillo ese quisquilloso de turno y al ver la grabación te dice: «Pues yo, pues… no veo que se mueva mucho su abuelo», a lo que responderás, «¡¡¡¡ cómo que no se mueve !!!!; mire, mire bien como bebe el agua a sorbitos…. espere que amplío la imagen, ¿ve, ve como mueve el vaso?, ¿lo ha visto, lo ha visto?».

Y el funcionario, mirando y requetemirando la grabación igual te dice: «Hombre moverse moverse… », a lo que contestarás: «¡¡¡¡ Que tiene 90 años !!!, no querrá usted que…. pero si se mueve, aunque sea poco, si se mueve es que está vivo ¿no?». Y claro, como en esto y en todo hay mucho bestia igual te comenta: «Vamos a ver, yo tal como lo veo en la imagen, moverse moverse pues sí, un poco; pero esta grabación, por la fecha, la hizo usted anteayer y, perdone, que no quiero ofender, pero con esa edad a lo mejor de anteayer a hoy, a estas horas… ».

Y entonces, para demostrar que el abuelo sigue vivo y coleando, ya te veo yo llamando a casa, que pongan inmediatamente la webcam y tú, desde el ordenata del funcionario a grito pelado: «¡¡¡¡¡¡¡¡ Abuelo, abuelo !!!!!!, ¡¡¡¡¡ joé, que te muevas, que te muevas !!!!!», y medio llorando diciendo al funcionario, «qué está vivo hombre, que está vivo, por Dios déme el papelillo ese de la Fe de Vida, démelo hombre». Esto de la Fe de Vida es raro, es que es, no sé, como para morirse.

En Ikea me siento ratón

Martes, noviembre 23rd, 2010

Si a mí no me importa que hagan experimentos conmigo, va a ser ahora por eso… bo; pero por lo menos, aunque sea en sueco, que te digan que estás contribuyendo a la Ciencia, que otros por mucho menos están becados y supongo que los de Ikea forrados, no sé pero tampoco espero explicaciones porque ese idioma… pues como tú, chapurrearlo y poco más.

Yo es que entro en Ikea y me siento ratón. Subo por unas escaleras automáticas y al estar arriba, cuando me doy cuenta ya no puedo volver atrás y entonces como que me da que más que en un macroalmacén estoy en un laboratorio en el que están haciendo experimentos conmigo.

Un pasillo aquí, otro allí, aquél más allá….. y por mucho que quiera salir de esa paranoia de instalaciones, como buen roedor busco y busco y más que tratar de salir parece que en realidad lo que estoy haciendo es encontrar el queso. Y entonces, en esa sensación cuasidepredadora, cuando estoy imaginándome que alguien te mira por unas cámaras para ver como reacciona Ratón Guisande, es cuando me encuentro con lo mejor de ese tinglado: un mogollón de lápices, que por lo que me dijeron es para apuntar referencias y que mira por dónde, sueco, yo lo utilizo para este artículo que te va a encantar, pero mucho; ya ves las vueltas que da la vida y sobre todo tu lápiz. Tú para que yo ponga referencias, y yo para poner las tuyas. Cosas pasan ¿verdad?

Pero en Ikea no todo es malo, Ikea te rejuvenece porque a los 10 minutos de estar allí (y mira que ya habías superado esa fase de la adolescencia), me pregunto: «¿De dónde vengo, adónde voy, quién soy y aquí por qué estoy?» .

Y en estas tesituras estás, buscando como un poseso la salida, incluso la de emergencia, cuando por decimocuarta vez estás seguro que has visto esa litera, aquél armario, aquellas velas y mi olfato me dice que me están toleando dando vueltas y vueltas para que lo escudriñe todo. Y en efecto, así a lo tonto ya he visto una tonelada de palmatorias, camas como para cargar un trailer, tresillos como para que duerma la siesta media África, cojines, felpudos, sábanas, mantas, sillas….. menos el queso/salida, todo.

A mí Ikea, la verdad, no es mi estilo, está todo tan perfecto, tan ordenadito, tan bien presentadito que si yo meto todo eso tal cual en mi casa quien sobra soy yo porque además en Ikea todo es útil cuando yo, por nacimiento y profunda convicción, soy un inútil. Evidentemente Ikea no es para mí, pero seguro.

Ikea no me va; personalmente prefiero el mueble añejo de la abuela, el chinero un poco desencajado, la tosca mesa en la que se apoyó mi bisabuelo o la silla que utilicé de pequeño; no sé, muebles con cariño, con sentimiento, porque Ikea, como te diría yo, es como un hospital, todo aséptico, frío, sin personalidad, al por mayor y… vamos que serán muy adelantados estos suecos, pero estos tíos, de estilo, lo que se dice estilo… ni ikea.

PD.- Gracias por el lápiz

Cómo que vamos al congrio…

Viernes, noviembre 19th, 2010

(cosas que pasan cuando de la ciudad te vas a virvir una aldea sin tener ni idea)

A mi lo de la pesca como que me queda lejos; pues de cuando tenía 14 o 15 años, más/menos, o raíz cuadrada de 225, que también da 15. Entonces sí, allá iba yo con mi caña de pescar y a pasar el tiempo en cualquier muelle de los muchos pueblos que viví en Galicia. Y eso, iba a pescar. Ahora por lo visto no; ahora la gente no va a pescar, va como a cazar, a tiro fijo.

Así, hace unos días alguien en la aldea me dijo: «¿¡¡¡ Qué, Guisande, ¿vienes?, vamos al congrio !!!?». Yo alguna vez había ido al congrio, lo reconozco, a la trucha, a la robaliza e incluso al pulpo, pero en el súper porque después de que una vez me perdí 16 horas en el mar en Venezuela… lo que es el agua me da miedo hasta la que sale del grifo, pero esa es otra historia.

Pues lo dicho, fue oír eso de ¿vamos al congrio? y pensé: «¡¡¡ Los cocongrios !!!, ¿cómo es eso de ir al congrio?, ¿es que el congrio nos está esperando?, ¿es que lo han llamado hace unos días para decirle que íbamos a ir? ¿Y dónde hemos quedado con el congrio?. Y es más, hasta pensé, que es justo lo peor que me puede ocurrir, pensar: «¿Es que acaso el congrio lleva un móvil, lo llamas y le dice “oye, que vamos” o es que al llegar le envías un sms diciendo “ya estamos”».

Pues no me digas cómo me liaron y fuimos al congrio. Y fuimos muy de mañana, tan de mañana que lo que pasó hasta las doce… incapaz de recordarlo; pero de las doce en adelante me lo sé todo; pero todo. Y cuando digo todo es todo, y de lo que no me olvido fue de que no pescamos ningún congrio, que mis acompañantes tiraron y tiraron sedal y sedal y que el congrio no picaba.

Cambiaban de cebo, mantenían el equilibrio en la barca y… otra vez a lanzar el sedal. Y en esas estaba cuando abrieron una caja con no sé cuantos anzuelos y era tan bonita la caja y estaba todo tan ordenadito que la verdad me daba no sé que tocarla; es que la caja, con los anzuelos y otras cosas de colores era preciosa, parecía un cuadro, una pintura… Yo de esto no dije nada, no fuera ser que me tomaran por raro, pero me acordé de cómo mi abuela tenía la caja de los hilos todos ordenaditos, el azul aquí, con sus matices allá; el rojo; el violeta; el blanco; el negro…

«No pica, no pica osti…» decía uno que para mí que estaba mosqueado, mientras el otro aseveraba con otro taco; bueno otro no, varios cajonenrós típicos de la zona y por el medio oí algo de la Virgen, no sé que de Santa María o algo así, me parece porque hasta miré si estaba en un iglesia y no, estaba en el barco, por eso me acuerdo.

Mientras ellos pescaban, supongo que pescar era lo que estaban haciendo, yo estuve callado, agarrado a la caña, mirándolos de reojo y sin decir nada, no fuera ser que se rebotaran más y al verme se les ocurriera, ya en plan desesperados, utilizarme como cebo. Y así pasaron las horas, yo sin decir ni mú; pero sé lo que pasó; sé lo que pasó pero chitón ¿eh?. Lo que pasó fue que con tanto «vamos al congrio, vamos al congrio» como si hubieran quedado con él; y con tanto «tiene que estar por estar zona», como si lo estuvieran esperando, y con tanta seguridad de que «aquí seguro que está», lo que tengo claro es que el congrio no sé si tendrá móvil, pero que estaba fuera de cobertura no me lo quita nadie.

LEONARDO MARíN, UN COCINERO ESPECIAL

No soy muy aficionado a la cocina, pero sí a quienes la entiende de una forma especial, como Leonardo Marín, un amigo del blog. Aquí está su enlace http://leonardodiariodeuncocinero.blogspot.com/

Ay!, esas chicas

Martes, noviembre 16th, 2010

(Esas cosas que pasan cuando eres padre)

Desde hace unas semanas, yo diría que casi un mes, en casa oigo: «Jó, papá, que ya te lo dije», «¿estás sordo?», «solo quiero oír músicaaaaa» y «noooooo, no me pasa nadaaaaa». Yo no entendía muy bien qué le pasaba a mi hija Alejandra, y como a ella a otra amiga suya que se llama también Alejandra y otra que es Candela, las dos muy agradables, simpáticas y educadas, todo hay que decirlo. Pero eso, como todo hay que decirlo, no confundamos ¡eh!, son amigas de mi hija y si hacen alguna movi… yo como si fuera un padre actuando por delegación, les riño y tan pancho; que los padres de verdad, Checho Cousillas y Alejandro Caramés lo saben y me han dado poderes plenipotenciales, como yo a ellos, que sino nos ayudamos entre nosotros, los pater…

Total, que no comprendía qué le ocurría a Alejandra y pensé: «¿A ver si no le pasa nada, pero nada de nada, que está fenomenal y a quien le está pasando algo es a mí, que la edad empieza a pasar factura, sobre todo por lo de ¿”estás sordo”?».

Y así estaba, un poco descentrado, a punto de mirar el librillo de Sanitas para buscar un especialista, cuando a la cabeza me vino la palabra adolescencia o preadolescencia; no sé, pero la palabra es lo de menos; la palabra rebotó en mi cerebro de un lado a otro, de arriba a bajo, en paralelo, en diagonal, hizo no sé cuantas piruetas, cabriolas, y me entró un escalofrío…. se me autoelectrocutó el cuerpo, la vista se me nubló, los brazos se me quedaron inmóviles, las piernas me dolían, no sé si sudaba, si me ahogaba o me asfixiaba, si me subía la tensión o me bajaba, y el corazón se paró, te lo juro que se paró, no sé si 10 o 15 minutos, pero se paró, y… ¡¡¡ warningggggg, warninggggg, adolescencia !!!. ¡¡¡ warningggggg, warninggggg, adolescencia, adolescencia !!!.

Como estaba en la calle a punto estuve de abrazarme llorando a un peatón; pero no (Dios, que valía tengo). Al percatarme de la situación, en décimas de segundo hice un retroceso mental a mi adolescencia para conocer los síntomas, y de verdad que hasta las pestañas se me pusieron de punta pensando en lo que me viene encima y entonces busqué y rebusqué mentalmente palabras con el fin de hallar una solución inmediata. Y la encontré, encontré la palabra.

Las mejores fueron Tranquilizante, Calmante, Sedante, Ansiolítico, Analgésico, Anestésico y también estaba Amnesia; pero al final me quedé con «Paciencia»; no porque sea una palabra natural y ecológica (sin nada de química y aditivos), sino porque como mi padre era palentino, y como «Palencia» y «Paciencia» se parecen tanto y voy a necesitar ayuda por parte de él desde el más allá porque detrás de Alejandra, con 14, al rebufo viene Victoria con 10…

Así que, ya en casa, al primer «jó, papá, que ya te lo dije», me respondí: «Paciencia»; en el segundo «jó, papá que ya te lo dije»; pensé: «Paciencia»; y en el tercer «jó, papá.. », no sé por qué imaginé una descarga eléctrica personalizada, fíjate qué cosas, un lápsus, supongo, porque volví con un «Paciencia», pero si te soy sincero era un «Paciencia» distinto, como con menos «Paciencia», tú ya me entiendes.

La verdad que en el decimocuarto «jó, papá que ya te lo dije», estuve a punto de ir a la farmacia y que me diera cualquier cosa que terminara en «ante»; pero como de «jó papá… », cambió al «noooooo, no me pasa nadaaa» y la frase tenía otro tono… pues mira, fue como un cambio de ritmo, como otro disco, otra musiquilla, otro punto. Así que entre «jo, papá que ya te lo dije… », «noooooo, no me pasa nadaaa», y «solo quiero oír músicaaaaa», vamos tirando y cada día mi hija me da más alegrías porque hace poco me dijo: «Prefiero estar callada» y «me gusta el silencio», con lo cual el repertorio musical se va ampliando.

Yo sé que esto de la adolescencia es una edad difícil, muy difícil, que hay que hablarles aunque recibas unos 700 o 6.000 «jó, papá que ya te lo dije»; pero todo tiene solución, y además, en confianza y entre nosotros y para nosotros, los analgésicos están…, pero que tirados de precio, ti-ra-dos.

PD.- Este artículo se lo dedico a mis hijas Alejandra y Victoria, que las adoro, y con mucho cariño a Alejandra Fernández y a Candela Cousillas, que además hace unos días estuvo de cumple. Y espero que al leer esto no digáis: «¡¡¡ Vaya sobrada !!!».

La Paleontología, qué placer

Sábado, noviembre 13th, 2010

A mí hay profesiones que me fascinan, como la de paleontólogo, que lo único que tiene de malo es que para saber cómo se escribe tienes que consultar el diccionario. De verdad que tiene que ser alucinante eso de que escarben los demás, que se deslomen, que suden como bestias, que se queden sin cervicales acarreando toneladas de piedras y tierra para que tú al final, con un pincelillo de Cadena Cien, tumbado, por ejemplo en Egipto, con un Martini en la mano y gorrito caqui en la cabeza, descubras un hueso que pertenecía al Tricarosaurio Deminicusus Rex, de hace no sé cuantos miles de millones de años.

Esa profesión tiene que ser lo máximo. Mientras en otras partes del mundo hay guerras, inundaciones o en algunos sitios como Sierra Leona, que por lógica animal están que muerden, tú… , con el pincelillo y como si un maremoto se traga Holanda o la República Dominicana, tú a la tuyo, te va a preocupar ahora a ti una liada de tribus en Guinea Bissau… venga hombre.

Yo me imagino que ser paleontólogo debe ser lo más cerca de que te paguen y estar colgado, totalmente colgado; pero no solo tú, porque en esto del escarbar y rascar a la madre Tierra pues siempre es un equipo formado por gente de varios países, multidisciplinar, que le llaman: holandeses, alemanes, suecos, suizos, chinos, zulúes y tú, que en sí mismo eres un país porque de rarezas vas servido.

Y yo creo que son de distintos países no porque tengan diferentes conocimientos y así pueda haber intercambios de opiniones y pareceres, no. Yo creo que son de otros países para practicar idiomas, porque si empiezas una excavación en el 2008 y la terminas en el 2088 y das con uno de tu pueblo… pues 80 años hablando de lo mismo… no mola; sin embargo, 80 años rajando un año si y otro no con el sueco, el alemán, el suizo o el chino, no sé, como que es más llevadero, es otra cosa.

La verdad que yo no sé si el paleontólogo tiene que fichar, si cobra por PayPal o por cheque, de verdad que ni idea; pero que el tipo ahorra… no me cabe duda. Se levanta por la mañana, allá, en medio de la nada, se echa Nivea protección 1.500, coge de Martini y pincelillo y ¡¡ hala !!, a la excavación, a echar un ojo.

Una mirada al tremendo socavón y nada, que sigan acarreando tierra y que te avisen para Navidades, cuando lleguen al 8.000 pero hacia abajo, que mientras tanto estás en la tienda de campaña echando un dominó con el sueco o hablando con tu ex mujer por el feisbu ese por una cosa de no sé que del colegio del niño, que ya sabes que una ex mujer que se precie te busca estés donde estés y aunque te encuentre muerto la toma contigo igual.

De verdad que tiene que ser apasionante e intenso llegar un día al tremendo agujero que montaste y de repente decir: «¡¡¡¡ Quietos, quietos. Todos quietos !!!!», coger el pincelito, acercarte lentamente a una roquita chiquitita chiquitita ella mientras 4.000 tíos te miran y respiran porque ya no van a acarrear más toneladas, y con una suavecita caricia con la brocha sobre el polvillo exclamar: «¡¡¡¡ El hueso, el hueso, el hueso !!!!». Bueno, apasionante, lo que se dice apasionante para el paleontólogo porque yo, si te soy sincero, todos los días voy al bar Pedreira, en Oza dos Ríos, encuentro un hueso en las aceitunas y no me pongo así, pero bueno.

Escribir apaisado es más descansado

Miércoles, noviembre 10th, 2010

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Al personal se le va la pinza

Jueves, noviembre 4th, 2010

Cuando el personal habla del Futuro, la verdad que se le va la olla, pero mucho mucho; empiezan con un descerebre, con un despince mental que no hay quien los pare. Y así, por ejemplo, dicen que dentro de unos años no hará falta viajar, que estarás en casa, te tomarás una pastilla que pone San Sebastián de los Reyes y sentado frente al televisor… pues como si estuvieras allí, en 3 dimensiones, aunque allí justo no estés porque lo que tú querías era estar en el otro San Sebastián, sin Reyes, y mirando el mar en la playa de La Concha en una tumbona pero como la pastilla de la de Reyes era más barata… pues nada, qué le vas a hacer, a ver la sierra y olvídate de Donosti, de darte un baño virtual y de comerte pinchos norteños con un buen vinillo.

Hasta hay quien dice, en esto de lo que nos viene encima, que en el futuro no habrá problemas de vivienda porque en una habitación de 14 o 17 metros cuadrados podrán dormir hasta 9 o 12 personas porque ya para entonces no habrá camas, sino que el personal sobará levitando, en el aire, separado entre sí por unos 7 centímetros… increíble esto del futuro y lo que da de sí una mollera cuando se pone a discurrir.

Pero por mucho que se diga de lo que vamos a ver y vivir en la próxima década, siempre que se habla del futuro hay algo que no falla: la ingeniería genética; sino se habla de la ingeniería genética joé es como si no hablaras del futuro. La ingeniería genética es fundamental cuando se habla del futuro aunque no tengas muy claro de que va incluso aunque ni sepas lo que es. Da lo mismo, te lo inventas, pero sin ingeniería genética en una conversación el que no tiene futuro eres tú.

A mí esto de la ingeniería genética me tiene alucinado porque cuando hablan de ella ya no se trata de ir a un hospital y decir: «Mire, me pone un niño de ojos azules, un poco rasgados ¿sabe?, pelo rizado y alto… que voy a la compra y a la vuelta lo recojo». No, según quienes hablan del futuro podrás pedir que sepa la repera en matemáticas, que pinte, que haga escultura o natación sincronizada aunque sea hijo único y él solo… menos asegurarte que el chaval te traiga todos los meses un par de nóminas a casa… lo que quieras, pide pide que se te dará.

Y es que la ingeniería genética, según lo que escucho, va a ser alucinante. Por ejemplo, tienes 40 años y has encontrado en casa unos zapatos de cuando tenía 15 y están nuevos… pues nada, en el futuro, claro, vas a la calle y en cualquier esquina encontrarás una cabina de ingeniería genética, te dan un pinchazo en el pie, y de repente pasas de calzar un 42 a un 30 y te pones lo zapatos que encontraste porque te sale más barato un pinchazo genético que comprarte unos botines nuevos del 42.

Y como eso todo. ¿Qué has encontrado un jersey nuevo de cuando hiciste la primera comunión? Pues otro pinchazo y del 1,80 bajas en segundos a 1,40 y te lo pones y nadie se extrañará porque todos harán lo mismo, a pinchazo limpio por la vida con tal de ahorrar y todo gracias… sí, a eso, a la ingeniería genética, flipante.

Claro que esto del Futuro, con o sin ingeniería genética, es un problema porque cuando yo tenía unos 10 años recuerdo que me decían que en el año 2000 ya no habría coches, que iríamos de un lado a otro por el aire en aparatos voladores, que no haría falta comer, que todo serían pastillitas que… pues mira lo que es la vida, ya llevamos diez años más del 2000 y acabo de aparcar el coche, de apagar el limpiaparabrisas, ese artilugio tan rústico que hace sobre el cristal flisss flasss, flisss flasss y no sigo escribiendo que son las dos y media de la tarde, tengo un hambre que me muero y voy a tomar una paella; sí, la de siempre, claro, la del arrocillo amarillo, la del mejilloncito y la maqueta de marisco. Cómo ¿¡¡¡ paella en pastillas !!!? Si hombre, en unos años, con la ingeniería genética.

Una diversión, meterse con el periodista

Lunes, noviembre 1st, 2010

(Como sabéis el blog trata de Cosas de la Vida y de Anécdotas, hoy os cuento una anécdota. Podías hacerme un favor y decirme que os gusta más, si las Anécdotas o las Cosas de la Vida. Gracias)

Esto de ser periodista urbano, de ciudad (que la guerra ya la tienes en casa con los hijos) la verdad que es una profesión de alto riesgo: Un acento te puede saltar a un ojo, un punto final puede acabar con una amistad y si una coma la confundes con una cama puedes tener unos problemas que ni te cuento.

Lo cierto es que lo más parecido a un periodista es un árbitro porque no hay reunión que se precie que no seamos objeto de críticas, y algunos se las merecen porque ha confundido el periodismo con El Vaticano y creen que todo lo que dicen es palabra de dios y que baja directamente del cielo. Ya sabes, en esto hay de todo, aunque hay cada todo…..

Lo habitual de nosotros es oír que si somos parciales, que si manipulamos la información, que si nos metemos en la vida privada de la gente, que si servimos oscuros intereses… que en mi caso el único interés que tengo es saber cómo va el euribor porque si supieran que la mayoría de los periodistas lo que tenemos es sueño atrasado, pero atrasado desde Barcelona, si vives en La Coruña…

¿Manipular? Sí, hombre, bastante hago con aguantar las bobadas que dice el político de turno como para que ahora se me dé por flagelarme con un doble curro cerebral y cambiar lo que dice el papón en cuestión, desde el presidente de cualquier partido hasta el delegadillo de no sé qué puesto que se han inventado para darle curro al percebe ese; es lo que hay, claro que si los vieras ibas a alucinar viendo los mendrugos que nos dirigen.

Pues eso, que me pongo, me lío y no acabo. Habitualmente, en medio de las críticas de una conversación siempre suele haber una palabra cálida que baja la tensión del momento y deja la «discusión» en un simple intercambio de opiniones y entonces te preocupas más en atacarle al plato de langostinos que tienes en la mesa que entrar en dimes y diretes sobre periodismo. El asunto, se complica cuando alguien se excede; pero claro, esto ocurre lo mismo en la dialéctica que en el consumo de grasas o de pimentón, que derivan en el colesterol.

En una ocasión, un colega que había sido invitado a una cena se vio afectado por un desaforado ataque verbal de un comensal que tras una dura crítica, y aquí fue el exceso, le espetó con desprecio y fuerte olor a tintorro refiriéndose al diario en el que trabajaba y a gritos para que lo oyeran todos: «¡¡¡ No sé como escribes en ese Tin Tin !!!!». El periodista pasó, que en esto de pasar y pasarnos tenemos una facilidad… y disimulando se puso a hablar con otra persona para dejarse de líos.

Estaban degustando el segundo plato cuando de repente mi amigo oyó a la misma persona que decía todo ufano a uno que tenía a su lado hinchando pecho y dándose importancia: «Pues a mí, cuando me entrevistaron en el periódico… ».

Fue entonces cuando el plumillas hizo un silencio en la mesa en el que había unos 20 comensales, todos callaron y dirigiéndose a quien prácticamente le había insultado y que estaba justo enfrente, pero a unos diez metros, le dijo en tono suave (ya sabes ese tono en el que te van a caer todas juntas), en plan tranquilo y como dudando: «Perdona, es que como somos muchos no me acuerdo. ¿Tú eres el Ton Ton al que entrevistaron en el Tin Tin?». Fue decir esto y adiós plato de langostinos. Al parecer volaron vasos, botellas, cayeron sillas y… no sé, creo recordar que los langostinos ni se movieron y que el colega se llamaba Manuel.